domingo, 16 de octubre de 2011

APUNTES ISLÁMICOS, A PROPÓSITO DE LA SITUACIÓN EN EGIPTO.

APUNTES ISLÁMICOS, A PROPÓSITO DE LA SITUACIÓN EN EGIPTO.

El capítulo histórico que está protagonizando Egipto y la posibilidad no descartada (dependerá de las supuestas elecciones democráticas venideras) de que uno de los grupos que lideraba la oposición a Mubarak llamado Los Hermanos Musulmanes llegue al poder, ha vuelto a colocar al Islam en la observación internacional. Cada vez que algo gravitante sucede en el medio oriente, escuchamos en las noticias internacionales los términos sunitas y chiítas sin entender bien de qué se tratan. Me permito, a través de esta columna, ensayar una breve explicación al respecto:

Tales denominaciones se refieren a las dos grandes divisiones del Islam. Una religión que es seis siglos más joven que el Cristianismo y cuyo profeta es Mahoma. De acuerdo al Islam, el Corán le fue dictado a este árabe nacido en La Meca (actual Arabia Saudita) por el arcángel Gabriel y es considerada palabra divina revelada. El nuevo credo sirvió para agrupar a las tribus árabes paganas repartidas por la península arábiga y poco a poco fue conquistando cada vez más territorios y poblaciones. La diferencia entre sunitas y chiítas nace cuando el profeta murió (632 dC) y no se había determinado aún la forma de sucederle. Surgieron entonces encarnizadas pugnas entre sus seguidores. Por un lado estaban aquellos que consideraban que Alí, primo y yerno del profeta, era su verdadero sucesor. Estos argumentaban que Alí era además padre de sus nietos (los hijos varones de Mahoma ya habían muerto) y era también muy cercano a su persona. En la otra orilla estaban aquellos que habían decidido, por medio de una especie de consejo de notables, elegir a su propio califa o sucesor legítimo. Tras una serie de enfrentamientos, los que apoyaron a Alí como sucesor acabaron siendo denominados chiítas, palabra cuyo origen se encuentra en el árabe Shiat 'Alī (partido de Alí). Lo cierto es que el sisma nunca se resolvió y la otra facción, más numerosa, con el tiempo fue denominada sunita. Hoy por hoy, los sunitas representan cerca del 90 por ciento del mundo islámico y los chiítas cerca del 10 y están repartidos mayoritariamente dentro del actual Irán. En cuanto a las diferencias doctrinales, de forma muy resumida, se puede decir que los sunitas consideran como guía de comportamiento, además de lo revelado en el Corán, a la Sunna, que no es otra cosa que el conjunto de dichos y hechos sobre conducta atribuidos a la vida del profeta, transmitidos, en un inicio, por sus seguidores contemporáneos. Los chiítas, en cambio, incluyen la figura del Ayatolá, autoridad intermediaria entre los fieles y Dios y cuya palabra prevalece sobre cualquier otra interpretación de las fuentes sagradas mencionadas. Si trasladamos esta división a los actuales movimientos fundamentalistas tenemos que el Talibán en Afganistán y el internacional Al Qaeda son sunitas, al igual que Hamas en Palestina y los hermanos musulmanes en Egipto. Hezbolá del Líbano, apoyado y financiado por Irán, es más bien chiíta. Estas divisiones profundas a nivel interno pasan a un segundo plano frente al enemigo externo y común: El occidente infiel. El extremismo se genera en ambas grandes corrientes del Islam.

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