Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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sábado, 1 de abril de 2017

ISLAM — MILAGROS CIENTÍFICOS EN EL CORÁN

 Fuente: www.harunyahya.com
Índice
Primera Parte: Milagros científicos del Corán
Introducción
El origen del Universo
La expansión del Universo
La separación en partes de “los cielos y la tierra”
La redondez de la Tierra
El techo protegido
El cielo que retorna
Las capas de la atmósfera
La función de las montañas
El movimiento de las montañas
El milagro del hierro
La relatividad del tiempo
La proporción de lluvia
La formación de la lluvia
Los vientos fecundantes
Los mares no se mezclan entre sí
Tinieblas en los océanos y las olas internas
La región cerebral que controla nuestros movimientos
El nacimiento de un ser humano
Una gota de semen
El semen como mezcla de distintos componentes
El sexo de la criatura concebida
El “coágulo” que cuelga del útero
El revestimiento de los huesos con músculos
Tres etapas de oscuridad del feto en el útero
La leche materna
La identidad en las huellas dactilares
La miel de la abeja hembra
El milagro de la miel
Los corazones se sosiegan con la remembranza de Dios
Segunda Parte: Información sobre el futuro en el Corán
Introducción
La victoria de los bizantinos
La conquista de La Meca
La tribu de Israel se llenará de una gran soberbia
La exploración del espacio
Los modernos medios de transporte
La tecnología aeronáutica
Tercera Parte: Milagros Históricos del Corán
La palabra “Haman” en el Corán
Títulos de los gobernantes egipcios en el Corán
El Profeta Moisés y el ahogamiento de Faraón en el mar
El período de las calamidades y la necedad del faraón
Hallazgos arqueológicos de la ciudad de Iram
El pueblo de Saba y la inundación de Arim
Hallazgos arqueológicos sobre el pueblo de Zamud
Conclusión: El Corán es la Palabra de Dios
Cuarta Parte: El engaño del evolucionismo
Introducción
El colapso científico del darwinismo
La primera etapa insuperable: el origen de la vida
“La vida proviene de la vida”
Esfuerzos que no convencen en el siglo XX
La compleja estructura de la vida
Los mecanismos imaginarios de la evolución
El impacto de Lamarck
El neodarwinismo y las mutaciones
Restos fósil: no hay rastros de formas intermedias
Las esperanzas de Darwin se hicieron pedazos
El cuento de la evolución humana
La tecnología presente en el ojo y el oído
¿A quién pertenece la conciencia que ve y escucha dentro del cerebro?
Una fe materialista

Primera Parte:
Milagros científicos del Corán
Introducción
Hace catorce siglos Dios reveló el Corán a la humanidad como un libro guía, y exhortó a la gente a aferrarse a él para ser conducidos hacia la verdad. Como se lee en el versículo: “Pero no es [el Corán] sino un Recordatorio para todos los mundos” (Sura al-Qalam [68]: 52), desde el día de su revelación hasta el Día del Juicio, este último libro divino permanecerá como la única guía para la humanidad.
El lenguaje y estilo inigualables del Corán, así como la sabiduría que encierra, constituyen una evidencia incontrastable de que es la Palabra de Dios. Además, él posee muchos atributos milagrosos que prueban que es la Palabra de Dios. Uno de ellos es el hecho de que cierto número de verdades científicas —que sólo ha sido posible descubrir con la tecnología del siglo XX— aparecen ya enunciadas en el Corán hace 1400 años.
El Corán no es, desde luego, un libro científico. No obstante, muchos datos científicos, expresados de una manera extremadamente concisa y profunda en sus versículos, sólo han sido descubiertos recientemente con la tecnología disponible en los siglos XX y XXI. Se trata de hechos que no podían conocerse en la época de su revelación, y ello constituye una prueba más de que el Corán es la Palabra de Dios.
Para comprender el milagro científico del Corán primero debemos echar una mirada al estado de la ciencia en la época en que se reveló.
Cuando el Corán fue revelado, en el siglo VII, la sociedad árabe tenía muchas supersticiones y creencias sin fundamentos en lo que se refiere a temas científicos. Careciendo de tecnología para examinar el universo y la naturaleza esos árabes primitivos creían en leyendas heredadas de pasadas generaciones. Pensaban, por ejemplo, que las montañas sostenían el cielo encima de sus cabezas. Creían que la tierra era plana y que había enormes montañas en sus dos extremos. Se pensaba que esas montañas eran pilares que mantenían elevada la bóveda celeste.
No obstante, todas esas creencias supersticiosas de la sociedad árabe fueron eliminadas con el Corán. En la Sura Al-Ra’d, versículo 2, dice: “Dios es quien elevó los cielos sin pilares visibles” (Corán, 13:2). Este versículo invalidó la creencia de que el cielo se mantiene elevado gracias a las montañas. En muchos otros temas se revelaron hechos importantes en una época en que nadie podría haberlos conocido. El Corán, revelado en una época en que la gente sabía muy poco sobre astronomía, física o biología, contiene datos claves sobre diversos temas tales como la creación del universo, la conformación del ser humano, la estructura de la atmósfera y el delicado equilibrio que hace posible la vida sobre la tierra.
Veamos juntos ahora algunos de estos milagros científicos revelados en el Corán.
El origen del Universo
El origen del universo es descripto en el Corán en el siguiente versículo:

“El es el Originador de los cielos y la tierra…” (Corán 6:101).
Esta información suministrada por el Corán está en un todo de acuerdo con los descubrimientos de la ciencia contemporánea. Como dijimos antes, la conclusión a la que la astrofísica ha llegado actualmente es que la totalidad del universo, junto con las dimensiones de materia y tiempo, se manifestaron como resultado de una gran explosión que ocurrió fuera del acontecer temporal. Este evento, conocido como el Big Bang, demuestra que el universo fue creado de la nada como resultado de la explosión de un solo punto.
Antes del Big Bang no existía lo que denominamos materia. Desde una condición de no-existencia en la cual ni la materia, ni la energía, ni incluso el tiempo existían, y que sólo puede describirse metafísicamente, materia, energía y tiempo fueron creados en un instante. Este hecho, descubierto sólo recientemente por la física moderna, nos fue anunciado en el Corán hace 1400 años.
La expansión del Universo
En el Corán, revelado hace 14 siglos en una época en que la ciencia astronómica era todavía muy primitiva, la expansión del universo está descripta de esta forma:
“Nosotros hemos construido el cielo con fuerza, y ciertamente lo estamos expandiendo” (Corán 51:47)
La palabra “cielo”, como figura en el versículo anterior, es utilizada en varios lugares del Corán con el significado de espacio y universo. Aquí se utiliza con este sentido y estableciendo que el universo se “expande”. Y esta es precisamente la conclusión a la cual ha llegado la ciencia actualmente.
Hasta principios del siglo XX la opinión prevaleciente en el ámbito científico era que “el universo posee una naturaleza constante y ha existido desde siempre”. No obstante las investigaciones, observaciones y cálculos realizados con la tecnología moderna han revelado que el universo de hecho tuvo un comienzo y que está constantemente “expandiéndose”.
A comienzos del siglo XX, el físico ruso Alexander Friedmann y el cosmólogo belga Georges Lemaitre calcularon teóricamente que el universo está en constante movimiento y que se está expandiendo.
Este hecho fue probado también mediante observaciones directas en 1929. Observando el cielo con un telescopio, Edwin Hubble, el astrónomo americano, descubrió que las estrellas y galaxias están constantemente separándose unas de otras. Un universo en donde todo está constantemente separándose de lo demás implica un cosmos en expansión. Las observaciones realizadas en los años siguientes corroboran que el universo está expandiéndose constantemente. Este hecho fue explicado en el Corán cuando todavía era desconocido para todos. Y ello porque el Corán es la Palabra de Dios, el Creador y Soberano del universo todo.

La separación en partes de “los
cielos y la tierra”
Otro versículo sobre la creación de los cielos es el siguiente:
“No ven los incrédulos que los cielos y la tierra estaban unidos (formando un todo homogéneo, una unidad de creación) [ratq] y los separamos; e hicimos del agua toda cosa viviente. ¿Es que no creerán? (Corán 21:30).
La palabra ratq traducida como “unidos”, “cosidos” significa “mezclados, combinados” según los diccionarios árabes. Se utiliza para referirse a dos sustancias diferentes que conforman un todo. La frase “los separamos” es el verbo fataqa en árabe, e implica algo que se produce como resultado de descombinar o separar la estructura de cosas que estaban unidas entre sí. Una de las acciones a las cuales se aplica este verbo es al brote de un vástago del suelo por la germinación de una semilla.
Miremos de vuelta el versículo teniendo en mente esta información. En el texto el cielo y la tierra están en principio sujetos al estado de “ratq”. Son separados luego saliendo uno del otro. Y sorprendentemente, cuando consideramos los primeros momentos del Big Bang, encontramos que toda la materia del universo estaba reunida en un solo punto. En otras palabras, todo, incluyendo “los cielos y la tierra” que todavía no habían sido creados, estaban entrelazados, combinados en una condición inseparable. Entonces este punto explotó violentamente provocando que su materia se desuniera.
La redondez de la Tierra
“El ha creado los cielos y la tierra en verdad. El enrolla (envuelve) la noche en el día, y envuelve el día en la noche” (Corán 39:5).
Las palabras utilizadas en el Corán para describir el universo son realmente notables. El término árabe que se traduce aquí como “enrollar” (o “envolver”) es takwir. En español significa “hacer que una cosa sea envuelta por otra, plegándola como si fuera una tela extendida” (Por ejemplo, en los diccionarios árabes, esta palabra es utilizada para la acción de enrollar una cosa alrededor de otra, en la forma en que se arma un turbante).
La descripción que da el versículo sobre el día y la noche envolviéndose mutuamente implica una información precisa sobre la forma del mundo. Esto sólo puede ser verdad si la tierra es redonda. Lo cual significa que en el Corán, revelado en el siglo VII, la redondez de la tierra se encontraba ya insinuada.
Es preciso no olvidar que la comprensión que en esa época se tenía de la astronomía concebía al mundo de manera diferente. Se pensaba al mundo como una superficie plana y todos los cálculos y explicaciones científicas se basaban en esta convicción. No así el Corán, que siendo la Palabra de Dios, utiliza términos más precisos cuando se ocupa de describir el universo. Comunicó así estos hechos, que recién se convalidaron en siglos recientes, hace más de 1400 años.

El techo protegido
Dios llama nuestra atención en el Corán sobre un importante atributo del cielo:
“Hemos hecho del cielo un techo protegido, pero no obstante ellos se desvían de Nuestros Signos” (Corán 21:32).
Esta propiedad del cielo ha sido descubierta por la ciencia en el siglo XX. La atmósfera que rodea la tierra cumple funciones importantes en la conservación de la vida. Al destruir por la fricción muchos meteoros, grandes y pequeños, que se aproximan a la tierra, impide que estos lleguen al suelo y dañen a los seres vivientes.
Además, la atmósfera filtra las radiaciones provenientes del espacio exterior que son perjudiciales para los seres vivos. La característica más sorprendente de la atmósfera es que sólo permite que pasen a través de ella radiaciones inocuas y útiles, como la luz visible, la radiación ultravioleta de baja longitud de onda y las ondas de radio. Toda esta radiación es vital para la vida. La radiación ultravioleta de baja longitud de onda, que la atmósfera deja entrar solo parcialmente, es muy importante para la fotosíntesis de las plantas y para la supervivencia de todos los seres vivos. La mayoría de la radiación ultravioleta intensa emitida por el sol es filtrada por la capa de ozono de la atmósfera, y sólo una parte limitada —y esencial— de su espectro alcanza la tierra.
La función protectora de la atmósfera no termina allí. Protege también a la tierra del intenso frío del espacio exterior, que alcanza los -270° C. Y no sólo la atmósfera protege la tierra de efectos dañinos. Aparte de ella el cinturón de Van Allen, una capa originada por el campo magnético de la tierra, sirve también como escudo contra la radiación perjudicial que amenaza nuestro planeta. Esta radiación, emitida por sol y otras estrellas, es mortal para los seres vivos. Si el cinturón de Van Allen no existiera, los masivos estallidos de energía llamados erupciones solares, que ocurren frecuentemente en el sol, destruirían toda la vida en la tierra.
El Dr. Hugh Ross ha dicho sobre la importancia de los cinturones de Van Allen en nuestras vidas: “De hecho la tierra tiene mayor densidad que cualquiera de los planetas del sistema solar. Su gran núcleo de hierro-níquel es la causa de nuestro gran campo magnético. Este campo magnético produce el escudo de radiación de Van Allen que protege a la tierra del bombardeo de radiación. Si este escudo no estuviera presente, la vida en la Tierra no sería posible. El único planeta rocoso —aparte de la Tierra— que tiene un campo magnético similar es Mercurio, pero la fuerza de su campo es 100 veces inferior al de la Tierra. Incluso Venus, planeta hermano de la Tierra, carece de campo magnético. El escudo de radiación de Van Allen es un diseño único para la tierra” (1).
La energía liberada solamente por una de estas erupciones solares detectada en años recientes fue calculada como equivalente a la explosión de 100 mil millones de bombas atómicas como la arrojada sobre Hiroshima. Cincuenta y ocho horas después de la erupción se pudo observar que las agujas de las brújulas realizaban movimientos inusuales y que la temperatura a 250 km por encima de la atmósfera se elevaba a 2500° C.
En resumen: hay un sistema perfecto funcionando a gran altura encima de la Tierra, rodea a nuestro mundo y lo protege de amenazas externas. Y hace ya muchos siglos Dios nos informó en el Corán de que la atmósfera del mundo funcionaba como un escudo protector.

El cielo que retorna
En el Corán el versículo 11 de la Sura Al-Târiq [86] se refiere a la función “retornadora” del cielo:
“¡Por el cielo y sus sistemas cíclicos [raÿ‘]!” (Corán 86:11).
La palabra interpretada como “cíclico” [raÿ‘] en las traducciones del Corán tiene también los significados de “devolver” y “retornar”.
Como es sabido la atmósfera que rodea la tierra está compuesta de muchas capas. Cada capa cumple un rol fundamental en beneficio de la vida. Las investigaciones han revelado que estas capas tienen la función de retornar los materiales o radiaciones a que están expuestas, sea al espacio exterior o de vuelta a la tierra, actuando como una “pantalla”. Veamos ahora algunos pocos ejemplos de esta función “retornadora” de las capas que circundan la Tierra.
La troposfera, ubicada en la zona que va de los 13 a los 15 km. por encima del suelo, permite que el vapor de agua que se eleva de la superficie de la tierra se condense y retorne en forma de lluvia.
La capa de ozono, ubicada en la parte inferior de la estratosfera a una altitud de unos 25 km., refleja la radiación nociva y la luz ultravioleta proveniente del espacio devolviéndola hacia el vacío exterior.
La ionosfera, refleja las señales de radio provenientes de la tierra, devolviéndolas hacia el suelo desde gran altura, exactamente como lo haría un satélite de comunicaciones estacionario, y de esta forma hace posibles la comunicación inalámbrica y las emisiones de radio y televisión a grandes distancias.
La magnetosfera rechaza hacia el espacio exterior los rayos cósmicos y la radiación nociva emitida por el Sol y otras estrellas antes de que alcancen la superficie de la Tierra.
Esta propiedad de las capas de la atmósfera, que sólo se ha descubierto en años recientes, fue anunciada hace siglos por el Corán, demostrando de nuevo que es la Palabra de Dios.
Las capas de la atmósfera
Un dato sobre el universo revelado en los versículos del Corán es que el cielo tiene siete capas:
“El es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra. Luego se ocupó del cielo y lo dispuso en siete cielos. El conoce todas las cosas” (Corán 2:29).
“Luego se dirigió al cielo, cuando era humo. […] Y en dos días determinó que fueran siete cielos, y le inspiró a cada cielo su mandato (función)…” (Corán 41:11-12).
La palabra “cielo/s” [samâ’ / samâwât], que aparece en muchos versículos del Corán, es usada tanto para referirse al cielo por encima de la tierra, como al universo en su totalidad. Dándole a la palabra el primer sentido, se deduce que el cielo de la tierra, o atmósfera, está compuesta por siete capas. Y efectivamente, hoy se sabe que la atmósfera de la tierra está compuesta de siete capas superpuestas (2). Definiciones basadas en criterios que consideran la composición química o la temperatura del aire han determinado siete estratos en la atmósfera de la tierra (3). Según el “Limited Fine Mesh Model” (LFMMII), un modelo atmosférico utilizado para predecir condiciones climáticas por 48 horas, la atmósfera también tiene 7 capas. Para las modernas definiciones meteorológicas las siete capas o estratos de la atmósfera son los siguientes:
1. Troposfera
2. Estratosfera
3. Mesosfera
4. Termosfera
5. Exosfera
6. Ionosfera
7. Magnetosfera
Otro milagro importante a destacar es el mencionado en la afirmación: “y le inspiró a cada cielo su mandato (función)”, del versículo 12 de la sura Fussilât [sura 41] ya citada. En otras palabras, Dios manifiesta que le asignó a cada cielo su propio deber. Y ciertamente, como vimos en los acápites previos, cada una de estas capas cumple funciones vitales para beneficio del género humano y de otros seres vivientes en la Tierra. Cada estrato tiene una función particular, que va desde la formación de la lluvia hasta proteger de radiaciones nocivas, desde reflejar ondas de radio hasta evitar los efectos perjudiciales de los meteoritos.
Los versículos citados a continuación nos informan sobre el aspecto de estos estratos atmosféricos:
“¿No habéis visto como Dios creó siete cielos en capas [tibâqan]? (Corán, Sura Noé, 71:15).
“El que creó los siete cielos en capas…” (Corán, Sura Al-Mulk, 67:3).
Es un milagro extraordinario que estos hechos, que no podían descubrirse si no era con la tecnología del siglo XX, fueran formulados explícitamente por el Corán 1400 años atrás.
La función de las montañas
El Corán nos llama la atención sobre la importante función geológica de las montañas:
“Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente enclavadas para que no se mueva debajo de ellos” (Corán, 21:31).
Como podemos ver en el versículo se afirma que las montañas tienen la función de prevenir movimientos sísmicos. Este hecho era totalmente desconocido en la época en que el Corán fue revelado. Es algo que salió a la luz recientemente debido a los hallazgos de la geología moderna.
Según estos descubrimientos las montañas emergen como resultado del movimiento y colisión de enormes placas tectónicas que conforman la corteza terrestre. Cuando dos placas chocan la más fuerte se desliza debajo de la otra, y la que queda encima se pliega y forma alturas y montañas. La capa inferior sigue avanzando debajo del suelo y se extiende a gran profundidad. Consecuentemente, como afirmamos recién, las montañas tienen una parte que se extiende hacia abajo, tan grande como su parte visible encima del suelo.
En un texto científico se describe la estructura de las montañas como sigue:
“Donde los continentes son más gruesos, como en las cordilleras, la corteza se hunde más profundamente en el manto” (4).
En un versículo este rol de las montañas es descripto comparándolo con “estacas”.
“¿No hemos hecho de la tierra lecho y de las montañas estacas?” (Corán 78:6-7).
Dicho en otras palabras, las montañas “remachan” las placas en la corteza terrestre que se extienden por encima y por debajo de la superficie, fijándolas en los puntos de conjunción de las mismas. De esta forma fijan la corteza terrestre e impiden la fluctuación a la deriva sobre la capa de magma o entre las placas. Sintéticamente podríamos asemejar a las montañas con los clavos que mantienen unidas piezas de madera.
Esta función fijadora de las montañas es descripta en la literatura científica con el término “isostasia”. Isostasia es: “…el equilibrio general en la corteza terrestre mantenido por el libre flujo de material rocoso debajo de la superficie bajo presión gravitacional” (5).
Este rol vital de las montañas, descubierto por la geología moderna y la investigación del fenómeno sísmico, fue revelada en el Corán hace siglos como un ejemplo de sabiduría suprema en la creación de Dios.
“Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente enclavadas para que no se mueva debajo de ellos” (Corán, 21:31).
El movimiento de las montañas
Se nos informa en un versículo del Corán que las montañas no están inmóviles como parecen, sino que están en constante movimiento.
“Verás pasar a las montañas, que tú creías inmóviles, como pasan las nubes…” (Corán 27:88).
Este movimiento de las montañas es provocado por el desplazamiento de la corteza terrestre sobre la cual están ubicadas. La corteza terrestre “flota” sobre la capa del manto, que es más densa. Recién a comienzos del siglo XX, por primera vez en la historia, un científico alemán de nombre Alfred Wegener (1880-1930) sugirió que los continentes de la Tierra debieron estar todos unidos cuando se formaron al principio, y que luego flotaron a la deriva en diferentes direcciones separándose unos de otros.
Recién en la década de 1980 los geólogos comprendieron que Wegener tenía razón, 50 años después de su muerte. Como Wegener señalaba en un artículo publicado en 1915, la masas continentales de la tierra estaban unidas hace unos 500 millones de años. Este enorme continente emergido, que llamó Pangea, estaba ubicado en el Polo Sur.
Hace aproximadamente 180 millones de años Pangea se dividió en dos partes que derivaron en diferentes direcciones. Uno de estos continentes gigantes era Gondwana, que incluía Africa, Australia, Antártida e India. El otro era Laurasia, que incluía a Europa, América del Norte y Asia con excepción de India. Durante los siguientes 150 millones de años, siguiendo con su separación, Gondwana y Laurasia se dividieron en partes más pequeñas.
Estos continentes que surgieron luego de la división de Pangea han estado moviéndose constantemente sobre la superficie de la tierra a razón de varios centímetros por año, cambiando al mismo tiempo los mares y las proporciones de la Tierra.
Descubierto gracias a las investigaciones geológicas emprendidas a comienzos del siglo XX, este movimiento de la corteza terrestre es explicado por los científicos como sigue:
“La corteza y la parte más elevada del manto, con un espesor de unos 100 km, se divide en segmentos llamados placas. Hay seis placas mayores y varias menores. Según la teoría llamada ‘tectónica de placas’, estas placas se desplazan sobre la tierra arrastrando consigo a los continentes y al lecho oceánico. El movimiento de los continentes ha sido estimado de entre 1 y 5 cm por año. A medida que avanza el movimiento de las placas esto produce un lento cambio en la geografía terrestre. Cada año, por ejemplo, el Océano Atlántico se vuelve un poco más ancho” (6).
Hay un punto muy importante para destacar aquí: Dios se refiere al movimiento de las montañas como un movimiento de arrastre y a la deriva (al compararlo con el paso de las nubes). Hoy día la ciencia moderna también usa el término “deriva de los continentes” para referirse a este movimiento (7).
El milagro del hierro
El hierro es uno de los elementos puestos de relieve en el Corán. En la Sura Al-Hadid —que significa “hierro”— se nos informa:
“…Y hemos hecho descender el hierro que encierra una gran fuerza y tiene muchos usos para los hombres…” (Corán, 57:25).
Respecto de la expresión “hecho descender” utilizada en particular para el hierro en este versículo, podría pensarse que tiene un significado metafórico para explicar que éste fue manifestado para beneficiar a la gente. Pero cuando tomamos en consideración el significado literal de la palabra (anzala), que es: “hacer descender físicamente algo del cielo”, como ocurre en el caso de la lluvia y los rayos solares, nos damos cuenta que este versículo implica un notable milagro científico.
Esto debido a que los modernos hallazgos astronómicos han descubierto que el hierro presente en nuestro mundo proviene de estrellas gigantes del espacio exterior (8).
No solamente el hierro presente en la Tierra, sino también el que se encuentra en todo el sistema solar, proviene del espacio, porque la temperatura del Sol es insuficiente para la formación de este elemento. El hierro solo pudo producirse en estrellas mucho más grandes que el Sol, donde las temperaturas alcanzan solo unos pocos cientos de millones de grados. Cuando la cantidad de hierro excede de cierto nivel en una estrella, ésta ya no puede alojarlo y, eventualmente, explota provocando lo que se conoce como una “nova” o “supernova”. Como resultado de esta explosión los meteoros que contienen hierro se esparcen por todo el universo, y se mueven por el vacío hasta que son atraídos por el campo gravitatorio de un cuerpo celeste.
Esto muestra que el hierro no se forma en la tierra, sino que es proyectado en forma de meteoritos por estrellas que explotan, y luego “desciende” a la tierra exactamente de la misma forma como se manifiesta en el versículo. Queda claro que este hecho no podía ser conocido a nivel científico en el siglo VII, cuando el Corán fue revelado.
La relatividad del tiempo
Actualmente la relatividad del tiempo es un hecho científico comprobado. Fue descubierta por la teoría de la relatividad de Einstein en los primeros años del siglo XX. Hasta ese momento la gente no sabía que el tiempo era un concepto relativo, y que podía cambiar según condiciones del entorno. El famoso científico Einstein lo demostró públicamente con la teoría de la relatividad, que muestra que el tiempo depende de la masa y de la velocidad. En la historia de la humanidad nadie había expresado con claridad este hecho anteriormente. Con una excepción: ¡el Corán incluía información sobre el carácter relativo del tiempo! Algunos versículos sobre el tema afirman:
“Un día con tu Señor es como mil años de los que contáis” (Corán 22:47)
“El dispone en el cielo todo lo de la tierra. Luego todo ascenderá a El en un día cuya duración es como mil años de los que contáis” (Corán 32:5).
“Los ángeles y el Espíritu ascienden hasta El en un día cuya duración es de cincuenta mil años” (Corán 70:4).
En algunos versículos se indica que la gente percibe el tiempo de manera diferente, y que algunas veces las personas pueden percibir como un período de larga duración lo que es sólo un corto lapso de tiempo. La siguiente conversación de la gente durante su juicio en el Más Allá es un buen ejemplo de esto:
“El dirá: ‘¿Cuántos años habéis permanecido en la tierra?’ Ellos responderán: ‘Hemos permanecido un día o parte de un día. ¡Interroga a los encargados de contar!’ Dirá: ‘No habéis permanecido sino poco tiempo, si hubierais sabido…” (Corán 23:112-114).
El hecho de que la relatividad del tiempo esté tan claramente enunciada en el Corán, que comenzó a ser revelado en el 610 d.C., es otra evidencia de que es un Libro sagrado.
La proporción de lluvia
Uno de los datos que suministra el Corán sobre la lluvia consiste en que ella es derramada sobre la tierra en una medida definida. Esto se menciona en la Sura Zujruf (El lujo) en estos términos:
“Es El quien hace descender agua del cielo en una medida definida, y con ella revivimos una tierra muerta. Del mismo modo se os hará surgir (de la muerte el día de la resurrección)” (Corán 43:11).
Esta medida global de la lluvia también ha sido descubierta por las investigaciones modernas. Se estima que en un segundo se evaporan de la superficie de la tierra aproximadamente 16 millones de toneladas de agua. En un año el número asciende a 513 billones de toneladas de agua, y esta equivale a la cifra de la cantidad de la lluvia que cae sobre la tierra en el mismo período anual. Esto significa que el agua circula continuamente en un ciclo equilibrado, según una “medida” definida. La vida sobre la tierra depende de este ciclo del agua. Aunque los hombres utilizaran toda la tecnología disponible hoy día en el mundo serían incapaces de reproducir este ciclo artificialmente.
Incluso un pequeño desvío en este equilibrio provocaría rápidamente un grave desajuste ecológico que pondría fin a la vida sobre la tierra. No obstante esto nunca ocurre, y la lluvia continúa cayendo cada año exactamente en la misma proporción tal cual fue revelado en el Corán.
La formación de la lluvia
El proceso de formación de la lluvia fue un gran misterio durante largo tiempo. Sólo después que se inventara el radar meteorológico fue posible descubrir las distintas fases en la formación de la lluvia. Según las investigaciones la formación de la lluvia se produce en tres etapas. En primer lugar la “materia prima” de la lluvia asciende en la atmósfera impulsada por el viento. Luego se forman las nubes, y por último aparecen las gotas de lluvia.
El relato coránico sobre la formación de la lluvia se refiere exactamente a este proceso. En un versículo se describe el proceso de la siguiente manera:
“Dios es quien envía los vientos que levantan las nubes y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia. Cuando la derrama sobre aquellos que El quiere de Sus siervos, he aquí que estos se regocijan” (Corán 30:48).
Examinemos ahora más técnicamente las distintas etapas delineadas en el versículo.
Primera etapa: “Dios es quien envía los vientos…”.
Innumerables burbujas que se forman en los océanos están constantemente estallando y provocando así que minúsculas partículas de agua sean proyectadas hacia la atmósfera. Estas partículas, ricas en sales, son transportadas por los vientos y ascienden en la atmósfera. A dichas partículas se las denomina aerosol (dispersión coloidal de un sólido o líquido en un gas), y funcionan como trampas de agua que forman nubes de gotas juntando alrededor suyo vapor de agua que asciende desde los océanos en forma de diminutas gotitas.
Segunda etapa: “…y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros…”.
Las nubes están formadas por vapor de agua que se condensa alrededor de cristales de sal o partículas de polvo en el aire. Debido a que las gotitas de agua en estas nubes son diminutas (tienen un diámetro que oscila entre 0,01 y 0,02 mm) es que ellas pueden mantenerse suspendidas en el aire y dispersarse por el cielo. Así es como el cielo se cubre de nubes.
Tercera etapa: “…y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia…”.
Las minúsculas partículas de agua que rodean a los cristales de sal y a las partículas de polvo se condensan y espesan formando las gotas de lluvia que, al volverse más pesadas que el aire, dejan las nubes y caen al suelo en forma de aguacero.
Como vemos cada etapa en la formación de la lluvia está descripta claramente en el Corán. Y más aún, esas etapas están explicadas exactamente en su correcta secuencia. Igual que con muchos otros fenómenos naturales que se producen sobre la tierra, Dios da también respecto de éste la explicación más correcta, dándola a conocer a la gente en el Corán siglos antes de que el hombre la descubriera.
En otro versículo se da la siguiente información sobre la generación de la lluvia:
“¿No ves que Dios empuja las nubes y las agrupa, y, luego, forma pilas (nubarrones), y entonces ves salir la lluvia de ellas? El hace descender del cielo montañas (de nubes) en las cuales hay granizo, azotando con él a quien El quiere, y desviándolo de quien El quiere. El resplandor de su relámpago casi deja sin vista” (Corán 24:43).
Estudiando los tipos de nubes los científicos se han topado con sorprendentes resultados en lo referente a la formación de las nubes de lluvia. Estas se forman según un sistema y etapas definidas. Las etapas de la formación de los cumulonimbos (o cumulus nimbus), un tipo de nube de lluvia, son las siguientes:
1ª Etapa: Desplazamiento: las nubes son transportadas, esto es, empujadas por el viento.
2ª Etapa: Unión: las nubes pequeñas (cumulus), llevadas por el viento, se unen formando una nube más grande (9).
3ª Etapa: Apilamiento: cuando las nubes pequeñas se unen, las corrientes ascendentes dentro de la nube más grande se incrementan. Las corrientes ascendentes cerca del centro de la nube son más fuertes que las cercanas a los bordes, y esto provoca que el cuerpo de la nube crezca verticalmente, y así se apila hacia arriba. Este crecimiento vertical provoca que el cuerpo de la nube se estire hacia regiones más frías de la atmósfera, donde comienzan a formarse gotas de agua y granizo que crecen más y más. Cuando estas gotas de agua y granizo se vuelven demasiado pesadas para ser sostenidas por las corrientes ascendentes, comienzan a desprenderse de la nube en forma de lluvia, granizo, etc. (10).
Debemos recordar que los meteorólogos sólo recientemente han descubierto estos detalles sobre la formación de las nubes, su estructura y función, y esto gracias a la utilización de equipos modernos como aviones, satélites, computadoras, etc. Resulta evidente que Dios nos ha dado en esto una información que no podía conocerse 1400 años atrás.
Los vientos fecundantes
El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:
“Nosotros enviamos los vientos fecundadores, y así hacemos descender agua del cielo con que os damos de beber…” (15:22).
En este versículo se señala que la primera etapa en la formación de la lluvia le corresponde al viento. Hasta principios del siglo XX la única relación entre el viento y la lluvia era la ya conocida, que el viento empujaba las nubes. Sin embargo los modernos hallazgos en meteorología han demostrado el rol “fecundante” del viento en la formación de la lluvia.
Esta función fecundante del viento opera de la siguiente forma:
En virtud de la capacidad de generar espuma que tiene el agua se forman en la superficie de los océanos innumerables burbujas que, al estallar, liberan en el aire minúsculas partículas, con un diámetro de un centésimo de milímetro. Estas partículas, conocidas como “aerosoles”, se mezclan con el polvo arrastrado de la tierra por el viento, y son transportadas a las capas superiores de la atmósfera. En esas regiones elevadas donde son trasladadas por el viento las partículas entran en contacto con vapor de agua. Ese vapor se condensa alrededor de esas partículas y se convierte en gotitas de agua. Estas gotitas de agua primero se juntan formando nubes y luego caen al suelo en forma de lluvia.
Como puede verse los vientos “fecundan” el vapor de agua que flota en el aire con las partículas que arrastran desde el mar y eventualmente coadyuvan a la formación de las nubes de lluvia.
Si los vientos no poseyeran esta propiedad jamás se formarían las gotitas de agua en la atmósfera superior, y no existiría algo como la lluvia.
El punto más importante aquí es que este rol crítico del viento en la formación de la lluvia fue expuesto hace siglos en un versículo del Corán, en una época en que la gente sabía muy poco sobre los fenómenos naturales.
Los mares no se mezclan entre sí
En un versículo del Corán se describe una propiedad de los mares que sólo ha sido descubierta recientemente:
“Ha dejado fluir a los dos mares, para que converjan, pero los separa una barrera que no rebasan” (Corán 55:19-20).
Esta propiedad de los mares, que pese a estar en contacto entre sí no se mezclan, ha sido descubierta sólo recientemente por los oceanógrafos. En virtud de una propiedad física llamada “tensión superficial”, las aguas de mares vecinos no se mezclan. Esta tensión superficial, provocada por la diferencia de densidad de sus aguas, impide que éstas se mezclen, exactamente como si hubiera una delgada pared entre ellas (11).
Es notable que en una época en que la gente no tenía conocimientos de física, de la tensión superficial o de la oceanografía, este hecho fuera revelado en el Corán.
Tinieblas en los océanos y las olas internas
“O (el estado de los impíos) es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes. Tinieblas sobre tinieblas. Si extendiera su mano apenas la distinguiría. A quien Allah no le da luz no tendrá ninguna luz” (Corán 24:40).
En la obra “Océanos” se describe el ambiente general de los mares en los siguientes términos: “La oscuridad en lo profundo de mares y océanos se encuentra alrededor de los 200 m y por debajo de esta marca. A esa profundidad casi no hay luz. Por debajo de los 1000 metros no hay luz en absoluto” (12).
Actualmente conocemos la estructura general del mar, las características de los seres vivos que lo habitan, su salinidad, así como la cantidad de agua que contiene, su profundidad y superficie. Los submarinos y otros equipamientos especiales desarrollados por la moderna tecnología han permitido a los científicos obtener esta información.
El ser humano es incapaz de sumergirse más de 70 metros sin la ayuda de equipos especiales. No puede sobrevivir en absoluto en las partes profundas de mares u océanos a profundidades tales como 200 metros. Es por esta razón que sólo recientemente los científicos han descubierto estos datos sobre los océanos. Y no obstante ello, la información de que lo profundo del océano está en tinieblas fue suministrada por el Corán hace 1400 años. Y por cierto es uno de los milagros del Corán que tal dato fuera aportado en una época en que el hombre no disponía de equipos para sumergirse en las profundidades del mar.
Por otro lado, la afirmación del mismo versículo 40 de la Sura Al-Nur “…es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes…” llama nuestra atención sobre otro milagro del Corán.
Recientemente los científicos han descubierto que hay olas internas en el mar, que “se producen en la superficie de separación entre dos capas de diferente densidad”. Estas olas internas cubren el agua profunda de los mares y océanos porque ella tiene una mayor densidad que el agua que está por encima. Las olas internas actúan como las olas de la superficie, y pueden romper igual que lo hacen estas últimas. Si bien no pueden ser vistas por el ojo humano estas olas internas pueden ser detectadas estudiando los cambios de temperatura o salinidad en un lugar determinado (13).
Las afirmaciones del Corán tienen un absoluto paralelismo con la explicación que acabamos de suministrar. Sin investigar, uno sólo puede ver las olas en la superficie del mar. Es imposible que alguien supiera que existen olas internas por debajo de la superficie del mar. Y no obstante, en la Sura Al-Nur, Dios llama nuestra atención sobre otro tipo de olas que se producen en la profundidad de los océanos. Por cierto que este hecho, que los científicos han descubierto muy recientemente, muestra una vez más que el Corán es la Palabra de Dios.
La región cerebral que controla
nuestros movimientos
“Lo agarraremos por un mechón de su frente, de su frente mentirosa y pecadora” (Corán 96:15-16).
La expresión “frente mentirosa y pecadora” en el versículo citado es muy interesante. Investigaciones realizadas en años recientes revelaron que el área prefrontal, que es responsable de la administración de funciones particulares del cerebro, reside en la parte frontal del cráneo. Recién en los últimos 60 años los científicos descubrieron las funciones de esta área, algo que el Corán señaló hace 1400 años atrás. Si miramos dentro del cráneo a la altura de la frente en la cabeza encontramos allí el área frontal del cerebro. Un libro titulado “Principios de Anatomía y Fisiología”, que incluye los resultados de las últimas investigaciones sobre las funciones de esta región del cerebro, señala: “La motivación y la previsión para planear e iniciar movimientos se ubica en la porción anterior de los lóbulos frontales, en el área prefrontal. Esta es una región de asociación de la corteza…” (14).
El libro también dice: “En relación a su involucramiento con la motivación, se piensa también que el área prefrontal contiene el centro funcional para la agresión…” (15).
En suma, esta área del cerebro es responsable de la planificación, la motivación y el inicio tanto del comportamiento bueno como del pecador, y también es responsable de decir mentiras o la verdad. Es claro que la afirmación “frente mentirosa y pecadora” se corresponde completamente con las explicaciones recién suministradas. Este hecho, que los científicos han descubierto en los últimos 60 años, fue expresado por Dios en el Corán hace varios siglos.
El nacimiento de un ser humano
En el Corán se mencionan muchos y diversos temas para invitar a la gente a la fe. Dios pone como evidencia para los hombres a veces los cielos, y otras los animales o las plantas. En muchos versículos se invita a los seres humanos a reflexionar sobre su propia creación. Se les recuerda cómo vinieron al mundo, por que etapas han pasado, y cual es su esencia:
“Nosotros os hemos creado. ¿Por qué pues no aceptáis la verdad? ¿Os habéis fijado en lo que eyaculáis? ¿Lo creáis vosotros o somos Nosotros los creadores?” (Corán 56:57-59).
En muchos otros versículos se hace hincapié en el aspecto milagroso de la creación del hombre. Algunos ítems de la información contenida en esos versículos son tan detallados que es imposible que alguien que vivía en el siglo VII pudiera conocerlos. He aquí algunos:
1. El ser humano no es creado de la totalidad del semen sino de una muy pequeña porción de él (el espermatozoide).
2. Es el varón el que define el sexo de la criatura concebida.
3. El embrión humano se adhiere al útero de la madre como una sanguijuela.
4. El embrión se desarrolla en tres regiones oscuras en el útero.
Los ítems de información que se acaban de citar están muy por encima del nivel de conocimientos y comprensión de la gente que vivía en la época de la revelación del Corán. Han sido verificados por la ciencia del siglo XX y solamente gracias a la tecnología disponible en esta época.
Analicémoslos ahora uno por uno.
Una gota de semen
Los espermatozoides emprenden un viaje en el cuerpo de la madre hasta alcanzar el óvulo. Solamente un millar de los 250 millones de espermatozoides eyaculados consiguen alcanzar el óvulo. Al final de esta carrera de pocos minutos, el óvulo, cuyo tamaño es de la mitad de un grano de sal, permitirá que ingrese en él solo uno de los espermatozoides. Es decir que la creación del hombre no se produce de la totalidad del semen sino sólo de una parte ínfima del mismo. Esto es descripto en la Sura Al-Qiyamah como sigue:
“¿Supone el hombre que no van a ocuparse de él? ¿No fue él acaso una gota de esperma eyaculada?” (Corán 75:36-37).
Como vemos el Corán nos informa que el hombre se forma no de la totalidad del semen sino solo de una pequeña parte de él. El particular énfasis en esta afirmación, anunciando un hecho que recién ha descubierto la ciencia moderna, pone en evidencia que se trata de la Palabra de Dios.
El semen como mezcla de distintos componentes
El líquido que llamamos semen y que contiene a los espermatozoides no está compuesto únicamente por éstos. Por el contrario se trata de una mezcla de distintos fluidos. Estos componentes tienen diferentes funciones, tales como contener el azúcar necesario para dar energía a los espermatozoides, neutralizar los ácidos presentes en la entrada del útero, y proporcionar un ambiente resbaladizo que facilite el movimiento de los espermatozoides.
Es por cierto notable que cuando se menciona al semen en el Corán, se haga referencia a este hecho, que recién fue descubierto por la ciencia moderna, definiendo al semen como una mezcla de distintos ingredientes:
“Hemos creado al hombre de una gota mixturada para ponerle a prueba. Le hemos dado el oído y la vista” (Corán 76:2).
En otro versículo se hace nuevamente referencia al semen como una mixtura y se recalca el hecho de que el hombre es creado del “extracto” de esa mixtura:
“Aquél que ha creado todas las cosas de la mejor manera, inició la creación del hombre de arcilla; luego hizo a su progenie de un extracto [sulâla] de líquido insignificante” (Corán 32:7-8).
La palabra árabe sulâla, traducida como “extracto”, designa a la esencia o la mejor parte de una cosa. En cualquiera de sus implicaciones designa a “una parte del todo”. Esto muestra que el Corán es la Palabra de Dios que conoce la creación del hombre hasta en sus más mínimos detalles.
El sexo de la criatura concebida
Hasta hace muy poco se pensaba que el sexo de la criatura concebida era determinado por las células de la madre. O al menos se creía que el sexo se determinaba en conjunto por las células tanto del padre como de la madre. No obstante en el Corán se nos da una información diferente, ya que allí se afirma que la masculinidad o feminidad es producida por “una gota de esperma que ha sido eyaculada”.
“El ha creado ambos sexos, varón y hembra, de una gota de esperma que ha sido eyaculada” (Corán 53:45-46).
La genética y la biología molecular, disciplinas en vías de desarrollo, han validado científicamente la exactitud de esta información suministrada por el Corán. Hoy se sabe que el sexo es determinado por las células espermáticas masculinas, y que las femeninas no juegan ningún rol en este proceso.
Los cromosomas son los principales elementos en la determinación del sexo. Dos de los 46 cromosomas que determinan la estructura de un ser humano están identificados como los referidos al sexo. Estos dos cromosomas son llamados “XY” en los varones y “XX” en las mujeres, porque la forma de los cromosomas semeja esas letras. El cromosoma Y contiene los genes que codifican la masculinidad, mientras que el X los que codifican la feminidad.
La formación de un nuevo ser humano comienza con la combinación cruzada de uno de estos cromosomas, que están presentes en pares en hombres y mujeres. En las mujeres, ambos componentes de la célula sexual, que se divide en dos durante la ovulación, llevan cromosomas X. La célula sexual de un varón, por el contrario, produce dos tipos diferentes de espermatozoides, uno que contiene cromosomas X y el otro cromosomas Y. Si un cromosoma X de la mujer se une con un espermatozoide que contiene un cromosoma X, entonces la criatura es de sexo femenino. Si se une con un espermatozoide que contiene un cromosoma Y, la criatura resultante es de sexo masculino.
En otras palabras, el sexo de la criatura está determinado por cuál cromosoma del varón se une con el óvulo femenino.
Nada de esto se conocía hasta el descubrimiento de la genética en el siglo XX. De hecho, en muchas culturas, se creía que el sexo de la criatura engendrada era determinado por el cuerpo femenino. Y de ahí que las mujeres fueran censuradas cuando concebían niñas.
Sin embargo, catorce siglos antes de que se descubrieran los genes humanos, el Corán reveló información que rechazaba esta superstición indicando que el origen de la diferenciación sexual no residía en las mujeres sino en el semen proveniente de los hombres.
El “coágulo” que cuelga del útero
Si seguimos examinando los hechos que nos anuncia el Corán sobre la formación de los seres humanos, volvemos a encontrarnos con milagros científicos muy importantes.
Cuando el esperma masculino se une con el óvulo femenino se constituye la esencia del niño por nacer. Esta única célula, conocida como “cigoto” en biología, comenzará instantáneamente a reproducirse por división, y eventualmente se convertirá en un “trozo de carne” llamado embrión. Desde luego esto sólo pueden verlo los seres humanos con la ayuda de un microscopio.
El embrión, empero, no transcurre su período de desarrollo en el vacío. Se cuelga del útero como si fuera una raíz que está firmemente fijada a la tierra por sus zarcillos. A través de este contacto el embrión puede obtener las substancias esenciales para su desarrollo del cuerpo de la madre (16).
En este punto podemos hacer referencia a un significativo milagro científico revelado en el Corán. Cuando se refiere al desarrollo del embrión en el útero de la madre Dios utiliza en el Corán la palabra “alaq”.
“¡Recita en el Nombre de tu Señor que ha creado! Ha creado al hombre de un ‘alaq. Recita que tu Señor es el Más Generoso” (Corán 96:1-3).
El significado de la palabra ‘alaq en árabe es “una cosa que cuelga de algún lugar”. La palabra se utiliza literalmente, en forma habitual, para describir a la sanguijuela que se cuelga del cuerpo para succionar sangre.
No caben dudas que la utilización de un término tan adecuado para describir la situación del embrión durante su etapa de desarrollo en el útero materno, prueba una vez más que el Corán es la Palabra de Dios, el Señor de todos los mundos.

El revestimiento de los huesos con músculos
Otro aspecto importante de la información que brindan los versículos coránicos se refiere a las etapas en el desarrollo del ser humano en el útero materno. Se afirma en los versículos que primero se forman los huesos y que luego los músculos forman una envoltura alrededor de ellos.
“Luego transformamos la gota (de semen) en un coágulo, del coágulo hicimos un trozo (de carne), del trozo formamos huesos y revestimos los huesos con carne; luego hicimos de él otra criatura. ¡Bendito sea Dios, el Mejor de los Creadores!” (Corán 23:14).
La embriología es la ciencia que estudia el desarrollo del embrión en el útero materno. Hasta hace poco tiempo los embriólogos suponían que los huesos y los músculos en el embrión se desarrollaban al mismo tiempo. No obstante investigaciones microscópicas avanzadas, realizadas gracias a los nuevos avances tecnológicos, han mostrado que lo revelado en el Corán es correcto al pie de la letra.
Estas observaciones a nivel microscópico mostraron que el desarrollo dentro del útero de la madre tiene lugar exactamente de la forma descripta en el versículo. Primero el tejido cartilaginoso del embrión se osifica. A continuación células musculares que son seleccionadas de entre el tejido que rodea a los huesos comienzan a desarrollarse y los recubren.
Este proceso es descripto en la publicación científica “Developing Human” (Desarrollo humano) con las siguientes palabras: “Durante la séptima semana del desarrollo embrionario el esqueleto comienza a desplegarse a lo largo del cuerpo y los huesos toman la forma conocida. Hacia el final de la séptima semana y durante la octava los músculos toman su posición alrededor de los huesos formados” (17).
En resumen, las etapas del desarrollo embrionario del ser humano descriptas en el Corán están en perfecta armonía con los descubrimientos de la moderna embriología.
Tres etapas de oscuridad del feto en el útero
En el Corán se menciona que el hombre es creado en el útero de su madre en un proceso que involucra tres etapas:
“Os ha creado en los vientres de vuestras madres, etapa tras etapa (creación tras creación), en una triple oscuridad. Tal es Dios, vuestro Señor. Suya es la Soberanía. No hay divino sino El. ¡Cómo podéis, pues, ser tan desviados!” (Corán 39:6).
El versículo establece que el ser humano es creado en el útero materno en tres distintas etapas. La biología moderna por su lado ha descubierto que el desarrollo embriológico tiene lugar en tres regiones distintas del útero materno. Los textos de embriología que se estudian hoy en las facultades de medicina consideran esto como una información básica en la materia. Por ejemplo en la obra “Basic Human Embriology” (Embriología humana básica), texto de referencia fundamental en el campo de la embriología, este hecho se describe de esta forma: “La vida en el útero tiene tres etapas: 1ª) pre-embrionaria, durante las primeras dos y media semanas; 2ª) embrionaria, hasta el final de la octava semana; y 3ª) fetal desde la octava semana hasta el parto” (18).
Estas fases se refieren a las diferentes etapas del desarrollo. Resumidas, sus principales características son las siguientes:
—Etapa pre-embrionaria
En esta primera fase, el cigoto crece por división celular y cuando se convierte en un racimo de células se implanta a sí mismo en la pared del útero. Mientras continúa creciendo las células se organizan en tres capas.
—Etapa embrionaria
La segunda fase dura 5 semanas y media, durante las cuales el ser humano por nacer es llamado “embrión”. En esta etapa comienzan a aparecer, a partir de las distintas capas de células, los órganos y sistemas básicos del cuerpo.
—Etapa fetal
De aquí en adelante el embrión recibe el nombre de “feto”. Esta fase comienza en la octava semana de gestación y se extiende hasta el momento del nacimiento. La característica distintiva de esta etapa es que el feto semeja ya un ser humano completo, con su cara, manos y pies. Aunque tiene sólo 3 cm de longitud todos sus órganos ya están manifiestos. Esta fase dura aproximadamente 30 semanas y el desarrollo continua hasta la semana del alumbramiento.
La información sobre el desarrollo embrionario y fetal en el útero materno sólo estuvo disponible a partir de las observaciones realizadas con instrumental moderno. Pese a lo cual, como ocurre con otros muchos datos científicos, de una manera milagrosa, Dios llama nuestra atención sobre estos hechos en los versículos del Corán. El hecho de que una información tan detallada y precisa fuera suministrada por el Corán en una época en que la gente tenía muy escasa información sobre temas médicos, es una prueba incontrastable de que el Corán no es un producto humano sino la Palabra de Dios.
La leche materna
La leche materna es una incomparable mezcla de componentes creada por Dios que sirve como excelente fuente de nutrientes para el recién nacido, y además es una substancia que incrementa la resistencia a las enfermedades en el recién nacido. Ni siquiera la comida artificial para bebés producida por la moderna tecnología actual puede compararse con esta maravillosa fuente de nutrientes.
Todos los días se descubren nuevos beneficios de la leche materna. Uno de los hechos que la ciencia ha descubierto es que amamantar a los niños hasta los dos años es muy beneficioso (19). Dios nos suministró este importante dato, que fue descubierto sólo recientemente por la ciencia, hace 14 siglos en el versículo que dice “…su destete fue a los dos años”.
“Hemos encomendado al hombre que trate bien a sus padres: su madre le llevó en el vientre, fatiga tras fatiga, y su destete fue a los dos años. (Por ende, oh hombre) Sé agradecido conmigo y con tus padres; a Mí es el retorno” (31:14).
La identidad en las huellas dactilares
Mientras se afirma en el Corán que es fácil para Dios resucitar al hombre después de la muerte, se enfatiza particularmente la cuestión de las huellas dactilares:

“¿Cree el hombre que no juntaremos sus huesos? ¡Claro que sí! Somos capaces incluso de recomponer las puntas de sus dedos” (Corán 75:3-4).
La insistencia sobre las huellas dactilares en este contexto tiene un significado especial. Como es sabido las formas y detalles de las huellas dactilares son únicas para cada ser humano; no las comparte con ninguna persona que haya vivido o que viva en el futuro. Más aún, incluso los hermanos gemelos que tienen la misma secuencia de ADN poseen cada uno su propio conjunto único de huellas dactilares. Las huellas dactilares se forman antes del nacimiento y permanecen inalterables toda la vida salvo que una herida deje una cicatriz permanente. Debido a esto las huellas dactilares son utilizadas como una prueba muy importante para definir la identidad de una persona porque son exclusivas de su propietario. Esta propiedad fue descubierta a finales del siglo XIX y la ciencia de la dactiloscopía a que dio origen se ha usado desde entonces como el único método infalible para determinar la identidad. Antes de esa fecha la gente no prestaba importancia a las huellas dactilares y las consideraba simples curvas sin significado ni importancia alguna. No obstante en el Corán, Dios destaca la importancia de las huellas dactilares, que no llamaban la atención de nadie en esa época, y cuya trascendencia finalmente se descubrió actualmente.
La miel de la abeja hembra
“Tu Señor le ha inspirado a la abeja: ‘Construye moradas en las montañas, en los árboles, y también en las estructuras que erige el hombre. Luego, come de todo tipo de frutos y anda dócilmente por los caminos de tu Señor’” (Corán: 16:68-69).
En las colonias de abejas todos los integrantes tienen asignadas muchas tareas, con excepción de la abeja macho. Los machos o zánganos no contribuyen a la defensa de la colmena o a su limpieza, tampoco a la recolección de alimentos ni a la construcción de los panales o la elaboración de la miel. Su única función en la colmena es inseminar a la abeja reina.
Las abejas obreras tienen a su cargo todo el peso de la colonia y, aunque son hembras como la reina, sus ovarios no han madurado y por ende son estériles. Tienen a su cargo diversos deberes como la limpieza de la colmena, el mantenimiento de las larvas y de las abejas jóvenes, alimentar a la reina y a los zánganos, producir la miel, construir los panales de miel y repararlos, ventilar la colmena y resguardarla de ataques, recolectar materia prima como néctar, polen, agua y resina, y almacenarlos.
En la lengua árabe la declinación de los verbos es completa y permite distinguir el género del sujeto, masculino o femenino, tanto en las segundas como terceras personas. Que el Corán utilice sistemáticamente los verbos y declinaciones en femenino al referirse y dirigirse a las abejas indica que conoce que son las hembras las que trabajan en la fabricación de la miel.
No debemos olvidar que es imposible que estos datos sobre las abejas fueran conocidos hace 1400 años. Que Dios haya señalado este hecho es otro milagro del Corán.

El milagro de la miel
“Tu Señor le ha inspirado a la abeja: ‘Construye moradas en las montañas, en los árboles, y también en las estructuras que erige el hombre. Luego, come de todo tipo de frutos y anda dócilmente por los caminos de tu Señor’. De su vientre sale un jarabe de color diverso que contiene una cura para los hombres. Ciertamente hay en ello un signo para gente que reflexiona” (Corán: 16:68-69).
La miel es una “cura para los hombres” según lo establecen los versículos anteriores. Actualmente la apicultura y los productos apícolas están despertando el interés de los investigadores en los países más avanzados en el campo científico, y entre los beneficios de la miel se han enumerado los siguientes:
Fácilmente digerible: Debido a que las moléculas de azúcar de la miel pueden convertirse fácilmente en otros azúcares (p. ej. fructosa en glucosa), la miel es digerida con facilidad incluso por los estómagos más sensibles y pese a su alto contenido de acidez. Ayuda a un mejor funcionamiento de los riñones y los intestinos.
Se difunde rápidamente a través de la sangre, constituyendo una rápida fuente de energía.Acompañada con agua tibia la miel se difunde en el torrente sanguíneo en 7 minutos. Sus moléculas de monosacáridos favorecen la actividad del cerebro que es el mayor consumidor de estos azúcares. La miel es un compuesto natural de azúcares como glucosa y fructosa. Según investigaciones recientes esta única combinación de azúcares es la más efectiva para eliminar la fatiga e incrementar el desempeño atlético.
Ayuda a la formación de la sangre: la miel provee una parte importante de la energía que el cuerpo requiere para la formación de la sangre. Además ayuda a limpiar la sangre. Tiene también efectos positivos en la regulación y facilitación de la circulación sanguínea. También funciona como protección contra problemas en la circulación capilar y la arteriosclerosis.
No alberga bacterias: A esta propiedad bactericida de la miel se la denomina “efecto inhibitorio”. Varias son las causas de esta propiedad antimicrobiana de la miel: su alto contenido de azúcar que limita la cantidad de agua que los microorganismos necesitan para crecer, su alta acidez (bajo pH), y una composición que priva a las bacterias del nitrógeno necesario para su reproducción, son algunas de ellas.
Antioxidante: cualquiera que desee una vida saludable debería consumir antioxidantes. Se trata de compuestos presentes en las células que le permiten librarse de los subproductos perjudiciales de las funciones metabólicas normales. Estos elementos inhiben las reacciones químicas destructivas que provocan la putrefacción de los alimentos y muchas enfermedades crónicas. Los investigadores creen que los productos alimenticios ricos en antioxidantes pueden prevenir problemas cardíacos y el cáncer. Hay poderosos antioxidantes presentes en la miel: pinocembrin, pinobanksin, chrisin y galagin. El pinocembrin es una antioxidante que sólo existe en la miel.
Fuente de vitaminas y minerales: la miel está compuesta por azúcares como la glucosa y la fructosa y minerales como magnesio, potasio, calcio, sodio, cloro, azufre, hierro y fosfatos. Contiene vitaminas B1, B2, C, B6, B5 y B3, variando sus cantidades según las cualidades del néctar y el polen del cual se produjo. Además contiene cobre, yodo y zinc en pequeñas cantidades.
La miel se utiliza para curar heridas:
—La viscosidad de la miel provee una barrera protectora que impide que las heridas se infecten. Suministra un ambiente húmedo cicatrizante que permite que las células de la epidermis se regeneren a través del surco de la herida con la superficie de la misma, impidiendo así la deformación de la piel.
—La miel estimula la regeneración del tejido involucrado en el proceso cicatrizante. Estimula la formación de nuevos vasos capilares y el crecimiento de los fibroblastos que reemplazan el tejido conectivo en las capas más profundas de la piel, así como la producción de fibras de colágeno que fortalecen la reparación del tejido.
—La miel estimula el crecimiento de las células epiteliales que forman la nueva piel sobre una herida que está sanando. De esta forma impide la formación de costras y tejido fibroso, previniendo la necesidad de hacer injertos de piel, incluso en heridas de envergadura.
—La miel no se pega a los tejidos heridos sobre los que se aplica, por lo tanto no se arrancan tejidos nuevos ni hay dolor cuando se cambian los vendajes.
—La miel tiene una acción antiinflamatoria que reduce la hinchazón en torno de las heridas. Esto mejora la circulación y por consiguiente acelera el proceso cicatrizador. También reduce el dolor. También se reduce la exudación de fluidos de la herida en virtud de esta propiedad antiinflamatoria.
—El alto contenido de azúcar de la miel saca la linfa de la herida, la cual levanta la suciedad del cauce de la lesión.
—La miel despeja rápidamente de infección las heridas. Es muy efectiva incluso con cepas bacterianas resistentes a los antibióticos. A diferencia de los antisépticos y los antibióticos no perjudica el proceso de cicatrización debido a efectos adversos sobre los tejidos lesionados.
Se desprende de todos estos datos que la miel tiene grandes propiedades “curativas”. Sin duda es uno de los milagros del Corán que Dios, Exaltado sea, ha revelado.
Los corazones se sosiegan con
la remembranza de Dios
Según las investigaciones de David B. Larson y su equipo del Centro Nacional Americano para Investigación de la Salud (American National Health Research Center) los estudios comparativos de americanos devotos y no religiosos han dado resultados sorprendentes. Por ejemplo, las personas religiosas sufren un 60% menos de enfermedades cardíacas que aquellas que tienen poca fe o ninguna; la tasa de suicidios entre tales personas es un 100% menor, y sufren mucho menos de hipertensión arterial, y esta proporción se eleva a 7 a 1 entre los fumadores.
Los psicólogos laicos tienden a considerar estas cifras como simples “efectos psicológicos”. Es decir que la fe mejora el ánimo de la gente y esto contribuye a la salud. Esta explicación puede de hecho ser razonable, pero si se examina el tema surgen conclusiones más sorprendentes. La fe en Dios es mucho más fuerte que cualquier otra influencia psicológica. Las investigaciones a gran escala llevadas a cabo por el Dr. Herbert Benson de la Facultad de Medicina de Harvard han producido resultados notables en este campo. A pesar de que él mismo no es un creyente, el Dr. Benson ha llegado a la conclusión de que la devoción y la fe en Dios tienen un efecto más positivo en la salud humana que cualquier otra cosa. Benson afirma que ha determinado que ninguna creencia proporciona tanta paz mental como la fe en Dios.
¿Cuál es la causa de esta conexión entre la fe, el alma humana y el cuerpo? La conclusión a la que arribó Benson, un investigador laico, es, en sus propias palabras, que el cuerpo y la mente del ser humano están regulados para creer en Dios. Este hecho, que el mundo de la medicina ha comenzado lentamente a apreciar, es un secreto que fue revelado en el Corán en estos términos: “¿No es acaso con la remembranza de Dios que se sosiegan los corazones?” (Corán, sura Al-Ra’d, 13:28). La razón por la cual la gente que cree en Dios, que reza y confía en El, es psicológica y físicamente más saludable es porque están actuando de acuerdo a como fueron creados. Las filosofías y sistemas que violan los principios ínsitos en la creación del ser humano conducen siempre al sufrimiento, la inquietud, las dificultades y la infelicidad.
La medicina moderna tiende actualmente a tomar conciencia de estos hechos que brevemente hemos expuesto. Como afirma Patrick Glynn: “La investigación científica en psicología en los últimos 25 años ha demostrado que… la creencia religiosa es uno de los más consistentes correlatos en conjunto de la salud mental y la felicidad” (Glynn, “Dios. La evidencia”, ps. 61-62).

Segunda Parte:
Información sobre el futuro en el Corán
Introducción
Otro de los aspectos milagrosos del Corán es la información que reveló sobre eventos que ocurrirían en el futuro. Que esos sucesos realmente se produjeran en el tiempo es una de las pruebas de que el Corán es la Palabra de Dios. En las páginas siguientes nos extenderemos en el análisis de algunos sucesos anunciados en el Corán y que de hecho ocurrieron.
La victoria de los bizantinos
Una muestra sorprendente de la revelación que el Corán hace de hechos futuros se encuentra al principio de la Sura Rum, cuyo nombre alude a los bizantinos, es decir al Imperio Romano Oriental con sede en Bizancio. En estos versículos se afirma que el Imperio Bizantino ha sufrido una gran derrota pero que pronto alcanzará la victoria.
“Alif, lam, mim. Fueron derrotados los bizantinos en la región más baja de la tierra, pero después de su derrota obtendrán la victoria en unos pocos años. El asunto está en manos de Dios antes y después” (Corán 30:1-4).
Estos versículos fueron revelados alrededor del 620 d.C., casi siete años después de la severa derrota de los cristianos bizantinos a manos de los idólatras persas. Aún así se afirma en los versículos que los bizantinos alcanzarán en breve la victoria. De hecho Bizancio había sufrido pérdidas tan severas que parecía imposible incluso que sobreviviera, y mucho menos que obtuviera la victoria. No sólo los persas, sino también los ávaros, eslavos y lombardos constituían una severa amenaza para el imperio. Los ávaros habían llegado hasta las murallas de Constantinopla. El emperador Heraclio había ordenado que se fundiera todo el oro y la platería de las iglesias para sufragar los gastos del ejército. Cuando se vio que esto era insuficiente se fundieron once estatuas de bronce para acuñar dinero. Muchos gobernadores se habían rebelado contra el emperador Heraclio y el imperio estaba al borde del colapso. La Mesopotamia, Cilicia, Siria, Palestina, Egipto y Armenia, todas regiones que estaban en poder de Bizancio, habían caído en manos de los persas idólatras (20).
Resumiendo, todos esperaban que el Imperio Bizantino fuera destruido. Fue justo en ese momento que se revelaron los versículos de la Sura Rum, anunciando que los bizantinos triunfarían en unos pocos años. Esa victoria parecía tan improbable que los árabes politeístas pensaban que lo anunciado en el Corán nunca se volvería realidad. Siete años después de la revelación de los primeros versículos de la Sura Rum, en diciembre del 627 d.C., tuvo lugar una batalla decisiva entre los imperios persa y bizantino en Nínive. Inesperadamente el ejército de Bizancio derrotó a los persas. Unos meses más tarde los persas firmaron un acuerdo con Bizancio que los obligaba a devolver los territorios que les habían arrebatado (21).
Finalmente, la “victoria de los bizantinos” proclamada por Dios en el Corán, se convirtió milagrosamente en realidad.
Otro milagro revelado en estos versículos es el anuncio de un dato geográfico que no podía ser conocido por nadie en esa época.
En el tercer versículo de la Sura Rum se nos informa que los bizantinos han sido derrotados en “la región más baja de la tierra”. Esta expresión, adna-l-ard en árabe, es interpretada como “un lugar próximo” en muchas traducciones. No obstante ése no es el significado literal sino una interpretación figurada. La palabra adna en árabe deriva de la raíz dani, que significa “ser/estar bajo”, y en cuanto a la palabra ard, significa “mundo”, “tierra”. En consecuencia la expresión adna-l-ard significa “el lugar más bajo de la tierra”.
Algunos intérpretes del Corán, considerando la cercanía de la región en cuestión a la comarca de los árabes, prefieren el significado “cercano/próximo” de la palabra. Sin embargo el significado real de la palabra hace referencia a un importante dato geográfico que es improbable que fuera conocido en la época en que el Corán fue revelado. En efecto, cuando buscamos el lugar más bajo de la tierra nos encontramos con la región del Mar Muerto, exactamente el lugar donde fueron derrotados los bizantinos.
Y más interesante aún: las etapas cruciales de la guerra entre el Imperio Bizantino y el Persa, cuando los primeros fueron derrotados y perdieron Jerusalén, tuvieron lugar realmente en la cuenca del Mar Muerto, que está situado en la intersección de las tierras pertenecientes a Siria, Jordania y Palestina. El Mar Muerto se encuentra a 395 metros bajo el nivel del mar y es realmente la región más baja de la tierra.
Esto significa que los bizantinos fueron derrotados en la región más baja de la tierra exactamente como afirma el versículo.
Lo destacable aquí es el hecho de que la altitud del Mar Muerto sólo podía medirse con instrumental y técnicas modernas. Es imposible que antes de la época moderna alguien supiera que era la región más baja en la superficie de la tierra. Pese a esto el Corán afirma que es “la región más baja de la tierra”, evidenciando una vez más que es la Palabra de Dios.
La conquista de La Meca
“Así fue como Dios le confirmó la visión a Su Mensajero con la verdad: Entraréis en la Mezquita Sagrada si Dios quiere, a salvo, con la cabeza afeitada o los cabellos recortados y no tendréis nada que temer. El sabía lo que vosotros no sabíais y dispuso, además de ello, una conquista cercana” (Corán, 48:27).
El Profeta (BP) tuvo un sueño estando en Medina en el cual veía que los creyentes entraban en la Mezquita Sagrada y circunvalaban la Ka’bah, y le dio la buena noticia a los creyentes. Aquellos de los creyentes que habían emigrado de La Meca a Medina no habían podido retornar allí desde su partida.
Dios reveló al Profeta (BP) el versículo 27 de la Sura Al-Fath (La Victoria) para ayudarlo y apoyarlo, manifestando que el sueño era real, y que, Dios mediante, los creyentes podrían entrar en La Meca. Poco tiempo después, con el Tratado de Hudaybiyyah y la conquista de La Meca los musulmanes pudieron ingresar en la Mezquita Sagrada a salvo, tal como lo mostraba el sueño. Dios mostró así que las noticias que previamente le había transmitido al Profeta (BP) eran verdaderas.
Considerándolo más en detalle, puede decirse que el versículo 27 de la Sura Al-Fath anuncia también otra victoria que tuvo lugar antes de la conquista de La Meca. Efectivamente, como dice el versículo (“y dispuso, además de ello, una conquista cercana”), los creyentes primero conquistaron la fortaleza de Jaybar, que estaba bajo el control de los judíos, y luego entraron en La Meca.
Otros versículos en donde se anuncia como una buena nueva la conquista de La Meca son los siguientes:
“El es Quien, en el valle de La Meca, retiró de vosotros sus manos y de ellos las vuestras, después de haberos dado la victoria sobre ellos. Dios ve lo que hacéis” (Corán 48:24).
“Te hemos concedido una clara victoria, para que Dios te perdonara tus faltas pasadas y las que pudieran venir, completara Su Gracia contigo y te guiara a un camino recto. Y para que Dios te auxiliara con un auxilio definitivo” (Corán 48:1-3).
En el versículo 76 de la Sura Al-Isra [El viaje nocturno] se ha revelado que los impíos no podrán permanecer en La Meca:
“A punto han estado de intimidarte y hacer que te fueras del país. Pero quienes hubieran hecho esto sólo habrían permanecido allí poco tiempo después de ti” (Corán 17:76).
El Profeta (BP) entró en La Meca y conquistó la ciudad en el año 8º de la Hégira. Dos años más tarde los impíos abandonaron la ciudad exactamente como informó Dios en el Corán. Cuando el Profeta (BP) dio esas buenas noticias a los creyentes la cuestión parecía totalmente fuera de lugar. De hecho, la situación apuntaba en una dirección totalmente contraria, pues los politeístas parecían determinados a no permitir que los creyentes ingresaran. Esto condujo a que, aquellos que albergaban reparos en sus corazones, dudaran de las palabras del Profeta (BP). Aún así el Profeta (BP) confiaba en Dios, y no prestaba atención a lo que la gente pudiera decir. Estaba convencido de lo que Dios le había revelado y le habló a la gente sobre ello. Cabe destacar pues la importancia del milagro de que sus palabras fueran confirmadas por el Corán, y de que lo anunciado ocurriera poco tiempo después.
La tribu de Israel se llenará de una gran soberbia
“Y en el Libro decretamos para los hijos de Israel: ‘Por dos veces corromperéis la tierra y os llenaréis de una gran soberbia’. Y cuando llegó lo prometido en relación a la primera de ellas, enviamos contra ellos siervos Nuestros de una gran violencia que penetraron en las casas y fue una promesa cumplida. Luego os hicimos preponderantes sobre ellos, y os dimos más riqueza e hijos y os hicimos el grupo más numeroso” (Corán 17:4-6).
Como se revela en estos versículos, los Hijos de Israel iban a protagonizar dos corrupciones sobre la tierra. A continuación de la primera de ellas, y habiéndose llenado de “una gran soberbia”, Dios envió contra ellos un poderoso ejército. En efecto, cuando los judíos mataron al Profeta Yahia (Juan el Bautista —P.—) e intentaron matar al Profeta ‘Isa (Jesús —P.—), en otras palabras, luego de llenarse “de una gran soberbia”, al poco tiempo sufrieron el exilio de Jerusalén a manos de los romanos en el 70 d.C.
Luego del exilio de Palestina en el 70 d.C. los judíos se dispersaron por todo el mundo. Cuando este versículo le fue revelado al Profeta (BP) los judíos vivían en condiciones difíciles en varios países y no tenían un estado propio. No obstante Dios les dice allí a los Hijos de Israel que un día recobrarán su poderío.
Que esto ocurriera parecía una posibilidad muy remota cuando el Profeta (BP) vivía, pero sin embargo más tarde se produjo. Ellos retornaron a Palestina y establecieron el Estado de Israel en 1948. Es un hecho conocido que Israel, con su poderío militar, su influencia política y su ideología sionista racista provoca un intenso temor en Oriente Medio.
En este versículo con referencia a los judíos, como en otros, lo importante es que se anuncian hechos que parecen totalmente imposibles en esa época, pues no hay indicaciones ciertas de que puedan ocurrir. Todos estos ejemplos son, seguramente, otros tantos milagros del Corán.
La exploración del espacio
Las investigaciones y la exploración del espacio por el género humano comenzaron con el satélite soviético Sputnik que fue lanzado el 4 de octubre de 1957. El primer hombre en salir de la atmósfera terrestre fue el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. La primera vez que los seres humanos pisaron la Luna fue con la misión espacial de la Apollo 11 en julio de 1969.
Los avances que tuvieron en lugar en este campo y el hecho de que le fuera posible al hombre viajar al espacio fue anunciado en el Corán hace 1400 años. Dios nos llama la atención sobre este tema en el siguiente versículo del Corán:
“¡Compañía de genios y de hombres! Si podéis saliros de los confines de los cielos y la tierra, hacedlo. Pero no podréis hacerlo sino es con un poder superior [sultan]” (Corán 55:33).
La palabra árabe sultan, traducida como “un poder superior”, tiene significados tales como “fuerza”, “poder”, “soberanía”, “dominio”, “ley”, “camino”, “autoridad”, “permiso”, “dejar salir”, “justificación” y “argumento”.
Un examen atento del texto muestra que el versículo citado recalca que el hombre no podrá internarse en las profundidades del espacio y de la tierra sino es con un poder superior. Y en realidad, esta situación indicada en el Corán se ha producido gracias al avance tecnológico alcanzado en el siglo XX.
Los modernos medios de transporte
“Y los caballos, las mulas y los asnos, para que os sirvan de montura y ornato. Y El crea otras cosas que no conocéis” (Corán 16:8).
El versículo anterior indica que, además de los animales enumerados como medios de transporte, la humanidad tendrá otros de los cuales no están informados. El siguiente versículo señala el hecho de que habrá medios masivos de transporte tales como barcos:
“Tienen un signo en el hecho de que hayamos llevado a sus descendientes en la nave abarrotada. Y hemos creado para ellos otras naves semejantes en las que navegan” (Corán 36:41-42).
La tecnología aeronáutica
“Y a Suleyman (Salomón) le dimos el viento tempestuoso que sopla, que se aceleraba obedeciendo a su mandato hacia la tierra que habíamos bendecido. Tenemos un conocimiento pleno de todas las cosas” (Corán 21:81).
Como se desprende del versículo anterior Dios puso el viento al servicio del Profeta Suleyman (Salomón), y le permitió usarlo como vehículo en varias actividades. Es muy posible que haya aquí una indicación de que, como en la época del Profeta Suleyman, la energía eólica también sea utilizada por la tecnología del futuro.
“Y a Suleyman (Salomón) le subordinamos el viento, que en una mañana hace el recorrido de un mes y en una tarde el de otro…” (Corán 34:12).
La expresión “en una mañana hace el recorrido de un mes y en una tarde el de otro” en este versículo puede estar señalando que el Profeta Suleyman se desplazaba rápidamente entre diferentes regiones. En su propia época el Profeta Suleyman puede haber utilizado una tecnología similar a la aeronáutica actual, desarrollando vehículos que funcionan gracias al viento y que le permitían recorrer grandes distancias en muy corto tiempo. Pero desde luego, Dios sabe más.
Existe entonces una fuerte posibilidad de que los versículos anteriores estén haciendo referencia a la actual tecnología aeronáutica.
“El que poseía conocimiento del Libro dijo: ‘Yo te lo traeré antes de que tu mirada retorne a ti’. Y cuando lo vio instalado ante él dijo: ‘Esto es parte del favor de mi Señor para probarme si soy agradecido o ingrato…” (Corán 27:40).
La persona descripta en el versículo como “el que poseía conocimiento del Libro” dice que puede traerle al Profeta Suleyman el trono de la reina de Saba en un abrir y cerrar de ojos, en otras palabras muy rápidamente. Es muy posible que este traslado del trono de la reina de Saba se refiera a la moderna transmisión de imágenes. Otro versículo sobre este tema señala:
“Un efrit de los genios dijo: ‘Yo te lo traeré antes de que te levantes de tu asiento. Tengo poder para hacerlo y soy digno de confianza’” (Corán 27:39).
Actualmente es posible que textos, fotos, películas y todo tipo de información recorran grandes distancias gracias a la tecnología de Internet en cuestión de minutos. La descripción del traslado del trono de la Reina de Saba desde un lugar lejano podría estar indicando de que será posible hacer eso (por ejemplo mandando una imagen tridimensional o una foto) en un abrir y cerrar de ojos gracias a la red mundial. De hecho, un reporte puesto al aire por el servicio de noticias de la CNN el 17 de julio del 2002 revelaba que un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Australia en Camberra había desintegrado un rayo láser transportándolo a unos pocos metros de distancia. El director del equipo, Ping Koy Lam, anunció que aunque no les era posible transportar materia, esto no era imposible, y que en un plazo de 3 a 5 años sería posible transportar los átomos constitutivos de la materia.

Tercera Parte:
Milagros Históricos del Corán
La palabra “Haman” en el Corán
La información que da el Corán sobre el antiguo Egipto revela muchos hechos históricos que habían permanecido ignorados hasta épocas recientes. Esto nos indica que cada palabra en el Corán ha sido revelada con una sabiduría precisa.
Haman es un personaje al que se menciona en el Corán junto al faraón. Su nombre aparece en seis lugares diferentes del Corán designando a uno de los hombres más cercanos al faraón.
Es sorprendente que su nombre jamás sea mencionado en aquellas secciones de la Torá vinculadas a la vida de Moisés. Sin embargo puede encontrarse una referencia a Haman en los últimos capítulos del Antiguo Testamento, en este caso como un auxiliar del rey de Babilonia que sometió a duras crueldades a los israelitas aproximadamente 1100 años después de Moisés.
Algunos no musulmanes, que sostienen que el Profeta Muhammad (BP) escribió el Corán copiándolo de la Torá y la Biblia; aseguran también que durante ese proceso él transfirió incorrectamente al Corán algunos de los personajes mencionados en esos libros.
Lo absurdo de estas posturas quedó demostrado solamente después que se descifrara el alfabeto jeroglífico egipcio, hace unos 200 años, y se descubriera el nombre “Haman” en escritos antiguos.
Hasta el siglo XVIII los escritos e inscripciones del antiguo Egipcio no podían entenderse. Están escritos con el alfabeto jeroglífico, que la cultura egipcia abandonó hacia los siglos 2 y 3 d.C. junto con sus antiguas creencias cuando comenzó la expansión del cristianismo. El último ejemplo conocido del uso de la escritura jeroglífica es el de una inscripción datada en el 394 d.C. Ese lenguaje en consecuencia fue olvidado no quedando nadie que pudiera leerlo y entenderlo. Y esta situación se mantuvo hasta hace unos 200 años atrás…
El misterio de los jeroglíficos del antiguo Egipto fue resuelto en 1799 con el descubrimiento de una lápida de basalto negro con inscripciones llamada “Piedra de Rosetta” datada en el año 196 a.C. La importancia de esta inscripción radica en que está escrita en tres diferentes alfabetos: jeroglífico, demótico (una forma simplificada de la escritura hierática del antiguo Egipto) y griego. Con la ayuda de la versión en griego fue posible decodificar las diferentes formas de escritura del antiguo Egipto. La traducción de la inscripción fue completada por un francés llamado Jean-Françoise Champollion. De esta forma una escritura olvidada y los eventos relatados en la inscripción volvieron a ver la luz. De esta forma se pudo acceder a mucho conocimiento sobre la civilización, la religión y la vida social del antiguo Egipto.
A través de la decodificación de los jeroglíficos se revelaron muchos datos: el nombre “Haman” estaba por cierto mencionado en inscripciones egipcias. Se hace referencia al nombre en un monumento que se encuentra en el Museo Hof en Viena (22).
En el “Diccionario de la Gente del Imperio Nuevo”, que fue preparado a partir de la colección completa de inscripciones disponibles, se menciona a Haman como el “jefe de los trabajadores de las canteras de piedra” (23).
Esto saca a la luz una verdad muy importante. A pesar de las falsas aseveraciones de los adversarios del Corán, Haman fue una persona que vivió en Egipto en época de Moisés, que estaba muy cerca del Faraón, y estaba involucrado en las tareas de construcción, exactamente como se indica en el Corán.
Más aún, el versículo coránico que describe la escena en la cual el Faraón le pide a Haman que construya una torre concuerda perfectamente con estos hallazgos arqueológicos:
“Faraón dijo: ‘¡Consejo de nobles! No sé que tengáis otro dios que yo, así pues Haman cuece arcilla para mí y hazme una torre para que pueda subir hasta el dios de Moisés, pues realmente lo tengo por mentiroso’” (Corán 28:38).
En conclusión, la existencia del nombre “Haman” en los registros del antiguo Egipto no sólo volvió inútiles los alegatos fabricados por los adversarios del Corán, sino que confirmó una vez más que este Libro proviene de Dios. De una forma milagrosa el Corán nos comunica información histórica que nadie podía poseer ni comprender en la época del Profeta.
Títulos de los gobernantes egipcios en el Corán
En el Antiguo Testamento los gobernantes egipcios durante el período del Profeta Ibrahim (Abraham —P.—) y del Profeta Yusuf (José —P.—) son llamados “faraón”. No obstante el título “faraón” comenzó a utilizarse mucho después de la época de ambos profetas.
Al referirse al gobernante egipcio en la época del Profeta Yusuf (P) en el Corán se utiliza la palabra árabe al-malik, que significa “gobernante”, “rey”, “sultán”:
“El rey dijo: ‘¡Traédmelo!…’” (Corán Sura Yusuf, 12:50).
En cambio el gobernante de Egipto en la época de Moisés es designado como “faraón”. Esta distinción que efectúa el Corán no la hacen ni el Antiguo ni el Nuevo Testamentos ni tampoco los historiadores judíos, que sólo utilizan la palabra “faraón”.
En realidad el uso de la palabra faraón en el historia egipcia pertenece a un período tardío. El título de faraón comenzó a ser utilizado en el siglo 14 a.C., durante el reino de Amenhotep IV. El Profeta Yusuf vivió al menos 200 años antes de esa época.
La Enciclopedia Británica dice que la palabra faraón era un título de respeto que comenzó a ser utilizado a partir del Imperio Nuevo (comenzando con la 18ª dinastía, 1539-1292 a.C., hasta la 22ª dinastía, 945-730 a.C.), después se cambió a la palabra “rey”, añadiendo que la palabra “faraón” no era utilizada con anterioridad al período mencionado. Mayor información sobre el tema se obtiene de la Enciclopedia de la Academia Americana que afirma que el título de faraón comenzó a ser usado durante el período del Imperio Nuevo.
Como vemos el uso de la palabra faraón se remonta a un período específico de la historia. Por esta razón, la correcta distinción que efectúa el Corán —que habla de “rey” para referirse al gobernante en la época del Profeta Yusuf y de “faraón” para designarlo en la época del Profeta Moisés— es otra prueba de que el Corán es verdaderamente la Palabra de Dios.

El Profeta Moisés y el ahogamiento
de Faraón en el mar
Los reyes del antiguo Egipto, conocidos como faraones, se consideraban a sí mismos como dioses en el ámbito de la religión politeísta y supersticiosa que profesaban. En esa época, en que el pueblo de Egipto prefería la superstición a la verdad y en que los hijos de Israel se encontraban esclavizados, Dios envió al Profeta Musa (Moisés) como Su mensajero a los egipcios. Pero el pueblo egipcio en general, y el faraón y su corte en particular, rechazaron abandonar sus creencias idólatras cuando el Profeta Musa los invitó a la verdadera religión divina. Moisés señaló a faraón y sus cortesanos las cosas que debían evitar advirtiéndoles sobre la Ira de Dios. En respuesta a esto se rebelaron, acusaron al Profeta Musa de locura, hechicería y falsedad. El faraón y su pueblo rehusaron someterse, pese a las plagas que los azotaron, y se negaron a aceptar a un Dios Unico. Sostuvieron incluso que el Profeta Musa era el responsable por lo que se había abatido sobre ellos y buscaron exiliarlo de Egipto. Pero Dios salvó al Profeta Musa y a los creyentes que estaban con él e infligió un severo desastre al faraón y su pueblo. El Corán describe esta ayuda de Dios en los siguientes términos:
“E inspiramos a Musa: ‘Golpea con tu vara en el mar’, y se abrió y cada lado era como una enorme montaña. Y atrajimos allí a los otros, y salvamos a Musa y a todos los que estaban con él. Luego ahogamos a todos los demás. Verdaderamente en eso hay un signo. La mayoría de ellos no eran creyentes. Tu Señor en verdad es el Poderoso, el Misericordioso” (Corán Sura Ash-Shu’arâ [Los Poetas], 26:63-68).
El siguiente relato sobre este tema ha sido descubierto recientemente en un papiro de la época de Faraón:
“Del guardián del salón blanco del palacio, el encargado de los libros Amenamoni, al escriba Penterhor:
Cuando recibas esta carta y la leas puntualmente, tomando conciencia del desastre que herirá tu corazón y de las catástrofes que te sumirán en el escarnio, sometiendo a tu corazón a la mayor de las aflicciones como si fuera una hoja en medio de un huracán…
…el desastre, terribles dificultades lo atraparon. Dormir en las aguas hicieron del acusado alguien por el cual sentir piedad… Describe la muerte de los caudillos de las naciones y la caducidad de las canciones de los reyes. ¿Con qué noticias puedes comparar éstas que te he enviado?” (24).
Sin duda que es un importante milagro del Corán esta confirmación, por parte de la evidencia histórica contemporánea, de acontecimientos del pasado en él revelados.
El período de las calamidades
y la necedad del faraón
El faraón y sus súbditos estaban tan obstinados en su idolatría que ni siquiera los milagros del Profeta Musa (P) los hicieron arrepentirse de sus doctrinas impías. Y lo que es peor aún, expresaban esto explícitamente:

“Dijeron: ‘Sea cual fuera el signo que nos traigas para hechizarnos con él, no te creeremos’” (Corán 7:132).
Debido a su conducta Dios les infligió severas calamidades como “signos claros y distinguibles” (cfr. Corán 7:133) para que probaran también el tormento en este mundo. La primera de esas plagas fue la sequía que provocó una considerable caída de la producción agrícola. Este es el versículo del Corán que relata ese hecho:
“Y castigamos al pueblo de faraón con años de sequía y escasez de frutos. Quizás así prestaran atención” (Corán 7:130).
El sistema agrícola egipcio se apoyaba en el caudal del río Nilo y por ende no resultaba afectado por cambios en las condiciones naturales. No obstante, dado que Faraón y su círculo íntimo seguían con su actitud arrogante y soberbia hacia Dios, un desastre que les resultaba inesperado se abatió sobre ellos. Y pese a esto, en lugar de “prestar atención”, el pueblo impío consideró estos desastres como una desgracia que Musa y los hijos de Israel habían atraído sobre ellos. Después de esto Dios les infligió una serie de calamidades que están descriptas en el Corán de esta forma:
“Enviamos contra ellos la inundación, las langostas, los piojos, las ranas y la sangre, como signos claros y distinguibles, pero se mostraron soberbios, era un pueblo pecador” (Corán 7:133).
El relato coránico de estas calamidades infligidas al pueblo de Egipto fue confirmado, en primer lugar, a principios del siglo XIX, por el descubrimiento de un papiro en Egipto datado en la época del Imperio Medio. Luego de descubierto este papiro fue llevado al Museo de Leiden en Holanda y traducido allí por A. H. Gardiner. El papiro refiere de desastres en Egipto tales como hambre y sequías y la huida de los esclavos. Se desprendía además que el redactor del papiro, Ipuwer, había sido testigo de esos acontecimientos.
La cadena de plagas que cayeron sobre el pueblo de Egipto coinciden casi al detalle con los desastres descriptos en el Corán, tales como el hambre y la pestilencia (25). Estos castigos de Dios son descriptos en estos términos en el papiro de Ipuwer:
“La plaga se extiende por el país. La sangre se ve por doquier (26).
Toda el agua del río se ha vuelto sangre (27).
En verdad que ha perecido lo que ayer podía verse. La comarca ha quedado arrasada como cuando se siega el lino (28).
El Bajo Egipto llora… El palacio no recibe sus réditos. A él le pertenecen (por derecho) trigo y cebada, gansos y peces (29).
Ciertamente el grano ha perecido en cada orilla (30).
La tierra, en toda su extensión hay confusión y un alboroto terrible… Durante nueve días no ha habido salida del palacio y nadie ha podido ver la cara de su compañero… Ciudades fueron destruidas por terribles mareas… El Alto Egipto ha sufrido la devastación… hay sangre por doquier… y pestilencia en todo el país… Nadie realmente navega hacia el norte a Biblos hoy. ¿Cómo haremos por el cedro para nuestra momias?… El oro está faltando… (31).
Los hombres se apartan estremecidos de tener que probar seres humanos, y hay sed pese al agua (32).
¡Esa es nuestra agua! ¡Esa es nuestra felicidad! ¿Qué haremos sobre eso? Todo está en ruinas (33).
Las ciudades están destruidas. El Alto Egipto se ha vuelto árido (34).
La residencia está a punto de derrumbarse” (35).
La información concordante entre el Corán y el papiro respecto de los castigos sufridos por el Faraón y su pueblo, de lo cual recién hemos sido informados en el siglo XX, revela una vez más que el Corán proviene de Dios.
Hallazgos arqueológicos de la ciudad de Iram
A comienzos de 1990 aparecieron titulares en importantes periódicos con frases como “Ha sido descubierta una legendaria ciudad árabe perdida”, “Se ha encontrado la ciudad árabe de la leyenda”, “Ubar, la Atlántida de las arenas”. Lo que ha vuelto más sorprendente este hallazgo arqueológico es el hecho de que esta ciudad estaba también mencionada en el Corán. Muchas personas que pensaban que el pueblo de ‘Ad mencionado en el Corán era una leyenda o que su localización jamás sería encontrada, no podían ocultar su asombro ante este descubrimiento. El hallazgo de esta ciudad, que sólo era recordada en las tradiciones orales de los beduinos, despertó gran interés y curiosidad.
Fue Nicholas Clapp, un arqueólogo aficionado, quien encontró esta legendaria ciudad mencionada en el Corán. Como amante de la civilización árabe y premiado director de documentales, Clapp se había topado con un libro muy interesante durante sus investigaciones en historia de los árabes. Ese libro era “Arabia Felix” escrito por el investigador inglés Bertram Thomas en 1932. “Arabia feliz” era el nombre que los romanos le daban al extremo sur de la Península Arabe que hoy incluye al Yemen y parte de Omán. Los griegos llamaban a esta región “Eudaimon Arabia” y los eruditos árabes del medioevo la denominaban “Al-Yaman As-Sa’ida” (36).
Todos estos nombres significan “Arabia afortunada” porque la gente que vivía en esa región en los tiempos antiguos era conocida como la gente más afortunada de su tiempo. Ahora bien, ¿cuál era la causa de esta designación?
Su buena fortuna se debía en parte a su estratégica ubicación, que les permitía oficiar como intermediarios en el comercio de las especias entre la India y el norte de la Península. Por otro lado el pueblo que vivía en esa región producía y distribuía incienso, una resina aromática proveniente de raros árboles. Muy apreciado por las antiguas comunidades, este producto era utilizado como sahumerio en varios ritos religiosos. En aquellos tiempos ese producto era casi tan valioso como el oro.
El investigador británico Thomas describía a esas “afortunadas” tribus in extenso, y afirmaba que había encontrado rastros de una antigua ciudad fundada por esos pueblos (37). Era la ciudad conocida como “Ubar” por los beduinos. En uno de los viajes que él hizo a la región, los beduinos que vivían en el desierto le habían mostrado unas sendas muy deterioradas afirmando que ellas conducían hacia la antigua ciudad de Ubar. Thomas, quien mostraba un gran interés en el tema, murió antes de poder completar su búsqueda.
Clapp, que examinó lo que había escrito el investigador inglés, estaba convencido de la existencia de la ciudad perdida descripta en el libro. Sin perder tiempo comenzó su búsqueda.
Clapp utilizó dos caminos para probar la existencia de Ubar. Primero, encontró las sendas que los beduinos decían que existían. Recurrió a la NASA para obtener imágenes satelitales del área. Después de una larga lucha, consiguió persuadir a las autoridades para que tomaran fotos de la región (38).
Clapp siguió con el estudio de antiguos manuscritos y mapas de la Biblioteca Huntington en California. Su objetivo era encontrar un mapa de la región. Después de una breve búsqueda encontró uno. Era un mapa trazado por el conocido geógrafo greco-egipcio Ptolomeo en el 200 d.C. En el mapa figuraba la ubicación de una antigua ciudad en la región y los caminos que conducían a ella.
Entretanto, recibió noticias de que la NASA había tomado las fotos solicitadas. En las fotos se distinguían algunos senderos de caravanas que era difícil identificar a ojo desnudo y que sólo podían apreciarse en su totalidad desde el cielo. Comparando estas fotos con el viejo mapa que tenía en sus manos, Clapp finalmente llegó al resultado que anhelaba: los senderos del mapa se correspondían con los que se veían en las fotos tomadas desde el satélite. El destino final de estos senderos era un amplio solar en donde se presumía que alguna vez hubo una ciudad.
Finalmente se había descubierto la ubicación de esa legendaria ciudad que se mencionaba en las tradiciones orales de los beduinos. En poco tiempo empezaron las excavaciones y comenzaron a emerger de las arenas los restos de una antigua ciudad. Por eso fue que esta ciudad perdida fue descripta como “Ubar, la Atlántida de las arenas”.
Ahora bien, ¿qué fue lo que probó que esta urbe era la ciudad del pueblo de ‘Ad mencionada en el Corán?
A partir del momento mismo en que comenzaron a desenterrarse las ruinas quedó claro que las mismas pertenecían al pueblo de ‘Ad y eran los pilares de Iram mencionados en el Corán, porque entre las estructuras desenterradas se encontraron las torres allí mencionadas. Un miembro del equipo de investigadores que conducía la excavación, el Dr. Zarins, dijo que al ser las torres la característica distintiva de Ubar, y siendo que Iram es mencionada como poseyendo pilares o torres, esto constituye la prueba más contundente de que las ruinas descubiertas pertenecían a esa ciudad del pueblo de ‘Ad descripta en el Corán. El Corán menciona a Iram como sigue:
“¿No has visto lo que hizo tu señor con (el pueblo de) ‘Ad, de la ciudad de Iram, la de las columnas, como no se creó otra igual en todo el país?” (Corán 89:6-8).
Como puede verse, el hecho de que la información suministrada por el Corán sobre acontecimientos del pasado confirme los datos históricos recientemente obtenidos, es una evidencia más de que es la Palabra de Dios.
El pueblo de Saba y la inundación de Arim
La comunidad de Saba fue una de las mayores civilizaciones que poblaron el sur de Arabia. Las fuentes históricas suelen referir que, como la de los fenicios, era una cultura principalmente dedicada al comercio. De cualquier manera siempre se los ha considerado en los anales históricos como uno de los pueblos más civilizados y avanzados de su época. En las inscripciones de los gobernantes de Saba hay frecuentes referencias a términos tales como “restauración”, “construcción”, etc. La Represa de Ma’rib, uno de los más importantes monumentos de este pueblo, indica a las claras el nivel tecnológico que alcanzaron. El estado de Saba tenía uno de los ejércitos más poderosos de la región, y ello le permitió adoptar una política expansionista. Con su avanzada cultura, su nivel tecnológico, y su poderoso ejército el estado sabeo era una de las “superpotencias” de la región en esa época.
Este poderoso ejército de los sabeos está también descripto en el Corán. Una expresión de los comandantes del ejército de Saba, referido allí, muestra la confianza que esa fuerza armada tenía en sí misma. Los comandantes le manifestaron a su reina: “Dijeron: ‘Poseemos la fuerza y una poderosa ofensiva, pero tú tienes el comando. ¡Mira pues qué vas a ordenar!’” (27:33).
La capital del estado sabeo era Ma’rib, una ciudad muy rica gracias a su privilegiada ubicación geográfica. La ciudad capital estaba cerca del río Adhanah. El punto en que el río alcanzaba Jabal Balaq era el más adecuado para construir un dique. Aprovechando esto los sabeos construyeron una represa en ese lugar en la época en que recién despuntaba su civilización, y ello les facilitó emprender tareas de irrigación artificial. Esto les permitió alcanzar una prosperidad increíble e hizo de su capital Ma’rib una de las ciudades más desarrolladas de la época. El escritor romano Plinio, que había visitado la región y la ensalza grandemente, menciona también el notable verdor de la comarca (39).
La represa de Ma’rib tenía una altura de 16 metros, 60 metros de ancho y 620 metros de longitud. Se calcula que el área total que permitía irrigar la represa era de 9600 hectáreas, de las cuales 5300 pertenecían a la llanura del sur, y lo restante a la del norte. a estas feraces planicies se las denomina en las inscripciones sabeas “Ma’rib y dos llanuras” (40). La expresión del Corán, “dos jardines, uno a la derecha y otro a la izquierda” (cfr. Corán 34:15), hace referencia a los imponentes vergeles y viñedos en ambos valles. Gracias a esa represa y sus sistemas de irrigación la región se hizo famosa como la mejor regada y fecunda del Yemen. El francés J. Holevy y el austríaco Glaser probaron, a partir de documentos escritos, que la represa de Ma’rib existía desde tiempos antiguos. Documentos redactados en el dialecto himer consignan que esa represa hizo muy productivo el territorio.
Cuando examinamos el Corán a la luz de los datos históricos que acabamos de suministrar observamos que existe allí una sustancial coincidencia. Tanto los hallazgos arqueológicos como los datos históricos verifican lo relatado en el Corán. Tal como se menciona en los versículos ese pueblo, que no escuchaba las exhortaciones de sus profetas y rechazaba la fe con ingratitud, fue finalmente castigado con una mortal inundación. Esta inundación es descripta en el Corán en los siguientes pasajes:
“Los de Saba tenían ya un signo en su territorio: dos jardines, uno a la derecha y otro a la izquierda. ‘¡Comed del sustento de vuestro Señor, y agradecedle! Tenéis un buen país y un Señor indulgente’. Pero se desviaron y enviamos contra ellos la inundación del dique [sayl al-’arim]. Y les cambiamos aquellos dos jardines por otros dos que producían frutos amargos, tamariscos y unos pocos azufaifos. Así les retribuimos por su ingratitud. No castigamos sino a los desagradecidos” (Corán 34:15-17).
El castigo enviado a los sabeos se denomina en el Corán “sayl al-’arim” que significa “la inundación de ‘arim”, y nos informa también de la forma en que se produjo ese desastre. La palabra ‘arim significa dique o barrera. La expresión sayl al-’arim designa entonces una inundación que se produce por el colapso de esa barrera o represa. Los comentadores islámicos resolvieron lo relativo a la época y el lugar guiados por los términos utilizados en el Corán acerca de la inundación de Arim. Mawdudi escribe en su comentario:
“Tal como se utiliza en la expresión ‘sayl al-’arim’, la palabra ‘arim se deriva de árimen que era utilizada en el dialecto del Sur de Arabia y que significa ‘represa’, ‘barrera’. En las ruinas desenterradas en las excavaciones realizadas en el Yemen se encontraron inscripciones en donde esta palabra se utilizaba a menudo con este significado. Por ejemplo en las inscripciones ordenadas por Ebrehe (Abraha), el monarca etíope del Yemen, después de la restauración de la gran muralla de Ma’rib en los años 542 y 543 d.C., la palabra es usada con el sentido de una barrera (dam) en el tiempo… Por lo tanto, la expresión sayl al-’arimsignifica ‘una inundación producida por la destrucción de una represa’. ‘Y les cambiamos aquellos dos jardines por otros dos que producían frutos amargos, tamariscos y unos pocos azufaifos’ (Corán 34:16). Es decir, después del colapso de la represa, todo el país se inundó. Los canales que habían sido cavados por los sabeos y las murallas que habían sido construidas como barreras entre las montañas resultaron destruidos y el sistema de irrigación colapsó. Como consecuencia de ello toda la comarca, que antes era un vergel fecundo, se convirtió en una jungla, no quedando más frutos que los que producen algunos arbustos” (41).
El arqueólogo cristiano Werner Keller, autor del libro “La Biblia tenía razón” (Und Die Bible Hat Doch Recht), acepta que la inundación de Arim se produjo según la descripción del Corán, y escribe que la existencia de tal represa y la destrucción de todo el país por su colapso prueba que el ejemplo dado en el Corán acerca del pueblo de los jardines en verdad tuvo lugar (42).
Después del desastre de la inundación de Arim la región comenzó a convertirse en un desierto y el pueblo de Saba perdió su principal fuente de ingresos con la desaparición de sus tierras agrícolas. Recibieron así, finalmente, un terrible castigo por no agradecer a Dios y no haber respondido a su llamado a la fe.
Hallazgos arqueológicos sobre el pueblo de Zamud
De los pueblos antiguos mencionados en el Corán el de Zamud es aquel del cual poseemos mayor información actualmente. Los registros históricos dan cuenta de que verdaderamente existió un pueblo llamado Zamud.
Se piensa que la comunidad de Al-Hiyr (ashâb al-hiyr) mencionada en el Corán es el mismo pueblo de Zamud. Este último término designaría al pueblo y “Al-Hiyr” a una de las ciudades fundadas por el mismo. La descripciones del geógrafo romano Plinio coinciden con esto; él indica que Domatha y Hegra eran las localidades donde residían los zamudíes, y esta última sería la actual ciudad de Hiyr (43).
Las fuentes más antiguas que se conocen que se refieren a Zamud son los anales sobre las victorias del rey de Babilonia Sargón II (siglo VIII a.C.) quien derrotó a este pueblo en una campaña en el Norte de Arabia. Los griegos se referían a este pueblo como “Tamudaei”. Antes de la aparición del Profeta Muhammad (BP), aproximadamente entre el 400 y el 600 d.C., desaparecieron totalmente.
En el Corán los pueblos de ‘Ad y Zamud son mencionados juntos. Más aún, los versículos aconsejan a los zamudíes sacar una lección de la destrucción del pueblo de ‘Ad. Esto muestra que el pueblo de Zamud tenía información detallada sobre el de ‘Ad.

“Y recordad cuando os hizo sucesores después del pueblo de ‘Ad y os estableció en la tierra. Edificasteis palacios en las llanuras y excavasteis casas en las montañas. Recordad pues los beneficios (que habéis recibido) de Dios, y absteneos del mal y la corrupción en la tierra” (Corán 7:74).

Conclusión:
El Corán es la Palabra de Dios
Todo lo que hemos visto hasta aquí nos muestra un hecho claro: el Corán es un libro en el cual todas sus afirmaciones e historias han probado —o están probando— ser ciertas. Datos sobre temas científicos y noticias sobre eventos del pasado y el futuro, hechos que nadie podía conocer en la época en que los versículos fueron revelados. Es imposible que esa información se conociera dado el nivel tecnológico y de conocimiento imperante en ese momento. Evidentemente esto suministra una evidencia incontrastable de que el Corán no es un escrito humano, sino la Palabra de Dios Altísimo, el Originador de todo cuanto existe y que abarca todo con Su Conocimiento.
En un versículo Dios mismo afirma sobre el Corán: “¿No meditan en el Corán? Si proviniera de otro que Dios encontrarían en él muchas inconsistencias” (Corán 4:82). Y no sólo no hay inconsistencias en el Corán, sino que cada porción de información contenida en él revela cada día más y más el milagro de este libro divino. Al hombre le cabe solamente aferrarse de inmediato a este libro divino revelado por Dios convirtiéndolo en su única guía. En otros versículos Dios nos exhorta en estos términos:
“Este Corán no pudo haberlo ideado otro que Dios. Más aún, es confirmación de lo que había antes de él (de la revelación) y elucidación de la Escritura exenta de dudas que procede del Señor de los mundos.
O dicen: ‘El lo ha inventado’. Responde: ‘Traed una sura semejante y convocad para ello a quienes podáis fuera de Dios, si es que sois veraces’” (Corán 10:37-38).
“Este es un Libro que hemos revelado y una bendición. Seguidlo pues y temed (a Dios), quizás así se os tenga misericordia…” (Corán 6:155).

Cuarta Parte:
El engaño del evolucionismo
Introducción
Hemos discutido en lo que precede algunos de los milagros del Libro de Dios, que El envió a los hombres como guía y advertencia. Con estos milagros Dios nos ha dado muchas evidencias de que el Corán es el Libro de la Verdad, e invita a los hombres a reflexionar sobre él. Uno de los temas más destacados por Dios en el Corán es invitar al hombre a que reconozca en la tierra los signos de una creación carente de defectos, apreciando así el Poder Divino al recordarlos y meditar sobre ellos. En la actualidad existen, sin embargo, varias ideologías que pretenden que el hombre olvide la maravilla de la creación, tratando de divorciarlo de la religión utilizando teorías sin fundamento alguno.
La más significativa de estas ideologías es, desde luego, el materialismo.
En cuanto al darwinismo, es decir la teoría de la evolución, es el principal argumento que utiliza el materialismo —como una supuesta base científica— para sus propios fines. Esta teoría, que sostiene que la vida se originó por mero azar de la materia inanimada, de hecho ha colapsado actualmente ante la confirmación del hecho de que el universo fue creado por Dios.
Dios es Quien creó el universo y lo diseñó hasta en sus menores detalles. En consecuencia, es imposible que sea verdad la teoría de la evolución, que sostiene que los seres vivientes no son creados sino mero producto de la casualidad.
No debe sorprender, cuando examinamos la teoría de la evolución, ver que ella resulta denunciada por los mismos descubrimientos científicos. El diseño de la vida es extremadamente complejo y sorprendente. En el mundo de lo inanimado, por ejemplo, podemos examinar qué delicado es el equilibrio sobre el cual reposan los átomos; y más aún, en el mundo de la materia animada podemos observar en qué complejos diseños se agrupan esos átomos, y qué extraordinarios son los mecanismos y las estructuras que forman, tales como proteínas, enzimas, células, etc. Este extraordinario diseño de la vida invalidó los argumentos del darwinismo al final del siglo XX.
Nos hemos referido ya a este tema in extenso en otros libros, y continuaremos haciéndolo, pero pensamos que, considerando su importancia, es útil hacer también aquí un pequeño resumen.
El colapso científico del darwinismo
Aunque se trata de una doctrina que se remonta en el pasado hasta la Grecia Antigua, la teoría de la evolución avanzó considerablemente sobre todo en el siglo XIX. El trabajo más importante, que hizo que la teoría se convirtiera en el tema principal del mundo científico, fue el libro de Charles Darwin titulado “El origen de las especies” publicado en 1859. En este libro Darwin niega que las diferentes especies vivas que habitan o habitaron la tierra fueran creadas separadamente por Dios. Según Darwin, todos los seres vivientes provienen de un ancestro común y se han diversificado a lo largo del tiempo a través de pequeños cambios.
La teoría de Darwin no está basada en ningún descubrimiento científico concreto; como incluso él lo aceptó, no es más que una “presunción”. Más aún, como Darwin confiesa en el largo capítulo de su libro titulado “Dificultades de la teoría”, su hipótesis fallaba al momento de tratar de explicar muchas cuestiones críticas.
Darwin ponía toda su esperanza en los nuevos descubrimientos científicos, que esperaba resolvieran esas “dificultades de la teoría”. Sin embargo, contrariando sus expectativas, los descubrimientos científicos posteriores expandieron las dimensiones de esas dificultades.
La derrota del darwinismo por la ciencia se puede sintetizar en tres tópicos básicos:
1) La teoría no puede explicar por ningún medio cómo se originó la vida sobre la tierra.
2) No existen hallazgos científicos que muestren que los “mecanismos evolutivos” propuestos por la teoría tengan algún poder para provocar la evolución.
3) Los restos fósiles prueban exactamente lo contrario de lo que sugiere la teoría de la evolución.
La primera etapa insuperable: el origen de la vida
La teoría de la evolución postula que todas las especies vivas evolucionaron de una única célula que surgió en la tierra primitiva hace 3.800 millones de años. Cómo una única célula pudo generar millones de complejas especies vivas y, si tal evolución realmente ocurrió, porqué no pueden observarse vestigios de ella en los restos fósiles, son algunas de las cuestiones que la teoría no puede responder. Empero, y por encima de todo, en la primera etapa del alegado proceso evolutivo, habría que preguntarse: ¿cómo se originó esa “primera célula”?
Dado que la teoría de la evolución niega la creación y no acepta ningún tipo de intervención sobrenatural, sostiene que la “primera célula” fue un resultado casual de las leyes naturales sin ningún proyecto, plan u orden. Según la teoría la materia inanimada debió haber producido una célula viva por casualidad. Pero sin embargo esta es una pretensión inconsistente, incluso, con las más inconmovibles reglas de la biología.
“La vida proviene de la vida”
En su libro Darwin jamás se refiere al origen de la vida. El primitivo conocimiento científico que se tenía en su época descansaba en la suposición de que los seres vivientes tenían una estructura muy simple. Desde épocas medievales estaba ampliamente difundida la generación espontánea, una teoría que afirma que la materia inanimada puede producir directamente seres vivos. Estaba ampliamente difundida la creencia de que los insectos eran producidos por las sobras de comida, y los ratones por el trigo. Se realizaban interesantes experimentos para probar esta teoría. Se colocaba algo de trigo sobre una pieza sucia de tela y se creía que de ello se originarían ratones pasado un tiempo. De manera análoga los gusanos que aparecían en la carne se consideraban como una evidencia de la generación espontánea. Pero tiempo después se comprendió que los gusanos no aparecían sobre la carne espontáneamente, sino que surgían de las larvas depositadas allí por las moscas y que eran invisibles a ojo desnudo.
Incluso en la época en que Darwin escribió “El origen de las especies” la creencia de que las bacterias podían generarse de materia inerte era todavía ampliamente aceptada en el mundo científico. Pero cinco años después de que el libro de Darwin fuera publicado el descubrimiento de Luis Pasteur echó por tierra esta creencia, que constituía el fundamento de la evolución. Pasteur resumió la conclusión a la que había arribado después de largos estudios y experimentos con esta frase: “La hipótesis de que la materia inanimada puede originar la vida ha quedado enterrada en la historia para siempre” (44).
Los defensores de la teoría de la evolución resistieron los hallazgos de Pasteur durante largo tiempo. Pero a medida que la ciencia avanzaba y desentrañaba la compleja estructura de la célula de un ser viviente, la idea de que la vida podía producirse por azar se enfrentó con un atolladero aún mayor.
Esfuerzos que no convencen en el siglo XX
El primer evolucionista que retomó el tema del origen de la vida en el siglo XX fue el famoso bioquímico ruso Alexander Oparin. Con varias tesis en las que trabajó durante la década de 1930 trató de probar que la célula de un ser viviente podía originarse por azar. Estos estudios, sin embargo, estaban condenados al fracaso, y Oparin tuvo que hacer la siguiente confesión: “Desafortunadamente, el origen de la célula continúa siendo el punto más oscuro de toda la teoría de la evolución” (45).
Algunos evolucionistas seguidores de Oparin trataron de llevar a cabo experimentos para resolver el problema del origen de la vida. El más conocido de estos experimentos fue el que realizó el químico americano Stanley Miller en 1953. Combinando gases que sostenía existían en la atmósfera primordial de la tierra en un balón de vidrio, y bombardeándolos con energía eléctrica, Miller sintetizó varias moléculas orgánicas (aminoácidos) presentes en la estructura de las proteínas.
Habían pasado escasamente unos pocos años de este experimento —que era presentado como un paso importante para demostrar la teoría evolucionista— cuando se reveló que el mismo era inválido pues la atmósfera utilizada en el mismo era muy diferente de las condiciones reales existentes en la tierra (46).
Después de un largo silencio, Miller confesó que el medio atmosférico que había utilizado era irreal (47).
Todos los esfuerzos evolucionistas emprendidos durante el siglo XX para explicar el origen de la vida terminaron en fracaso. El geoquímico Jeffrey Bada del San Diego Scripps Institute, acepta esto en un artículo publicado en la revista Earth en 1998:
“Hoy, terminando el siglo XX, enfrentamos todavía el mayor problema sin resolver que teníamos cuando comenzó el siglo: ¿cómo se originó la vida sobre la tierra?” (48).
La compleja estructura de la vida
La razón fundamental por la cual la teoría de la evolución terminó en semejante atolladero en lo referente al origen de la vida se debe a que incluso los organismos vivientes que se supone más simples tienen estructuras increíblemente complejas. La célula de un ser viviente es más compleja que todos los productos tecnológicos producidos por el hombre. Actualmente, incluso en los laboratorios más modernos del mundo, es imposible producir una célula viva uniendo materia inorgánica.
Las condiciones requeridas para la formación de una célula son cuantitativamente demasiado grandes para ser explicadas por la casualidad. La probabilidad de que las proteínas, principales componente de las células, resulten sintetizadas por casualidad es de 1 en 10.950 para una proteína promedio compuesta de unos 500 aminoácidos. En matemáticas una probabilidad menor a 1 en 1050 es considerada prácticamente un imposible.
La molécula de ADN, que está ubicada en el núcleo de la célula y que almacena la información genética, es una base de datos increíble. Se calcula que si la información codificada en el ADN se pusiera por escrito, ello daría lugar a una inmensa biblioteca equivalente a una enciclopedia de 900 volúmenes de 500 páginas cada uno.
Y en este punto aparece un dilema muy interesante: el ADN sólo puede replicarse con la ayuda de algunas proteínas especiales (enzimas). Pero la síntesis de estas enzimas sólo puede realizarse a partir de la información codificada en el ADN. Como ambas dependen una de otra tienen que existir al mismo tiempo para replicarse. Esto lleva a un punto muerto al escenario en el cual la vida se origina por sí misma. El profesor Leslie Orgel, un reputado evolucionista de la Universidad de San Diego, California, confesó este hecho en la edición de septiembre de 1994 de la revista “Scientific American”:
“Es extremadamente improbable que las proteínas y los ácidos nucleicos, ambos estructuralmente complejos, surjan espontáneamente en el mismo lugar al mismo tiempo. Además, parece también imposible obtener uno sin el otro. Y en consecuencia, a primera vista, uno tendría que concluir que la vida, en realidad, nunca pudo originarse por medios químicos” (49).
Indudablemente, es imposible que la vida se haya originado por causas naturales, y entonces no queda sino aceptar que fue “creada” por medios sobrenaturales. Este hecho invalida explícitamente la teoría de la evolución cuyo propósito principal es negar la creación.
Los mecanismos imaginarios de la evolución
El segundo tópico importante que invalida la teoría darwinista es que los dos conceptos expuestos por ésta como “mecanismos evolutivos” se ha visto que, en realidad, no poseen ningún poder evolutivo.
Darwin basó su alegato en favor de la evolución enteramente en el mecanismo de la “selección natural”. La importancia que le adjudica a este mecanismo queda en evidencia por el título mismo de su libro: “El origen de las especies por medio de la selección natural”.
La selección natural sostiene que aquellos seres vivientes que son más fuertes y están más adaptados a las condiciones naturales de su hábitat sobrevivirán en la lucha por la vida. Por ejemplo, en una manada de ciervos amenazada por animales salvajes, aquellos que puedan correr más rápido sobrevivirán. En consecuencia, la manada de ciervos estará compuesta de los individuos más fuertes y más rápidos. Sin embargo, incuestionablemente, este mecanismo no causará que los ciervos evolucionen y se transformen en otra especie, por ejemplo, caballos.
Consecuentemente el mecanismo de la selección natural no tiene poder evolutivo. Darwin era consciente de este hecho y lo dejó expresado en su libro “El origen de las especies”:
“La selección natural no puede hacer nada hasta que ocurran variaciones favorables fortuitas” (50).

El impacto de Lamarck
Ahora bien, ¿cómo pueden ocurrir estas “variaciones favorables”? Darwin trató de responder a esta cuestión partiendo del punto de vista que el primitivo estado del conocimiento científico poseía en su época. Según el biólogo francés Lamarck, que vivió antes de Darwin, las criaturas vivas transmitían los rasgos que adquirían durante su vida a la siguiente generación, y estos rasgos acumulándose de una generación a otra provocaban la aparición de nuevas especies. Por ejemplo, según Lamarck, las jirafas evolucionaron de los antílopes; esforzándose por comer hojas de árboles altos sus cuellos fueron estirándose de una generación a otra.
Darwin da también ejemplos similares en su libro “El origen de las especies”. Por ejemplo, dice que algunos osos que se introducían en el agua para buscar comida se transformaron en ballenas con el paso del tiempo (51).
Pero no obstante, las leyes de la herencia descubiertas por Mendel y verificadas por la genética que floreció en el siglo XX, finalmente destruyeron la leyenda de que los rasgos adquiridos se trasmitían a las generaciones subsiguientes. De esta forma la selección natural perdió sustento como mecanismo evolutivo.
El neodarwinismo y las mutaciones
Para encontrar una solución, los darwinistas propusieron a finales de la década de 1930 la “moderna teoría sintética” o, como se la conoce más comúnmente, el neodarwinismo.
El neodarwinismo agregó las mutaciones, que son distorsiones producidas en los genes de los seres vivientes como resultado de factores externos tales como radiaciones o fallas en la replicación, como “causa de las variaciones favorables” además de la selección natural.
Actualmente el modelo evolucionista que persiste en el mundo es el neodarwinista. La teoría sostiene que los millones de seres vivientes presentes en la tierra son el resultado de mutaciones o desórdenes genéticos por medio de los cuales se fueron provocando cambios en numerosos órganos complejos de estos organismos, tales como oídos, ojos, extremidades, alas, etc. Sin embargo, existe un hecho científico innegable que socava esta teoría: las mutaciones no provocan una evolución en los seres vivientes; por el contrario siempre los perjudican.
La razón para esto es muy simple: el ADN tiene una estructura muy compleja y las mutaciones azarosas sólo pueden dañarla. El genetista americano B. G. Ranganathan explica esto como sigue:
“Las mutaciones son pequeñas, azarosas y dañinas. Ocurren raramente y lo mejor que puede pasar es que sea ineficaz. Estas cuatro características de las mutaciones implican que no pueden conducir a un desarrollo evolutivo. Un cambio al azar en un organismo altamente especializado o es dañino o es fútil. Un cambio al azar en un reloj pulsera no puede mejorarlo. Lo más probable es que lo perjudique o, en el mejor de los casos, que sea insustancial. Un terremoto no mejora una ciudad, la destruye” (52).
No es sorprendente que ningún ejemplo útil de mutación, esto es, que se haya constatado que mejoró el código genético, se haya observado hasta ahora. Todas las mutaciones han probado ser nocivas. La mutación, que se presenta como un “mecanismo evolutivo”, es realmente un incidente genético que daña a los seres vivientes y los incapacita. (El efecto más común de mutación en los seres humanos es el cáncer). No caben dudas que un mecanismo destructivo no puede ser un “mecanismo evolutivo”. La selección natural, por otro lado, “no puede hacer nada por sí misma” como también Darwin aceptó. Esto nos indica que no hay “mecanismos evolutivos” en la naturaleza, y si no existen difícilmente alguien pueda imaginar cómo el proceso llamado evolución tendría lugar.
Restos fósiles: no hay rastros de formas intermedias
La prueba más clara de que el escenario sugerido por la teoría evolucionista no existe son los restos fósiles.
Según la teoría de la evolución todas las especies han surgido de una precedente. Es decir que especies previas sufrieron transformaciones a lo largo del tiempo, y todas se produjeron de este modo en un proceso gradual de transformación que duró millones de años.
Si éste ha sido el caso, entonces debieron existir numerosas especies intermedias que vivieron durante este larguísimo período de transformación.
Por ejemplo, alguna especie medio-pez/medio-reptil debió haber vivido en el pasado adquiriendo, con el paso del tiempo, algunas características de reptil además de las de pez que ya tenía. O debieron existir algunos reptiles-pájaros que adquirieron más características de las aves aparte de las de reptil que ya poseían. Dado que estas especies estaban en una fase de transición, debía tratarse de seres vivos defectuosos, limitados por ciertas incapacidades. Los evolucionistas se refieren a estos seres imaginarios, que ellos creen que vivieron en el pasado, como “formas transitorias”.
Si tales animales realmente han existido, deberían haber sido millones, o incluso miles de millones en cuanto a su número y variedad. Y más importante todavía, los restos de estos extraños seres deberían estar presentes en los restos fósiles. En “El origen de las especies” Darwin explicaba:
“Si mi teoría es cierta, innumerables variedades intermedias, como eslabones cercanos de todas las especies de un mismo grupo, ciertamente deben haber existido… Consecuentemente, evidencia de su existencia previa sólo podría hallarse entre los restos fósiles” (53).
Las esperanzas de Darwin se hicieron pedazos
Pese a que los evolucionistas han realizado enérgicos esfuerzos en todo el mundo para encontrar fósiles desde mediados del siglo XIX, todavía no se han descubierto formas intermedias. Todos los fósiles desenterrados en las excavaciones muestran que, contrariamente a las expectativas de los evolucionistas, todas las formas de vida aparecieron sobre la tierra en forma repentina y completamente formadas.
Un paleontólogo británico, Derek V. Ager, admite este hecho aunque él es un evolucionista:
“La cuestión que surge es que, si nosotros examinamos en detalle los restos fósiles, sea a nivel de órdenes o de especies, encontramos —una y otra vez— no una evolución gradual, sino una explosión repentina de un grupo a expensas de otro” (54).
Esto significa que en los restos fósiles todas las especies surgen repentinamente y completamente formadas, sin ninguna forma intermedia en el medio. Esto es exactamente lo opuesto de las presunciones de Darwin. Y además es una evidencia muy fuerte de que los seres vivientes son creados. La única explicación para que una especie viviente aparezca repentinamente y completa en todos sus detalles, sin ningún ancestro del cual haya evolucionado, es que fue creada. Este hecho es admitido también por el ampliamente conocido biólogo evolucionista Douglas Futuyma:
“La creación y la evolución, entre ambas, agotan todas las explicaciones posibles para el origen de los seres vivientes. Los organismos vivos o bien aparecen sobre la tierra completamente desarrollados o no lo hacen. Si no lo hacen deben haber evolucionado de especies preexistentes por algún proceso de modificación. Y si aparecen en un estado completamente desarrollado, deben haber sido creados por alguna inteligencia omnipotente” (55).
Los fósiles muestran que los seres vivientes aparecieron sobre la tierra completamente desarrollados y en un estado perfecto. Esto significa que “el origen de las especies”, contrariamente a lo que suponía Darwin, no es la evolución sino la creación.
El cuento de la evolución humana
El tema que traen a colación más a menudo los defensores de la teoría evolucionista es el del origen del hombre. La tesis darwinista sostiene que el hombre moderno actual evolucionó de algún tipo de criatura simiesca. Durante este supuesto proceso evolutivo, que se supone comenzó hace 4-5 millones de años, se afirma que han existido algunas “formas de transición” entre el hombre moderno y sus ancestros. Según este escenario completamente imaginario, existen cuatro “categorías” básicas:
1. Australopithecus
2. Homo habilis
3. Homo erectus
4. Homo sapiens
Los evolucionistas llaman “Australopithecus” al primero de estos ancestros similares a los simios, palabra que significa “simio sudafricano”. Esos seres no eran en realidad más que una antigua especie de simios que se ha extinguido. Profundos estudios realizados sobre varios especímenes del Australopithecus por dos anatomistas mundialmente famosos de Inglaterra y EE.UU., Lord Solly Zuckerman y el Prof. Charles Oxnard, han mostrado que esos fósiles pertenecen a una especie ordinaria de simio que se ha extinguido y que no presenta semejanzas con los seres humanos (56).
Los evolucionistas clasifican a la siguiente etapa de la evolución humana como “homo”, es decir “hombre”. Según sus afirmaciones las criaturas de la serie “homo” están más desarrolladas que el Australopithecus. Pero lo que hacen es inventar un esquema evolutivo imaginario ordenando diferentes fósiles de esas criaturas en un cierto orden. Este esquema es imaginario porque jamás se ha probado que exista una relación evolutiva entre estas diferentes clases. Ernst Mayr, uno de los principales defensores de la teoría de la evolución en el siglo XX, admite este hecho diciendo que “la cadena que llega hasta el homo sapiens está en realidad perdida” (57).
Delineando la cadena de eslabones en la forma “Australopithecus > Homo habilis > Homo erectus > Homo sapiens” los evolucionistas dan a entender que cada una de estas especies es ancestro de la siguiente. Pero sin embargo, recientes descubrimientos de los paleoantropólogos han revelado que el Australopithecus, el Homo habilis y el Homo erectus han vivido en diferentes partes del mundo al mismo tiempo (58).
Más aún, ciertos segmentos de humanos clasificados como Homo erectus han vivido hasta épocas muy modernas. El Homo sapiens neanderthalensis y el Homo sapiens sapiens (el hombre moderno) coexistieron en la misma región (59).
Esta situación claramente indica la invalidez de la hipótesis que sostiene que son ancestros unos de otros. Un paleontólogo de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould, explica este punto muerto de la teoría de la evolución, aunque él mismo es un evolucionista, en estos términos:
“¿Qué ha pasado con nuestra escalera si existen tres linajes de homínidos coexistentes (australopithecus africanus, el robusto australopithecus, y el homo habilis), ninguno claramente derivado del otro? Más aún, ninguno de los tres muestra tendencias evolutivas durante su estancia en la tierra” (60).
En resumen, el escenario de la evolución humana que se presenta en los medios de comunicación y en los textos escolares apoyado en varios dibujos de algunas criaturas “mitad simios, mitad humanos”, es, francamente hablando, simple propaganda, pues no es otra cosa que un cuento sin ningún fundamento científico.
Lord Solly Zuckerman, uno de los más famosos y respetados científicos del Reino Unido, que llevó a cabo investigaciones sobre este tema durante mucho tiempo, y que en particular estudió los fósiles del Australopithecus durante 15 años, llegó finalmente a la conclusión —pese a que él es un evolucionista— de que, en realidad, no existe ninguna ramificación evolutiva que, partiendo de esas criaturas parecidas a los simios, termine en el hombre.
Zuckerman es autor además de una interesante “clasificación de la ciencia”. Elaboró un cuadro jerárquico de las disciplinas científicas ordenándolas desde las que él considera científicas hasta las que considera a-científicas. Según la clasificación de Zuckerman, los campos de la ciencia más “científicos” —es decir, dependientes de datos concretos— son la química y la física. Después de ellos vienen las ciencias biológicas y luego las ciencias sociales. Al final de la tabla, que es la parte considerada más “a-científica”, están la “percepción extrasensorial” —temas tales como la telepatía y el sexto sentido— y finalmente la “evolución humana”. Zuckerman explica así su razonamiento:
“Nos desplazamos entonces fuera del registro de las verdades objetivas para entrar en el campo de la ciencia biológica presuntiva, como la percepción extrasensorial o la interpretación de la historia fósil del hombre, donde para el convencido (evolucionista) todo es posible, y donde el ardiente creyente (en la evolución) es algunas veces capaz de creer varias cosas contradictorias al mismo tiempo” (61).
La tecnología presente en el ojo y el oído
Otra cuestión que todavía no ha contestado la teoría evolucionista es la referida a la excelente calidad perceptiva del ojo y el oído.
Antes de seguir con el tema del ojo, respondamos brevemente a la pregunta “¿cómo vemos?”. Los rayos de luz que vienen de un objeto se reflejan invertidos en el fondo de la retina del ojo. Allí esta luz es transmitida como señales eléctricas por las células hasta un punto diminuto ubicado en la parte posterior de la corteza cerebral llamado centro de la visión. Estas señales eléctricas son percibidas en este centro del cerebro como una imagen después de una serie de procesos. Con este bagaje técnico pensemos ahora un poco.
El cerebro está aislado de la luz. Esto significa que en el interior del cerebro hay una oscuridad total y que la luz no llega al lugar en donde está situado. El lugar denominado “centro de la visión” es un sector totalmente a oscuras donde no llega ninguna luz; podría ser incluso el lugar más oscuro que Uds. hayan conocido jamás. Y sin embargo podemos observar un mundo brillante y luminoso en esa pulgada de oscuridad.
La imagen formada en el ojo es tan definida y precisa que incluso la tecnología del siglo XX ha sido incapaz de obtenerla. Por ejemplo, miren el libro que están leyendo, las manos con las cuales lo sostienen, luego levanten la vista y miren alrededor suyo. ¿Han percibido alguna vez una imagen tan clara y definida como ésta en algún otro lugar? Ni siquiera las más desarrolladas pantallas de televisión producidas por los grandes fabricantes mundiales pueden suministrarle una imagen tan bien definida. Es una imagen tridimensional, en colores, y extremadamente definida. Durante más de 100 años miles de ingenieros han tratado de reproducir esta definición. Se han establecido fábricas y grandes premisas, se han hecho grandes investigaciones, y se han elaborado planes y diseños con este propósito. Nuevamente, mire la pantalla del televisor y luego el libro que tiene entre sus manos, y percibirá la enorme diferencia en cuanto a claridad y definición. Además, la pantalla del televisor sólo les muestra una imagen bidimensional, mientras que con sus ojos ustedes obtiene una perspectiva tridimensional que posee profundidad.
Durante muchos años decenas de miles de ingenieros han tratado de hacer una televisión tridimensional que alcance la calidad de visión del ojo humano. Y efectivamente, han fabricado un sistema de televisión tridimensional, pero es imposible verlo sin colocarse anteojos especiales; y además es sólo un efecto tridimensional artificial. El fondo se ve borroso y el primer plano parece un escenario de papel. Nunca ha sido posible reproducir una visión tan precisa y definida como la del ojo. Tanto en la cámara como en la televisión hay una pérdida de calidad de la imagen.
Los evolucionistas sostienen que el mecanismo que produce esta imagen precisa y definida se ha producido por mero azar. Ahora bien, si alguien le dice a ustedes que el televisor que tienen en su habitación se formó al azar, que todos sus átomos simplemente se juntaron y produjeron ese dispositivo que produce imágenes, ¿qué pensarían? ¿Cómo pueden los átomos hacer lo que miles de personas no pueden?
Si un artefacto que produce una imagen más primitiva que la del ojo no pudo haberse formado por azar, entonces es evidente que el ojo y la imagen que percibe no pueden ser producto de la casualidad. La misma situación se aplica al oído. El oído externo recoge los sonidos disponibles por medio del pabellón auricular y los dirige hacia el oído medio; el oído medio transmite las vibraciones sonoras intensificándolas; el oído interno envía estas vibraciones sonoras al cerebro traduciéndolas en señales eléctricas. Igual que con el ojo, el acto de oír finaliza en el centro de audición del cerebro.
Lo que ocurre con el ojo también es verdad para el oído. Esto es, el cerebro está aislado del sonido igual como lo está de la luz: no lo alcanza ningún sonido. Por consiguiente, no importa qué ruidoso pueda ser el exterior, el interior del cerebro está en completo silencio, y sin embargo es capaz de percibir los sonidos más delicados. En su cerebro, que está aislado del sonido, usted escucha las sinfonías que ejecuta una orquesta, y oye todos los sonidos en un lugar concurrido. Y así y todo, si el nivel de sonido en su cerebro fuera medido con instrumental de precisión en ese mismo momento, se vería que prevalece allí un completo silencio.
Como en el caso de las imágenes, se han invertido décadas de esfuerzo tratando de generar y reproducir sonido que sea fiel al original. Resultado de esos esfuerzos son los grabadores, los sistemas de alta fidelidad y de sonido envolvente. Pero a pesar de toda esta tecnología y de los miles de ingenieros y expertos que han trabajado en el intento, no se ha podido obtener todavía un sonido con la misma claridad y definición que el percibido por el oído. Pensemos en el mejor sistema de alta fidelidad producido por la mayor compañía de la industria de la música; incluso en este aparato, cuando se graba sonido, algo se pierde; cuando se enciende el reproductor de alta fidelidad se escucha un siseo antes de que empiece la música. No obstante, los sonidos percibidos por la tecnología del cuerpo humano son extremadamente definidos y claros. El oído humano jamás percibe un sonido introduciéndole un siseo o ruido por descargas en la atmósfera; lo percibe exactamente como es, definida y claramente. Y así ha sido desde que el hombre fue creado.
Hasta ahora, ningún aparato producido por el hombre que reproduzca imágenes o grabe sonidos ha logrado ser tan sensible para captar datos sensoriales como el ojo y el oído humanos.
Por otro lado, y en lo que concierne a la vista y el oído, hay todavía una cuestión subyacente mucho más importante.
¿A quién pertenece la conciencia que
ve y escucha dentro del cerebro?
¿Quién es el que observa un mundo seductor en su cerebro, escucha sinfonías y el gorjeo de los pájaros, y huele las rosas?
Los estímulos que provienen de los ojos, oídos y nariz de un ser humano viajan al cerebro en forma de impulsos nerviosos electro-químicos. En los textos de biología, fisiología y bioquímica se pueden encontrar muchos detalles sobre la manera en que estas imágenes (sonidos, olores) se forman en el cerebro. Y sin embargo uno jamás se cruza con el hecho más importante en este tema: ¿quién es el que percibe estos impulsos nerviosos electro-químicos como imágenes, sonidos, olores y estímulos sensorios en el cerebro? Hay una conciencia en el cerebro que percibe todo esto independientemente del ojo, el oído o la nariz. ¿A quién pertenece esta conciencia? No hay duda que esta conciencia no pertenece a la masa de nervios, neuronas y células de soporte que constituyen el cerebro. Por esto es que los darwinistas materialistas, que creen que todo está contenido en la materia, no pueden dar una respuesta a estas cuestiones.
Esta conciencia es el espíritu creado por Dios. El espíritu no necesita ni del ojo para ver las imágenes ni del oído para escuchar los sonidos. Más aún: no necesita del cerebro para pensar.
Cualquiera que tome conciencia de este hecho científico explícito debería reflexionar sobre Dios Altísimo, debería temerle y buscar refugio en El, pues El es Quien comprime todo el universo en un lugar oscurísimo de unos pocos centímetros cúbicos, representándolo allí de forma tridimensional, colorida y luminosa.
Una fe materialista
La información que hemos presentado hasta aquí nos muestra que la teoría de la evolución es una tesis evidentemente en contradicción con los hallazgos científicos. Las hipótesis de la teoría sobre el origen de la vida son inconsistentes con la ciencia; los mecanismos evolutivos que propone no tienen poder para provocar la evolución, y los fósiles demuestran que las formas intermedias requeridas por la teoría jamás existieron. Por ende, la consecuencia obvia es que la teoría de la evolución debe ser desechada por anticientífica. Así es como se ha procedido con muchas ideas, como por ejemplo con el modelo de un universo centrado en la tierra (geocéntrico), que fueron eliminadas de la agenda científica a lo largo de la historia.
Pero sin embargo la teoría de la evolución presiona para mantenerse en la agenda científica. Algunas personas incluso tratan de presentar a las críticas dirigidas contra la teoría como un “ataque contra la ciencia”. ¿Por qué?
La razón de esto es que la teoría de la evolución es una creencia dogmática indispensable para algunos círculos. Estos círculos profesan una devoción ciega a la filosofía materialista y han adoptado el darwinismo porque es la única explicación materialista que puede ofrecerse para el funcionamiento de la naturaleza.
Es interesante constatar que ellos también confiesan esto de tanto en tanto. Un famoso genetista y declarado evolucionista de la Universidad de Harvard, Richard C. Lewontin, confiesa que él es “primero y ante todo un materialista y luego un científico”:
“No es que los métodos e instituciones de la ciencia nos obliguen de alguna manera a aceptar una explicación material para los fenómenos naturales, sino que, por el contrario, estamos forzados por nuestra adhesión ‘a priori’ a las causas materiales, a crear instrumentos de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materiales, no importa cuán anti-intuitivas y desconcertantes puedan resultar para los no iniciados. Más aún, el materialismo es absoluto, y por ende no podemos permitir un Pie Divino en la puerta” (62).
Existen afirmaciones explícitas de que el darwinismo es un dogma que se mantiene vivo por su adhesión a la filosofía materialista. Este dogma sostiene que sólo la materia existe, y en consecuencia argumenta que la materia inanimada e inconsciente creó la vida. Insiste en que los millones de diferentes especies de seres vivientes —pájaros, peces, jirafas, tigres, insectos, árboles, flores, ballenas, seres humanos— han surgido como resultado de interacciones entre la materia inanimada, como puede ser la lluvia que cae, la luz de un relámpago, etc. Este es un precepto que contraría tanto a la razón como a la ciencia. Aún así los darwinistas continúan defendiéndolo precisamente para “no permitir un Pie Divino en la puerta”.
Cualquiera que reflexione sobre el origen de los seres vivientes sin prejuicios materialistas arribará a una verdad evidente: todos los seres vivos son obra de un Creador, Todopoderoso, Sabio y Conocedor de todo. Este Creador es Dios, que creó todo el universo de la nada diseñándolo en la forma más perfecta, y conformó análogamente a todos los seres vivientes.
“Ellos dijeron: ‘¡Glorificado seas! No tenemos conocimiento salvo lo que Tú nos has enseñado. Tú eres el Omnisciente, el Sabio” (Corán 2:32).

Notas
(1) Dr. Hugh Ross, Big Bang Refined by Fire, 1998. Reasons To Believe (Razones para creer), Pasadena, California. http://www.jps.net/bygrace/index.html.
(2) Michael Pidwirny, “Atmospheric Layers” (Capas Atmosféricas), Octubre 17, 1996, http://royal.okanagan.bc.ca/mpidwirn/atmosphereandclimate/atmslayers.html.
(3) Numerical Prediction Models used by NWS (Modelos de predicción meteorológica usados por NWS); http:// http://www.tpub.com/weather3/4-27.htm.
(4) Carolyn Sheets, Robert Gardner, Samuel F. Howe, General Science (Ciencia General), Allyn and Bacon Inc. Newton, Massachusetts, 1985, ps. 305.
(5) SAR Interferometry and Surface Change Detection, VI. Topography, Tectonics and Erosion (SAR Interferometría y Detección de Cambios en la Superficie, VI. Topografía, Tectónica y Erosión); http://southport.jpl.nasa.gov/scienceapps/dixon/report6.html.
(6) Carolyn Sheets, Robert Gardner, Samuel F. Howe; General Science (Ciencia General), Allyn and Bacon Inc. Newton, Massachusetts, 1985, p. 305.
(7) National Geographic Society, Powers of Nature (Fuerzas de la Naturaleza), Washington D.C., 1978, ps. 12-13.
(8) Dr. Mazhar, U. Kazi, 130 Evident Miracles in the Qur’an (130 Milagros evidentes en el Corán), Crescent Publishing House, New York, 1997, ps. 110-111.
(9) Richard A. Anthes, John J. Cahir, Alistair B. Fraser, Hans A. Panofsky, The Atmosphere (La Atmósfera), 3ª edición, Columbus, Charles E. Merrill Publishing Company, 1981, ps. 268-269; Albert Millers, Jack C. Thompson, Elements of Meteorology (Elementos de Meteorología), 2ª edición, Columbus, Charles E. Merrill Publishing Company, 1975, p. 141.
(10) Richard A. Anthes, John J. Cahir, Alistair B. Fraser, Hans A. Panofsky, The Atmosphere (La Atmósfera), 1981, p. 269; Albert Millers, Jack C. Thompson, Elements of Meteorology (Elementos de Meteorología), 1975, ps. 141-142.
(11) Davis, Richard A., Principles of Oceanography (Principios de Oceanografía), Addison-Wesley Publishing Company, Don Mills, Ontario, ps. 92-93.
(12) Elder, Danny; John Pernetta, Oceans (Océanos), Mitchell Beazley Publishers, London, 1991, p. 27.
(13) Gross, M. Grant; Oceanography, a View of Earth (Oceanografía: una visión de la Tierra), 6ª edición, Englewood Cliffs, Prentice-Hall Inc., 1993, p. 205.
(14) Seeley, Rod R.; Trent D. Stephens; y Philip Tate, 1996, Essentials of Anatomy & Physiology (Elementos de Anatomía y Fisiología), 2ª edición, St. Louis, Mosby-Year Book Inc., p. 211; Noback, Charles R.; N. L. Strominger; y R. J. Demarest, 1991, The Human Nervous System, Introduction and Review (El Sistema Nervioso Humano. Introducción y análisis), 4ª edición, Philadelphia, Lea & Febiger, ps. 410-411.
(15) Seeley, Rod R.; Trent D. Stephens; y Philip Tate, Essentials of Anatomy & Physiology (Elementos de Anatomía y Fisiología), 2ª edición, St. Louis, Mosby-Year Book Inc., 1996, p. 211.
(16) Moore, Keith L., E. Marshall Johnson, T. V. N. Persaud, Gerald C. Goeringer, Abdul-Majeed A. Zindani, y Mustafa A. Ahmed, Human Development as Described in the Qur’an and Sunnah (El desarrollo humano tal cual es descripto en el Corán y la Sunnah), Makkah, Commission on Scientific Signs of the Qur’an and Sunnah (Comisión sobre los milagros científicos del Corán y la Sunnah), 1992, p. 36.
(17) Moore, Developing Human (Desarrollo humano), 6ª edición, 1998.
(18) Williams P., Basic Human Embryology (Embriología humana básica), 3ª edición, 1984, p. 64.
(19) Rex D. Russell, Design in Infant Nutrition (Planificación de la nutrición infantil), http:// www. icr.org/pubs/imp-259.htm.
(20) Warren Treadgold, A History of the Byzantine State and Society (Historia del Estado y la Sociedad Bizantinos), Stanford University Press, 1997, ps. 287-299.
(21) Warren Treadgold, A History of the Byzantine State and Society (Historia del Estado y la Sociedad Bizantinos), Stanford University Press, 1997, ps. 287-299.
(22) Walter Wreszinski, Aegyptische Inschriften aus dem K.K. Hof Museum in Wien, J. C. Hinrichs’ sche Buchhandlung, 1906.
(23) Hermann Ranke, Die Ägyptischen Personennamen, Verzeichnis der Namen, Verlag Von J. J. Augustin in Glückstadt, Band I, 1935, Band II, 1952.
(24) Museo Británico, papiro egipcio Nº 6.
(25) Rabbi Mordechai Becher, “The Ten Plagues Live from Egypt” (Las diez plagas de Egipto), http://www.ohr.org.il/special/pesach/ipuwer.htm.
(26) “The First Nine Plagues” (“Las primeras nueve plagas”), The Plagues of Egypt, Admonitions of Ipuwer(Las Plagas de Egipto, Advertencias de Ipuwer) 2:5-6; http://www.mystae.com/restricted/streams/thera/plagues.html.
(27) “The First Nine Plagues” (“Las primeras nueve plagas”), The Plagues of Egypt, Admonitions of Ipuwer(Las Plagas de Egipto, Advertencias de Ipuwer) 2:10; http://www.mystae.com/restricted/streams/thera/plagues.html.
(28) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 5:12; http://www.students.itu.edu.tr/~kusak/ipuwer.htm.
(29) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 10:3-6; http://www.students.itu.edu.tr/~kusak/ipuwer.htm.
(30) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 6:3; http://www.students.itu.edu.tr/~kusak/ipuwer.htm.
(31) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer); http://www.mystae.com/restricted/streams/thera/plagues.html.
(32) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 2:10; http://www.students.itu.edu.tr/~kusak/ipuwer.htm.
(33) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 3:10-13; http://www.students.itu.edu.tr/~kusak/ipuwer.htm.
(34) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 2:11; http://www.geocities.com/regkeith/linkipuwer.htm.
(35) Admonitions of Ipuwer (Las advertencias de Ipuwer) 7:4; http://www.geocities.com/regkeith/linkipuwer.htm.
(36) Kamal Salibi, A History of Arabia (Historia de Arabia), Caravan Books, 1980.
(37) Bertram Thomas, Arabia Felix: Across the “Empty Quarter” of Arabia (Arabia Felix: A través de la “región vacía” de Arabia), New York: Schrieber’s Sons 1932, p. 161.
(38) Charlene Crabb, “Frankincense”, Discover, January 1993.
(39) Hommel, Explorations in Bible Lands (Exploraciones en tierras bíblicas), Philadelphia: 1903, p. 739.
(40) “Marib”, Islam Ansiklopedisi: Islam Alemi, Tarihi, Cografya, Etnografya ve Bibliyografya Lugati(Encyclopedia of Islam: Islamic World, History, Geography, Ethnography, and Bibliography Dictionary [Enciclopedia del Islam: Diccionario del mundo islámico, historia, geografía, etnografía y bibliografía]), Vol. 7, ps. 323-339.
(41) Mawdudi, Tefhimul Kuran, Vol. 4, Istanbul: Insan Publications, p. 517.
(42) Werner Keller, Und die Bibel hat doch recht (The Bible as History; a Confirmation of the Book of Books [La Biblia como historia: una confirmación del Libro de libros]), New York: William Morrow, 1956, p. 207.
(43) “Hicr”, Islam Ansiklopedisi: Islam Alemi, Tarihi, Cografya, Etnografya ve Bibliyografya Lugati(Encyclopedia of Islam: Islamic World, History, Geography, Ethnography, and Bibliography Dictionary [Enciclopedia del Islam: Diccionario del mundo islámico, historia, geografía, etnografía y bibliografía]), Vol. 5/1, p. 475.
(44) Sidney Fox, Klaus Dose, Molecular Evolution and The Origin of Life (Evolución molecular y el origen de la vida), New York: Marcel Dekker, 1977. p. 2.
(45) Alexander I. Oparin, Origin of Life (El origen de la vida), (1936) New York, Dover Publications, 1953 (Reprint), p. 196.
(46) “New Evidence on Evolution of Early Atmosphere and Life” (Nueva evidencia sobre la evolución en la atmósfera primitiva y la vida), Bulletin of the American Meteorological Society, Vol. 63, November 1982, ps. 1328-1330.
(47) Stanley Miller, Molecular Evolution of Life: Current Status of the Prebiotic Synthesis of Small Molecules(Evolución molecular de la vida: estado actual de la síntesis de pequeñas moléculas prebióticas), 1986, p. 7.
(48) Jeffrey Bada, Earth (Tierra), February 1998, p. 40.
(49) Leslie E. Orgel, “The Origin of Life on Earth” (El origen de la vida en la Tierra), Scientific American, Vol 271, October 1994, p. 78.
(50) Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition (El origen de las especies: un facsímil de la primera edición), Harvard University Press, 1964, p. 189.
(51) Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition (El origen de las especies: un facsímil de la primera edición), Harvard University Press, 1964, p. 184.
(52) B. G. Ranganathan, Origins? (¿Orígenes?), Pennsylvania: The Banner Of Truth Trust, 1988.
(53) Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition (El origen de las especies: un facsímil de la primera edición), Harvard University Press, 1964, p. 179.
(54) Derek A. Ager, “The Nature of the Fossil Record” (La naturaleza de los registros fósiles), Proceedings of the British Geological Association, vol. 87, 1976, p. 133.
(55) Douglas J. Futuyma, Science on Trial (La ciencia puesta a prueba), New York: Pantheon Books, 1983. p. 197.
(56) Solly Zuckerman, Beyond The Ivory Tower (Más allá de la torre de marfil), New York: Toplinger Publications, 1970, p. 75-94; Charles E. Oxnard, “The Place of Australopithecines in Human Evolution: Grounds for Doubt” (El lugar del Australopithecus en la evolución humana: bases para dudar), Nature, Cilt 258, p. 389.
(57) J. Rennie, “Darwin’s Current Bulldog: Ernst Mayr” (Ernst Mayr: el bulldog actual de Darwin), Scientific American, December 1992.
(58) Alan Walker, Science (Ciencia), vol. 207, 1980, p. 1103; A. J. Kelso, Physical Antropology (Antropología Física), 1ª ed., New York: J. B. Lipincott Co., 1970, p. 221; M. D. Leakey, Olduvai Gorge, vol. 3, Cambridge: Cambridge University Press, 1971, p. 272.
(59) Time, Noviembre de 1996.
(60) S. J. Gould, Natural History (Historia Natural), vol. 85, 1976, p. 30.
(61) Solly Zuckerman, Beyond The Ivory Tower (Más allá de la torre de marfil), New York: Toplinger Publications, 1970, p. 19.
(62) Richard Lewontin, “The Demon-Haunted World” (El mundo como un demonio que obsesiona), The New York Review of Books, 9 January, 1997, p. 28.

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