domingo, 25 de febrero de 2018

"La consolidación del imperialismo norteamericano en México durante la época de Juárez”


"La consolidación del imperialismo norteamericano
en México durante la época de Juárez”

Arturo Lomas Maldonado
Universidad Autónoma Metropolitana
Área de Historia del Estado y la Sociedad

En la historia de nuestro país no existe un personaje tan controvertido como Juárez. De tal suerte que si por un lado hay quien, como Justo Sierra, asegura que: "...nadie creerá en la nación mexicana, nadie, nunca, que Juárez fue un traidor a la patria"[1], por otro lado hay quien, como Ignacio Ramírez “El Nigromante”, se pregunte: "¿Donde están los títulos que acreditan la grandeza de Juárez?, La escasez de vergüenza y patriotismo es la única herencia que nos ha dejado"[2].
En la actualidad es fácil encontrar manifestaciones encendidas que llegan a asegurar que para transformar la realidad de México “necesitamos juarismo en lo político y cardenismo en lo social, una síntesis armónica de lo mejor de nuestra experiencia histórica”[3] toda vez que según esto “en circunstancias adversas, manteniendo principios, se pudo cambiar en lo estructural y gobernar con apego a las reglas de la Constitución, con transparencia, honestidad y defendiendo la soberanía nacional”. Así mismo un articulista de dudosa solvencia intelectual afirma “no es redituable, desde el punto de vista ético, intelectual, político y constitucional, ser antijuarista”[4]
Igualmente son frecuentes las frases como las pronunciadas por Ramón de la Fuente que señala: “Juárez supo claramente que el pueblo y sólo el pueblo es la única fuente legítima del poder y de la autoridad, que el poder tiene el límite que les imponen las leyes y que éstas no deben perseguir otro fin que el de la justicia”, siendo que el rector de la UNAM jamás ha tomado en cuenta siquiera la opinión de su comunidad.
Lo curioso es que las anteriores aseveraciones coinciden plenamente con las pronunciadas por el actual Presidente Vicente Fox, quien acusado de antijuarista y declarándose adversario político de los anteriores, que se lanzan acusaciones mutuas de comprometer la soberanía nacional y de querer entregar el país al exterior. El actual presidente de la República resaltó la figura de Juárez asegurando que su gobierno “se rige por el ejemplo juarista, al empeñarse en hacer valer el estado de derecho, en fortalecer el Poder Judicial y en hacer cumplir las decisiones de los tribunales, incluyendo los electorales”[5] y en un discurso en que todo “fue una apología juarista”, según el reportero, todavía se dio tiempo para evocar al “indígena del pueblo zapoteco que se aseguró un lugar central en la historia por su tenaz defensa de la República contra el invasor y por lograr el acuerdo nacional definitivo respecto del Estado secular, la división de poderes, el sistema de representación popular y el sistema federal”, expresiones que desde luego nos obligan a una revisión mas profunda de un personaje que permite armonizar posiciones aparentemente irreconciliables.
Por su parte un columnista del periódico El Universal, José Antonio Crespo, al comentar la exclamación de Roberto Madrazo, actual dirigente del Partido Revolucionario Institucional en el sentido de que "En la mente de los priístas está regresar a Benito Juárez a Los Pinos", en alusión al cuadro de Juárez que el presidente Fox sustituyó por el de Francisco Madero, el analista afirma que efectivamente “El PRI siempre se ha ostentado como heredero directo de Juárez, el máximo héroe de la República”.
“El PRI como Benito Juárez - nos asegura Crespo - mostró históricamente un largo y retorcido colmillo para darle la vuelta a la legalidad aparentando cumplirla”. La frase "Querer que un poder extraordinario, creado por la necesidad y por la voluntad nacional, obre con estricta sujeción a la ley, es querer un imposible", atribuida por Crespo a Juárez, “concuerda perfectamente con la práctica del priísmo histórico.
Después de la guerra, Juárez llegó a la misma conclusión que antes Ignacio Comonfort: que con la Constitución de 1857 no se podía gobernar por los pocos poderes que otorgaba a la institución presidencial. Ante ello, Comonfort intentó dar un cuartelazo que, al frustrarse, desató la Guerra de Reforma (1858). Juárez, al enfrentar más tarde esos mismos límites constitucionales, simplemente decidió gobernar por encima de la Carta Magna, como hizo más tarde Porfirio Díaz. “Y aunque los priístas gobernaron con una Constitución que fortaleció la institución presidencial la de 1917, en realidad recurrieron más a los poderes metaconstitucionales en lugar de apegarse a los preceptos constitucionales”.
 “Finalmente viene el nacionalismo a toda prueba de Juárez, - concluye el articulista - otra virtud que el PRI se apropia y de la que se ufana. Pero resulta que Juárez no fue tan nacionalista como se nos cuenta en la escuela; baste recordar las enormes cesiones de soberanía que quiso hacer a Estados Unidos a cambio de ayuda política, financiera, diplomática y militar. Un botón de muestra (de muchos) ocurrió durante la Guerra de Reforma, cuando Juárez solicitó, apelando al famoso Tratado Mac Lane-Ocampo, la intervención de la armada estadounidense en las aguas veracruzanas de Antón Lizardo para detener unas fragatas conservadoras que se dirigían al puerto, donde radicaba el gobierno juarista. Dicha intrusión inclinó la balanza en favor de los liberales. Por lo cual Juárez, eufórico, escribió a su yerno: "El triunfo de la sagrada causa que defendemos está asegurado. Un gran pueblo (Estados Unidos) ha hecho alianza con nosotros... el hecho será inolvidable para México y para el corazón de los demócratas, el nombre de Turner, el capitán de la escuadra estadounidense, vivirá eternamente". Los priístas no mostraron una conducta muy distinta. Desgarrándose las vestiduras nacionalistas en el discurso, incluso con altisonantes proclamas antiyanquis, negociaron siempre por debajo de la mesa su subordinación a las causas importantes del vecino del Norte”.
“Así pues, probablemente tiene razón Madrazo al afirmar que, de regresar el PRI a Los Pinos, retornaría también el verdadero espíritu de Juárez: el de las chicanadas legales, los fraudes electorales, el gobierno metaconstitucional y el nacionalismo simulado.”, culmina el autor.
La actitud de Juárez, ante la guerra civil, ante la intervención y gracias a sus sucesivas y anticonstitucionales reelecciones, merece un examen detenido con el objeto de precisar hasta donde la causa y las acciones de tan controvertida figura pública merece toda una gama de calificativos, algunos de ellos francamente desmesurados "Juárez recibió entonces de muchos de sus amigos la calificación de obstinado y pertinaz, que se repitió más tarde, cuando con el mismo tesón se negó a aceptar la conciliación con los reaccionarios y la mediación de las potencias extranjeras en el arreglo de nuestros asuntos interiores"[6].
“De mediana estatura, moreno, ojos negros y penetrantes, vestido siempre con un modesto traje negro, tranquilo y pausado, Juárez daba la impresión de una persona que piensa mucho las cosas antes de actuar, pero que, una vez tomada una decisión, jamás renuncia a ella...Este indio sumamente modesto, insignificante a primera vista y ya maduro, poseía una energía inmensa y una voluntad de hierro y nunca conoció el miedo, ni el pánico"[7]
            Castelnau, enviado de Napoleón III en 1865 para convencer a Maximiliano de lo imposible de la Intervención, señalaba: "Se me pinta a Juárez como una especie de romano antiguo, animado por el patrio mas ardiente y acrisolado, pronto a sacrificar su ambición en aras de la patria"[8].
El día de su segunda entrada triunfal a la ciudad de México, ahora ante el retiro de las tropas francesas, el 17 de julio de 1867, "el hombre que la multitud aclamaba era la personificación de la revolución democrática iniciada diez años antes, el héroe colectivo de un pueblo que había conquistado al fin, la libertad interna y la independencia nacional, gracias a la fe, la fortaleza, la tenacidad, la constancia de su máximo representante"[9] "porque Juárez no sólo era una gloria para su patria, sino un timbre de honor para la humanidad"[10]
Justo Sierra, uno de los primeros y mas grandes admiradores de Juárez le dedica las siguientes palabras: "¡Gran padre de la patria, viste el triunfo de tu perseverancia, de tu obra, de tu fe, en ese triunfo te dejamos...y quisiste levantar al pueblo mexicano...al grado a que tú habías ascendido, transformando las condiciones del trabajo nacional, protegiendo las grandes empresas de progreso material"[11].
Pero así como hay quien le ofrece vasta poesía a Juárez, existe otro extremo de críticos muy severos, entre los que hay que contar a Don Francisco Bulnes, sociólogo e historiador y quién le dedica dos de sus obras* con el único objeto de tratar de desentrañar su misteriosa personalidad: "¿Representaba en esos momentos la causa de Juárez la República?” se pregunta Bulnes, "Nunca había habido verdadera República...¿Representaba la prosperidad del país? El gobierno de Juárez, como todos los anteriores, no había expresado mas que un calvario de miserias en un viacrucis de desmoralización"[12]. Manuel Doblado, compañero de Juárez durante la Reforma y la Intervención, para el año de 1861 ya decía "Este es un desconcierto espantoso; el Ejecutivo generalmente no obra y cuando algo hace, es tan mal, que más valía que nada hiciera"[13]
A la oposición juarista se le escuchaba decir "El Presidente es una roca, nada lo conmueve, nada lo obliga, nada escucha y de consiguiente de nada sirve...Al igual que Lerdo, don Jesús (González Ortega) se había acostumbrado a dirigir su dependencia independientemente y a hacer poco caso al Presidente...al ser preguntado una vez si tenía aprobada una orden que dictaba contestó llanamente: ‘acabo de entregarle sus cien pesos diarios, es lo único que le importa’ "[14].
Por su parte, Ignacio Altamirano le concede una admonición en tono compasivo: "Juárez siente y ama las ideas democráticas, pero creo que no las comprende...es un obstáculo  para la marcha de la democracia...El Presidente Benito Juárez - nos dice - no es a propósito para gobernar...nosotros convenimos en ello...de buena fe y principios firmes, demócrata, firme en sus resoluciones, honrado, de exquisito sentido y ama demasiado a su patria, pero muy deficiente en dotes políticas"[15].
“Toda la prensa independiente de 1861 lo acusaba de inacción (viendo la amenaza de la intervención extranjera); acusación justa porque era precisamente la aptitud estadista de Juárez: la inacción"[16].
Al comentar lo sucedido alrededor de la Comisión de Reclamaciones, fabricada por las grandes potencias en contra de nuestro país, en la que el gobierno mexicano no tenía parte, Bulnes resuelve "no se reconocía a México ni como Nación, ni como tribu, ni como rebaño, ni como nada...estaba obligado a indemnizar hasta a los filibusteros por sus proyectos fracasados contra la nación mexicana y debía pagar hasta lo que los rateros robasen a los súbditos franceses - ¿Y qué hacía Juárez? – se pregunta - ¿Para qué servía? ¿Era el Presidente de la República? ¿Por qué deja humillar a su patria, a su gobierno, a su persona, de un modo que no tiene ejemplo en los anales de la diplomacia y que según Don Matías Romero, parece apenas creíble?"[17]
El mismo Roeder llega a consignar que aunque Juárez estuvo mas de dos años huyendo de los franceses, "cansado del papel necesario, pero sin gloria, del civil dirigiendo la batalla detrás de las líneas"[18], destaca que en el año de 1867 se llega a saber que Juárez y otros se han hecho pagar "no 90 mil pesos como equivocadamente dijimos, sino cerca de 200 mil por haber llevado al Paso del Norte su carácter de Presidente, viajando siempre con toda comodidad y sin exponerse a peligro alguno...en fin, por sí y ante sí y contra la Constitución, reelegídose Presidente, suscitando con ese ilegal procedimiento un conflicto innoble en momentos en que toda ambición debía deponerse ante el peligro de la patria"[19].
“¡Juárez , salvador de la república! lo único que procuró siempre don Benito Juárez fue poner a salvo su persona...era enérgico y valiente únicamente contra cualquier pretendiente a su silla presidencial"[20]. A Juárez "lo fuimos a buscar al confín de la nación - dijo “El Nigromante” - palpitante bajo los pliegues de una bandera extranjera (sic), mientras los buenos mexicanos median sus armas contra los invasores...los insensatos que recomiendan a Juárez...se estiman muy poco no ya como republicanos sino como hombres, al creerse incapaces de hacer lo que ha hecho Juárez"[21].
En la obra biográfica de Ralph Roeder aparece el siguiente anécdota‚ que parece definir un poco mas acertadamente la personalidad de Juárez: El general Márquez de León en un libro titulado Juárez a la luz de la verdad, denunciaba que en plática sostenida con Juárez ante el nombramiento hecho en favor de González Ortega en la segunda defensa de Puebla (1863), Juárez dijo "ya sé lo que me va a decir, que González Ortega es un pen..." (sic) añadiendo: "demasiado lo conozco, pero la nación ha dado en tenerlo por hombre grande, y lo coloco aquí para que se ponga en evidencia"..."¡Entonces usted, por deshacerse de un rival, sacrifica al ejército‚ y acaso la República!" interpeló Márquez de León, "a lo que Juárez contestó con irritación ‘¿y para qué sirven ustedes? Ningún hombre es necesario; las ideas son las que valen únicamente’, ‘¿y Comonfort, autor del golpe de Estado?’ a lo que Juárez contestó: ‘¿y creen ustedes que yo le he dado ese lugar para que se eleve?...también se nulifica’. Márquez de León concluyó francamente desanimado que entonces ‘para aquel hombre no había mas patria ni mas gloria que su ambición de poder’ "[22]
Para saber nosotros a donde vamos, debemos primero saber en donde estamos, para lo cual es indispensable conocer cómo fue que llegamos hasta aquí. Por lo tanto la Historia nos debe permitir diseñar nuestro futuro.
Es imposible obviar el hecho de que el estado de miserable atraso en que se encuentra nuestro país, está ligado a la intromisión extranjera en nuestros asuntos, intromisión que ha contado, y aún cuenta, con la aquiescencia de nuestras clases dirigentes.
El Imperialismo norteamericana se ha ido construyendo a través del tiempo, pero si consultamos la Historia de México, podremos entenderlo en toda su magnitud y en toda su complejidad, pues el nuestro ha sufrido ya por más de 180 años la agresión constante de aquel país, al grado de no solamente arrebatarnos más de la mitad de nuestro territorio, sino interviniendo directamente en nuestros asuntos: imponiendo sus puntos de vista, sometiéndonos, explotando nuestros recursos naturales, abriendo nuestras fronteras para deshacerse de los excedentes de sus mercaderías, imponiendo funcionarios y hasta presidentes, dirigiendo nuestra política  y nuestra economía o firmando tratados ominosos, ya sea a través de la fuerza militar, el chantaje o la corrupción desembozada, actuando, pues, como un país imperialista.
La política de expansionismo, intervencionismo y sujeción llevada a cabo por los Estados Unidos en nuestra contra, en franca alianza con grupos de nacionales, se inicia desde el momento mismo de obtenida nuestra independencia de España.
Para nadie es un secreto que aún antes del 27 de septiembre de 1821, en nuestro país funcionaban dos sectas masónicas de tendencias extranjerizantes: la del Rito escocés, patrocinada por el agente diplomático de Inglaterra, Henry George Ward, y la del Rito yorkino, impulsada por Joel Roberts Poinsset, Embajador Plenipotenciario de los Estados Unidos en México, llamado el “predecesor de la CIA”, quien tenía en la mira entre otras, de que México suscribiera un tratado de límites que incluyera a Texas dentro del mapa de los Estados Unidos.
Poinsett “tan penumbroso personaje” no traía otra misión “que dividir fraticidamente al pueblo Mexicano...y preparar la escisión de Texas del territorio de Coahuila”[23] “...Poinsett había abandonado su curul en el Congreso de Estados Unidos desde agosto desde 1822 hasta enero de 1823…Pero de esos cinco meses, sólo permaneció en nuestro país dos meses y días, tiempo suficiente para apoyar la caída de Iturbide y ayudar a fundar la República con la complicidad de Antonio López de Santa Ana”[24]
El discurso de Poinsset al ocupar nuevamente su curul como diputado por Charleston, EUA, el 8 de marzo de 1822, “muestra con claridad hasta qué punto monroísmo y poinsettismo  eran dos formas de decir la misma cosa: expansión imperial de Estados Unidos para ensanchar su territorio y preservar a los países de origen hispánico de cualquier intervención monárquica europea, todo ello revestido de un lenguaje republicanizante y cuaqueroide”[25]. “A Poinsett no le interesaba sino el triunfo de los republicanos, cuyos intereses concretos nacionales e ideario anticolonialista coincidían, lamentablemente, con los intereses expansionistas norteamericanos”[26] Y no es casual que la Constitución promulgada en 1824 sea de corte estadounidense, misma en la que se establece el presidencialismo, el sistema bicameral y el federalismo, a imagen y semejanza del vecino del norte, en la cual ni rastros quedaron de la Constitución promulgada por Morelos en Apatzingán el año de 1814.
Poinsett nunca dejó de intervenir en los asuntos de la recién fundada República. Conspiraba abiertamente en contra del gobierno de Victoria y lograba afiliar a su partido a personajes reputados hasta entonces como patriotas. Incluso hombres como Lorenzo de Zavala[27] se constituyeron en sus admiradores. Poinsett consideró triunfos suyos tanto el inconcebible nombramiento acordado por el Presidente Victoria del ciudadano norteamericano David Porter como comandante en jefe de la Armada Mexicana, tanto como la frustrada presidencia a favor de Manuel Gómez Pedraza, electo para sustituir a Guadalupe Victoria, obligándolo a entregársela a Vicente Guerrero.
La injerencia descarnada del embajador poco a poco fue formando una opinión pública que reclamaba su expulsión del país, en donde las legislaturas de Veracruz y Puebla resolvieron solicitársela directamente al Ejecutivo. De esto da fe el folleto que bajo el título “Terribles cargos contra el Ministro Poinsett” declara que “El establecimiento del rito de York no tuvo entre nosotros otro objeto que el de destruir el rito de Escocia, cuyos miembros se suponía dirigían los negocios públicos...Se confirma con el renombre de eminentes patriotas que tomaron para sí los iniciados en el rito de York...Su institución, organización e incremento no tenía más objeto que la dirección de la causa pública, ni podía ocuparse de discusiones políticas, que debían refluir inmediatamente en los intereses nacionales... Su conducta ha sido criminal y ofensiva al derecho de gente y al decoro de los Mexicanos”[28], concluían con sobradas razones.
Costelau no deja de reconocer en qué consistió la labor de Poinsett “en términos generales favoreció las aspiraciones iniciales de la sociedad en tanto en cuanto se trataba de defender la federación contra la influencia centralista (para los escoceses) si no su creador...fue su mentor y guía político, y casi el único responsable de la larga y dura campaña contra ellos”[29]
El Presidente Jackson extendió órdenes precisas a Pionsett en que se le imponía el deseo expansionista para que “sin dilación ninguna abra negociaciones con el Gobierno Mexicano para la compra de una extensión de la provincia de Texas”[30]
Vicente Guerrero, en quién “las masas solían ver un amigo cercano de Poinsett, como en efecto lo era”, paradójicamente fue el encargado de darle el pasaporte a su país a tan siniestro personaje en el año de 1830, quien como reflejo íntegro de su actividad, escribió a William Johnson el 22 de febrero de 1829 “No obstante, he tenido aquí un éxito sorprendente y al abandonar este país dejaré un poderoso partido favorable a Estados Unidos y un sentimiento pronorteamericano”[31].
            La política expansionista de los EU, continuada aún sin Poinsett, los llevó a que en el año de 1836 un grupo de mercenarios norteamericanos dirigidos por el ex Gobernador de Tennessee, Samuel Houston, y acompañados por la traición de Lorenzo de Zavala, declaran la independencia de Texas, que lleva a decir a William E. Channing “Texas es un país conquistado por nuestros ciudadanos; y su agregación a nuestra Unión será el principio de una serie de conquistas, que sólo hallará término en el istmo de Darén, a menos que la enfrente y rechace una providencia justa y bondadosa. En adelante (1836) deberemos abstenernos de gritar al mundo ¡paz!, ¡paz! Nuestra águila aumentará, no saciará su apetito en su primera víctima, y olfateará una presa más tentadora, sangre más atractiva, en cada nueva región que se extienda al sur de nuestra frontera. Agregar a Texas es declarar a México guerra perpetua. Esta palabra, México, asociada en los ánimos con riqueza infinita, ha despertado ya la rapacidad de la raza anglosajona que está destinada a regir ese magnífico reino, y que la ruda forma social establecida allí por España, debe ceder y disiparse ante una civilización más perfecta. Aún sin esa revelación de planes de subyugación y rapiña, el resultado no sería menos evidente en cuanto puede ser determinado por nuestra voluntad. Texas


[1] Justo Sierra, Juárez su  obra y su tiempo p 563
[2] Ralph Roeder Juárez y su México p 1075
[3] Palabras de Manuel López Obrador en el evento organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM “Actualidad de Juárez, encuentro conmemorativo”, Karina Aviles, La Jornada 20 marzo 2003
[4] Carlos Monsiváis, ibídem, La Jornada 20 de marzo de 2003
[5] “Juárez a los Pinos” El Universal 21 de marzo de 2001
[6] Roeder op cit p 763
[7] A Belenki Intervención extranjera en México 1861-1867 Ediciones de Cultura Popular México 1975 p 35
[8] Ibídem Roeder p 944
[9] Ibídem Roeder p 993
[10] Ibídem Roeder p 1063
[11] Justo Sierra op cit p 564
* El verdadero Juárez y la verdad sobre la intervención y el Imperio y la verdad sobre la Revolución de Ayutla y la Guerra de Reforma
[12] Francisco Bulnes "El verdadero Juárez" p 290
[13] Jorge L. Tamayo, Doblado Manuel en Benito Juárez Documentos, discursos y correspondencia, selección y notas de, Ed Libros de México S.A. 1974 Tomo 5 p 625
[14] Citado por Roeder op cit p 438
[15] Ibídem Citado por Roeder p 555
[16] F. Bulnes op cit p 103
[17] Ibídem F. Bulnes pp 69-71
[18] Citado por Roeder op cit p 969
[19] Ibídem citado por Roeder p 1018
[20] Ibídem Citado por Roeder p 1055
[21] cit col
[22] Ibídem Roeder p 724
[23] Iturriaga, México en el Congreso de los Estados Unidos, FCE, México 1976, p 27
[24] Iturriaga, op. cit, p 76
[25] Iturriaga, op. cit. p 42
[26] Ibídem. P 71
[27] Liberal yucateco, ocupó varios cargos públicos entre ellos el de gobernador del Estado de México mediante un fraudulento procedimiento; gran admirador de los EU; expulsado de México fue a residir a Texas en donde sostenía negocios con varios esclavistas, fue el encargado de redactar la Constitución de la ilegítima República independiente de Texas y nombrado su primer vicepresidente junto con Samuel Houston como Presidente.
[28] Lafrauga, imprenta a cargo de Rivera, México 1827, pp 4-6
[29] Costeloe, Michael,  La primera República Federal , Fondo de Cultura Económica, México, pp123-124
[30] Iturriaga p 92 citando a Fuentes Mares, José en Poinsett .Historia de una intriga, editorial Jus, México 1951, p 173.
[31] Iturriaga pp 106-108

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