Mapa muestra dónde perecería el 75% de los estadounidenses si estallara la Tercera Guerra Mundial
Ha surgido un mapa inquietante de la era de la Guerra Fría, que ofrece una proyección sombría para Estados Unidos después de un conflicto nuclear, con estimaciones que sugieren que hasta el 75% de los residentes en los estados más afectados podrían morir por exposición a la radiación.
Esto cobra especial relevancia después de que Donald Trump autorizara un ataque masivo contra Irán, eliminando al ayatolá Alí Jamenei, en medio de temores sobre los planes nucleares del país. Sus posibles planes con sus importantes recursos de uranio eran algo con lo que Trump no estaba dispuesto a correr ningún riesgo.
Un estudio de 1986 realizado por William Daugherty, Barbara Levi y Frank Von Hippel, del Instituto de Medicina, analizó las posibles consecuencias de un ataque nuclear contra Estados Unidos. Su investigación examinó un ataque dirigido a la infraestructura de armas nucleares estadounidense, incluyendo ataques a silos de misiles Minuteman (armas nucleares terrestres creadas en la década de 1950 por Estados Unidos), que resultarían en detonaciones en dichos emplazamientos. Esto ocurre en un momento en que los estadounidenses pertenecientes a estos grupos tienen menos probabilidades de ser reclutados en la Tercera Guerra Mundial.
Estos ataques coordinados provocarían una dispersión generalizada de radiación por todo el país. El mapa muestra cómo la lluvia radiactiva, transportada hacia el este por los patrones de viento dominantes, cubriría el país.
El equipo de investigación explicó: "Hemos asumido la suposición habitual de que cada uno de los 1116 silos de misiles y centros de control de lanzamiento de misiles estadounidenses sería alcanzado por dos ojivas de 0.5 megatones".
Durante ese período, la Unión Soviética poseía alrededor de 3000 ojivas nucleares. Los científicos identificaron las zonas más críticas en el mapa, destacando los lugares donde la exposición a la radiación superaría los 3500 rads.
"En esta región... más de tres cuartas partes de la población morirían", determinó el científico. Estas zonas aparecen como las zonas negras en el mapa.
Los especialistas describieron la catastrófica cadena de acontecimientos que seguiría a una catástrofe nuclear: "Las explosiones nucleares generan una gran cantidad de radiactividad de corta duración, principalmente asociada a productos de fisión. En nuestros cálculos, hemos asumido, como norma, que la mitad del rendimiento de las armas de ataque provendría de la fisión".
En su análisis detallado de las consecuencias, los especialistas explicaron: "En el caso de explosiones en el aire, la bola de fuego transportaría esta radiactividad a la atmósfera superior, desde donde se filtraría lentamente como una distribución bastante difusa llamada 'lluvia radiactiva global' a lo largo de un período de meses a años.
"En caso de un ataque contra objetivos considerados 'duros', como silos de misiles, que pueden soportar altas sobrepresiones, las armas nucleares tendrían que detonarse tan cerca del suelo que el material de la superficie sería absorbido por la bola de fuego, se mezclaría con los productos vaporizados de la bomba y sería transportado por la flotabilidad de la bola de fuego a la atmósfera superior".
El estudio realizado por investigadores de la Universidad de Princeton, titulado Casualties Due to the Blast, Heat, and Radioactive Fallout from Various Hypothetical Nuclear Attacks on the United States, presenta una cruda visión de lo que seguiría a un ataque nuclear.
Los autores señalaron: "Allí, gran parte del material de la bomba y del material de la superficie se condensaría en partículas, una gran fracción de las cuales descendería a la superficie nuevamente en 24 horas en una intensa franja de 'lluvia radiactiva local' a sotavento del objetivo".
La investigación concluye con una dura advertencia: "Esperamos que los responsables de la toma de decisiones a nivel nacional comprendan mejor las consecuencias colaterales de un hipotético primer ataque y la enorme capacidad destructiva de las armas que sobrevivirían. Esta comprensión debería hacerlos menos propensos a buscar capacidades de contrafuerza o a temer tales ataques del otro bando".
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