Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

  Interesados comunicarse a correo: erubielcamacho43@yahoo.com.mx  si quieren versión impresa o electrónica donativo voluntario .

miércoles, 7 de octubre de 2015

La muerte como misericordia de Al-lâh


La muerte como misericordia de Al-lâh
El profeta Muhámmad dijo: los hombres están dormidos y cuando mueren, despiertan. También aconsejaba: muere antes de morir. Esta es su Sunna.
20/11/2008         - Autor: Abdennur Prado            - Fuente: Blog de Abdennur Prado
coran dios islam misericordia muerte pensamiento profeta rahmaresurreccion vida
5me gusta o estoy de acuerdo  Compartir en meneame  Compartir en facebook  Descargar PDF  Imprimir  Envia a un amigo  Estadisticas de la publicación

 Muerte y vida se abrazan en la intimidad con Al-lâh (Foto de Mansur Escudero)
Muerte y vida se abrazan en la intimidad con Al-lâh (Foto de Mansur Escudero)
La muerte (mâwt) forma parte de la actividad de Al-lâh, es una misericordia de Al-lâh para las criaturas. Así como Dios es El Dador de Vida, Él es el Dador de Muerte. Estos dos Nombres o Atributos de Dios son complementarios, es imposible pensar lo uno sin lo otro. La vida y la muerte son un par, forman un todo inseparable. La vida conduce a la muerte, pero de toda muerte brota nueva vida, en un ciclo ininterrumpido, el propio ciclo de la Creación. Nacimiento-vida-muerte-resurrección, estas palabras son suficientes para explicar los procesos en los cuales nos hallamos insertas todas las criaturas. La muerte delimita la vida, según un plazo fijado de antemano:

Y ningún ser humano muere
sino con el permiso de Al-lâh,
en un plazo prefijado.
(Qur’án 3: 145)

Fijar un plazo es establecer un punto de partida, dar un recorrido y una meta, una posibilidad de destino para las criaturas. Es durante este periodo donde las criaturas tienen la posibilidad de realizarse, de cumplir con la función que les ha sido asignada.

La idea de que la muerte es un accidente, sujeto a la casualidad, y que por tanto puede prevenirse, es del todo ajena a la cosmovisión islámica. El Qur’án se refiere a la ilusión de que alguien pueda protegerse ante el destino o retardar el momento de su muerte:

Dondequiera que os halléis,
la muerte os alcanzará
—aunque estéis en torres elevadas.
(Qur’án 4: 78)

No hay protección o escape posible ante el decreto de Al-lâh, Él supera todas las barreras. Las torres elevadas son el sueño de protección de una sociedad enferma, que ha puesto la seguridad por encima de toda otra consideración. Es una sociedad basada en la acumulación de bienes que no han de servir de nada ante la Verdad que nos precede. Frente a esta actitud temerosa ante la muerte del que quiere preservar su ego, la actitud básica del creyente es la aceptación consciente de que la muerte es inevitable, y de que nadie puede saber el cómo, el cuándo, el dónde:

En verdad, sólo Al-lâh conoce
cuando ha de llegar la Última Hora;
y Él hace caer la lluvia;
y Él conoce lo que hay en los úteros:
mientras que nadie sabe lo que adquirirá mañana,
y nadie sabe en que tierra morirá.
(Qur’án 31: 34)

Si decimos que la muerte es una misericordia es porque la Misericordia de Dios siempre prevalece, más allá de todas las pequeñas muertes cotidianas, más allá del extinguirse de los días y de las estaciones, del ajarse de las apariencias consumidas por el tiempo. El Corán insiste: todo lo existente tiene un plazo, viene de la inexistencia y permanece abocado a la muerte. Las montañas, el mundo, las galaxias: todo está destinado a perecer. Tras toda apariencia destinada a la muerte late la misma Realidad indivisible. Sólo la Faz de Al-lâh sobrevive a las destrucciones y a la muerte:

Todo perece salvo Su Faz.
(Qur’án 28:88)

Esta es la base de la visión islámica sobre la muerte. La actitud del musulmán pasa, en primer lugar, por la aceptación consciente del Decreto de Al-lâh. No una aceptación resignada sino un estado de conciencia. Conciencia de que somos musulmanes, seres contingentes y acabables, sometidos a una fuerza anterior a nuestro propio nacimiento, sometidos al Creador de los cielos y la tierra, a las condiciones eternas de la vida. Consciencia de que no tenemos ninguna capacidad de cambiar lo que está escrito, de que Al-lâh es el Señor de la existencia.

En segundo lugar, esta actitud de aceptación consciente del destino implica una apertura, la entrega confiada al Creador de los cielos y la tierra. Abismarse en el Universo de Al-lâh, entrega confiada a su Misericordia, al más allá de nosotros mismos, a la vida que hay más allá de los limites de nuestra conciencia limitada, a la vida que se abre tras nuestra pequeña muerte de criaturas.

La muerte el preludio del encuentro entre el amante y el amado, el fin del estado de separación en que vivimos. Rabi’a al-Adawiya soñó que venía a buscarla el ángel de la muerte y le dijo: “He venido a buscarte. Soy el que sacaba con los placeres de esta vida, el destructor de las ilusiones y los ídolos que los humanos fabricáis en esta vida”. Y Rabi’a le contestó: “¿No puedes presentarte con tú rostro más amable? Eres el que acaba con la separación entre el amante y el amado”.

Esta anécdota refleja la respuesta de un alma consciente, de alguien que se ha desapegado hasta tal punto de las vanidades que llega a morir antes de morir y superar cualquier sombra de angustia ante la muerte. Los íntimos de Al-lâh suelen referirse a la muerte como "la noche de bodas con la eternidad".

Todo el islam es un aprendizaje a superar la fractura ilusoria entre la muerte y la vida. La muerte no es un fin absoluto, sino que nos aboca a la vida anterior a la vida, a la vida más allá de nuestra existencia en este mundo. La dirección física del cuerpo es la tumba. Allí se dirigen todos los anhelos, todas las construcciones, creencias o esperanzas. Allí se depositarán nuestros miembros y órganos vitales. Todo aquello que parece hacer funcionar la maquinaria de nuestro cuerpo será depositado en la tumba como un despojo de nosotros mismos. Si seguimos siendo, ya no somos eso. La posibilidad de la muerte, su presencia en nuestras vidas, es una constante. Nadie puede prever o conocer el plazo que le ha sido concedido. Sólo Al-lâh tiene el poder de decidir sobre la vida y la muerte.

La muerte no es el final de la criatura, es tan solo el final de una forma de existencia que todos sabemos pasajera. El profeta dijo: “los hombres están dormidos y cuando mueren, despiertan”. Hablar de la muerte es hablar del destino final de la criatura, es abismarnos en el universo escatológico, en los acontecimientos que tienen lugar en el otro lado, el otro mundo u orilla en el cual nuestra percepción habitual y limitada de lo Real quedan desbordados, arrasados por la inmensidad del mundo de Al-lâh, Uno y Único, que no ha engendrado ni ha sido engendrado, y permanece siempre más allá de nuestra capacidad de criaturas.

Toda la vida del musulmán está orientada a la Otra vida y es por tanto una preparación para la muerte. El profeta Muhámmad dijo: “Muere antes de morir”. ¿Qué significa esto? No necesitamos esperar eso que llamamos muerte para liberarnos de los obstáculos que tiene la conciencia para romper con los límites de la conciencia y saborear el más allá. No necesitamos esperar porque la conciencia humana está lo suficientemente avanzada como para comprender tanto la vida como la muerte y decir: moriré ahora antes de que la muerte me llegue, conoceré la experiencia de la unidad entre la muerte y la vida para poder ser más humano, para poder entregarme a Al-lâh sin límites, sin mis esperanzas y deseos orientados a nada de este mundo. Con la plena consciencia de que todos mis actos solo tienen sentido si son realizados con el Nombre de Al-lâh inscrito en el corazón, en el Recuerdo de nuestro origen increado, insha Al-lâh.

¿Cómo podemos morir? Toda vida espiritual es un aprendizaje de la muerte. Dice Al-lâh en el Corán: vuestra estancia en “este mundo” no es sino pasajera. El carácter efímero de la existencia es algo evidente por si mismo. La presencia de la muerte a nuestro alrededor es una constante, una presencia anunciadora. Pensar la vida en función del antes y el después implica una apertura, un cambio de percepción hacia lo que nos rodea. Debemos integrar en nuestra vida cotidiana la verdadera dimensión completa de la vida. Se trata de dejar de vivir en la ficción de que somos autosuficientes, eternos y autogenerados, dejar de pensar que tenemos el control sobre la vida y la muerte, reconocer que venimos de Al-lâh y a Él nos dirigimos. Orientar nuestros esfuerzos hacia la Última Vida (al-ajira) no implica abandonar este mundo (dunia), sino superarlo. El desapego hacia lo mundano es, al mismo tiempo, un elemento de satisfacción y de estabilidad “en este mundo”. Nos procura placer, nos libera del afán de control sobre las cosas. Nos permite amar libremente a nuestros semejantes, sin la angustia del deseo de posesión, sin los celos de aquel que se esclaviza a sus seres queridos hasta el punto de que llega a ahogar sus relaciones.

El aprendizaje de la muerte no es fácil, es un despojarse radical de todo lo mundano, vivir para Al-lâh, orientados a una dimensión final que nos desborda. El término coránico al-âjira se aplica a la vida después de la muerte física del cuerpo. Significa “lo último, que está más allá, lo distinto, la otra cosa”. En el Corán se dice:

La Última vida es mejor (jayr) para vosotros que la primera.
(Qur’án 93:4).

El ájira es mejor porque en él nuestra visión habrá sido desvelada, las cosas se verán tal y como son: la Verdad en si misma es mejor que su apariencia. Como resultado, no habrá ya nada que se interponga entre el hombre y la realización de sus anhelos: los placeres en el ájira serán eternos, no están sujetos a la caducidad de lo mundano. El Placer intenso del Jardín es wa’ad al-lâh, la promesa de Al-lâh. En el Corán, la Promesa por antonomasia es el ÿanna, el Jardín Paradisíaco:

A quienes se confían y actúan con integridad,
les haremos entrar en jardines por los que corren arroyos
y allí permanecerán más allá del cómputo del tiempo:
la promesa de Al-lâh es real (wa’d al-lâhihaqqâ).
(Qur’án 4: 122).

El Jardín puede ser saboreado ya en el dunia. Lo que nos ofrece un presentimiento del Jardín son las hasanat, acciones bellas, buenas obras. Mediante las hasanat creamos paraíso. El Jardín se va poblando de fuentes, arroyos, palacios, árboles frutales. Cada hasanat es un árbol infinito, en la medida en que nuestras bellas acciones tienen una repercusión en nuestro entorno. Lo contrario de las hasanat son los dzunub, plural de dzanb, trasgresión. Mientras el dzanb nos aísla, cada hasanat nos conecta con el mundo, amplía nuestro horizonte vital, nos enlaza con el todo. La palabra árabe husn engloba dos aspectos: el bien y la belleza. Todo lo que rompe barreras y nos abre a los demás es un acto que conduce al Jardín. Todo lo que nos separa y nos encierra en nosotros mismos es un acto del Fuego. El Fuego es estrecho y el Jardín es amplio. El Fuego es sucio y hediondo, el Jardín es hermoso y transparente. Este tipo de dualidades son simples pero muy efectivas. Todos podemos reconocer donde está nuestro verdadero anhelo, hacia donde se dirige nuestro anhelo. Deseamos intensamente ser criaturas del Jardín, y esta es la fuente de nuestro Amor a Al-lâh.

Estamos abocados a ese más allá que empieza con la muerte, a sucesos que no podemos controlar, y en los cuales se decidirá nuestro destino final en el orden de la Creación. Hay que mantener el temple ante lo desconocido, tomar conciencia de lo que ha sido anunciado. Todos los acontecimientos que tienen que ver con la escatología son tremendamente sugerentes, pero también aterradores. No solo la ‘amenaza del Fuego’ sino el propio modo de producirse el Fin del Mundo, como un cataclismo cósmico, un desgarro, un oscurecimiento. Este es material sensible, en la medida en que aceptamos la Realidad que nos propone. No se trata de ficciones apocalípticas, sino del modo como la Verdad se nos presenta en toda su crudeza. No es nada fácil de asumir, no nos ofrece un fácil consuelo. Incluso la visión del Paraíso es precedida por acontecimientos estremecedores, de los cuales ninguna criatura permanece a salvo. Ante la imagen de las montañas despedazadas como copos de lana cardada, no queda más que refugiarse en Al-lâh, rasgar nuestro pecho y abrir nuestros corazones. De Él venimos y a Él es el retorno.


Nota sobre el enterramiento islámico

En todo momento debe tenerse en cuenta que después de la muerte física del cuerpo, el difunto sigue (de algún modo) vivo, e incluso sufre. Esto quiere decir que se debe tratar su cuerpo con delicadeza y con respeto. Dijo el profeta que romper el hueso de un muerto es como rompérselo a un vivo. El cadáver no es un pedazo de carne carente de significado, sino el envoltorio terrestre de un alma que ha pasado una de las etapas de su existencia y está abocado a otra, a una nueva vida. El alma inicia el proceso de su disolución hasta liberar al espíritu o Ruh, pero sigue en el cuerpo. La separación entre el espíritu y el cuerpo no es algo que llegue automáticamente con la muerte, es el resultado de un proceso que sucede “en la tumba”.

Lo primero que debe hacerse es cerrar los ojos del difunto y cubrirlo con una tela fina. La visión exterior ha finalizado, ya no vive abocado a la exterioridad, hacia el afuera. Ha llegado el momento del despertar de la visión interior.

Los ritos de enterramiento deben realizarse lo más pronto posible y lo más cerca posible del lugar de la muerte. Se procede al lavado del cadáver. Es el equivalente a las abluciones que se realizan antes de las oraciones, en este caso un lavado completo o gusl. Purificar el cuerpo por el agua de adherencias externas, eliminar impurezas y dejarlo en estado de fluidez. El lavado puede realizarlo cualquier musulmán digno de confianza. El hombre suele ser lavado por un hombre y la mujer por una mujer. Si no es posible, también puede realizar el ritual un cónyuge o un familiar. El lavado se realiza un número impar de veces, normalmente tres. Las dos primeras con jabón y la tercera con alcanfor. Luego se seca, se peina y se perfuma. No se deben cortar las uñas ni el pelo al cadáver.

Tras ser lavado, el cuerpo es envuelto en un sudario blanco, en un número impar de telas. Se extienden los paños uno encima del otro y el cuerpo se coloca encima. El paño superior, que también es el más amplio, se dobla sobre el cadáver. Se perfuma. Se trata de preservar el estado de pureza y procurar la intimidad con su Señor.

Oración fúnebre. Como en toda oración, lo primero es la intención. Luego se realizan cuatro takbirat, o Al-lâhuAkbar, con invocaciones intercaladas. La primera es la fatiha, la primera sura del Corán. La segunda es la salat al profeta, que la paz sea con él. La tercera consiste en pedir la Misericordia y el Perdón de Al-lâhpara el difunto, y la cuarta consiste en pedir para los vivos, desde la conciencia de lo efímero de nuestra existencia terrenal.

La muerte se acepta con naturalidad, tanto como el dolor que sentimos ante la desaparición de seres queridos. Pero no es aconsejable que se llore o se grite de modo desmesurado, ya que las muestras desaforadas de dolor pueden llegar a afectar al muerto, recordándole los lazos que mantiene en esta vida, y haciendo más difícil la adaptación a su nuevo estado.

Sepultura. El cuerpo envuelto en el sudario es depositado directamente sobre la tierra, sin caja. Se realiza un agujero menor dentro de la tumba, para depositar el cuerpo sobre el costado derecho. Orientado hacia la Kaaba, en Meka. Se ponen cerámicas o piedras, creando una pequeña cámara de aire, y luego se cubre con tierra. La tumba es una estancia en la cual suceden cosas, donde el difunto recibirá la visita de los ángeles y sufrirá los tormentos de la tumba, mientras se va acostumbrando a su nuevo estado. Existe una concepción orgánica de la vida después de la muerte. El cuerpo es tratado como una semilla en contacto con la tierra.

Se recomienda no enlucir de forma artificial o exagerada la tumba. Los cementerios son lugares de austeridad y sencillez. La tumba es inviolable y se prohíbe remover los cuerpos, aunque con excepciones por motivos de fuerza mayor. El cementerio suele visitarse los jueves por la tarde o los viernes. No es un lugar triste, así que es habitual encontrarse niños jugando o incluso merendando mientras se realiza la visita.

El blog del autor admite comentarios.
Anuncios
Relacionados
¿Qué dice el Islam sobre el terrorismo?
Artículos - 11/09/2014
Un puente a lo perdurable
Artículos - 02/11/2008
Las aleyas del agua
Artículos - 09/09/2005
Funerales en el islam
Funerales en el islam
Solamente Allah-SubhanahuwaTaala- escuchará nuestros ruegos. Él es quien oye las súplicas y es el Señor de las respuestas.
03/10/2013         - Autor: Redacción, Organizacion para América Latina   - Fuente: Islam México
entierro funeral muerte testamento
1me gusta o estoy de acuerdo   Compartir en meneame   Compartir en facebook   Descargar PDF   Imprimir   Envia a un amigo   Estadisticas de la publicación


Señor: ilumina nuestro pensamiento y guíanos por el sendero recto. Haznos morir musulmanes, e ingrésanos en Tu paraíso
EN EL NOMBRE DE DIOS, CLEMENTE, MISERICORDIOSO
LAS HONRAS FÚNEBRES EN EL ISLAM
Fuente: Organizacion para América Latina
Glorificado sea Dios, Creador del Universo, Amo y Señor absoluto de este mundo y del mundo de la eternidad. A Él damos las gracias por habernos hecho musulmanes, y hacer de los musulmanes una comunidad coherente.
Las normas que seguimos, los modelos que proponemos y ejecutamos, y los ritos que practicamos, son elementos que nos distinguen y dotan de una personalidad propia, por lo tanto, conocerlas es un deber y practicarlas es la forma más sincera y amena de exteriorizar nuestro convencimiento absoluto de esta gran Doctrina y de nuestra pertenencia a la Umma Islámica (Comunidad Islámica).
El Islam, dada su condición de religión universal y misionera, no omite facetas de la vida sin tratar y legisla preceptos para desarrollar nuestra actitud ante ella, sin dejar librado ningún vacío legislativo, ni permite copiar legislaciones ajenas.
El hecho de nacer y el hecho de morir son dos facetas vinculadas. Una trae la felicidad, mientras la otra, deja tras de sí tristeza y dolor.
El comienzo de la vida, para un musulmán, es la difusión del alma en el embrión humano.
Desde ese precio momento, la vida terrenal transcurre en etapas, teniendo cada cual su mundo, sus vivencias, sus goces y sufrimientos. El paso de un mundo a otro siempre va acompañado de una sensación de temor, temor a lo desconocido, lo incierto y lo inusitado.
El recién nacido deja el claustro materno en pos de nuestro mundo con un grito, el que no sabemos si es un grito de socorro, por haberlo extraído de un mundo donde disfrutaba de toda clase de protección y bienestar, o es un grito de alegría por haberlo liberado de un mundo limitado hacia otro más amplio y más variado.
El Islam, dada su condición de Religión natural (Din al Fitra), permite expresar estados de ánimo, siempre que sean en forma moderada: llorar-gemir-gritar, pero advierte contra los excesos. El realismo que caracteriza a la Doctrina Islámica hace de la muerte un escalón difícil, una especie de sendero que conduce hacia la gloria, en otras palabras, la muerte para un musulmán es un suceso triste y penoso, pero no catastrófico.
El llanto por la muerte de un ser querido es una manifestación sincera e innata de nuestros sentimientos, por lo tanto es imposible contenerlo totalmente, pero sí es posible aliviarlo y moderarlo. Por otra parte, el Islam, dada su condición de Doctrina basada en la justicia y la equidad, condiciona la salvación a la obra y actitud personal de cada ser viviente que es, en definitiva, la suma del bien y del mal, realizada a lo largo de su vida mundana. Ser musulmán no es un salvoconducto hacia el paraíso.
Después de la muerte física, habrá un juicio y un veredicto, luego una condena justa o un premio merecido, y en último caso el Soberano tendrá la última palabra, confirmar la condena, rebajarla, u otorgar su amnistía a quién Él designe.
En este breve compendio trataremos de exponer, muy sucintamente, el comportamiento posible en estos casos, como asimismo las actitudes por parte de sus familiares, seres queridos y del resto de la Comunidad.
Es necesario que cada uno de nosotros "programe" su propia muerte en la mejor escena posible, para que ésta sea lo menos traumática, para nosotros mismos como para nuestros allegados, herederos y seres queridos. Es algo así como prepararse para realizar el largo viaje; saldar las deudas, despedirse de los seres queridos, documentar nuestro testamento, recomendar y aconsejar a nuestros descendientes, etc.
Todo el equipaje permitido será solamente la obra personal, todo lo que pueda ser una obra benéfica, un legado cultural o un hijo virtuoso que implore la clemencia divina para con sus padres.
Sabemos que "toda alma probará el sabor de la muerte" y también que la Comunidad Musulmana se distingue de las demás por sus normas de vida específicas, que cada uno de nosotros tiene la obligación de conocer y de obrar en consecuencia; ya sea en los momentos difíciles como en los de felicidad.
Ciertamente hay normas y formalidades propias de nuestra Tradición para con el musulmán fallecido. Bañarlo, amortajarlo, rezar por él y para él, y, finalmente, sepultarlo, según las enseñanzas del Corán y de la Sunnah (tradición) de nuestro Profeta Muhammad (BP).
Es nuestro propósito en este trabajo hacer conocer a nuestra Comunidad todo cuanto rodea a estas normas y advertirle contra innovaciones y supersticiones que muchas veces prevalecen y distorsionan nuestra Tradición.
También aludiremos a la ética y al sentido del pésame, a las visitas a los cementerios, al testamento, etc., intentando con ello resumir lo esencial que debe conocer un miembro de nuestra Comunidad.
Esta Comunidad, en el lugar del mundo donde se encuentre, tiene la obligación colectiva de despedir ritualmente a quienes se nos anticiparon hacia la otra vida. Este adiós debe abarcar el tiempo anterior, durante y posterior al hecho de la muerte. Es nuestra responsabilidad dar testimonio de este acto con respeto, solemnidad y condolencia.
Apelamos a los guías religiosos y a los responsables de las respectivas Entidades Islámicas, para que a través de sus encuentros con la Comunidad, difundan estas normas con explicaciones detalladas, y con la mayor claridad posible.
Recordemos que todo proceso en las honras fúnebres musulmanas y de cementerios para nuestra Comunidad.
Anhelamos y alentamos la creación de estas funerarias y cementerios, cumpliendo al mismo tiempo con los requisitos necesarios. Ambas cosas pueden ser posibles, con una labor de solidaridad intercomunitaria y la planificación de nuestras Entidades Islámicas y colaboración entre ellas, además de la relación con los municipios de cada región.
Esperamos que esto sea de utilidad, y que Allah-SubhanahuwaTa'ala dispense nuestros errores. --Enaltecido sea--.
LEGADOS
Como hemos estado mencionando anteriormente, la única posibilidad de tener un saldo a nuestro favor en el momento de la muertes es, según el Profeta Muhammad (BP):
Ø      Dejar una obra piadosa en funcionamiento, a título individual o comunitario, por ejemplo: un asilo o residencia de ancianos al servicio de los más necesitados, una escuela, un Masyid (mezquita), etc.
Ø      Legar una obra científico-educativa, por ejemplo: un invento al servicio del bien común, una obra en pro de la ciencia y del progreso humano, etc.
Ø      Un hijo virtuoso, que no dejará de implorar el perdón divino para sus padres, y, al mismo tiempo, el hacerse cargo de sus deudas económicas.
Éstos son los únicos legados que pueden seguir beneficiando al fallecido en la otra vida.
Además, deberá existir un hecho documental de trascendencia que el musulmán debe realizar, su "Testamento". Este documento debe comprender dos hechos importantes, las deudas a favor y en contra, así como la división de su herencia, garantizando la equidad entre sus herederos, de acuerdo a los preceptos islámicos establecidos.
EL TESTAMENTO
(Uasíia)
LEGISLACIÓN
La legislación islámica nos indica que, en ausencia de un registro de última voluntad o de un escribano o notario, podremos redactar nuestro testamento de puño y letra, y atestiguar delante de quienes merecen nuestra confianza el contenido del mismo.
En nuestro caso, el ser una minoría, en países no islámicos, nos impone la responsabilidad de equiparar en lo posible entre lo establecido en nuestra Legislación (Sharía), con lo establecido en el código civil vigente del país en que vivimos. En ausencia de un tratado entre la Comunidad Islámica y ese país, tendremos que ajustar lo establecido en la Jurisprudencia Islámica, con lo establecido en nuestro testamento.
La división de los bienes que dejamos, la designación e identificación de herederos, la liquidación de deudas y la concesión de donaciones y usufructos, son temas que atañen tanto al muerto como a los vivos y, por lo tanto, pueden ser motivo de discrepancias entre sus herederos.
Mencionaremos los puntos más significativos del testamento en la Jurisprudencia Islámica:
Ø      Padres y cónyuges son herederos forzosos, contrariamente a lo establecido en algunos códigos civiles, es decir son herederos legítimos: esposa/o, padre, madre e hijos o nietos en ausencia de sus padres.
Ø      La distinción de uno o más herederos es nula en el Islam, o sea, no hay privilegios para algunos en la herencia, aún siendo mencionado y confirmada en el testamento.
Ø      Saldar las deudas del fallecido tiene prioridad antes de la división de los bienes. Primero saldar sus deudas, luego dividir la herencia.
Relató el Imán Ahmad, Dios se complazca de él, que el Profeta Muhammad (BP) dijo: El alma del creyente fallecido permanecerá encadenada, hasta que sus deudas económicas sean saldadas.
Pagar las deudas del fallecido, descontándola de su herencia o bien cargándola a cuenta de sus hijos, tiene prioridad y supremacía en el Islam.
La división de libre disposición (dedicar parte de la herencia a donaciones, a personas ajenas y/o a instituciones benéficas o culturales) es posible, siempre y cuando no supere un tercio de la herencia.
El derecho de usufructo no tiene validez después de la muerte del testador. Ninguna persona puede disfrutar de un derecho en detrimento de los intereses de los demás herederos.
En ausencia de padres del fallecido, los abuelos del mismo heredan la cuota de sus hijos, y en ausencia de un hijo heredarán los nietos la cuota de su padre (la que no excederá de 1/3 de la herencia).
La mujer heredará 1/8 de la herencia y, en caso de no existir otros herederos ascenderá la misma a 1/4.
La misión fundamental de los amigos y allegados es advertir a los familiares de la importancia del testamento en caso de existir éste y de la importancia de dividir la herencia cuanto antes, para evitar cualquier discrepancia entre los beneficiarios.
Aclararles que repartir la herencia de acuerdo a los preceptos islámicos es en benefició de todos, conservando la unidad de la familia.
La esposa del fallecido deberá aguardar inexorablemente un período de espera (Iddá), antes de volver a casarse, con el fin de asegurarse no estar embarazada. En caso de estarlo y, si llegare a dar a luz, tendrá idéntico derecho que sus hermanos en la herencia de su padre. Además, este período de tiempo le servirá para meditar su futuro y el de su familia.
El período de espera antes de contraer matrimonio, fue establecido en el Generoso Corán 2/24 y, es de cuatro meses y diez días, a contar desde la muerte de su esposo.

EL AGONIZANTE
Es preferible que el agonizante esté rodeado de sus parientes más cercanos y queridos, con el fin de escuchar sus últimos deseos y recomendaciones, tranquilizándolo y animándolo.
La enseñanza Islámica en ningún caso acepta gestos, por parte de los asistentes que motiven el desánimo del moribundo. Cualquier acto, o simplemente una frase, deberán ser lo más disimulados posibles, puesto que nadie conoce si este enfermo morirá o, por el contrario, se recuperará de acuerdo a los designios, infundidos en él por el Todopoderoso.
El cambio de postura del agonizante, o sea orientarlo hacia la Qibla (Meca), o recitar versículos del Generoso Corán ante él, no tienen apoyo en la Jurisprudencia Islámica (Sharía), aunque no es reprochable hacerlo.
Mencionar la Profesión de Fe (Shahada) en voz baja, es un hecho permitido ante el moribundo.

EL MOMENTO DE LA MUERTE
(Óbito)
En el momento inmediatamente posterior al óbito (o sea último suspiro, que es cuando el alma abandona al cuerpo), después de pasados los primeros minutos de dolor por parte de los presentes, alguien de sus allegados deberá subir la mandíbula del fallecido, luego pasar la mano de arriba hacia abajo sobre sus ojos para cerrar sus párpados y cubrir el cadáver con una prenda o trozo de tela.
Informar de su muerte.
Anunciarla, lo más rápido posible, de acuerdo a las formas y circunstancias del medio en que se vive, a través de diarios, radios o simplemente por medio de los miembros de la Comunidad.
Además, comunicar la muerte de manera oficial a las autoridades competentes para así preservar los derechos del fallecido y de sus herederos.
Es necesario conocer si el fallecido habría comunicado sus últimos deseos a su cónyuge o a sus hijos o a cualquier otra persona de su conocimiento, referente a su entierro o a cualquier otra diligencia a realizar. Todo tipo de deseo factible de cumplir, no estando en contra de los principios islámicos, deberá intentar realizarse, por ejemplo ser enterrado al lado de sus parientes, si ellos están inhumados en el cementerio de la ciudad donde éste murió. Trasladar el féretro hasta otra ciudad, va en contra de nuestros preceptos, por lo tanto es aconsejable enterrar a un musulmán en el cementerio de la localidad donde murió. Hacer de su tumba un monumento tampoco es aprobado, ni construir una mezquita o algo fastuoso sobre ella.

PREPARATIVOS PARA EL ENTIERRO
Obtenido el certificado de defunción y el permiso de inhumación, se procederá a preparar al fallecido según el ritual islámico, que consiste en:
Ø      Bañar al fallecido (Ghusul).
Ø      Amortajarlo (Takfín)
Ø      La ceremonia religiosa: Oración fúnebre y honras.
Ø      Sepultarlo.

LA ABLUCIÓN FUNERAL
(GHÚSUL)
Bañar al fallecido antes de proceder a amortajarlo enterrarlo es un precepto Islámico, y el realizar es una obligación de la Comunidad (FardKifaya), es decir, si alguien de la Comunidad lo cumple, el resto quedará exento.
El objetivo del baño es hacerlo presentable ante aquellos que lo despedirán. No obstante, siendo un hecho ritual, tendrá que seguir las reglas Islámicas que se enumeran a continuación.
¿QUIÉN DEBERÁ OCUPARSE DEL BAÑADO?
Es preferible que la Comunidad musulmana tenga su funeraria propia, así pues, encomendar el proceso del entierro a una entidad conocedora de la reglas del bañado, del amortajamiento, y del entierro, evita las iniciativas inadecuadas e inoportunas. No obstante, dada la simplicidad de la tarea, cualquier musulmán puede hacerse cargo del funeral, siempre y cuando reúna las siguientes condiciones:
Ø      Ser una persona digna de confianza (para revelar lo que viera de las intimidades físicas del fallecido).
Ø      Ser del mismo sexo del fallecido (excepción hecha para el cónyuge y para los de corta de edad).
Ø      Ser conocedor de las reglas rituales fúnebres.
Si esta persona es de los familiares más cercanos tendrá prioridad sobre los demás. En todo caso quien baña a un difunto será bien remunerado por Dios. Así el Profeta Muhammad (BP) dijo: Quien bañe a un difunto y guarde sus secretos, Dios le perdonará y bendecirá.
¿CÓMO SE REALIZA EL BAÑO RITUAL?
Es preferible que la persona encargada de la ablución fúnebre, se haya hecho una ablución previa, así estará física y psíquicamente en condiciones de realizar el baño.
Se comienza diciendo: BISMILLAH UA' Alá MILLATI RASULI-LAH (En el nombre de Dios, y acorde a las enseñanzas de Su Mensajero).
Luego se cubrirá el cadáver con una prenda o trozo de tela y se lo despojará de sus ropas.
Durante todo el proceso del lavado, quien bañe procurará no dejar al descubierto ninguna parte del cadáver, si no fuese necesario, para cumplir con la tarea.
El baño consiste en duchar y limpiar el cadáver, hacerle la ablución menor (Udú) y secarlo con una toalla nueva.
Se procede al baño propiamente dicho, comenzando con una presión con las palmas de las manos (enguantadas) sobre el estómago del fallecido, para provocar la evacuación de los excrementos retenidos en el último tramo del intestino. Se limpia la zona con agua y jabón, luego se limpia todo el cuerpo (con agua y jabón) como en cualquier baño. Podrá repetir quién bañe este procedimiento, tantas veces sea necesario, para la buena limpieza.
Luego se procede al Udú --ablución-- (es la ablución que se realiza antes de las oraciones), pero sin necesidad de enjuagar la boca ni la nariz.
Por último se ducha el cadáver con agua normal de arriba hacia abajo, comenzando con dejar escurrir abundante agua sobre la cabeza, luego sobre el lado derecho del cuerpo y por último sobre su lado izquierdo. Se seca el cuerpo, se peina el cabello y se perfuman ambos.
¿QUÉ HACER ANTE LA IMPOSIBILIDAD DE BAÑAR AL DIFUNTO?
En caso de falta de agua, o si se temiera destrozar aún más el cuerpo del difunto en caso de grandes quemaduras o accidentes o, en ausencia del cónyuge del fallecido y de otra persona de su sexo, entonces se recurre al "Taiammum" (mundificación alternativa, o ablución seca), es decir, quien baña pondrá sus manos (palma abajo) sobre cualquier superficie seca, preferentemente suelo arenoso, tierra o simplemente sobre una alfombra o algo similar y las frotará sobre la cara y las manos del fallecido.
Por último, puede darse el caso de no encontrase más que una parte del cuerpo del fallecido (un brazo o parte de algún miembro), por ejemplo: en el caso de explosiones, terremotos, bombardeos, etc. Si esto sucede, se le dará el mismo tratamiento del cadáver normal.

EL AMORTAJAMIENTO
Recordemos que amortajar a un musulmán es FardKifaya (deber de la Comunidad). Quien lo realiza exime al resto de hacerlo.
La mortaja es simplemente una prenda o trozo de tela de extensión suficiente para envolver todo el cadáver, preferentemente de color blanco.
La Tradición profética recomienda utilizar tres paños blancos (sudarios), uno tras otro, para el hombre, y dos paños más tres elementos complementarios para la mujer (lo que veremos más adelante). Pero advierte contra el encarecimiento y la ornamentación. Estos paños, además de ser nuevos, serán de tela normal y corriente (no serán de seda ni cualquier otro tejido costoso).
CÓMO DEBERÁ AMORTAJARSE A UN HOMBRE
Ø      A) Se extienden los paños o sudarios unos sobre el otro, de modo que el primero en extenderse de ellos, sea el más amplio.
Ø      B) Se traslada el cadáver (recién bañado) cubierto con una tela, hasta donde están extendidos los paños y se lo deposita sobre ellos.
Ø      C) Se comienza doblando el paño superior, cubriendo la parte del cuerpo derecho, luego se dobla el resto del paño sobre la izquierda, de modo que éste quede cubierto con el primer paño. Se realiza el mismo procedimiento con los restantes paños, hasta completar los tres.
Ø      D) Completando esto, deberán ajustarse estos sudarios al cuerpo con trozos de tela en forma de hilos, los que se soltarán al ser depositado el cuerpo en la tumba. Completado esto, se perfuman los sudarios.
CÓMO DEBERÁ AMORTAJARSE A UNA MUJER
Recordemos que deberán usarse en la medida posible cinco elementos, para el caso de una mujer, que están compuestos por:
Ø      A) Una pollera o trozo de tela que ceñirá sus muslos.
Ø      B) Una camisa larga o camisola.
Ø      C) Un velo que cubrirá su cabeza y dos paños que cubrirán el cadáver, los que se atarán al cuerpo, y soltarán sus ataduras en la tumba (de forma similar a la del hombre).
Terminada la tarea, se deposita el cadáver dentro de un féretro, para facilitar su traslado hasta el cementerio. Es aconsejable que el ataúd sea simple, con el fin de no agobiar a los familiares del fallecido con gastos innecesarios, y al mismo tiempo, sea lo suficientemente fuerte para ser reutilizado con otros fallecidos.
Estando en países no islámicos, donde existen normas y legislaciones que obligan a mantener el cadáver 24 horas antes de sepultarlo (por ejemplo Argentina), no es impedimento aprovechar la ocasión para escuchar un sermón, o un comentario, que nos haga recordar sobre los deberes ante Allah y ante el prójimo. Tampoco es desaconsejable leer o escuchar recitación del Sagrado Corán. Es decir, aprovechar el tiempo comprendido entre el amortajamiento y el entierro (si bien no es ningún precepto ni una tradición islámica, simplemente es llenar un tiempo obligado con algo útil), en lugar de dar rienda suelta a bullicios o conversaciones impropias del momento.
Nota: En el caso de muertes a raíz de grandes catástrofes, epidemias, etc. Y no disponerse de sudarios suficientes, se amortajarán dos o más muertos con un solo sudario y se podrán también enterrar en una misma tumba. (Tal lo ocurrido con los creyentes caídos en la batalla de Uhud --Allah se complazca de ellos--),
Antes de finalizar, advertimos sobre el uso de velas o cirios alrededor del cadáver, ya que esto no es costumbre islámica.

LA PLEGARIA FÚNEBRE
(SALAT ulYanasa)
Se define la plegaria fúnebre como un FARD KIFAYA "deber colectivo" hecho por algunos, quedando los démas miembros de la Comunidad exentos.
La misma consiste en los siguientes pasos sucesivos:
Ø      1- TakbiratulIhrám (de apertura) ALLAH AKBAR, seguida por la recitación de Al Fátiha.
Ø      2- La 2° Takbira, luego seguida por SalatulIbrahimía.
Ø      3- La 3° Takbira, seguida por una súplica por el difunto.
Ø      4- La 4° y última Takbira, seguida por una súplica general o amplia. Y finaliza la plegaria con una o dos Taslima (AssalamuAlaikum).
La manera de realizar esta plegaria es muy peculiar, se hace de pie (calzado, si no se estuviese en un piso alfombrado), sin Ruku' (inclinación) ni Suyud (prosternación). Puede realizarse en una mezquita, en un salón, o bien en el solar del cementerio (dedicado a la oración funeraria) (Mussala) o, en su defecto, en cualquier lugar antes de proceder al entierro, e incluso después de éste, si por algún motivo no se hubiere podido realizar la plegaria.

CÓMO SE REALIZA SALAT ul YANASA
Se coloca el féretro en el suelo, en sentido perpendicular a la Quibla (dirección hacia la Meca) y el Imám (o quien oficie de guía religioso), se sitúa detrás del féretro (preferiblemente detrás de la cabeza del difunto, si es varón, o detrás de la parte media del cuerpo, si es mujer).
Los demás se ponen de pie, en hileras detrás del Imám.
La condición exigible es que todos los que hagan esta oración deberán tener la ablución (como se realiza para las oraciones tradicionales). En caso de no tenerla hecha, y que el tiempo apremie hacerla, entonces se sustituye por el TAIAMUM (ablución alternativa, explicada anteriormente). El Taiamum es válido, tanto para la ablución mayor como para la menor.
Cumplidos estos requisitos indispensables, y:
Ø      A) Ordenados los participantes para la plegaria, el Imám, antes de dar comienzo a la misma, suele explicar en voz alta la manera de realizar esta oración, luego expresa la intención (Níia) de efectuarla, y exclama la llamada de apertura:
AllahuAkbar (TakbiratulIhrám), elevando las manos hasta la altura de sus orejas, y completando todos los movimientos como se realizan en las plegarias cotidianas.
Los seguidores del Imám (Mu'tamin) lo seguirán paso por paso.
Ø      B) Todos recitarán susurrando el pasaje de la apertura del Corán: SuratúlFátiha:
BismillahiRahmánirahím
(En el nombre de Dios, Clemente, Misericordioso)
AlhamdulillahiRabbil 'Alamín
(Alabado sea Dios, Creador del Universo)
ArrahmaniRahim
(Clemente, Misericordioso)
MalikiIuamiddín
(Soberano en el día del Juicio)
IiakaNá'buduUaIiakaNasta'ín
(Sólo a Ti adoramos y de Ti imploramos ayuda)
IhdinasSiratalMustaqim
(Guíanos por el sendero recto)
Siratal Ladina An'amta 'AlaihimGairilMagdubi 'AlaihimUaladdalín
(El sendero de quienes agraciaste, no el de los execrados ni el de los desviados)
Amín
(Amén)
Esta sura es la única de obligada recitación en el idioma litúrgico musulmán, o sea el idioma árabe.
Ø      C) Terminada al Fátiha, exclamada el Imám otra Takbira (ALLAHU ABKAR) como en el paso anterior, luego susurra al SalauatulIbrahimía en árabe, o en su defecto en castellano o cualquier otro idioma: Allahuma sal-li 'Ala MuhammadinUa 'ala ali Muhammad, Kama Sallaita 'ala Ibra-himaua 'ala ali Ibrahim.
UaBarik 'ala Muhammadinua 'ala ali Muhammad, Kama Barakta 'ala Ibrahima una 'ala aliIbrahima Fil 'alamina InnakaHamidunMayid.
(Señor nuestro, colma con tu gracia a Muhammad y a la familia de Muhammad, como colmaste con tu gracia a Abraham y a la familia de Abraham. Y bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad como bendeciste a Abraham y a la familia de Abraham. Ciertamente Tú eres Loable, Majestuoso.)
Este pasaje de oraciones se recita al final de cualquier plegaria, antes de finalizar con a-Taslima: (AssalamuAlaikumwaRahmatulAllah).
Ø      D) Finalizada la recitación de las oraciones mencionadas en el párrafo anterior, exclama el Imám otra vez: AllahuAkbar; luego, cada participante de la oración realizará para sí una súplica por el difunto en árabe o en otro idioma, por ejemplo:
Allahumma'gfirlahuUarhamhu- Uanayyíhi min 'AsabilQabr, UamhuJataiáhuUaDa'if Fi HasanatihiUa'fu 'anhu- Uauasssi' Fi QabrihiUaAdjilhuFasíhaYannátik.
(Señor nuestro, ten misericordia con él y perdónalo, sálvalo del castigo de la tumba. Perdónale sus pecados y multiplica sus buenas obras. Indúltalo, haz de su tumba un refugio feliz. Ingrésalo a Tu divino paraíso).
Si el difunto es de corta edad se puede añadir:
Allahummay'alhuRahmatan li abau-aihi- UaSalafanUaDujran- UaShafi'anUaZaqqilBihiMauazinahuma.
(Señor consuela a sus padres, recompénsales y haz de su hijo un intercesor para ellos ante Ti.)
Ø      E) La cuarta fase de esta plegaria, comienza con una cuarta y última exclamación (Takbir) por parte del Imám, seguido siempre por los demás participantes, luego cada uno hará una súplica general por breves momentos, por ejemplo:
AllahummaNauuir 'Uqulana- uahdina 'ala Siratil-mustaqim.
UatauffanaMuslimín- Uadjilna fi Yannátik.
(Señor: ilumina nuestro pensamiento y guíanos por el sendero recto. Haznos morir musulmanes, e ingrésanos en Tu paraíso.)
Luego el Imám finaliza la plegaria con a-Taslima de Clausura (AssalamuAalikumwaRahmatullah) girando su cabeza hacia la derecha, o bien hacia la derecha y luego hacia la izquierda.
Quien haya perdido parte de la plegaria fúnebre, podrá seguir al Imám en lo que resta de la misma, y cuando el Imám finaliza, el participante completara las Takbiras no realizadas, es decir al final debe completar las cuatro Takbiras. En caso de temerse por falta de tiempo, y que el féretro sea trasladado antes de recuperarse la Takbira faltante, no será necesaria completarla siendo suficiente lo realizado hasta el momento, es decir, se termina la plegaria con el Imám.

EL CORTEJO FÚNEBRE
(Tashií al Yanasa)
El cortejo fúnebre es una manifestación de despedida digna a un miembro de la comunidad Islámica, cualquier cortejo fúnebre sea de un musulmán, o de cualquier seguidor de otra religión, es digno de rendir homenaje ante su desaparición.
Algunos Compañeros del Profeta (BP) se ponían de pie y guardaban silencio, al pasar un cortejo delante de ellos, fuese o no un musulmán.
Es recomendable acompañar al difunto hasta que sea enterrado y rezar por su alma. Es digno de quienes acompañan al cortejo hacer un examen de conciencia ante el significado de la muerte y el destino final de todo ser viviente. Deberán recordar que algún día ellos serán los trasladados y rendirán cuentas de su obra en este mundo ante Allah-SubhanahuwaTa'ala-.

TRASLADO DEL FÉRETRO
El traslado de los restos de un fallecido de una ciudad a otra es un hecho reprobable.
El traslado debe efectuarse cuanto antes hacia la mezquita, la funeraria o hacia el cementerio donde se realizará la oración fúnebre.

LA INHUMACIÓN
El suelo o tierra del cementerio es la morada natural de nuestros fallecidos. En la tierra se completa el ciclo vital del hombre, al que el Corán cita en el versículo 20/55: "De ella (LA TIERRA) os creamos, a ella os retornaremos y de ella os haremos surgir otra vez".
La incineración del cadáver no es aprobada por ninguna escuela jurídica islámica. Las bóvedas, mezquitas-tumbas, tumbas monumentales, son desaprobadas en el Isla.
Asimismo, enterrar a un musulmán con ataúd o con elementos de valor es reprobable.
La filosofía que hay detrás de todas las limitaciones mencionadas anteriormente, evidencia que el Islam nos orienta siempre hacia lo práctica y útil, y que los recursos de la tierra deberán ser destinados al bien común, es decir a los vivos, a los que la necesitan para seguir en el camino de la supervivencia. Todo gasto innecesario para los muertos perjudica a los vivos. Cada palmo de tierra dedicado innecesariamente a un muerto perjudica a los vivos. Dónde encontraríamos un lugar en la tierra para vivir, si hubiésemos hecho de la superficie de la tierra un bosque de tumbas monumentales.
La tumba para los musulmanes es una morada funcional, en ella se protege al cadáver de toda agresión externa, hasta que sea absorbido por la misma tierra.
MODO DE EFECTUAR LA INHUMACIÓN
Trasladado hasta el borde de la tumba, se retira del ataúd el cadáver amortajado y se procede al entierro propiamente dicho.
La tumba será abierta en sentido perpendicular a la Quibla, con una profundidad suficiente para proteger al cuerpo de cualquier intento de profanación o exhumación criminal.
La excavación deberá tener una profundidad de 1.45 mts., y un ancho y largo lo suficiente para que el cadáver quede extendido horizontalmente e inclinado suavemente, sobre la pared más cercana a la Quibla. Ésta es la forma tradicional y más utilizada en Occidente. También se puede realizar un corte (SHAQ) longitudinal en el fondo de la tumba sobre la pared más cercana a la Quibla, tal lo realizado en la tumba del Profeta (Muhammad) (BP), debiéndose reforzar estas paredes para evitar su derrumbe.
Retirado el cadáver del ataúd y recogido por uno o dos hombres que hayan bajado previamente en ella, se introduce en la tumba o en la hendidura, de la forma más conveniente, haciendo que su cabeza quede inclinada a la derecha mirando hacia la Quibla. Luego de depositarlo, se soltarán los nudos de las cintas que ataban los sudarios, especialmente los que están a la altura de los pies.
Quién oriente el cadáver en ese momento, es aconsejable que exprese BISMILLAH UA Alá MILLATI RASULI-LAH (En el nombre de Dios y acorde a las enseñanzas de su Mensajero).
Luego, se procede a tapar o cerrar con piedras o ladrillo. Se vierte la tierra hasta un palmo sobre el nivel del suelo del cementerio.
Poner una lápida sobre la tumba no es reprobable si el propósito es marcar el lugar de la misma. Es preferible que las personas encargadas de depositar el cadáver en la tumba sean los amigos o familiares del fallecido.
Una vez finalizado el entierro se hace súplica por el difunto y por todos los difuntos de los presentes. Es preferible que uno de los hijos anunciare la disposición de responder ante cualquier deuda documentada que su padre haya contraído en vida.
Luego se dispone junto con sus familiares más inmediatos a recibir el pésame de los asistentes (antes de salir del cementerio).

At- TA'ZIA (EL PÉSAME)
El pésame es una muestra de solidaridad con los familiares del difunto.
Su objetivo fundamental es cumplir con un precepto del Profeta Muhammad (BP), cuyo fin es consolar a los familiares y amigos del fallecido, hacerles comprender que la muerte es el destino inevitable e irremediable de todo ser. Es como elegir frases elocuentes para elevar el ánimo y el umbral del dolor emocional, y aislar al familiar de su tormento.
El Profeta (BP) solía consolar a los familiares diciendo "Todo está predestinado, entereza y sosiego".
Llevar una vestimenta de luto, conmemorar los cuarenta días del fallecimiento o el aniversario en memoria del fallecido, reunir a la gente para recitar el Corán durante tres noches después de un fallecimiento, puede ser una forma de recuerdo, aunque no está establecido en la Jurisprudencia Islámica, siendo evidente, en estas costumbres, la gran influencia occidental que nos ha absorbido a muchos musulmanes (Rogamos al Todopoderoso volver a los preceptos del Corán y a la Sunna de nuestro Profeta (BP).
El Islam nos enseña que respetar la vida tiene prioridad sobre la memoria del fallecido, por lo tanto tendríamos que evitar todo acto conmemorativo innecesario.

LA VISITA A LOS CEMENTERIOS
La visita a los cementerios no es un acto protocolar que se haga en fechas determinadas, sino más bien es un acto recordatorio tanto en honor del difunto como en beneficio propio.
Demostrar el cariño y el afecto hacia los seres queridos que nos han dejado es digno de alabanza y muestra de fidelidad y nobleza.
Pero lo más importante en tales visitas es aislarse, durante breve tiempo, del mundo material, de nuestro destino final, meditar en las buenas acciones que debamos realizar frente al Día del Juicio, recuperar tiempo perdido e intentar siempre mejorar nuestra conducta personal en lo que resta de nuestras vidas.
El Profeta Muhammad (BP) decía: "Visitad a las tumbas para rememorar la muerte".
Al entrar a un cementerio es aconsejable saludar a sus moradores.
El Profeta Muhammad (BP), al pasar por un cementerio solía decir Assalamu 'Alaikum habitantes de la morada de la Paz, vosotros nos habéis precedido, y nosotros os seguiremos. Que Dios nos salvaguarde..
La tumba no es un lugar de reverencias, ni para hacer de ella un lugar de reunión, ni para pedir del muerto intercesiones o ayudas para resolver nuestros problemas en este tránsito terrenal.
Solamente Allah-SubhanahuwaTa'ala- escuchará nuestros ruegos. Él es quien oye las súplicas y es el Señor de las respuestas.



Anuncios


Relacionados
Impermanencia y muerte
Artículos - 03/12/2006
Fatua sobre la muerte de Sabora Uribe
Artículos - 11/11/1998
Jutba con motivo de la muerte de Sabora Uribe
Artículos - 13/11/1998
La hora designada de la muerte
La muerte se considera como la interrupción y conclusión de la existencia física. Cada ser vivo tiene un principio así como una vida y un final predestinados
07/02/2014 - Autor: M. FethullahGülen - Fuente: Revista Cascada
decreto destino muerte prueba qadr
1me gusta o estoy de acuerdo   Compartir en meneame   Compartir en facebook   Descargar PDF   Imprimir   Envia a un amigo   Estadisticas de la publicación


En definitiva, la muerte y su hora determinan el final de la vida y la misión en este mundo.
"Con Él se encuentran las llaves de Lo Oculto. Nadie las conoce salvo Él. Y conoce todo cuanto hay en la tierra y en el mar; y no cae una sola hoja sin que Él no lo sepa; y no existe grano que esté en las oscuras capas de la tierra, y nada verde o seco, que no se halle (registrado) en un Libro Manifiesto." (Corán, 6:59)
La muerte se considera como la interrupción y conclusión de la existencia física. La hora designada de la muerte es el final de la existencia de cada ser que vivió su propia vida de acuerdo a las condiciones y los límites que le han sido otorgados excepcionalmente. Cada ser vivo tiene un principio así como una vida y un final predestinados.
En el flujo del tiempo y la existencia es casi imposible distinguir las diferencias entre un principio y un final. Todos los seres, tarde o temprano, desaparecen en el seno de la tierra como una gota de agua. Y después fluye al mar y se extingue mezclándose con éste. Este es el destino de todos los seres. Según este destino, todos existen y fallecen de acuerdo a su sino.
Todos los principios implican sus finales; todo lo que comienza termina. Él, que no tiene ningún principio ni un final es Dios, Que es Eterno. Es Dios Quien maneja a todos los seres que nacen dentro del tiempo y Él es Quién decreta cada destino individual. Él, en Sí mismo, está más allá de todo lo que crece y disminuye, de lo que hace y deshace, compone y descompone, del nacimiento y de la muerte. Es Él Quién crea y administra todos los tiempos, pasado, presente y futuro. No existe nada que no se encuentre bajo Su soberanía, disposición y poder. Por lo tanto, no es correcto atribuirle los acontecimientos a la naturaleza por sí sola, sin hacer referencia a Dios, aludiendo a que tales acontecimientos son simplemente naturales, y ocurren fuera del Decreto Divino.
Se les permite a las cosas el derecho de existir sólo por la Voluntad Eterna y el Decreto Todopoderoso, junto con la asignación de una tarea o servicio particular. Todas las criaturas, animadas o inanimadas, nacen sólo para servir como un espejo que muestra la fuerza, el poder, el conocimiento y la belleza del Único Creador; y después, cuando llegue la hora designada, se despiden de este servicio y ceden el paso a una nueva vida.
En este mundo tanto los nacimientos como las muertes desempeñan el papel de ser exhibición y prueba. Existir de la nada indica la existencia de un Ser Oculto, completar el servicio y al cabo de un tiempo despedirse de ello indica la eternidad y la inmortalidad de aquel Ser Oculto. El hecho de ver, oír y tener conocimiento dirige la mente hacia el Que ve, oye y conoce todas nuestras acciones. Cumplir con nuestro servicio y después marcharnos de este mundo igualmente conduce la mente a lo Oculto quien en contraste, ni siquiera entra en la creación, ni parte de ella ni regresa a ella como nosotros: Aquel Quien ha creado la muerte y la vida, para poder poneros a prueba (y demostraros) quién de entre vosotros es mejor en los actos… (Corán, 67:2)
Es sumamente importante entender el secreto de nacer y ser puesto a prueba en este mundo, y por lo tanto, estar preparado para marcharse del mismo en cualquier momento.
Retomemos la pregunta: La hora designada para la muerte de las personas que fallecen en masa en las catástrofes ¿significa que les ha llegado a todos al mismo tiempo?
Sí, para aquellos que murieron de este modo, el tiempo designado de la muerte llega realmente en el mismo momento. Y no hay ningún obstáculo para que no sea así. El Ser Supremo Quien posee y gobierna la creación entera, Quien sustenta todo bajo Su soberanía, y Quien creó todo, desde los átomos más pequeños hasta los sistemas celestes más grandes, cada uno con su propio destino, también es capaz de destruir a cada uno de nosotros o a todos al mismo tiempo en un solo instante. No importa que los seres existentes se encuentren en sitios diferentes, procedan de clases diferentes, o tengan propiedades diferentes, ni siquiera el número de los mismos es relevante para Su voluntad.
Es posible decir muchas cosas para ofrecer alguna noción sobre el poder del Creador con las que alcanzar alguna comprensión sobre los hechos del Poder Eterno, aunque sea muy difícil encontrar ejemplos o analogías.
Cada criatura necesita energía que, en su forma visible, es la luz. Cada criatura depende de algún modo del Sol para existir y lo hace en armonía con el mejor resultado. Las plantas consiguen su diversidad de color y su esplendor con la luz del Sol, crecen y menguan con la salida y la puesta del sol. De la misma manera, todas brotan en la primavera, florecen en el verano, y se desvanecen en el otoño, disfrutando del mismo destino armoniosamente. Todas nacen y su existencia es sostenida dentro de un Plan abarcador, de voluntad omnisciente y omnipotente. Nada puede existir fuera de este Decreto Divino: …Y conoce todo cuanto hay en la tierra y en el mar; y no cae una sola hoja sin que Él no lo sepa; y no existe grano que esté en las oscuras capas de la tierra, y nada verde o seco, que no se halle (registrado) en un Libro Manifiesto. (Corán, 6:59).
Si el nacimiento, el proceso de maduración, el acontecimiento de dar frutos y el ocaso de las semillas y los granos de las plantas son sucesos registrados y mantenidos con solemnidad, ¿puede ser posible que la especie humana, el ser más perfecto, se la haya dejado vivir y morir así, como si hubiese sido desatendida y pasado desapercibida? El Creador y el Dueño de todos los reinos terrenales y divinos, cuyo poder de escucha y visión de una cosa no previene el hecho de que oiga y vea otra más, seguramente le concederá importancia a cada actitud del ser humano, que es el corazón del universo y Su obra más destacada. El Ser Supremo le otorgará al hombre, el índice del universo entero y las bendiciones que le concede a la creación en su totalidad. Él recibirá a la humanidad en Su Presencia y la honrará con una invitación especial y favores únicos.
Esta invitación puede convocar a la gente individualmente o en masa, a veces en la cama, en un campo de batalla, o por medio de un accidente o un desastre. Estos llamamientos y citaciones pueden tener lugar en el mismo momento y del mismo modo para toda la gente que vive en un lugar particular o a gente diferente, que vive en sitios diferentes y de maneras diferentes. Respecto al tratamiento del Todopoderoso hacia Sus siervos, las condiciones de tiempo o lugar o la cantidad no tienen ninguna importancia. Para el Único Majestuoso que crea y envía a los humanos a este mundo, Quien las sustenta y aprecia a todas por igual, las mantiene en este mundo según Su expreso deseo y las libera después de la finalización de su servicio, es un asunto fácil tomar las almas una por una o en grupos. Lo anterior no es más extraño o difícil de comprender que la simple palabra que el comandante de un ejército pronuncia, en un momento escogido, para licenciar del servicio activo en el ejército a un soldado o a todo el ejército.
Además, no existe un sólo ángel encargado de tomar las almas de las personas, sino muchos. Con la autoridad, el permiso y la voluntad de su Creador, muchos ángeles se pueden encontrar con la gente y desempeñar su misión siguiendo los Libros Divinos que les han sido concedidos. Haciéndolo así, se acercan a la gente, se les aparecen y actúan de maneras diferentes. Si ciertos accidentes o desastres en particular se examinan con cuidado, se observará fácilmente que en realidad hay una ordenación previa en los acontecimientos, que es uno y tan sólo uno el momento de la muerte designado, en el mismo instante, para todos aquellos que fallecieron en el suceso en cuestión. Se pueden encontrar muchos ejemplos de este hecho en los informes de los medios de comunicación y en los libros. Por ejemplo, en los terremotos que no dejaron piedra sobre piedra en poblaciones enteras, en las cuales los adultos fueron incapaces de salvarse con todo tipo de medios disponibles, bebés de semanas y meses de vida fueron encontrados entre los escombros después de muchos días, sin ninguna herida; asimismo, cuando muchos pasajeros capaces de nadar se ahogaron después de que su vehículo cayera al río, los bebés sobrevivieron y fueron encontrados flotando en el agua; del mismo modo, existen informes conocidos sobre el caso de un bebé que se encontró sano y salvo a una considerable distancia en metros desde donde el avión en el que viajaban se había estrellado y explotado. Se pueden ofrecer muchos más ejemplos de este tipo; el caso es que ningún incidente, muerte o supervivencia, acontecen por sí mismos. Todos los eventos ocurren de acuerdo con la Voluntad Eterna y el Decreto Todopoderoso del Que todo lo ve, todo lo oye y es el Creador Abarcador.
Cada ser que ingresa en la existencia, sea solo o en grupo con otros, y después vive hasta que llegue la hora designada para su muerte en el Libro del Registro, completa su vida con la responsabilidad de percibir los secretos de su naturaleza primordial (fitrah), descubrir las bellezas ocultas más allá de la naturaleza, convertirse en un espejo y en un intérprete del Creador del todo. Y después se retira de esta misión, individualmente o en masa. Tal previsión y registro de la vida, así como acabar con ella cuando llegue el tiempo designado, son tareas muy sencillas para el Creador. Además, Dios revela que alrededor de cada ser humano hay muchos ángeles encargados de tomar almas — además de otros muchos ángeles con misiones diferentes.
En este punto podríamos preguntarnos: ¿Por qué algunas personas inocentes fallecen en desastres junto con otras personas que pueden haber merecido tal destino? Tal pregunta proviene de un razonamiento falso y un error en nuestra creencia. Si la vida tan sólo se diera en este mundo, si este mundo fuera el primero y último recurso de vida, esa pregunta se podría considerar completamente razonable. Pero si este mundo es un terreno en el que prepararnos así como una antecámara, y el mundo del Más Allá es la fruta y la cosecha de éste, y un lugar de descanso y felicidad, sin trabajo duro y privación alguna, entonces la pregunta no tiene justificación. Considerando la realidad de la vida del Más Allá, no es raro que el bueno y el malo, o el recto y el pecador, mueran juntos en el mismo instante en este mundo; al contrario, es completamente razonable y lógico que sea así. Ya que cada individuo será resucitado y se le pedirá cuentas por lo que hizo, y será castigado o recompensado según sus intenciones y hechos.
En definitiva, la muerte y su hora determinan el final de la vida y la misión en este mundo. Aquel período de la vida y su final se encuentran en concordancia a un plan predestinado que, tomando el libre albedrío humano en cuenta, se halla escrito y conservado en el Libro del Registro. Y este Libro se hace realidad cuando llega el momento, según la voluntad y la orden de Aquél que todo lo ve y todo lo oye. No existe ninguna diferencia de principios entre sí la muerte llega a una persona por separado o en masa junto con otros.
Supongo que, como en muchas preguntas sobre los asuntos religiosos, la carencia en el entendimiento de la verdad, en conocer el poder y la voluntad ilimitados del Creador son algunos de los motivos principales que generan duda y hacen caer en la equivocación. Otra razón es una evaluación equivocada de las cosas y los acontecimientos. Si, ante las cosas y los acontecimientos, una persona no elimina de sus pensamientos la equivocada noción de «coincidencia» o «naturaleza», si no se dedica a la reflexión y la vida religiosa y no se aleja de las preocupaciones mundanas, su vida interior se llenará de creencias poco sólidas y débiles y se convertirá en un campo de batalla para las dudas satánicas y la preocupación.
Mientras los corazones de las personas están empobrecidos y se hallan incapaces de alimentarse, la exposición constante de las dudas y las vacilaciones de esta naturaleza son profundamente perjudiciales a su ser espiritual. Ante tal situación, habría que sorprenderse por el hecho de cómo las nuevas generaciones todavía se mantienen castas, en vez de preguntar por qué se desvían del camino correcto.
Se puede alegar que prestamos demasiada atención a tales cuestiones que pueden parecer, a algunas personas, poco significativas. Pero no podemos estar de acuerdo con ello: cualquier asunto relacionado con la fe siempre es de primordial importancia y digno de reflexionar o examinar seriamente.

Anuncios
Relacionados
El libre albedrío
Artículos - 29/04/2011
El Decreto Divino y el Destino
Artículos - 19/02/2012
Las excelentes propiedades de Lailat al-Qadr
Artículos - 19/10/2006

Publicado por MEXICO INFORMA ISLAM en 7:32

No hay comentarios:

Publicar un comentario