De conspiraciones y falsas banderas
De conspiraciones y falsas banderas
De conspiraciones y falsas banderas
Cuando se discute con conspiranoicos, rara es la ocasión en la que no te acusan de creerte todo lo que dicen los gobiernos y de pensar que no existen conspiraciones. Como suele ser habitual en ellos, la lógica no es su fuerte y no les entra en la cabeza que decir que no existen pruebas de la conspiración concreta que se discute no significa que uno piense que vivimos en los Mundos de Yupi y que nunca ha habido conspiraciones. Además, la Historia tampoco suele ser una materia que dominen mucho, así que no está mal que repasemos algunas conspiraciones reales.
Los idus de Marzo
Aunque, dado el tiempo que ha transcurrido, muchos detalles sobre la conspiración para asesinar a Julio César no están del todo claro, los hechos fundamentales son conocidos y nos podemos hacer una idea bastante clara de lo que pasó, gracias fundamentalmente a las crónicas de Plutarco y Suetonio. Tras su victoria en la guerra civil con Pompeyo y sus aliados, César acumuló un poder sin precedentes en la República Romana. Tal acumulación de poder hizo temer a muchos romanos (incluyendo muchos senadores y ciudadanos poderosos) que César quisiera proclamarse rey. Para que nos hagamos una idea de lo que eso significaba para la mentalidad romana de la época, es como si hoy alguien en Estados Unidos propusiera eliminar al presidente y sustituirlo por la Reina de Inglaterra. De hecho, la aversión romana por la monarquía era tan fuerte que ni siquiera durante los momentos de mayor poder, los emperadores romanos se atrevieron a usar el título de Rex.
A este descontento “ideológico” se unía el descontento económico de la clase senatorial. César acumulaba tanto poder y títulos que no quedaba nada para los demás, y todo el que quisiera seguir una carrera política debería hacerlo a la sombra del dictador.
Por estas razones, entre otras, varios senadores tramaron un complot para asesinar a César en el Senado. Probablemente participaran más, pero lo que sabemos seguro es que el principal organizador fue Cayo Casio Longino, que había luchado en el bando optimate contra César. Al finalizar la guerra, recibió el perdón, igual que muchos de sus compañeros de bando. Él fue el encargado de tantear al resto de conspiradores y reclutarlos. Convencer a Marco Junio Bruto fue uno de sus grandes éxitos. Bruto pertenecía a una familia muy prestigiosa y el que se uniera a los conspiradores indujo a bastantes senadores a unirse.
Morte di Giuglio Cesare, de Vincenzo Camuccini.
El plan consistía en convocar a César al Foro, con alguna excusa. Una vez allí, se lo llevarían a un sitio apartado con la excusa de pedir el perdón para el hermano de Tulio Cimber y allí le matarían. El pueblo les aclamaría como salvadores de la República y serían héroes… y los hombres fuertes del nuevo gobierno.
Como suele suceder cuando dos conocen un secreto y uno no está muerto, las noticias del complot empezaron a extenderse. Un profesor de griego llamado Artemiodoro intentó avisar a César la mañana de los idus de que había escuchado una conversación entre los conjurados, pero no pudo hablar con él. Escribió todo lo que había oído y le dio el papel a César, pero éste nunca lo leyó. Marco Antonio recibió vagos informes sobre el tema. Cuando lo hizo acudió al Foro para detener a César, pero los conspiradores aceleraron su plan y abordaron a César antes y lo llevaron a una habitación del Teatro de Pompeyo. Allí, mientras leía la petición de perdón, Casca, uno de los conspiradores le apuñaló en el cuello. En seguida, el resto de los senadores se unieron y le asestaron más de veinte puñaladas.
Sin embargo, la reacción del pueblo romano no fue la que esperaban. César era muy popular entre las clases baja y media, y Marco Antonio manejó magistralmente la situación y la mayoría de los asesinos de César no sobrevivió a la persecución por parte de Marco Antonio y Octaviano.
Operación Himmler
Una de las cosas más del gusto de los conspiranoicos es la atribución de cualquier hecho a operaciones de bandera falsa, en las que un gobierno u organización finge un ataque haciéndose pasar por su enemigo. Por supuesto que a lo largo de la Historia se han producido este tipo de operaciones, aunque mucho menos frecuentemente de lo que los conspiranoicos suelen alegar, ya que quien lo realiza corre un riesgo muy alto y, en caso de ser descubierto, la operación puede volverse en su contra. Además, dado que estas operaciones suelen implicar el entrar en combate vistiendo uniformes de un ejército enemigo, son una violación de las Convenciones de Ginebra, que prohíben explícitamente el uso de uniformes enemigos en combate. Un ejemplo de este tipo de operaciones fue la Operación Himmler, llevada a cabo por la Alemania nazi contra Polonia y que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de la década de 1930 Hitler había llegado al poder, reconstruido el ejército alemán y se había ido anexionando uno a uno varios territorios sobre los que alegaba derechos históricos: la cuenca del Sarre, Checoslovaquia, Austria… En todos los casos, las potencias occidentales (Gran Bretaña y Francia, principalmente) miraron hacia otro lado o simplemente se quejaron sin realizar ninguna acción. En 1939 el siguiente objetivo era Polonia. El 23 de Agosto de ese año, para sorpresa de todos, la Alemania nazi firmaba un tratado de no agresión con la comunista URSS. Este tratado tenía unos protocolos secretos por los que ambos países acordaban repartirse el territorio polaco. Y aunque eran secretos, no hacía falta ser ningún genio para olerse lo que implicaba este pacto, por lo que, cansado de ser engañado una y otra vez por Hitler, el primer ministro británico Neville Chamberlain envió una carta personal a Hitler en la que le avisaba de que si Alemania invadía Polonia sería la guerra. Y Francia la respaldaría.
Esto sorprendió a Hitler, que no se esperaba estas amenazas después de los pactos de Múnich, pero los planes para invadir Polonia ya estaban trazados y no se iba a echar atrás. Así que lo que hizo fue buscar una excusa que justificara la invasión de Polonia ante la comunidad internacional. Para ello organizó la operación Himmler. Varios comandos de las SS y el SD atacaron instalaciones fronterizas, atacaron poblaciones alemanas y realizaron actos de vandalismo. Una de las acciones más importantes consistió en atacar y tomar durante varias horas la estación de radio de Gleiwitz y lanzar desde ella consignas antialemanas. Para aumentar la evidencia contra los polacos, varios prisioneros de campos de concentración fueron ejecutados y tiroteados y abandonaron los cuerpos en las zonas de los incidentes con uniforme polaco.
Al día siguiente, usando como excusa estos ataques, el ejército alemán invadía Polonia. Sin embargo, la operación Himmler fue un fracaso. Ningún país se creyó la autoría polaca, y dos días después de la invasión de Polonia, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.
Atentado de Sarajevo
Pocos atentados terroristas han tenido consecuencias tan trágicas como el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa en Sarajevo en 1914. Como suele pasar, es difícil entender los hechos sin conocer un poco el contexto de los sucesos.
El Tratado de Berlín de 1878 adjudicaba a Austria-Hungría un mandato sobre la antigua posesión turca de Bosnia y reconocía al Reino de Serbia como un estado independiente. En un principio, las relaciones entre Serbia y el Imperio Austrohúngaro fueron cordiales. Sin embargo, en 1903 se produjo un golpe de estado en Serbia y se instaló un gobierno militarista y ultranacionalista más próximo que el anterior a Rusia y más hostil a Austria-Hungría y sus aliados, con los que empezó a tener más y más disputas, incrementando cada vez más la tensión internacional, al mismo tiempo que fomentaba el descontento de la población serbia en Austria-Hungría.
En esta situación, el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono recibió el encargo de su tío, el emperador, de supervisar las maniobras militares que se realizarían en Bosnia-Herzegovina. El archiduque aprovecharía la ocasión para visitar Sarajevo con su esposa e inaugurar un museo. Hay que resaltar que Francisco Fernando era partidario de una profunda reforma del imperio, llevándolo hasta casi un estado federal, en el que las posesiones eslavas del imperio tendrían un peso equivalente al de Austria y al de Hungría. Esto hubiera estabilizado enormemente el imperio y habría acabado con la influencia que tenía Serbia en el territorio austrohúngaro, por lo que, evidentemente, no era precisamente alguien muy apreciado por el gobierno ultranacionalista serbio.
Gavrilo Princip.
El servicio secreto serbio se encargó de organizar y proporcionar apoyo a un grupo terrorista bosnio llamado La Mano Negra, y le encargó el asesinato del archiduque. El encargado de coordinar toda la operación fue Mehmed Mehmedbašić, que contó con armas y explosivos traídos de contrabando desde Serbia y con asesinos tanto bosnios como serbios.
La ejecución de la operación, sin embargo, fue un desastre. El emperador y su séquito llegaron en tren a Sarajevo y se dirigieron en seis coches a realizar una inspección a unos cuarteles. Cuando la comitiva pasó por delante de los dos primeros asesinos, armados con pistolas y bombas, éstos no pudieron atacar. Poco después pasaron por delante del tercer asesino, Nedeljko Čabrinović, que arrojó una bomba que rebotó en el techo descapotable plegado del coche del archiduque y acabó destruyendo el coche que iba detrás, causando 20 heridos. Čabrinović intentó suicidarse tomando una pastilla de cianuro y tirándose al río Miljaka, pero vomitó y el río, en esa época tenía poco más de 10cm de profundidad, así que fue detenido, después de que la multitud le diera una buena paliza que casi consigue hacer lo que el cianuro no pudo.
El resto de vehículos aceleraron para poner a salvo al archiduque, por lo que pasaron a gran velocidad por delante de Gavrilo Princip y otros dos terroristas, que no pudieron atacar. Tras esto, se realizó la recepción prevista en el ayuntamiento, pero el archiduque decidió cambiar los planes e ir a visitar a los heridos del atentado al hospital. El servicio de seguridad decidió tomar una ruta alternativa para evitar el centro de la ciudad, pero nadie cayó en comunicar el cambio al conductor, por lo que, de camino del hospital, el coche del archiduque tomó un giro incorrecto. Cuando el conductor se dio cuenta del error, decidió dar marcha atrás, pero el motor se caló y se bloquearon las ruedas, quedando el coche parado enfrente de la tienda de comestibles Schindler’s delicatessen, justo en el momento en el que Gavrilo Princip salía de comprar algo de comer en ella abatido por el fracaso del atentado. Después de recuperarse de la sorpresa, cogió su pistola e hirió al archiduque y a su esposa.
Princip fue detenido inmediatamente y la pareja llevada al palacio del gobernador para recibir asistencia médica, pero las heridas recibidas eran demasiado graves y ambos murieron.
Juicio de Sarajevo, con la mayoría de los implicados en el complot.
A excepción de Mehmedbašić, que logró escapar a Montenegro, todos los participantes en el complot, así como varios de los que intervinieron en el contrabando de las armas, fueron detenidos juzgados y sentenciados a diversas penas. Durante el juicio fueron evidentes las conexiones de los terroristas con el gobierno serbio. El gobierno austrohúngaro envió un ultimátum a Serbia exigiendo el cese de las actividades terroristas y varias exigencias más que fueron parcialmente rechazadas por Serbia, que movilizó a su ejército. En respuesta a dicha movilización, el ejército austrohúngaro fue parcialmente movilizado y el Imperio Austrohúngaro le declaró la guerra a Serbia. Pero, en virtud de tratados secretos, Francia y Rusia declararon la guerra a Austria-Hungría lo que, a su vez, provocó la movilización total del ejército austrohúngaro y la entrada de Alemania y el Imperio Otomano en la guerra, que a su vez, en una cascada de alianzas y temores, termina provocando la I Guerra Mundial.
¿Y las pseudoconspiraciones?
Como se puede ver, las conspiraciones y operaciones de falsa bandera reales distan mucho de las conspiraciones defendidas por los magufos. En ellas, miles, si no decenas de miles de personas se coordinan impecablemente en complicados planes que nunca fallan. No hay casualidades, todo está planeado y sale como se esperaba (excepto que cualquier panoli con una página web está al corriente de todos esos planes ultrasecretos).
Pero la realidad es otra. Es tremendamente complicado organizar no ya a a miles, sino a unas pocas decenas de personas y que no salgan mal diez cosas. Alguien se va de la lengua, como en el caso del asesinato de Cesar, la autoría del atentado es demasiado evidente, como en la Operación Himmler, o directamente todo el plan es una auténtica chapuza que resulta exitoso de puro milagro, como en Sarajevo. Eso sin tener en cuenta que las consecuencias, muchas veces, son muy diferentes de lo planeado. Un plan que no sea flexible, que no tenga en cuenta imprevistos, está condenado al fracaso. Y desde luego, el secreto es casi imposible. Tarde o temprano alguien habla, o aparece algún documento comprometedor. Porque, a diferencia de lo que creen la mayoría de los magufos, no existe un gobierno en la sombra monolítico o una élite con un interés único. Los conspiradores son personas, cada una con intereses diferentes (y a veces opuestos) que se unen debido a las circunstancias, pero que, cuando las cosas cambien, pueden cambiar (y cambian) de bando. Esas son las auténticas conspiraciones.
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