El agua puerca y la represión amargan a Jalisco: piden a Lemus que se vaya ¬ CRÓNICA
La gente volvió a marchar en Guadalajara por el agua contaminada. Por horas no pudieron avanzar, ante el temor de las agresiones de “provocadores” y de las detenciones arbitrarias del Gobernador.
Guadalajara, Jalisco, 19 de octubre (SinEmbargo).– El agua sucia se convirtió en una enorme ola que arrastró una demanda contundente: la revocación del mandato de Pablo Lemus, Gobernador de Jalisco. La indignación ya era demasiada; por eso marcharon la semana pasada. Luego creció ante la represión policial. Pero se desbordó este domingo, cuando la presencia de grupos violentos alimentó las sospechas de un intento del mandatario de desmovilizar a la ciudadanía.
El descontento comenzó en las llaves de miles de hogares de Guadalajara, de las que desde hace varios meses empezó a salir agua oscura, con olor a drenaje y residuos que la volvieron inservible incluso para las necesidades más elementales.
Después se trasladó a las calles, donde miles de jaliscienses exigieron una solución a la crisis. Pero la respuesta que recibieron del Gobierno de Pablo Lemus Navarro, con policías antimotines, gases lacrimógenos, golpes y decenas de detenciones, agravó la indignación. Y ahora, en la segunda manifestación de este domingo, a la inconformidad se sumaron las denuncias sobre la presencia de grupos de choque y sujetos embozados señalados como infiltrados, cuya identidad y vinculación con las autoridades aún deben esclarecerse.
Este domingo, 18 de octubre, miles de personas volvieron a reunirse en el Parque Rojo de Guadalajara para marchar hacia el Palacio de Gobierno. A los reclamos por la calidad del agua, el deterioro de la infraestructura hidráulica y el rechazo a una eventual privatización del servicio se ha sumado abiertamente la exigencia de revocar el mandato de Pablo Lemus.
La exigencia de sacar a Pablo Lemus del Gobierno de Jalisco enfrenta un largo camino legal. De acuerdo con la legislación estatal, la revocación de mandato sólo puede solicitarse durante los primeros 120 días de la segunda mitad del sexenio, es decir, entre diciembre de 2027 y abril de 2028.
Para iniciar el procedimiento, los ciudadanos tendrían que reunir las firmas de al menos el 3 por ciento de las personas inscritas en la lista nominal de electores, equivalentes a poco más de 200 mil apoyos, distribuidos en las dos terceras partes de los distritos o secciones electorales del estado. Pero para que la consulta tenga validez, tendrían que participar al menos 3 millones 762 mil ciudadanos, una cantidad equivalente a quienes acudieron a las urnas en 2024; además, los votos a favor de retirar al Gobernador tendrían que superar el millón 631 mil sufragios con los que llegó al poder.
Es decir, el descontento que hoy se manifiesta en las calles tendría que convertirse en una movilización electoral de millones de jaliscienses para conseguir la salida anticipada del mandatario de Movimiento Ciudadano.

Los primeros indicios de la violencia
El llamado era a una marcha pacífica y la mayor parte del tiempo así se sostuvo. Pasadas las 10 de la mañana, un grupo de jóvenes del colectivo Comisión de Primeros Auxilios de Movimientos Populares de la Zona Metropolitana llegó al Parque Rojo para organizar los cuidados médicos que pudieran requerirse. Se preparaban ante la posibilidad de que la violencia volviera a irrumpir –como en la marcha del 11 de octubre–, ya fuera por acción del Gobierno estatal o de posibles infiltrados.
La gente se iba congregando, incluidas familias con personas de la tercera edad y niños. Iban afinando el tono, ensayando consignas. “¡El agua no se vende, se cuida y se defiende!”.
Puntuales, a las 11 de la mañana, se acercaron dos grupos distintos de personas, cuya presencia despertó la desconfianza de buena parte de los manifestantes. Uno se ubicó detrás de la vanguardia. Sus integrantes vestían camisetas rojas y playeras de los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
“El uso de estas prendas no implica representación, participación ni respaldo institucional de nuestra casa de estudio”, se deslindaría horas más tarde la UdeG a través de un comunicado, cuando circularon imágenes de estos hombres dañando negocios.
El otro decidió caminar en la parte delantera del contingente. Algunos llevaban el rostro cubierto y cargaban con palos. No todos intentaban ocultarlos; al contrario, los llevaban a la vista, como si quisieran dejar claro que estaban ahí y que iban armados. Otros, en cambio, los metían en sus amplios pantalones de mezclilla y los ocultaban debajo de sus holgadas playeras negras.
“¡Fuera porros, fuera porros!”. La gente los echó de su marcha pacífica. Pero no se fueron del todo, sólo se adelantaron. Calles más adelante comenzaron a romper aparadores de negocios.
¿Se cancela la marcha?
La marcha avanzó por la avenida Juárez y cruzó la calzada Federalismo, pero se detuvo media cuadra más adelante. Integrantes de la Comisión de Seguridad informaron que, según los reportes que estaban recibiendo, “un grupo de provocadores” estaba causando destrozos.
Si avanzaban, estos hombres armados provocarían a los manifestantes y el Gobierno de Pablo Lemus tendría pretexto para realizar detenciones arbitrarias nuevamente, explicó una joven con un megáfono. Por cerca de una hora, el megacontingente siguió a la espera de avanzar, hasta que llegó un anuncio:
“La Comisión de Seguridad ha hecho un balance y no hay condiciones para seguir avanzando, porque no enviaron policías en esta ocasión”, sino a grupos de provocadores, dijo finalmente la joven. Así, comenzaron a informar a los asistentes por grupos. Esto no nos va a desmovilizar, seguiremos en la lucha, les decían.
Unas personas insistían en continuar la marcha, aunque con precauciones; otras preferían retirarse y algunas proponían quedarse en plantón. La gran mayoría continuó, porque la indignación por el agua sucia es demasiada.
Finalmente, a eso de la 1:30 de la tarde, la marcha se reanudó. La resistencia ciudadana ganaba otra pequeña victoria este domingo.
¡Sí se pudo!
Las personas mayores, los jóvenes y las familias que llegaron con sus bebés y resistieron durante horas en el plantón reanudaron la marcha. Llevaban horas de pie, pero ahora caminaban como si hubieran recuperado las fuerzas.
Los reclamos contra Pablo Lemus habían crecido a cada paso. Si al principio la exigencia era tan elemental como tener agua limpia en casa, ahora una consigna parecía reunir el sentir de buena parte del contingente: “¡Fuera Lemus!”.
Avanzaban deprisa. La espera les había robado demasiado tiempo. Pero esas horas no fueron en balde: mientras esperaban, conversaron, compartieron testimonios y reconocieron sus luchas en las de otras personas. La protesta se había ensanchado en esa pausa. Cuando emprendieron la marcha, se escuchaban con más fuerza otras consignas: “¡Palestina libre!” y “¡Fuera el sionismo de Jalisco, de México y de América Latina!”. La marcha por el agua sucia ya no se limitaba a las tuberías ni a las responsabilidades del Gobierno estatal.
Con ese ánimo llegaron a la Plaza de Armas, donde se encuentra el Palacio de Gobierno. Entraron cerca de la 1:45 de la tarde. Ahí sus consignas tomaron más fuerza. “¡Lemus, pendejo, el agua es un derecho!”.
Poco a poco, más personas iban llegando para nutrir el mitin sin templete, sin una figura central que tomara el micrófono, pero con una organización de jóvenes que resistió el boicot de su protesta.
El contingente crecía y con él los reclamos, que ya no eran solamente por el agua contaminada. A cada tanto volvían a gritar lo mismo: “¡Fuera Lemus!”.
El cansancio había sido exorcizado por el orgullo de haber vencido a los grupos violentos y de haber llegado hasta ahí para seguir reclamando por el agua puerca, por la completa liberación de los cuatro manifestantes de la marcha del 11 de octubre, a quienes se les sigue investigando por diversos delitos.
Brincaban, bailaban, levantaban el puño y celebraban desde el corazón: “¡Sí se pudo, sí se pudo!”. De pronto, el estruendo de un cohetón interrumpió su algarabía.
Dos manifestaciones, pero una es más poderosa
Por un par de horas más, la gente que había construido una marcha pacífica se mantuvo en la Plaza de Armas. Luego, grupos anarquistas cobraron protagonismo con una convicción distinta: que las acciones directas son la única vía para sacudir al poder y hacerse escuchar.
Pero también estaban otras personas que al inicio de la marcha las y los activistas habían señalado como “grupos de choque” o de provocadores, enviados por Pablo Lemus para justificar la represión y para que los titulares de los medios de comunicación se volcaran a informar sobre los destrozos y no sobre las causas de la marcha: el agua puerca.
“Al final de la manifestación, nuevamente, un grupo de 300 personas se quedó para provocar destrozos, pintar paredes, romper vidrios, derribar algunas cámaras de seguridad y arrojar petardos y bombas molotov”, escribió el Gobernador en su cuenta de X.
“Un grupo lanzó explosivos contra las puertas del Palacio Legislativo y del Palacio Judicial. Ante ello, la Policía intervino para controlar los incendios provocados”. Informó que “fueron detenidas cinco personas que viajaban a bordo de una camioneta robada, en cuyo interior había bidones de gasolina”.
Cerca de las 6:30 de la tarde, lograron derribar ambas puertas del Palacio de Gobierno. Pero no pudieron ingresar; una barricada metálica se lo impedía.
Al caer la noche, el Palacio no tenía puertas y el Gobierno de Lemus tenía una protesta que podía intentar reducir a los destrozos. Pero la jornada dejó algo mejor: una ciudadanía que, entre el hartazgo, la organización y la solidaridad, tiene más razones para seguir en las calles.















