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sábado, 8 de agosto de 2026

“Ningún gobierno debe definir la verdad”: Francisco Valdés Ugalde ve error autoritario

 

“Ningún gobierno debe definir la verdad”: Francisco Valdés Ugalde ve error autoritario

El politólogo, sociólogo e investigador de la UNAM, señala que nuevos lineamientos a los derechos de las audiencias, le quitan carácter democrático a México y lo acercan a la autocracia.
Censura medios derechos audiencias
Entrevista a Francisco Valdés Ugalde respecto a los lineamientos de los derechos las audiencias. Foto: Gabriel Pano El Universal.

Ciudad de México.- Francisco Valdés Ugalde, politólogo, sociólogo y articulista de EL UNIVERSAL, considera que ningún gobierno o Estado debe tomar en sus manos la definición de “verdad”, pues ello le quita su carácter democrático y lo acerca a la autocracia.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el también investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) México, aborda la nueva propuesta del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre Lineamientos para la Protección de los Derechos de las Audiencias.

Valdés Ugalde asegura que, para garantizar un régimen democrático, debe existir la libertad de expresión total y libertad de prensa total, y deben existir condiciones para que las audiencias formen por cuenta propia su opinión; claro, para salvaguardar derechos siempre deben existir las leyes.

“Es como crear un ‘ministerio de la verdad’, lo que estamos viendo es más cercano a la creación de una herramienta de censura, que una herramienta para las audiencias”, dice sobre la dependencia que se encargaría de vigilar o monitorear el comportamiento de los medios con la propuesta de Morena.

¿Ve algo novedoso en lo que está proponiendo el gobierno de México?

—Sí. Están proponiendo generar una instancia vigilante y sancionadora, una agencia gubernamental.

Creo que, en ese sentido, no es precisamente una protección de las audiencias, sino que puede ir más allá, hacia la censura de los contenidos y de las opiniones de la información, agregó.

Cuando un gobierno decide tomar en sus manos la definición de la verdad está cometiendo un grave error, un error de carácter autoritario. Cuando un gobierno hace eso, deja su carácter democrático en una dimensión importante, porque un gobierno, al igual que un Estado, no puede definir la verdad, precisó Valdés Ugalde.

El poder político se configura en una democracia conforme a acuerdos de las diferentes opiniones y puntos de vista. Debe existir libertad plena de expresión, libertad de prensa y, desde luego, deben existir instancias para que las audiencias, las personas que escuchan la radio y ven la televisión, leen los periódicos se formen por cuenta propia su opinión.

¿Es necesario garantizar la defensa de las audiencias?

—Me parece muy bien, por ejemplo, la existencia de códigos de ética y que esos códigos sean públicos. Me parece muy bien que exista defensoría de las audiencias, pero me parece que la defensoría de las audiencias debe ser autónoma del poder político.

Yo veo en los lineamientos definiciones muy vagas acerca de lo que es veraz, de lo que es una opinión objetiva, de lo que es una conducta adecuada por parte de los medios de comunicación para respetar el derecho de las audiencias.

Esa vaguedad es la amplitud de los conceptos concentrados, además en el control por parte de una sola agencia que depende directamente del Poder Ejecutivo, me parece una herramienta peligrosísima de control que puede llegar a la represión y que de ninguna manera corresponde a los estándares de una democracia.

¿Hay antecedentes, en algún otro país, sobre una agencia parecida?

—En Venezuela y en Nicaragua han ocurrido cosas que han ido mucho más al extremo de lo que aquí se está proponiendo. Sin embargo, me temo que si esta propuesta se acepta estamos frente al riesgo de correr en la misma dirección.

Es como crear un “ministerio de la verdad” que va en contra de la libertad de expresión, que va incluso en contra de los principios mismos del Estado democrático, que debe estar regido por los principios de respeto a los derechos humanos y de respeto a todas las opiniones y a la pluralidad.

¿Le hace falta a México una propuesta de lineamientos, pero sin las sanciones?

—Creo que sí se necesita mejorar el comportamiento ético de los medios, creo que es importante distinguir información, opinión y publicidad, pero eso está dentro de los estándares de profesionalismo, por una parte, y de división de poderes, en el sentido de que el gobierno no debe meterse en la regulación del pensamiento, de la opinión ni de la información.

Estos deben ser mecanismos en manos de la sociedad y es la sociedad misma la que tiene que generar sus propias herramientas. Esto no significa que no haya leyes, que no haya disposiciones. Sí, son perfectamente aceptables, pero lo que estamos viendo y lo que se está presentando es más cercano a la creación de una herramienta de censura que a la creación de una defensa de las audiencias.

Me parece que hay un discurso por parte del gobierno que se escuda detrás de las audiencias, como se ha escudado detrás del pueblo para decir que lo que hace representa al pueblo. Y, en este caso, que lo que está haciendo representa a las audiencias, pero eso es falso, aquí no hay una representación de las audiencias, sino una representación del interés político de un grupo en el poder.

¿Sabe de una política como esta en México?

—No, desde que entramos a un proceso democrático, después de 1997, no he visto intentos semejantes al que está ocurriendo ahora. Cuando se ha llamado a que los medios de comunicación cumplan bien sus funciones, generen códigos de ética o tomen acuerdos entre sí para el manejo de cierta información, siempre ha sido una cuestión que se discute entre los medios.

Otra cosa es si los medios están bien organizados en México, porque —como hemos visto y todos sabemos— los grandes conglomerados de la comunicación forman parte de otros conglomerados de empresas y, con frecuencia, sus intereses como empresas se confunden con su forma de administrar los medios de comunicación y eso es incorrecto.

Eso es algo que debería aprenderse en México, pero no mediante una operación de carácter represivo, sino mediante el acuerdo y el consenso para garantizar que los medios efectivamente puedan representar a la opinión pública.

¿Qué consecuencias ve, a corto y mediano plazo, con la aplicación de estos lineamientos?

—Yo creo que hay una gran controversia que ya está instalada, una gran oposición por parte de periodistas, académicos, medios de comunicación y de prensa que van a insistir, incluso de medios internacionales como Artículo 19, que ya ha dado algunas opiniones a este respecto.

Seguramente esto llegará a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a las Naciones Unidas, y me parece que las consecuencias para México van a ser negativas. Por un lado, generando censura y autocensura de los medios.

Las consecuencias me parecen nefastas porque entonces vamos a tener un público menos informado, un público con información y opinión menos diversa y con menor capacidad de formarse un juicio propio.

Y a cambio de eso, el gobierno estaría pretendiendo hacer que la gente se forme el juicio del gobierno. Y esa no es la representación del pueblo en una democracia. Esa es la usurpación de la representación del pueblo.

Derechos de la audiencias: nuevo instrumento de censura

 

Derechos de la audiencias: nuevo instrumento de censura

El gobierno de Claudia Sheinbaum abrió esta semana la consulta pública sobre los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, un instrumento que, según la narrativa oficial, busca fortalecer el derecho a recibir información veraz, distinguir noticias, opinión y publicidad, y contar con mecanismos para defender los derechos de las audiencias. El ejercicio, encabezado por la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde Luján, estará abierto del 27 de julio al 21 de agosto y permitirá recabar propuestas de ciudadanos, concesionarios, universidades y organizaciones civiles antes de emitir las disposiciones definitivas. La pregunta de fondo, sin embargo, no es procedimental sino política: ¿protege esta reforma a las audiencias o construye un aparato de vigilancia editorial con rostro de defensoría ciudadana?

El texto obliga a los concesionarios a designar una persona defensora, quien deberá actuar bajo principios de imparcialidad, independencia, objetividad y transparencia, además de carecer de conflictos de interés, con un plazo de veinte días para resolver quejas antes de escalar el caso a la autoridad reguladora. La justificación histórica que ofrece el gobierno tiene asidero: esos derechos fueron incorporados al texto constitucional en 2013 y desarrollados en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de 2014, y una reforma posterior de 2017 los debilitó hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó ese retroceso. Recuperar una figura legítima y previamente reconocida por el máximo tribunal no es, en sí mismo, un acto autoritario.

El problema surge en la letra fina. La Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, que agrupa a más de mil doscientas estaciones, respaldó el propósito regulatorio pero advirtió que los lineamientos son ambiguos y dan lugar a discrecionalidad, alertando sobre el riesgo de una regresión democrática. Más específicamente, la organización denunció que el proyecto permite al gobierno definir qué es información falsa o descontextualizada, distorsionando con ello la pretendida autorregulación y restando autonomía a las defensorías de las audiencias. Ahí reside la contradicción central: una figura diseñada para ser independiente termina subordinada a un criterio estatal sobre la verdad informativa, precisamente lo que el derecho internacional busca evitar.

Las multas agravan la tensión. Según la industria, las sanciones por las presuntas faltas informativas son excesivas, al representar el uno por ciento de los ingresos anuales de cada concesionario, cuando la legislación vigente solo contempla multas en dos supuestos: no designar defensor de audiencias y no emitir códigos de ética. La oposición partidista no ha guardado silencio: el coordinador priista en el Senado, Manuel Añorve Baños, sostuvo que las nuevas reglas podrían utilizarse para ejercer presión sobre los medios e incluso derivar en la suspensión precautoria de transmisiones, y acusó que el oficialismo quiere meterse en los contenidos y decidir cómo se presenta una noticia y hasta qué información es considerada falsa o descontextualizada.

No se trata de un temor abstracto. Artículo 19 ya documentó un precedente inquietante: la eliminación de una entrevista en un canal público, donde el propio defensor de audiencias admitió que la solicitud de revisión no provino de las audiencias sino de la dirección del canal, porque “tenía dudas”. La organización concluyó que ese tipo de decisiones contraviene directamente principios y estándares internacionales sobre el derecho humano a la libertad de expresión, recordando que la censura previa, interferencia o presión directa o indirecta sobre cualquier expresión difundida por cualquier medio debe estar prohibida por la ley. El informe anual de la organización, además, ya había registrado que los casos de abuso del poder público como mecanismo de hostigamiento contra la prensa pasaron de 114 en 2024 a 153 en 2025, un incremento superior al siete por ciento.

Frente a este cúmulo de objeciones, la propia presidenta ha salido a desactivar la lectura crítica: “Es un proceso de autorregulación del medio… No tiene nada que ver con censura. Nada”, afirmó desde Palacio Nacional. Es una defensa legítima de la intención declarada, pero no resuelve la pregunta institucional de fondo: cuando el Estado tiene la última palabra sobre qué constituye información falsa o descontextualizada, y cuando las sanciones económicas pueden asfixiar a un concesionario, la línea entre autorregulación y control editorial se vuelve, cuando menos, borrosa.

La consulta pública, formalmente, ofrece una ventana de treinta días para corregir el rumbo. Pero la historia reciente de las democracias latinoamericanas enseña que los mecanismos de “protección ciudadana” diseñados sin candados de independencia real terminan, tarde o temprano, sirviendo a quien gobierna. ¿Bastará la presión de la industria, la academia y las organizaciones civiles para blindar de politización una figura pensada, en el papel, para defender al público?

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Woke

8 de agosto: Wikipedia sigue sin estar a la venta
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La excongresista de los Estados Unidos, Marcia Fudge, sosteniendo una camiseta con la frase "Stay Woke: Vote" en 2018

Woke («despierto» en inglés), y relacionado en el mundo hispano con el epítome progre (de progresista), es un término originado en la comunidad afroestadounidense de Estados Unidos como forma de referirse a quienes se enfrentan o se mantienen alerta frente al racismo.[1] Posteriormente, el término empezó a abarcar otras cuestiones de desigualdad social, como la desigualdad de género y la negación de derechos a las personas LGBT.[2] Desde finales de la década de 2010, el término también se ha utilizado para referirse a algunas políticas progresistas o de izquierda relacionadas con la justicia social y las políticas identitarias.[3] Para el 2020, sectores conservadores y ultraconservadores de derecha y extrema derecha en varios países occidentales empezaron a usar el término woke, a menudo de manera despectiva, como forma de denominar a varios movimientos e ideologías progresistas o de izquierda que ellos perciben como excesivamente entusiastas, agresivos o susceptibles, además de acusarlos de censurar opiniones discrepantes mediante la llamada cultura de la cancelación.[4][5] Ello les ha permitido generar un ascenso de sus formaciones políticas mediante nuevas estrategias de comunicación con una retórica provocadora que les permite construir una identidad de rebeldía ante lo que entienden como una hegemonía progresista.[6]

Para el 2021, woke se convirtió en una de las palabras más frecuentemente usada en entornos políticos conservadores para atacar a lo que perciben como progresista, de tal manera que actualmente los usos más destacados de la palabra tienen lugar en un contexto despectivo.[4][5] Aunque en español no tiene una traducción asentada y generalmente se usa el término inglés crudo, destacada en cursiva o entrecomillada al ser un extranjerismo, en la jerga coloquial de España se han empleado términos como despiertismo para referirse a este movimiento y despiertos o despiertitos para quienes lo siguen, este último con un tono despectivo según algunos usos documentados.[7][8] Una traducción propuesta por la RAE es concienciado,[9] aunque su adaptación más natural sería progre.[10]

Origen y usos del término

La frase «stay woke» («mantente despierto») surgió en la comunidad afroamericana de Estados Unidos en la década de 1930. Al desarrollarse dentro del inglés afroestadounidense vernáculo, woke se refirió a una conciencia de los problemas sociales y políticos que afectan a los afroamericanos, especialmente los prejuicios raciales y la discriminación. De esta forma, ha aparecido en varios contextos, por ejemplo, en canciones de Leadbelly y Erykah Badu.[11] Tras el asesinato de Michael Brown en Ferguson, Misuri, en 2014, la frase fue popularizada por activistas de Black Lives Matter (BLM) que alegaban buscar crear conciencia sobre los tiroteos policiales contra afroamericanos.[12] La expresión se popularizó en Black Twitter y ganó tracción como un meme de Internet, utilizándose con frecuencia por personas que no eran afroamericanas, a menudo para señalar su apoyo a Black Lives Matter. Asociado con la generación Y, el término se extendió internacionalmente y se agregó al Oxford English Dictionary en 2017.[13]

El republicano Donald Trump hablando en la CPAC 2022 con el lema Awake Not Woke («Despierto, no despertado»).

A medida que el uso del término se ha extendido más allá de sus orígenes afroamericanos, woke se ha utilizado cada vez más como un término general para describir los movimientos de «justicia social» de izquierda. Para 2020, críticos de estas posiciones en varios países occidentales han usado el término woke para describir a movimientos de izquierda «fanáticos o insinceros, y tendentes a censurar de forma dogmática cualquier desviación de su perspectiva ideológica».[14] Algunos movimientos de izquierda llegaron a considerarlo un término ofensivo utilizado para denigrar a quienes hacen campaña contra lo que ellos perciben como discriminación.[1] A menudo se utiliza también como sinónimo de «progre». Empresas de entretenimiento como Disney reconocieron formar parte de este fenómeno social al ser acusadas de promover estos movimientos.[15]

Capitalismo woke y woke-washing

A mediados de la década de 2010, el lenguaje asociado con el "despertar" había entrado en los principales medios de comunicación y se estaba utilizando para marketing.[16] El término capitalismo woke fue acuñado por el escritor Ross Douthat para las marcas que usaban mensajes políticamente progresistas como sustituto de una reforma genuina.[17] Según The Economist, los ejemplos de capitalismo woke incluyen campañas publicitarias diseñadas para atraer a los millennials, quienes a menudo tienen puntos de vista socialmente más liberales que las generaciones anteriores.[18][19]

Las científicas culturales Akane Kanai y Rosalind Gill describen el capitalismo woke como la tendencia "que se intensifica drásticamente" para incluir grupos históricamente marginados (principalmente en términos de raza, género y religión) como mascotas en la publicidad, con un mensaje de empoderamiento para señalar valores progresistas. Por un lado, Kanai y Gill argumentan que esto crea una idea individualizada y despolitizada de la justicia social, reduciéndola a un aumento de la confianza en uno mismo. Por otro lado, la visibilidad omnipresente en la publicidad también puede amplificar una reacción negativa contra la igualdad de precisamente estas minorías. Estos se convertirían en mascotas no sólo de las empresas que los utilizan, sino del presunto sistema económico neoliberal, con su orden socialmente injusto. Para los económicamente débiles, la igualdad de estas minorías se convertiría así en algo indispensable para el mantenimiento de este sistema económico; las minorías serían consideradas responsables de las pérdidas de este sistema.[20]

Go woke, go broke

Go woke, go broke (alternativamente get woke, go broke; literalmente «si te haces woke, te vas a arruinar»[21][22]) es una expresión peyorativa utilizada por grupos de la derecha política estadounidense para criticar y boicotear a las empresas que apoyan públicamente políticas progresistas, como el empoderamiento de las mujeres, las personas LGBT y la teoría crítica de la raza (going woke, «hacerse woke [la empresa]»), afirmando que el valor de las acciones y el rendimiento empresarial sufrirán inevitablemente (going broke, «hará que [la empresa] quiebre/llevará a la ruina») como resultado de la adopción de políticas identitarias de diversidad, equidad e inclusión (DEI). Las opiniones difieren sobre el impacto real de la frase o que sus resultados son inconsistentes.[23][24][25] Algunas películas que se etiquetan como woke han logrado éxito financiero, como Capitana Marvel o Barbie, considerada por ciertos grupos. Mientras que otras, como The Marvels o Strange World, fueron un fracaso de taquilla.[26][27][28][29][30][31]

En 2023, empresas como Bud Light, Target y The Walt Disney Company tuvieron una pérdida significativa de ventas y caídas del valor de las acciones luego de boicots organizados por conservadores,[32] mientras que Disney perdió suscriptores en su plataforma de streaming.[33][34] Los expertos opinan que estas pérdidas no pueden atribuirse únicamente a los boicots y que podrían deberse a otras causas, como las reacciones de las compañías a estos eventos.[32] En 2024, empresas como Walmart, Lowe's y Harley-Davidson decidieron revertir sus políticas DEI ante la creciente amenaza de daños a la reputación pública y mercantil y enfrentar demandas judiciales, similares a la resolución Students for Fair Admissions v. Harvard de la Corte Suprema de los Estados Unidos que declaró inconstitucional la discriminación afirmativa en las admisiones universitarias en junio de 2023.[35][36]

En los últimos años, varios videojuegos como Concord y Suicide Squad: Kill the Justice League se le acusaron de ser woke por tener diseños o historias inclusivas; aunque hay videojuegos como Marvel´s Spiderman 2 o Baldur's Gate III fueron un éxito tanto financiero como comercial. En octubre de 2023, Sweet Baby atrajo atención negativa en Kiwi Farms, un foro web donde un usuario describió la participación de la compañía en Alan Wake II como «posiblemente uno de los mayores escándalos en la historia de los juegos»; Se compartieron publicaciones similares en sitios como 4chan y la comunidad de Reddit r/KotakuInAction. Los empleados dijeron que un pequeño grado de acoso se dirigió hacia la empresa después de esta atención,[37] que aumentó en enero de 2024,[38] cuando un usuario de Steam creó un grupo de curadores que enumeraba el trabajo de Sweet Baby,[39] alentando a los jugadores a evitar los juegos ya que el estudio promovía una «agenda woke».[38][40] Cuando un empleado de Sweet Baby pidió a otros que denunciaran al grupo por no cumplir con el código de conducta de Steam en febrero de 2024, recibió una mayor atención.[41] En cuestión de semanas, tenía más de 210 000 seguidores [42] y un servidor de Discord relacionado tenía miles de miembros.[43] Ambos se sometieron a purgas de contenido después de que el personal de Steam y Discord contactara a sus moderadores sobre la posible violación de los términos de servicio, ya que gran parte del contenido impulsado por los usuarios en estos foros rayaba en el discurso de odio.[37][38

Sionismo ideología judaica de los morenarcos

 





  • Sionismo

    Símbolo del sionismo durante el liderazgo de Theodor Herzl, de dicho símbolo se inspiraría la actual bandera de Israel.

    El sionismo es una ideología y un movimiento político nacionalista que propuso desde sus inicios el establecimiento de un Estado para el pueblo judío en Palestina, una región que corresponde a la antigua Tierra de Israel (Eretz Israel) en la cultura judía.[1][2][3] Dicho movimiento fue el promotor y responsable en gran medida de la fundación del Estado de Israel en 1948 y, desde su consecución, se centra en la defensa y apoyo al mantenimiento de su existencia.[4]

    El sionismo apareció en Europa central y oriental a finales del siglo XIX. Su fundador en tanto que movimiento organizado fue el periodista austrohúngaro de origen judío Theodor Herzl como respuesta a la ola antisemita que recorrió Europa en esos años, uno de cuyos exponentes fue el affaire Dreyfus.[5] El movimiento tuvo como objetivo fomentar la emigración judía a Palestina y alcanzó su objetivo principal con la fundación del Estado de Israel en 1948.

    El sionismo constituye una rama del fenómeno más amplio del nacionalismo moderno.[6][7] Descrito como un «nacionalismo en la diáspora» y opuesto al asimilacionismo,[8] el sionismo se autodefine como un movimiento de liberación nacional,[9] cuyo objetivo es la libre autodeterminación del pueblo judío.

    Existen pocos estudios sobre la proporción de personas judías que apoyan o rechazan el sionismo. En 2026 una encuesta de las Jewish Federations of North America, que se definen como "orgullosamente sionistas", encontró que el 37% de los judíos de Estados Unidos se declaraban sionistas, un 7% antisionistas, otro 8% "no sionistas" y el 48% no se identificaban con ninguna de esas etiquetas.[10]

    Terminología

    El vocablo «sionismo» deriva de la palabra Sion (en hebreo: ציון, uno de los nombres bíblicos de Jerusalén). Este nombre designaba inicialmente al monte Sion, una montaña cerca de Jerusalén, y a la fortaleza de Sion en ella. Más tarde, el término «Sion» se convirtió en una sinécdoque para referirse a toda la ciudad de Jerusalén y a la Tierra de Israel. En muchos versículos bíblicos, los hebreos son llamados el pueblo, hijos o hijas de Sion.

    El término «sionismo» fue acuñado por el editor austriaco de origen judío Nathan Birnbaum, fundador del movimiento estudiantil judío Kadima, en su diario Selbstemanzipation (Autoemancipación) en 1890.

    Según los historiadores Walter Laqueur, Howard Sachar y Jack Fischel, entre otros, la etiqueta de «sionista» también se usa como un eufemismo para los judíos, en general, por apologistas del antisemitismo.[11]

    Historia

    Theodor Herzl, padre del sionismo político.

    El nacimiento del sionismo está ligado a la eclosión de los nacionalismos durante el siglo XIX europeo, que tuvieron como bandera común la idea «un pueblo, un Estado» y que está en el origen del concepto de Estado nación. Al calor de esa idea se formaron distintos Estados europeos, surgidos del desmembramiento de los imperios o bien a través de la unificación de Estados con similares cultura e idioma (tales como Italia y Alemania). El sionismo se inspiró de manera particular en una versión alemana del pensamiento de la Ilustración europea, y los principios nacionalistas alemanes se convirtieron en características clave del nacionalismo sionista. En paralelo a ese desarrollo nacionalista, atravesándolo en muchas ocasiones, se desarrolló el moderno antisemitismo.

    El movimiento sionista fue fundado a finales del siglo XIX por judíos seculares, en gran medida como una respuesta por parte de judíos asquenazíes al creciente antisemitismo en Europa, ejemplificado por el caso Dreyfus en Francia y los pogromos antijudíos en el Imperio ruso.[12] El sionismo sostenía que los judíos eran primordialmente un grupo nacional (como los polacos o los alemanes) y no un grupo religioso (como los musulmanes o los católicos) y que, como tal, tenía derecho a crear su propio Estado en su territorio histórico. La formulación clásica de la idea es la que hizo Theodor Herzl en su opúsculo Der Judenstaat (El Estado Judío, publicado en Berlín y Viena en 1896), que tiene como precedentes doctrinales la obra de Moses Hess Roma y Jerusalén (1860) y la del médico judío ruso Leo Pinsker Autoemancipación (1882), que contiene ya la consigna «Ayudaos, que Dios os ayudará». Para esa época, Herzl creía que la migración judía a la Palestina otomana, particularmente entre comunidades judías pobres, no asimiladas y cuya presencia «flotante» causaba inquietud, sería beneficiosa para los judíos asimilados y para los cristianos en Europa.[13] El sionismo político fue en algunos aspectos una ruptura dramática con los dos mil años de tradición judía y rabínica. El historiador judío del nacionalismo Hans Kohn afirmaba en tal sentido que el nacionalismo sionista «no tenía nada que ver con las tradiciones judías; se oponía a ellas en muchos sentidos». El sionista cultural Ahjd Ha'am, a comienzos del siglo XX, escribió que no había creatividad en el movimiento sionista de Herzl y que su cultura era europea y específicamente alemana. Consideraba que el movimiento representaba a los judíos como simples transmisores de la cultura imperialista europea.[14]

    En sus inicios, el sionismo fue muy minoritario entre las personas judías. Desde el principio y hasta la actualidad, esta ideología ha competido con otra corriente, el asimilacionismo, sobre todo en Estados Unidos y la Europa occidental, que no consideraba a los judíos como pueblo, sino como una minoría religiosa que debía integrarse y luchar por su plena igualdad en las sociedades en las que vivían.

    El sionismo se puso como objetivo primario la creación de un Estado judío moderno, considerando que con ello devolvía al pueblo judío su estatus de nación y pondría fin a dos milenios de vida en el exilio. Ante las grandes dificultades a las que se enfrentaban los judíos para establecerse en Palestina (a la que consideraban su hogar ancestral), se barajaron algunas alternativas temporales, sin intención de establecer un Estado nacional, solo como refugio ante la ola de pogromos y persecuciones en la Rusia zarista, como Argentina —en la que se crearon numerosas colonias de inmigrantes judíos europeos—, y aún en una porción del África Oriental Británica (el conocido como Plan Uganda), ofrecida por el gobierno de Londres. Estas fueron estudiadas (el propio Herzl estudia en su obra las ventajas comparativas de Argentina y Palestina)[15] y al fin rechazadas por la dirigencia sionista, que prefirió el establecimiento del futuro Estado en Palestina, por entonces parte del Imperio Turco.

    En paralelo a estas ideas, se fueron produciendo sucesivas oleadas migratorias a Palestina (llamadas Aliyá por los sionistas) de jóvenes obreros y estudiantes, que escapaban en su mayoría del antisemita ambiente ruso y dispuestos a levantar la antigua patria judía basándose en dos ejes: el trabajo agrícola y la resurrección de la lengua hebrea.

    Demografía de Palestina[16]
    año judíos no judíos
    1800 6700 268 000
    1880 24 000 525 000
    1915 87 500 590 000
    1931 174 000 837 000
    1947 630 000 1 310 000

    La inmigración judía a la Palestina Otomana se inició en 1882. La denominada Primera Aliyá vio la llegada de alrededor de 35.000 judíos en el término de unos veinte años. La mayoría de los inmigrantes procedían de Rusia, donde el antisemitismo era rampante. Ellos fundaron una serie de asentamientos agrícolas con el apoyo financiero de filántropos judíos de la Europa occidental. Para principios del siglo XX, el 6 % de las tierras de Palestina pertenecían a judíos.[17]

    La Segunda Aliyá comenzó en 1904. Otras Aliyot, cada vez con más inmigrantes, se sucedieron entre las dos guerras mundiales, impulsadas en la década de 1930 por la persecución nazi.

    Tras la conquista británica de Palestina durante la Primera Guerra Mundial, la Declaración Balfour de 1917 apoyó la creación de una patria judía en el Mandato Británico de Palestina. En 1922, la Sociedad de Naciones hizo suya la declaración formulada en el mandato que dio a Gran Bretaña:

    El Mandatario (…) garantizará el establecimiento del Hogar Nacional Judío, tal como se establece en el preámbulo, así como el desarrollo de instituciones autónomas, y también la salvaguardia de los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina, independientemente de su raza y de religión.[18]

    A lo largo del siglo XX el sionismo fue ganando adeptos gradualmente, y después del Holocausto se transformó en el movimiento predominante dentro del mundo judío. Por otra parte, la aparición de un proyecto de nación territorializada inicialmente similar, puesto en marcha desde 1928 por el Gobierno soviético, la República Autónoma Hebrea, que devino en fracaso a mediados de la década de 1930, resultó no presentar el suficiente atractivo como para provocar una emigración masiva o estable.

    Objetivos

    Los objetivos del sionismo son combatir lo que ven como los dos problemas históricos fundamentales del pueblo judío: el antisemitismo y la diáspora. Para ponerles fin, se pusieron como meta la creación de un estado judío. El plan lo esbozó el periodista austrohúngaro Theodor Herzl (1860-1904), en su libro El estado judío, publicado en 1896. Por eso se le suele considerar el padre del sionismo en general. El año siguiente, Herzl organizó en Basilea el Primer Congreso Sionista Mundial, que aprobó el llamado Programa de Basilea.

    El sionismo conjuga dos elementos: independencia y soberanía, por un lado, y la centralidad de Israel en la identidad judía, por el otro. Los objetivos modernos del movimiento sionista fueron delineados en el Programa de Jerusalén, de 2004:[19]

    1. La unidad del denominado pueblo judío, su vínculo con lo que el sionismo considera su patria histórica (la Tierra de Israel) y la centralidad del Estado de Israel y Jerusalén, su capital religiosa, en la vida de dicho" pueblo.
    2. "Aliyá", es decir, la emigración a Israel de personas judías desde todos los países.
    3. El fortalecimiento de Israel, al que definen como "Estado judío, sionista y democrático (...) enraizado en la visión de los profetas".
    4. La promoción de la "educación judía, hebrea y sionista", el cultivo de los "valores espirituales y culturales judíos", y la institución de la lengua hebrea como su idioma nacional.
    5. La defensa de los derechos de los judíos, tanto individuales como nacionales, la representación de los "intereses nacionales sionistas del pueblo judío" y el combate a "toda manifestación de antisemitismo".
    6. Aumentar la población de Israel.
    7. Fomentar el enrolamiento y servicio en las fuerzas armadas de Israel y fomentar la realización del Servicio Nacional completo para quien está exento del servicio militar.

    Negación de la diáspora

    La negación de la diáspora (en hebreo שלילת הגלות, shlilat ha'galut, o שלילת הגולה, shlilat ha'golah) es una doctrina central en todas las corrientes del sionismo. Parte de considerar inviable la emancipación de los judíos mientras vivan en la Diáspora, es decir, fuera de lo que el sionismo considera la tierra ancestral del pueblo judío. Los fundadores del sionismo creían que seguir viviendo en Europa, América y el resto del mundo perpetuaría la discriminación de los judíos por regímenes antisemitas o, al contrario, podría llevarles a ser asimilados como una minoría más en estados democráticos.

    Una formulación más moderada afirma que los judíos como pueblo no tienen futuro sin un "centro espiritual" en la Tierra de Israel.[20]

    Adopción del idioma hebreo

    Un grupo de hablantes de yidis heridos tras ser atacados por "fanáticos del idioma hebreo" en Tel Aviv en 1928.

    Como otros movimientos nacionalistas, el sionismo adoptó una lengua nacional y para ello eligió el hebreo, una lengua semítica que se había desarrollado en el antiguo Reino de Judá y que dejó de hablarse alrededor del siglo I a. C., quedando su uso limitado a ceremonias litúrgicas y documentos oficiales. Para ello los sionistas modernizaron el idioma y lo adaptaron a la vida diaria. El responsable principal de la resurrección del hebreo como lengua hablada a partir de su estado previo de lengua litúrgica fue el sionista Eliezer Ben-Yehuda.

    Antes del sionismo, las comunidades judías utilizaban una gran diversidad de lenguas además de las propias de las zonas donde vivían. Para 1900, el 80% de la población judía mundial hablaba yidis, una lengua derivada del alto alemán medio y con influencia de lenguas eslavas y túrquicas.[21] Aunque la mayoría de los líderes sionistas, como Herzl o Vladimir Jabotinsky, usaban su yidis materno para difundir sus ideas, en Palestina surgieron movimientos sionistas radicales que buscaban erradicar el yidis en favor del hebreo. En 1913, un grupo de estudiantes de la recién fundada universidad politécnica Technion presionó para cambiar la lengua de las clases del alemán al hebreo. Empezaron a boicotear obras de teatro, discursos y periódicos en yidis, recurriendo a veces a la violencia física. A los nuevos inmigrantes asquenazíes les impusieron una prohibición no escrita de usar el yidis en público más allá de los primeros dos años en Palestina. Asquenazíes sionistas como David Grün / Ben-Gurión cambiaron sus apellidos alemanes o eslavos a nombres hebreos y declararon al yidis "lengua extranjera" a erradicar.[22]

    Con la proclamación de la independencia de Israel en 1948, el hebreo fue declarado lengua oficial del nuevo estado. El yidis siguió siendo postergado aunque las restricciones legales anti-yidis fueron levantadas a lo largo de la década siguiente. Su uso pervivió entre la comunidad jasídica ultra-ortodoxa, así como entre árabes palestinos que habían aprendido la lengua para comunicarse con sus vecinos judíos europeos.[23]

    Gran Israel

    La versión más extrema del sionismo reivindica para Israel la totalidad de los territorios que ellos consideran que en algún momento formaron parte de los reinos judíos descritos en la Biblia hebrea. Estos serían:[cita requerida]

    Los primeros grupos sionistas incluían también Transjordania (el actual reino de Jordania) en lo que debería ser su Estado de Israel.[24] En marzo de 2023, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, habló en un memorial en París detrás de un podio que mostraba un mapa del «Gran Israel» que incluía Transjordania. Esto provocó tensiones con Jordania, hasta que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel declaró que Israel se adhiere al tratado de paz de 1994 y respeta la soberanía de Jordania.[25][26]

    Ramas

    Desde principios del siglo xx, diferentes grupos sociales judíos desarrollaron sus propias interpretaciones de sionismo de acuerdo a sus necesidades e intereses,[27] aunque, a menudo, muchas de estas corrientes suelen compartir un marco básico similar.[28]

    Sionismo socialista

    Alrededor de 1900 el principal rival para el sionismo entre los jóvenes judíos en la Europa oriental fue el Movimiento Socialista. Muchos judíos fueron abandonando el judaísmo en favor del comunismo o en apoyo al bundismo, un movimiento judío socialista que pedía la autonomía judía en la Europa oriental y que el yidis o judeoalemán sea promovido como idioma oficial judío.

    Muchos sionistas socialistas eran originarios de Rusia. Tras siglos de ser oprimidos por sociedades antisemitas, los judíos habían sido reducidos a la obediencia, vulnerables, con desesperada existencia en la que se les invitaba a seguir el antisemitismo. Sostenían que los judíos podían escapar de su situación convirtiéndose en agricultores, trabajadores y soldados de su propio país. La mayoría de los socialistas se rehusaron a perpetuar la religión como una «mentalidad de la diáspora» entre el pueblo judío y establecieron las comunas rurales en Israel llamadas kibutz (voz con plural invariable).[29] Los principales teóricos del sionismo socialista incluyen a Moisés Hess, Nahum Syrkin, Dov Ber Borojov y Aarón David Gordon, y entre las figuras destacadas del movimiento se cuentan David Ben-Gurión y Berl Katznelson.

    La mayoría de los sionistas socialistas consideraron al yidis como el idioma del exilio, adoptando el hebreo como lengua común entre los judíos en Israel. El socialismo y el sionismo laborista eran ardientemente secularistas con muchos sionistas ateos que se oponían a la religión. En consecuencia, el movimiento a menudo tenía una relación antagónica con el judaísmo ortodoxo.

    El sionismo socialista buscaba establecer un Estado Judío en el que considerara al judaísmo como una nacionalidad, y que las bases del Estado estuvieran identificadas con el socialismo, es decir, el trabajo comunal. Tuvieron gran fuerza desde la Segunda Aliyá, hoy en día conforman el partido Avodá o Partido Laborista.

    El sionismo socialista se convirtió en la fuerza dominante en la vida política y económica del Yishuv durante el Mandato Británico - en parte como consecuencia de su papel en la organización de la vida económica judía a través de la Histadrut - y fue la ideología dominante de la clase política en Israel hasta las elecciones de 1977, cuando el partido Avodá fue derrotado.

    Fundamental en la expansión del sionismo socialista fue la labor de movimientos juveniles en la diáspora, que educaron a la juventud judía en los valores del movimiento, capacitándolos también para su futura vida en kibutz en Israel. Algunos de estos movimientos continúan existiendo hasta el día de hoy, como Hashomer Hatzair y Habonim Dror.

    Sionismo revisionista

    El sionismo revisionista fue un grupo fundado y dirigido por Zeev Jabotinsky. Durante el Mandato Británico presionó a Gran Bretaña para permitir la inmigración judía en masa y para la formación de un ejército judío en el Mandato.

    El revisionismo fue muy popular en Polonia pero carecía del apoyo necesario desde la Tierra de Israel. En 1935 la izquierda del revisionismo y la Organización Sionista formaron una alternativa, la Nueva Organización Sionista. Se reincorporó a la Organización Sionista Mundial en 1946.

    El sionismo revisionista cree en el asentamiento de la tierra y se opone al sionismo socialista. Los revisionistas buscan mantener el tradicionalismo judío firme, como orgullo de la nación. Apoyan mayormente la idea de volver a los límites geográficos del Estado judío de la antigüedad. Hoy en día está representado por el partido político Likud, que es el partido más fuerte de Israel, siendo etiquetado como la derecha israelí.

    Sionismo general

    Sionismo general fue inicialmente la locución empleada por los miembros de la Organización Sionista Mundial que no se habían unido a una facción determinada o algún partido específico, perteneciendo solamente a las organizaciones sionistas de sus respectivos países. A medida que transcurrieron los años, los sionistas generales también crearon instituciones ideológicas y formaron la Organización de Sionistas Generales, establecida en 1922 como el partido de centro del movimiento sionista. Los preceptos de los sionistas generales incluían un sionismo al estilo de Basilea, exento de posicionamientos ideológicos, es decir, con primacía del sionismo sobre cualquier interés clasista, partidista o personal.

    Sionismo religioso

    Impulsado principalmente por el Rabino Kalisher, une los ideales de crear un Estado judío con la religión. Su ideología se resume en una frase: «El Pueblo de Israel, en la Tierra de Israel, según la Torá de Israel». Es decir, regir un Estado con bases religiosas y asentarse en toda la Tierra de Israel, como lo marcaba el reinado de Salomón. Hoy en día representan al Partido Nacional Religioso (Mafdal).

    Sionismo cristiano

    El pastor evangélico y sionista cristiano John Hagee con el rabino Shlomo Riskin y la viceministra de Asuntos Exteriores de Israel Tzipi Hotovely en noviembre de 2018.

    El sionismo cristiano es un movimiento político y religioso, surgido en el seno del cristianismo evangélico, que se caracteriza por su apoyo a la ideología sionista, los sionistas cristianos promeven la emigración (Aliá) de todos los judíos de la Tierra a Eretz Israel, y apoyan la existencia del moderno estado sionista de Israel.[30]

    Algunos partidarios del sionismo cristiano tienen la creencia de que la Reunión de Israel, el retorno del pueblo judío a Eretz Israel y el establecimiento del estado de Israel en 1948, fueron el cumplimiento de una profecía bíblica y que son los requisitos necesarios para la Parusía, la segunda venida del Señor. El otro requisito es que los judíos deben aceptar a Jesús y convertirse al cristianismo o al judaísmo mesiánico.[31][32][33]

    El término "sionismo cristiano" empezó a ser usado a mediados del siglo XX, reemplazando al restauracionismo cristiano.[34][35]

    Mientras que esta ideología está muy extendida entre los evangélicos modernos de Estados Unidos y América Latina, es minoritaria entre los católicos romanos.[36][37][38][39][40][41]

    Las iglesias cristianas de Jerusalén califican al sionismo cristiano de "ideología dañina".[42]

    Los protestantes magisteriales y los ortodoxos rechazan de manera tajante el sionismo cristiano, calificandola categoricamente de herejía y aberración pseudo-teológica.[43][44][45] [46][47][48][49][50]

    Otras variantes

    Sionismo político
    Su máximo exponente fue Theodor Herzl, y proponía el establecimiento de un Estado judío soberano e independiente mediante métodos diplomáticos y políticos. Consideraba que, para que surgiera un posible Estado judío, era más importante llegar a un acuerdo primordial con las potencias mundiales para legitimar jurídica e internacionalmente la existencia del mismo, por lo que primeramente se debían realizar acciones en el campo político para que triunfara la empresa sionista.
    Sionismo realizador
    Propuesto por Menachem Ussishkin, proponía el establecimiento de asentamientos agrícolas y su desarrollo. A diferencia del Sionismo político, consideraba más relevante para la creación de un Estado judío que existieran las bases sólidas, demográficas y materiales en la tierra concreta donde se crearía, lo que posteriormente daría lugar al reconocimiento político de la comunidad internacional, por eso dedicaba sus esfuerzos principalmente a la inmigración judía antes que a la actividad diplomática para convencer a la opinión pública.
    Sionismo sintético
    Buscaba la fusión de las ideologías políticas y realizadoras en objetivos comunes, fue propuesto principalmente por Jaim Weizmann. Consideraba que no eran contradictorios los postulados del Sionismo político con respecto al Sionismo realizador, pues sostenía que, para que se creara un Estado judío, era necesario reconocimiento legal internacional y al mismo tiempo comenzar a instalar las sólidas bases materiales en la tierra donde surgiría el nuevo Estado. En este sentido, no priorizaba entre los esfuerzos diplomáticos alrededor del mundo por parte de las personalidades influyentes y los proyectos migratorios de la juventud para establecer una población judía en el futuro país. Este tipo de Sionismo marcó, desde el liderazgo de Weizmann en adelante, la actividad histórica y el modo de llevarla a cabo en el movimiento sionista en la lucha por el establecimiento del Estado hebreo, cuyos esfuerzos estarían dirigidos en la inmigración judía práctica (Aliyá) y al mismo tiempo en presiones políticas para obtener reconocimiento legal por parte de la comunidad internacional.
    Sionismo espiritual
    Propuesto por Ahad Haam, proponía que se creara un centro espiritual en Palestina, era opuesto al de Herzl ya que separaba completamente la política de sus objetivos.

    Movimientos de oposición (antisionismo)

    Miembros del grupo judío ortodoxo antisionista y propalestino Neturei Karta con pancartas en las que pone: Judaísmo y sionismo son extremos opuestos y Detener el hambre de los palestinos.

    El sionismo recibió en sus comienzos –finales de siglo XIX– un apoyo muy minoritario de los judíos. En particular, no contó con las simpatías de la mayoría de los judíos de Europa occidental, que creyeron poder considerarse a sí mismos como ciudadanos con plenos derechos en sus respectivos países, tras los aires de emancipación y tolerancia que trajo consigo la Ilustración y el estado liberal decimonónico clásico. Así, en 1914 solo el 2% de los judíos de Alemania simpatizaban con el sionismo y en Francia el porcentaje era aun menor.[51]

    La principal oposición a las ideas sionistas se conoció como «integracionismo» o «asimilacionismo», y afirmaba que el sionismo era análogo al antisemitismo, en la medida en que ambos niegan la condición de nacionales de un determinado país a los judíos. Un ejemplo célebre de antisionismo fue el de Edwin Samuel Montagu, único ministro judío del Gobierno británico que puso muchas trabas a la redacción de la Declaración Balfour tachándola de antisemita. La oposición al sionismo existía también entre el movimiento Bundista de Europa oriental, laico, que buscaba la autonomía cultural de los judíos de lengua yidis en los países donde vivían. El judaísmo ortodoxo también acogió con ambigüedad e incluso hostilidad al sionismo.

    En Europa oriental, lugar donde el sionismo se hizo fuerte debido en gran medida a las persecuciones a que eran sometidos los judíos por el zarismo, la idea de un Estado judío, o incluso de pueblo judío, fue rechazada por numerosos judíos miembros de organizaciones revolucionarias, marxistas o anarquistas, quienes consideraban que la condición de judío derivaba de la religión y que, una vez erradicada esta, la distinción entre judíos y no judíos desaparecería. Estas ideas no impidieron, sin embargo, que surgiese también un movimiento sionista socialista.

    El caso Dreyfus fue determinante para convencer a Herzl de que el sionismo eran la única solución contra el antisemitismo europeo. Décadas más tarde, el impacto emocional del Holocausto convenció a numerosos judíos asimilados, socialistas y ortodoxos, refractarios con el sionismo, que quedaban en Europa.[cita requerida]

    La población árabe de Palestina, apoyada por la Liga Árabe, se opuso al sionismo, negándose a aceptar la partición del Mandato Británico de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, según la recomendación de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947. Los conflictos armados entre judíos y árabes preexistentes en la región antes de la partición de Palestina desembocaron finalmente en la guerra árabe-israelí de 1948 ante la proclama de independencia por parte del Estado de Israel, y la negativa de los países árabes vecinos a reconocerlo oponiéndose a la partición de Palestina. La guerra tuvo diferentes lecturas dependiendo de los distintos análisis, por ejemplo Jacques Pirenne consideró que el Ejército de Liberación apostó por la destrucción del naciente Estado judío, desencadenando «una guerra de exterminio» siendo derrotado junto al Yarmuk, resultando vencedores los judíos y desencadenando la Liga Árabe una potente ofensiva que fue rechazada en casi todos los frentes.[52] Por su parte, Ilan Pappé, profesor de la Universidad de Haifa, sostiene que la guerra de 1948 fue una limpieza étnica cometida por Israel contra el pueblo palestino, razón por la cual lo que los israelíes conocen como «Guerra de la Independencia» para los palestinos es la «Nakba», la «catástrofe».[53] La guerra se saldó con el exilio de cientos de miles de árabes palestinos, la ampliación de Israel más allá de los límites previstos en el plan de partición de la ONU y la ocupación por parte de Egipto y Transjordania de la parte asignada al Estado árabe y la zona internacional de Jerusalén. El conflicto se hizo sentir más allá de las fronteras palestinas, ya que las comunidades judías que habitaban en países árabes (muchas desde antes de ser arabizados e islamizados),[54] se vieron obligadas a emigrar en las décadas siguientes, víctimas potenciales del «antisionismo».[55] El fenómeno tuvo características diferentes según los países, aunque en general liquidó prácticamente las comunidades hebreas en países árabes. Algunas fuentes[56] hacen hincapié en la judeofobia y en las migraciones inmediatamente posteriores a la guerra de 1948, mientras que otras[57] señalan un proceso de emigración mucho más largo y debido a una multiplicidad de factores, entre los cuales siguen estando los ecos del conflicto árabe-israelí, a los que se añaden económicos, culturales y otros. He aquí un cuadro que lo resume:

    Judíos de los países árabes en Israel (1948-2002)i[58]
    PaísPoblación judía 1948Emigrados a IsraelPoblación judía 2002
    Argelia140.00024.00020
    Egipto66.00037.00050
    Irak140.000130.000100?
    Líbano5.0004.00070
    Libia38.00035.8000
    Marruecos285.000266.3003.500
    Siria35.0008.500120
    Túnez130.00052.0001.500
    Yemen y Adén60.00050.600500
    Total899.000608.2005.860

    Gran Bretaña, a pesar de haber dado el primer paso hacia la creación de un Estado judío con la Declaración Balfour, dificultó por todos los medios la inmigración de judíos al Mandato Británico de Palestina, incluso durante la Segunda Guerra Mundial (véase Libro Blanco de 1939) y vaciló en el momento de facilitar su aplicación. Incluso llegó a plantearse su derogación para no perjudicar sus intereses geoestratégicos en Oriente Próximo ni dañar sus alianzas con los países árabes. Los graves conflictos que los planes sionistas generaban entre la población árabe de Palestina también aconsejaban a los británicos mantener el statu quo previo a la guerra (que se concretaba en el llamado Libro Blanco de 1939) y esperar a que la ONU redefiniese el Mandato de la extinta Sociedad de Naciones.

    En el seno del judaísmo sigue habiendo antisionistas por razones religiosas y con diversos grados de oposición, como los jaredíes o algunos grupos ultraortodoxos y relativamente minoritarios como Neturei Karta, estos últimos contrarios al actual Estado de Israel,[59] además de grupos laicos de judíos seculares disidentes y opositores al Estado de Israel,[60] e intelectuales judíos independientes como Noam Chomsky, Norman Finkelstein, Shlomo Sand, Jill Stein; o personalidades gentiles opositoras al sionismo, como la periodista estadounidense Helen Thomas.[61]

    Resolución 3379

    En 1975, en plena Guerra Fría, la Asamblea General de la ONU adoptó, por impulso de los países árabes, y con el apoyo del bloque soviético y del no alineado, la resolución 3379, de carácter declarativo y no vinculante, que consideraba al sionismo como una forma de racismo y lo hacía equiparable al apartheid sudafricano (72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstenciones). La alineación de los países árabes, socialistas y de aquellos pertenecientes al Movimiento de Países No Alineados respondía a la lógica de la confrontación bipolar de la Guerra Fría. Dicho voto en bloque producía una mayoría en la ONU que se organizó para condenar sistemáticamente a Israel en resoluciones como las: 3089, 3210, la 3236, la 32/40, etc.

    Por otro lado, la resolución también debe leerse a la luz de las políticas del llamado Tercermundismo promovida por figuras políticas como el presidente mexicano Luis Echeverría. Éste, en un cálculo político, utilizó la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer como una plataforma para proyectar su propia figura como miembro destacado del Movimiento de Países No Alineados y buscando la Secretaría General de las Naciones Unidas. Lo anterior produjo un boicot turístico de la comunidad judía estadounidense en contra de México que visibilizó conflictos internos y externos de las políticas de Echeverría.[62]

    El entonces embajador israelí y futuro presidente de Israel, Jaim Herzog, rompió el documento en pedazos delante de la Asamblea. En 1991 Israel puso la anulación de la resolución 3379 como condición para su participación en la Conferencia de Madrid, lo que llevó a que fuera derogada al aprobarse la resolución 4686 (111 a favor, 25 en contra y 11 abstenciones).

    Reconocimiento de Israel en los mundos árabe e islámico

    Egipto fue el primer Estado árabe que reconoció al Estado de Israel, y los demás lo harían después de que la propia OLP reconociera el Estado judío en 1988. En la actualidad hay organizaciones palestinas que reconocen el derecho a la existencia de Israel, aunque los dos partidos mayoritarios, Hamás y Fatah, niegan a Israel ese derecho.[63] Entre quienes siguen sosteniendo posiciones antisionistas están las autoridades de Irán.[64]

    Particularidades

    El sionismo fue establecido sobre la base de la asociación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel. La aliyá a la Tierra de Israel es un tema recurrente en las oraciones judías. Los sionistas consideran a los judíos que viven fuera de Israel como exiliados. El rechazo a la vida en la diáspora es central en el sionismo. Subrayando esta actitud se encuentra el sentimiento de que la diáspora judía restringe el crecimiento total de la vida individual y nacional judía. Los sionistas generalmente prefieren hablar en hebreo, una lengua semítica que se desarrolló en condiciones de libertad en la antigua Judá, modernizada y adaptada a la vida cotidiana. En ocasiones rechazan hablar en yídis o judeoalemán, un idioma que consideran afectado por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna y toman nombres hebreos. Los principales aspectos de la idea sionista se ven representados en la Declaración de Independencia de Israel:

    La Tierra de Israel fue la cuna del pueblo judío. Aquí se forjó su identidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí logró por primera vez su soberanía, creando valores culturales de significado nacional y universal, y legó al mundo el eterno Libro de los Libros.

    Luego de haber sido exiliado por la fuerza de su tierra, el pueblo le guardó fidelidad durante toda su Dispersión y jamás cesó de orar y esperar su retorno a ella para la restauración de su libertad política.

    Impulsados por este histórico y tradicional vínculo, los judíos procuraron en cada generación restablecerse en su patria ancestral. En los últimos decenios retornaron en masa.

    Relación con el antisemitismo

    En este tema, el historiador Zeev Sternhell distingue dos escuelas de pensamiento en el sionismo. Una es la escuela liberal o utilitaria de Herzl y Nordau. Especialmente después del caso Dreyfus dicen que el antisemitismo nunca desaparecerá, y ven el sionismo como una solución racional para los judíos. La otra es la escuela nacionalista racional. Prevalece entre los judíos de la tierra de Israel (Eretz Israel), y ve el sionismo como un proyecto para rescatar a la nación judía y no como un proyecto para rescatar a los judíos. El sionismo fue un problema en el «Renacimiento de la Nación».[65]

    Antisemitismo y sionismo

    Boceto de la propuesta de Theodor Herzl para la bandera del movimiento sionista. Herzl consideraba que el antisemitismo cristiano podía servir indirectamente a la creación de una nación para los judíos fuera de Europa y eliminar al movimiento asimilacionista judío.

    El antisemitismo sionista o sionismo antisemita es el apoyo por antisemitas al sionismo y al Estado de Israel.

    El fundador del sionismo, Theodor Herzl, ya observó que sionistas y antisemitas coincidían en su objetivo de poner fin a la diáspora judía.[66] Este tipo de antisemitismo se da también entre los sionistas cristianos, que pueden caer en antisemitismo religioso mientras manifiestan su apoyo a la soberanía judía en Israel en la Palestina histórica y en los territorios palestinos debido a su interpretación de la escatología cristiana. De manera similar, algunas personas que se identifican con la extrema derecha, particularmente en Europa y Estados Unidos, apoyan al movimiento sionista porque quieren expulsar a los judíos de sus países y ven el sionismo como el método menos complicado (en comparación con la limpieza étnica o el genocidio) para lograr este objetivo y satisfacer su antisemitismo racial.[67] Otro punto en común entre algunas personas antisemitas de extrema derecha y los sionistas es su islamofobia y arabofobia.[68]

    La colaboración de algunos gobiernos israelíes con políticos antisemitas de otros países ha sido criticada por los antisionistas como una manifestación del antisemitismo sionista, acusándola de encender el odio hacia los judíos para incentivar aún más la inmigración judía a Israel.

    Figuras destacadas

    Véase también

    Referencias