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martes, 24 de enero de 2017

El Estado Islámico y sus “yihadistas” en México

Por: Ángel Trejo/Analista político/Colaborador huésped
¿Por qué algunos analistas políticos mexicanos de derecha -Ciro Gómez Leyva, Héctor Aguilar Camín, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, entre otros- hablan exaltadamente de la “jugada maestra” de los terroristas del Estado Islámico (IL) en París y piensan que difícilmente la Unión Europea podrá contenerlos?
Hay no menos de una decena de razones por las que, a pesar de fingir que se lamentan la tragedia francesa, no logran evitar la celebración de los atentados terroristas del pasado viernes 13 de noviembre.
La primera es porque saben que detrás de la “jugada maestra” de los yihadistas -así la calificó Loret de Mola, el enviado especial de Televisa en París- está el gobierno oligárquico de Estados Unidos junto con su célebre Agencia Central de Inteligencia (CIA) y Estados petroleros árabes, con Arabia Saudita a la cabeza.
La segunda razón de su euforia está en que saben que al defender las obras “maestras” del terrorismo gringo en el mundo están defendiendo el neoliberalismo -es decir, la causa de la libertad absoluta del mercado sobre las sociedades nacionales- y la prevalencia de la “american way life” entre las clases más acomodadas de México y América Latina.
Porque sus jefes y patrones -vía la embajada yanqui en el DF- les han ordenado apoyar al gobierno de EE. UU. ahora que el imperio universal está perdiendo terreno en la mayor parte de las regiones del mundo, empezando por Europa, y porque saben que la mejor forma de mantener el “orden mundial” bajo la suela de los zapatos del Tío Sam consiste en aplicar estrategias el terror en las sociedades actuales, siguiendo las previsiones o recomendaciones de la “teoría” del “Choque de civilizaciones”, del filósofo gringo Samnuel Huntington (1993).
Los eruditos analistas proyanquis saben, asimismo, que a raíz de su victoria en la II Guerra Mundial Estados Unidos heredó el control colonial absoluto sobre el Oriente Medio y el Norte de África y tras la salida de Francia de Argelia en los años 60, encontró en el “extremismo islámico” (en realidad un invento de la CIA) la forma de mantener a los países de esas regiones bajo su égida mediante la división y la confrontación permanentes.
Los sesudos reproductores de los boletines confidenciales de la embajada gringa en México saben también que la cuasi desaparecida Al Qaeda –de la que supuestamente se desprendió el Estado Islámico- así como su célebre ex líder Osama bin Laden, fueron obra de la CIA, igual que el atentado a las Torres Gemelas y el reciente ataque, en marzo de 2015, contra la revista francesa Charlie Hebdo.
Saben que el gobierno de EE. UU. está bastante molesto con el apoyo a trasmano que Francia brinda al gobierno de Siria -en contraposición al mandato de Washington- y que un eventual acercamiento de los galos con el gobierno ruso de Vladimir Putin -quien en fecha reciente ordenó bombardear los campamentos del Estado Islámico en Siria- se está rompiendo el orden y el equilibrio interno “proyanqui” en la Unión Europea.
Los escribanos proimperialistas mexicanos están perfectamente al tanto de que la reciente “recomendación ” del presidente de EE.UU a Francia y a Rusia, de no mandar tropas a Siria para desalojar a los yihadistas, es en realidad una advertencia para que no se “metan con sus mercenarios del Estado Islámico”, so pena de entrar en un conflicto mayor y directo con Washington.
Los yihadistas mexicanos saben además que la pretensión de EE. UU., Alemania e Inglaterra de apoderarse de Siria -región estratégica en el Mediterráneo oriental y el acceso a los mares Negro y Caspio- es vital para el mantenimiento de su hegemonía comercial, militar y cultural sobre el resto de Europa.
Estos señores están conscientes, pues, de su responsabilidad en la defensa de su “Patria común estadounidense” y en función de esta alta misión política están dispuestas incluso a trasladar la guerra islámica a México, como sugirió Gómez Leyva en su agudísima columna del martes 17 en El Universal, la cual tituló “Poner una bomba en el Estadio Azteca”.
Sí, una bomba islámica en el principal aforo popular de México sería el mejor remedio para poner en paz el ánimo reformista de Enrique Peña Nieto -¡otro de los presidentes incómodos para Washington!- después del fracaso de las marchas callejeras multitudinarias de la CNTE, Ayotzinapa-Iguala y Tlatlaya.

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