'Asad fue el que atrajo a Al Qaeda a Siria'
Un veterano combatiente sirio relata cómo pasó media vida en cárceles del régimen, donde le torturaron con cables eléctricos
'Hallé la paz a través del rezo. Ahora soy religioso, pero no violento'
El veterano guerrillero Amer Abdelrazak está de vuelta. Pasea esta noche alzando el brazo izquierdo, cincelado a balazos, para saludar al de los ultramarinos, al peluquero y al pastelero. "¡Adoro ver sonreír a mis vecinos!", exclama ufano. Amer ha pasado más de la mitad de su vida encarcelado en Siria, una porción escoltando a Yaser Arafat, otro retazo a las órdenes del Vietcong y fragmentos sobrantes luchando en Chad y el Líbano.
Ahora, asentado en un sencillo piso, Abdelrazak aspira a ser académico. Se lo dificulta una hepatitis contraída en prisión en 2013, cuyo tratamiento cuesta 1.300 euros cada 45 días. "A mí y a dos presos más nos inyectaron algo asegurando que era para prevenir el tétanos. Al poco, los tres enfermamos, nuestra piel se puso amarillenta. Me excarcelaron para dejarme morir en casa. Sólo yo sobreviví. El resto, murió".
El ex combatiente, nacido en Mayadin, Siria, en 1961 expone la base de su tesis: "Estados Unidos hace un daño infinito al mundo. Desde joven pertenecí al ala beligerante de los Hermanos Musulmanes sirios. A mediados de los 70 nos vimos forzados a salir de Siria por presiones del Gobierno. A mí y a los míos sólo se nos presentaban dos opciones para seguir luchando: el Líbano o Afganistán".
Según Abdelrazak, muchos de sus colegas acabaron unidos a los muyahidin que, con el apoyo de Washington, combatían a la URSS en el país centroasiático. "En una base militar de Jordania, los americanos embarcaban a los combatientes rumbo a Kabul. En 1975 no había islamistas en Siria", dice, "pero aquello abrió la puerta a nuestra radicalización. Fueron los americanos quienes entonces habilitaron a Bin Laden".
Nuestro protagonista se enroló en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Muestra un pliego de fotos amarillentas: "Éste soy yo en los campos de entrenamiento de Vietnam. No entramos en combate, sólo entrenamos", subraya, señalando a un chaval jovencísimo, seco como un fideo y vestido de caqui. "Esta otra es en el Líbano, en los 80". En ella agarra una metralleta tipo Dushka.
Aquel fideo combatió con tal ferocidad que lo enrolaron en la Fuerza 17, la guardia de élite de la OLP. "Protegiendo a Yasir Arafat recorrí medio mundo: Túnez, Argelia Chad". Su única pausa en la OLP fue en 1982, cuando volvió a Siria para participar en el levantamiento armado de Hama, liderado por el movimiento Hermanos Musulmanes. Hafez Asad, padre del hoy presidente, lo aplacó a fuego y aprisionó a decenas de miles de personas.
Escapadas y detenciones
Amer Abdelrazak fue capturado, pero escapó 'in extremis', volvió al Líbano y siguió luchando junto a la OLP. Pero los Asad no lo olvidaron, y en 1986, en una operación de la Inteligencia damascena respaldada por los libaneses, lo acabaron deteniendo. "Y de nuevo, dentro de Siria, volví a escaparme", afirma con sonrisa de pillo. "Duré poco. Me volvieron a capturar en Sueida", al sur del país. "Me frenaron a tiros, pero sobreviví".
Recuerdo de 1986: un brazo cosido a cicatrices de bala y una brecha más que le parte la comisura del labio. Luego 27 años de cárcel a cárcel. En Sednaya, torturas. Palos, cables eléctricos, colgado boca abajo. En Tadmur, seis años solo en un zulo. De aquello queda el trauma y dos fotos. Una, por la que su madre tuvo que pagar una fortuna, es de Amer, agarrado a los barrotes de la celda, con la mirada desorbitada, observando la cámara.
La otra es todavía más significativa. Dentro de una celda, él, con camisón, flanqueado por dos hombres de barba poblada. "Uno de ellos es Abu Dara. El otro, Abu Diyana. Ambos luchan ahora junto al Frente Nusra. En aquellos años, en prisión conmigo también estaba Abu Mahyín, hoy con el Estado Islámico. A pesar de que desde 2011 se organizaban dentro de prisión para luchar contra Asad, el mismo Asad los amnistió antes que a mí".
"Asad liberó a todos aquellos hombres para radicalizar el levantamiento atrayendo a Al Qaeda a Siria", clama Abdelrazak. "Además, Asad creía que estos empezarían a matarse entre ellos y le ahorrarían el trabajo de eliminarlos él mismo". Recuerda un nombre más: Zaran Allioush. Asad lo encarceló en 2009 por posesión de armas. Lo liberó en 2011. Hoy es salafista, destacado en las filas alzadas, y llama a la limpieza de chiíes en Siria.
Casi tres décadas en la cárcel han cambiado a Amer Abdelrazak. "Hallé la paz a través del rezo. Ahora soy más religioso, pero no de los violentos", apostilla. Desaprueba a su sobrino Yusuf, que se unió al IS y murió este verano en un bombardeo de EEUU. "He aprendido que no puedes parar el tiempo, así que me toca evitar que otros cometan mis errores. Relato mi vida para que nadie la imite".
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