Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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lunes, 29 de febrero de 2016

En la habitación bajo llave del 'talibán español'

La recaída yihadista de Hamido, el español de Guantánamo
La madre de 'Hamido' nos abre la puerta del refugio de su hijo, el epicentro de la supuesta célula terrorista.
Nos encontramos 'El libro del yihad', una camiseta del Barça con el escudo arrancado, las 200 recetas de 'Postres peligrosos' de su mujer...
En la segunda planta, junto a la azotea del 189 de la calle Fuerte del barrio del Príncipe de Ceuta, está la habitación de Hamed Abderrahamán Ahmed, que él siempre cerraba con llave. Entre la montaña de ropa sobre la cama matrimonial hay una camiseta amarilla del Barça con el escudo arrancado. Hay una televisión muy grande de plasma, un lector de DVD y una estantería repleta de ejemplares del Corán y otros libros religiosos. Abajo hay un libro de cocina en castellano de su esposa, Laila: Postres peligrosos: más de 200 recetas que le harán perder la cabeza. La joven, de 25 años, ha vivido en esta habitación varios meses con su marido hasta que parió a la niña de la pareja, Firdaus, de cuatro meses. Con la venia de su propia madre entramos en el epicentro de la supuesta célula terroristaque lideraba el talibán ceutí. Es la habitación de Hamido, de 41 años, el único español que estuvo preso en Guantánamo.
Si se prueba la acusación, de aquí partiría una invisible mecha humana de 4.000 kilómetros para hacer estallar camiones bomba pilotados por guerreros suicidas españoles y marroquíes en la Siria de Bachar el Asad. Nos cuenta su madre que la víspera, a las tres de la madrugada, llegaron dos policías enmascarados y otro a cara descubierta. Ella les explicó que Hamed, alias Hamido, estaba durmiendo en la casa de los padres de su mujer, a un minuto andando. Lo detuvieron y se lo trajeron aquí, a la casa de su madre, para que asistiera al registro. Al final había "40 policías".
Ahora es de día y todo queda al alcance de una simple mirada. En la balda superior reposa un volumen clásico, Lo más granado de Los Jardines de los Justos, selección en árabe y español de la obra sobre los dichos y hechos del profeta Mahoma que escribió An-Nawazi, un imán sirio del siglo XIII. Su apartado El libro del 'yihad' habla de su "obligatoriedad", y cita lo que "dijo Allah" en el Corán: "Y combatid todos juntos a los idólatras como ellos os combaten todos juntos también" (At-Tawba - 9:36).

Instrucciones militares

"Combatirán, matarán y morirán como verdaderamente se les ha prometido el Jardín en la Torá, en los Evangelios y en el Corán" (At-Tawba - 9:111). El comentario recuerda que la promesa del paraíso celestial a cambio del sacrificio terrenal es común a judaísmo, cristianismo e islam. Con instrucciones medievales como éstas el Estado Islámico (EI) o el Frente Al Nusra, el grupo sirio afiliado a Al Qaeda, inculcan a sus reclutas que la sangría está justificada y que Dios se la recompensará. Pero en casa de Hamido advierten de que él aquí no pregona la violencia. Los niños de su hermana Hayat dicen en la habitación revuelta que su tío les enseña el Corán y les da consejos cívicos, como no ensuciar las calles o no tirar piedras, pero que nunca les habla del Daesh (siglas en árabe del Estado Islámico), grupo del que saben que "mata a mucha gente".
En verano les enseña a nadar en la playa. Le quieren mucho. Su familia lo describe como "un hombre de amor". Imposible, dice, que sea un terrorista y capte a menores para matar y matarse por el Califato. Pero el veterano, incluso inocente, está en el centro del yihadismo español. Su cuñado Nordin Abderrayat, hermano pequeño de su mujer, está combatiendo en Siria. Y su vecino Mustafá Layachi, hermano del esposo de su sobrina, se suicidó allí como hombre bomba. Han detenido a Ramsa Layachi como "número dos" de Hamed. Quería imitar a su hermano mayor.
Esta casa estrecha está al fondo de una de las callejuelas donde la calle Fuerte de Ceuta se ramifica como un laberinto. El barrio del Príncipe Alfonso tiene fama de ser nido de decenas de yihadistas confirmados o sospechosos, y la hospitalaria Sodía bin Husein, de 77 años, invita a Crónica a entrar en el hogar del más popular de todos ellos. El sexto de sus nueve hijos es el único español que estuvo -durante dos años- en la cárcel de Guantánamo, tras unirse a las fuerzas de Bin Laden justo antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Su madre aboga por él: "Todo el mundo le llama Hamed el talibán. Pero es inocente".
La conocimos aquí cuando en febrero de 2002 se supo que EEUU tenía en su base de Cuba a un español que había ido de Ceuta a Afganistán a hacerla yihad, la guerra santa (él sostenía que sólo a estudiar el Corán). Catorce años después, enviudada en 2013 de su marido albañil, volvemos a su casa porque el día anterior han vuelto a detener a su hijo Hamed. La Policía Nacional, en una operación dirigida por el juez de instrucción número 5 de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, lo señala como el líder de un grupo de cuatro miembros -él y otros dos ceutíes, más un marroquí arrestado en Nador- que captaba a menores para "intoxicarlos" y enviarlos con el Estado Islámico, y que intentaba comprar armas e ingredientes de explosivos con los que atentar en España. "¡Es todo mentira!", niega su hermana Hayat, de 34 años.
Cuando lo extraditaron de Guantánamo en febrero de 2004 a petición del juez Garzón, que instruía la causa contra la rama española de Al Qaeda dirigida por el sirio Abu Dahdah (casado con una ceutí), el talibán aún estuvo encarcelado en España hasta julio. La Audiencia Nacional lo condenó a seis años de cárcel en octubre de 2005 por pertenencia a banda terrorista pero el Tribunal Supremo lo absolvió en julio de 2006 al considerar ilegales las confesiones que le arrancaron en Guantánamo.
Denunció torturas pero renunció a reclamar una indemnización a EEUU. Tras su absolución, proclamó que sólo quería llevar una "vida normal". Pero justo 10 años después, y el mismo martes en que Obama anunciaba el cierre de Guantánamo, vuelve a caer. Su hermana responde que "no hay nada que lo incrimine".
Menciona un cartón incautado por la Policía que su hermano estaba pintando con caligrafía árabe con la declaración de fe, elemental como el padrenuestro para los cristianos, que dice "No hay más dios que Dios [Alá] y Mahoma es su profeta". Es la frase que el Estado Islámico ondea en las banderas de su "Califato" pero que en sí misma, argumenta la hermana, no puede ser delito. Subraya que la bandera del EI tiene fondo negro y las letras en blanco, y que el cartel de su hermano es blanco con letras negras. Hamido volvió con "una depresión de caballo".
"Si no es líder ni de sí mismo, ¿cómo va a ser líder de la gente?", insiste su hermana. Sin embargo, los aspirantes a luchar en el extranjero por sus hermanos musulmanes lo han visto durante años por el Príncipe como un modelo, con su aura de veterano de Afganistán y mártir de Guantánamo. Aunque no hiciera nada por animarles, él -con sentido de inferioridad y fuerte necesidad de reconocimiento social, según describieron sus psicólogos tras su liberación y coincide hoy el sociólogo experto en integrismo Carlos Rontomé- ejerce de ejemplo vivo.
En estos 12 años desde su vuelta de Guantánamo no ha tenido trabajo con contrato más que seis meses como peón con el Plan de Empleo, adecentando calles, jardines o el cementerio musulmán. Ha vivido de la pensión de su madre, de chapuzas, de cruzar bultos a la espalda a Marruecos por 20 o 30 euros al día y de repartir recados con una Vespa blanca que ya vendió. Tiene carné de camión y carretillas elevadoras. Pero no consiguió su propósito de ser camionero regular.

Quiso ser auxiliar de policía

El 15 de enero de 2015 se casó con una vecina. Sin dinero para alquilar una casa propia, su suegro, Ahmed Abderrayat, le dejó el año pasado un local en el barrio de Cortijo Moreno, donde Hamed regenta una tienda de comestibles. Lo simultanea con un curso de árabe avanzado en la escuela oficial de idiomas junto a su hermana Hayat y la preparación, añade ésta, para sacarse el título de vigilante de seguridad. En un barrio minado por el paro donde otros viven del hachís, él aspira a ser profesor de árabe o guardián. Antes de Afganistán intentó entrar de auxiliar en la Policía Local. Su nombre no salió en el sorteo.
De vuelta a Ceuta se sacó el título de la ESO como paso previo para la prueba de acceso a un grado superior en mayo. Ha ido a rachas al gimnasio, le gusta correr y viste ropa deportiva oscura marca Adidas o Nike. Todo normal y corriente. Pero se ha dejado barba larga, la reglamentaria del musulmán militante y síntoma de renovada radicalización. Hermético y aislado, asegura su hermana que no está en Facebook y que apenas coge su móvil, un Samsung pequeño. Dicen que no tiene ordenador y que las dos torres con los discos duros arrancados por la Policía son de otras hermanas.
Ya no frecuenta las mezquitas, ni siquiera la de Al Ijlas (La Sinceridad), cuyo alminar se proyecta sobre su azotea. Prefiere rezar en el salón de su casa. Pero sus relaciones indican que este seguidor del salafismo, versión radical del islam, es un eje del yihadismo ceutí. A fin de cuentas, es el único que volvió libre para contarlo. Sus dos hermanos pequeños, Mustafá y Yusef, pasaron dos años y medio en la cárcel hasta su absolución en 2006, acusados de terrorismo en laoperación Duna por pertenecer al grupo Seguidores del Ejército del Mesías.
El ayudante de Hamed en la supuesta célula ahora detenida, Hamsa Layachi, de unos 22 años, también del Príncipe, está emparentado con él. Hamsa se casó con una sobrina del ex reo de Guantánamo, hija de su hermana Fátima, con la que tiene un niño de cinco meses. Hamsa, según Interior, pretendía ir a Siria e inmolarse como hizo su hermano Mustafá Mohamed Layachi, Piti, de 30.
El viaje de Mustafá a Siria fue terrorífico. El padre de familia y taxista se fue en abril de 2012 con otro colega, Rachid Wahbi, de 33 años, dueño del taxi 44 que ambos conducían. Rachid se suicidó el 1 de junio de 2012 en un camión bomba del Frente Al Nusra que mató a 130 soldados en un cuartel de Idlib. En el vídeo-testamento que le entregaron a la mujer se le ve sonriente. Se cree que Mustafá Layachi y el tercer compañero de misión, el repartidor, taxista suplente y padre Mustafá Mohamed Tafo, de 24, también murieron matando en sendos ataques suicidas poco después, el 26 de junio. El talibán español y ellos tenían que tratarse por fuerza en una ciudad de 85.000 habitantes, y más en los círculos radicales del barrio musulmán del Príncipe, de 12.000 vecinos.
Otra conexión llamativa de Hamed Abderrahamán Ahmed es con la familia de su mujer. El hermano pequeño de Laila, su cuñado Nordin Abderrayat Madan, alias Abuleys, se fue a Siria el 26 de marzo de 2013 cuando tenía 16 años. ¿Se inspiró el chico como héroe cercano en su vecino y hoy pariente? La Fiscalía de la Audiencia Nacional señaló en 2014 en su escrito contra una célula de reclutadores de Ceutaque el chaval murió. Otros creen que sigue vivo. Quién sabe a cuántos ha matado. De la vecina ciudad marroquí de Fnideq, o Castillejos, es Coquito, que se fue con el y posa con cabezas de decapitados.

La agenda con 24 nombres

El pasado noviembre, Interior cifraba en 139 los españoles desplazados a Irak y Siria. En el Consejo de Comunidades Islámicas de Ceuta, en cuya sala de juntas casó a Hamed, su presidente, Laarbi Al-Lal Maateis, aprueba las intervenciones policiales "preventivas" y reivindica que el "el 99,99% de los musulmanes" son contrarios al yihadismo. "De las 54 entidades islámicas registradas en Interior, 33 de ellas mezquitas, no hay ni una que sea radical". Sostiene que los yihadistas de Ceuta "no son tantos" y enseña una agenda donde ha anotado 24 nombres y apodos (como Dumbo). Sus cuentas dicen que han muerto cinco ceutíes fuera. Que otros cinco siguen vivos (tres allí: Nordin, la profesora Loubna y Asia, la mujer ceutí de Coquito; y dos detenidos al volver). Que a tres mujeres jóvenes, Sukaina, Nawal (tenía 14 años) y Rahma, las detuvieron al ir hacia territorio del EI. Y que hay11 condenados, parte de los cuales son los mismos que los detenidos en laoperación Duna de 2006, como el reclutador Marquitos.
En la casa de los padres de los Layachi, a un minuto de la de Hamed, no quieren hablar. También cerca, en casa de los suegros del ex preso de Guantánamo, frente a la frontera del Tarajal, su esposa, Laila, se asoma por la ventana con su niña. La mujer tiene el pelo cubierto con un velo oscuro y la cara a la vista. Cuando va por la calle con su marido usa el nicabsólo con los ojos al aire. Sale su padre, vestido al estilo islamista. Declina con amabilidad comentar las detenciones, salvo quejarse de que el registro fue abusivo. El recorrido acaba en Cortijo Moreno, frente a la tienda de Hamed que según la investigación era su tapadera para reuniones secretas. De este barrio es el tercer detenido de ese día, el veinteañero Murad, amigo de Hamsa. En las fotos de su detención se ve a Murad esposado haciendo una peineta y vistiendo a la moda rigorista, con pantalones bombachos hasta los tobillos para que la tela no toque suelo impuro. Un rasgo de los takfiris, de la secta Takfir Wal Hijra (Anatema y Exilio). Pero el presidente del Consejo Islámico descarta que Hamed siga esta corriente extrema.
"Nunca ha hecho daño a nadie. Condenamos el terrorismo", dice su hermana. No concibe que un hombre que "ejerce de padre responsable" y "cambia pañales, da biberones y friega los platos" anime a nadie a matar y matarse. Pero Hamed, que siempre ha renegado de su sobrenombre de talibán español, tampoco ha hecho campaña por lo contrario: avisar a otros jóvenes de que no sigan el camino deperdición que él recorrió. Se mancharán las manos de sangre por Dios y sus hermanos. Y, al contrario que él, seguramente no volverán vivos a casa.

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