Irán, Pax Silica, y el embrionario Estado fascista WILLIAM I. ROBINSON* El ataque estadunidense-israelí a Irán ha encendido de nuevo a Medio Oriente, pero no es más que el último de una vertiginosa serie de convulsiones globales que abarcan desde el conflicto geopolítico en Ucrania y Oriente Medio, hasta las guerras civiles en Myanmar y Sudán, las disputas arancelarias, el ataque estadunidense a Venezuela, y el terrorismo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en ciudades estadunidenses, entre otros. Este tumulto global está impulsado por un catalizador sistémico común: las violentas estrategias expansivas de un nuevo complejo hegemónico del capital trasnacional, en respuesta a la crisis de época del capitalismo global. El complejo triangulado reúne a las gigantescas empresas tecnológicas, el capital financiero trasnacional y el complejo militar-industrial-represivo. El Gran Tech controla todo el ecosistema del capitalismo digitalizado, convirtiendo su enorme poder estructural en control político directo por medio del Estado fascista. Para impulsar su agenda, el bloque ha recurrido al Trumpismo Global, uno de los varios síntomas políticos morbosos que emergen a medida que se desmorona el orden internacional pos Segunda Guerra Mundial. Las 20 principales empresas tecnológicas del mundo tenían una capitalización bursátil combinada superior a los 20 billones de dólares en 2025, una quinta parte del PIB global. El Gran Tech está, a su vez, entrelazado con los gigantescos conglomerados financieros globales, que poseen más de la mitad de las principales empresas tecnológicas. En 2022, había 33 empresas de gestión de inversiones de capital valoradas en 83 billones de dólares de activos combinados, más de cuatro quintas partes del valor del PIB mundial. Silicon Valley y sus patrocinadores financieros están recurriendo a las tecnologías digitales para la guerra y la represión, fusionándose con el complejo militar-industrial-represión, completando así el eje del poder del complejo, que a su vez se alinea con estados autoritarios, dictatoriales y fascistas. Los multimillonarios tecnológicos y financieros se están convirtiendo en actores geopolíticos globales. Ejercen su enorme poder estructural por medio del Trumpismo Global, desarrollando nuevas modalidades de control sobre la sociedad civil y buscando formas alternativas de legitimidad basadas en la inestabilidad y el caos que faciliten el control de países y recursos. El gobierno estadunidense ha denominado la nueva dispensación política como Pax Silica. “Si el siglo XX funcionó con petróleo y acero, el siglo XXI funciona con computación y los minerales que la alimentan”, declaró el Departamento de Estado. Pax Silica implica el desarrollo de “cadenas globales de suministro de IA” que impulsarán “oportunidades históricas y demanda de energía, minerales críticos, manufactura, hardware tecnológico, infraestructura y nuevos mercados aún no inventados”. En virtud de esta Pax Silica, el régimen de Trump ha emprendido una desregulación radical de la IA y de las finanzas. Ha seguido una estrategia de mercantilismo digital, inscribiendo en sus negociaciones arancelarias con otros países la demanda de derogación de sus leyes que regulan la IA, mientras el Gran Tech busca su eliminación en al menos 64 países. El telón de fondo de la vorágine global es la crisis de época del capitalismo global. Estructuralmente, el sistema se enfrenta a una crisis de sobreacumulación que genera una intensa presión para la expansión que impulsa a la clase capitalista trasnacional (CCT) a buscar salidas para descargar el excedente de capital acumulado. En 2025, China registró un superávit comercial récord de 1.2 billones de dólares –un aumento de 20 por ciento con respecto a 2024–, lo que indica una enorme sobrecapacidad global y contribuye a la creciente competencia geopolítica por los mercados y las oportunidades de inversión. Liderada por el nuevo complejo hegemónico de capital, la CCT está desatando una ronda depredadora de expansión impulsada por la digitalización, virando hacia formas más salvajes de acumulación extractivista, apoderándose de tierras, energía y recursos minerales para satisfacer la demanda de tecnología de la IA y centros de datos. El Trumpismo constituye un Estado fascista embrionario que está forjando nuevas alianzas con estados represivos de todo el mundo. El fascismo en la era industrial y el fascismo en la era digital son distintos. El fascismo del siglo XXI implica la fusión del capital trasnacional con el poder político represivo y reaccionario en el Estado y con una movilización fascista en la sociedad civil, una fusión cada vez más visible en Estados Unidos bajo el régimen de Trump, a medida que el bloque hegemónico del capital se une al Estado fascista. En Estados Unidos, el ICE está emergiendo como una fuerza paramilitar fascista, una versión moderna de las camisas pardas que sirven de puente entre el desarrollo del Estado fascista y una reorganización fascista de la sociedad civil. El Trumpismo Global reúne a diversas fuerzas autoritarias y neofascistas de extrema derecha, alineadas ideológica y políticamente, que defienden la agenda trumpista y aplauden su gansterismo trasnacional. La consolidación del complejo capitalista hegemónico parece depender ahora del extremismo ideológico y el caudillismo político del Trumpismo Global. Este complejo está profundamente inmerso en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia, a medida que la acumulación militarizada se arraiga en toda la economía y la sociedad global. El fascismo, la guerra y la acumulación están inextricablemente unidos en la modalidad de acumulación que ahora persigue dicho complejo. En la lógica depravada del capitalismo global en crisis, esta acumulación de masacres no es más que la contraparte de la acumulación de capital. *Profesor distinguido de sociología en la U
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