sábado, 15 de octubre de 2011

El Crímen ritual del SANTO NIÑO DE LA GUARDIA

El Crímen ritual del SANTO NIÑO DE LA GUARDIA

El proceso completo del asesinato ritual de La Guardia no se ha podido hallar en los archivos inquisitoriales, lo cual no es de extrañar por cierto. José Amador de los Ríos examinó en 1845 una parte del mismo, probablemente alguna causa particular, pero la documentación desapareció a principios del año 1861. (370) Felizmente, en 1864 la causa de uno de los criminales, el judío público Jucé Franco, llegó a manos de Timoteo Domingo y Palacio, jefe del Archivo Municipal de Madrid, el cual entregó una copia al padre Fita, quien la publicó íntegra en 1887, en el tomo XI del Boletín de la Real Academia de la Historia de España. De este modo, se conocen los por*menores del sacrílego y horrendo suceso ocurrido el Viernes Santo del año 1489 en La Guardia, villa del partido de Lillo. En la indagatoria a que fue sometido Jucé Franco por los inquisidores de Avila, el martes 19 de julio de 1491, describió el crimen en estos términos:
"Estando este testigo y los dichos, don Ca Franco, su padre, y Mosé Franco, su hermano de este testigo, difunto, y maestre Jorra Tazarte, difunto, y David de Perejón, difunto, y Alonso Franco, y Juan Franco, y Lope Franco, y García Franco, y Juan de Ocaña, y Benito García en la cueva por él de suso declarada, que vio este testigo como los dichos cristianos (nuevos mencionados, F.R.C.) trajeron consigo un niño cristiano, que sería de edad de tres o cuatro años poco más o menos; y estando este testigo y todos los susodichos presentes en la dicha cueva crucificaron los dichos cristianos al dicho niño en unos palos cruzados; y allí le extendieron los brazos, estando desnudo en cuero y la cabeza hacia arriba, y le pusieron un badal en la boca, y le abofetearon, y mesaron, y azotaron, y escupieron, y le pusieron unas aulagas espinosas en las espaldas y en las plantas de los pies, y le ataron los brazos con unas sogas de esparto (re)torcidas, y le hicieron otros muchos vituperios. Y después de así puesto en los dichos palos y crucificado, el dicho Alonso Franco abrió las venas de ambos brazos al dicho niño, y le dejó estar así un buen rato, más de media hora, desan*grándose; y que cogía la sangre de un brazo en un caldero de alambre, y la sangre de otro brazo cogía en una altamía amarilla, de las toscas que se hacen en Ocaña. Y que Juan Franco susodicho, estando así el dicho niño en los distintos palos puesto, le hincó un cuchillo por el costado al niño; y que era cuchillo de un palmo de estos bohemios.(sicca o cuchillo curvo judio. De ahi procede la palabra sicario) (371)
Y el dicho Lope Franco le azotó, y el dicho Juan de Ocaña le puso las aulagas; y García Franco susodicho le sacó el corazón por debajo de la ternilla, y le echó en el dicho corazón un poco de sal. Y el dicho Benito Garcia le daba al niño bofetadas y repelones. Y que el dicho maestre Juga dijo: “¿Por qué no ponéis una corona de espinas en la cabeza al dicho niño?”. Y no se la pusieron. Y que este dicho testigo dice que le dio al dicho niño un repelón; y el dicho maestre Juga le escupió y le dio ciertas bofetadas y repelones; y otro tanto hizo Mosé Franco, su hermano de este tes*tigo; y que no se acuerda que el dicho don Ca Franco, su padre, hiciese ni dijese cosa alguna, salvo que estaba presente, y que es muy viejo, de ochenta años, ni menos vio cosa que hiciese David de Perejón, salvo que estuvieron presentes como dicho es.
Y después de todo esto, dice este testigo que él y todos los susodichos nombrados desataron al dicho niño, y le quitaron de los dichos palos, después que ya estaba muerto, y sacado el corazón, como de su*sodicho es. Y dice este testigo que le tomaron García y Juan Franco, y lo sacaron de la dicha cueva; y el dicho Juan Franco lo llevaba de la mano, y el dicho García Franco lo llevaba por el pie". Añadió también Jucé Franco un dato muy significativo: cuando trasladaron el cadáver del mártir para ser enterrado, el converso Lope Franco, que tomó un azadón a tal efecto, "(a)demás llevaba la sangre del dicho niño que estaba en la dicha caldera". El nombrado declaró, asimismo, que el crimen tuvo lugar de noche, en una cueva, "en Cuaresma antes de la Pascua florida". (372) Si bien resufta evidente que el acusado intenta echar el peso de la responsabilidad por lo ocurrido sobre sus conraciales cristianos nuevos, admitiendo sólo una participación parcial y secundaria de los judíos públicos, flagrante mentira que descubrió el proceso, salta a la vista a través del relato el importante papel desempeñado por aquéllos.
En su declaración ampliatoria del 1° de agosto de 1491, Jucé Franco expresó que "el dicho Benito García salió de la cueva de suso declarada, y buscó unas hierbas espinosas, y volvió a la cueva, e hizo de ellas una guirnalda redonda a manera de chapereta, y la puso en la cabeza del dicho niño estando crucificado y aspado". (373) Lo cual corrobora el converso aludido en su testimonio del sábado 24 de septiembre de 1491, manifestando que "primeramente ataron los pies y las manos al dicho niño con la dicha soga y le pusieron en la cruz; y después le clavaron los pies y las manos con clavos", agregando luego que le azotaron "y le pusieron en la cabeza una corona de hierbas, todo por escarnio y vituperio de Nuestro Señor Jesucristo". (374)
Con antelación, el 27 de octubre de 1490, Jucé Franco testimonió en Segovia que la crucifixión había sido en "un Viernes de la Cruz", es decir, en Viernes Santo, habiéndose realizado de “la misma forma que los judíos habían crucificado a Jesucristo". (375) Que el niño representaba a Jesucristo fue reconocido por el nombrado en su declaración de viernes 16 de septiembre de 1491, (376) y en su postrera confesión de miércoles 2 de noviembre de 1491, a punto de aplicársele tormento, oportunidad en que dijo que el infante representaba “la persona de Jesucristo". (377) El marrano Juan de Ocaña en la indagatoria del viernes 30 de septiembre del año referido, expresó que la crucifixión se efectuó para "hacer la remembranza en vituperio de Jesucristo y de su Fe" (378) especificando más tarde, el viernes 4 de noviembre de 1491, que el pequeño mártir había sido "crucificado en persona de Jesucristo" (379) Hasta tal punto era ello cierto que mientras martirizaban al Santo Niño, sus asesinos insultábanle como si fuera Jesús.

Ocaña declaró el jueves 20 de octubre de 1491, que "cuando crucificaron este testigo y el dicho Jucé Franco, judío, y los otros, que dicho tiene, al dicho niño, que decían todos muchos vituperios al dicho niño contra la Fe de Jesucristo, así como si Jesucristo, Nuestro Señor, estuviera allí; especialmente le decían cuando le azotaban: 'A este traidor, engañador, que cuando predicaba, predicaba mentiras contra la ley de Dios y contra la ley de Moisés; y ahora pagarás aquí las cosas que decías en aquél tiempo'. Y que decían los dichos judíos Ca Franco, y Mosé Franco, difunto, y Jucé Franco, sus hijos, y maestre Jupa Tazarte y David de Perejón: 'Ahora pagarás aquí lo que hiciste en otro tiempo; que pensaste deshacer a nosotros y ensalzar(te) a tí; que más mal has de haber aun que esto; que pensaste destruir a nosotros y (te)destruiremos a ti, como a falso engañador'. Y que estas cosas decían los susodichos cristianos (nuevos, F.R.C.) y judíos, cuando estaban crucificando al dicho niño y haciéndole los otros vituperios; y que este confesante y todos los dichos cristianos asimismo decían esto mismo respondiendo a los dichos judíos". (380) En la indagatoria del 4 de noviembre del mencio*nado año, el marrano Benito García dijo que entre los "muchos vituperios" proferidos en el momento de la crucifixión, se gritó “iCrucifícale, a este perro, crucifícale!”. (381)

La participación de los conversos en el monstruoso crimen, no fue de ningún modo secundaria, según se ha visto. En la interpelación y careo que se realizó el 14 de noviembre de¡ año en cuestión, entre Ca Franco, Jucé Franco, Benito García, Juan de Ocaña y Juan Franco, éste admitió su culpabilidad y rectificó algunos detalles de la declaración de Jucé Franco respecto a lo hecho por sus hermanos, señalando que fue él, Juan Franco, quien sacó el corazón del niño. Agregó que junto con Benito Gar*cía había buscado un niño en Toledo, habiendo sido el declarante quien secuestró a la víctima en la Puerta del Perdón de la catedral de la ciudad. Reiteró también que el cadáver fue enterrado en las inmediacío*nes de Santa María de Pera. (382)

Quince días después del crimen se reunieron en la misma cueva los asesinos, y allí Juga Tazarte practicó unos conjuros con el corazón del mártir y una hostia consagrada que Alonso Franco robó de la iglesia del Romeral. Tales conjuros tenían por finalidad provocar la ira y la muerte de los inquisidores y demás cristianos, así como el consiguiente dominio de los judíos y su ley. (383) Seis meses más tarde comisionaron a Benito García para que llevase a Zamora la caja conteniendo el corazón y otra hostia consagrada, (384) la que debía entregar, junto con una carta, al rabí Mosé Abenamías, a fin de que éste autorizase que hiciera nuevos hechizos un "sabio de Zamora", antiguo condiscípulo de Juga Tazarte. Pero el con*verso fue detenido de manera fortuita en una posada, sita en las cercanías de Astorga, y conducido ala prisión inquisitorial de Avila. (385) Abenarnías fue apresado y se le envió a la cárcel del Santo Oficio de Segovia, pasando luego a la de Avila por orden de Torquemada. Logró salir indemne negando su participación en el crimen. (386)

La sentencia fue dictada por los inquisidores de Avila, doctor Pedro Viliada, abad de San Millán y San Marcial en las Iglesias de Burgos y León, y fray Fernando de Santo Domingo, profesor de la Orden de los Predicadores, habiéndose leído en el auto de fe que se llevó a cabo en dicha población el miércoles 16 de noviembre dei año 1491. (387) Los asesinos fueron entregados al brazo seglar y quemados delante de la puerta principal de la iglesia de San Pedro. Ca Franco y su hijo Jucé Franco murieron quemados a fuego lento, en tanto que fueron estrangulados y después entregados a las llamas los judíos conversos Juan Franco, Alonso Franco, Lope Franco, García Franco, Juan de Ocaña y Benito García. Juga Tazarte, Mosé Franco y David de Perejón fueron relajados en estatua. Encontrándose atados al palo del quemadero Jucé Franco, Benito García y Juan de Ocaña, reconocieron su culpabilidad declarando ser cierto cuanto habían confesado. (388) Que la Inquisición haya actuado esta vez contra los judíos públicos, se explica por las características singulares de crimen. Aparte de responsabilizarlos de las prácticas judaizantes de sus cómplices conversos, se los acusó de inducirlos a participar en el atroz asesinato.

Los autores judíos y projudíos ante las evidencias incontrovertibles que surgen del proceso de Jucé Franco, adoptan la táctica tradicional: no analizan las pruebas ni refutan los hechos, sólo afirman que todo es una canallesca farsa al tiempo que farfullan histéricos sarcasmos contra los antisemitas, acompañados de los consabidos insultos. No obstante, Blázquez Miguel, que se vale de una pseudoobjetividad para mejor defender a Judá, admite, con los circunloquios del caso, la verosimilitud de este célebre asesinato ritual. "Opino sinceramente -dice- que, por el momento nada cierto podemos saber; sin embargo, me cuesta trabajo pensar que la Inquisición montase toda esta tramoya partiendo de falsas premisas, aunque verdad es que los procesos están llenos de contradicciones. (389) Por otra parte, si la Inquisición hubiese pretendido crear un mayor ambiente de odio contra los judíos o judaizantes -que, por otra parte, bastante cargado estaba ya-, fácil le hubiese sido crear no un Niño de La Guardia, sino una legión de niños mártires por toda España, convirtiéndoles en símbolos para azuzar las masas, y, sin embargo, a pesar del 'éxito' obtenido con este proceso, nada nuevo creó o inventó. Así las cosas, me cuesta mucho considerar que los inquisidores se inventaran enteramente este asunto. No considero improbable que hubiese, en efecto, un asesinato más o menos ritual y que después la Inquisición lo 'politizó' de alguna manera, y esto no quiere decir, en modo alguno, que este crimen haya que achacárselo al pueblo judío en bloque, pero qué duda cabe que entre los judíos, como entre los cristianos, existían exaltados y supersticiosos capaces de cualquier acto para lograr sus fines.

Y esto no era una excepción de España y su momento histórico. Muy pocos años después, en 1503, se corrió la voz en Brisgau -y algo similar se dio en Friburgo- que un padre había vendido a su hijo a unos judíos para que le sacrificasen. El asunto está muy oscuro, pero indudabiemente algo debió de suceder, pues tres personas, incluso el padre de la presunta víctima, fueron ejecutadas". (390)
370 Fray Fidel Fita, La verdad sobre el martirio del Santo Niño de La Guardia, o sea el proceso y quema (16 noviembre, 1491) del judío Jucé Franco en Avila, en BRAH, t. XI, p. 134, Madrid, 1887.
371 Daga o puñal corvo.
372 Fita, ibid., pp. 42-44.
373 ibid., p. 46.
374 Ibid., p. 55.
375 ibid., p. 28.
376 Ese día solicitó un rabino, aduciendo que se encontraba a punto de morir, y los inquisidores le enviaron un fraile disfrazado, que sabía hebreo, al cual el judío le manifestó "que estaba allí por una mita, (muerte, F.R.C.) de un nahar (muchacho, F.R.G.), que había sido como de la manera de otohays ("ese hombre": Cristo, F.R.C.)" (ibid., p. 59).
377 Ebid., p. 83.
378 lbid., p. 54. Lo mismo admitió Ca Franco en su confesión del jueves 3-11-1491 (ibid., p. 91).
379 bid., p. 90.
380 Ibid., pp. 63-64. En la indagatoria del jueves 3-11-1491. Ca Franco detalla otros insultos similares (ibid., pp. 91-92), al igual que el converso Juan Franco, que declaró el mismo día (ibid)., p. 92). En términos parecidos expresóse Jucé Franco en su confesión del 2-11-1491, manifestando que entre las blasfemias dichas se había negado la Inmaculada Concepción de la Virgen: "especialmente decían que yendo José gelighod (Sefdot, F.R.C.), que quiere decir a oraciones como a maitines, que entró un moro a dormir con Mariam, que los judíos dicen por Nuestra Señora; y que de allí se concibió y nació Jesucristo" (ibid,, p. 84). En su declaración complementaria del lunes 7 de noviembre de 1491, el citado señaló "que decían que era hijo de María, que había concebido de un hombre moro" (ibid., p. 98). Marín Padilla reproduce el pasaje precedente y señala que la sacrílega fábula circulaba entre los cristianos nuevos de Castilla (cf. Marín Padilla, Relación, etc., La Ley, p. 136). En Aragón la blasfema leyenda era repetida por los conversos, reemplazando al moro por un herrero (ibid., pp. 136-137).
381 Ibid., p. 93.
382 Ibid., p. 95. El 17-10-1491 Juan Franco ya había declarado delante de Ca Franco y Jucé Franco que él había arrancado el corazón del niño (ibid., p. 68).
383 Declaraciones de Jucé Franco del 11-10 y 2-11-1491 (ibid., pp. 51,83, 85 y 87) y testimonio de Ca Franco del 4-11-1491 (ibid., p. 92).
384 Por pedido de su tío Alonso Franco fue entregada a Benito García por el converso Juan Gómez, sacristán de la iglesia de La Guardia, según confesó éste el viernes 18-11-1491 (ibid., pp. 109-110).
385 Testimonios de Jucé Franco de 9-4, 28-7 y 2-11-1491 (ibid., pp. 34, 47 y 85), así como declaración conjunta del 17-4-1491) efectuada por el nombrado Juan de Ocaña y Benito García (ibid., p. 67).
386 Fila, La Inquisición de Torquemada. Secretos íntimos, t. cit., p. 429.
387 La sentencia contra Jucé Franco y Benito García en Fita, La verdad, etc., pp. 101-106 y 112-122.
388 Ibid., pp. 107-108.
389 No puede hablarse de procesos dado que el único hallado es el de Jucé Franco y, por otra parte, no es cierto que esté lleno de contradicciones, registrándose sólo algunas diferencias de detalle, comunes en las causas criminales.
390 Blázquez Miguel, ob. cit., pp. 179-1

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