Por Carlos Arturo Baños Lemoine.
Profesor UAM-Xochimilco y UPN-Ajusco
Este fin de semana se desataron las fuerzas fascistas en contra de un colega periodista: Ricardo Alemán.
Todo comenzó con un asunto de veras inocuo e incluso anodinoRicardo Alemán retransmitió una publicación que recibió por vía de Twitter. El mensaje original decía: “A John Lennon lo mató un fan, A Versace lo mató un fan, A Selena la mató un fan, A ver a qué hora chairos”. Ricardo, en la retransmisión de este mensaje, sólo agregó: “Les hablan!!!”.
Sinceramente, se trataba de algo para esbozar una tibia sonrisa por el humor ácido inherente al mensaje. Un asunto que no merecía mayor trascendencia porque la gente civilizada sabe identificar una sorna.
Pero resulta que fuerzas retrógradas, fascistas, estalinistas, macartistas, hicieron de esto todo un escándalo mediático, y culparon rabiosamente a Ricardo Alemán de ser un “apologista del delito”, de estar “incitando a la violencia”, de estar “orquestando el homicidio” de López Obrador y de no sé cuántas pendejadas más.
Por esta razón, la empresa Televisa decidió sacar del aire al programa La Mudanza, a cargo de Ricardo Alemán y transmitido todos los sábado por Canal 4 (ForoTV), y lo mismo hizo el IPN (Canal 11) con respecto al programa Despertador Político, transmitido de lunes a viernes y en el cual yo participaba todos los martes haciendo análisis político-electoral.
¿Excesiva la reacción de las mencionadas empresas? ¡Por supuesto, toda vez que el tuit objeto de escándalo no fue transmitido a través de sus espacios! Las empresas no tienen derecho a calificar lo que no les compete: a Televisa y al IPN hasta lo que no comen les hace daño.
A lo sumo, esas empresas tuvieron que haber emplazado a Ricardo Alemán para platicar sobre el asunto, apelando al daño que para su imagen institucional podría causarles dicho tuit, a fin de que el periodista realizara la acción pertinente (corregir, desmentir, desdecir, retirar, borrar, ofrecer disculpas, hacer un alcance aclaratorio, etc.), evitando así que se perdiera una fructífera relación profesional.
Pero las empresas cortaron todo de tajo, sin mediar siquiera el ejercicio del derecho a ser escuchado. ¡Qué linda ética empresarial la de Televisa y la del IPN! Se impusieron las hordas mediáticas de lo “políticamente correcto”.
Pero muy sospecho resulta que tales organizaciones (una privada y otra pública) hayan sido muy receptivas a las “condenas mediáticas” cuando, en función de otras personas, esas mismas organizaciones se han mostrado sumamente obsequiosas, laxas y tolerantes.
Allí está el caso de John Ackerman, asesor de AMLO, quien, a inicios de febrero de este mismo año, retransmitió un mensaje (sin desmarcarse de él) que decía: “Si nos vuelven a robar la elección, va a haber chingadazos”. No olvidemos que, actualmente, Ackerman tiene un programa en TV UNAM llamado Diálogos por la Democracia, con un claro sesgo “chairo”.
Allí está, también, aquel mensaje anti-Peña que retransmitió por Twitter (y sin deslindarse) la comentarista Denise Dresser: “Se solicita piloto depresivo para manejar avión presidencial”. Se trata de la misma persona que, en febrero de 2012, en el programa de Leo Zuckermann (Canal 4, ForoTV), refiriéndose a Elba Esther Gordillo dijo: “(…) mira, mi primer instinto, y yo creo que es el de muchos que nos están viendo, es pensar, y me apena decirlo, pero sé que es un sentimiento compartido, que se muera en su siguiente cirugía plástica”. Esta idea fue acompañada de risotadas y chacota. Denise Dresser y Leo Zuckermann siguen ocupando espacios de opinión en Televisa, curiosamente.
También está el caso de Yuriria Sierra, hoy periodista de Imagen TV, quien, a través de Twitter, llegó a hacer la siguiente publicación: “Oye Lee Harvey Oswald ¿Dónde estás cuando se te necesita?… ok, no”. Esto en relación con una publicación que sugería fusilar a Enrique Peña Nieto, el actual Presidente de México.
Y qué tal la joya de la corona: las declaraciones estalinistas y carniceras de Paco Ignacio Taibo II, también intelectual cercano a AMLO, en el que abiertamente arenga a las masas a fusilar, por “traición a la patria”, a quienes aprobaron la reforma energética. No se pierdan el discurso rijoso de este energúmeno morenista:
Con estos antecedentes en nuestros medios de comunicación, ¿por qué la reacción desmedida y virulenta contra Ricardo Alemán? ¿Qué hay detrás de la campaña de linchamiento mediático en su contra, incluso por parte de algunos periodistas, como Julio Hernández López, de La Jornada?
¿Coincidencia o consigna?
Y no podemos pasar por alto que Ricardo Alemán criticó duramente la actitud pasiva y zalamera de los periodistas de Televisa que, en el marco de la primera emisión de la nueva temporada del programa Tercer Grado, entrevistaron a López Obrador el pasado jueves 03 de mayo.
¿Será que Televisa quería deshacerse de un periodista incómodo para AMLO porque dicha empresa quiere quedar bien con el “próximo Presidente”?
Como diría Ricardo: ¡al tiempo!
Concluyo manifestando mi apoyo abierto y franco al compañero periodista Ricardo Alemán y a todo su equipo, como antes he cerrado filas con otros compañeros periodistas cuando éstos han sido atacados por las hordas fascistas que exigen sus cabezas en picotas ensangrentadas.
La historia no me dejará mentir: allí están mis artículos de opinión en defensa de la libertad de expresión de Nicolás Alvarado (caso Juan Gabriel), Álvaro Cueva (caso Ana Gabriela Guevara) y Marcelino Perelló (tema de la violación).
Cuando fuerzas retardatarias, dogmáticas y totalitarias atacaron a nuestros compañeros periodistas, sin ambages y con firmeza yo salí en defensa de su libertad de expresiónsin por ello dejar de criticar todo cuanto me parecía criticable.
Pero yo ejerzo la crítica, no la inquisición, ni la censura, ni la represión. Es más, detesto a los pinches inquisidores, sean del signo que sean. Simplemente me cagan, me resultan aborrecibles, razón por la cual siempre aprovecho estas coyunturas de crisis para depurar mi directorio: me repugna tratar con fascistas.
¡Vaya un abrazo fraterno para Ricardo Alemán y todo su equipo!
 ¡Ojalá el futuro nos vuelva a reunir, estimables colegas!