editorial Todos embarrados
a justicia difícilmente llegará hasta
López Obrador (AMLO) por medio
de documentos, porque sus órdenes
serían verbales, sobre todo para los
más sucios negocios de corrupción,
de los cuales no sólo sabía: era el
principal impulsor, tanto en sus obras
faraónicas como en el huachicol de
gasolina o en el cartel “La Barredora”.
Ya sea para desviar recursos, violar
la ley, o permitir el saqueo, era una or-
den suya o un visto bueno, como el
confesaba. Nadie se atrevía a decirle
que no, ni a pedírselo por escrito, so
pena de perder el empleo.
Él ponía y él quitaba. Todos en
deuda con él, dispuestos a cualquier
trabajo sucio del cual también se ben-
efician. Les tiene en la palma de su
mano. Si obedecen, “El gran corrup-
tor” es por igual su gran protector.
Todos en la red de corrupción se
cuidan unos a otros con un pacto de
impunidad. Mientras, se distrae al
pueblo con terapias mañaneras, dic-
iendo todo lo contrario a los hechos.
La mayoría del dinero que AMLO
recibía del narco y de la extorsión a
los servidores públicos, o de cualquier
otro lado, sería dinero en efectivo, sin
dejar huellas o registro alguno.
¿Dónde guarda sus tantos mil-
lones? Gran parte habría ido a la fa-
milia, a sus hijos y hermanos princi-
palmente, lo que les permite viajar a
todo lujo por el mundo pagando de
contado, o comprar grandes exten-
siones de terreno, por ejemplo.
La presidente Sheinbaum no es
ajena a toda esta corrupción a la vista
de todos, es cómplice, y por ello no
mueve un dedo. “No estoy enterada”,
“que se meta la denuncia”, “que
presenten pruebas”, “si hay algo que
corregir, se corrige”, “¡cómo creen,
imagínense!”, “es una campaña de
desprestigio”, “todos estos problemas
vienen desde Calderón”, AMLO “es el
hombre más honesto”, etc.
La justicia llegará a AMLO con el
cotejo de testimonios, lamentable-
mente desde Estados Unidos ─maes-
tro de la corrupción─ y nunca desde
nuestros aprendices jueces. Por me-
dio de testigos, todos van cayendo...
si no mueren misteriosamente.
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