Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Los poderes destituyentes y otras notas resistentes

Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. No hay que estar al remedio de un instante, que pasa con él, y deja viva y más sedienta la enfermedad. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación. No ha de irse mirando como vengan a las consecuencias del problema, y fiar la vida, como un eunuco, al vaivén del azar: hombre es el que le sale al frente al problema, y no deja que otros le ganen el suelo en que ha de vivir y la libertad de que ha de aprovechar.
José Martí. "A la raíz"
  • Desde las estructuras externas se evidencia por dónde va la cosa: las colas, las agresiones financieras, las variables de la guerra económica; los asesinatos selectivos, el simulacro de los "artistas del hambre", tenazas internacionales de toda laya, etc. Factores abiertos, públicos, notorios y comunicacionales. Se le conoce el reflejo arquitectónico a ese diseño, a esa brutal y sofisticada guerra híbrida. Pero dentro de su propia profundidad, en los adentros, también se mueven otros objetivos y formas de impactarlos. Y van más allá de la desmoralización manifiesta: más que despolitización, mediante el hastío se busca el centro de la no-politización de todo, a que gane el tráfago ineludible y el vacío hastiado de lo que quieren que se vuelva cotidiano. Hay que hablar más de los adentros de la guerra, ahora que tanto expertólogo pega retirada y dice que es el pueblo el que lo está haciendo. Hay que hablar de los adentros de la guerra y su alcance.
  • Porque de lo que aquí se trata es de hablar de la suma de procesos destituyentes contra el país, contra nuestra identidad y contra nosotros. Y detrás de ese proceso, los poderes con capacidad real de ejecutarlos, activando esa reserva que siempre queda de todos los lastres del proceso de miamización y su propia sedimentación cultural frívola, adormecedora, y orientada a no hacerse las preguntas que son sobre el momento presente, porque tampoco se fabrica la necesidad de una respuesta.
  • En su significado formal, destituir en sus dos formas verbales significa 1) separar a alguien del cargo que ejerce, y 2) privar a alguien de algo, en esa línea "lo destituyente" en el ámbito amplio de lo político, los asuntos de la polis (lo colectivo) y en los asuntos públicos (la res-pública) amplía su radio de significación, y si dentro de esa matriz revisamos el campo semántico que lo reúne vienen a cuento palabras y voces como desmantelar, romper, quebrar, fracturar, cancelar, retirar, revertir, negar, desmontar, anular, reducir, matar y morir. Y por ese (feo) sendero encontramos un vector que generaliza los procesos y agresiones psíquicas que en su resultante le atribuyen un rostro (en tanto fin) a esa otra pata de la guerra poco visible, resbalosa, líquida, cruzada, oscura, que se quiere inefable, que no quiere nombrarse, que se niega y se cancela pero que ejerce un poder de hecho, una opresión concreta, esa maldita lucha contra las sombras que va más allá de lo que se ha nombrado sobre el campo de batalla, trátese de las aristas expresivas de la guerra económica o la demencial línea discursiva de subpolíticos y el partido de los medios.
Pretenden suprimir nuestro propio derecho a la historia
  • Hemos vivido por más de dos años en un pronunciado e inédito estado de sitio. O eso han tratado, y contra todo y a pesar de tanto, se preserva lo político del momento, lo vinculante, lo que certifica y da testimonio de un resistir que ahora no sólo se enfrenta a variables macroeconómicas sino a la fractura precisamente de todo eso, a su destitución. Y en el centro dinámico de ese proceso no radica, repetimos, lo que se mueve hacia los aspectos estructurales externos (como los vectores abiertos de la guerra económica) sino a facilitar el sustrato del envilecimiento, de la ruptura en los vínculos: de destituir el nosotros: el coronar la supresión de nuestro propio derecho a la historia. A los modos de echar el cuento nuestro como nación capaz de reinventarse contra todas las inercias. Suprimir la profundidad histórica de todo, que está en todo lo que hacemos si lo vemos.
  • Carlos Lanz ha venido estudiando y analizando los movimientos de la guerra actual, la guerra silenciosa, y nos señala que la estrategia en curso desde los laboratorios de la Administración Obama se define como "Rollback", de reversión de todos los hechos sociopolíticos que se han venido construyendo, desarrollando y practicando en los más de tres lustros de Revolución Bolivariana en el poder. Tal agenda, en sintonía con el excepcionalismo globalizante del momento (esa ruptura de toda continuidad mediante la guerra) que propicia el Estado profundo, lo que a nivel continental otros calificaron como "el momento destituyente", busca emplear todos los recursos asimétricos de la guerra (operaciones psicológicas, acciones encubiertas de cuerpos especiales, recrudecimiento de la conflictividad financiera, propalación de los puntos débiles, etc.) con una serie de objetivos especificados y definidos a grandes rasgos: "Intenta detener o congelar los procesos transformadores en curso / Retrasar y obstaculizar las políticas radicales, con medidas restrictivas / Hacer retroceder la gestión gubernamental a posiciones previas, en algunos casos, suele ser un progresivo retroceso / Recuperar el terreno perdido para la contrarrevolución / Forzar el cambio de gobierno, con medidas como las postuladas en la 'salida' y echar atrás el actual modelo / Desmantelamiento del Estado y restablecimiento del régimen anterior / Empleo de políticas y medidas retroactivas para recuperar lo perdido". Pero ese sigue siendo la exposición de un mecanismo de lo externo, agrega uno de lo que aquí se cita de Lanz.
  • Entonces, desde acá y desde nuestro propio testimonio y sentipensar (defiéndelo donde sea y como sea) la agresión múltiple, el asalto multidimensional contra la Venezuela Bolivariana va más allá de "hacer chillar a la economía" como alegremente decía Henry Kissinger sobre la vía para quebrar el proceso en el Chile de la Unidad Popular y Salvador Allende: así como tales objetivos quedan más que en evidencia, la línea maestra va por minar los adentros que hacen al chavismo lo que es, por suprimir las querencias, por instaurar un proceso de des-solidarización que ha sido clave histórica inherente: el nacionalicidio que empieza por los adentros y nos mutila a todos en la misma centrífuga destituyente.
La línea maestra va por minar los adentros que hacen al chavismo lo que es
  • (Ya en este punto huelga decir que me cago en el actual espich de la izquierda destituyente, del conformismo histórico, del repliegue y el refugio en las claves ilusorias de siempre que nadie ha procesado a la luz fuera de sí mismo, a cada uno de los intentos desapasionados de secuestrar la pasión, a la sordera postiza, a la imaginación de meadero, a la psicología de la mina infeliz, a la banalidad del bien, a la correctitud rependeja del decoro político; prefiero errar con lo que intento que tener la razón en lo que destituyo como ese altísimo colegaje de reflexionistas, expertólogos, bienpensamentarios del idiotismo post-industrial; masca mierda todos.)
  • Ramón Mendoza siempre habla de los resortes éticos del pueblo, de esos mecanismos de protección ante todo poder y mecánica del hambre, de la miseria, de la no-respuesta ante el dolor ajeno, pero además también en la celebración de los encuentros, del hecho cultural extendido y desalambrado, esos resortes que son producto dialéctico de eso que él mismo también llama la intracultura. Y contra esos resortes éticos es precisamente que la guerra apunta en cualquiera de sus plazos temporales.
  • Y parte del gran peligro radica, precisamente, en que los mecanismos más brutales y abiertos del instinto de algo parecido a la preservación del capital (y sus metabolismos) lo que pudiera haber sido resultado de un proceso virtuoso de acumulación histórica de lo mejor colectivo, de lo mejor del alma de un pueblo en su historia y por su vida en centenas de años, existen vías para desmantelar todo lo que eso hace y confluye en la identidad en tan sólo cinco años. Las ruinas de Palmira a punto de ser completamente voladas y borradas por el Estado Islámico encuentra ahí su simbolización más evidente, pero no la única.
  • Los procesos nacionalicidas tienen esa metódica, más cuando todo esto se ajusta, a las puertas de la posibilidad de un epílogo a la sociedad post-industrial, como quería Iván Ilich, en su abierto contrario maquinante y sin frenos. La consolidación de todo lo que esté fuera del 1% global en absoluta biomasa, sin lados, sin caídas, sin relieves culturales, sin alma, en ese proceso, cuya finalidad, recordaría Pasolini, es la "reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo". 
  • Nada menos que contra eso es a lo que nos enfrentamos.
  • Ay mi alma.

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