jueves, 7 de febrero de 2019

De El Asad a El Asad, pasando por el infierno

La Administración de Donald Trump está protagonizando un bochornoso espectáculo con sus vaivenes acerca de la retirada de las pocas tropas que tiene sobre el terreno en Siria

De El Asad a El Asad, pasando por el infierno
EDUARDO ESTRADA
En marzo de 2018, coincidiendo con el séptimo aniversario del inicio de la guerra en Siria, el presidente sirio Bachar el Asad se hizo filmar mientras conducía su coche por las calles repletas de escombros de Ghouta Oriental, una zona cercana a Damasco. Por aquel entonces, las fuerzas leales a El Asad estaban ganando terreno a los rebeldes, que llevaban un lustro bajo asedio en la zona. Las imágenes de El Asad retornando triunfante, y aparentemente relajado, perseguían un evidente fin propagandístico. No obstante, si las reducimos a su cruda esencia, nos sirven para sintetizar lo que han supuesto estos trágicos años de conflicto: Siria ha sido devastada, pero El Asad sigue estando allí.
La magnitud del desastre humanitario no puede capturarse solo en cifras, pero estas proveen una muy necesaria perspectiva. En 2011, cuando estalló la guerra, Siria era un país de 21 millones de habitantes. Casi ocho años más tarde, aproximadamente medio millón de ellos han muerto como resultado de la violencia (unas muertes ocasionadas mayoritariamente por las fuerzas pro-El Asad), más de cinco millones y medio han sido registrados como refugiados, y más de seis millones son desplazados internos en Siria. Estos números evidencian el fracaso de una “comunidad internacional” que, en Siria y en tantos otros contextos, no se ha hecho merecedora de este

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