Ciencia y religión: ¿amigos, enemigos o todo lo contrario?
Es un debate eterno. ¿Hasta qué punto pueden coexistir el pensamiento científico y el religioso? ¿No son, en cierta manera, contradictorios?
20/08/2010 - Autor: Salvador Macip - Fuente: Blog Investigación
El lenguaje de Dios libro de F. Collins, director del proyecto Genoma Humano 1999 - 2008. Para Collins sus descubrimientos han contribuido a reafirmar
Es un debate eterno. ¿Hasta qué punto pueden coexistir el pensamiento científico y el religioso? ¿No son, en cierta manera, contradictorios? Independientemente de que Dios exista (éste no es el lugar más adecuado para discutir el tema), es evidente que el hombre se apresuró en la noche de los tiempos a inventar el concepto del ser superior y todopoderoso, impulsado por la importancia de tapar los abundantes agujeros de su conocimiento. Una de las funciones de las divinidades ha sido siempre explicar lo inexplicable, calmar nuestra necesidad de que el universo cuadre, de que todo tenga una razón de ser. Siguiendo esta lógica, la ciencia tendría como objetivo quitarle tanto terreno a estos dioses-comodín como sea posible. El antagonismo es inevitable.
Por lo menos esto pensaron los poderes fácticos casi desde el principio de la historia, lo que acabó sumiendo a la Humanidad en una edad oscura que se alargó durante siglos. El sentimiento sigue vivo en algunos rincones del planeta, donde aún se rechaza la lógica científica en favor de explicaciones puramente religiosas del funcionamiento de la Naturaleza. Pero ¿es necesariamente ésta la única postura posible? ¿Es incompatible el saber con una visión teocéntrica de la vida? ¿Tienen los científicos el deber de no creer en Dios?
A pesar de lo que algunos puedan pensar, los
científicos no son por defecto ateos. Un ejemplo es Francis Collins, cabeza
visible de la facción pública del Proyecto Genoma Humano y ahora director de los
Institutos Nacionales de Salud. Esto le convierte en el científico con más poder
político de los EEUU y, por extensión, del mundo. Desde hace unos años, Collins
ha empezado a hablar sin tapujos de sus creencias religiosas, lo que ha irritado
a los que opinan que es mejor mantener las dos cosas bien separadas. Para estos,
lo ideal sería que en su casa cada uno adorase lo que más le gustara pero, que
cuando se pusiera la bata blanca, dejara sus creencias en el armario.
Collins no lo ve ni mucho menos así, y se está
esforzando a encontrar la manera de reconciliar religión y ciencia públicamente,
por ejemplo escribiendo libros y dando conferencias y entrevistas a mansalva. Es
además uno de los responsables de BioLogos,
un curioso foro de internet dedicado a demostrar que los dos puntos de vista
pueden coexistir pacíficamente. Muchos opinan que esto es querer mezclar la
gimnasia con la magnesia, y lo acusan de rozar el ridículo en su intento de
emular a San Tomás de Aquino razonando la existencia de Dios.
En este polo opuesto está el siempre polémico Craig Venter, competidor
natural de Collins desde los tiempos del Proyecto Genoma Humano, que hace un par
de semanas no se cortaba cuando un periodista alemán le preguntaba que le
parecía que un científico creyera en Dios: "Para mí es una cuestión de Fe o
Ciencia. No se pueden tener las dos cosas", contestó tajantemente. "Entonces,
¿no considera que Collins sea un científico de verdad?", le pinchó el reportero,
a lo que él, ni corto ni perezoso, le respondió: "Digamos que es un
administrador que trabaja para el gobierno".
La semana pasada, la revista científica (y en principio seria) "Virology Journal" arrojaba más leña al fuego publicando un artículo que quería demostrar que la suegra moribunda del apóstol Pedro no tenía una infección bacteriana, si no Jesús no la hubiera podido curar de la forma milagrosa que cuentan los evangelios. El estudio desató la ira y la burla de la comunidad científica, que resaltó su falta de rigor. Para ser justos, los pocos detalles que nos han llegado de este caso de dos mil años de antigüedad no son los más idóneos para ir sacando este tipo de conclusiones. El artículo fue retirado inmediatamente de la web de la revista y el editor se disculpó avergonzado. Esto no ha evitado que internet se haya llenado estos días de bromas del tipo "ahora ya sé donde puedo publicar mi trabajo sobre Prometeo y su hepatitis".
Religión y ciencia compiten por la atención de parcelas demasiado similares del cerebro humano y, a pesar de todo, es evidente que sus campos de estudio no tienen nada que ver. El debate filosófico sobre hasta qué punto interfieren la una con la otra puede ser interesante pero, ante todo, hay que vigilar que nuestras necesidades morales no nos hagan retroceder en el tiempo.
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