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lunes, 16 de marzo de 2026

Irán resiste y contraataca

 Trump, actitud enfermiza hacia Biden
CARLOS FAZIO
Más allá de la niebla de
guerra, la batalla
de las narrativas y
la propaganda de
uno y otro bando,
parece razonable concluir que al
entrar en su tercera semana, la
guerra imperialista de Estados
Unidos e Israel contra Irán, pre-
vista por los agresores como una
“excursión” de fin de semana, se
ha ido convirtiendo en un conflicto
prolongado de desgaste de signo
incierto. En ese lapso, las bases
militares de Estados Unidos en el
golfo Pérsico pasaron de ser acti-
vos estratégicos a blancos pasivos
y fáciles de los misiles iraníes, y
acicateados por la escalada bélica
y el bloqueo del golfo de Ormuz, el
alza de los precios del petróleo, el
gas licuado y los fertilizantes nitro-
genados ha repercutido en cadena
en toda la economía global.
Con el paso de los días, Estados
Unidos e Israel, dos potencias nu-
cleares, han ido cambiando sus pre-
tendidos objetivos: responder a una
supuesta amenaza inminente de
Irán, cambio de régimen o la des-
trucción de los programas nuclear
y de misiles. Aunque en el fondo se
trata de fragmentar al país y con-
trolar su petróleo, el cerco a China,
el fortalecimiento de los Acuerdos
Abraham y la reconfiguración
geopolítica de la región e impedir
la creación de un Estado palestino.
Instigados y manipulados por el
asesino de niñas y criminal de gue-
rra Benjamin Netanyahu, Donald
Trump y los “evangelistas sionistas”
de la Casa Blanca apostaron que, con
un ataque furtivo de decapitación
(asesinatos selectivos cupulares),
combinado con una política de con-
moción y pavor (shock and awe) ba-
jo la cobertura de negociaciones fal-
sas (perfidia y traición) durante el
Ramadán, mes sagrado musulmán,
desencadenarían una insurrección
interna para derrocar al gobierno
iraní. De esa manera, lograrían una
victoria en cuatro o cinco días y evi-
tarían una represalia significativa.
Pese a las graves pérdidas en vidas
e infraestructura crítica, Irán no
capituló. Contraatacó y ahora
parece llevar la iniciativa. No se ha
fragmentado ni se han levantado
masas contra el régimen; el pueblo
se ha unido en torno a la bandera
y salió masivamente a las calles en
defensa de la soberanía nacional.
Irán ganará siempre que sobrevi-
va y desafíe el objetivo bélico de sus
agresores. En otras palabras, no tie-
ne que ganar, sólo no perder. A me-
dida que la guerra se amplía para
involucrar a todas las petromonar-
quías del golfo se está convirtiendo
en un conflicto prolongado. En una
guerra asimétrica, ganar no sólo de-
pende de quién tiene la capacidad de
infligir más daño, sino de quién tiene
la resistencia para absorberlo. Irán
está demostrando su capacidad
para absorber los ataques mientras
inflige su propia destrucción a sus
enemigos. Irán está preparado para
una guerra de desgaste. Estados
Unidos e Israel, no. Trump vendió
a su electorado la fantasía de los
ataques quirúrgicos, las operacio-
nes relámpago, las victorias fáciles
y baratas; pero la realidad de las
guerras asimétricas modernas es
menos cinematográfica y mucho
más costosa. Ahora el magnate em-
pieza a descubrir que bombardear
es fácil, pero mantener una guerra,
no tanto. Máxime, si suben los pre-
cios del gas licuado, el petróleo y los
fertilizantes, y se va al bolsillo de los
consumidores estadunidenses de a
pie en una año electoral.
Desde el Pacto del Quincy de
1945, las monarquías del golfo
(Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos
Árabes Unidos y Arabia Saudí)
financiaron la proyección de poder
militar de Estados Unidos en la
región. A cambio de inversiones en
infraestructura militar y hospitali-
dad territorial, los anfitriones ob-
tuvieron promesas de protección.
Ese reciclaje de petrodólares ha
sido base de la financiación y la mi-
litarización del comercio mundial
de petróleo por parte de Estados
Unidos, y de su estrategia imperial
de aislar a los países que resisten
adherirse al eufemístico “orden ba-
sado en reglas”. Según Michael Hud-
son, lo que está en juego no es sólo
la presencia militar de Estados
Unidos en Medio Oriente, junto
con sus dos ejércitos proxy, Israel
y los yihadistas del ISIS/Al Qaeda,
sino también las alianzas econó-
micas de Washington con esos
protectorados y si sus ingresos por
exportación de petróleo seguirán
acumulándose en dólares como
soporte de la balanza de pagos es-
tadunidense para ayudar a costear
sus bases militares en el orbe.
Irán anunció que luchará hasta
conseguir tres objetivos para evitar
futuras guerras: I) Estados Unidos
debe retirarse de todas sus bases
militares en Medio Oriente. Con sus
misiles, sus drones y el apoyo de la
avanzada tecnología de interferencia,
defensa aérea y vigilancia satelital
(inteligencia de señales) en tiempo
real de Rusia y China, Irán logró “ce-
gar” la arquitectura de sensores del
Comando Central (CentCom) del
Pentágono. Ha destruido la colum-
na vertebral de los sistemas de aler-
ta por radar e instalaciones antiaé-
reas y de defensa antimisiles en Jor
dania, Qatar, Emiratos Árabes Uni-
dos y Bahréin, asiento de la Quinta
Flota. Advirtió que las bases e insta-
laciones de Estados Unidos en esos
países son “objetivos legítimos”
y serán bombardeadas si no las
abandonan. 2) Los países árabes de
la OPEP deben poner fin a sus estre-
chos vínculos económicos con Esta-
dos Unidos, empezando por los cen-
tros de datos gestionados por Ama-
zon, Microsoft y Google, vinculados
con el Pentágono y la inteligencia
militar de Israel. 3) No sólo deben
dejar de fijar los precios de petróleo
y gas en dólares estadunidenses,
sino también desinvertir en sus
actuales tenencias de petrodólares
de las inversiones estadunidenses
que han estado subvencionando la
balanza de pagos de Estados Unidos
desde los acuerdos de 1974.
Las exigencias iraníes resultan
impensables para el Occidente
colectivo. Pero ya hay tensiones y
fisuras y todo puede suceder. In-
cluido el ataque nuclear (solución
Sansón) de Israel a Irán

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