Cascos azules mexicanos: mitos y críticas
La decisión reciente del presidente Enrique Peña Nieto de incorporar a México con efectivos militares en Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP) de la ONU ha provocado una discusión en dos sentidos, uno alimentado de mitos y otro alimentado con objeciones profundas sobre la decisión. Explico porque algunos puntos son un mito y porque es importante discutir públicamente las objeciones.
Se ha mencionado que la participación de México con militares en OMP viola el principio de no intervención en otros países y que con ello se violan los principios de política exterior. En términos de derecho internacional los países que participan en las OMP no están interviniendo debido a que las misiones son pedidas por los países en los cuales se despliegan tropas, es decir, los países piden las misiones de la ONU porque carecen de capacidades para resolver sus conflictos armados o su situación de gobernabilidad. En realidad es una tarea de solidaridad internacional en países que salieron de un conflicto y que necesitan mantener la paz o construir instituciones. Además, en el año 2011 se ampliaron los principios de política exterior en el artículo 89, fracción X de la Constitución a los temas de Derechos Humanos, Paz y Seguridad Internacionales, tareas relacionadas con las OMP.
En el mismo orden de ideas, se ha argumentado que es un rompimiento con la política exterior mexicana. Sí y no. Los nuevos principios en la Constitución no entran en conflicto con los que ya existían. Lo que si sucedía era que la Doctrina Tello de decir no a la participación de México en el Consejo de Seguridad de la ONU y de las OMP aisló al país de una agenda importante de temas de la organización. En la crisis de El Salvador o Haití la posición de México fue francamente débil con respecto a la de otros países de la región. El argumento principal de la Doctrina Tello fue decir que no eran asuntos de interés de México y que dañarían la relación bilateral con Estados Unidos. Con la participación de México en el Consejo de Seguridad en los bienios 2002-2003 y 2009-2010 se ha probado que esa visión era equivocada porque el país participó de manera activa con temas que le importaban –impulsó el tema de Estado de Derecho en la agenda del Consejo– y no hubo represalias en la relación bilateral.
Una crítica constante ha sido que en México no se han resuelto los problemas de seguridad y por lo tanto las tropas mexicanas no deberían participar en las OMP. Pero, por ejemplo, Colombia ya anunció que participaría con más tropas en OMP, país con conocidos problemas de narcotráfico. Otros países que de hecho han tenido procesos de reconstrucción como Ruanda, Nepal, El Salvador también participan de las OMP. Estos países no se han detenido en aportar tropas, incluso con problemas de seguridad. Además, participar en OMP y resolver problemas de seguridad pueden suceder de manera simultánea. Como dijo Natalia Saltalamachia, si tuviésemos que resolver todos los problemas de México antes de asumir responsabilidades globales no tendríamos política exterior. Es extraño que un país que se precia de tener una solidaridad internacional en temas humanitarios, y con militares, se muestre este tipo de oposición.
Las dos objeciones que creo que son muy pertinentes para decidir si México asiste a una OMP, porque el Senado deberá aprobar la salida de tropas, son los problemas de violaciones de Derechos Humanos por parte de personal militar mexicano –y de cascos azules en otros países- y los objetivos que esta decisión tiene en política exterior. En el tema de Derechos Humanos claramente la ONU tiene un registro de la actuación de los militares mexicanos. No obstante la ONU esperaba la incorporación de México con efectivos militares a las OMP. La razón es que las tropas en las misiones no pueden actuar con tanta libertad como podría un militar mexicano en territorio nacional –el caso Tlatlaya probablemente trate de descontrol de las acciones de las brigadas militares por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional-, sobre todo porque la ONU ya ha vivido casos de militares inscritos a las misiones que violaron Derechos Humanos. La ONU ya ha tomado una serie importante de medidas de corrección de las violaciones de Derechos Humanos de su personal desde los casos de Bosnia y Herzegovina y Ruanda. Incluso, sería un incentivo para la mejor actuación de nuestras fuerzas armadas que colaboren con otros ejércitos con un régimen estricto de cuidado de los Derechos Humanos con vigilancia internacional. Claramente hay un riesgo latente, pero tanto en una OMP cuanto en territorio nacional deberíamos observar con más cuidado y esperar mayor transparencia del actuar de las fuerzas armadas mexicanas.
En cuanto a la agenda de política exterior se ha preguntado con sinceridad, ¿con qué objetivo se incorpora México a las OMP con militares? Y hasta el momento la argumentación de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido escasa. Para los que han apoyado la medida desde los sexenios pasados creen que permitirá a México posicionarse mejor en el escenario internacional y en la región, además de arreglar una incongruencia de la posición de México en la ONU. La idea es transformar a México en una potencia media, pero la pregunta persiste, ¿para qué México quiere ser una potencia media? Eso creo tiene una relación más bien con la poca discusión pública de qué objetivos de política exterior se deben perseguir. En particular creo que es benéfico para que México pueda promover la reforma de la ONU en un sentido democratizador, en lugar de una agenda oligárquica que han sostenido India o Brasil. La medida es positiva, pero sobre todo este tema puede abrir muchas más discusiones, entre ellas sobre los objetivos de política exterior y la relación entre civiles y militares en México.
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