Claudia Sheinbaum se reúne con fundador de BlackRock
Redacción.Noviembre 07, 2024Compartir
este Artículo:Font size:ImprimirLa presidenta nacional Claudia Sheinbaum Pardo, sostuvo un encuentro en el Palacio Nacional con Larry Fink, fundador y director del fondo de inversiones BlackRock,.
El encuentro no sólo se da luego de que el gobierno de la mandataria presentó la estrategia en el sector eléctrico del país, sino un día después de las elecciones para el nuevo presidente en Estados Unidos.
Cabe destacar que, BlackRock es uno de los mayores fondos de inversión en el mundo, el cual tiene especial interés en México debido a las oportunidades que ofrece la relocalización, pero también por el retorno de inversión.
Cabe destacar que, es la segunda ocasión en que la presidenta Sheinbaum Pardo se reúne con Fink desde que la mandataria ganó la elección presidencial en junio pasado.
En redes sociales, la presidenta Sheinbaum señaló que conversó con Larry Fink y con Adebayo Ogunlesi, director ejecutivo de Global Infrastructure Partners, sobre la fortaleza de la economía mexicana y la importancia del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
El presunto caso de negligencia fue informado al DIF municipal | Especial
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martes, 2 de junio de 2026
Es la “injerencia narca”, estúpidos
Es la “injerencia narca”, estúpidos
No es casual que desde Palenque y Palacio se pretenda engañar, de nueva cuenta, a los ciudadanos mexicanos.
Tampoco es casual que para robarse las elecciones del 2027 y 2030, “la señora presidenta” y sus lacayos en el Congreso de la Unión, utilicen “el petate del muerto” de la soberanía nacional y del supuesto intervencionismo extranjero en los procesos electorales mexicanos.
Y está muy lejos de una casualidad que, en lugar de blindar las elecciones mexicanas de los embates del “narco” y del crimen organizado, la presidenta y sus corifeos pretendan distraer a los votantes con el cuento de la horrorosa intervención extranjera, mientras que, en los hechos, todos los gobiernos de Morena solapan –al precio que sea–, a todos sus aliados criminales.
Por eso, frente al grosero engaño, vale recordar la mítica frase acuñada en la campaña presidencial de Clinton, en 1992, cuando James Carville, jefe de campaña, gritó a todo pulmón a sus colaboradores que no se distrajeran de lo esencial.
Así lo dijo: “¡Es la economía estúpidos!”, en alusión a que en esas elecciones la sociedad norteamericana debía votar por la mejor propuesta presidencial para salir de la crisis económica.
Y el paralelismo con el México de hoy es puntual.
Y es que, mientras que desde Palenque y Palacio lanzan el señuelo de la intervención extranjera en los procesos electorales mexicanos, lo cierto es que la verdadera amenaza es que el crimen organizado y los cárteles mafiosos seguirán dominando la política y los tres órdenes de gobierno; federal, estatales y municipales.
Y por eso la advertencia que titula la entrega de hoy del Itinerario Político: “¡Es la injerencia narca, estúpidos!”.
Pero vamos por partes.
Lo primero que debemos entender es que ya es definitivo que los ciudadanos mexicanos hemos perdido no sólo Los Tres Poderes de la Unión –Ejecutivo, Legislativo y Judicial que están sometidos por Palacio–, sino todas las instituciones electorales y los órganos autónomos; tanto el INE, como el Tribunal Electoral y la CNDH, entre muchos otros.
Es decir, que los gobiernos de Morena nos han llevado a los tiempos de “la dictadura perfecta” del viejo PRI; esa en donde las elecciones eran manipuladas y decididas desde lo más alto del poder presidencial, a través de la Secretaría de Gobernación.
Elecciones como la que hizo presidente a José López Portillo, quien había ganado la contienda, desde el momento en que fue “destapado” como candidato presidencial.
Hoy –casi medio siglo después–, y gracias a las reformas a modo que, en materia electoral aprobaron los lacayos de Morena en el Congreso de la Unión, los candidatos del partido oficial a las contiendas electorales del 2027 y 2030, ya tienen garantizada la victoria en las urnas, sin importar sus nombres y menos sus cartas credenciales.
En pocas palabras, resulta que los gobiernos de Morena no solo han aniquilado la democracia mexicana, sino que le han dado muerte a la alternancia en el poder.
Pero lo más grave no es la supuesta injerencia extranjera en los procesos electorales mexicanos.
No, lo verdaderamente grave es que, tanto López Obrador, como Claudia Sheinbaum “escupen al cielo”, al satanizar la supuesta injerencia extranjera en elecciones mexicanas, cuando en los hechos, tanto en Palenque como en Palacio, se han metido en elecciones extranjeras, como las más recientes de Estados Unidos, que hicieron presidente a Trump.
¿Ya olvidaron cuando -desde su púlpito mañanero–, López Obrador llamó a los mexicanos y a los latinos en general, a no votar por el candidato Donald Trump?
Lo cierto es que, desde hoy, la “señora presidenta” y sus lacayos del Congreso, les avisan a todos los mexicanos que se robarán las elecciones intermedias del 2027 y las presidenciales del 2030, para mantener intocadas sus alianzas con las bandas criminales mexicanas.
Sí, los gobiernos de Morena hicieron todo para mantener vigente en México el “narco-estado”.
Se los dije.
Al tiempo.
“Chimoltrufia” de Palacio; “Dice una cosa y dice otra”
“Chimoltrufia” de Palacio; “Dice una cosa y dice otra”
Todos en México conocen a la popular “Chimoltrufia”.
Y también todos entienden que ese mote surgió de un personaje de televisión, cuya identidad resulta de una simpática dualidad que caracteriza a no pocos mexicanos quienes, “como dicen una cosa, dicen otra”.
Sí, con la “Chimoltrufia”, la cultura popular retrató al ciudadano, al político y al gobernante que, si hoy dicen una cosa, no tienen empacho, pudor y vergüenza para defender, al día siguiente, la postura contraria.
Es decir, se trata de una caricatura popular del mexicano que piensa, que habla y que defiende, a toda costa, lo “políticamente correcto”.
Sin embargo, todas las alarmas sociales se ponen en rojo cuando “quien dice una cosa y luego dice otra” es la presidenta de los mexicanos.
Y es que en medio del escandaloso fracaso del segundo gobierno federal, la presidenta Claudia Sheinbaum nos regaló una simpática estampa de su personaje político que compite, al tú por tú, con “la Chimoltrufia”.
Sí, a querer o no resulta, de risa la incongruencia presidencial, al extremo de que no son pocos los que creen que, en Palacio, dejó su herencia política nada menos que “Chespirito”.
Y si dudan, basta comparar el discurso populachero de “la presidenta”, del domingo 31 de mayo del 2026, en el Monumento a la Revolución –en donde despedaza al gobierno de Trump–, y su aclaración pública en la “mañanera” del lunes 1 de junio del 2026, en donde casi dice “¡yo no fui!”.
Sí, los pasados domingo y lunes se confirmó que la presidenta mexicana es lo más parecido a la “Chimoltrufia” de la televisión.
¿Pero qué dijo la presidenta en cada uno de los momentos en cuestión?
En el Monumento a la Revolución, dijo que su gobierno “ha sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales de parte de los sectores conservadores, nacionales e internacionales, que nunca aceptaron que México recupere su dignidad.
“Y lo que está en disputa no es sólo la política, sino lo que quieren hacer es cambiar la percepción misma de la realidad. No se trata de negar la libertad de expresión. Esa libertad es un pilar irrenunciable de toda democracia, pero detrás de cuentas pagadas y robots, se articulan los intereses de los sectores conservadores extranjeros y nacionales que buscan recuperar privilegios perdidos o frenas la trasformación.
“Esta campaña a la que me refiero se intensificó después de que, el pasado 19 de abril, se hiciera pública la lamentable muerte, en un accidente, de dos agentes estadounidenses sin acreditación oficial…
“Pocos días después, ocurrió algo más grave; una oficina del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó, con carácter de urgente, la detención con fines de extradición de 10 ciudadanos mexicanos, entre ellos un gobernador, un alcalde y un senador, sin presentar pruebas…
Y entonces debemos preguntarnos: ¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México… para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones del 2026? ¿O acaso pretenden influir en las elecciones del 2027 de nuestro país…? México no es piñata de nadie.
“Y México, que se oiga claro y fuerte, no acepta injerencias ¡Somos un país libre, independiente y soberano! Porque es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas. Porque primero, hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México. Eso no lo podemos permitir…”. (FIN DE LA CITA)
Sí, podrán decir misa en Palacio, pero está suficientemente claro que se trató de un mensaje directo al presidente Donald Trump.
Por eso, la cada vez más raquítica prensa mexicana independiente y la cada vez más atenta prensa extranjera cuestionaron con inusual severidad el desatino de la señora Sheinbaum.
Y acaso por eso, apenas al día siguiente, la presidenta mexicana casi pide perdón, en medio de la risa generalizada.
Así lo dijo en la “mañanera” de ayer: “Les confieso que yo no creo que sea el presidente Trump quien haya encabezado esta ofensiva en distintos temas… Nosotros lo que queremos es una buena relación con el gobierno de Estados Unidos… es decir hay mucha comunicación.
“Como lo dije ayer, yo creo que son sectores de la ultraderecha de Estado Unidos que quieren que no haya buena relación, que haya mala relación con México, que no están de acuerdo con el gobierno que encabezamos por razones ideológicas, principalmente y se juntan con los de la ultraderecha en México…”. (FIN DE LA CITA)
Sí, día con día la presidenta parece más la “Chimoltrufia” de Palacio.
Y Por eso volvemos a preguntar: ¿Qué necesidad? ¿Quién asesora a la presidenta? ¿No entiende la señora Claudia que tiene a sus enemigos en casa?
Al tiempo.
Escalada israelí en Líbano y aventurismo de EEUU en Golfo Pérsico ponen a prueba líneas rojas de tregua con Irán
Escalada israelí en Líbano y aventurismo de EEUU en Golfo Pérsico ponen a prueba líneas rojas de tregua con Irán
Un alto el fuego solo tiene sentido cuando todas las partes lo respetan al pie de la letra. De lo contrario, se reduce a poco más que un interludio táctico, un respiro para que el agresor se reagrupe mientras continúa persiguiendo sus siniestros objetivos por otros medios hostiles.
Por equipo del sitio web de HispanTV
Mientras continúan los esfuerzos diplomáticos para elaborar marcos que pongan fin a la guerra de agresión entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, los acontecimientos que se desarrollan en el Líbano y el Golfo Pérsico plantean una pregunta fundamental: ¿puede sobrevivir realmente un alto el fuego si las provocaciones del agresor persisten con impunidad?
Tras cuarenta días de la “Tercera Guerra Impuesta”, se estableció un frágil alto el fuego. Sin embargo, desde los primeros instantes de esta pausa en la agresión enemiga, quedó al descubierto un peligroso engaño.
En la práctica, se negó a aceptar la paz, limitándose a reajustar sus instrumentos de coerción. Los crecientes ataques del régimen israelí contra el Líbano, sumados a las continuas provocaciones militares estadounidenses en el Golfo Pérsico, no son incidentes aislados. Constituyen una campaña coordinada y desesperada para quebrantar la doctrina de la “unidad de frentes”, la misma lógica estratégica que infligió una aplastante e innegable derrota al eje estadounidense-sionista apenas unas semanas antes.
Para Irán, la ecuación sigue siendo simple y contundente: el alto el fuego es indivisible. Un ataque contra el Líbano es un ataque contra los términos de la tregua misma. Y si Washington y Tel Aviv creen que pueden redefinir unilateralmente la geografía del alto el fuego —estableciendo zonas donde la agresión sigue siendo permisible—, se equivocan gravemente.
Irán no solo se reserva el derecho a responder militarmente, sino que tiene el deber estratégico de hacerlo, empleando la guerra asimétrica para restablecer la disuasión y prevenir una catástrofe mayor. Esta postura se ha reiterado a lo largo de las recientes negociaciones y sigue siendo una de las condiciones fundamentales e innegociables de Teherán para cualquier acuerdo duradero.
El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, lo dejaron muy claro en sus declaraciones por separado el lunes.
La anatomía del engaño: el avance terrestre de Israel en el sur del Líbano
Para comprender la escalada actual, es necesario retomar la premisa fundamental del alto el fuego. Desde el principio, Irán dejó claro que cualquier fin definitivo a la guerra impuesta estaría condicionado al cese de las hostilidades en todos los frentes del Eje de la Resistencia.
Esto no fue una mera formalidad diplomática, sino un imperativo estratégico, fruto de las duras lecciones aprendidas en la reciente guerra que comenzó con el asesinato del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei. La “unidad de frentes” resultó ser la perdición del enemigo.
Los golpes simultáneos asestados por los misiles de precisión de Hezbolá, la amenaza de bloqueo de Yemen y los enjambres de drones de Irán no solo ralentizaron la maquinaria bélica sionista, sino que aceleraron su derrota. El enemigo aprendió, en tiempo real, que no se puede aislar a Teherán de Beirut, ni a Beirut de Saná. Son una sola entidad inseparable.
Y precisamente por eso, al día siguiente de anunciarse el alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, los aviones de guerra israelíes reanudaron sus bombardeos indiscriminados sobre el Líbano, causando la muerte de más de 300 personas en un solo día. En cuestión de horas, las fuerzas terrestres israelíes avanzaron profundamente en el sur del Líbano, ocupando franjas estratégicas de territorio adyacentes a los territorios palestinos ocupados. Esto no fue una respuesta a ninguna provocación de Hezbolá. Fue una protesta —violenta y desesperada— contra el nuevo orden regional que se estaba configurando bajo el liderazgo de la República Islámica.
Desde la perspectiva de Netanyahu, la consolidación de un Irán poderoso y victorioso, con Hezbolá erigido como una fuerza militar y política recién fortalecida, representa una pesadilla existencial. Esto reduciría la posición del régimen a la de sus aliados árabes: ricos pero vulnerables, mientras su protector estadounidense cae en el olvido.
Consideremos el dilema estratégico del enemigo. El alto el fuego de 15 meses en Líbano, tras la guerra inicial contra el país, no destruyó a Hezbolá. A pesar del martirio de su líder, Seyed Hasan Nasralá, y de una generación de altos mandos de la resistencia, y a pesar del terremoto político que supuso la caída de Siria, Hezbolá ha resurgido.
Está lejos de estar derrotada. Más importante aún, ha innovado y resurgido como una fuerza más formidable que antes. La Resistencia Libanesa ha presentado un nuevo arsenal de pequeños drones teledirigidos, armas que ya han infligido importantes bajas a las fuerzas de ocupación sionistas, incluidos altos mandos, en los últimos meses.
No se trata de los enormes y explosivos drones de 2023, sino de plataformas pequeñas, precisas y devastadoras. Representan una forma natural y legítima de resistencia contra la ocupación, un principio tan antiguo como el derecho internacional. En un país donde el ejército estatal es incapaz o no está dispuesto a resistir, la legitimidad de Hezbolá no se deriva de un decreto extranjero, sino del simple e innegable hecho de la presencia de tanques de ocupación israelíes en territorio libanés.
La respuesta del régimen ha sido desproporcionada y precipitada. Ha intensificado los ataques contra Tiro y Nabatieh, ha cruzado el río Litani, ha ocupado las alturas estratégicas de Shaqif y su histórica fortaleza, y ahora amenaza con ataques aéreos contra los suburbios de Beirut.
Este es el comportamiento de un partido frustrado e impotente. Funcionarios del régimen sionista han expresado públicamente su incapacidad para frenar las nuevas capacidades de drones de Hezbolá. Su avance terrestre es una respuesta asimétrica al éxito asimétrico de Hezbolá, una clara confesión de debilidad disfrazada de agresión.
Intentan cambiar la situación sobre el terreno antes de que se firme un acuerdo permanente. Apuestan a que Irán tolerará una violación limitada para preservar la tregua con Washington. Esa apuesta es un error fatal.
La complicidad estadounidense: hipocresía en el Golfo Pérsico
Si Israel es la espada, Estados Unidos es el escudo, y el facilitador en todos los sentidos. El comportamiento de Washington es una lección magistral de hipocresía estratégica. Por un lado, los diplomáticos estadounidenses afirman públicamente aceptar la condición principal de Irán para poner fin a la guerra: un cese definitivo de las hostilidades contra todo el frente de la Resistencia, con especial énfasis en el Líbano.
Por otro lado, el Pentágono le ha dado al régimen israelí vía libre para desmantelar sistemáticamente esa misma condición. La maquinaria bélica estadounidense no considera estas agresiones israelíes como una violación flagrante del alto el fuego, sino como una “última oportunidad” para imponer sus exigencias maximalistas a Teherán antes de que se firme de forma irrevocable un acuerdo que ponga fin a la guerra.
Esta duplicidad se refleja en el Golfo Pérsico. A medida que se acerca el momento de la “rendición” estadounidense a las condiciones de Irán, condiciones que reconocen implícitamente la soberanía de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, las provocaciones militares estadounidenses han aumentado paradójicamente.
En los últimos días, las fuerzas navales estadounidenses han llevado a cabo numerosos ataques cobardes contra las zonas costeras de Irán, lo que ha provocado una poderosa y espontánea represalia por parte de las fuerzas armadas iraníes.
Esto se debe a que Estados Unidos construyó su estatus de superpotencia sobre la base de un dominio marítimo indiscutible. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún país ha podido desafiar la libertad de navegación de la Armada estadounidense. Para Washington, aceptar formalmente la autoridad de Irán sobre el estrecho de Ormuz no es una concesión menor, sino el fin simbólico de la supremacía naval estadounidense en la vía marítima más vital de la región.
Con el tiempo, esto implicaría el cierre definitivo de las bases navales estadounidenses y la retirada de la Quinta Flota. Ningún presidente estadounidense puede firmar ese documento. Por lo tanto, en su lugar, el ejército estadounidense recurre a tácticas de hostigamiento calculadas: desplaza buques de guerra justo por debajo del umbral de la confrontación abierta, pone a prueba la viabilidad del tránsito bajo protección estadounidense e intenta normalizar la falsa idea de que el estrecho sigue siendo una vía marítima compartida y en disputa.
Desde la perspectiva de Irán, no existe una autoridad compartida. Ningún tránsito por el estrecho de Ormuz es legal sin la coordinación previa y el reconocimiento explícito de la soberanía iraní. Las fuerzas armadas de la República Islámica han sido inequívocas: cualquier intrusión de este tipo se enfrentará a una respuesta militar proporcional e inmediata.
Y, lo que es aún más importante, las fuerzas armadas iraníes han dado a entender que, si este patrón de hostigamiento estadounidense persiste, responderán de forma diferente y apropiada. El significado de esta advertencia es inequívoco. Irán se está preparando para desplegar herramientas asimétricas que aún no ha revelado a ningún adversario. La era de las escaramuzas navales de ojo por ojo podría estar llegando a su fin.
La siguiente fase podría implicar tácticas novedosas —enjambres de drones, guerra submarina o ataques ciberfísicos a los sistemas de navegación naval— diseñadas no necesariamente para hundir un portaaviones, sino para hacer que la presencia militar estadounidense sea estratégicamente insostenible mediante la imposición implacable e impredecible de costes.
El imperativo estratégico de una respuesta asimétrica iraní
Esto nos lleva al meollo del asunto: por qué Irán debe responder militarmente y por qué esa respuesta debe ser asimétrica. No se trata de venganza, sino de un cálculo frío y estratégico sobre la propia durabilidad del alto el fuego.
El actual alto el fuego se basa en una premisa única y frágil: que Estados Unidos impondrá el fin definitivo a la agresión sionista en toda la región. Si Irán ignora la flagrante violación de esta premisa por parte de Israel —la ocupación continua del sur del Líbano, el bombardeo sistemático de los suburbios de Beirut, el cruce militar del río Litani—, entonces la primera y más importante cláusula de todo el acuerdo se derrumba.
¿Por qué el régimen sionista respetaría cualquier otra cláusula? ¿Por qué detendría su sabotaje nuclear o sus repetidos ataques contra la navegación iraní? Si la violación en Líbano se normaliza, el camino hacia otra guerra de mayor envergadura no solo se vuelve posible, sino inevitable. Ignorar a Líbano hoy significa prepararse para defender Teherán o Isfahán mañana.
Por lo tanto, una respuesta firme de Irán no constituye una escalada, sino la defensa misma del frágil alto el fuego. Es el único lenguaje que el enemigo parece comprender. Al responder con firmeza a las repetidas y graves violaciones en el Líbano —mediante una acción militar tangible, contundente y precisa— Irán reafirma la indivisibilidad de la “unidad de frentes”.
Esto deja claro a Washington y Tel Aviv que no existe una paz con Irán que excluya a Hezbolá. La respuesta iraní podría adoptar diversas formas: una transferencia significativa de sistemas avanzados de defensa aérea a Hezbolá, una demostración pública de nuevas capacidades misilísticas desde territorio iraní, o incluso una intervención coordinada de bajo nivel en los Altos del Golán ocupados para abrir un tercer punto de presión.
La clave reside en que la respuesta debe estar inequívocamente vinculada a la violación cometida por el Líbano y debe imponer costes inmediatos y visibles al agresor.
Además, defender a Hezbolá es, en esencia, que Irán defienda su propia integridad territorial. Hezbolá no es simplemente un aliado, sino la primera línea de defensa de Irán contra el proyecto colonial sionista. Durante la Tercera Guerra Impuesta, Hezbolá aportó más de 3300 mártires en apoyo directo a Irán y al pueblo iraní.
Abandonarlos ahora, tras semejante derramamiento de sangre, sería una traición moral y estratégica de la mayor magnitud. Indicaría a todos los aliados de la resistencia en la región que los compromisos de Irán dependen de la conveniencia y no de los principios. El mensaje a los adversarios de Teherán sería peligrosamente claro: la presión funciona.
La guerra asimétrica es la herramienta ideal para este preciso momento. Irán no necesita lanzar una ofensiva convencional que ponga en riesgo una agresión estadounidense a gran escala. Necesita demostrar, de forma contundente, que las reglas de enfrentamiento han cambiado radicalmente.
Las opciones asimétricas —ataques con drones dirigidos con precisión contra cuarteles generales militares israelíes en los territorios ocupados, ejercicios navales de colocación de minas cerca de buques de guerra estadounidenses (sin detonación, como clara advertencia) o ciberataques que paralicen la infraestructura hídrica israelí durante días— envían un mensaje inequívoco sin desencadenar el Armagedón.
Estas son las herramientas de una potencia paciente e innovadora que ha estudiado las debilidades del enemigo durante cuatro décadas y ahora está lista para aplicar esas lecciones.
El camino a seguir: romper el patrón
Estados Unidos e Israel parten de la premisa obsoleta y peligrosa de que Irán tolerará una agresión limitada para preservar una victoria diplomática mayor. Creen que el deseo de Teherán de que se levanten las sanciones y se ponga fin formalmente a la guerra impuesta lo obligará a aceptar la ocupación del sur del Líbano y el acoso sistemático de sus aguas.
Esto supone una interpretación catastrófica de la cultura estratégica iraní. Irán jamás ha aceptado el principio de “salvar el acuerdo” sacrificando sus principales elementos disuasorios. El acuerdo nuclear, las diversas treguas en Siria, el alto el fuego tras la guerra de 40 días: en cada ocasión, Teherán ha demostrado que la credibilidad es más valiosa que el propio acuerdo.
Para romper con este peligroso patrón, las fuerzas armadas de Irán deben poner en práctica la advertencia que ya han emitido: “Si estas agresiones continúan, responderemos de manera diferente”.
Esa respuesta “diferente” podría adoptar muchas formas: la presentación de una nueva generación de misiles antibuque hipersónicos, una demostración pública de un buque portador de drones o el establecimiento de una presencia militar asesora iraní permanente en los Altos del Golán ocupados, creando así un nuevo frente de fricción.
El objetivo no es iniciar una guerra a mayor escala, sino elevar el coste de la actual guerra de baja intensidad a un nivel prohibitivo, de modo que el enemigo exija el retorno a los términos originales del alto el fuego.
Simultáneamente, Irán debe instrumentalizar el espacio diplomático con igual vigor. Una queja formal ante el Consejo de Seguridad de la ONU, respaldada por pruebas irrefutables de movimientos terrestres israelíes tras el alto el fuego, es necesaria pero totalmente insuficiente.
Teherán también debería exigir una sesión de emergencia del Movimiento de Países No Alineados y publicar un “Libro Blanco sobre las violaciones del alto el fuego por parte de Estados Unidos” detallado y público, en el que se presente cada respuesta iraní como un acto legítimo de legítima defensa en virtud del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.
Irán debe ganar la guerra narrativa al tiempo que gana la militar. No hay otra manera.
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ADVERTENCIA: LAS SIGUIENTES IMÁGENES PUEDEN HERIR SU SENSIBILIDAD
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— MustShareNews (@MustShareNews) May 29, 2026
Post-mortem findings showed that the cause of death was due to vascular injuries to the victim’s left leg. pic.twitter.com/xHdCtnUynd

