Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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miércoles, 29 de julio de 2026

Ensayo entre algoritmos y profecìas. El despertar Humano en la era de la IA

 Basado en el libro INTELIGENCIA ARTIFICIAL LA NUEVA REVOLUCIÓN DEL FUEGO Del Homo Sílex al Mutantis Artificialis.A propósito de la guerra final contra Irán, Palestina, Líbano, Siria, Yemen y el mundo.


Erubiel Rasul Hanif Zaman “ÁGUILA MEXICANA”

Del Libro “OJO DE COLIBRI” del PARTIDO QUETZALCOATL

Con dedicación especial a los pueblos palestino e iraní a los que buscan destruir en el mayor genocidio de la historia y al Gran Adalid de la resistencia Líder mártir Ayatola; ALI JAMENEI.

Al Pueblo Chino por su ejemplo en el manejo de la Inteligencia Artificial para la ciencia y la felicidad.

¡Me refugio en la luz de la implacable oscuridad! O dicho de otra forma:me refugio en Allah del maldito Satanás

EN NOMBRE DE DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO.


ESPERANDO LA LLEGADA DE NUESTRO GUIA Y REDENTOR MAHDI (QUE DIOS APRESURE SU LLEGADA). QUE ALLAH ESTÉ COMPLACIDO ALLAH ES GRANDE Allhamdulila, La ilah illa Allah


¡Oh, gente! Se les expone un ejemplo, presten atención: Aquellos que invocan en vez de Dios no podrán crear ni una mosca, aunque todos se reunieron para ello. Y si una mosca les quitara algo (a los ídolos) ellos no podrán impedirlo.! qué débil es el que invoca y que débil es el invocado! Noble Corán 22;73

“...y no se causen perjuicio a ustedes mismos...” Noble Corán 2;195


“...No son sus ojos los que están ciegos, sino los corazones que están dentro de sus pechos (los que están ciegos)” Noble Corán 22,46


“El Día de la Resurrección Dios juzgará sobre las diferencias entre los seguidores de la fe (del islam), del judaísmo, del sabeísmo, del cristianismo, los adoradores del fuego y los idólatras. Dios es testigo de todas las cosas.” Noble Corán 22;17


“Quien domine la inteligencia artificial podrá controlar al mundo” Vladimir Putin


“Somos una especie en viaje, no tenemos pertenencias sino equipaje...nunca estamos quietos somos trashumantes...” Jorge Drexter.

“Todos los días estamos esperando la Tercera Guerra Mundial” Bertrand Russel

“...yo no sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, pero la cuarta será con palos y piedras” Albert Einstein

¡Sálvate! Vete al oriente puro, aspira el aire de los padres ¡ Goethe

“Retorno al oriente, a la primigenia y eterna sabiduría” Rimbaud

“Mi corazón se ha vuelto capaz de todo; es pastura para las gacelas, convento para los monjes,

Templo para los ídolos, Kaaba para el peregrino en las tablas de la Torá y el libro del Corán.

Profesó la religión del amor hacia la cual aquellos encaminan sus monturas” Ibn Arabí (1165-1241).

“El día del juicio final, todos los rostros se humillaron ante Dios, el viviente. Quien se basta a sí mismo y se ocupa de toda la creación. Están condenados al castigo quienes sean culpables de injusticia (idolatría). Noble Corán.

“Yuh quimati noyollo,así lo sabe (siente) mi corazón; la creencia”

“El sufrimiento humaniza, el amor diviniza y el conocimiento libera” Quetzalcóatl

“Es más valiosa la tinta de un sabio que la sangre de un mártir” Hadiz

“Los medios de comunicación son la entidad más poderosa de la Tierra. Ellos tienen el poder de hacer culpable al inocente e inocente al culpable y este es el poder. Porque ellos controlan la mente de las masas” Malcolm X

“Defender a Palestina e Irán ahora es luchar para que permanezca la Tierra y preservemos la Vida humana,! DETENER Y POSTERGAR TERCERA GUERRA MUNDIAL SIONISTA ¡” MEXICOxPAZ

"Si el Día del Juicio (la Hora) llega mientras uno de ustedes tiene en la mano un retoño (o semilla) y es posible plantarlo antes de que llegue el momento, que lo plantee.” PROVERBIO MUSULMAN

“Si miras sólo hacia afuera, verás nada más que el mundo exterior.Si miras sólo hacia dentro, estarás ciego de ti” Muhammad Ibn Al-Mahad

Encuentro de Resistencias y Rebeldías Agosto 2026 Chiapas, México


CAMPAÑA MUSULMANA CONTRA EL ALCOHOLISMO, TABAQUISMO Y DROGADICCIÓN


Derechos Reservados Prohibida su Reproducción Total o Parcial sin citar la fuente


AIIM Agencia Informativa Islámica Mexicana CDMX.    AGOSTO 2026




“Y realmente viviremos, llenaremos los graneros de abundancia y comeremos los frutos del jardín”












Presentación


Ojalá este breve ensayo, que forma parte de un escrito más extenso, resulte de utilidad. En él quedaron muchas ideas en el tintero debido a la falta de espacio y tiempo, por lo que aún permanecen numerosos temas pendientes y reflexiones en deuda. En consecuencia, este trabajo constituye apenas una modesta reflexión y un intento introductorio por comprender, desde un pensamiento crítico, reflexivo y colectivo, las hiper tecnologías electrónicas de alto impacto y carácter disruptivo, especialmente aquellas relacionadas con la innovación mental predictiva y sustentable.

Asimismo, busca sondear, dilucidar e invitar al apreciado lector y oyente receptivo a conocer más acerca de la todavía enigmática y casi desconocida inteligencia artificial (IA): su acelerado y asimétrico crecimiento, sus posibles encrucijadas futuras y el profundo impacto que comienza a ejercer. Se trata de una tecnología inédita que apenas inicia su despegue y que podría representar la mayor revolución cultural de la historia de la humanidad en milenios, con una presencia cada vez más evidente en prácticamente todos los ámbitos sociales, científicos e intelectuales.


Todo ello ocurre en un contexto de transición histórica, una época bisagra marcada por la incertidumbre, el caos y la transformación acelerada. Es un tiempo de profundas contradicciones, en el que convergen procesos de deshumanización, fragmentación social y crisis de sentido. A esta etapa, denominada por algunos como la era de la información y de la inteligencia artificial generativa, se suman conflictos de diversa índole, secuelas de la pandemia de COVID-19, nuevas enfermedades, guerras, epidemias, desastres naturales, colapsos, crisis económicas y problemáticas sociales y existenciales de creciente complejidad.

En este escenario, una parte importante de la humanidad parece extraviarse entre el materialismo, la incertidumbre y la desesperanza. Persisten la ansiedad, los padecimientos mentales, la psicosis, la neurosis, la paranoia, la pérdida de confianza y el aumento de las enemistades, las discordias y las guerras híbridas y cognitivas. Al mismo tiempo, se fortalecen diversas formas de autoritarismo, despotismo y concentración del poder económico y político, en un contexto frecuentemente asociado con los debates sobre un supuesto «Nuevo Orden Mundial» y con un capitalismo cada vez más agresivo, depredador y hegemónico.

Vivimos en una edad moderna marcada por el extraordinario crecimiento de la ciencia y por avances tecnológicos que, para muchos, parecen casi milagrosos. Sin embargo, estos progresos también han contribuido a la formación de una civilización cada vez más egocéntrica y narcisista, que con frecuencia rechaza o menosprecia la verdadera religión de Dios, el Islam, así como las enseñanzas de nuestro amado profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él y con su noble familia), alejándose de la moral, la espiritualidad y los valores trascendentales.

Paradójicamente, este desarrollo ha traído consigo mayores niveles de bienestar material y prosperidad, pero también un incremento de la explotación, la injusticia y la degradación moral, impulsadas por filosofías utilitaristas e individualistas. A ello se suma la incapacidad de dominar y controlar nuestro nafs (ego), entendido en la tradición islámica como la inclinación del ser humano hacia las pasiones y los impulsos desordenados. Este ego, cuando no es disciplinado, puede conducirnos a la autodestrucción y ejercer una influencia constante, tanto consciente como inconsciente, sobre nuestros pensamientos y acciones. De ahí la necesidad urgente de un «egocidio», entendido como el esfuerzo por vencer el ego desmedido y purificar el carácter, pues constituye una de las principales fuentes de nuestros males individuales y colectivos.

La inteligencia artificial (IA), con más de setenta años de desarrollo, y las computadoras, cuya historia se aproxima al siglo de existencia, incrementan cada día su presencia en la vida cotidiana, en el ciberespacio y en la cibercultura. No obstante, la IA continúa siendo, en esencia, un conjunto de programas informáticos y sistemas de software ampliamente utilizados en prácticamente toda la infraestructura tecnológica contemporánea. Hoy representa la gran «palabra de moda» (buzzword) en numerosos campos del conocimiento, la industria y la investigación.

Conviene aclarar, sin embargo, que la inteligencia artificial no es una fuente absoluta de verdad ni posee pensamiento, imaginación o conciencia propios. Sus respuestas dependen de los algoritmos con los que ha sido diseñada, de los datos con los que fue entrenada y de las instrucciones (prompts) que recibe del usuario. Por ello, puede producir sesgos, errores e incluso generar información falsa o inexacta, fenómeno conocido como «alucinación». Asimismo, la calidad y confiabilidad de sus respuestas están condicionadas por la calidad de las fuentes utilizadas durante su entrenamiento y por los mecanismos implementados para verificar la información.


Sostengo que, en el ámbito público, también existen debates en torno a los datos empleados para entrenar los sistemas de inteligencia artificial, el respeto a los derechos de autor y la utilización de obras protegidas, cuestiones que continúan siendo objeto de discusión jurídica, ética y tecnológica en numerosos países.

Nos encontramos, además, en una época caracterizada por una intensa competencia tecnológica, donde la información IA, el lenguaje y la atención se han convertido en recursos y tecnologías estratégicas del siglo XXI. En este contexto, la inteligencia artificial puede actuar como un poderoso amplificador de contenidos y captar de manera masiva la atención de millones de personas. Quien controla la atención comprende una de las reglas fundamentales de la mente humana: allí donde dirigimos nuestra mirada también depositamos parte de nuestro tiempo, energía, emociones y capacidad de decisión.

Los mecanismos de entretenimiento permanente, la normalización de situaciones antes consideradas extraordinarias, la ilusión de prioridades y la sobreabundancia informativa pueden favorecer la dispersión, la manipulación y el adoctrinamiento, desplazando el interés por problemas sociales reales, como la inflación, el aumento del costo de la vida, la desigualdad o la pérdida del poder adquisitivo. En consecuencia, resulta indispensable fortalecer el pensamiento crítico, la responsabilidad ética y la conciencia espiritual para utilizar estas tecnologías como instrumentos al servicio del bien común y no como herramientas de manipulación o dominación.

Lo que hoy se conoce como inteligencia artificial (IA) recibió esta denominación en 1956, durante la célebre conferencia de Dartmouth, organizada por varios de sus principales pioneros en una universidad estadounidense. Con aquel nombre pretendían identificar un nuevo campo de investigación científica, sin imaginar que, décadas después, esta tecnología tendría una presencia prácticamente omnipresente en la vida cotidiana.

En la actualidad, la inteligencia artificial está integrada, de una u otra forma, en la mayoría de las computadoras y, sobre todo, en los teléfonos celulares o smartphones, convertidos en el principal eje de la tecnología móvil. Estos dispositivos se han transformado en el verdadero axis mundi o centro gravitacional de millones de personas, quienes los utilizan para comunicarse, interactuar, trabajar, aprender, entretenerse, consultar información y mantenerse permanentemente conectadas mediante redes sociales, plataformas digitales, aplicaciones de mensajería como WhatsApp, blogs, sistemas de navegación GPS y aplicaciones desarrolladas por empresas como Meta, OpenIA o Google, Gemini, entre muchas otras.

Esta realidad también ha dado origen a nuevos perfiles digitales, como los youtubers, podcasts, tikkers y numerosos creadores de contenido, así como a un incesante flujo de neologismos, especialmente provenientes del mundo anglosajón. Nos encontramos, por tanto, en un momento histórico emblemático en el que la ausencia del teléfono celular puede generar angustia, irritabilidad o una sensación de vacío existencial, síntomas que evidencian una creciente dependencia tecnológica.

Como consecuencia de este fenómeno han surgido nuevos padecimientos asociados al uso intensivo de los dispositivos móviles, entre ellos la denominada nomofobia, término empleado para describir el miedo o la ansiedad que experimentan algunas personas cuando no pueden acceder a su teléfono celular, ya sea por falta de señal, batería o conexión a internet.

Hoy en día, internet ha transformado profundamente nuestra forma de vivir, comunicarnos, aprender e interpretar la realidad. En medio de esta revolución tecnológica seguimos enfrentándonos a nuestra condición humana: una existencia finita, transitoria y, con frecuencia, incierta, marcada por interrogantes permanentes acerca del sentido de la vida y nuestro lugar en el mundo.

Este escenario ha propiciado el surgimiento de un nuevo paradigma semántico y cultural, entendido como un conjunto de ideas, conceptos y formas de comprender la realidad que orientan nuestra manera de pensar, convivir y construir conocimiento, aunque algunos aseguran que el cerebro que heredamos ya no encaja con el mundo moderno, es un nuevo cerebro. Al mismo tiempo, el acceso constante a la información estimula la neuroplasticidad del cerebro, favoreciendo la adquisición de nuevos aprendizajes y ampliando nuestras capacidades cognitivas, aunque también plantea importantes desafíos relacionados con la atención, la concentración y el pensamiento crítico.

En última instancia, el conocimiento, la tecnología y la inteligencia artificial deberían contribuir a fortalecer nuestra comprensión del mundo, nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia, ayudándonos a recorrer con mayor sabiduría el camino de esta vida pasajera, terrenal y efímera, tanto para el creyente como para quien no profesa una fe religiosa.

En esencia, la inteligencia artificial (IA) es una forma de computación avanzada desarrollada dentro del campo de la informática. Su funcionamiento se pone en marcha mediante una interacción tan sencilla como pulsar un botón o hacer clic con el ratón, pero detrás de esa aparente simplicidad operan complejos sistemas capaces de simular determinadas funciones asociadas a la inteligencia humana. Estas tecnologías procesan enormes volúmenes de información, reconocen patrones, generan texto, imágenes y videos, asisten en diagnósticos médicos, facilitan la conducción automatizada de vehículos y permiten el uso de robots en procedimientos quirúrgicos, incluso a grandes distancias. Asimismo, aceleran el desarrollo científico y tecnológico en numerosos ámbitos del conocimiento.

La inteligencia artificial constituye, sin duda, una tecnología que ha llegado para permanecer y cuya evolución nos conduce hacia escenarios inéditos. Su acelerado desarrollo alimenta debates sobre la automatización del trabajo, el posible desplazamiento de empleos, la creciente dependencia tecnológica, la miniaturización digital, el auge de las supercomputadoras y el futuro de la computación cuántica. También ha revitalizado discusiones filosóficas acerca del transhumanismo, la hibridación entre seres humanos y máquinas, así como sobre los límites éticos del desarrollo tecnológico. Saber que no se manda sola o trabaja por su cuenta de manera desbocada.

Para algunos analistas y pensadores críticos, estas transformaciones podrían favorecer una concentración sin precedentes del poder tecnológico, económico y militar en manos de gobiernos y grandes corporaciones. Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial corre el riesgo de convertirse en un instrumento de vigilancia, control social y dominación política, capaz de influir en decisiones estratégicas, procesos económicos e incluso operaciones militares.

En el ámbito de la defensa, diversos países ya incorporan sistemas de inteligencia artificial para apoyar tareas de reconocimiento, análisis de información, logística, ciberseguridad y operación de sistemas de armas. Esta tendencia ha abierto un intenso debate internacional sobre la autonomía de las armas, la responsabilidad humana en la toma de decisiones letales y la necesidad de establecer límites éticos y jurídicos al empleo militar de estas tecnologías.


Quienes sostienen una visión crítica advierten que la expansión de la inteligencia artificial en los ámbitos militar y geopolítico podría intensificar la carrera armamentista y aumentar los riesgos de conflictos de gran escala. Desde esta óptica, el desarrollo tecnológico debería estar acompañado por sólidos principios éticos, mecanismos internacionales de regulación y una responsabilidad compartida que impida que los avances científicos sean utilizados para profundizar la violencia, la destrucción o la deshumanización. Asì cómo evitar que el ser humano sea una marioneta de un algoritmo opaco.

Más allá de las distintas interpretaciones políticas o ideológicas, el desafío fundamental consiste en garantizar que la inteligencia artificial permanezca bajo el control responsable del ser humano con la coperaciòn internacional en la circulaciòn e informaciòn soberana y que su desarrollo contribuya al bienestar, la justicia y la paz, en lugar de convertirse en un instrumento de destrucción, dominación o enfrentamiento entre los pueblos.

Es necesario profundizar en el estudio de la conciencia y en sus dimensiones religiosa, espiritual y adaptativa. Conviene preguntarnos qué es el modo de supervivencia o estado de estrés permanente, caracterizado por la liberación continua de adrenalina, que heredamos de nuestros antepasados cuando debían enfrentarse a depredadores como el tigre dientes de sable y otras especies para evitar convertirse en sus presas. ¿Qué significan realmente las respuestas biológicas de resistencia, lucha o huida? ¿Qué representa el famoso Santo Grial o la piedra filosofal, denominada por algunas tradiciones asirias y caldeas como la «piedra de los deseos»?, la quintaesencia de la transmutación del plomo en oro que los alquimistas buscaban,¿Qué es, en realidad, un salto cuántico y cuál es la diferencia entre conocimiento y sabiduría?

También es indispensable comprender qué son el aprendizaje automático (Machine Learning) y el aprendizaje profundo (Deep Learning), tecnologías fundamentales sobre las que se sustenta la inteligencia artificial contemporánea. Ello nos lleva a plantearnos interrogantes de enorme trascendencia: ¿llegará la inteligencia artificial a tomar decisiones por los seres humanos, incluso en ámbitos como la política, la economía o la guerra? ¿Podría afectar nuestra capacidad de ejercer el libre albedrío? ¿Existe el riesgo de que una creciente integración entre el ser humano y la tecnología —incluidos los dispositivos implantables o las interfaces cerebro-computadora— favorezca la homogeneización del pensamiento, reduzca la diversidad intelectual y debilite el aprendizaje crítico?

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial puede y debe desarrollarse con criterios éticos, responsabilidad y eficacia, orientándose al bienestar común, a la resolución de problemas complejos y al progreso científico. Sin embargo, también inspira interrogantes sobre los posibles riesgos de una automatización excesiva o de un uso inadecuado de estas tecnologías. Estas inquietudes han sido ampliamente exploradas por la literatura y el cine de ciencia ficción en obras como 1984, The Matrix, Terminator y la saga Mad Max, donde se imaginan sociedades en las que la tecnología termina condicionando o incluso dominando la vida humana.

Vivimos en una época caracterizada por una creciente automatización y digitalización, donde persisten profundas desigualdades sociales, la desinformación y diversas formas de alienación cultural. En este contexto, el verdadero desafío consiste en impedir que la inteligencia artificial sustituya el pensamiento crítico o se convierta en un instrumento de manipulación. Por el contrario, debería permanecer como una aliada al servicio del ser humano, fortaleciendo sus capacidades sin reemplazar la interacción esencial entre la persona y la tecnología.

Esta relación entre el ser humano y sus herramientas no comenzó con la inteligencia artificial. Sus orígenes se remontan a los albores de la humanidad, cuando nuestros antepasados aprendieron a golpear piedras de sílex o pedernal para producir chispas y encender el fuego mediante la ignición de madera y hierba seca.

El dominio del fuego constituyó uno de los mayores puntos de inflexión en la historia humana. Alrededor de la hoguera surgieron formas más complejas de organización social y solidaridad, donde se protegía a los niños, los ancianos y los enfermos. El fuego permitió el desarrollo de la cerámica, el perfeccionamiento de múltiples técnicas y una alimentación más nutritiva gracias a la cocción de los alimentos. Diversos estudios sostienen que este cambio favoreció un mejor aprovechamiento energético y contribuyó al desarrollo del cerebro humano.

Desde esta perspectiva, el dominio del fuego puede entenderse como la primera gran transformación tecnológica de nuestra especie. Aquellos antiguos cazadores-recolectores, que seguían el recorrido del Sol en extensas migraciones y se desplazaban por valles, planicies, estepas y regiones lacustres en busca de mejores condiciones para sobrevivir, comenzaron a establecer los primeros asentamientos estables y comunidades vernáculas. Del mismo modo, la inteligencia artificial podría representar hoy un nuevo punto de inflexión en la evolución humana, aunque su verdadero impacto dependerá del uso ético, responsable y consciente que la humanidad decida darle y no hacerla nuestra enemiga.

La inteligencia artificial (IA) es una tecnología relativamente reciente en cuanto a su uso público y de acceso abierto. Muchas de sus herramientas son gratuitas o cuentan con versiones de libre acceso, lo que ha favorecido una adopción masiva. Plataformas como ChatGPT reciben cientos de millones de consultas al día en todo el mundo y, junto con otros sistemas disponibles a través de internet, han transformado la manera de investigar, aprender y acceder al conocimiento.


Sin embargo, esta revolución tecnológica también genera inquietud. Para algunos, la inteligencia artificial podría sustituir parcial o totalmente determinadas profesiones y modificar profundamente la enseñanza tradicional basada en la interacción entre maestros y alumnos. El desarrollo de asistentes virtuales, agentes inteligentes, avatares conversacionales y robots capaces de operar de manera continua plantea interrogantes sobre el futuro de numerosas ocupaciones, entre ellas las relacionadas con la docencia, la traducción, el periodismo, la fotografía, la contabilidad, la ingeniería, la medicina, la enfermería, el derecho y otras actividades técnicas y profesionales. Del mismo modo, sectores como la educación, la atención sanitaria, la seguridad e incluso las fuerzas armadas experimentan una creciente incorporación de sistemas basados en inteligencia artificial.


Otro de los grandes desafíos de esta tecnología que nos atrapa, es la proliferación de la desinformación. La generación de noticias falsas (fake news), imágenes sintéticas, audios y videos manipulados (deep fakes) puede dificultar la identificación de contenidos auténticos y favorecer la manipulación de la opinión pública. Por ello, resulta cada vez más importante desarrollar mecanismos eficaces de verificación en tiempo real, fortalecer la alfabetización digital y promover una actitud crítica frente a la información que circula en internet y en las redes sociales.

Desde una perspectiva crítica, algunos autores consideran que estos recursos tecnológicos también pueden ser utilizados con fines propagandísticos o de influencia política, ideológica, económica o comercial. En este contexto, la inteligencia artificial no constituye el problema en sí misma, sino el uso que personas, organizaciones o gobiernos puedan hacer de ella para persuadir, segmentar audiencias o amplificar determinados discursos.

A ello se suma una cultura caracterizada por el entretenimiento permanente, el consumo acelerado de contenidos y la búsqueda constante de estímulos inmediatos. Los espectáculos masivos, las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación y otros mecanismos de atención continua pueden reducir los espacios dedicados a la reflexión personal, al pensamiento crítico y al diálogo profundo. Diversos estudios en psicología y neurociencia han señalado que el uso excesivo o inadecuado de las redes sociales puede afectar especialmente a niños, adolescentes y jóvenes, repercutiendo en su bienestar emocional, su capacidad de concentración y su salud mental. Deterioro y atrofia cerebral evidente por dispositivos y pantallas altamente adictivas, una putrefacción del cerebro que no duele y casi no se nota, moldeando el cerebro según los estímulos que recibe en forma sostenida, inundando de contenidos con efectos acumulados que nos introyectan los gurús tecnológicos del Big Tech como una forma de comunicarnos y relacionarnos, ahora con las famosas gafas IA.

En consecuencia, el verdadero reto no consiste en rechazar la inteligencia artificial, sino en aprender a utilizarla de manera ética, responsable y crítica, preservando la autonomía del pensamiento humano, fortaleciendo la educación y promoviendo una cultura tecnológica orientada al desarrollo integral de las personas y de la sociedad.

La inteligencia artificial (IA) puede estudiarse desde múltiples perspectivas y disciplinas del conocimiento. Su análisis abarca campos tan diversos como la neurociencia y la neurogénesis, la sociología, la neurolingüística, la antropología, la biotecnología, la filosofía, la psicología, etología, el desarrollo humano, la astronomía, la geología, la arqueología, la nanotecnología, las finanzas, la metacognición, la meteorología, la sismología, la vulcanología, la medicina, las matemáticas, la robótica, la mecatrónica, la física, la literatura, la programación, la lógica, la epistemología, la ontología, la ergonomía, la semántica, la ciencia de datos y las ciencias de la computación. Asimismo, existen enfoques más especulativos que la relacionan con la metafísica, sueños premonitorios, la telepatía o los estudios prospectivos sobre el futuro de la humanidad.

En este contexto, se exploran también conceptos emergentes como la computación cuántica, la biocomputación basada en neuronas cultivadas en laboratorio, la computación neuromórfica y otras formas de inteligencia artificial inspiradas en procesos biológicos o evolutivos. Estos desarrollos alimentan distintos escenarios sobre el porvenir, que van desde visiones optimistas y utópicas hasta perspectivas pesimistas, distópicas o incluso escatológicas.

Gran parte de estas narrativas se nutre tanto de la investigación científica como de la literatura y el cine de ciencia ficción, donde con frecuencia se representan futuros marcados por el colapso tecnológico, la pérdida de la autonomía humana o la ampliación de la brecha digital. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial invita a reflexionar sobre la forma en que la familia, la educación, la cultura, las tradiciones, las instituciones religiosas, los medios de comunicación y las plataformas digitales influyen en la construcción de nuestras creencias, valores y formas de interpretar la realidad día a día.

El pensamiento humano busca comprender tanto la realidad objetiva como la subjetiva, disparar emociones, establecer relaciones de causa y efecto y explicar la interconexión entre el ser humano, la naturaleza y la sociedad. En este escenario comienzan a aparecer nuevas tecnologías, como las interfaces cerebro-computadora y otros dispositivos implantables, que abren importantes debates éticos, filosóficos y biomédicos acerca de los límites entre lo natural y lo artificial.

La inteligencia artificial constituye todavía un fenómeno relativamente novedoso, cuyas consecuencias a corto, mediano y largo plazo permanecen abiertas al debate. Su desarrollo exige enormes cantidades de energía eléctrica, recursos computacionales y, en algunos casos, importantes volúmenes de agua para la refrigeración de los centros de datos. Por ello, además de sus beneficios potenciales, también plantea interrogantes sobre su sostenibilidad ambiental y su impacto económico.

Desde una perspectiva histórica, puede afirmarse que la inteligencia artificial forma parte de un largo proceso de evolución tecnológica iniciado hace millones de años con la fabricación de los primeros instrumentos de piedra. Cada gran innovación ha transformado la relación del ser humano con su entorno; sin embargo, la velocidad del cambio tecnológico contemporáneo plantea desafíos inéditos relacionados con la autonomía humana, la gobernanza de las nuevas tecnologías y la distribución del poder.

Uno de los ámbitos donde la inteligencia artificial avanza con mayor rapidez es el militar. Diversos países desarrollan sistemas capaces de apoyar tareas de vigilancia, reconocimiento, logística, ciberseguridad, análisis de inteligencia y operación de vehículos autónomos. Entre ellos se encuentran drones, sistemas de navegación de misiles, plataformas de monitoreo y tecnologías de defensa cada vez más sofisticadas. Paralelamente, el análisis masivo de datos (Big Data), las redes satelitales y la computación en la nube han ampliado significativamente las capacidades de observación y procesamiento de información.

El empleo de estas tecnologías en conflictos armados ha generado un intenso debate internacional sobre los límites éticos del uso de la inteligencia artificial en operaciones militares, la protección de la población civil, la responsabilidad en la toma de decisiones automatizadas y la necesidad de establecer mecanismos eficaces de regulación y supervisión internacional. Estos desafíos muestran que el futuro de la inteligencia artificial dependerá no solo de su desarrollo científico y tecnológico, sino también de las decisiones éticas, jurídicas y políticas que adopte la humanidad.

El desarrollo de drones dotados de inteligencia artificial, sistemas de vigilancia automatizada y tecnologías de reconocimiento plantea interrogantes sobre el futuro de la privacidad, la libertad y el control social. Algunos autores sostienen que estas herramientas podrían facilitar nuevas formas de vigilancia masiva y de dependencia tecnológica, dando lugar a una especie de «esclavitud digital» caracterizada por mecanismos de supervisión cada vez más sofisticados e invisibles.

Desde esta perspectiva crítica, se especula con la posible incorporación de tecnologías como tatuajes electrónicos, dispositivos implantables, interfaces cerebro-computadora, redes de comunicación de quinta y sexta generación (5G y futuras 6G), nano robots y sistemas avanzados de identificación digital. Sus defensores consideran que estas innovaciones podrían mejorar la salud, la comunicación y la seguridad; sus detractores, en cambio, advierten sobre los riesgos de una vigilancia permanente, de la pérdida de privacidad y de una creciente capacidad para influir en las preferencias, los hábitos de consumo, las opiniones y el comportamiento de las personas.

En este contexto, algunos pensadores recurren a la metáfora de Matrix para describir una sociedad cada vez más inmersa en entornos digitales, donde la ingeniería social, la neuromodulación, los algoritmos de recomendación y el análisis predictivo podrían utilizarse para orientar decisiones individuales y colectivas. Estas preocupaciones alimentan el debate sobre el posthumanismo y sobre la influencia que las grandes plataformas tecnológicas y los sistemas algorítmicos ejercen en la configuración de la vida contemporánea.


También se plantea la posibilidad de que los avances en robótica, inteligencia artificial, biomecánica e interfaces hombre-máquina den origen a nuevas formas de integración entre la biología y la tecnología. Conceptos como robots humanoides, cyborgs, exoesqueletos, implantes neuronales o seres humanos aumentados forman parte de un amplio debate científico, filosófico y ético acerca del futuro de la especie humana y de los límites de la intervención tecnológica sobre el cuerpo y la mente.

Paralelamente, diversos autores advierten sobre el poder del lenguaje, la propaganda y las narrativas digitales para moldear percepciones, influir en la opinión pública y construir interpretaciones parciales de la realidad. La manipulación informativa, la difusión organizada de desinformación, el uso de contenidos sintéticos generados por inteligencia artificial y las estrategias de segmentación algorítmica constituyen algunos de los desafíos más relevantes de la sociedad digital contemporánea.


Existe asimismo la preocupación de que una dependencia excesiva de la inteligencia artificial favorece la homogeneización del pensamiento, debilita el criterio personal y reduce la autonomía de los individuos. Desde esta perspectiva, el riesgo no radicaría únicamente en la tecnología, sino en el uso que gobiernos, corporaciones o grupos de poder pudieran hacer de ella para influir sobre la conducta humana mediante mecanismos cada vez más sofisticados de persuasión y vigilancia con la excusa algunas veces del mal llamado derecho de las audiencias que no es otra cosa que la censura abierta, cínica y descarada de gobiernos represivos y autoritarios.

En un plano filosófico y religioso, algunos consideran que el intento de fusionar biología y tecnología representa un desafío sin precedentes para la comprensión tradicional de la naturaleza humana y de la creación. Estas reflexiones forman parte del debate contemporáneo sobre el transhumanismo, que suscita preguntas acerca de los límites éticos de la modificación del cuerpo, la identidad personal y la dignidad humana.

En definitiva, el verdadero desafío consiste en impedir que la inteligencia artificial contribuya a debilitar la libertad, la conciencia crítica y la responsabilidad moral del ser humano. Más que sustituir a la persona o uniformar su pensamiento, estas tecnologías deberían desarrollarse bajo principios éticos que preserven la autonomía, la diversidad intelectual y el valor irreductible de cada individuo frente a cualquier forma de manipulación o dominación tecnológica.

Usados ya los drones con IA para observarnos y marcarnos en un futuro próximo, con cadenas invisibles para la esclavitud mental y cibernética, es una realidad. Con marcas corporales para que nadie pueda comprar o vender si no las tiene; tatuajes electrónicos, antenas 5G y 6G, códigos de barras digitales, nanobots, códigos QR, chips cerebrales de automutilación y otros mecanismos para someternos, persuadirnos e impulsar nuestros gustos, preferencias, opiniones e intenciones predictivas, ya sea de consumo o de votos en elecciones de la diosa pagana: la democracia. Todo ello para llevarnos aún más al redil del matadero, bajo el control de la Matrix, donde viven para trabajar y consumir. No tienen amor verdadero ni propòsito profundo. Creen ser libres, exitosos y buenas personas pero solo sirven al sistema que los controla, en una ensoñación permanente, sin posibilidad de despertar ni salir de ella; mediante la ingeniería social conductual y la neuromodulación que las élites utilizan e imponen en el posthumanismo.

Sustituir a los seres humanos por robots humanoides y cyborgs, Homo roboticus grafeno, psico hibridaciones; convertir al ser humano en un producto biotecnológico; robotizar y esclavizar mediante tecno trampas; emplear un lenguaje en la penumbra y subliminal que sirva para moldear percepciones, crear narrativas y fabricar verdades a medias y posibles; utilizar primados negativos; estandarizar obviedades insulsas; promover la homogeneización mental y la manipulación biodigital; desarrollar una interfaz para robar el alma y hacernos vivir en la neblina, con tinieblas mentales inoculadas para controlarnos, transcribiendo pensamientos y programándolos, anticipando supuestas amenazas en una mente colectiva hackeada, fácilmente escaneable, integrada por androides manejados al antojo de los verdugos emporios tecnocráticos, con la automatización de la banalidad, la frivolidad y la radicalización del mal; mentiras organizadas en un falso ecumenismo religioso, vaticinios, augurios y profecías convertidos en presentes exagerados y fiscalizados.




Una IA que multiplique la estupidez y la maldad; una sombra persecutoria que quiera imitar la creación del poderoso y sabio Altísimo, Señor del Universo, fusionando biología con tecnología para aceptarnos y modificarse mediante exoesqueletos e intra esqueletos, creando seres hibridados; un ecosistema que desafía a la creación omnisciente. La tecnología de la IA, presente ya hasta en los aparatos electrodomésticos, está logrando con ello que seamos inducidos a una mutación genética y a un hibridismo racial sin conocimiento ni consentimiento.

Robots sociales a gran escala, dispuestos a someterse y doblar la cerviz en todo momento ante el amo tecnológico en turno, donde el inconsciente colectivo sea otra forma de parasitación mediante la mente colmena de las masas, la misma que elimina la conciencia individual de las personas para convertirnos en meros borregos del rebaño, reaccionando solamente a estímulos pavlovianos y a cortinas de humo distractoras, anulando la voluntad, la autonomía y el criterio personal.

La IA es imposible de regular, legislar, censurar o limitar, al igual que el propio internet, si no existe un consenso internacional, ya que no se sabe hasta dónde pueda llegar, siendo un vasto océano cósmico por descubrir y navegar. Porque esta va a sustituir irremediablemente a la supercarretera de la información del internet, una red web pensada originalmente con fines militares que pronto se extendió a universidades y centros de investigación, los cuales la aprovecharon ampliamente, y que fue profetizada por los indios hopis, quienes la describieron como una amplia telaraña que envuelve al mundo; la geosfera, la biosfera y la noosfera (del pensamiento), en los tres planos y esferas de existencia que los sabios mayas siempre nos recordaron en sus rituales y ceremonias: el inframundo, el mundo terrenal y el mundo celestial.

El nierika o espejo sagrado de los wixárikas(huicholes), que refleja la existencia en los duales espejismos del ser y del estar en el eterno presente; el Black Mirror o espejo negro de la obsidiana humeante del oráculo Tezcatlipoca, contraparte de Quetzalcóatl en la mitología mesoamericana; El aprendiz de brujo de Goethe; el genio de la lámpara de Aladino; Frankenstein; el Leviatán, monstruo de innumerables cabezas; Baal, Moloch, Mamón, Yahvé, Shiva en la tradición hindú y Loki en el Ragnarök vikingo; la Caja de Pandora, que al abrirse libera todos los males; Prometeo, encadenado por entregar el fuego a la humanidad; el mito de Sísifo; el suplicio de Tántalo; el viaje de Odiseo hacia Ítaca; el tlacuache, que según la tradición obtuvo el fuego con su cola quemada; Tatewari o Abuelo Fuego, de la cosmogonía wixárika, origen y creador de todas las cosas; el Golem de la tradición judía checa; Galatea, de Pigmalión, y el divino Narciso, forman parte de un vasto universo simbólico presente en tradiciones herméticas, gnósticas, exotéricas y esotéricas. Todos estos relatos han sido transmitidos, de manera oral y escrita, mediante códices, piedras y otros testimonios culturales por las civilizaciones que precedieron nuestra existencia transitoria y mortal.


De igual manera, la inteligencia artificial aporta avances significativos en la ciencia, la medicina, la agricultura y numerosas disciplinas del conocimiento, ofreciendo amplios beneficios para la sociedad cuando se emplea con responsabilidad y sentido ético. Sin embargo, también constituye un arma de doble filo, pues puede utilizarse en procesos de ingeniería social, manipulación conductual, fraudes, sistemas financieros digitales y campañas de desinformación, así como para difundir noticias falsas, influir en la opinión pública y orientar el comportamiento de las personas. Por tanto tales aplicaciones favorecen un modelo de capitalismo algorítmico y de control global sustentado en el poder tecnológico.

Asimismo, la inteligencia artificial participa en sistemas de registro biométrico vinculados a la telefonía móvil, impulsados en colaboración con empresas privadas para concentrar grandes volúmenes de información personal. En este sentido dichos mecanismos permiten ampliar el control sobre las cuentas bancarias, la vida privada y la vigilancia permanente de los ciudadanos, sancionando conductas consideradas como delitos de «odio». En este contexto, relacionar estos procesos con determinadas empresas tecnológicas y con una interpretación geopolítica específica sobre el sionismo y diversos actores internacionales, a los que considero partícipes de una dinámica global de poder que influye en los procesos políticos, económicos y tecnológicos contemporáneos.

Por tanto la inteligencia artificial puede ser utilizada en Occidente como un instrumento de manipulación política y social por parte de élites tecnocráticas y económicas. De ser así las élites impulsarían un proyecto de alcance mundial orientado a sustituir progresivamente la capacidad de decisión humana por sistemas algorítmicos de gobernanza, dando paso a una tecnocracia o república algorítmica en la que los algoritmos asumirán funciones tradicionalmente reservadas a los gobiernos y a las instituciones políticas.

Este proceso se manifiesta principalmente en conflictos como la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio y otras operaciones militares que, son cada vez más frecuentes y revelan una dinámica geopolítica de creciente complejidad.

Los acontecimientos políticos y geopolíticos contemporáneos responden, desde mi perspectiva, a la influencia de élites financieras, tecnológicas y organismos internacionales que buscan consolidar una estructura de poder global sustentada en el desarrollo de la inteligencia artificial, el control de los recursos estratégicos y la vigilancia tecnológica. Considero que este proceso podría conducir al establecimiento de una tecno dictadura de alcance mundial.

Asimismo, en mi libro expongo una interpretación crítica sobre el papel de diversas corporaciones tecnológicas, instituciones financieras y actores internacionales, a quienes atribuye una participación relevante en el desarrollo de capacidades tecnológicas y militares que, a mi juicio, incrementan los riesgos para la estabilidad internacional.

También cuestiono algunas interpretaciones históricas ampliamente aceptadas, entre ellas las relacionadas con el programa nuclear israelí, el concepto de antisemitismo, el Holocausto y la autenticidad del Diario de Ana Frank. Desde mi perspectiva, estos temas han sido presentados bajo narrativas que considero discutibles y cuya revisión resulta necesaria para comprender los acontecimientos actuales. Del mismo modo, hago referencia a la técnica Hasbara como una estrategia de comunicación orientada, según mi interpretación, a influir en la opinión pública internacional.

En este contexto, relaciono la construcción del denominado Tercer Templo de Jerusalén, el concepto del «Gran Israel» y la figura simbólica del «Mesías de Silicio» como elementos de un mismo proceso histórico, político, tecnológico y religioso. Utilizo esta última expresión para representar una inteligencia artificial de alcance global que, en mi opinión, podría llegar a concentrar niveles sin precedentes de poder, vigilancia y capacidad de decisión sobre la humanidad.

Finalmente, sostengo que el desarrollo de la inteligencia artificial sólo puede justificarse si permanece al servicio del ser humano. Cuando ocurre lo contrario, considero que surgen riesgos éticos y civilizatorios que amenazan la libertad, la autonomía y la dignidad de la persona. Esa es la preocupación central que guía esta obra y el fundamento de mi reflexión sobre el futuro de la humanidad frente al avance acelerado de las nuevas tecnologías.

Sostengo que, después de millones de años de evolución, la humanidad enfrenta hoy una de sus mayores amenazas: su propia capacidad de autodestrucción. Por ello, propongo un humanismo basado en la paz, la cooperación y la preservación de la vida, orientado a construir una civilización más justa, solidaria y respetuosa de la dignidad humana.

En este marco, analizo la situación de la República Islámica de Irán, país que, desde mi perspectiva, ha sido objeto de presiones económicas, sanciones y operaciones dirigidas contra su infraestructura y su comunidad científica. Asimismo, interpretó los enfrentamientos entre Irán, Estados Unidos e Israel como parte de un conflicto geopolítico de mayor alcance, en el que la inteligencia artificial adquiere un papel cada vez más relevante en los sistemas de defensa, la planificación estratégica y la conducción de las operaciones militares, incrementando los riesgos asociados a la automatización de la guerra.

También considero que el pueblo iraní simboliza la defensa de la soberanía nacional frente a las presiones externas. En ese contexto el valor estratégico del estrecho de Ormuz y de la tradición zoroastriana, de la cultura islámica y los jinn, para desarrollar una reflexión simbólica sobre el fuego, el conocimiento y la inteligencia artificial como fuerzas capaces de transformar el destino de la civilización.

Finalmente, sostengo que la inteligencia artificial sólo representará un verdadero beneficio para la humanidad si su desarrollo permanece sometido a principios éticos, jurídicos y mecanismos eficaces de control. Por ello, retomo diversos planteamientos que enfatizan la necesidad de garantizar que estas tecnologías permanezcan siempre al servicio del ser humano y del bien común.

En esta parte de mi obra reflexiono sobre la mente humana como el principal escenario donde se libran las luchas por la libertad y la dominación. Sostengo que la verdadera emancipación no depende únicamente de las condiciones materiales, sino de la capacidad de comprender los mecanismos ideológicos, tecnológicos y mediáticos que moldean las ideas, las creencias y el comportamiento colectivo.

Considero que las sociedades contemporáneas están cada vez más expuestas a nuevas formas de vigilancia, propaganda y control de la conciencia, favorecidas por el desarrollo de la inteligencia artificial, las plataformas digitales y los medios de comunicación. A mi juicio, estos procesos impulsan una creciente automatización de la vida pública y debilitan la autonomía del pensamiento, la cohesión social y la capacidad crítica de las personas.

Para desarrollar esta reflexión las aportaciones de diversos pensadores de la psicología, la sociología, la filosofía y las ciencias cognitivas, con el propósito de explicar cómo la memoria, el lenguaje, la cultura, las emociones y los sistemas simbólicos configuran la conciencia individual y colectiva. Sostengo que el control de las ideas precede a cualquier otra forma de dominación política, económica o cultural.

Asimismo, describo al cerebro y a la mente como espacios donde convergen los procesos biológicos, psicológicos y espirituales que hacen posible la identidad, el aprendizaje y la experiencia humana. Desde esta perspectiva, considero que la comprensión de la conciencia exige integrar la ciencia, la filosofía y la dimensión religiosa para alcanzar una visión más amplia de la naturaleza del ser humano.

También el paradigma contemporáneo del progreso, pues sostengo que la sobreabundancia de información, la manipulación mediática, la cultura del consumo y la dependencia tecnológica pueden generar nuevas formas de alienación y construir una «prisión invisible» que limita la libertad de pensamiento. Del mismo modo, las diversas referencias del Sagrado Corán para reflexionar sobre la relación entre la mente, la espiritualidad y el discernimiento moral.

Finalmente, esta es una interpretación en la que relaciono distintas tradiciones religiosas con los desafíos planteados por la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes. Sostengo que estas tecnologías forman parte de un proceso de transformación geopolítica, tecnológica y cultural de alcance global, en el que intervienen grandes corporaciones, actores políticos y diversos conflictos internacionales. A partir de esta premisa, expongo mi interpretación sobre el papel de la inteligencia artificial, el denominado «Mesías de Silicio», el Tercer Templo de Jerusalén, el nuevo orden mundial, la Agenda 2030 y otros acontecimientos contemporáneos, argumentando que todos ellos pueden entenderse como manifestaciones de un mismo proceso histórico cuyo desenlace marcará el futuro de la humanidad.







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