Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

  Interesados comunicarse a correo: erubielcamacho43@yahoo.com.mx  si quieren versión impresa o electrónica donativo voluntario .

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La lucha y los retos de los pueblos árabes

La lucha y los retos de los pueblos árabes 5 La lucha y los retos de los pueblos árabes (The struggle and challenges of the Arab peoples) Festival de « L’Avante » - Portugal – 08 de septiembre 2012 Intervención de Marie Nassif-Debs (Secretaria general adjunta del Partido Comunista Libanes) El Mundo árabe se encuentra hoy en una encrucijada de caminos que algunos historiadores comparan al periódo en que los pueblos árabes fueron puestos en los años Cincuenta ( y hacia Sesenta) del siglo XX, tras la «Nakba» del pueblo palestino y la partición, por la ONU, de Palestina en dos Estados, donde uno (Palestina) nunca vió el día mientras que el otro (Israël), creado de todas piezas, continua expandiandose por medio de las guerras, las agresiones y, sobre todo, las colonizaciones. Pero si esta comparación encuentra algún fundamento histórico en los llamamientos, hechos actualmente como antes, por los pueblos árabes para poner fin a régimenes dictatoriales, sometidos al extranjero y ejecutando la política de la grandes potencias capitalistas, no cabe duda que las dos situaciones son muy diferentes, tanto por las consignas como por las fuerzas quienes las llevan. En efecto, los años Cincuenta (y Sesenta) fueron las de un movimiento llamado «de liberación nacional» contra el colonialismo, tanto británico como francés. Este movimiento, encabezado por militares pertenecientes a partidos políticos nuevos, formados dentro de la pequeña burguesía, tal como El Baâs, el Movimiento de los nacionalistas árabes y, mas tarde, el Naserismo, planteaba el golpe de Estado como medio del cambio. Estaba guíado por ideáles nacionalistas árabes, donde se incluya en primer lugar, el rechazo de la partición de Palestina, el fin del colonialismo, y la unidad árabe. A estos ideáles se sumaba, en algunos sectores, él del socialismo basado en una reforma agraria, pero también sobre la ampliación del sector público y las nacionalizaciones. Agregamos a eso que la presencia de la Unión Soviética y del campo socialista, ayudó en asentar estos movimientos, sobre todo después de su llegada al poder, tanto en Egipto (1952) como en Irak (1958) o en Siria (tras el fracaso de la unidad de la burguesía siria con la Egipto nasserista en 1961). Relaciones bilaterales bien sólidas empujaron incluso los teóricos soviéticos del tiempo de Khrutchev, a presentar tésis tratando sobre la posibilidad de un cambio siguiendo una nueva vía llamada «la via del desarrollo no-capitalista» basada en la pequeña burguesía y sus representantes en el poder y que no requería de ninguna manera de la presencia de una clase obrera o de un partido comunista que podía representarla… Lo que ayudó la nueva pequeña burguesía en el poder a liquidar o prohibir los partidos comunistas en varios países, incluidos Egipto o Argelia… ¿ Qué está pasando actualmente, en el Mundo árabe, en el Maghreb (parte occidental) como en el Machrek (parte oriental)? ¿ Comó podemos valorar los movimientos da masa que se extienden, desde ya dos años en toda ese mundo? ¿ Cúales son los retos a los cuales los pueblos árabes están sometidos y que es lo que está en juego para que los territorios árabes estén de nuevo el centro de una posible tercera guerra mundial donde podrían enfrentarse el viejo imperialismo, jefeado por los Estados Unidos, y las nuevas potencias capitalistas, llamadas también potencias emergentes, teniendo Rusia a su cabeza? Empecemos, primeramente, en precisar que el Mundo árabe actual está en ebullición. En todos los países árabes, se están formando movimientos llamando al derrocamiento de los regímenes, tanto los que el colonialismo había puesto en el poder o creado de multiples formas (monarquías y emiratos) como los que nacieron de los golpes de Estado nacionalistas de los años Cincuenta y quienes, una vez bien asentados, se olvidaron del porqué lucharon y se implicaron tan bien que sus adversarios en la corrupción y la dictadura… ¿ Lo que pasa en nuestro mundo? Algunos teóricos burguéses, cercanos a los puntos de vista imperialistas, le dan el nombre enfático de «primavera árabe» por analogía a lo que fue llamado «la primavera de Praga» y a lo que trascendió después hasta la implosión de la Unión Soviética. Mientras que otros, perteneciendo al mundo de la pequeña burguesía que desaparece, encuentran en las sublevaciones populares que invaden casi todos los países árabes un «otoño árabe» nacido del complote imperialista universal quien tiene por objetivo de poner fin al papel que ellos pueden jugar en la lucha antiimperialista y anti-sionista y, seguidamente, liquidar la causa palestina y normalizar las relaciones con Israël. Pensamos que los dos grupos se equivocan en sus análisis. Es cierto que el proyecto del «Nuevo Medio Oriente» constituye un nuevo complot perpetrado por el imperialismo, un nuevo «Sykes-Picot» destinado a implosionar el Mundo árabe en una multitud de micro Estados haciendose la guerra sobre bases religiosas o étnicas. Es cierto también que este proyecto ha registrado algunos éxitos al atizar en varios países las disensiónes entre Sunitas y Chiítas. Sin embargo, reducir los levantamientos que tuvieron lugar a una simple conspiración y reducir los pueblos a simples marionetas que se pueden mover a como se quiere y cuando se quiere es seguir al revés la corriente de la Historia. Lo que está sucediendo en nuestros países constituye un verdadero movimiento revolucionario, tanto por las consignas que desarrolla como por las fuerzas que lo dirijan. Este movimiento nació de la lucha emprendida, después del año 1982, por el «Frente de Resistencia Patriótica Libanesa» que los Comunistas habian conformado contra la ocupación israelí, seguida por la Intifada del pueblo palestino y por la decenas de miles de movimientos de masas en Egipto, en Sudan, en Túnes. Todo eso, y no el dinero saúdita y qatari o las directivas imperialistas, constituye el telón de fondo de la revuelta obrera y popular de Sidi Buzid, en diciembre 2010, y de la revolución del 25 de enero 2011 en Egipto. Las consignas eran consignas de clase basadas sobre la lucha social y nacional al mismo tiempo ; planteaban la necesidad de cambio basado sobre la dignidad humana y las libertades democráticas, denunciando a la vez la sumisión de los regimenes salientes al imperialismo y a sus políticas neoliberales. Cuando a las fuerzas quienes fueron a la base de estos movimientos, pertenecían, en su mayoría, a la clase obrera, a los marginados y a los grupos fragilizados de esta clase, desempleados y temporales, jóvenes en busca de un primer empleo y mujeres sufriendo los vejámenes de la discriminación tanto en su sitio de trabajo como también en sus hogares. Es cierto que las fuerzas de la reacción árabe, tanto la grande burguesía como los partidos políticos islamistas, tratan de recuperar o ocupar el poder. Sobre todo los islamistas que se habían desligado de las masas rechazando participar en los movimientos antes de ver que estos últimos iban a tener éxito, y que enarbolaban la religión como paraviento ; pero, a pesar de sus exitos, tanto en Túnes como en Egipto, no resistieron mucho tiempo antes de ser desenmascarados, puesto que usan todos los medios que estan a su alcance, la represión salvaje en primer lugar, con el fin de aplastar las masas populares que hacen frente a sus políticas enrumbadas a convertir los regímenes de estos dos países en «repúblicas islámicas» según la Chariá. Deberemos añadir que tales actuaciones no nos sorprenden ; lo que habría podido sorprender, es que la burguesía árabe, tanto laíca que encubierta bajo el manto de la religión, no reaccione cuanto a la perdida de sus prerogativas o que el imperialismo, los Estados Unidos como la Unión europea, sorprendido por la revolución tunecí o por los millones de Egipcios que hicieron frente a los esbirros de Hosni Mubarek, se dejan llevar sin reaccionar. Sobre todo que los Estados Unidos chapoteando en la arena móvediza de Irak, fueron obligados de retirarse de ese país, y que el movimiento de protestas y revueltas había ganado rápidamente Bahreín, Yemen, Libia, Kuwait y Arabía Saudita, poniendo en riesgo los gruesos intereses de las compañías petroleras y, sobre todo, el Nuevo régimen mundial, nacido, hace veinte años, tras la implosión de la Unión Soviética y dominado, hasta el 2011, por el único imperialismo estadunidense. Sin olvidar, tampoco, que ese nuevo régimen mundial tenía, mas que nunca, la necesidad de asentar su autoridad y de poner fin a la competencia de Rusia y China, tanto en África como en el Medio Oriente. Recordamos que el gasoducto Nabuko ha puesto el fuego en Georgia-Osetia y que es una de las razones principales de los vetos rusos. La guerra librada por el imperialismo estadunidense contra los pueblos árabes es, entonces, una guerra para controlar las fuentes de energía, las rutas y los mercados del petróleo y del gas, tanto en el Medio Oriente como en África, con el fin de salvarse de la triste suerte resultante de la crisis virulenta en la cual se encuentra desde el 2002 y que había explotado en el 2008. El control sobre Egipto, Libia, Yemen, el sur de Sudan (después de la partición de ese país) y el intento de tener control sobre Siria van en este sentido. Y, para lograrlo, es necesario fomentar una multitud de conflictos armados internos y regionales, donde la base sería la religión, o lo que fue llamado el retorno a la historia de las luchas intestinas musulmanas con el objetivo de recrear las dos «media lunas» antagónicas, la chiíta y la sunita, pero también de empujar los Kurdos, diseminados en varios países de la región a crear su Estado. Esto es el porque, pensamos que el mapa del teniente-coronel yankee Ralph Peters, publicado en el 2006 en «Armed Force Journal» no tiene que ver con el imaginario de un militar estadunidense, al igual que no lo era el contenido del libro zbigniew Brezinski «El Gran Ajedrez» sobre los intereses directos de los Estados Unidos en Eurasia y la forma de gerenciar estos intereses, sobre todo en Libano, vientre ralo de Siria que constituye, según Brezinski, la puerta central de Eurasia. De ahí las agresiones israelitas repetidas contra Libano. Y de ahí entonces los enormes desafíos que los pueblos árabes, los Libanés sobre todo, deben resolver con el fin de frustrar los proyectos imperialistas salvando a la vez sus aspiraciones al cambio. El primero es de desarrollar el movimiento de resistencia antiimperialista y antisionista en todas las formas, incluida la resistencia armada, que el Partido Comunista Libanes ha utilizado desde el fin de los años Sesenta, tanto al lado de la Resistencia palestina como solo. La creación de la «Guardia popular», en 1968, con el propósito de frenar los ataques israélis contra el Sur, y de las «Fuerzas de los partisanos», en 1970, ha facilitado, doce años más tarde, el nacimiento del «Frente de la Resistencia Patriótica Libanesa» que puso fin a la ocupación israéli de una grande parte del territorio libanes, desde Beirut y hasta el Sur. Lo segundo es la necesidad de vincular el trabajo por el cambio interno con la resistencia generalizada contra los planes imperialistas , dado que los dos son complementarios e indisociables. Es inconcebible, de hecho, poder instaurar un tal cambio democrático de la sociedad árabe, o de consolidarlo, sin llevar a cabo una lucha bien apuntada en contra de los proyectos del imperialismo en la región, sobre todo los relacionados a la geoestratégia y a la economía. Esta lucha debe ír al encuentro de las que llevan los Partidos Comunistas y Obreros en el ámbito internacional con el fin de hacerle frente a la crisis, de frenar los planes de saqueo de las grandes potencias capitalistas sobre las riquezas que lleva nuestro planeta y poner fin a la presencia de la OTAN para impedir las guerras imperialistas. En este objetivo, debemos, como izquierda árabe, dedicar una parte esencial de nuestra lucha política e ideológica a hacer frente a los nuevos poderes políticos islamistas instaurados y que son, en realidad, una nueva forma de la burguesía, debido a que sus representantes pertenecen a esta clase y que las políticas económicas y sociales, previstas o adoptadas, son las que los regímenes burgueses habían aplicado. Sobre todo que estos nuevos poderes han hecho honorable compromiso en lo que concierne los acuerdos previamente firmados con Israël y se declaran dispuestos a seguir las mismas políticas extranjeras como las adoptadas por sus predecesores. Es necesario que la izquierda árabe se unifique en un Frente de lucha que tenga un programa político, económico, social e ideológico bien definido. Es lo que fue la guía para la creación del «Encuentro de la izquierda árabe» quien organizó tres conferencias en Beirut y que ya cuenta con más de 24 partidos trabajando en diez países árabes. Es verdad que alguna disensión continúa existiendo entre estos partidos, sobre todo en lo que concierne la visión de futuro y las políticas a seguir en el ambito árabe. Sin embargo, grandes pasos se han hecho, tanto en el plano de las prioridades como en el de la organización de acciones conjuntas o la lucha por el socialismo. Es cierto que nada está ganado todavía, pero actuar cuando es necesario puede acortar el camino del cambio. Intervention de Marie Nassif-Debs (Secrétaire générale adjointe du PCL) Le Monde arabe se trouve aujourd’hui à un croisement de chemins que certains historiens comparent à celui dans lequel les peuples arabes furent placés durant les années Cinquante (et, même, Soixante) du XXème siècle, à la suite de la « Nakba » du peuple palestinien et de la partition, par l’ONU, de la Palestine en deux Etats, dont l’un (la Palestine) ne vit pas le jour tandis que l’autre (Israël), créé de toutes pièces, continue à s’agrandir par les guerres, les agressions et, surtout, les colonisations. Mais si cette comparaison trouve quelque fondement historique dans les appels, lancés actuellement comme jadis, par les peuples arabes pour mettre fin à des régimes de dictature, inféodés à l’étranger et faisant la politique des grandes puissances capitalistes, il n’en va pas moins que les deux situations sont très différentes, tant par les slogans que par les forces qui les portent. En effet, les années Cinquante (et Soixante) furent celles d’un mouvement dit « de libération nationale » contre le colonialisme, tant britannique que français. Ce mouvement, ayant à sa tête des militaires appartenant à des partis politiques nouveaux, formés dans la petite bourgeoisie, tels le Baas, le Mouvement des nationalistes arabes et, plus tard, le Nassérisme, préconisait le coup d’Etat comme moyen de changement. Il était mené par des idéaux nationalistes arabes, dont, en premier lieu, le refus de la partition de la Palestine, la fin du colonialisme et l’unité arabe. A ces idéaux s’ajoutait, chez certains, celui d’un socialisme basé sur une réforme agraire, mais aussi sur l’élargissement du secteur public et les nationalisations. Ajoutons à cela que la présence de l’Union soviétique, et du camp socialiste, aida à asseoir ces mouvements, surtout à la suite de leur arrivée au pouvoir, tant en Egypte (1952) qu’en Irak (1958) ou en Syrie (à la suite de l’échec de l’unité de la bourgeoisie syrienne avec l’Egypte nassériste en 1961). Des relations bilatérales bien solides poussèrent même les théoriciens de l’Union soviétique du temps de Khroutchev, à présenter des thèses concernant la possibilité d’un changement suivant une nouvelle voie appelée « la voie du développement non capitaliste » basée sur la petite bourgeoisie et ses représentants au pouvoir et qui ne nécessitait nullement la présence d’une classe ouvrière ou d’un parti communiste pouvant la représenter… Ce qui aida la nouvelle petite bourgeoisie au pouvoir à liquider ou à interdire les partis communistes dans plusieurs pays, dont l’Egypte ou l’Algérie… Que se passe-t-il actuellement, dans le Monde arabe, au Maghreb (partie occidentale) comme au Machreq (partie orientale) ? Comment pouvons-nous évaluer les mouvements de masse qui s’étendent, depuis deux ans déjà sur ce monde ? Quels sont les défis auxquels les peuples arabes sont soumis et quels enjeux font que les territoires arabes sont de nouveaux le centre d’une possible troisième guerre mondiale où pourraient s’affronter le vieux impérialisme, mené par les Etats-Unis, et les nouvelles puissances capitalistes, appelées aussi puissances émergentes, ayant à leur tête la Russie? Commençons, d’abord, par préciser que le Monde arabe actuel est en ébullition. Dans tous les pays arabes, se créent des mouvements appelant à la chute des régimes, tant ceux que le colonialisme mit en place ou créa de toutes pièces (monarchies et émirats) que ceux qui naquirent des coups d’Etat nationalistes des années Cinquante et qui, une fois bien assis, oublièrent ce pourquoi ils luttèrent et s’impliquèrent tout aussi bien que leurs adversaires dans la corruption et la dictature… Ce qui se passe dans notre monde ? Certains théoriciens bourgeois, proches des vues impérialistes, lui donnent le nom emphatique de « printemps arabe » par analogie à ce qui fut nommé « le printemps de Prague » et à ce qui s’en est suivi jusqu’à l’implosion de l’Union soviétique. Tandis que d’autres, appartenant au monde de la petite bourgeoisie qui disparaît, trouvent dans les soulèvements populaires qui envahissent presque tous les pays arabes un « automne arabe » né du complot impérialiste universel visant à mettre fin au rôle qu’ils peuvent jouer dans la lutte anti impérialiste et anti sioniste et, par suite, à liquider la cause palestinienne et normaliser les relations avec Israël. Nous pensons que les deux groupes se trompent dans leurs analyses. Il est vrai que le projet du « Nouveau Moyen Orient » constitue un nouveau complot perpétré par l’impérialisme, un nouveau « Sykes-Picot » visant à imploser le Monde arabe en une multitude de mini Etats se faisant la guerre sur des bases religieuses ou ethniques. Il est vrai aussi que ce projet a enregistré quelques succès en envenimant dans plusieurs pays les dissensions entre Sunnites et Chiites. Cependant, réduire les soulèvements qui ont eu lieu à un simple complot et réduire les peuples en de simples marionnettes que l’on peut bouger comme on veut et quand on veut c’est suivre à l’envers le courant de l’Histoire. Ce qui se passe dans nos pays constitue un vrai mouvement révolutionnaire, tant par les slogans qu’il développe que par les forces qui le dirigent. Ce mouvement est né de la lutte menée, depuis l’année 1982, par le « Front de Résistance Patriotique Libanaise » que les Communistes ont créé contre l’occupation israélienne, suivi par la première Intifada du peuple palestinien et par les dizaines de milliers de mouvements de masses en Egypte, au Soudan, en Tunisie. Tout cela, et non l’argent saoudien et qatari ou les directives impérialistes constitue la toile de fond de la révolte ouvrière et populaire de Sidi Bouzid, en décembre 2010, et de la révolution du 25 janvier 2011 en Egypte. Les slogans étaient des slogans de classe basés sur la lutte sociale et nationale en même temps ; ils visaient le changement basé sur la dignité humaine et les libertés démocratiques, tout en stigmatisant l’inféodation des régimes sortant à l’impérialisme et à ses politiques néolibérales. Quant aux forces qui furent à la base de ces mouvements, elles appartenaient, en majorité, à la classe ouvrière, aux marginaux et aux groupes fragilisés de cette classe, chômeurs et intermittents, jeunes en recherche d’un premier emploi et femmes subissant la discrimination sur le lieu du travail tout aussi bien que dans leur foyer. Il est vrai que les forces de la réaction arabe, tant la grande bourgeoisie que les partis politiques islamistes, tentent de récupérer ou d’occuper le pouvoir. Surtout les islamistes qui s’étaient démarqués de la foule en refusant de participer aux mouvements avant de voir que ceux-ci allaient réussir, et qui avaient brandi la religion comme paravent ; mais, malgré leur succès, tant en Tunisie qu’en Egypte, ils n’ont pas longtemps résisté avant d’être mis à découvert, puisqu’ils utilisent tous les moyens mis à leur portée, la répression sauvage en premier lieu, afin de mater les masses populaires qui font face à leur politique visant à transformer les régimes de ces deux pays en « républiques islamiques » suivant la Charia. Il nous faudra ajouter que de tels agissements ne nous surprennent pas ; ce qui aurait pu surprendre, c’est que la bourgeoisie arabe, tant laïque que recouverte du manteau de la religion, ne réagisse pas à la perte de ses prérogatives ou que l’impérialisme, les Etats-Unis comme l’Union européenne, surpris par la révolution tunisienne ou par les millions d’Egyptiens qui ont fait face aux sbires de Hosni Moubarak, se laisse faire sans réagir. Surtout que les Etats-Unis pataugeant dans le sable mouvant de l’Irak, étaient obligés de se retirer de ce pays, et que le mouvement de protestation et de révolte avait vite gagné le Bahreïn, le Yémen, la Libye, le Kuweit et l’Arabie saoudite, mettant en péril les gros intérêts des compagnies pétrolières et, surtout, le Nouveau régime mondial, né, il y a vingt ans, à la suite de l’implosion de l’Union soviétique et dominé, jusqu’en 2011, par le seul impérialisme étasunien. Sans oublier, non plus, que ce nouveau régime mondial avait, plus que jamais, besoin de rasseoir son autorité et de mettre fin à la concurrence de la Russie et de la Chine, tant en Afrique qu’au Moyen Orient. Rappelons que le gazoduc Nabuko a mis le feu en Géorgie-Ossétie et qu’il est une des raisons principales des vetos russes. La guerre menée par l’impérialisme étasunien contre les peuples arabes est, donc, une guerre pour contrôler les sources d’énergie, les routes et les marchés du pétrole et du gaz, tant au Moyen Orient qu’en Afrique, afin d’échapper au triste sort résultant de la crise virulente dans laquelle il se trouve depuis 2002 et qui avait explosé en 2008. La mainmise sur l’Egypte, la Libye, le Yémen, le sud du Soudan (après la division de ce pays) et la tentative de mettre la main sur la Syrie vont dans ce sens. Et, pour y parvenir, il est nécessaire de fomenter une multitude de conflits armés internes et régionaux, dont la base serait la religion, ou ce qui fut appelé le retour à l’histoire des luttes musulmanes intestines afin de recréer les deux « croissants » antagonistes, le chiite et le sunnite, mais aussi de pousser les Kurdes, disséminés dans plusieurs pays de la région à créer leur Etat. C’est pourquoi, nous pensons que la carte du lieutenant – colonel US Ralph Peters, publié en 2006 dans « Armed Force Journal » ne relève pas de l’imaginaire d’un militaire étasunien, tout comme ne l’était pas le contenu du livre de zbigniew Brezinski « Le Grand échiquier » sur les intérêts directs des Etats-Unis en Eurasie et la façon de gérer ces intérêts, surtout au Liban, ventre mou de la Syrie qui constitue, d’après Brezinski, la porte centrale de l’Eurasie. D’où les agressions israéliennes répétées contre le Liban. Et, d’où les défis immenses que les peuples arabes, les Libanais surtout, doivent résoudre afin de contrecarrer les projets impérialistes tout en sauvant leurs aspirations au changement. Deux défis essentiels se présentent à nous : Le premier est de développer le mouvement de résistance anti-impérialiste et antisioniste sur tous les plans, y compris la résistance armée, que le parti Communiste libanais a utilisée depuis la fin des années Soixante, tant aux côtés de la Résistance palestinienne que seul. La création de « La Garde populaire », en 1968, afin de stopper les attaques israéliennes contre le Sud, et des « Forces des partisans », en 1970, a facilité, douze ans plus tard, la naissance du « Front de Résistance Patriotique Libanaise » qui mit fin à l’occupation israélienne d’une grande partie du territoire libanais, depuis Beyrouth et jusqu’au Sud. Le second est la nécessité de lier le changement intérieur à la résistance généralisée contre les plans impérialistes , vu que les deux sont complémentaires et indissociables. Il est impensable, en effet, de pouvoir instaurer un tel changement démocratique de la société arabe, ou de le consolider, sans mener une lutte bien ciblée contre les projets de l’impérialisme dans la région, surtout ceux se rapportant à la géostratégie et à l’économie. Cette lutte doit aller à la rencontre de celle que mènent les Partis Communistes et Ouvriers sur le plan international afin de faire face à la crise, de contrecarrer les plans de mainmise des grandes puissances capitalistes sur les richesses que recèle notre planète et de mettre fin à la présence de l’OTAN afin d’empêcher les guerres impérialistes. Dans cet objectif, nous devons, en tant que gauche arabe, consacrer un partie essentielle de notre lutte politique et idéologique à contrer les nouveaux pouvoirs politiques islamistes instaurés et qui sont, en fait, une nouvelle forme de la bourgeoisie, vu que leurs représentants appartiennent à cette classe et que les politiques économiques et sociales, prévues ou adoptées, sont celles que les régimes bourgeois avaient appliquées. Surtout que ces nouveaux pouvoirs ont fait amende honorable en ce qui concerne les accords déjà signés avec Israël et se déclarent prêts à poursuivre les mêmes politiques extérieures que celles adoptées par leurs prédécesseurs. Il est nécessaire que la gauche arabe s’unisse dans un Front de lutte ayant un programme politique, économique, social et idéologique bien défini. C’est ce qui a guidé la création de la « Rencontre de la gauche arabe » qui a tenu trois conférences à Beyrouth et qui regroupe déjà plus de 24 partis œuvrant dans dix pays arabes. Il est vrai qu’une certaine dissension continue à exister entre ces partis, surtout en ce qui concerne la vision de l’avenir et les politiques à suivre sur le plan arabe. Cependant de grands pas ont pu être faits, tant sur le plan des priorités que sur celui de l’organisation d’actions communes ou la lutte pour le socialisme. Il est vrai que rien n’est encore acquis, mais agir quand il faut peut raccourcir le chemin du changement.

No hay comentarios:

Publicar un comentario