miércoles, 23 de noviembre de 2011

La tormenta del programa nuclear iraní en el vaso de agua del informe de la OIEA

La tormenta del programa nuclear iraní en el vaso de agua del informe de la OIEA

Armando Pérez (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)


El Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en la sede de la entidad en Viena, aprobó el pasado viernes, 18 de noviembre, una resolución sobre Irán.

Elaborada por el “sexteto”, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, China, Rusia y Alemania, la declaración en concreto pidió a Irán proporcionar a los expertos de la OIEA libre acceso a todas las instalaciones nucleares iraníes.


Y en cuanto a intenciones, la declaración se manifestó a favor de ampliar al máximo la colaboración con el gobierno de Irán para establecer la mayor transparencia posible a los programas y actividades que desarrollada por el país persa en materia nuclear.


La declaración fue aprobada por los representantes de 32 de los 35 países miembros del Consejo, en contra votaron Cuba y Ecuador, y el delegado de Indonesia se abstuvo de votar.


Expertos en Rusia, destacaron que la declaración no hizo ninguna referencia a nuevas sanciones contra Irán o el reforzamiento de las ya impuestas en respuesta a la reciente publicación de un sonado informe elaborado por expertos de la OIEA sobre Irán.


Parece evidente, que el Consejo de Gobernadores, máxima autoridad del OIEA, no dio el crédito esperado a las sugerencias propuestas en el informe de sus funcionarios, publicado con bombos y platillos por la prensa internacional el pasado 8 de noviembre.


A pesar de la publicación anticipada de fragmentos de presuntas pruebas fiables de que el gobierno de Irán desde 2003 desarrolló y a lo mejor, desarrolla actividades para adquirir información y tecnologías útiles para la fabricación de armamento nuclear.


Como explicaron fuentes rusas, el Consejo de Gobernadores no pudo aprobar un informe ambiguo basado en conjeturas a partir de información anteriormente conocida, y cuya fiabilidad no se ha podido comprobar.


Da la impresión de que el objetivo del informe de la OIEA no fue su publicación, sino la reacción que pudo producir no tanto en el Consejo de Gobernadores, sino en la opinión pública mundial, todavía muy confiada a lo que entrega la prensa, a su vez, dominada por máximo cinco agencias internacionales de noticias.


Al repasar la prensa las ultimas dos semanas, cualquiera no puede decir más que los iraníes son unos desalmados porque están a punto de fabricar bombas atómicas para aniquilar la población de ciudades y países enteros.


En este sentido, el informe de la OIEA tuvo un éxito total. La mayoría de los diarios, revistas, la radio y la televisión en reportajes sensacionalistas explicaron a sus lectores y su audiencia, que Irán ya tiene y elabora programas de ordenador sobre la construcción de una ojiva nuclear, extrae y enriquece de forma sospechosa uranio, y realiza experimentos con las cargas explosivas necesarias para detonar una bomba de uranio, entre otras cosas más.


Para no deslucir el efecto de la noticia, muchos medios omitieron que lo anteriormente descrito en realidad es lo que supuestamente puede estar haciendo o planea hacer Irán.


Pasadas ya dos semanas, el ostentoso despliegue mediático en torno al informe prácticamente opacó la reciente declaración del Consejo de Gobernadores.


Maestros en manipulación informativa, algunos medios de prensa tanto en Rusia como en Europa, se limitaron a constatar la reciente reunión en Viena, añadiendo únicamente que la junta de Gobernadores se produjo diez días después de la publicación del informe que desveló las pretensiones bélico-nucleares de Irán.


Por su parte, fuentes del gobierno ruso en la prensa oficialista, saludaron el feliz desenlace del escándalo en torno al cacareado informe, porque al final, apenas tuvo repercusiones en la prensa y la opinión pública, pero no afectó el estatus quo de la OIEA.


Con pragmatismo, las fuentes constataron que gracias a la habilidad diplomática de rusos y chinos, el asunto no trascendió a una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU con posibles sanciones contra Irán.


Porque la única sanción con efecto para vulnerar a Irán sería la imposición de un embargo a las exportaciones de crudo iraní y esta es una variante inaceptable desde todo punto de vista para Rusia y China y a lo mejor, para otros.


Un Irán sin petro-dólares sería fatal para los rusos que cuentan con suscribir más contratos por miles de millones de dólares en el ámbito militar y nuclear con Teherán, y peor para los chinos porque perderían a su principal abastecedor de petróleo y combustibles.


En las actuales circunstancias, incluso Estados Unidos, reconocido por su crónica postura antiiraní, e incluso los países fuertes de la Unión Europea sólo puede agradecer la postura de Moscú y Pekín en relación a Irán.


Un embargo a las exportaciones de crudo iraní dispararán a alturas inimaginables los precios del crudo en momentos especialmente desfavorables por los riesgos de nuevas crisis y otras convulsiones en las economías influyentes.


El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que aspira a la reelección, tampoco puede provocar un desplome de la economía mundial y las fuerzas políticas estadounidenses interesadas en continuar la presión contra Irán, no tienen los mecanismos para imponer sanciones unilaterales serias.


En resumen, los expertos rusos afirman que sino se puede imponer el embargo petrolero a Irán el resto de sanciones no tendrán ningún efecto para obligar a Irán renunciar a su programa nuclear y esto, también es un riesgo.


Porque aunque Moscú no comparte la histeria de expertos de la OIEA que elaboraron el informe, se siente molesto al no poder implementar un postulado de política exterior que nunca le ha fallado: “estoy dispuesto a creer, pero me gustaría comprobar”.


Y en el caso del programa nuclear de Irán, Rusia quiere creer cuando Teherán dice que tiene objetivos pacíficos, pero al mismo tiempo prefería constatar que esto es cierto.


El problema es que actualmente esto no es posible y todo porque hay quienes prefieren utilizar el programa nuclear iraní para hacer tormentas en un vaso de agua.


Para Teherán es complicado garantizar el acceso a sus instalaciones militares a funcionarios de la OIEA ante el riesgo de que esos funcionarios puedan dar una valoración parcial o tergiversada a lo que vean en las instalaciones iraníes, sobre todo si se guían con los mismos criterios usados en la elaboración del informe anterior.


Es decir, los iraníes tendrán que imponer restricciones que su vez, despertarán justas sospechas por parte del OIEA, Rusia y otros países interesados en que se cumplan el régimen de no proliferación de armamento nuclear.


En resultado, un circulo vicios de mutua desconfianza que impide imponer la transparencia necesaria al programa nuclear de Irán o sus pretensiones bélicas si es que existen.

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