México. Desaparición y reclutamiento forzado: la acumulación de capital que vacía territorios en el occidente

Por Mario Marlo, Somoselmedio.com, Resumen Latinoamericano, 29 de julio de 2026
La desaparición de personas en el occidente de México no constituye una suma de hechos aislados ni puede explicarse exclusivamente por la violencia criminal. Forma parte de una estrategia de acumulación de capital que requiere ejércitos construidos mediante el reclutamiento forzado y territorios despojados de sus habitantes, sostuvo la periodista Alejandra Guillén.
Especializada en desaparición, búsqueda de personas y violencia en el occidente del país, Guillén ha acompañado durante años el trabajo de colectivos de madres buscadoras en Jalisco. El martes 21 de julio de 2026 participó en la tercera sesión del Semillero Guerra contra la humanidad. Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio, con la ponencia «Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio».
La periodista situó uno de los primeros indicios de esta dinámica en 2012, en Jiquilpan, un poblado ubicado en la Sierra de Tapalpa, al sur de Jalisco. El 25 de noviembre de ese año, hombres armados llegaron por la noche a la casa de Jorge y lo invitaron a ir de cacería.
«Se niega, le insisten, no sabemos qué le dicen. Se va rumbo al volcán apagado, El Comalito; todos regresan menos él», relató Guillén.
En diciembre desaparecieron otras dos personas del mismo poblado: Mateo Valverde y un joven cuyo nombre nunca se conoció. En octubre de ese mismo año también habían sido desaparecidos dos hermanos de Río La Solano.
Casi 14 años después, la madre de Jorge continúa buscándolo, «inventándose oficios para recorrer todas las veredas, los caminos, los escondites», describió la periodista.
Las pistas reunidas por la familia señalan que Jorge habría sido trasladado a un rancho en la zona de Tonaya. Su desaparición y las ocurridas en Jiquilpan podrían encontrarse entre los primeros casos de la región relacionados con esclavitud y reclutamiento forzado.
En ese momento, explicó Guillén, todavía no existían palabras para comprender lo que estaba sucediendo.
«No se hablaba de eso y no se tenía en el horizonte. No se entendía absolutamente nada».
Un proyecto empresarial que necesitaba ejércitos
Para Guillén, la coincidencia temporal no es casual. En 2012 también se consolidó la organización criminal que actualmente domina gran parte del occidente del país y que, desde su origen, operó con «un plan empresarial para extenderse a muchos más negocios de los que ya dominaba».
Esa expansión, sostuvo, exigía desde el primer momento la construcción de ejércitos integrados por personas privadas de la libertad y sometidas a trabajos forzados.
La periodista advirtió que la violencia visible representa apenas la superficie de una estructura económica y política más amplia.
«La mafia internacional, las personas de cuello blanco y los políticos son quienes realmente se están beneficiando de este negocio», afirmó.
El método de control territorial, explicó, opera mediante una ocupación gradual: cuadra por cuadra, barrio por barrio y pueblo por pueblo. En muchos casos, las mismas personas reclutadas por la fuerza son utilizadas posteriormente para controlar las economías locales y ejercer violencia contra la población.
Entre las actividades sometidas a ese dominio mencionó la venta de cigarros y cerveza, la explotación de minerales, el robo de combustibles y la trata de mujeres.
Uno de los elementos centrales de su exposición fue lo que denominó «la fábrica del mal»: un proceso de transformación de las subjetividades que acompaña al despojo material y territorial.
Cuando las organizaciones criminales llegan a una región, explicó, asesinan a quienes defienden el territorio o se oponen a sus intereses, realizan las llamadas «limpias», se apropian de ranchos y terrenos y provocan el desplazamiento de comunidades enteras.
Al mismo tiempo, «construyen sujetos crueles que no necesariamente existían», mediante un proceso que despoja de humanidad tanto a las víctimas como a las personas incorporadas por la fuerza a sus filas.
Devastación ambiental antes de la atrocidad
Guillén también planteó una correlación entre la devastación ambiental y la violencia extrema. Al revisar imágenes satelitales de los territorios donde posteriormente ocurrieron algunas de las mayores atrocidades, encontró que el deterioro del entorno había comenzado antes.
«Podemos ver berries, aguacates y extensiones completas, carreteras enteras donde se acabaron los bosques, donde antes se perdió esa vinculación sagrada con la tierra y se desplazó a las poblaciones campesinas», señaló.
La periodista ubicó esta dinámica en continuidad con la reforma al artículo 27 constitucional de la década de 1990, que facilitó la incorporación de la propiedad ejidal y comunal al mercado.
En la Sierra de Manantlán, habitada por comunidades nahuas vinculadas al Congreso Nacional Indígena, la extracción de maderas preciosas y minerales avanzó de manera paralela a las desapariciones.
En 2012 fue desaparecido Celedonio Monroy Prudencio, defensor comunitario del bosque. Hasta ahora se desconoce su paradero.
Durante el mismo periodo se registraba una ofensiva semejante contra la comunidad nahua de Santa María Ostula, en la costa de Michoacán.
«Siempre lo legal y lo ilegal van juntos. Son las dos caras de la misma moneda», afirmó Guillén.
Del engaño laboral al entrenamiento militar
La periodista reconstruyó la mecánica del reclutamiento forzado en la región Valles de Jalisco. Entre 2014 y 2017, explicó, las organizaciones criminales comenzaron llevándose a personas de los mismos municipios donde operaban, entre ellos Tala, Ameca y Teuchitlán.
«Se llevaron ya a todos, a todos con cierto perfil», recordó Guillén al citar testimonios recogidos durante esos años.
Posteriormente comenzaron a utilizar falsas ofertas de empleo. Los anuncios prometían salarios de 4 mil pesos semanales, una cantidad que, según la periodista, se ha mantenido sin cambios desde entonces.
Entre quienes respondían a esas ofertas había personas deportadas, jóvenes con hijos recién nacidos, personas que buscaban recursos para estudiar o que necesitaban cualquier fuente de ingreso.
También fueron reclutadas personas en situación de calle, personas en movilidad y migrantes centroamericanos localizados en centrales de autobuses.
Una vez captadas, las víctimas ingresaban a un circuito de casas, vehículos y vigilantes que concluía en campos de entrenamiento instalados en zonas serranas.
Ahí comenzaba una selección brutal con dos posibles destinos. Algunas personas eran utilizadas como «material de entrenamiento»; otras eran obligadas a convertirse en sicarios mediante la participación en esos actos de violencia.
Guillén advirtió antes de describir este mecanismo que se trataba de una realidad particularmente difícil de escuchar.
«Esa es la única forma de sobrevivir en ese contexto de dominación», explicó.
Añadió que todavía falta corroborar la información sobre la posible participación de exkaibiles guatemaltecos en algunos de estos entrenamientos.
Teuchitlán y las advertencias ignoradas
Guillén recordó que la Guardia Nacional había ingresado al lugar desde septiembre de 2024, entre seis y siete meses antes de que el sitio adquiriera una dimensión mediática nacional.
Durante aquella intervención fueron liberadas dos personas, se localizó a una persona sin vida y hubo varias detenciones.
La periodista también precisó que otras madres buscadoras ya habían recorrido el sitio, aunque sin realizar transmisiones en vivo.
«Las madres ya tenían muchos años hablándonos de reclutamiento forzado, año tras año», señaló.
Sin embargo, la atención pública llegó únicamente cuando comenzaron a circular fotografías y una transmisión en directo desde el lugar.
Guillén mencionó además que fotorreporteros localizaron documentos en el rancho. Por las circunstancias en las que fueron encontrados, dijo, considera acreditada su autenticidad.
Los papeles mencionan grupos de choque con salarios de 4 mil pesos y cortes de cabello relacionados con procesos de entrenamiento militar. También documentarían el traslado de jóvenes reclutados hacia otras regiones del país.
De acuerdo con la exposición, desde Jalisco esta estructura se extendió hacia Lagos de Moreno, Zacatecas, Sinaloa, Guanajuato, Aguascalientes y Chiapas.
Guillén mencionó, entre otros casos, el de jóvenes de 16 años originarios de Guanajuato que fueron localizados en Sinaloa, así como el de dos muchachos trasladados desde Guadalajara hasta Chiapas.
Pueblos fantasma en la Sierra Madre Occidental
La periodista extendió su análisis hacia la Sierra Madre Occidental, donde el desplazamiento forzado sigue un patrón que desciende desde Chihuahua hasta Guajicori, en los límites entre Nayarit y Jalisco.
En San Ignacio, Sinaloa, una reportera local ha documentado hasta 60 pueblos fantasma.
Durante la ponencia, Guillén leyó el testimonio de una persona que decidió permanecer en la región.
«He trabajado en lugares donde hay mucha precariedad, pero nunca en un sitio como este, donde parece que se acabó la esperanza».
El relato describe cerros llenos de cuerpos que nadie recoge y prendas abandonadas en medio del monte que, al ser revisadas, revelan la presencia de restos humanos. También refiere el traslado de personas procedentes de Centroamérica y Colombia.
«Llegaban de un cártel o de otro, aparecían de noche y, delante de las mujeres, agarraban a los hombres para reclutarlos», señala el testimonio.
La persona entrevistada también planteó una hipótesis sobre el propósito del vaciamiento territorial. En esos lugares ya no se produce prácticamente nada, no existen mercados locales relevantes para la venta de drogas y tampoco son visibles grandes operaciones mineras.
«Tal vez es una estrategia a largo plazo de alguien más para que no quede nadie ahí, para que no haya comunidades, no haya campesinos y nadie pueda alegar la propiedad de la tierra, de manera que puedan hacer lo que quieran con esas tierras».
Guillén retomó esta reflexión como una clave para comprender que el desplazamiento y la desaparición podrían responder no solamente a intereses inmediatos de las organizaciones criminales, sino también a proyectos económicos de largo alcance.
Las grietas frente al dominio
En la parte final de su intervención, la periodista dirigió la mirada hacia los territorios donde este dominio no ha logrado consumarse.
Mencionó los casos de Santa maía Ostula,, en Michoacán, y Cherán, donde las comunidades han logrado impedir la entrada o el control de organizaciones criminales.
La constante en estos territorios, planteó, es la organización comunitaria, la defensa colectiva de la tierra y la permanencia de una relación viva con la naturaleza y lo sagrado.
En comunidades wixaritari donde tampoco se registra este tipo de desapariciones, Guillén recuperó las voces de docentes que participan en proyectos educativos comunitarios.
La maestra Javiema explicó que el territorio es fundamental porque «todos somos tierra, nos alimentamos de lo que nace de ella».
Otro profesor describió el proyecto educativo como un ejercicio de escucha:
«Escuchar a la madre tierra, escuchar al abuelo fuego, escuchar a Tateique, al sol».
Después lanzó una advertencia:
«Nuestra madre tierra nos habla. Si no hacemos lo que dice, si vamos por otro camino, vamos por camino equivocado».
Guillén concluyó que las madres buscadoras han abierto el camino para comprender la dimensión de lo que ocurre en México. La tarea inmediata, afirmó, no consiste únicamente en encontrar a quienes han sido desaparecidos, sino en impedir que más personas sean llevadas.
«Ser madre en este país, y especialmente en Jalisco, es dormir siempre abrazada a los hijos, temiendo que se los lleven».
La pregunta que dejó abierta fue también una propuesta metodológica: observar los territorios donde no están desapareciendo a las personas e identificar cómo han conseguido impedirlo.
La ponencia estuvo dedicada a las madres buscadoras y a la familia de Jorge. También incluyó un reconocimiento al pintor Antonio Ramírez, autor de la obra ¿Dónde estás, amor mío?, dedicada a las mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos.
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