Jutba del maqam de Musa 1
A Musa le es encomendada la tarea de liberar a la Ummah de su tiempo
26/07/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
Tras la revelación de las formas de laibada a Ibrahim, Allah transmite a través de Musa las bases para establecer la sociedad profética, la Ummah de aquellos que viven sometiéndose a Él. Este establecimiento tiene lugar bajo la forma de una dialéctica entre dos formas básicas de vivir, el islam y el kufr. Musa, la paz sea con él, es el conductor de una Ummah que tiene que definirse en contacto con otra forma de vida que la contradice, la esclaviza y la combate.
Esta dialéctica se irá explicitando progresivamente hasta llegar a nuestro tiempo, por lo que la revelación de Musa tiene una lectura profundamente contemporánea. Musa y Faraón aparecen en el Qur’an como representantes de esa dialéctica entre los pueblos, como expresión de una Yihad comunitaria que al mismo tiempo tiene lugar en el corazón humano. Allah nos revela el diálogo paradójico entre quienes tratan de someterse a la Realidad Única y aquellos que tratan de ocultarla con objeto de servir a sus propios intereses, a sus propios dioses y fantasmas.
Es la misma dialéctica que encontramos cuando Ibrahim, la paz sea con él, invita a su padre Azar a someterse a la Realidad, abandonando la religión de los ancestros, las formas de la tradición, borrando las huellas de la costumbre.
Ya con Ibrahim aparece el islam como una forma de vida que nada tiene que ver con unas prácticas culturales, con unos ritos y con una liturgia, porque Allah nos señala el sometimiento a la Realidad Única como una apuesta por lo que está vivo y fluyente. Cuando aceptamos la Revelación estamos aceptando la liberación de esas rutinas y de esas formas que nos conducen a la muerte moral y espiritual, que nos cierran a la percepción nítida del mundo, que ahogan nuestra posibilidad de realizarnos como lo que en realidad somos: peregrinos luminosos que van al encuentro de la Luz Originadora.
Por esa razón la sunnah no puede ser considerada, como hacen algunos, un repertorio de costumbres sino la actualización de una conducta única e irrepetible. El ejemplo de los profetas no pretende establecer ninguna liturgia, ningún rito. Las formas de sometimiento y de adoración las establece Allah en nuestros corazones y nos las revela a través del corazón de los profetas fundamentalmente. El salat no es una costumbre que data de los tiempos de Ibrahim, por ejemplo, sino una forma divina e imperecedera de adoración que nos es conocida por la Rahma de Allah, a través de la comprensión de nuestro Ibrahim interior, no por la costumbre. Eso es algo claro para quienes viven sometiéndose a Allah conscientemente, para cualquiera que haya emprendido la vía del islam.
Musa, la paz sea con él, realiza en su maqam un encuentro vivo y directo con Allah, con la Luz de luces, un fanah que le deslumbra y aniquila. Y lo hace, como ya hiciera Ibrahim, tras desenmascarar los falsos velos que nublan la trascendencia, la experiencia directa de la Luz. Pero ahora, a diferencia de lo que le ocurrió al jalil ullah, a Musa le toca conducir a todo un pueblo, a una Ummah que aparece con todas sus contradicciones, con sus aciertos y sus errores.
A Musa le es encomendada la tarea de liberar a la Ummah de su tiempo, formada por los banu Israil, de las cadenas que la mantienen esclavizada dentro de la estructura imperial, y conducirla a través de la prueba del desierto hasta el jardín prometido a los adamiyun. También es Musa quien transmite a esa Ummah el primer mensaje que será registrado, la Torah, que incluye —además del conocimiento de la creación del mundo y la historia de los profetas y revelaciones anteriores— una Sharíah, unas leyes y prescripciones que son tanto una guía, el diseño de un itinerario luminoso para cruzar el mundo de la Dunia, como un conjunto de prohibiciones y mandamientos para lograr una paz social.
La Shariah es siempre expresión de las leyes universales, de las formas básicas de la creación y de sus relaciones. La Sharíah no es comparable a una legislación entendida como resultado de un pacto entre los seres humanos, sino más bien a un camino que nos conduce a la liberación. La Shariah que transmite Musa tiene por objeto liberar a la Ummah; es tanto la liberación interior y real de los individuos como la posibilidad de que los seres humanos vivan en el mundo de una forma armoniosa, de que forman una comunidad, una humanidad que no esté basada en la dominación por la fuerza sino en la entrega voluntaria a la Realidad, a la Vida.
Musa es también el profeta que expresa ante Allah sus carencias, sus balbuceos, su miedo a la muerte, tras haber matado él mismo a otro ser humano, pero es también el profeta que es asistido por su hermano, aquel a quien es revelado el significado de la hermandad y el valor de la comunidad.
El paradigma civilizador y dominador, el imperio, era en tiempos de Musa el reino de los faraones egipcios. Un pueblo que consideraba a sus gobernantes dioses y les rendían adoración, un pueblo alienado y dividido en castas. Esa forma de la civilización, esa estructura jerárquica de dominio de unos seres humanos sobre otros, aparece expresada claramente en los monumentos, en esas pirámides cuyo vértice es un punto, el faraón, y cuya base de sustentación es una masa enorme de esclavos, de seres humanos desposeídos de dignidad y de derechos. El Qur’an condena claramente esta forma de vida cuando nos dice:
"Ciertamente, Faraón se conducía con altivez en el país y dividía a sus habitantes en castas. Consideraba a un grupo de ellos como del todo insignificantes; degollaba a sus hijos varones, dejando con vida a sus mujeres: pues, en verdad, era de esos que siembran la corrupción en la tierra."
(Sura 28. Al Qasas. La historia, aya 4)
La división de la comunidad en clases o castas con distintos estatutos y derechos choca frontalmente con la concepción coránica de la sociedad, que es siempre igualitaria aún cuando reconozca la diferencia como una de las realidades básicas de la creación. Los musulmanes en tiempos de Musa, la paz sea con él, eran los banu Israil, un pueblo que había sido esclavizado por los faraones y sometido a los grados mayores de explotación y genocidio, expresado en el degollamiento de los varones. Un pueblo cuyos varones son degollados se encuentra aparentemente entregado a sus enemigos, aunque las madres transmitan valores y actitudes. Recordemos el genocidio de los musulmanes bosnios, donde los varones fueron degollados, descabezados, y las mujeres violadas por los servios.
Quizás este hecho pudiera explicar también la evolución del judaísmo hacia una transmisión de la pertenencia, del vínculo comunitario, a través de las madres, como costumbre que trata de proteger la comunidad, como resultado de una experiencia de genocidio.
En esa situación de derrota, de vencimiento, de sometimiento de un pueblo a otro, de un ser humano a un semejante, Allah nos envía al profeta Musa, la paz sea con él, para hacer posible la liberación contra toda lógica, contra toda magia y contra toda tecnología y estructura.
Oh Allah: dános la conciencia del maqam de Musa para que podamos comprender así el sentido de toda Shariah.
Libra a los sometidos a Tí de las cadenas del kufr, de las interiores y de las exteriores mediante Tu Poder.
Amin.
2.
Para que exista una liberación ha de existir necesariamente una situación de opresión. Musa es la conciencia de la esclavitud del individuo y de la Ummah. Su mensaje anuncia el establecimiento firme del islam en la tierra de los adamiyún. Allah nos dice en el Qur’an:
"Pero quisimos otorgar Nuestro favor precisamente a aquellos que eran considerados insignificantes en el país, y hacerles imames, y hacerles herederos, y establecerles firmemente en la tierra, y hacer que Faraón, Hamán y los ejércitos de ambos experimentaran a través de esos precisamente aquello de lo que querían protegerse."
(Sura 28. Al Qasas. La historia, ayat 5-6)
Es precisamente en medio de una situación de injusticia, de dominio y aplastamiento, donde Allah quiere inspirar al ser humano las claves de su liberación. Es precisamente en el más denso de los velos donde ha de producirse la necesidad y la capacidad de una revelación esclarecedora. Por eso la propia vida de Musa, la paz sea con él, es un ejemplo de esa contigüidad. Los cafres no viven en un lugar y los musulmanes en otro. Comparten un mismo espacio, un mismo país, un mismo sistema opresivo. Los oprimidos creen en un Dios sin rostro. Los opresores no creen realmente en Dios, son constructores de ídolos, tejedores de velos.
Esa dialéctica entre distintas comunidades que conviven en una misma sociedad es intemporal, de la misma manera que el Qur’an es intemporal. La revelación de Musa, la paz sea con él, no sólo acontece en un momento histórico concreto y a un pueblo concreto —los hebreos de finales del siglo XIII antes de Isa— sino que es una revelación que nos sirve a nosotros y a cualquier ser humano de cualquier tiempo y lugar.
Por esta razón la revelación de Musa, la paz sea con él, aparece hoy actualizada claramente en su propia tierra de promisión, en Palestina. Los roles de los pueblos se intercambian, porque los pueblos, en un sentido islámico, no son las etnias. Los supuestos herederos de los banu Israil se comportan como los faraones, con altivez y arrogancia, con ejércitos que siembran la muerte por un territorio que es asimismo habitado por los sometidos, por los esclavos, por aquellos que tienen que sufrir el arresto y el genocidio selectivo de sus varones, por los palestinos. Nosotros mismos estamos viviendo inmersos en esa dialéctica, como minoría musulmana en el imperio de las imágenes.
También quiere Allah, como nos asegura en el Qurán, favorecernos a nosotros, una minoría considerada insignificante desde la estructura dominante. Allah quiere, a través del mensaje de Musa, hacernos imames, conductores, herederos, y establecernos firmemente en la tierra, porque el mensaje de Musa es el islam, el sometimiento a Allah, porque no hay profeta que no traiga ese único mensaje liberador. El mensaje de Musa es el encuentro real con la luz pura sin ningún color, la liberación realizándose, la comunidad humana con su real y cruda dialéctica, con todos sus claroscuros, a plena luz.
Oh Allah: Que Tu Salam y Tus Bendiciones se derramen sobre Musa, Harún y todos aquellos que conocen el tawhid de la hermandad.
Concede Tu Áman a todos aquellos que sufren persecución y genocidio en la tierra a manos de Faraón.
Amin.
Anuncios
Relacionados
No hay comentarios:
Publicar un comentario