La continuidad de la noción de palestinidad y compromiso en Edward Said
Hoy, cuando el mundo árabe vive un momento de incertidumbre y frustración, conviene retomar este hálito humanista de Said y, más aún, su sentido crítico de la realidad
06/01/2014 - Autor: Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benit - Fuente: Revista Hoja de Ruta
“We are more than someone else’s object.”, After the Last Sky: Palestinian Lives
Diez años después de su muerte, la figura de Edward Said sigue despertando análisis y revisiones de todo tipo, tan variados y complejos como los ámbitos diversos a los que el célebre polígrafo palestino de nacionalidad estadounidense dedicó su dilatada carrera como investigador, activista y docente universitario.
Sabido es que su campo de investigación originario se situaba en la crítica literaria y el ensayo analítico. Su texto más célebre, Orientalism, no deja de ser una recensión particular de toda una extensa literatura consagrada a una temática bien definida (el oriente musulmán). Una lectura particular que puede resultar sesgada e imperfecta en muchos sentidos pero de una capacidad incisiva sin parangón. Más cohesionadas e integrales siempre nos han parecido a nosotros, en todo caso, y debido a consideraciones relativas a nuestros particulares gustos literarios, sus impresiones sobre obras y autores concretos de la talla de Joseph Conrad u otros pilares de la literatura en lengua inglesa, especialidad que impartió como docente durante décadas en la Universidad de Columbia; o, también, sus diatribas, feroces de sutilidad y genio corrosivo, contra enfants terribles de las letras contemporáneas, premios Nobel incluidos, dominados por una visión “orientalista” del mundo. Siempre certificando su capacidad, incisiva y penetrante como pocas, para desentrañar lo explícito y lo sugerido, siempre al socaire de una pluma de indudable brillantez lingüística y expositiva.
Sabida es asimismo la afición de Said por facetas y temáticas concretas de la creación literaria, ya sea la escritura autobiográfica o la relación entre las circunstancias temporales y materiales del autor y su producción; o, en términos más precisos, el efecto de una vicisitud – v.g. la sensación angustiosa del extrañamiento, el éxodo y la expulsión del lugar donde uno vive- en la producción literaria, así como los resortes que la provocan y condicionan. Y, sobre todo en el último tramo de su vida, se puso de relieve su afición por la música y la imbricación de ésta con otras artes, en especial la literatura. Aficionado al piano, confeccionó críticas musicales en The Nation y colaboró, con la redacción del texto en inglés, en un montaje del Fidelio de Beethoven por la Orquesta Sinfónica de Chicago.
Sin embargo, no ha sido la crítica literaria ni su extraordinaria pulsión lectora ni la afición por la música lo que ha terminado confiriéndole su enorme prestigio como intelectual de resonancia mundial. Said, cuya formación intelectual es eminentemente anglosajona y que a los 16 años ya estaba instalado en Estados Unidos, ha prestado gran atención, incluso en sus estudios de literatura comparada, a los asuntos culturales, religiosos y políticos árabes. Puede que sus contribuciones a la hermenéutica literaria lo hayan aupado a una posición de prestigio en el ámbito académico; empero, no habría podido traspasar los límites de la fama circular y elitista que aporta tal confín de no haber mediado una cualidad, excepcional: el compromiso a ultranza con una causa que consideraba justa y el convencimiento de que la dimensión humana y humanística de su causa justificaba cualquier padecimiento. Por supuesto, la causa y la cuestión eran Palestina; y el padecimiento, cargar con la inquina militante de quienes dentro y fuera de Estados Unidos consideraron que la "obcecación" de Said por reivindicar a los suyos y denunciar las tropelías de que siguen siendo objeto constituye una afrenta de lesa majestad contra una "causa suprema". Orientalism, de la cual se siguen tirando y tirando reediciones en los principales idiomas del mundo, constituye, de entrada, un compendio de análisis y lecturas particulares sobre la visión oriental de los europeos; pero, por encima de todo, refleja una preocupación existencial por la realidad del "otro" y la dimensión de su propio yo, como palestino exiliado, en el seno de una alteridad cuyas lindes han sido fijados de forma arbitraria.
Intelectualidad y compromiso
La vinculación de nuestro autor con Palestina, que es lo mismo que decir la implicación de la reflexión y la memoria con en el exilio, configura el entramado intelectual de un pensador que nunca transigió en difuminar o relativizar los prerrequisitos éticos de sus reflexiones 1. Esto podría parecer una obviedad, pero no resulta tan frecuente entre los llamados "intelectuales de primera línea", muy dados a los cambios de rumbo y los vaivenes ideológicos. Para Said, el intelectual debe convertirse en portavoz y actor, en exponente reiterativo de una condición moral que jamás debe ser soslayada. En el caso específico de la tragedia palestina, el acto de revelar el verdadero rostro de la ocupación debe venir acompañado de una propuesta cabal de cambio. A propósito de un artículo "crítico" sobre las humillaciones sufridas por los palestinos a manos del estado de Israel, redactado por un profesor israelí, Said destaca que el intelectual que se precie debe aplicar la primera parte de la premisa (la denuncia) con el mismo rigor que la segunda (la exigencia de que se haga algo para que las cosas cambien): "… No trata de disfrazar la situación con un lenguaje elegante sobre la seguridad israelí, un espantoso hábito de los intelectuales que sienten la necesidad de hablar como generales para que se los tome en serio. Mi única crítica (…) es que (el autor israelí) no llega a pedir claramente el final de la ocupación militar y el reconocimiento israelí de las injusticias cometidas contra el pueblo palestino. Eso es lo que se supone que hacen los intelectuales, en lugar de hablar de política desde el punto de vista de los políticos" 2.
Por cierto, esta concepción sobre la tarea atribuida al intelectual se aprecia en párrafos diversos de su obra crítica (literaria). A uno de los grandes escritores del S. XX, George Orwell, le imputa el incumplimiento de la segunda gran premisa. La primera la había cumplido con holgura por su capacidad y voluntad para describir la crueldad humana –bajo el imperialismo, por ejemplo; ahora bien, Orwell mantenía de continuo un alejamiento deliberado del objeto de su denuncia 3. Más aún, he is one of those writers who simply was never in touch with a grassroot movement, and never felt himself to be part of a general cause. There´s a sense of isolation and even of misanthropic hostility toward the other 4. Estas carencias, desde el punto de vista saidiano, alejan a Orwell y a otros tantos otros de la intelectualidad auténtica.
Palestina: exilio, memoria y reclamación
Para aportar los ingredientes básicos que conforman esta actitud de intelectualidad militante debe existir una fuente abundante de datos e información. En el caso de los palestinos, que carecen de una oficialidad e institucionalismo que garantice la continuidad de una doctrina documentalista, la capacidad de datar depende sobremanera de su habilidad y destreza para recordar y combinar los recuerdos 5. De exilio en exilio y represión en represión, la memoria se ha convertido en el principal referente de un pueblo exiliado y desperdigado por los confines del planeta. El propio Said sufrió en sus carnes los rigores de esta disciplina, la cual suele desembocar en la difamación e, incluso, la eliminación personal. Al igual que otros grandes símbolos de la cultura palestina, el asesinado Gassán Kanafani o el "vilipendiado" Mahmud Darwish, Edward Said hubo de experimentar su via crucis particular a lo largo de su carrera como intelectual palestino comprometido. Una de estas campañas postreras de acoso, desplegada tras su famosa foto arrojando una piedra hacia la frontera israelí desde el sur de Líbano, queda reflejada así:
…Se orquestó de nuevo toda una campaña para tratar que me expulsaran de la universidad donde llevo enseñando treinta y ocho años. Se utilizaron asimismo artículos en la prensa, comentarios, cartas insultantes y amenazas de muerte para intimidarme o silenciarme (…). (…), la administración de la universidad defendió magníficamente mi derecho a mis propias opiniones y mis propios actos, y señaló que la campaña contra mí no tenía nada que ver con el hecho de que hubiera arrojado una piedra (…) sino con mi postura y mi actividad políticas, que se enfrentaba a la política israelí de ocupación y represión 6.
Esta y otras campañas, como las que ponían en duda que Said hubiera llegado a estar alguna vez en Palestina o la imputación de que pertenecía a una casta oligárquica sin vinculación con la realidad palestina, no lograron el objetivo principal de acallar el eco de sus palabras. No obstante, contribuyeron a desacreditarlo y caricaturizarlo, a ojos de los círculos sionistas y afines, por desgracia dominantes en Estados Unidos y sociedades satélites, como un “palestino occidentalizado pero radical”. Los ataques alcanzaron cotas inusitadas de virulencia, y en algunos casos, de efectividad, por una razón avanzada con anterioridad, a saber, que la inmensa mayoría de los intelectuales palestinos de renombre no pueden disfrutar del amparo de instituciones y organismos oficiales sólidos y estables. Said forma entre aquellos intelectuales palestinos de confesión cristiana que trataron, desde dentro de Occidente, de compensar el abrumador alineamiento de éste con las tesis sionistas, a partir de títulos clásicos como The Question of Palestine (1975), The Politics of dispossession: the struggle for Palestinian self-determination, 1969-1994 (1994) y Peace and its discontents: Gaza-Jericho: 1993-1995 (1995).
Otro ejemplo destacado de intelectual palestino activo desde el ámbito anglosajón -y por desgracia no lo suficientemente valorado en medios culturales árabes- lo encontramos en Henry Cattan (1906-1992), cuyos escritos sobre los orígenes y causas de la cuestión palestina revisten una importancia notable. Cattan tuvo que abandonar Jerusalén en 1967, pero antes defendió las tesis palestinas en las Naciones Unidas en 1947 y 1948 en su condición de jurista. Después publicaría libros generosos en datos y coherencia como The Palestine Question y Jerusalem en su destierro por Oriente Medio y Europa. No sólo cultivó su veta de historiador y experto en leyes internacionales sino que también hizo de ensayista y fabulista en Le jardin des joies, una recopilación de cuentos y relatos orientales. Cattan es junto con Said uno de los grandes nombres de la reivindicación intelectual palestina en Occidente, sin olvidar al ensayista y narrador Hisham Sharabi (1927-2005), asimismo exiliado en Estados Unidos y profesor en Georgetown. Sharabi, que ha dedicado parte de sus estudios a la cuestión palestina, la relación del intelectual árabe con occidente y la historia reciente de Oriente Medio, ha dejado consignada su experiencia vital en varios libros de memorias –al-Yamr wa al-ramad: mudhakkirat muthaqqaf ‘arabi (Brasa y cenizas: memorias de un intelectual árabe, 1978) y Suwar al-madi (Imágenes del pasado: una autobiografía, 1993). Y en 1999 firmó junto con el propio Said un comunicado en defensa de los intelectuales palestinos detenidos por orden del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yaser Arafat, por criticar la corrupción de ésta. A la destacable representación intelectual palestina deben unirse los hermanos Boullata, Kamal e Issa, pintor e historiador de arte el primero y escritor y traductor el segundo, asimismo vinculados con Said.
El protagonismo de la memoria ocupa un lugar preeminente en toda la producción de Said, máxime en el que quizás sea su libro más cercano a la literatura "pura". En 1994, después de que los médicos le dijeran que estaba enfermo de leucemia, comenzó a escribir un libro de memorias que saldría a la luz en 1999 con el significativo título de Out of place. A memoir. Una vez más, un escritor que se siente en las postrimerías de su vida decide hablar de sus recuerdos y vivencias, con el objeto de dejar un testimonio particular (a subjective account of the life I lived) y de tender un puente que aminore la distancia en el tiempo y el espacio entre “mi vida de hoy y la de entonces” 7. Como era de esperar, el autor se remonta a sus años de niñez, que no en balde son los más caros a quienes vivieron en Palestina antes de su despojo. Sigue así un desarrollo lineal y clásico del recuento autobiográfico, poniendo el énfasis en la primera persona y surcando un cauce cronológico ascendente. No obstante, este recuento se interrumpe de forma brusca cuando Said recala en Estados Unidos e inicia su labor profesional, que en definitiva es la que le ha dado renombre. Aquí el relato se disipa, el autor empieza a intercalar imágenes de tiempos pasados y por venir y, en definitiva, sus días en Princeton y Harvard no alcanzan ni mucho menos la relevancia de sus días palestinos. La situación de aparente estabilidad que le confiere su afianzamiento en Estados Unidos marca su definitiva alienación y consagra la identidad del libro: ser el inventario de an essentially lost or forgotten World 8. Si ya antes Said se sentía incómodo porque siendo palestino llevaba un nombre de pila de aire inglés, estudiaba en una escuela británica y pertenecía a una familia de clase alta influida en gran medida por la cultura y hábitos occidentales, cuando se consagra la pérdida del que a pesar de todo era su lugar su desubicación se hace completa. Todo esto podría llamar la atención si se tiene en cuenta que, a fin de cuentas, lo que a uno le parecería más digno de narrar en un devenir como el de Said sería su etapa de mayor actividad creativa, en su caso la etapa estadounidense. Pero no, él insiste en hablar de sus primeros quince años de vida. Como si quisiera expresar que lo más importante de una vida vivida de este modo es, precisamente, el periodo que vino antes de que "aquello" ocurriese. En este punto, Said refleja, por otros cauces, el mismo ahogo vital que la fallecida poetisa Fadwa Tuqán, una de las personalidades culturales palestinas más relevantes del siglo pasado. Paradójicamente, ella transmite en sus páginas autobiográficas una sensación de extrañamiento y desamparo similar al de Said –la desubicación del exiliado- pero sin salir de la Cisjordania ocupada.
El relator de la memoria
En cierta ocasión, alguien llamó a Said el hakawati ("cuentacuentos" o "narrador de historias") de la causa palestina en Estados Unidos 9. Hakawati es un término común en los países árabes orientales y hace referencia a aquellos narradores que, sirviéndose de herramientas propias de la tradición oral, relatan cuentos e historias que entroncan con el acervo cultural árabe e islámico. Por lo general, los hakawatis narran la vida de héroes clásicos como Baybars, Antara o incluso Saladino, o sagas completas como podría ser la de los Bani Hilal. Es este sentido, la aplicación del término a un estudioso de la letra como Said refleja en toda su amplitud la singular impronta de lo que es narrar y contar para un palestino del exilio.
Para hacer frente a una propaganda abrasiva como la sionista, que ha negado sistemáticamente la existencia de una identidad palestina de pleno derecho, la palabra se ha convertido en el garante principal de la memoria palestina. Por esta razón, las exacciones y barbaries orquestadas por la maquinaria bélica de Israel no se han centrado únicamente en las vidas, las viviendas y las posesiones de los palestinos; las razias y algaradas se han cebado, asimismo, en los precarios centros de documentación y archivos de los palestinos, ya sea en los Territorios Ocupados o en otros lugares, como ocurriera con los documentos almacenados en las oficinas de la OLP en Beirut. No es casualidad, pues, que las irrupciones en aldeas y ciudades suelan coronarse con la destrucción y saqueo de los edificios donde se halla clasificada la memoria social y civil de toda una población. En relación con todo esto hay, por lo mismo, otro detalle que no deja de tener su importancia: la historiografía sionista tradicional ha tendido, por razones obvias, a difuminar el "pretendido" despojo palestino apoyándose en la inexistencia de evidencias escritas que datasen y documentasen las escenas de éxodo que vivieron las aldeas palestinas. Con este argumento se ha relativizado el alcance real de aquellos actos de violencia programada, que se siguen produciendo hoy en día, a otra escala y con otros medios, ante la misma mirada indiferente o incluso condescendiente de occidente.
Conocedor de que la labor de denuncia anteriormente aludida afronta obstáculos e impedimentos innúmeros, Said adopta una estrategia propia de los grandes hakawatis: para mantener la atención de sus oyentes y de paso sorprender a sus infatigables y poderosos detractores altera cada cierto tiempo el ritmo y el tono de su discurso, introduciendo nuevas cadencias y técnicas narrativas. No se trata sólo de que los textos de Said, cuando abordan en primera persona la tragedia de su pueblo y la ignominia de la ocupación israelí, contengan una gran carga de oralidad y vehemencia discursiva debido a la proximidad y vinculación del escritor con el tema expuesto; es que la tarea impuesta, en tanto en cuanto que anhela mantener viva la llama de la denuncia, invoca el recuerdo; y no hay mejor manera de apelar a la evocación de la injusticia que se sigue reproduciendo que hacer uso de las técnicas orales más directas. En conjunto, el cometido de Said y otros tantos palestinos que se han impuesto el deber de recordar y hacer recordar exige, lo mismo que a un narrador de historias que se precie, una disposición constante a encontrar los rudimentos que permitan hacer llegar el mensaje de la forma más directa. Esto es, un recordatorio más de las coordenadas que rigen el quehacer de un intelectual de pura cepa: I think one of the roles of the intellectual at this point is to provide a counterpoint, by storytelling, by reminders of the graphic nature of suffering, and by reminding everyone that we´re talking about people. We´re not talking about abstractions 10.
Palestinidad, palestinismo y alteridad
Una de las armas utilizadas de forma recurrente para socavar el prestigio de Said y socavar su prestigio ha sido la de negarle cualquier vinculación con la tierra de la cual dice proceder. De él se llegó a decir que no había nacido en Jerusalén, tal y como apunta su biografía oficial, y que su relación con Palestina no deja de ser la impostura de un representante privilegiado de la clase alta y refinada palestina. En sentido inverso, se le acusó también de antipatriota estadounidense por sus críticas acerbas a la política exterior de su país. En este aspecto, su figura entroncaba con otros "disidentes" apestados de la intelectualidad estadounidense como Noam Chomsky, para quien Said se había convertido en un "objetivo permanente de vilipendio" 11. Las polémicas saidianas con intelectuales y periodistas estadounidenses o afincados en Estados Unidos son antológicas. Debido a la contundencia de sus argumentos y el énfasis puesto en ellos –y también, por qué no, a su innegable destreza para insultar de una forma tan elegante como intelectual- las valoraciones de Said sobre Bernard Lewis ("tendencioso investigador"), Thomas Friedman (el pundit sabihondo), William Safire, Fouad Ajami, Samuel Huntington o Kanan Makiya alcanzan extremos notables de sutileza y efectividad.
Sin embargo, los dardos sobre Said no han llovido únicamente desde las posiciones filosionistas sino que han aflorado asimismo desde sectores árabes y palestinos. Conocidas como son las lacerantes descalificaciones de Said sobre el llamado proceso de paz y las "concesiones" de la Autoridad Nacional Palestina emanada del Proceso de Oslo, no extrañe que lo poco que había de oficialismo y organización institucional en los "territorios autónomos" haya servido de basamento para dirigir invectivas de toda ralea hacia quien, de entre los palestinos, se convirtió en su más fiero y constante detractor. Sin duda, sus artículos más deletéreos al respecto son los incluidos en compilaciones publicadas en español de título Gaza y Jericó. Pax americana, Palestina. Paz sin territorios y Nuevas crónicas palestinas. En ellos se aprecia en toda sus medida el pesimismo de nuestro autor sobre el denominado proceso de paz y el autoritarismo corrupto de la nueva clase dirigente palestina que, incidiendo en lo apuntado con anterioridad sobre la obligación moral y ética del (intelectual) palestino consciente y comprometido, ha cometido dejación de su deber de apuntalar la memoria y los derechos de los suyos para obtener su rehabilitación particular a ojos de la opinión pública occidental e israelí. La pluma afilada de Said, no podía resultar de otro modo, levantó sarpullidos entre las elites políticas palestinas y su cohorte mediática y cultural: El modelo de gobierno de Arafat se basa enteramente en la coerción y el beneficio personal: lo que no le place o cree que se opone a él debe ser borrado, suprimido, puesto entre rejas. Como buen discípulo de Saddam Hussein, no se le ocurre pensar que la gente y las sociedades no funcionan tan primariamente, y que creer que la única manera de tratar con algo que no le gusta es deshaciéndose de ello, es una asunción que no puede ser mantenida a perpetuidad (…) Para la ANP todo, incluyendo los derechos humanos, debe ser sacrificado a un premeditado menoscabo del proceso de paz. Sólo así sobrevivirá Arafat, cree él, junto a su especular israelí: el deshonesto Peres 12. Airado, Arafat respondió esgrimiendo las alegaciones habituales contra Said: Es un libro demasiado mediocre como para que responda a él (se refiere a "Gaza y Jerció. Pax Americana"). ¿Quién construyó la Intifada en Gaza?¡No fue él desde Estados Unidos!... Él, desde EEUU, no siente la tortura de su pueblo, o se da cuenta de la grandeza del mayor levantamiento de la época moderna, que completa la revolución palestina 13
A decir verdad, el tono descarnado e hipercrítico de estos escritos apenas encontró parangón en la articulia de la época y convirtió a su artífice en persona non grata para los nuevos dirigentes palestinos, a sabiendas de que ya llevaba tiempo siéndolo para la intelligentsia israelí. En este caso concreto, las contestaciones más airadas incidían también en el aspecto de la pertenencia o no a su contexto palestino pero desde otra perspectiva: ahora se trataba de demostrar el enajenamiento y por lo tanto desconocimiento de Said de la realidad palestina en Gaza y Cisjordania y su visión exclusivamente estadounidense de lo que ocurría en Oriente Medio. En otras palabras, y bastaría consultar una selecta muestra de los artículos publicados en los noventa desde los sectores próximos a la Autoridad Nacional Palestina, con la cita de Arafat anteriormente reseñada a la cabeza. se trataba de dar a entender a los lectores en general que "Said no está aquí", en Gaza y Cisjordania, y que por lo tanto no tiene competencia para analizar cuanto aquí ocurre. Baldía conclusión, porque muchos de los juicios emitidos por aquél contenían pronósticos y presagios que, de modo funesto, han terminado por hacerse realidad.
Desde un ámbito árabe extendido no han escaseado, tampoco, las críticas contra nuestro autor. En el caso de los marxistas y los representantes de la izquierda más o menos arabista, las acusaciones giraban en torno a la supuesta connivencia de Said con una estrategia exterior estadounidense que no perseguía suprimir el "neocolonialismo" de Washington sino reencauzarlo y esmaltarlo con un tinte de humanidad y justicia que contribuyera a hacerlo más atractivo entre los pueblos orientales. En este contexto, Said debería desempeñar la función de "portaestandarte conciliador" reconvertido en teórico principal de esta nueva tendencia de la política exterior de EE UU. Con otras palabras, para esta corriente, rebosante de escepticismo y suspicacia hacia la producción sardiana acerca de Oriente Medio, Said no dejaría de ser la otra cara de la moneda en cuyo reverso figuraban orientalistas "marcados" como Bernard Lewis y Fouad Ajami. Los marxistas, por añadidura, rechazaban la lectura particular de Said sobre los escritos de Marx en relación con oriente (que presentaba al filósofo alemán como un orientalista institucional pro domo sua) y consideraban que aquél no había comprendido bien su concepto de teoría económica. Quizás el caso, o uno de los casos al menos, más preclaro de este parecer lo aporta el crítico sirio Sadiq Yalal al-Azam, quien dedicó un artículo extenso a refutar algunas conclusiones de Orientalism. Para al-Azam, Said formaba entre aquellos representantes de la izquierda árabe que con el tiempo se sumó al derechismo conservador estadounidense y dio en abogar por reforzar las bases sobre las que se sustenta la dependencia de oriente respecto de occidente, a través, incluso, de la creación de centros e institutos de investigación coordinados 14.
Otras imputaciones esgrimidas por intelectuales y estudiosos árabes tienen que ver con la supuesta desvinculación del polígrafo palestino-estadounidense de su lugar de origen, con su desconocimiento del árabe (sobre todo escrito y hablado), con sus gustos y métodos, tan alejados en teoría de los criterios orientales…; algunos, incluso, veían en su filiación cristiana (protestante) un corroborante más de su velada islamofobia. Otros lo acusaron de doble rasero: su disección inmisericorde del estado de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina no se correspondía con su aparente condescendencia hacia los regímenes árabes e islámicos en general. Ésta, al igual que las desconsideraciones anteriores no se corresponde con la realidad y por lo tanto pasa a formar parte del historial de la infamia anti saidiana; sin embargo, sí es cierto que, en Nuevas Crónicas Palestinas, por poner un ejemplo entre tantos otros, se hace una revisión de conciencia que refleja con claridad el espíritu de disquisición y autoevaluación permanentes que han presidido su obra 15. Pero, a continuación, se aporta un balance de la situación global, ciertamente penosa, padecida por los árabes, y no consideramos que haya demasiado lugar para la condescendencia: En todos los ámbitos significativos (con excepción quizás de la cocina) hemos descendido a los puestos más bajos en lo que se refiere a calidad de vida. Nos hemos convertido en una vergüenza, tanto por nuestra impotencia e hipocresía (por ejemplo, frente a la intifada) como por las tremendamente pobres condiciones sociales, económicas y políticas que se han apoderado de todos los países árabes casi sin excepción. (…) Mientras el resto del planeta parece avanzar en dirección a la democracia, el mundo árabe va al revés, hacia grados cada vez mayores de tiranía, autocracia y gobiernos de tipo mafioso. Como resultado de ellos, cada vez somos más los que sentimos que no debemos permanecer callados ante este hecho 16.
A nuestro modesto entender, la robustez de las convicciones saidianas se deriva, en primer lugar, del humanismo que late en su palestinidad (condición de reclamarse palestino con todo lo que ello implica) y su palestinismo (reclamación de los derechos conculcados de su pueblo y su tierra) con un vigor apabullante. Mientras que la palestinidad y el palestinismo en Edward Said constituyen la quintaesencia del cometido del intelectual genuino antes referida (conciencia y acción comprometida), el humanismo –y en concreto la alteridad positiva- aportan su metodología discursiva y de acción. Así hemos de apreciar la concepción de alteridad y reconocimiento y valoración del otro. Tal alteridad parte de un reconocimiento del otro. Al fin y al cabo, el conocimiento -cualquier conocimiento- es mejor que la ignorancia 17. Y ésta no puede utilizarse como herramienta de combate. El humanismo saidiano nunca dejó de promover la denuncia y la resistencia ante la opresión, materializada en su caso en el sionismo, pero siempre desde el respeto y el pacifismo. Rechazó los atentados suicidas, las agresiones a personas e intereses judíos y la revisión burda de la historia con el objeto de "revelar" la falacia de la protervia proverbial de la nación judía. Said predicó la necesidad de la prédica racional y argumentada ante la opinión pública israelí y occidental y el reconocimiento de las virtudes de la estructura política israelí. No se trataba, pues, de destruir el estado de Israel sino de hacer que éste fuera también justo y ecuánime con árabes y palestinos y dejase de practicar la ocupación y la discriminación antihumanista ejercida sobre los palestinos en su conjunto, incluidos los que tienen la ciudadanía israelí. De ahí que una de sus propuestas sea la cohabitación de los dos pueblos en un contexto de democracia y tolerancia recíproca.
Este humanismo acérrimo puede apreciarse, de modo dialéctico, en sus análisis sobre quienes urdieron la teoría del choque de civilizaciones y la incapacidad de las otras sociedades, la musulmana en este caso, para atraerse a la modernidad y aplicar la norma de respeto y pluralidad que, dicen, sí aplica occidente. Notorios son los centrados en las teorías de Huntington (The Clash of Definitions), a los postulados de Bernard Lewis (imposible Histories: Why the Many Islams Cannot be Simplified?) o las observaciones de V. S. Naipaul (Among the Believers. An Islamic Journey). Tómese, en concreto, la reseña sobre este último donde el premio nobel se propone, como tantos otros, demostrar la veracidad de sus juicios preconcebidos, consagrados antes incluso de entablar contacto con la sociedad islámica 18.
Hay un opúsculo que refleja esta pulsión humanista con especial sencillez y contundencia a la vez: Freud and the Non-European en la que se aprecia con claridad la esencia de la alteridad de Said y su consistencia inasible a la orquestación difamatoria sionista. La tesis es clara: la idea de que la identidad es algo mucho más complejo y vasto de lo que la historiografía sionista ha querido imponer al pueblo judío –y negar al pueblo palestino-; y que, por lo tanto, este proyecto de alteridad se confunde y compenetra con otros muchos factores que tienen que dar lugar, necesariamente, a una rehabilitación humanista de la cuestión. Las valoraciones de Freud sobre la identidad no judía de Moisés, paradójicamente prócer de la nación judía, desentrañadas por Said con su habitual perspicacia y aportación de apuntes paralelos, inciden en esa línea: si la vinculación de esta identidad cerrada y sacralizada puede abrirse, la noción de extranjeridad puede, asimismo, abrirse y englobarse en el ámbito natural de la identidad. Esto es, que no se cierra el círculo del yo y el otro sino que se establece un canal de tránsito que puede derivar en unión 19. En fin, la propuesta de Said abre la puerta de par en par a la reconciliación; de los muros que otros levantan no se puede decir lo mismo.
Hoy, cuando el mundo árabe vive un momento de incertidumbre y frustración tras el rumbo desconcertante que han tomado las llamadas “revoluciones árabes”, conviene retomar este hálito humanista de Said y, más aún, su sentido crítico de la realidad. Palestina sigue sufriendo el asedio y la opresión de una ocupación repugnante y contumaz que persiste en sus esfuerzos venales para adquirir más territorios, erigir asentamientos y seguir negando la identidad de los palestinos. Gaza agoniza bajo un inclemente bloqueo, reforzado, paradójicamente, por los avatares de la revolución que depuso al presidente egipcio Hosni Mubarak, en febrero de 2011; y Cisjordania se ve abocada a la desintegración como mera entidad semiautónoma, asfixiada por las confiscaciones territoriales y traicionada por unas elites políticas palestinas que, tal y como hacían en tiempos de las denuncias mordaces de Said, buscan cultivar su provecho personal aun a costa de los derechos nacionales de su pueblo. El mundo árabe, tras el éxtasis de optimismo y autosatisfacción suscitado por las revueltas populares iniciadas en Túnez, parece volver a su estado habitual de frustración y pesimismo. Allá donde se ha producido la caída del dictador de turno la transición no avanza o, peor aún, presagia una involución; y en el resto de países, o bien pervive una guerra feroz que cada vez interesa menos a nadie, como en el caso de Siria, o una movilización popular semi olvidada, léase aquí Bahréin, o, simplemente, una sucesión de cambios cosméticos que han reforzado al régimen gobernante, tan poco democrático en numerosos sitios como los que han caído de resultas de la agitación popular. Un panorama desalentador pero que porta en su interior la semilla de la transformación. Edward Said, ni durante los años de plomo del sionismo y el oprobio sobre Palestina, o en el aftermath de la Guerra del Golfo de 1991, perdió la esperanza. Motivos no le faltaban, tanto por la aberrante línea de acción de monarquías y repúblicas árabes corruptas como por las trampas del llamado proceso de paz iniciado en los noventa del siglo pasado –proceso denunciado con denuedo por él-. Es una realidad desalentadora, en efecto; pero, como el mismo Said escribía, I cannot but go back from he history of facts to the history of potentials, and from the troublesome images of the present to those of the Arab of always, hungering for justice and straining towards the future… 20
Notas
1 La vinculación de la figura de Said a la noción de
palestinidad queda patente una vez más en el contenido de los homenajes y
efemérides que han tenido lugar con motivo del décimo aniversario de su muerte,
en septiembre de 2013. En su universidad, Columbia, la lección magistral la
dictó el jurista y novelista Raja Shehadeh, residente en Ramala y de confesión
cristiana como Said, ejemplo de la pervivencia del ejemplo y la memoria de éste.
Véase
http://artsinitiative.columbia.edu/events/raja-shehadeh-there-language-peace-palestine-today-and-categorization-domination
, fecha de acceso del 10 de noviembre de 2013.
2 Edward Said, Nuevas crónicas palestinas. El fin del proceso de
paz (1995-2002), Barcelona, Debolsillo, 2003, pág. 183.
3 David Barsamian y Edward Said, Culture and Resistance.
Conversations with Edward Said, Londres, Pluto Press, 2003, pág. 184.
4 Ibídem, pág. 185. El ensayo principal de Said sobre Orwell se
titula "Tourism among the Dogs" y aparece en la colección Reflections on Exile.
En todo caso, el supuesto espíritu comprometido de Orwell con las causas nobles
de liberación nacional queda empeñado por su labor de informante al servicio del
espionaje británico de supuestos agentes comunistas en la Gran Bretaña de los
años cuarenta .
5 De ahí que recordar y saber expresar los recuerdos sean
básicos en la concepción saidiana del relato de la palestinidad: One has to keep
telling the story in as many ways as possible, as insistently as possible, and
in as compelling a way as possible, to keep attention to it, because there is
always a fear that it might just disappear..Culture and Resistance, op. cit.,
pág. 187.
6 Nuevas crónicas…, op. cit., pág. 164. Las campañas de
silenciamiento contra Said por parte de los círculos sionistas han sido
numerosas. En 2001, se produjo la cancelación de una conferencia prevista en el
Instituto Freud de Viena sobre la figura del pensador austríaco de origen judío,
por razones que tenían que ver con las críticas a la ocupación israelí. En
cualquier caso, la conferencia acabó impartiéndose en otros foros y deparó un
texto ("Freud y los no europeos") del que hablaremos después.
7 Out of place. A memoir, Londres, Granta Books, 1999, pág.
xiv.
8 Ibídem, pág. xi.
9 Culture and Resistance, op. cit., 186. "Hakawati", así llama
David Barsamian a su entrevistado, que no es otro que el mismo Said.
10 Culture and Resistance, op. cit., pág. 187.
11 Ibídem, pág. 84.
12 Palestina. Paz sin territorios, Tafalla, Editorial
Txalaparta, 2002, pág. 141.
13 Extracto de una entrevista concedida al periódico al-`Arabi
en 1999. Palestina, paz sin territorios, op. cit., pp. 169-171.
14 Para mayores detalles sobre la polémica de Yalal al-Azam
contra el intelectual palestino, véase Ignacio Gutiérrez de Terán, "Edward Said
y la visión americana", revista Idearabia, nº 3, pp. 65-71.
15 Nuevas crónicas palestinas, op. cit., pp. 197-205.
16 Ibídem, pp. 197-198.
17 Nuevas crónicas palestinas, op. cit., pág. 190.
18 "Among the Believers", en Reflections on Exile, Harvard
University Press, 2000, pp. 113-117. Consúltese asimismo el ensayo dedicado al
Clash of Civilizations de Samuel Huntington, en el mismo libro, con el título ya
referido de Clash of Definitions, pp. 569-590.
19 Freud y los no europeos, Barcelona, Global Rythm Express,
2003, pp. 32-82.
20 The Arabs Today. Alternatives for Tomorrow, coordinado por
Edward Said y Fuad Suleiman, Columbus, Forum Associates, 1973, pág. 22.
*Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita es académico
del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales de la
Universidad Autónoma de Madrid.
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