Intentan países frenar reclutamiento yihadista
NYT/The Washington Post | Viernes 12 Septiembre 2014 | 21:26 hrs
Naciones Unidas— Francia quiere más poder para evitar que sus ciudadanos salgan del país, mientras que Gran Bretaña está sopesando si debe impedir que algunos de sus ciudadanos regresen a casa.Túnez está debatiendo medidas para que sea una ofensa criminal ayudar a combatientes yihadistas viajar a Siria e Irak, mientras que Rusia ha prohibido enlistarse en grupos armados que sean “contradictorios a las políticas rusas”.
El rápido avance del Estado Islámico, y su capacidad para atraer combatientes de todo el planeta, han hecho sonar alarmas en las capitales del mundo.
Países que rara vez se ponen de acuerdo en algo ahora tratan de frenar el reclutamiento, aprobando una serie de nuevas reglas con la esperanza de que impidan que sus ciudadanos se unan a grupos extremistas en el extranjero.
Estados Unidos se ha aprovechado del tema, presionando para que haya una resolución legalmente obligatoria del Consejo de Seguridad de la ONU que obligue a todos los países del mundo a tomar pasos para “prevenir y suprimir” el flujo de sus ciudadanos hacia los brazos de grupos que son considerados organizaciones terroristas.
Reclutas de 74 países están entre los aproximadamente 12 mil militantes extranjeros en Siria e Irak, muchos de ellos luchando con el Estado Islámico, según Peter Neumann, un profesor en el Colegio King’s de Londres, quien ha recopilado las cifras principalmente de fuentes gubernamentales.
Los bloques más grandes de estos combatientes vienen de países musulmanes cercanos, como Túnez y Arabia Saudita, pero contingentes más pequeños vienen de naciones tan lejanas y dispares como Bélgica, China, Rusia y Estados Unidos.
Funcionarios estadounidenses de inteligencia revelaron esta semana que hay 15 mil combatientes extranjeros en Irak y Siria procedentes de 80 países, la mayoría con el Estado Islámico.
Naciones Unidas— El Consejo de Seguridad declaró ilegal ayudar a las organizaciones terroristas después de los ataques del 11 de septiembre, y estudios recientes sugieren que sólo un pequeño porcentaje de combatientes extranjeros han cometido actos de terrorismo una vez que regresan a casa.
Británicos, un ejemplo
de duras sanciones
Para la mayoría de los británicos, el militante de acento británico que hizo amenazas a Occidente antes de aparentemente decapitar a dos periodistas estadounidenses se ha convertido en el rostro enmascarado de los combatientes extranjeros en Siria.
Pero, dicen los expertos, quizá sea más típico el británico que recientemente llamó a casa desde el frente para decir que está harto.
“Todo el yihad se ha puesto al revés”, dijo hace poco el militante a Shiraz Maher, investigador del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización en el Colegio King’s de Londres. “Los musulmanes están luchando contra musulmanes. Yo no vine para eso”.
La desilusión del combatiente, dicen expertos, se ha convertido en tema recurrente entre algunos de los miles de jóvenes y mujeres oriundos de alrededor del mundo que han respondido al llamado del Estado Islámico para una guerra santa pero han descubierto que la realidad es considerablemente menos gloriosa que lo que les prometieron.
Para quienes intenten detener en Gran Bretaña el flujo de combatientes y extremistas, se trata de una perspectiva que podría constituir el antídoto perfecto a la propaganda del Estado Islámico. Pero se trata de una que rara vez se escucha aquí, en parte debido a la política gubernamental que se concentra en impedir que regresen los británicos que han ido a la guerra –y en encerrarlos si llegan a intentarlo.
“Muchos se sienten atrapados porque el Estado Islámico no los deja irse y el gobierno británico no los deja volver”, dijo Richard Barrett, ex director de contraterrorismo del servicio de inteligencia extranjera británico, el M16. “Pero si uno quiere que la gente comprenda que allá es muy terrible, hay que oír a estar personas”.
El Gobierno tiene buenas razones para mostrarse extremadamente cauto en lo referente a permitir que los excombatientes regresen a casa tras haber vivido en la zona de guerra experiencias que los han dejado más radicales que nunca -y posiblemente decididos a atacar a Occidente.
Hace poco el primer ministro británico David Cameron calificó la perspectiva de que pudieran volver y llevar a cabo ataques aquí “una amenaza más grande y profunda para nuestra seguridad de lo que hemos conocido antes”. El mismo día, los servicios británicos de seguridad elevaron a “severo” el nivel de la amenaza terrorista, lo cual significa que hoy se considera “altamente probable” un ataque en suelo británico.
La respuesta gubernamental ha sido tomar drásticas medidas contra los sospechosos de planear viajar a Siria, así como contra quienes hayan podido haber estado allá. Con la guerra en Siria a un poco más de un vuelo en aerolínea económica, miles de europeos han sido atraídos, incluyendo cerca de 500 británicos. El presente año la policía británica ha arrestado a 69 personas por sospechas de sumarse a la lucha.
Pero para muchos que comprenden mejor el problema del extremismo local, el actual enfoque podría ser peligrosamente contraproducente. (NYT/The Washington Post)
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