Rápido subió y se convirtió en una aplanadora que todo arrollaba a su paso. Y todo hace suponer que con esa misma rapidez bajará de la escalera del poder, que intenta derrumbar para que ya no sea utilizado por otra fuerza partidista. Ya no es una lucha con adversarios. Es por la supervivencia, para no desaparecer del mapa político. Así se podría resumir lo que podría ser la breve historia de Morena.
Ese movimiento-partido que puede ser atacado por varios flancos: La división interna, el desprestigio, la decepción del electorado, el pronto desgaste en el ejercicio del poder y, lo que parece más letal: La posibilidad de enfrentar a la justicia de Estados Unidos por declaraciones de narcotraficantes, la simbiosis con el anterior gobierno y algunos miembros del actual régimen.
Los narcos mexicanos ya son considerados como terroristas. Y en la misma categoría podría quedar Morena por esa simbiosis de poder político, dinero y violencia.
Las mujeres y hombres que ya están en franca precampaña, como la chihuahuense Andrea Chávez, tendrían que preguntarse, antes de meter el acelerador: ¿Habrá Morena en 2027?
Y es que en todos los estados que renovarán gubernatura hay Andreas Chávez.
Morena y el riesgo de una desintegración sin precedente
A lo largo de la historia reciente de México, ningún partido gobernante ha estado tan cerca de enfrentar una crisis existencial como la que podría avecinarse para Morena. No se trata de una baja en las encuestas ni de una ruptura interna por diferencias políticas, sino de un escenario mucho más profundo, que toca el núcleo mismo de su legitimidad: la creciente percepción internacional de que el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador podría tener vínculos con estructuras del crimen organizado, en particular con grupos del narcotráfico mexicano.
Lo que en otros tiempos se habría leído como una acusación sin fundamento o parte de la lucha electoral, hoy adquiere una dimensión distinta con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. La narrativa que ha construido el nuevo gobierno republicano no distingue entre gobiernos amigos y enemigos, cuando se trata del combate al crimen transnacional, al narcotráfico y a la producción de fentanilo.
Desde inicios de marzo, Trump ha señalado abiertamente que recomendará a la fiscal general de su administración, Pam Bondi, que investigue y procese a políticos mexicanos por su presunta colaboración o complacencia con los cárteles. Esa línea de acción ya cobró su primera gran víctima diplomática: la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a quien se le prohibió ingresar a territorio estadounidense por sus vínculos con casos de corrupción.
Las consecuencias para México pueden ser devastadoras si una acusación de este tipo se concreta. El sistema político nacional opera bajo principios establecidos en la Constitución, pero no es inmune a la presión diplomática, financiera o incluso penal que pueda surgir del extranjero. Un ejemplo reciente de estas tensiones es la investigación que agencias estadounidenses han emprendido sobre los viajes de Andrés Manuel López Obrador a Cuba, lo que ha despertado suspicacias en Washington sobre sus contactos postsexenio y los posibles motivos de su alejamiento del ojo público.
A esto se suma la controversia por la figura de Sergio Carmona, “El Rey del Huachicol”, asesinado en 2021 tras iniciar contacto con la DEA. Según la periodista Anabel Hernández, Carmona habría financiado campañas de Morena, incluido el proyecto presidencial de 2018. Aunque ninguna autoridad ha confirmado estas acusaciones, en Washington ya circulan informes que colocan a Morena como una organización política potencialmente infiltrada por intereses criminales.
Una clasificación de Morena como grupo aliado del terrorismo o del crimen transnacional por parte de Estados Unidos no sólo implicaría sanciones a sus dirigentes y bloqueos financieros. Podría, en un escenario extremo, poner en entredicho la legalidad del partido ante las autoridades electorales mexicanas, al abrirse la puerta a investigaciones penales internas o internacionales.
El artículo 94 de la Ley General de Partidos Políticos establece que una organización puede perder su registro si realiza actos ilícitos con recursos de procedencia ilegal o si se demuestra vínculo con actividades delictivas. Hasta ahora, ningún partido gobernante ha enfrentado una amenaza de esa magnitud.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha insistido en deslindarse de los señalamientos y proteger la figura de su antecesor. Sin embargo, las presiones seguirán creciendo. Con Trump en la Casa Blanca y una agenda centrada en la seguridad nacional, Morena podría dejar de ser solo un partido incómodo para Washington y convertirse en un objetivo directo de su política exterior.
El tiempo y las decisiones del próximo año serán clave. La pregunta ya no es si Morena ganará o perderá las elecciones locales o federales. La verdadera pregunta es si sobrevivirá políticamente a la tormenta internacional que se avecina.
En opinión de Alberto Pérez Schoelly, Morena ha crecido demasiado rápido y todavía no ha aprendido a sumar ni a restar, pero ya la pusieron a resolver ecuaciones diferenciales.
Los momentos por los que pasa Morena son cruciales. Ya es un lugar común hablar de la rapidez de crecimiento del partido, de los importantes éxitos electorales que ha obtenido desde su fundación, para no hablar del tremendo logro de haber llevado al compañero Andrés Manuel a la Presidencia de la República. Hoy conmemoramos que se cumplen cuatro años de ese triunfo.
Cualquier observador extranjero, medianamente informado de los asuntos de México, pensaría o podría suponer que el partido que llevó al poder a AMLO se encuentra hoy en día en inmejorables condiciones organizativas, políticas y electorales que antes del triunfo de 2018. O al menos, que ya es clara su consolidación como partido político nacional de izquierda. Desgraciadamente Morena está muy lejos de estar en esa situación.
Hay varios enfoques para analizar lo que pasa. Uno de ellos es partir de la hipótesis de que se trata de “problemas de crecimiento”. Algo así como que Morena es una criatura que ha crecido demasiado rápido y todavía no ha aprendido a sumar ni a restar, pero ya la pusieron a resolver ecuaciones diferenciales. Creo que esto en parte es cierto, pero no explica totalmente la situación actual de Morena. Otro enfoque parte de la base de que, Morena, al haber tenido un inicio como movimiento social, tuvo muchas características que impulsaron su rápido crecimiento, pero una vez constituido como partido político, perdió lo mejor de estas características y ha devenido en un partido político electorero guiado por el más crudo pragmatismo.
En el Programa de Lucha de Morena se dice explícitamente lo siguiente: “Morena es una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda, con principios, programa y estatutos”. Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo, como se dice coloquialmente. Porque, al estar integrado el partido por personas provenientes de diferentes corrientes de pensamiento, ¿cómo se puede entender eso de “ser de izquierda”? Aquellas personas que provienen de partidos de la izquierda histórica podemos tener una clara definición de lo que significa ser de izquierda, porque provenimos de las luchas contra el PRI-gobierno de 1940 hasta 2018, sea en organizaciones comunistas, socialistas, libertarias, nacionalistas revolucionarias y de otro tipo. Pero hay ahora muchos compañeros en el partido que no provienen de esas luchas o bien son jóvenes de reciente incorporación. ¿Qué entienden por ser de izquierda?
A esos compañeros hay que decirles que Morena es un partido de izquierda por su adhesión a un proyecto (la Cuarta Transformación), que busca un cambio radical en México en beneficio de las mayorías trabajadoras. No puede ser un partido de “centro”, porque eso corresponde más bien a un rostro amable del capitalismo neoliberal. Por supuesto que un partido de izquierda debe ser también “humanista”, pero va mucho más allá de eso. Que Morena sea un partido incluyente no significa que sea un partido ideológicamente indefinido.
Hasta aquí estamos en el plano teórico, pero seamos conscientes que el vínculo entre el proyecto de la 4T y ser de izquierda se muestra en la práctica. Desgraciadamente tal cosa no se ve por ninguna parte. Actualmente, Morena vive en una especie de limbo. Es de izquierda por el proyecto que explica su existencia y razón de ser, pero su pragmatismo electorero de años recientes y su práctica política antidemocrática al interior del partido han sido dominantes y han provocado un malestar muy extendido entre la militancia morenista de todo el país.
Esto y no otra cosa es lo que explica el gran éxito que ha tenido la Convención Nacional Morenista, que ha sido como una pequeña llama que encendió la pradera seca. Las inconformidades y los agravios entre la militancia son muchos, que se han exacerbado en los últimos tres años. Por un lado, la cúpula dirigente manifiesta, con sus acciones y designaciones, una afinidad con el centro-derecha político del país, con cercanía a prianistas, en el afán de obtener triunfos electorales a toda costa. Por el otro, la movilización activa de la militancia de Morena aglutinada alrededor de la Convención Nacional Morenista está atrayendo además a obradoristas
Medios israelíes: Saná explotó la inteligencia artificial para fabricar ojivas de misiles
Misil yemení
El sitio de noticias israelí i24NEWS destacó que las fuerzas yemeníes (Ansarulá) utilizaron inteligencia artificial para fabricar ojivas y desarrollaron el programa de entrenamiento, navegación y control que guía y estabiliza misiles y drones.
El sitio indicó que utilizaron Claude Code en lugar de ingenieros de software humanos para desarrollar los programas. Claude Code proporcionó software para la estimación de la posición y el ajuste de parámetros de control, y cuando las ojivas fallaban sus objetivos, se adaptaba para mejorar la precisión.
El sitio expresó su preocupación de que pudieran haber utilizado este sistema para atacar centros en Arabia Saudí.
Esto se produce después de que Anthropic reconociera en un comunicado el lunes que los hutíes (Ansarulá) habían utilizado recientemente la herramienta de la compañía, Claude Code, especificando que habían lanzado tres programas de armamento utilizando computación en la nube.
Según la compañía, estos tres programas son:
– Un misil guiado que utilizaba una computadora de vuelo con un teléfono móvil estándar y guía térmica en la fase final.
– Un misil balístico multietapa con un alcance reportado superior a los 2.500 kms.
– Un misil multivariante llamado R2000, que incluye una versión hipersónica para planeadores.
El comunicado enfatizó que «el programa es capaz de procesar una amplia gama de programas interactivos y basados en texto en casi todos los ámbitos de la actividad humana».
El comunicado especifica: «En este caso, el motor de inteligencia artificial recopiló el conocimiento de los mejores ingenieros de misiles del mundo, al cual los combatientes pudieron acceder posteriormente».
Para contextualizar, cuando Anthropic se percató de que su software se estaba utilizando para este propósito, las Fuerzas Armadas Yemeníes pudieron aprovechar lo aprendido con Claude y realizar ajustes, según el sitio web.
Para respaldar esto, Anthropic declaró: «Nuestras medidas de seguridad impidieron muchas, pero no todas, sus solicitudes; utilizaron diversas tácticas para eludir nuestras medidas de seguridad y distribuir su carga de trabajo».
“La escalada saudí contra Yemen, mediante ataques aéreos directos y ataques con misiles contra civiles y viviendas, que incluye un total de 2.177 incursiones y bombardeos”, anunció el portavoz de las Fuerzas Armadas Yemeníes, el general de brigada Yahia Sarii.
En consecuencia, las Fuerzas Armadas Yemeníes continúan su respuesta legítima a la agresión, al tiempo que advierten a aerolíneas, expertos, empleados y viajeros sobre los riesgos de mantener vuelos a aeropuertos saudíes, haciendo hincapié en que no son seguros, “excepto los aeropuertos y el espacio aéreo que rodean las ciudades santas de La Meca y Medina”.
Ex primer ministro británico Rishi Sunak: El orden mundial liderado por EEUU ha llegado a su fin
El ex primer ministro británico Rishi Sunak afirmó que el orden mundial liderado por EEUU ha llegado a su fin.
Sunak añadió que el mundo ha entrado en una fase caracterizada por una creciente «incertidumbre geopolítica».
En relación con esto, el South China Morning Post publicó hace unos días un artículo que abordaba una pregunta fundamental: «¿Por qué sigue disminuyendo la influencia global estadounidense?».
El periódico analizó la política del presidente estadounidense Donald Trump, que consiste en recurrir a amenazas y advertencias para someter a los países, explicando que esto perjudica la posición de EEUU a nivel mundial.
The Guardian publicó un artículo con la pregunta: «¿Qué debería reemplazar el orden mundial liderado por EEUU?», abogando por aprovechar el declive de la hegemonía estadounidense para construir un orden mundial multipolar basado en la moderación mutua y la reducción de las guerras, en lugar de intentar revivir el antiguo orden.
The New York Times también señaló que la guerra contra Irán desempeñó un papel fundamental al revelar varias debilidades de EEUU, especialmente en lo que respecta al despliegue militar estadounidense.
Desde la violencia contra los pueblos indígenas hasta las guerras contra Irán, EE.UU. ha perseguido la hegemonía mediante la agresión, la expansión y la coerción.
Por: Ali Zeraatpisheh
Desde la brutal violencia ejercida contra los pueblos indígenas de América hasta las guerras ilegales contra Irán, Estados Unidos ha perseguido durante mucho tiempo la hegemonía mundial mediante la agresión militar, la expansión territorial y la coerción, provocando la resistencia de quienes se niegan a someterse.
El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó al Caribe y entró en contacto con los taínos, un pueblo indígena que contaba con sus propias comunidades, tierras de cultivo, sistemas políticos y cultura.
Ya vivían en aquellas tierras. Colón no llegó a un territorio deshabitado. Llegó a una región poblada y la reclamó en nombre de las potencias europeas.
Lo que vino después fue una brutal conquista. Los europeos se apoderaron de las tierras indígenas y obligaron a hombres, mujeres y niños taínos a trabajar y buscar oro.
Quienes no cumplían las exigencias laborales eran sometidos a castigos brutales. A algunos les mutilaban el cuerpo. Otros eran asesinados. Las comunidades indígenas se vieron obligadas a proporcionar alimentos y mano de obra a los recién llegados.
La población quedó devastada. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos estima que, cuando llegaron los europeos, La Española contaba con alrededor de un millón de habitantes indígenas.
Unos 20 años después, apenas quedaban unos 30 000. Las enfermedades causaron numerosas muertes, pero el desplome demográfico también fue consecuencia del trabajo forzado, el hambre, la violencia, el desplazamiento y la destrucción de la producción alimentaria indígena.
La violencia se extendió mucho más allá del Caribe. Las potencias europeas se apoderaron de territorios por toda América y combatieron contra las naciones indígenas para hacerse con el control de sus tierras.
Millones de personas fueron desplazadas. Los pueblos indígenas fueron esclavizados, asesinados y expulsados de sus comunidades. El Museo Nacional del Indígena Americano, perteneciente al Instituto Smithsoniano, estima que la población indígena de América se redujo aproximadamente un 95 % durante los 130 años posteriores al primer contacto con los europeos.
En América del Norte, este proceso continuó durante siglos. Los colonos europeos avanzaron sobre las tierras indígenas, mientras que los gobiernos coloniales y, posteriormente, Estados Unidos recurrieron a la guerra, los tratados, las expulsiones forzosas y otras políticas para hacerse con el control del territorio.
A medida que Estados Unidos se expandía hacia el oeste, las naciones indígenas eran confinadas en territorios cada vez más reducidos.
La destrucción no fue simplemente consecuencia de las enfermedades ni de un encuentro accidental entre dos civilizaciones. Se codiciaban las tierras. Se codiciaban los recursos. Se buscaba el control político. La fuerza armada y el poder del Estado se utilizaron reiteradamente para conseguir esos objetivos.
Esa es la cara más oscura de la historia que se esconde tras el Día de Colón. Esta fecha marca el inicio de un periodo en el que las potencias europeas llegaron a tierras ya habitadas por otros pueblos, se apoderaron de sus territorios y sometieron a las poblaciones indígenas a la violencia, el trabajo forzado y el desplazamiento.
La magnitud de la destrucción fue inmensa. Comunidades enteras desaparecieron. Otras fueron expulsadas de sus hogares. Numerosas naciones perdieron sus tierras y su poder político.
Las armas y los gobiernos cambiarían a lo largo de los siglos siguientes. Pero la cuestión fundamental seguiría siendo la misma: ¿qué ocurre cuando un Estado poderoso decide que su expansión justifica la destrucción que impone a los pueblos que se interponen en su camino?
Siglos después, esa cuestión volvería a plantearse en una región muy distinta del mundo. Sin embargo, el instrumento predilecto de Estados Unidos —la fuerza militar, el poder político y las falsas alegaciones de necesidad estratégica para imponer su voluntad a otras naciones— seguiría siendo el mismo.
Cristóbal Colón llega a América en 1492, dando comienzo a una era de conquista y colonización europea.
¿Cómo construyó EEUU su imperio?
Estados Unidos no dejó de expandirse tras conquistar su independencia. Avanzó hacia el oeste a través de América del Norte, apropiándose de tierras mediante compras, guerras, expulsiones forzosas y agresiones militares.
En 1803, el presidente Thomas Jefferson compró a Francia el territorio de Luisiana por 15 millones de dólares. La operación prácticamente duplicó la superficie de Estados Unidos.
A continuación, los colonos estadounidenses avanzaron aún más hacia el oeste, amparándose en la doctrina del “Destino Manifiesto”, según la cual Estados Unidos estaba destinado a dominar el mundo.
La expansión trajo consigo nuevas guerras. En 1846, Estados Unidos entró en guerra con México. Dos años después, México se vio obligado a ceder aproximadamente la mitad de su territorio. Las tierras cedidas incluían los actuales estados de California, Nevada y Utah, así como grandes extensiones de Arizona y Nuevo México.
El avance hacia el oeste también provocó matanzas masivas. Las fuerzas estadounidenses combatieron contra las naciones indígenas mientras los colonos se instalaban en sus tierras. Se destruyeron aldeas. Se asesinó a sus habitantes. Otros fueron expulsados de sus hogares y obligados a vivir en reservas.
Algunas de las peores masacres se convirtieron en símbolos de aquella violencia. En Sand Creek, Colorado, en 1864, las tropas estadounidenses atacaron un campamento cheyenne y arapaho y mataron a cientos de personas, entre ellas mujeres y niños. En Wounded Knee, Dakota del Sur, en 1890, los soldados estadounidenses asesinaron a cientos de hombres, mujeres y niños lakota.
Estados Unidos siguió expandiéndose a pesar del coste humano. A finales del siglo XIX, había pasado de ser un país pequeño situado en la costa atlántica a convertirse en una potencia continental que se extendía hasta el Pacífico.
El territorio se había conquistado mediante una combinación de guerra, presión política y expulsiones forzosas. Los pueblos que se interponían en el camino pagaron el precio. Sin embargo, la expansión no terminó en el Pacífico. Pronto, Estados Unidos comenzaría a mirar más allá de América del Norte.
Soldados estadounidenses y miembros del pueblo lakota en Wounded Knee, Dakota del Sur, tras la masacre del 29 de diciembre de 1890.
¿Hasta dónde llevó a EEUU su expansión?
La expansión estadounidense no se detuvo cuando el país alcanzó el Pacífico. Se extendió al extranjero. A finales del siglo XIX, Washington estaba construyendo un poder colonial y militar que iba mucho más allá de América del Norte.
El punto de inflexión llegó en 1898. Estados Unidos entró en guerra con España y derrotó rápidamente a las fuerzas españolas en el Caribe y el Pacífico.
El Tratado de París otorgó a Estados Unidos Puerto Rico y Guam y transfirió Filipinas al control estadounidense a cambio de 20 millones de dólares. Cuba quedó bajo ocupación estadounidense.
Ese mismo año, Estados Unidos también se anexionó Hawái. Hawái había sido un reino independiente, pero empresarios estadounidenses habían contribuido al derrocamiento de la reina Liliʻuokalani en 1893. El 7 de julio de 1898, el presidente William McKinley firmó la resolución que anexionaba las islas.
Filipinas se convirtió entonces en un campo de batalla. Las fuerzas filipinas combatieron contra las tropas estadounidenses después de rechazar el dominio de Estados Unidos. La guerra filipino-estadounidense comenzó en 1899 y se prolongó durante años.
Decenas de miles de combatientes filipinos murieron, mientras que numerosos civiles fallecieron a causa de la violencia, las enfermedades, el hambre y los desplazamientos forzosos.
Washington ya no se limitaba a expandirse por un continente vecino. Estaba tomando el control de islas y territorios situados a miles de kilómetros de Estados Unidos.
Las nuevas posesiones también tenían valor militar. Puerto Rico, Guam y Filipinas proporcionaron a Washington bases y posiciones estratégicas en el Pacífico y el Caribe.
El Gobierno estadounidense consideraba abiertamente que estos territorios eran importantes para sus intereses comerciales y militares.
En 1900, Estados Unidos se había convertido en una potencia de ultramar, con territorios e intereses militares repartidos por el Pacífico. El propio Departamento de Estado estadounidense describe 1898 como el nacimiento de Estados Unidos como una supuesta “superpotencia”.
La frontera de la expansión había cambiado. Estados Unidos ya no se limitaba a apropiarse de tierras en América del Norte. Ahora proyectaba su poder a través de los océanos. Y pronto ese poder alcanzaría Asia Occidental.
Combatientes filipinos yacen muertos en una trinchera cerca de Santa Ana el 5 de febrero de 1899, el primer día de la guerra filipino-estadounidense.
¿Cómo estableció EEUU su poder en Asia Occidental?
Estados Unidos amplió su presencia en Asia Occidental durante la Segunda Guerra Mundial y después de ella, impulsado por las reservas petroleras de la región, su ubicación estratégica y su importancia para el comercio mundial.
Washington buscaba garantizar el acceso a los suministros energéticos y a las rutas que conectaban Europa, Asia y África. También consideraba la región un frente fundamental de su rivalidad con la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
En 1945, los funcionarios estadounidenses ya debatían la posibilidad de establecer instalaciones militares en Arabia Saudí, al tiempo que desarrollaban los intereses petroleros estadounidenses en el país.
A medida que disminuía el poder británico, Washington trató de proteger sus intereses mediante alianzas con gobiernos regionales, ventas de armas y acceso a instalaciones militares.
Estableció estrechas relaciones de seguridad con los Estados árabes y con el recién creado régimen israelí, al tiempo que mantenía fuerzas navales en el golfo Pérsico.
En 1953, Estados Unidos también desempeñó un papel central en el golpe de Estado que derrocó al primer ministro iraní Mohamad Mosadeq, cuyo Gobierno había nacionalizado la industria petrolera del país. Aquella brutal intervención demostró que Washington estaba dispuesto a intervenir directamente en los asuntos políticos de otro país cuando sus intereses estratégicos y económicos estaban en juego.
Después de que el Reino Unido retirara sus fuerzas del golfo Pérsico en 1971, Estados Unidos amplió su papel regional y pasó a depender en gran medida de gobiernos aliados para proteger los intereses occidentales. Los acuerdos armamentísticos, la cooperación militar y el acceso a instalaciones estratégicas reforzaron la influencia de Washington.
Lo que comenzó como una búsqueda de petróleo y acceso estratégico se convirtió en una presencia política y militar más amplia, que afrontaría un desafío de gran envergadura con la Revolución Islámica de Irán de 1979.
El crucero lanzamisiles de la Armada estadounidense USS Mobile Bay navega por el Golfo Pérsico el 29 de septiembre de 2011, durante un despliegue en la zona de operaciones de la Quinta Flota de Estados Unidos.
¿Cómo ha resistido Irán la dominación estadounidense desde 1979?
La Revolución Islámica de 1979 marcó el comienzo de una nueva era de resistencia en Irán. El país rompió con Washington y rechazó el control estadounidense sobre su futuro político.
Para Estados Unidos, que durante mucho tiempo había disfrutado de una posición privilegiada en Irán, la revolución supuso la pérdida de un aliado clave. Para Irán, significó negarse a permitir que una potencia extranjera dictara su rumbo. Washington respondió con sanciones, presión económica y amenazas militares. En 1980, rompió las relaciones diplomáticas con Irán.
Ese mismo año, Irak invadió Irán, dando comienzo a una guerra impuesta de ocho años que provocó el martirio de cientos de miles de personas. Estados Unidos apoyó a Irak durante el conflicto, pese a que sus funcionarios sabían que las fuerzas iraquíes habían utilizado armas químicas.
El enfrentamiento también dio lugar a ataques directos de las fuerzas estadounidenses. En abril de 1988, la Armada estadounidense atacó plataformas petroleras y buques de guerra iraníes en el golfo Pérsico.
El 3 de julio de ese año, el USS Vincennes derribó el vuelo 655 de Iran Air, causando la muerte de las 290 personas que viajaban a bordo, incluidos 66 niños.
El avión era un aparato comercial de pasajeros que volaba de Bandar Abás a Dubái. Su destrucción sigue siendo uno de los episodios más oscuros de la historia del imperialismo estadounidense.
Irán continuó resistiendo la presión estadounidense. Washington impuso restricciones a las exportaciones de petróleo iraní, al sector bancario y al comercio internacional, con el objetivo de debilitar al país y obligarlo a modificar sus políticas.
Irán respondió desarrollando sus propias capacidades misilísticas, reforzando su industria de defensa y estableciendo alianzas regionales. Se negó a supeditar su política de seguridad a Washington.
En enero de 2020, Estados Unidos asesinó al general Qasem Soleimani, alto comandante de la lucha antiterrorista, mediante un ataque con drones cerca del aeropuerto de Bagdad. Días después, Irán respondió con ataques con misiles contra las fuerzas estadounidenses en la base aérea de Ain al-Asad, en Irak, alterando los cálculos estratégicos de la región.
Esa negativa a someterse constituye un elemento central de la historia de la República Islámica. En febrero de 2026, el enfrentamiento volvió a trascender la presión y las amenazas cuando Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque directo contra Irán.
Iraníes participan en manifestaciones multitudinarias durante la Revolución Islámica de 1979, que puso fin a la estrecha alineación política del país con Washington.
¿Cómo continúan las guerras recientes contra Irán la historia de conquista de EEUU?
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel desencadenaron contra Irán una guerra de agresión a gran escala y no provocada, atacando infraestructuras civiles y de seguridad y asesinando al líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, así como a altos mandos militares.
Se produjeron daños en escuelas e instalaciones médicas, mientras miles de familias se enfrentaban a la muerte, las lesiones y el desplazamiento. Trump amenazó con destruir Irán y afirmó que Washington “aniquilaría” al pueblo iraní, del mismo modo que sus predecesores aniquilaron a los pueblos indígenas de América del Norte.
También advirtió a los militares iraníes que se rindieran o se enfrentarían a una “muerte segura”. El mensaje era inequívoco: Washington pretendía utilizar su poder militar para obligar a Irán a someterse.
El coste humano fue devastador. Una actualización humanitaria de las Naciones Unidas informó de que, para el 17 de marzo, más de 1200 personas habían muerto y más de 17 000 habían resultado heridas en Irán. Los daños afectaron también a hospitales, escuelas y servicios esenciales. Posteriormente, investigadores de derechos humanos documentaron daños en decenas de instalaciones médicas y centros educativos.
En Minab, un ataque contra una escuela femenina el primer día de la guerra causó la muerte de más de 160 personas, según informes de la ONU. Las víctimas eran, en su inmensa mayoría, alumnas y otras personas que se encontraban en el centro educativo.
Las imágenes satelitales mostraron daños generalizados en al menos 228 estructuras e instalaciones de emplazamientos militares estadounidenses, incluidos sistemas de radar, aeronaves, instalaciones de combustible y edificios utilizados por personal militar estadounidense.
Las similitudes con la conquista de los territorios indígenas de América son difíciles de ignorar. Estados Unidos se apoderó de tierras, empleó una fuerza militar abrumadora contra quienes se resistían y destruyó comunidades para imponer su control.
En Irán, Estados Unidos e Israel utilizaron su poder aéreo para lanzar ataques en todo un país independiente, matando a civiles y dañando viviendas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras esenciales.
También existe una similitud en la exigencia de sometimiento. Los pueblos indígenas que resistieron la expansión estadounidense se enfrentaron a la agresión militar y a las expulsiones forzosas.
Irán ha sufrido durante décadas sanciones, amenazas e intentos de doblegar su resistencia. Cuando esas medidas no consiguieron que Teherán se ajustara a las exigencias de Washington, la presión escaló hasta convertirse en una guerra directa. Las amenazas de Trump de “destruir Irán” revelaron la magnitud de la fuerza que Washington estaba dispuesto a emplear.
Desde Colón hasta Asia Occidental, Estados Unidos ha dejado un rastro de sangre en su búsqueda de mayor poder y riqueza, pero Irán se convirtió en un dique infranqueable que impidió a Washington seguir avanzando.