martes, 14 de enero de 2014

Muhámmad (sas), el Hombre Universal

Muhámmad (sas), el Hombre Universal


“Nadie encontrará a Dios sin haber encontrado antes al Profeta”


14/01/2014 - Autor: Abdelkader Mohamed Alí - Fuente: Webislam



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Sidna Muhámmad es “Misericordia para Todos los Mundos”.

Es imposible llegar a entender mínimamente el alcance y dimensión del Islam sino se hace a través de su Profeta más importante: Muhámmad (sálla llähu ‘aláihi ua sállam). Y en este sentido no siempre los musulmanes hemos sabido valorar claramente hasta donde llega la importancia vital de Sidna Muhammad (p) en nuestro acercamiento a Allah, (subhanahu ua ta'ala). Nuestro amor y adhesión incondicional al Profeta Muhámmad (p) está, salvo rarísima excepción, fuera de toda duda. Y todos hemos sido educados desde nuestra más temprana niñez para amar a quien Allah, el Altísimo, le llamó “mi Amado” (Habibi).

Siempre retendré en mi recuerdo el contagio descontrolado que me originaban las lágrimas desbocadas de mi hijo cuando en su adolescencia le procuraba impartir nociones básicas sobre la vida de nuestro amado Profeta. Cuando estas secuencias se repetían en una nueva entrega pedagógica, comprendí que el sello indeleble del amor a Sidna Muhámmad (p) ya moraba en las profundidades más íntimas de mi primogénito, al-hamdu li-Llâh. Es así como todos los musulmanes, de un modo u otro, con mejor o menor acierto, intentamos cumplir con nuestra obligación de transmitir a nuestros congéneres la iniciación a la baraka muhammadiana.

Sin embargo no todos hemos llegado a la conciencia plena de lo que implica en su proyección mahabatu-Rasul, amar al Profeta (p). Especialmente esos grupos de musulmanes ‘modernistas’ que relativizan su dimensión espiritual, al igual que esos otros denominados “reformadores puritanos” o salafíes. Todo un universo, curiosamente importado de ideologías tenebrosas, nunca lo diremos suficientemente, ajenas a nuestra realidad tradicional en lo que concierne a la espiritualidad islámica.

Sidna Muhammad (p) fue lo que los fuqarás o sufíes llaman al-Insân al-Kâmil, el Hombre Universal, jayr al-jalq, la mejor criatura creada por Allah (s.t). El amor a Sidna Muhammad concierne a todos los musulmanes y, tal como señala acertadamente el insigne erudito musulmán Hussein Nasr: “Se podría decir que este amor es la clave del amor a Allah, pues para amar a Allah, Allah debe amarnos primero, y Allah no ama a quien no ama a Su mensajero”. Dice uno de los grandes del gnosticismo islámico, ‘Abd Al-Karîm Al-Yîlî, precisamente en su libro “El Hombre Universal”: “Nadie encontrará a Dios sin haber encontrado antes al Profeta.”

El musulmán bien orientado en su acercamiento a Allah no tiene otro objetivo más certero que el conocimiento de Allah recordando constantemente su Tauhid, Unicidad Divina. Sin embargo, deberíamos tener presente que en tanto seamos esa individualidad que nuestro nafs/ego potencia, la Gracia divina sin dejar de ser vertida, difícilmente nos alcanzará. Es a través de Sidna Muhammad (p) el Hombre Universal quien como Mediador Universal nos alcanza la Rahma al-Ilahia (Misericordia Divina).

Nos indican los arifin billah, los gnósticos, los que verdaderamente conocen la baraka muhammadiana a través de esa mahabatu-Rasul:

“Sólo rogando la efusión de las gracias sobre él, el ‘pobre hacia Dios’ (al-faqîr ilâ-Llâh) se prepara para recibir la iluminación que sin cesar brota de la Oscuridad divina hacia el ‘mejor de la creación’ (jayr al-jalq)”. Dicho de otro modo, no existirá receptividad plena en tanto no corrijamos la supuesta negligencia que supone no sincronizar consecuentemente nuestra mahabatu-Rasul certeramente.

Probablemente uno de los aspectos que quizás no hayamos aún evaluado en su justa dimensión de la vida y obra de Sidna Muhammad (p) es la misericordia que emanaba de sus actos.

Conmovió los corazones de los pobres, los oprimidos, los necesitados ya que su amor, su compasión y misericordia no sólo llegó a los seres humanos, sino también a los animales, plantas… Fue el ejemplo de amor Universal. Acaso no dice Allah en el Corán sobre Sidna Muhammed (p) que es “Misericordia para Todos los Mundos”.

La primera lección de dhikr

Como es narrada en la Sira/hagiografía del Profeta (p), la profecía le llegó a Sidna Muhammad a la edad de cuarenta años estando en retiro espiritual en la cueva de Hira. Esta cueva está ubicada a las afueras de Meca en la montaña llamada Yabal al-Nur, en la región de Heyaz.

Allah convirtió para Sidna Muhammad (p) la cueva de Hira en su primera escuela Divina donde recibiría paulatinamente su educación sagrada. Después de trece años de profecía fue conducido a otra cueva, Thaur, en esta ocasión en su camino de la Héjira.

Esta vez, como nos indica Osman Nuri Topbas en su libro El Profeta de la misericordia “no para ser instruido, sino para sumergirse en los secretos de Allah y para perfeccionar el corazón.” La estancia allí duró tres días y tres noches. No estuvo sólo, le acompañaba su compañero preferido, el más elevado y espiritualmente maduro, Abu Bakr as-Siddiq (el Fiel), (Radia llähu ‘anhu), convirtiéndose el “segundo de los dos”. Es así que Sidna Muhammad (p) le dijo a su noble amigo: “No temas porque en verdad Allah está con nosotros”, (Corán, 9:40). Así le enseñó como estar con Allah.

Según los sufíes fue la primera lección de dhikr en el Islam. Sidna Muhammad y su amado compañero experimentaron el gran regocijo de abrir sus corazones a Allah. Allí, en la cueva Thaur, fue donde se llevo a cabo la primera educación básica del corazón.

Era la primera estación de este viaje sagrado revelando Sidna Muhammad a Abu Bakr los secretos infinitos del Misericordioso. Así se inició el primer eslabón de la cadena de transmisión hasta el final de los tiempos.

De este modo, la fe toma el impulso certero del amor. A partir de ahí queda instituido que todo viaje hacia el Creador, hacia Allah, precisará de un amor firme y sincero hacia el Profeta Sidna Muhammad (p). El camino que lleva a la bendición de Allah es seguir su ejemplo ya que “la fuerza del amor nos induce a amar no solamente al amado, sino también a todo aquello que él ama”. Probablemente nos sea complicado, tal vez difícil o muy dificultoso, evaluar el alcance de este amor Divino con nuestras limitadas y débiles capacidades humanas. Pero quizás pudiera quedar mejor definido haciendo alusión a la siguiente historia referido a un hadiz. A lo largo de la vida de Abu Bakr as-Siddiq todas sus vivencias y conversaciones con el Profeta fueron para él fuente inagotable de alegría y beatitud. En una ocasión oyó decir al Profeta lo siguiente: “No me he beneficiado de la propiedad de nadie tanto como me he beneficiado de la propiedad de Abu Bakr,” a lo que respondió Abu Bakr con lágrimas en los ojos: “!Oh Profeta¡ ¿Acaso yo y mis propiedades no somos tuyos?”. Con estas palabras se evidenciaba claramente la entrega total y absoluta de Abu Bakr al Profeta de Allah de sí mismo y todas sus pertenencias. Es lo que llaman los sufíes en el Tauhid, “al-fana fi al-Rasul”, aniquilado en el Profeta.

Pero añadamos otro hadiz para intuir más certeramente ese grado de auto-aniquilación de Abu Bakr en su amor al Profeta: Una vez el Profeta Sidna Muhammad (p) dijo: “¡Ayudad a los que luchan en el camino de Allah!” En respuesta, Abu Bakr trajo todo lo que tenía. Cuando el Profeta (p), le preguntó qué había guardado para él y sus hijos, respondió: “Allah y Su Profeta”. ‘Subhan Al-lâh’.

Maulid Nabawi, la celebración del nacimiento de Sidna Muhámmad es una buena oportunidad para recitar el Corán, multiplicar salauatu ala nnabi, contactar con familiares, amigos…, para expresar, una vez más, nuestro amor a Rasüllullah y loanzas a Allah: Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallimu taslima. (Oh Allah haz la plegaria sobre Muhammad, Tu siervo y Tu Enviado, el Profeta iletrado, y sobre su familia y sus compañeros, así como la paz perfecta). Amin.

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