La noche de la ascension celestial del Profeta Muhammad (mi’râj)
07/08/2006 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: Sufismo.net
Bismi’llâhi’r-rahmani’r-rahîm
En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo
“¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! Verdaderamente Él es Quien oye y Quien ve.” 17:1
Un día, nuestro Maestro estaba sentado en un rincón de la Kaaba adorando al Señor de Todos los Mundos. Le rogó a su Señor que su gente pudiera obtener una guía correcta. El execrable Abû Jahl llegó junto con una banda disoluta, y se detuvieron a charlar al lado de la Kaaba. Estaban tramando contra el Islam y planeando dos malas jugadas a los Musulmanes.
Uno de ellos notó a nuestro Maestro y le mencionó su presencia a Abû Jahl, que se aproximó inmediatamente al Mensajero de Allah junto con su banda disoluta. “Oh Muhammad”, dijo Abû Jahl burlonamente, “¿realmente eres un profeta?” El glorioso Mensajero tomó la pregunta seriamente y respondió con dignidad: “Sí, soy un Mensajero; soy un Profeta”.
Ante eso, esa pandilla libertina empezó a mofarse con descarado sarcasmo: “¿Cómo puedes ser un profeta? Eres un huérfano; no fuiste a la escuela; no tuviste ningún maestro; Abû Tâlib te crió como a un pobre huérfano. ¿Cómo te atreves a ignorar las limitaciones de ese humilde origen y tener la pretensión de ser un profeta? Quizás haces esa afirmación con la intención de convertirte en nuestro igual o incluso en nuestro jefe. Abandona esa pretenciosa noción. Si la condición de profeta le llegara a alguien, si una cosa semejante realmente pudiera ocurrir, me hubiera llegado a mí o a alguno de mis pares como ‘Utba o Ubayy ibn Khalaf”.
“Ellos son gente educada como yo; también son líderes de nuestra tribu. Puedes haber reunido unos cuantos seguidores, pero no son gente rica e iluminada como mis amigos. Son esclavos y rebaños de camellos; son nuestros sirvientes que viven de nuestras sobras. Es la escoria de nuestra gente la que se ha unido a ti. Los que están conmigo son los miembros ricos y poderosos de esta nación, abandona entonces esa afirmación tuya. ¿Cómo podríamos compartir la creencia de esos esclavos y sirvientes—ese grupo de campesinos? ¿Cómo podríamos sentarnos en su compañía? Nosotros somos grandes hombres, líderes de la tribu, mientras que aquellos que creen en ti son gente pobre y esclavos”.
Con semejantes crueles e ilógicas palabras, rechazaron al Mensajero de los Mensajeros, puro de corazón, y se marcharon.
La misma escena se repitió primero con el incrédulo Ubayy ibn Khalaf y su banda, después con Wâlid ibn Mughîra y otros líderes de Quraysh, todos igualmente obstinados en su incredulidad, depravados, corruptos y errados. Fue como si todos hubiesen conspirado juntos.
Esos ataques irracionales entristecieron verdaderamente al Mensajero de los Mensajeros. Qué obstinados eran esos hombres. ¿Por qué el hecho de ser un pobre huérfano le impediría ser un profeta? Qué persona de erudición o experiencia pudo producir algo semejante a este Poderoso Corán, que él había traído al mundo sin tener el beneficio de escuela, universidad, maestro o profesor. Era un milagro que este Corán le hubiera sido revelado a un iletrado sin educación formal.
Llegaron al extremo de la burlona e irrespetuosa insolencia hacia este salvador, enviado para invitarlos a la salvación, al éxito, a la humanidad, al Paraíso y a Allah. Esa gente obstinada y envidiosa, o no sabía qué era realmente un Mensajero y Profeta, o su rechazo era deliberado, de cualquiera de las dos formas, estaban confundiendo la condición de Profeta con la condición de rey y jefe tribal. Estaban buscando en el Profeta, la paz sea con él, los atributos que necesita un gobernante mundano. ¿Pero qué podía hacer un hombre si había crecido como un huérfano? ¿Por qué debía ser eso un impedimento para que se convirtiera en un Profeta? Ciertamente el venerable Adán era un Profeta y Mensajero, ¿pero tuvo un padre y una madre? En cuanto a nuestro Maestro Jesús, él tuvo una madre pero ningún padre, sin embargo él también fue un Profeta y Mensajero.
Nuestro Maestro bendito no dio respuesta alguna a las palabras desdeñosas del ignorante o los incrédulos envidiosos. Su corazón puro estaba dolorosamente herido y sus ojos benditos llenos de lágrimas. Triste y perturbado, se fue de la Kaaba a la casa de su prima, Umm Hâni, la hija de Abû Tâlib y hermana del Imán Alî.
Su rostro bendito mostraba las marcas de la pena. Viendo al Mensajero sumido en esa perplejidad, Umm Hâni le tomó las manos y le preguntó qué le pasaba. Cuando oyó de los irrespetuosos ataques que tanto habían apenado a nuestro Maestro, Umm Hâni dijo: “Oh Mensajero de Allah, son bien conscientes de que tú eres un verdadero Profeta: Actúan así por envidia”. Luego añadió: “Nosotros hemos aceptado tu Misión. El Señor Todo Glorioso mismo ha proclamado y confirmado tu Misión. ¿No es eso suficiente para ti?”
La envidia es un terrible hábito. Aquellos que sufren de ella son incapaces de distinguir la verdad de la falsedad; caen en un abismo tal que son tan malos como el demonio, si no peor. El envidioso está lleno de un fuego consumidor, más caliente aun que el fuego del Infierno. Se rebaja a cualquier clase de maldad. No sabe nada del honor, la virtud y la santidad. En Su Noble Corán, el Todo Glorioso dice: “Refúgiate en Mí de la envidia del envidioso”. ¡Sin duda nos refugiamos realmente en Él!
Fue ese fuego de la envidia lo que llenó a los incrédulos de Quraysh, afligiéndolos más intensamente con cada día que pasaba. Trataron de extinguir la luz de la guía que brillaba delante de ellos, pero cuanto más fuerte soplaban, más relucientemente brillaba. Era como si hubieran estado todos ciegos. Dado que no podían ver esa luz, ese sol de guía, no tenían nada más que desdén para aquellos que siguieron al emisario de Dios a la salvación.
En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo
“¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! Verdaderamente Él es Quien oye y Quien ve.” 17:1
Un día, nuestro Maestro estaba sentado en un rincón de la Kaaba adorando al Señor de Todos los Mundos. Le rogó a su Señor que su gente pudiera obtener una guía correcta. El execrable Abû Jahl llegó junto con una banda disoluta, y se detuvieron a charlar al lado de la Kaaba. Estaban tramando contra el Islam y planeando dos malas jugadas a los Musulmanes.
Uno de ellos notó a nuestro Maestro y le mencionó su presencia a Abû Jahl, que se aproximó inmediatamente al Mensajero de Allah junto con su banda disoluta. “Oh Muhammad”, dijo Abû Jahl burlonamente, “¿realmente eres un profeta?” El glorioso Mensajero tomó la pregunta seriamente y respondió con dignidad: “Sí, soy un Mensajero; soy un Profeta”.
Ante eso, esa pandilla libertina empezó a mofarse con descarado sarcasmo: “¿Cómo puedes ser un profeta? Eres un huérfano; no fuiste a la escuela; no tuviste ningún maestro; Abû Tâlib te crió como a un pobre huérfano. ¿Cómo te atreves a ignorar las limitaciones de ese humilde origen y tener la pretensión de ser un profeta? Quizás haces esa afirmación con la intención de convertirte en nuestro igual o incluso en nuestro jefe. Abandona esa pretenciosa noción. Si la condición de profeta le llegara a alguien, si una cosa semejante realmente pudiera ocurrir, me hubiera llegado a mí o a alguno de mis pares como ‘Utba o Ubayy ibn Khalaf”.
“Ellos son gente educada como yo; también son líderes de nuestra tribu. Puedes haber reunido unos cuantos seguidores, pero no son gente rica e iluminada como mis amigos. Son esclavos y rebaños de camellos; son nuestros sirvientes que viven de nuestras sobras. Es la escoria de nuestra gente la que se ha unido a ti. Los que están conmigo son los miembros ricos y poderosos de esta nación, abandona entonces esa afirmación tuya. ¿Cómo podríamos compartir la creencia de esos esclavos y sirvientes—ese grupo de campesinos? ¿Cómo podríamos sentarnos en su compañía? Nosotros somos grandes hombres, líderes de la tribu, mientras que aquellos que creen en ti son gente pobre y esclavos”.
Con semejantes crueles e ilógicas palabras, rechazaron al Mensajero de los Mensajeros, puro de corazón, y se marcharon.
La misma escena se repitió primero con el incrédulo Ubayy ibn Khalaf y su banda, después con Wâlid ibn Mughîra y otros líderes de Quraysh, todos igualmente obstinados en su incredulidad, depravados, corruptos y errados. Fue como si todos hubiesen conspirado juntos.
Esos ataques irracionales entristecieron verdaderamente al Mensajero de los Mensajeros. Qué obstinados eran esos hombres. ¿Por qué el hecho de ser un pobre huérfano le impediría ser un profeta? Qué persona de erudición o experiencia pudo producir algo semejante a este Poderoso Corán, que él había traído al mundo sin tener el beneficio de escuela, universidad, maestro o profesor. Era un milagro que este Corán le hubiera sido revelado a un iletrado sin educación formal.
Llegaron al extremo de la burlona e irrespetuosa insolencia hacia este salvador, enviado para invitarlos a la salvación, al éxito, a la humanidad, al Paraíso y a Allah. Esa gente obstinada y envidiosa, o no sabía qué era realmente un Mensajero y Profeta, o su rechazo era deliberado, de cualquiera de las dos formas, estaban confundiendo la condición de Profeta con la condición de rey y jefe tribal. Estaban buscando en el Profeta, la paz sea con él, los atributos que necesita un gobernante mundano. ¿Pero qué podía hacer un hombre si había crecido como un huérfano? ¿Por qué debía ser eso un impedimento para que se convirtiera en un Profeta? Ciertamente el venerable Adán era un Profeta y Mensajero, ¿pero tuvo un padre y una madre? En cuanto a nuestro Maestro Jesús, él tuvo una madre pero ningún padre, sin embargo él también fue un Profeta y Mensajero.
Nuestro Maestro bendito no dio respuesta alguna a las palabras desdeñosas del ignorante o los incrédulos envidiosos. Su corazón puro estaba dolorosamente herido y sus ojos benditos llenos de lágrimas. Triste y perturbado, se fue de la Kaaba a la casa de su prima, Umm Hâni, la hija de Abû Tâlib y hermana del Imán Alî.
Su rostro bendito mostraba las marcas de la pena. Viendo al Mensajero sumido en esa perplejidad, Umm Hâni le tomó las manos y le preguntó qué le pasaba. Cuando oyó de los irrespetuosos ataques que tanto habían apenado a nuestro Maestro, Umm Hâni dijo: “Oh Mensajero de Allah, son bien conscientes de que tú eres un verdadero Profeta: Actúan así por envidia”. Luego añadió: “Nosotros hemos aceptado tu Misión. El Señor Todo Glorioso mismo ha proclamado y confirmado tu Misión. ¿No es eso suficiente para ti?”
La envidia es un terrible hábito. Aquellos que sufren de ella son incapaces de distinguir la verdad de la falsedad; caen en un abismo tal que son tan malos como el demonio, si no peor. El envidioso está lleno de un fuego consumidor, más caliente aun que el fuego del Infierno. Se rebaja a cualquier clase de maldad. No sabe nada del honor, la virtud y la santidad. En Su Noble Corán, el Todo Glorioso dice: “Refúgiate en Mí de la envidia del envidioso”. ¡Sin duda nos refugiamos realmente en Él!
Fue ese fuego de la envidia lo que llenó a los incrédulos de Quraysh, afligiéndolos más intensamente con cada día que pasaba. Trataron de extinguir la luz de la guía que brillaba delante de ellos, pero cuanto más fuerte soplaban, más relucientemente brillaba. Era como si hubieran estado todos ciegos. Dado que no podían ver esa luz, ese sol de guía, no tenían nada más que desdén para aquellos que siguieron al emisario de Dios a la salvación.
Llegó la noche y cayó la oscuridad.
Entristecido por el despreciable tratamiento que había recibido durante el día, nuestro Maestro oró antes de acostarse a dormir. Su bendito corazón estaba dolido y las lágrimas humedecían sus ojos.
Apenas si se había dormido, cuando el Señor de la Majestad dijo:
“¿Oh Gabriel, sabes qué noche es ésta? ¡Esta noche, transmite mi orden y buenas nuevas a todos Mis Mundos! Esta noche llevaré a Mi bienamado a Mi estación. Mis Cielos, Mi Árbol de Loto, Mi Casa Próspera, Mi Trono, Mi Escabel y Mi Paraíso se adornarán con el polvo de los pies de Mi bienamado. Dile a Isrâfil que deje su trompeta por esta noche; le he ordenado servir a Mi bienamado. Que Miguel posponga la distribución de provisiones. Que Azrâ’il deje la recolección de almas por esta noche. A ellos y a ti les he concedido el honor de servir a Mi bienamado. Por esta noche, que Mâlik apague el fuego del Infierno. Que los guardianes del Infierno no se muevan de su lugar. Que Mi Paraíso se adorne nuevamente. Dile a Ridwân que las huríes, los pajes y los asistentes deben prepararse. Que usen vestiduras celestiales nuevas y se pongan sus adornos. Deben prepararse para recibir a Mi bienamado. Esta noche he invitado a Mi bienamado Muhammad. Que vistan al sol del empíreo. Que el cielo se arregle más espléndidamente que en una noche común. Que las estrellas resplandezcan con más brillo que lo usual. ¡Que las almas de los Profetas se preparen para saludar a Muhammad! Oh Gabriel, ve al Paraíso y busca para Mi bienamado una túnica espléndida, una corona, un cinturón y el corcel celestial llamado Burâq. Que se ponga la túnica, la corona sobre la cabeza y que se ciña el cinturón. ¡Que monte a Burâq; que cabalgue para ver Mi Trono, Mi Escabel y Mi Paraíso! ¡Dale Mi saludo a ese Mensajero! Ahora está acostado en la casa de Umm Hâni, triste y desanimado por la crueldad de esos incrédulos”.
“¡Que venga! ¡Que contemple Mi Trono, Mi Pedestal y Mi Paraíso! Esos incrédulos han estado diciendo: ‘Tú eres pobre, mientras que nosotros somos ricos. El poder y la fuerza nos pertenecen a nosotros. No tienes amigos excepto mendigos y esclavos’. Oh Gabriel, ¿quién es realmente pobre, quién es rico, quién es poderoso, quién es humilde, quién es temporal, quién es eterno? Esta noche, le concederé Mi gracia y favor como nunca lo he hecho, y nunca lo haré, con ningún otro Mensajero y Profeta. Le mostraré los favores que he preparado para su Comunidad. Oh Gabriel, él es muy precioso para Mí. Es una bendición para dieciocho mil, para dieciocho millones de mundos. Si no lo hubiera creado, no habría creado este universo. Soy su ensalzador. Por él he creado todo. Para Mí lo he creado a él. Soy testigo de su condición de Profeta. Él es Mío y Yo soy suyo. Oh Gabriel, trátalo cortésmente; que esta noche tu bondad sea mayor que la de cualquier otra noche. Te has pasado veinte mil años realizando una oración de dos ciclos para Mí. Ningún siervo Mío jamás Me adoró de una manera semejante. Como recompensa a esa adoración, te he concedido el favor de servir esta noche a Mi bienamado”.
Ese venerable Gabriel fue al Paraíso, en donde vio que los corceles celestiales estaban pastando en manadas. Todos estaban felices y contentos, a excepción de uno llamado Burâq, que estaba pálido y pesaroso. Estaba llorando en un rincón, su cara manchada de lágrimas y llevando la marca del amor.
El venerable Gabriel se acercó a la pobre bestia, intrigado por su condición. “¿Qué te sucede? ¿Por qué no comes o bebes? ¿Por qué estás tan pálido y pesaroso? Este es el Paraíso, la morada de la felicidad; aquí no hay llanto, no hay tristeza”. Burâq encontró las palabras para decir: “Me aqueja el dolor del amor. Mi amor es mi constante compañero. No lo he visto, pero he oído su nombre. Ese nombre es mi remedio. Si veo su belleza, mi cara se iluminará de alegría. Hace miles de años que me encuentro en este estado. Oí una voz que exclamaba: ‘¡Oh Muhammad!’ A partir de ese momento, he estado enamorado del dueño de ese nombre. Tú me ves aquí, la morada de la felicidad. Pero esta es sólo mi forma exterior; en realidad, me encuentro en el fuego de la separación. El amor es mi regalo, mi alegría las lágrimas. Esos son los fieles testigos de mi amor. Mi palidez y pesadumbre son mi deleite, las lágrimas que fluyen el símbolo de mi amor. Con toda seguridad este dolor mío me guiará a su remedio. Un día me unirá a mi amado. Mi dolor se ha convertido en mi remedio”.
“¡Buenas noticias, Oh Burâq!” exclamó Gabriel. “Esta noche te guiaré hasta tu amado. Tu inmutable paciencia en el amor te ha llevado al que amas. Ese ser extremadamente santo no es tu bienamado solamente; todas las criaturas han sido creadas por amor a él. El Señor de Todos los Mundos es su amante también, como lo son el Escabel, la Tabla, la Pluma y el Paraíso. Sus amantes son innumerables. Así como tu amor por él te ha llevado ahora hasta él, así un día su amor los unirá con él; esta condición tuya es ciertamente una prueba de eso.
“Dicen que el amante está con su amado. Ven Burâq, partamos camino a tu bienamado Muhammad. . .” En un instante habían alcanzado la ciudad de la Meca y arribado a la Kaaba. Todos los otros nobles ángeles fueron también, y la Meca y el cielo encima de ella se llenaron con los ejércitos de ángeles.
Esta era una noche extremadamente importante. Esta noche, Allah le mostraría a Su bienamado maravillas peculiares a Su Esencia de Divinidad, admitiéndolo al misterio de los Dos Largos de Arco, una estación inaccesible para cualquier otra criatura. Al Mensajero Elegido, se le permitiría atestiguar maravillas ocultas a la vista de criaturas y ángeles, incluso de aquellos ángeles próximos al Trono. Esta noche, sería llevado al “Palacio Más Allá del Espacio”.
Allí, cada dolor encontraría mil clases de remedios. Los pecados de los siervos de Allah se perdonarían por amor a Su bienamado, y a la Comunidad entera de Muhammad (La paz sea con él) se la salvaría del Fuego y se le concedería el Paraíso; se revelaría el misterio de los Dos Largos de Arco y se daría a conocer la Unidad de la Esencia Divina.
Por la manifestación de los Atributos, se revelarían las manifestaciones de la Esencia. Amante y bienamado se unirían. Le mostrarían las estaciones de todos los Mensajeros, guiaría las almas de los Profetas en la adoración; iría más allá de la Estación de Gabriel. Se perdonaría a todos los pecadores de la Comunidad de Muhammad y se los darían al Mensajero. Aprendería el secreto de “y ciertamente tu Señor te dará”. El Todopoderoso le dirigiría noventa mil palabras a Su bienamado. Se revelarían misterios, tales como ninguna lengua podría decir y ninguna pluma escribir.
De acuerdo a Ibn ‘Abbâs, nuestro Maestro dijo:
Entristecido por el despreciable tratamiento que había recibido durante el día, nuestro Maestro oró antes de acostarse a dormir. Su bendito corazón estaba dolido y las lágrimas humedecían sus ojos.
Apenas si se había dormido, cuando el Señor de la Majestad dijo:
“¿Oh Gabriel, sabes qué noche es ésta? ¡Esta noche, transmite mi orden y buenas nuevas a todos Mis Mundos! Esta noche llevaré a Mi bienamado a Mi estación. Mis Cielos, Mi Árbol de Loto, Mi Casa Próspera, Mi Trono, Mi Escabel y Mi Paraíso se adornarán con el polvo de los pies de Mi bienamado. Dile a Isrâfil que deje su trompeta por esta noche; le he ordenado servir a Mi bienamado. Que Miguel posponga la distribución de provisiones. Que Azrâ’il deje la recolección de almas por esta noche. A ellos y a ti les he concedido el honor de servir a Mi bienamado. Por esta noche, que Mâlik apague el fuego del Infierno. Que los guardianes del Infierno no se muevan de su lugar. Que Mi Paraíso se adorne nuevamente. Dile a Ridwân que las huríes, los pajes y los asistentes deben prepararse. Que usen vestiduras celestiales nuevas y se pongan sus adornos. Deben prepararse para recibir a Mi bienamado. Esta noche he invitado a Mi bienamado Muhammad. Que vistan al sol del empíreo. Que el cielo se arregle más espléndidamente que en una noche común. Que las estrellas resplandezcan con más brillo que lo usual. ¡Que las almas de los Profetas se preparen para saludar a Muhammad! Oh Gabriel, ve al Paraíso y busca para Mi bienamado una túnica espléndida, una corona, un cinturón y el corcel celestial llamado Burâq. Que se ponga la túnica, la corona sobre la cabeza y que se ciña el cinturón. ¡Que monte a Burâq; que cabalgue para ver Mi Trono, Mi Escabel y Mi Paraíso! ¡Dale Mi saludo a ese Mensajero! Ahora está acostado en la casa de Umm Hâni, triste y desanimado por la crueldad de esos incrédulos”.
“¡Que venga! ¡Que contemple Mi Trono, Mi Pedestal y Mi Paraíso! Esos incrédulos han estado diciendo: ‘Tú eres pobre, mientras que nosotros somos ricos. El poder y la fuerza nos pertenecen a nosotros. No tienes amigos excepto mendigos y esclavos’. Oh Gabriel, ¿quién es realmente pobre, quién es rico, quién es poderoso, quién es humilde, quién es temporal, quién es eterno? Esta noche, le concederé Mi gracia y favor como nunca lo he hecho, y nunca lo haré, con ningún otro Mensajero y Profeta. Le mostraré los favores que he preparado para su Comunidad. Oh Gabriel, él es muy precioso para Mí. Es una bendición para dieciocho mil, para dieciocho millones de mundos. Si no lo hubiera creado, no habría creado este universo. Soy su ensalzador. Por él he creado todo. Para Mí lo he creado a él. Soy testigo de su condición de Profeta. Él es Mío y Yo soy suyo. Oh Gabriel, trátalo cortésmente; que esta noche tu bondad sea mayor que la de cualquier otra noche. Te has pasado veinte mil años realizando una oración de dos ciclos para Mí. Ningún siervo Mío jamás Me adoró de una manera semejante. Como recompensa a esa adoración, te he concedido el favor de servir esta noche a Mi bienamado”.
Ese venerable Gabriel fue al Paraíso, en donde vio que los corceles celestiales estaban pastando en manadas. Todos estaban felices y contentos, a excepción de uno llamado Burâq, que estaba pálido y pesaroso. Estaba llorando en un rincón, su cara manchada de lágrimas y llevando la marca del amor.
El venerable Gabriel se acercó a la pobre bestia, intrigado por su condición. “¿Qué te sucede? ¿Por qué no comes o bebes? ¿Por qué estás tan pálido y pesaroso? Este es el Paraíso, la morada de la felicidad; aquí no hay llanto, no hay tristeza”. Burâq encontró las palabras para decir: “Me aqueja el dolor del amor. Mi amor es mi constante compañero. No lo he visto, pero he oído su nombre. Ese nombre es mi remedio. Si veo su belleza, mi cara se iluminará de alegría. Hace miles de años que me encuentro en este estado. Oí una voz que exclamaba: ‘¡Oh Muhammad!’ A partir de ese momento, he estado enamorado del dueño de ese nombre. Tú me ves aquí, la morada de la felicidad. Pero esta es sólo mi forma exterior; en realidad, me encuentro en el fuego de la separación. El amor es mi regalo, mi alegría las lágrimas. Esos son los fieles testigos de mi amor. Mi palidez y pesadumbre son mi deleite, las lágrimas que fluyen el símbolo de mi amor. Con toda seguridad este dolor mío me guiará a su remedio. Un día me unirá a mi amado. Mi dolor se ha convertido en mi remedio”.
“¡Buenas noticias, Oh Burâq!” exclamó Gabriel. “Esta noche te guiaré hasta tu amado. Tu inmutable paciencia en el amor te ha llevado al que amas. Ese ser extremadamente santo no es tu bienamado solamente; todas las criaturas han sido creadas por amor a él. El Señor de Todos los Mundos es su amante también, como lo son el Escabel, la Tabla, la Pluma y el Paraíso. Sus amantes son innumerables. Así como tu amor por él te ha llevado ahora hasta él, así un día su amor los unirá con él; esta condición tuya es ciertamente una prueba de eso.
“Dicen que el amante está con su amado. Ven Burâq, partamos camino a tu bienamado Muhammad. . .” En un instante habían alcanzado la ciudad de la Meca y arribado a la Kaaba. Todos los otros nobles ángeles fueron también, y la Meca y el cielo encima de ella se llenaron con los ejércitos de ángeles.
Esta era una noche extremadamente importante. Esta noche, Allah le mostraría a Su bienamado maravillas peculiares a Su Esencia de Divinidad, admitiéndolo al misterio de los Dos Largos de Arco, una estación inaccesible para cualquier otra criatura. Al Mensajero Elegido, se le permitiría atestiguar maravillas ocultas a la vista de criaturas y ángeles, incluso de aquellos ángeles próximos al Trono. Esta noche, sería llevado al “Palacio Más Allá del Espacio”.
Allí, cada dolor encontraría mil clases de remedios. Los pecados de los siervos de Allah se perdonarían por amor a Su bienamado, y a la Comunidad entera de Muhammad (La paz sea con él) se la salvaría del Fuego y se le concedería el Paraíso; se revelaría el misterio de los Dos Largos de Arco y se daría a conocer la Unidad de la Esencia Divina.
Por la manifestación de los Atributos, se revelarían las manifestaciones de la Esencia. Amante y bienamado se unirían. Le mostrarían las estaciones de todos los Mensajeros, guiaría las almas de los Profetas en la adoración; iría más allá de la Estación de Gabriel. Se perdonaría a todos los pecadores de la Comunidad de Muhammad y se los darían al Mensajero. Aprendería el secreto de “y ciertamente tu Señor te dará”. El Todopoderoso le dirigiría noventa mil palabras a Su bienamado. Se revelarían misterios, tales como ninguna lengua podría decir y ninguna pluma escribir.
De acuerdo a Ibn ‘Abbâs, nuestro Maestro dijo:
“Había terminado de adorar y me había ido a la cama. Dándome cuenta de que había llegado Gabriel, me senté en la cama. Vi a Gabriel parado allí, diciendo: ‘Oh Mensajero de Allah, saludos para ti de Allah’. Esta noche Él te invita. He venido a buscarte. Esta noche, el Todo Glorioso te hará un gran honor; nadie antes que tú alcanzó jamás gracia y favor tan exaltados, ni se le conferirá semejante bendición a nadie después de ti. Nadie vio ni oyó jamás de semejante gracia y favor como los que tú tendrás esta noche. Vayamos ahora, porque te ha llegado tu momento. Esta noche, eres el huésped del Rey. Ningún predecesor mereció jamás tal dádiva, ni será capaz ningún sucesor de lograr tal exaltación”.
El venerable Moisés conversó en el Monte Sinaí con Nuestro Señor, de cuya Existencia toda la Creación depende. “Mi Señor”, rogó, “Muéstrame Tu Bello Semblante. Permíteme ver. ¡Permíteme contemplar Tu Belleza!” Pero se le dijo: “Moisés, no Me puedes ver; ¡no eres capaz de verme! Pero mira la montaña, Me manifestaré a ella, Si la montaña puede soportar Mi manifestación, también tú serás capaz de hacerlo”. Pero la montaña no pudo soportar la manifestación divina y se disolvió en pedazos. El venerable Moisés cayó en un desmayo. Cuando recobró la consciencia, dijo: “Mi Señor, Te declaro exento de los atributos de imperfección; te califico con los atributos de la perfección. Ante Ti me arrepiento. Sin verte, soy uno de los primeros en tener fe en Ti”. Moisés, el Interlocutor, deseaba ver. Pero había sido incapaz de ver. Ahora, Dios Todopoderoso deseaba mostrarse a Sí Mismo a Su bienamado.
Cómo podía suceder eso, no lo podemos saber; sólo Allah conoce la manera. Las seis direcciones no se aplican a Él; Él es incuantificable y Su modalidad es desconocida para nosotros. Existe más allá de la dirección, la localización y el tiempo. Él se mostraría a Su bienamado. Pero esto no se lo prometería solamente a Su bienamado, sino también a nosotros los pecadores, los miembros de su comunidad. Algunos rostros muy honrados contemplarán la Belleza y la Perfección del Señor en la Resurrección. Se nos concederá este favor. Para verlo a Él, sin embargo, el ojo debe estar preparado.
En cuanto a aquellos que no ven la verdad y la realidad en el mundo de abajo, el Corán nos dice que no sólo no verán al Señor de los Mundos; a aquellos que le dan la espalda al Corán y a Su bienamado se los resucitará ciegos. La vista le pertenece al ojo que llora por Dios, a aquellos que obedecen a la realidad y la verdad.
El Mensajero dio las buenas nuevas a sus Compañeros: “¡Veréis a vuestro Señor del Jardín del Paraíso, así como contempláis la luna el día quince del mes!” En otras palabras, la manifestación divina le será aparente a cada creyente de acuerdo a su capacidad.
Como ya hemos dicho, la manera de eso está más allá de nuestro conocimiento; sólo Allah la conoce. Dios está exento de localización espacial. Él se mostrará a Sí Mismo a los creyentes, y los creyentes Lo verán. Como Allah quiera. . . Que Allah nos conceda Su gracia a todos nosotros. Amén. Por el bien del Jefe de los Mensajeros.
Nuestro Maestro dijo: “Oí la voz de Gabriel, el Confiable. Oí lo que me dijo. Me levanté enseguida y busqué un jarro para poder llevar a cabo mi ablución. En ese momento, Ridwân trajo del Paraíso un jarro dorado con incrustaciones de esmeraldas, así como un cuenco con cuatro enormes esmeraldas al frente, que reflejaban la luz del cielo.
“El jarro del Paraíso había sido llenado con el agua de Kawthar, de acuerdo a la orden de Allâh a Ridwân. Hice mi ablución con el agua de Kawthar mientras se vertía de ese jarro en el cuenco. Me llevaron a la Kaaba, al lugar llamado el Sello, en donde me acostaron. Abrieron mi pecho y me sacaron el corazón. Lo lavaron con el agua de Zamzam. Luego lo llenaron con la luz de la sabiduría esotérica y lo volvieron a poner en su lugar. Me vistieron con una espléndida túnica del Paraíso y me enrollaron un turbante en la cabeza; ese turbante también venía del Paraíso. Sobre el turbante se puso una corona, tan brillante como el sol. Me envolvieron la cintura con una fina faja. Su superficie estaba hecha de rubí rojo.
Cuando busqué una montura, Gabriel trajo a Burâq y me dijo que cabalgara. Burâq se plantó. ‘¿Qué estás haciendo, Burâq?’ dijo Gabriel. ‘¿Qué afrenta es esa?’ Pero Burâq respondió: ‘No permitiré que me monte nadie más que Muhammad, la paz sea con él’. Entonces Gabriel le dijo: ‘Aquí contemplas al que amas, por amor a quien te has estado abrasando noche y día, el bienamado Muhammad de Allah’. Al oír eso, Burâq puso su cara en el suelo, derramando lágrimas de amor mientras rogaba: ‘Oh Mensajero de Allah, por amor a ti he abandonado el Paraíso. Dame tu palabra. ¡Promete que volverás a montarme en el próximo Día de la Resurrección, para entrar al Paraíso sobre mi lomo!’ ”
Nuestro Maestro de la Ascensión dio su promesa, llorando mientras se comprometía a entrar al Paraíso con el mismo Burâq, cuando le llegara el momento de levantarse de la tumba. “Oh Mensajero de Allah”, preguntó Gabriel, “¿por qué lloras así?”, y nuestro Maestro dijo: “Cuando me levante de la tumba, iré al Sitio de la Resurrección cabalgando a Burâq. ¿Pero mi Comunidad tendrá que ir allí a pie?” En este punto de la conversación, el Verso siguiente fue revelado:
“El día que reunamos ante el Misericordioso a los temerosos en grupos.”
19:86
Nuestro Maestro se consoló. Ofreció alabanza y agradecimiento a Allah, el Señor de todos los mundos, que también permitirá que su Comunidad cabalgue al Sitio de la Resurrección. Cuando llegue el Día de la Resurrección, los hombres se levantarán de sus tumbas en tres grupos:
i) Los Profetas y Mensajeros, los santos y los justos; a ellos les será enviado Burâq desde el Paraíso. Vistiendo túnicas del Paraíso y disfrutando comida y bebida del Paraíso, montarán esos corceles celestiales y cabalgarán con gran pompa al Sitio de la Resurrección.
ii) Los miembros pecadores de la Comunidad de Muhammad (La paz sea con él). Ellos se levantarán de sus tumbas para ser arrastrados, desnudos y a pie, al Sitio de la Resurrección. Cuando nuestro Maestro mencionó que esa gente sería resucitada en estado de desnudez, la venerable Â’isha, Madre de los Creyentes, preguntó: “¿Oh Mensajero de Allah, no mirarán los hombres a las mujeres que se encuentran entre ellos?” Pero nuestro Maestro respondió: “Â’isha, el Día de la Resurrección será tal, que nadie tendrá ojos más que para sí mismo. Cada persona estará encerrada en sí misma”.
iii) Los incrédulos que niegan la resurrección después de la muerte. Esos se frotarán la cabeza con polvo, gimiendo: “¿Quién nos ha levantado de la tumba? ¡Ay de nuestra condición! Solíamos negar este día”. Los ángeles dirán, mientras sacan a esos incrédulos de la tumba: “Mirad, esto es lo que el Todo Misericordioso prometió. El Mensajero os dijo que este día sería así”. Serán llevados al Sitio de la Resurrección con sus caras contra el piso.
Cuando los nobles Compañeros oyeron de esto por el Profeta, le preguntaron: “¿Oh Mensajero de Allah, cómo puede caminar un hombre arrastrando su cara por el piso?” Nuestro Maestro respondió: “¿No habéis visto cómo se arrastran las serpientes y los gusanos sobre sus caras? Así es cómo se arrastrarán los incrédulos mientras los llevan al Sitio de la Resurrección”.
Cuando nuestro Maestro, el Rey de los Profetas, oyó las buenas nuevas, que Allah había prometido graciosamente dejar que los justos cabalgaran al Sitio de la Resurrección, montó alegremente a Burâq. Gabriel había venido con los ejércitos de ángeles. Nuestro Maestro nos cuenta que los ejércitos angelicales de Miguel e Isrâfil se ordenaron detrás de él a su derecha e izquierda.
Cuando nuestro Maestro quiso separarse de estos poderosos ángeles, el venerable Isrâfil dijo: “Oh Mensajero de Allah, he adorado a mi Señor durante tantos años para poder servirte esta noche, y he sido honrado con este deber”. Nuestro Maestro le preguntó cómo había adorado y orado.
Dijo el venerable Isrâfil: “Adoré durante muchos miles de años debajo del Trono. Luego el Todo Poderoso dijo: ‘¿Qué quieres? Te concederé tu deseo’. Respondí: ‘Mi Señor, el intercesor de la comunidad de pecadores, el Sultán del Día de la Resurrección; parece que has inscrito su nombre sobre el Trono, junto con Tu propio Noble Nombre. Cuando llegue a la existencia corpórea, déjame pasar una hora a su servicio’. Dijo el Señor: ‘Accedo a tu pedido. Habrá una noche en la cual le posibilito acercarse a Mí, a ese Profeta reverenciado cuyo nombre he inscrito al lado del Mío. Lo transportaré desde un lugar en la tierra hasta Mi universo más elevado. Le mostraré maravillas particulares a Mi Esencia. Le abriré las puertas de Mis tesoros. Lo llevaré de la Meca a Jerusalén, y desde allí lo llevaré adonde Yo quiera. Puedes tener el honor de escoltarlo esa noche desde la Meca a Jerusalén’ ”.
Los otros ángeles poderosos también estaban contentos de servir esa noche a nuestro Maestro, el bienamado del Señor. Para obtener ese honor, habían adorado a Allâh durante muchos miles de años.
Nuestro Maestro continúa su relato: “Burâq aterrizó en un lugar que había divisado. En ese lugar había muchos árboles. El venerable Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, desciende aquí y lleva a cabo tus oraciones’. Me bajé y realicé mis oraciones, luego le pregunté a Gabriel el nombre del lugar al que habíamos llegado. ‘Esta es Medina la Iluminada’, dijo. ‘Pronto migrarás a este lugar’. Seguimos adelante hasta un lugar donde la tierra era blanca. Gabriel me dijo que descendiera y orara, de modo que hice lo que me pidió. Luego Gabriel me preguntó dónde estábamos. Cuando le dije que no lo sabía, él dijo: ‘Esto es Midian. El venerable Moisés llevó a cabo sus oraciones debajo de este mismo árbol, cuando estaba huyendo del Faraón’.
“Volví a montar a Burâq y llegamos a un lugar sagrado. Seguí las instrucciones de descender y orar. Luego Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, este es el Monte Sinaí. Aquí es donde el venerable Moisés solía conversar con Allah’. Volví a montar y cabalgué hasta que vimos un pabellón. Otra vez desmonté y oré como se me dijo que hiciera. Luego Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, este es el pabellón donde Jesús, el hijo de María, nació’. Más tarde, vi a un grupo de personas plantando semillas. Cada semilla producía instantáneamente setecientas. Cuando pregunté quiénes eran esas personas, Gabriel dijo: ‘Esos son los miembros de tu Comunidad que gastan su riqueza en la causa de Allah. Por esa buena acción reciben setecientas recompensas’. Luego vi otro grupo.
Los ángeles les estaban destrozando las cabezas con rocas; esas cabezas volvieron a crecer, sólo para ser destrozadas otra vez, después volvían a crecer como nuevas. Gabriel explicó: ‘Los que están sufriendo un tormento semejante son los miembros de tu Comunidad que descuidan las oraciones. Son los que oran, pero están distraídos y no alzan completamente la cabeza cuando se levantan de la inclinación y la postración. Hacen las oraciones con renuencia, sin darles la menor importancia. Aunque oran, también sirven a los incrédulos, a los tiranos y a su propia naturaleza inferior’.
“Luego vi otro grupo. Estaban desnudos y hambrientos, rodeados de hierbas encendidas, que los ángeles los forzaban a comer como animales. Cuando pregunté quiénes eran, Gabriel dijo: ‘Esos son los miembros codiciosos de tu Comunidad, que no pagan la limosna debida. Son aquellos que carecen de compasión por el pobre, el débil, el destituido, las viudas y los huérfanos’.
“Luego vi otra compañía. Una comida deliciosa estaba dispuesta delante de ellos, pero en vez de esa comida pura estaban comiendo carroña maloliente. Gabriel explicó: ‘Mensajero de Allah, esos son los adúlteros y fornicadores de entre tu Comunidad. Aunque tienen a su disposición alimento legal, eligen comer carroña por haber cometido actos ilegales como el adulterio y la fornicación’.
“Luego vi otro grupo. Estos estaban apilando madera, pero no la podían levantar. Cuando pregunté quienes eran, se me dijo: ‘Esos son los miembros avaros de tu Comunidad. Aunque nunca podrían agotar la riqueza que poseen, no están satisfechos y tratan de acumular más aún. Son aquellos que aman los bienes mundanos y tratan de apilarlos. Ellos acumulan fuego en el Infierno, porque violan los derechos humanos, al no tener la voluntad de aligerar su carga y dar a otros lo que les corresponde’.
“Luego vi una gran roca, en la cual había un pequeño agujero. Una serpiente salió del agujero, se hizo más grande, después trató de volver a entrar. Cuando no pudo meterse, empezó a dar vueltas alrededor de la roca, confundida. Pregunté el significado de eso, y Gabriel explicó: ‘Esa roca representa el cuerpo de tu Comunidad. El pequeño agujero representa sus bocas. La serpiente simboliza las malas palabras, el lenguaje ilegal y la murmuración. Habiendo emitido esas cosas, no serán capaces de retractarse y tragarlas. Por lo tanto deben sufrir el tormento en este mundo y en el Más Allá. Dile a tu Comunidad que guarden sus bocas de maldecir, abusar, murmurar, del lenguaje grosero y la charla descuidada, de modo que puedan salvarse en este mundo y en el Más Allá’.
“Luego vi un hombre. Estaba luchando para sacar agua de un pozo. Cuando el balde llegó al borde del pozo, estaba vacío. El hombre se estaba esforzando en vano. ‘¿Qué representa?’, pregunté. Dijo Gabriel: ‘Aquellos de tu Comunidad que adoran sólo por alarde. La veneración que no es para Allah es tan inútil como la penalidad de ese hombre, porque aquellos cuya veneración es mera ostentación ciertamente no recibirán recompensa alguna en el Más Allá. Todo lo que consiguen es fatiga’.
“Las gentes que vi a continuación, tenían labios colgantes, que los ángeles cortaban con tijeras ardientes. Cuando pregunté quienes eran, se me dijo: ‘Esos son los miembros de tu Comunidad que actúan como informantes y aquellos que prestan falso testimonio’.
“Luego vi otro conjunto de personas. Los ángeles les estaban cortando la carne y les ordenaban que se la comieran. Cuando se negaban, los ángeles les pegaban y los obligaban a comer. Cuando le pregunté a Gabriel quienes eran y por qué estaban soportando ese tormento, respondió: ‘Esos son los murmuradores de tu Comunidad’.
“Luego vi otro grupo de personas; tenían rostros sucios, ojos pálidos y labios caídos; de sus bocas fluía sangre y suciedad. Cada uno sostenía una botella encendida en una mano y una taza encendida en la otra, en donde se vertía el pus que fluía de sus bocas. Cuando habían llenado su taza con sangre y suciedad los ángeles los forzaban a beberla. Ese era su tormento. Cuando pregunté sobre ellos, Gabriel dijo: ‘Oh Mensajero de Allah, esos son los miembros de tu Comunidad que mueren sin arrepentirse de haber bebido alcohol’.
“Luego vi otro grupo. Tenían vientres hinchados y grilletes en los pies. Trataban de levantarse, sólo para tropezar y volver a caer. ‘¿Quienes son esos?’ pregunté. Gabriel, la paz sea con él, dijo: ‘Esos son los usureros, esos miembros de tu Comunidad que le roban a la gente sus bienes y los consumen injustamente’.
“Luego encontré un grupo de mujeres. Tenían los rostros sucios; usaban ropas encendidas y los ángeles las estaban golpeando con látigos encendidos. Se gritaban unas a otras. Le pregunté a Gabriel, la paz sea con él, quiénes eran esas mujeres, y me dijo: ‘Esas son las mujeres de tu Comunidad que han cometido adulterio y fornicación o han tratado mal a sus esposos y sólo han mostrado ingratitud por los beneficios que les proporcionaron sus esposos’.
“Luego vi un grupo de hombres que estaban siendo decapitados. Cuando pregunté quiénes eran, Gabriel dijo: ‘Esos son los asesinos de tu Comunidad; son aquellos que siguen adelante con los feudos de sangre’.
“Luego vi un grupo que sufría los tormentos más violentos. De sus bocas y narices salían llamas y estaban a merced de dos ángeles que blandían látigos encendidos. ‘¿Quiénes son?’ pregunté, y Gabriel respondió: ‘Esos son los hipócritas. Están sufriendo ese tormento porque, mientras sus bocas profesaban fe, sus corazones estaban llenos de incredulidad e hipocresía. ¡Merecen ser castigados en las profundidades inferiores del Infierno!’
“Verdaderamente los hipócritas estarán en el nivel más bajo del Fuego.”
4:144
“Luego encontré un grupo de personas que estaban encarceladas en un valle de fuego. En cuanto se habían quemado hasta reducirse a cenizas, les volvía a crecer una piel nueva que otra vez se quemaba hasta ser ceniza y de nuevo volvía a restaurarse. Ese era su perpetuo tormento. Pregunté quiénes eran y por qué estaban sufriendo ese tormento, y el venerable Gabriel explicó: ‘Esas son las personas que desobedecen a sus padres. Oh Mensajero de Allah, las personas que sufren ese tormento son los hijos pecadores de tu Comunidad, que no aprecian a sus madres y padres, no les obedecen, no les dan lo que les corresponde y no los respetan’.
“Después oí un ruido aterrador que me puso los pelos de punta. Cuando le pregunté qué había causado ese ruido, Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, una piedra cayó en el Infierno. Justo ahora llegó al fondo después de caer durante mil años. Ese es el ruido que oíste’.
“Luego llegué a un valle, en donde el aire tenía un olor nauseabundo. Se podía oír una voz horrorosa, suplicándole a los gritos a Allah: ‘Mi Señor, envíame ahora a los incrédulos y los tiranos que me prometiste. Mis cadenas, púas, esposas y grillos, están todos preparados. Tengo tormentos de toda clase en gran abundancia: fruta amarga y agua hirviente, serpientes, ciempiés y escorpiones. Mis barrancos encendidos con fuegos aterradores. Envíame a los tiranos, los incrédulos y los traidores. Me lo has prometido, para que pueda vengar a sus víctimas. Déjame vengarme de aquellos que disfrutaron de Tus beneficios y sin embargo Te atribuyeron socios, de esos impostores pecaminosos que dañaron a la gente. Permíteme cumplir con mi deber’.
Cuando le pregunté quién podía ser ese, Gabriel dijo: ‘Ese olor nauseabundo es el hedor del Infierno, mientras que esa voz aterradora es la voz del Infierno’. En respuesta a la súplica del Infierno, el Glorioso y Exaltado dijo: ‘¡Oh Fuego! ¡Oh Infierno! Te llenaré con aquellos que Me atribuyen socios, con los incrédulos que Me niegan a Mí y a Mis Mensajeros, con los tiranos que lastiman y oprimen a Mis siervos, con los traidores que consumen los derechos de los huérfanos, con todos los hombres y mujeres perversos, y con aquellos autoritarios que no creen hasta el Día de la Resurrección. Te llenaré con hombres y jinn incrédulos y con tiranos obstinados e infieles’. El Infierno dijo: ‘Estoy contento mi Señor’.
“Luego llegué a otro valle. Aquí se olían bellos perfumes. Cuando pregunté qué era, Gabriel dijo: ‘Una dama mártir y sus hijos yacen aquí. Ese dulce aroma sale de sus tumbas, que contienen los frutos del Paraíso. Las que yacen enterradas aquí son las doncellas de la hija del Faraón, y sus hijos’.
“Después llegué a otro valle más, en donde suaves brisas llevaban por el aire sutiles perfumes. Los sonidos más agradables acariciaron mis oídos, ‘Gabriel’, pregunté, ‘¿Qué son esos dulces aromas; qué son esos sonidos encantadores?’ El venerable Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, esos dulces aromas vienen del Paraíso y ese sonido encantador es la voz del Paraíso. ¡Escucha Oh Mensajero de Allah! Escuché y oí al Paraíso hacer esta súplica: ‘Mi generoso Señor, tráeme ahora a esos siervos Tuyos que me has prometido. Todo ha sido adornado y preparado; mis palacios, pabellones, carpas, satén, brocado y sedas, toda clase de oro, perlas, coral, esmeraldas, rubíes y plata, almizcle y ámbar gris, copas y tazas, fruta de toda clase, ríos de agua, leche, miel y vino, huríes, asistentes y pajes; dádivas en gran abundancia, demasiado numerosas para contarlas. Tráeme ahora a esos siervos especiales Tuyos a quienes has prometido enviarme. Siento impaciencia por recibirlos. Envíame a esos siervos Tuyos, para que pueda acordarles todo honor, respeto y dignidad, concediéndoles toda clase de dádivas’.
A esta súplica, el Más Generoso de los generosos, respondió:
“ ‘Mi Paraíso, a ti te enviaré a aquellos que creen en Mí y a todos Mis siervos obedientes que dan su corazón a Mi bienamado, que afirman Mi Unidad, creen en Mis Mensajeros y llevan a cabo buenas obras de justicia y veneración por Mí, que no Me adjudican socios y ponen su confianza en Mí. En tus jardines y huertos alojaré a todos los que Me temen y rehuyen Mi castigo, del cual los pondré a salvo. Concederé los deseos, y satisfaré las necesidades de todos los que me someten sus deseos, intenciones y necesidades a Mí en sus oraciones. Multiplicaré las retribuciones y recompensas de aquellos que “Me hacen un préstamo”, es decir, que hacen obras de caridad y por Mí dan limosna al pobre y al débil, al destituido y al necesitado. Estaré satisfecho con todas las obras de aquellos que ponen sus vidas enteramente a Mi disposición, confiando en Mí en todo lo que emprenden. Sólo Yo, Allah, soy digno de adoración y fe. No hay ningún otro dios que merezca fe y adoración. Yo cumplo todas Mis promesas. Nunca dejo de cumplir Mi palabra. Todos los creyentes ciertamente llegarán al éxito. Mi Paraíso está preparado para ellos. El Paraíso es el hogar de aquellos que creen en Mí. Aquellos que creen en Mí son tu gente’. (¡Bendito es Allah, el mejor de los Creadores!)
Oyendo estas palabras divinas, el Paraíso dijo: ‘¡Estoy contento, mi Señor!’
“Oí una voz a mi derecha, llamado: ‘¡Detente, Oh Muhammad! Tengo una pequeña pregunta que hacerte. ‘Tres veces me dijo esa voz que me detuviera, pero la ignoré y seguí adelante. Luego oí una voz a mi izquierda, llamando tres veces: ‘¡Detente, Oh Muhammad! Espera un momento. Tengo una pregunta para ti’. La ignoré y seguí adelante. Luego apareció una mujer frente a mí, muy bellamente vestida. A la distancia se veía encantadora, pero mirándola de cerca probó ser muy fea.
Pasé por su lado, ignorando sus tres gritos de: ‘Detente un momento. Tengo que hacerte una pregunta’. Luego vi delante de mí a un viejo, apoyado en un bastón. Sacudiéndose y temblando, este viejo dijo tres veces: ‘Detente. Tengo que hacerte una pregunta. Detente y déjame ver tu hermoso semblante’. Lo pasé de largo sin un momento de pausa. Después vi a un joven bien parecido. Su rostro estaba radiante de luz. Me acogió con: ‘Detente ¡Oh Mensajero de Allâh! Tengo que decirte algo’. Burâq se detuvo. Intercambié saludos con el joven, que luego dijo: ‘¡Congratulaciones, Oh Muhammad! Toda bondad está en ti y en tu Comunidad’. Ensalcé a mi Señor, diciendo: ‘Toda alabanza pertenece a Allah’. Gabriel dijo lo mismo.
“Cuando le pregunté quiénes eran esas personas, Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, las voces de la derecha y la izquierda eran las de las religiones corruptas. Si hubieras respondido a su llamado, habrían atrapado a tu Comunidad después de tu muerte y la habrían reducido a la degradación. En cuanto a la mujer, si hubieras respondido a su invitación, tu Comunidad entera habría olvidado a Allah después de tu muerte y se hubiera dedicado a adorar a este mundo. Sus bellos ornamentos y atuendo son símbolos de los encantos engañosos del mundo. Su avanzada edad señala la Resurrección. En cuanto a su fea apariencia vista de cerca, indica que toda la fealdad de la vida mundana queda expuesta cuando se reflexiona.
“‘El viejo que se dirigió a ti era Satán el execrable. Trató de explotar tu naturaleza compasiva apareciendo bajo el disfraz de un viejo. Si te hubieras detenido y le hubieras prestado atención, al final de tu vida tu Comunidad habría perdido la salvación engañada por sus artimañas, porque él habría llevado exitosamente al extravío a la mayoría de ellos y los hubiera hecho entrar en el Más Allá sin fe.
“‘En cuanto a ese joven radiante y rozagante, representa la religión del Islam. Para él te detuviste. Eso significa que tu Comunidad, desde el final de tu vida mundana hasta la Resurrección, estará segura contra toda astucia del enemigo y con pies firmes en el sendero del Islam’ ”.
Nuestro Maestro, el Mensajero para hombres y jinn, vio muchas más cosas extrañas y maravillosas antes de llegar a la Mezquita de Aqsâ. Las que relatamos son las más famosas. El relato de nuestro Maestro continúa: “Cuando llegué a la Mezquita de Aqsâ, los ángeles bajaron del cielo para saludarme. Me felicitaron por los favores y dádivas que recibiría de Allah, saludándome con: ‘¡La paz sea contigo, Oh Primero! ¡La paz sea contigo, Oh Último! ¡La paz sea contigo, Oh Congregador!’ Le dije a Gabriel: ‘¿Qué quieren decir los ángeles al saludarme de esta manera? Allah es el Primero, el Ultimo y el Congregador’. El venerable Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, en el Día de la Resurrección, tú serás el primero que intercederá. Por lo tanto te llaman el “primero”. Te saludan con “¡Oh último!”, porque eres el último Mensajero que se enviará al mundo’.
“Cuando alcancé las puertas de la Mezquita de Aqsâ, desmonté de Burâq y lo até a una argolla, que me señaló Gabriel. Todos los Profetas habían atado sus monturas en esa argolla. Las almas de todos los Profetas me dieron la bienvenida con honor y respeto.
“Cuando vi a todas esas grandes almas, le pregunté al venerable Gabriel quiénes eran. Dijo: ‘Esos son los Profetas y Mensajeros que te precedieron, ¡Salúdalos!’ Di mi saludo. Mientras entraba a la Mezquita, se estaba dando la señal para comenzar las oraciones. Miré para ver quién hacía ese llamado, pero Gabriel, la paz sea con él, me condujo al nicho de oraciones, diciendo: ‘Tú debes guiar las oraciones, porque tú eres el más digno y noble’. Entonces subí al nicho y guié a todos los Profetas y Mensajeros en la realización de una oración de dos ciclos. Luego regresé para ver a los Profetas, la paz sea con ellos, y conversé con ellos. Todos los gloriosos Profetas ensalzaron solemnemente a Allah, alabándolo por la dádiva divina que les había concedido. Yo también ensalcé a mi Señor, detallando los graciosos favores que me había concedido Dios, Exaltado es Él.
“Abraham, ese amigo especial de Allah, ofreció alabanza y dijo: ‘Mi Señor me eligió como un amigo especial Suyo. Me dio un gran dominio. Me mencionó en Su Corán como el padre de tu Comunidad. Fue bondadoso conmigo y con mi hijo, enviando abajo un carnero para sustituir a Ismael. Proclamó nuestra gloria al mundo entero, ordenándome a mí y a mi hijo, Ismael, construir Su Kaaba, y mencionando nuestros nombres en Su Corán y en las oraciones que tú y tu Comunidad hacen. Por mí, convirtió el horno ardiente de Nimrod en luz. Haciéndome padre de Isaac, me dio el honor de ser el abuelo de todos los Profetas. Destruyó por medio de un mosquito a ese Nimrod que me arrojó al fuego’.
“Moisés, el Interlocutor, también ofreció palabras de alabanza, diciendo: ‘Alabanza y gloria a Allah, Exaltado es Él, porque habló conmigo directamente. Me dio la Torá. Ahogó al Faraón y a su pueblo en el mar, salvándome a mí y a mi pueblo. Hizo de Aaron mi ministro. Transformó milagrosamente mi bastón, castigando así al faraón. Hizo que llovieran maná y codornices sobre mí y mi pueblo’. Así dio gracias a Allah por Su gracia y favor hacia él.
“Al venerable Moisés le siguió David, la paz sea con él, que dijo: ‘Alabanza y gloria al más Majestuoso y Exaltado, porque Él me dio un gran dominio y me hizo rey. Me dio los Salmos. Nos confirió la condición de Profeta a mí y a mi hijo. Hizo que en mi mano el hierro se tornara blando como la cera. Hizo que las montañas y los pájaros se sometieran a mí. Me dio una voz tan dulce que aquellos que la oían se desvanecían, mientras que las colinas y las rocas recordaban a Allah y lo glorificaban junto conmigo. Me concedió el conocimiento de la Ley Sagrada y el buen juicio’.
“Al venerable David le siguió su hijo Salomón. Alabó a Allah recitando la gran cantidad de dádivas que había recibido: ‘El Señor Todopoderoso Auto Subsistente me dio el dominio de los vientos, los jinn y los demonios. Solían llevar a cabo lo que a mí se me antojara. Me enseñó el lenguaje de pájaros y bestias. Me prefirió a mí sobre muchos de Sus siervos y me concedió un dominio más poderoso del que nadie después de mí pudo obtener’.
“En cuanto a Jesús, ofreció alabanza y agradecimiento con estas palabras: ‘Gloria a tan Exaltado Hacedor, porque así como creó a Adán del polvo, sin madre o padre, así me trajo a la existencia sin un padre y sin materia, simplemente con la orden: “¡Sé!” Me enseñó la Torá y el Evangelio y me instruyó en el conocimiento de la Ley Sagrada. En respuesta a mi oración, Él curó al ciego y al enfermo y devolvió el muerto a la vida. Hizo que mi madre y yo estuviésemos a salvo de la astucia de Satán. Me elevó, vivo, a los cielos’. Por esas y otras dádivas, expresó su gratitud a Allah, Exaltado es Él.
“Cada Profeta-Mensajero alabó y agradeció, enumerando las innumerables dádivas que había recibido. Luego les dije: ‘Todos vosotros habéis alabado y exaltado al Señor de Todos los Mundos por las dádivas que os ha dado. Ahora permitidme que os cuente la dádiva divina que yo he recibido. Ese Señor de la Majestad y el Honor, Auto-Subsistente, Todo Clemente, Todo Compasivo, creó mi luz con Su propia luz. En mi honor creó el Trono, el Pedestal, el Paraíso, el cielo y la tierra, todo con mi luz. Con mi luz creó el sol y la luna, las huríes del Paraíso con toda su belleza, y también a Adán. Me envió a todos los mundos, a todos los hombres y jinn, como un portador de buenas nuevas y para dar advertencia. Me convirtió en una bendición para el universo entero. Me envió a todas las criaturas como el Profeta y Mensajero final. A mí me reveló el Poderoso Corán. Hizo de mi Comunidad la mejor de todas las comunidades. Me explicó todo lo que estaba contenido en el Noble Corán que me reveló, enseñándome las ciencias de los antiguos y los modernos. Hizo de mi Comunidad la Comunidad del camino Medio. Abrió mi pecho y me purificó del pecado. Exaltó mi nombre y rango. Me hizo el conquistador de todas las criaturas y el último de todos los Profetas. Por mí, partió la luna por la mitad’”.
Según otra versión un tanto diferente: El venerable Mensajero de Allah llegó finalmente a Jerusalén, donde todos los venerables Profetas-Mensajeros le dieron la bienvenida con sus saludos. Ofrecieron toda clase de alabanzas, bañándolo en luz. Luego caminaron al frente de Burâq hasta la Mezquita de Aqsâ, donde el Mensajero, la paz sea con él, desmontó. Se quedaron parados a su lado mientras Gabriel ataba a Burâq. Después se dirigieron al Mensajero, diciendo: “¡Oh Mensajero de Allah, entra a la Mezquita!” Nuestro Maestro les dijo a todos los Profetas: “Vosotros habéis sido enviados antes que yo. Sería más adecuado que vosotros entrarais primero”. Pero se oyó que el Señor Todopoderoso decía: “Oh Mi bienamado, tu Misión es la última, pero tu luz los precede a todos. Todos fueron creados de tu luz. Es correcto y adecuado que tú tomes la precedencia. ¡Entra a la cabeza de todos ellos!”
El Mensajero entró con Gabriel. Luego, detrás, entraron todos los Profetas a la Mezquita de Aqsa. Gabriel hizo el Llamado a la Oración, luego señaló el inicio de las oraciones. El Mensajero guió a todos los Profetas y a los grandes ángeles presentes en la oración de dos ciclos. Nos cuenta: “Cuando terminó la oración, oí la inspiración: ‘Ahora es el momento de la súplica, suplica por tu Comunidad’. Sostuve mis manos abiertas hacia la Corte Exaltada. Hice una humilde súplica a mi Señor, rogándole que los salvara del fuego del Infierno y los admitiera en el Paraíso. Todos los Profetas-Mensajeros y los grandes ángeles, la paz sea con ellos, dijeron: ‘Amén’ a esta oración mía. En ese momento oí una voz dentro de mi corazón, diciendo: ‘Oh Mi bienamado, el lugar en donde estás sentado es la Mezquita de Aqsa. Esta es la Noche de la Ascensión. Has hecho una súplica como Jefe de los Profetas. Los Mensajeros y los ángeles han dicho ‘Amén’ a ella. Aquél a quien hiciste esa oración es Allah, Señor de la Majestad y la Bendición, el más Misericordioso de los misericordiosos, el más Generoso de los más generosos, que lleva a todos a la luz de Su guía. Tus oraciones han sido aceptadas. Los pecados de tu Comunidad han sido perdonados y ocultados. Ciertamente se salvarán del tormento. En virtud de Mi Poder y Majestad, les he concedido Mi Misericordia. Los alegraré con la visión de Mi Belleza’.
“Esa noche le fueron concedidos a mi Comunidad el Paraíso y la felicidad”. (Oh Señor, permítenos morir en la fe. Alégranos con la visión de Tu Belleza. Amén, Oh Todo Misericordioso y Compasivo, en honor del Jefe de los Mensajeros.)
“Cuando salí de la Mezquita de Aqsâ, el venerable Gabriel se encontró conmigo sosteniendo tres copas en su mano. Una contenía leche, otra vino, y la otra agua. Me dijo: ‘¡Oh Mensajero de Allah, toma una de estas tres copas y bebe!’ Elegí la leche y la bebí toda. Quedó una gota y se la di a Gabriel, la paz sea con él, que dijo: ‘Has elegido la disposición natural del Islam’.
“Una voz llamó desde lo invisible: ‘¡Oh Muhammad, si hubieras bebido todas las gotas de la leche que había en el vaso, ni un solo miembro de tu Comunidad entraría en el Infierno!’ Volviéndome a Gabriel, le pedí que me dejara beber la última gota de la leche, pero él dijo: ‘¡Lo que está destinado desde toda la eternidad, lo que está escrito en la Madre del Libro, debe ser cumplido, Oh Mensajero de Allah!’
Luego comenzó la Ascensión. Viajé sobre Gabriel. Entramos al primer nivel del cielo y Gabriel golpeó la puerta. ‘¿Quién está allí?’ dijo una voz desde adentro. Dijo Gabriel: ‘Soy yo. Muhammad, la paz sea con él, está a mi lado’. ‘¿Él ha sido enviado?’ dijo la voz mientras nos dejaban entrar. En este primer nivel del cielo vi a un ser radiante. Miraba a su derecha y se reía, luego a su izquierda y lloraba. ‘¿Quién es él?’ le pregunté, y Gabriel dijo: ‘Ese es Adán, la paz sea con él’. Lo saludé. ‘Bienvenido, hijo mío y Mensajero justo’, respondió. Luego el venerable Gabriel explicó: ‘Cuando mira a su derecha lo hace feliz ver a los Profetas, Mensajeros y descendientes honestos que proceden de él. Pero cuando mira a su izquierda, llora ante la vista de sus hijos malvados e incrédulos’ ”.
En el primer nivel del cielo, todos los ángeles saludaron a nuestro Maestro, el bienamado del Señor, diciendo: ‘¡Bienvenido, Oh Ahmad! ¡Bienvenido, bienamado de Allâh!’ Luego se dieron vuelta para continuar su adoración, realizando de pie su remembranza y glorificaciones.
Nuestro Maestro continúa su relato: “Sobre el ala de Gabriel, me elevé al segundo nivel del cielo. Gabriel golpeó la puerta y el ángel que la cuidaba dijo: ‘¿Quién eres? ¿Quién está contigo? ¿Ha llegado el bienamado de Dios? ¡Entrad por favor!’ Diciendo así, el ángel abrió la puerta al segundo cielo. Una vez adentro, vi a los habitantes de este segundo cielo realizando su adoración y glorificación en una postura inclinada. Al verme, todos exclamaron:
‘¡Bienvenido, Ahmad! ¡Bienvenido Mahmûd!’ Me recibieron con honor, luego volvieron a inclinarse en adoración, glorificando al Señor de Todos los Mundos en esa posición. Cada uno tenía un hilo de cuentas para orar diferente. Gabriel explicó: Los ángeles del primer nivel adoran al Señor de Todos los Mundos en posición de pie, a diferencia de los del segundo nivel, quienes se inclinan en adoración’. Allí vi al venerable Jesús y al venerable Juan, la paz sea con ellos. ‘¡Bienvenido honesto hermano Profeta nuestro!’ dijeron. Cientos de miles de ángeles estaban glorificando a Allah con estas palabras: ‘¡Gloria a Allah! ¡Toda alabanza y gloria a Allah, el Más Magnífico! ¡Suplico Su perdón!”.
“Cuando ascendimos al tercer nivel, vi ángeles tan numerosos que sólo Allah hubiera podido decir su número. Estaban todos en postración ante el Señor de Todos los Mundos, glorificándolo en esa postura. Cuando me vieron me rindieron honor y respeto. Aquí encontré al venerable José y a Salomón, la paz sea con ellos. Me saludaron con: ‘¡Bienvenido, honesto hermano Profeta!’ Aquí fui testigo de muchas maravillas.
“Al elevarme al cuarto nivel, encontré a todos sus habitantes glorificando a Allah de rodillas. Aquí encontré al venerable Moisés, a Âsiya la esposa del Faraón, y a la venerable María. Todos me rindieron honor y respeto.
“Ascendimos al quinto nivel del cielo. Innumerables ángeles estaban parados en adoración, su mirada dirigida hacia los dedos de sus pies mientras glorificaban al Señor Dios. Estaban parados en serena humildad. ‘¿Es esta su forma de adorar?’ pregunté. Gabriel respondió: ‘¡Sí, Oh Mensajero de Allah! Adorarán y orarán de esta manera hasta la Resurrección. Pueda la adoración de todos los ángeles convertirse en un deber religioso para tu Comunidad’. Hice la misma oración. Aquí me encontré con los venerables Ismael, Isaac, Jacob y Lot, la paz sea con ellos. Ellos dijeron: ‘Ora a tu Señor. Suplícale que aligere la carga de tu Comunidad’. Vi muchas maravillas en este cielo.
“Nos elevamos al sexto nivel del cielo. Aquí, los ángeles estaban haciendo remembranza del Señor de Todos los Mundos en serena humildad. Me saludaron con honor y respeto. Aquí encontré a los venerables Idris y Noé. Se dirigieron a mí y dijeron: ‘¡Bienvenido, honesto hermano Profeta!’
“Al ascender al séptimo cielo, vi incontables ángeles. Me recibieron con congratulaciones, saludándome con honor y respeto. Aquí encontré a Abraham, que dijo: ‘¡Oh mi honesto hijo y Profeta, bienvenido!’ Me recibió bondadosamente y me ofreció congratulaciones.
“Desde allí, seguimos adelante para alcanzar el Árbol de Loto Ultimo. Fuimos saludados por demasiados ángeles como para que cualquiera menos Allah los pudiera contar. Al ver mi bello semblante, agradecieron a Allah y donaron a mi Comunidad las recompensas por su adoración. Me dieron buenas noticias y me ofrecieron su congratulación.
Le pregunté a Gabriel sobre las multitudes de ángeles que visitaban la Casa Próspera en el Árbol de Loto Ultimo. ‘Oh Gabriel’ dije, ‘¿cuántas veces circunvala un ángel esta Casa Próspera?’ Respondió: ‘Oh Mensajero de Allah, habiendo hecho una vez el circuito de esta Casa Próspera, un ángel no puede circunvalar este lugar otra vez. Esta Casa Próspera es la dirección de la oración qibla para el cielo. Aquí es donde las oraciones en congregación se realizan los Viernes. Yo expongo el sermón. Isrâfil actúa como Imán. Miguel hace el Llamado a la Oración. Azrâ’il señala el inicio de las oraciones. Todos los ángeles se unen a las oraciones. La recompensa por guiar las oraciones las recibe el Imán que guía las oraciones de los Viernes en la tierra. La recompensa para el Llamado a la Oración de Miguel, va al Muecín que cada Viernes hace el Llamado a la Oración en la tierra. La recompensa por la señal para empezar, dada aquí por Azrâ’il, es para aquellos que dan esa señal cada Viernes en la tierra. En cuanto a los otros ángeles, ellos dicen: ‘Oh Señor, donamos la adoración que hemos realizado a aquellos siervos Tuyos que realizan las oraciones de los Viernes en la tierra’. El Señor Dios dice: ‘Habéis donado generosamente la recompensa por vuestra adoración a la Comunidad de Muhammad. Los he alegrado—a aquellos que realizan las oraciones de los Viernes—con Mi indulgencia y Mi perdón’ ”.
Nuestro Maestro, el noble Mensajero explica que aquí le dieron tres dádivas: primero, las cinco oraciones establecidas; segundo: la última parte de Sûrat al-Baqara; tercero, el perdón para los pecados graves de la Comunidad de Muhammad.
“Había pedido que la adoración llevada a cabo por los ángeles pudiera convertirse en un deber religioso para mi Comunidad. Eso habría significado para mi Comunidad la obligación de llevar a cabo cincuenta oraciones establecidas. En respuesta a mi ruego, el número se redujo a cinco. Dijo Moisés, la paz sea con él: ‘Oh Muhammad, ni siquiera harán esas cinco. Ve y ruégale a tu Señor por otra reducción’. Pero yo respondí: ‘Me avergüenza pedirle otra vez a mi Señor. Si son mi Comunidad, observarán estas cinco veces’. A aquellos que llevan a cabo estas cinco oraciones, serena y humildemente, y en los momentos correctos, se les ha concedido la recompensa por cincuenta, así como la recompensa de todos los habitantes del cielo.
“Desde el Árbol de Loto Ultimo, llegué finalmente al Paraíso. Dijo el venerable Gabriel: ‘Oh Mensajero de Allâh, el Glorioso y Exaltado Señor está adorando Su propia Esencia’. ‘¿Qué está diciendo?’ pregunté. Gabriel explicó: El Glorioso y Exaltado dice: “Todo Glorioso, Todo Santo, Señor de los Ángeles y del Espíritu, Mi misericordia ha sobrepasado a Mi ira”. Pasamos más allá del Árbol de Loto Último y del Paraíso. Dijo el venerable Gabriel: ‘Oh venerable mensajero de Allâh, esta es mi estación. Si asciendo más alto que esto, me quemaré. Ninguna criatura más que tú puede pasar más allá de este punto’.
Me hicieron montar a Rafraf. ‘¡Acércate, acércate!’ llegó la orden. Al llegar al Trono, me quise sacar los zapatos. Dije: ‘Mi Señor, le pediste a mi hermano Moisés que se saque los zapatos en el Monte Sinaí. Eso sucedió en la tierra, mientras que este es Tu Trono’. Pero el Exaltado respondió: ‘¡Mi muy querido bienamado, él es Mi Interlocutor, mientras que tú eres Mi bienamado!’”
Cuando el Mensajero de Allah ascendió al cielo, la Pluma dijo: “Muhammad es mío”. La Tabla dijo: “Él es mío”. El Trono, el Pedestal y el Paraíso dijeron, cada uno: “Muhammad es mío”. Luego el Exaltado dijo: “Mi bienamado, te he dado la Pluma, la Tabla, el Trono, el Pedestal y el Paraíso”. El Mensajero bendito dijo: “Mi Señor, no deseo eso. Lo que pido de Ti es mi Comunidad”. Luego el Señor de Todos los Mundos dijo: “Te he dado tu Comunidad”.
Nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco. Se le hizo una señal que quería decir:
“¡Saluda a tu Señor!” de modo que nuestro Maestro dijo:
“al-tahîyâtu lillâhi wa-lsalawâtu wa-ltayyibât”1,
y el noble Señor de Todos los Mundos dijo:
“al-salâmu ‘alayka ayyuhâ-lnabîyu wa rahmatu-llâhi wa barakâtuh”1,
a lo que nuestro bendito Maestro respondió inmediatamente:
“al-salâmu alaynâ wa-ala ibâdihi-lsâlihin”1,
luego los ángeles oyentes dijeron:
“’ashhadu an lâ ilâha illâ-llâh wa ashhadu anna Muhammadan ‘abduhu wa rasûluhu”1.
Allah le dijo bondadosamente a nuestro Maestro: “Oh Mi bienamado, verdaderamente grande es la estima que tengo por ti. Si hubiera cien Tronos, el polvo que tu pie ha pisado Me sería más querido que todos ellos”. Luego el Exaltado dijo: “Mi bienamado, ¿qué regalo me has traído hoy?” Nuestro Maestro dijo:
“He traído dos regalos: uno es la escasez de la obediencia, el otro la multiplicidad de pecados y ofensas cometidos por mi Comunidad”.
Dijo el Señor Exaltado: “En Mi misericordia, he perdonado su escasez de obediencia. A través de tu intercesión y en tu honor, también he perdonado su multiplicidad de pecados”.
Nuestro Maestro dice: “Se hicieron cinco quejas contra mi Comunidad. Allah dijo: ‘Oh Ahmad, aunque no le pido hoy a tu Comunidad las oraciones de mañana, ellos quieren de Mí las provisiones de mañana por adelantado. Yo no puedo darle a otro el sustento de ellos, sin embargo ellos les dedican sus acciones a otros en vez de a Mí. Disfrutan de Mi provisión, pero agradecen a otros en vez de a Mí. Por desobedecerme son obedientes con otros en vez de Conmigo. Yo creé el Fuego del Infierno para los incrédulos, sin embargo están pidiendo ir allí”.
Cuando nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, Tú le diste el Paraíso al venerable Adán”, el Todo Glorioso dijo: “Le di el Paraíso a Adán, y luego lo expulsé de allí. Te daré el Paraíso a ti y a tu Comunidad, pero nunca haré que lo abandonen”. Luego tuvo lugar el siguiente intercambio:
“Mi Señor, tú le diste el Arca al venerable Noé. Concediste la salvación a los que tomaron refugio en ti. Ellos solían adorar en ese Arca”.
“Mi bienamado, he convertido el mundo entero en una mezquita. A aquellos que frecuentan las mezquitas, los he hecho inmunes a Mi fuego. Haré que las mezquitas sirvan de arcas hasta la Resurrección, luego las usaré para llevar a tu Comunidad a través del Puente del Infierno”.
“Mi Señor, para el venerable Abraham convertiste el fuego de Nimrod en luz. Lo hiciste inofensivamente frío”.
“Para tu Comunidad enfriaré el Fuego del Infierno”.
“Mi Señor, tú le diste Zamzam al venerable Ismael”.
“A ti te he dado el Río Kawthar”.
“Tú conversaste con el venerable Moisés en el Monte Sinaí”.
“He conversado contigo arriba del Trono, en una estación más elevada aún”.
“Enviaste abajo desde el cielo una comida para el venerable Jesús”.
“Enviaré abajo comidas desde el Paraíso para tu Comunidad en la Resurrección, cuando todos los demás estén hambrientos, sedientos y desnudos”.
“Al venerable David le diste los Salmos”.
“A ti te he dado Sûrat al-An’am”.
“Salvaste a Jonás de las tres clases de oscuridad”.
“También salvaré a tu Comunidad de las tres clases de oscuridad: la de la tumba, la de la Resurrección y la del Puente. Cada una de esas tres estaciones está en la oscuridad, pero la fe de los creyentes las llenarán de luz”.
“Mi Señor, Tú le diste al venerable Khidr el agua de la Vida”.
“A ti y a tu Comunidad les daré el Río Salsabîl”.
“Tú le diste el Evangelio al venerable Jesús”.
“A ti, Mi bienamado, te he dado Sûrat al-lkhlâs”.
“Le diste la Torá al venerable Moisés”.
“Mi bienamado, a ti te he dado el Verso del Trono (Âyat al-Kursî). Te he revelado una Sura gloriosa que no se encuentra en la Torá, ni en el Evangelio, ni en los Salmos ni en ninguno de los cien Rollos. Esa Sura es Sûrat al-Fâtiha. Esa gloriosa Sura Mía es tal que el Infierno tiene prohibido tocar el cuerpo de cualquiera que la recite. Aunque sus padres hayan sido incrédulos, Yo aplacaré sus tormentos. En honor a esa Sura no he creado ningún siervo más noble que tú, ni más grande que tú, ni más excepcional que tú. Leer la Sûrat al-An’am es como leer la esencia de los Salmos. Leer Sûrat al-lkhlâs es como leer la verdad esencial del Evangelio. Leer el Verso del Trono es como leer la verdad esencial de la Torá”.
“Mi Señor, he visto Tu Paraíso con todas sus ciudades, palacios, espléndidos pabellones, huríes, asistentes y pajes, su satén, sedas, brocados y sus tronos adornados con oro, plata, rubíes, perlas y esmeraldas. He visto a las huríes cuya belleza desafía la descripción. He visto coronas de luz y túnicas de luz. ¿A cuál de Tus Mensajeros pertenece todo eso?”
“Mi bienamado, esas cosas no les pertenecen a los Profetas. Cientos de miles de dádivas han sido preparadas para Mis siervos creyentes. Esas dádivas Mías le pertenecerán a cualquier miembro de tu Comunidad que diga, con sincera creencia: ‘Atestiguo que no hay más dios que Allah y atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Allah’ ”.
Cuando nuestro Maestro llegó al Trono en las Alturas, puso su mano derecha sobre su izquierda y se quedó parado humildemente para hacer una petición. El Glorioso y Exaltado dijo: “Oh Muhammad, Oh Muhammad, pídeme lo que desees. ¿Qué es lo que necesitas de Mí?” Entonces nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, lo que te pido es la cercanía a mi Comunidad”. Allah respondió:
“Por el bien de Mi Majestad, Yo también deseo estar cerca de tu Comunidad. No pondré a los incrédulos en el Paraíso. He preparado Mi misericordia y Mi magnanimidad para los creyentes. Aquellos que desean Mi aprobación deben embellecer su lengua recordándome a Mí. Que Me obedezcan mientras van creciendo a la madurez física. Que dediquen su vida a Mi causa. Como símbolo de su amante dedicación, que no oigan más palabras que las Mías y que sus corazones no alberguen amor por nadie más que por Mí. Que sus lenguas afirmen Mi Unidad. Que sus cuerpos permanezcan en adoración y que sus ojos estén húmedos con el amor y el temor hacia Mí. Luego, estaré cerca de ellos en ambos mundos y mantendré al demonio muy alejado de ellos. Los emplearé eternamente en servicios que Me agradan. Mi ayuda y guía siempre estarán con ellos”.
Nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, los miembros de mi Comunidad son débiles. No serán capaces de hacer todas esas cosas. Tú eres la fuente de la generosidad divina. Tú eres Todo Misericordioso; Tú eres Todo Compasivo”.
El Señor dijo: “Oh Mi Bienamado, Yo soy el más Misericordioso de los Misericordiosos; Yo soy el Rey; ni Me beneficia la obediencia de cualquiera, ni sufro daño por la desobediencia de los pecadores. Buenas nuevas y congratulaciones a aquellos que dicen: ‘Atestiguo que no hay más dios que Allah y atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Allah’. Mi misericordia es de ellos sin honorarios. A ellos les confiero Mi noble aprobación. Esos siervos Míos disfrutan de Mi magnanimidad y favor eternamente”.
Dijo nuestro Maestro, la Gloria del Universo: “¡Oh Señor, mi alma ahora ha alcanzado la felicidad; mi espíritu y mi corazón están en paz; mi pecho está sereno y estoy contento, Oh mi Señor!” Luego Dios, Exaltado es Él, el Más Generoso de los Más Generosos, dijo:
“Tu Señor te dará y quedarás satisfecho.” 93:5
El venerable Moisés conversó en el Monte Sinaí con Nuestro Señor, de cuya Existencia toda la Creación depende. “Mi Señor”, rogó, “Muéstrame Tu Bello Semblante. Permíteme ver. ¡Permíteme contemplar Tu Belleza!” Pero se le dijo: “Moisés, no Me puedes ver; ¡no eres capaz de verme! Pero mira la montaña, Me manifestaré a ella, Si la montaña puede soportar Mi manifestación, también tú serás capaz de hacerlo”. Pero la montaña no pudo soportar la manifestación divina y se disolvió en pedazos. El venerable Moisés cayó en un desmayo. Cuando recobró la consciencia, dijo: “Mi Señor, Te declaro exento de los atributos de imperfección; te califico con los atributos de la perfección. Ante Ti me arrepiento. Sin verte, soy uno de los primeros en tener fe en Ti”. Moisés, el Interlocutor, deseaba ver. Pero había sido incapaz de ver. Ahora, Dios Todopoderoso deseaba mostrarse a Sí Mismo a Su bienamado.
Cómo podía suceder eso, no lo podemos saber; sólo Allah conoce la manera. Las seis direcciones no se aplican a Él; Él es incuantificable y Su modalidad es desconocida para nosotros. Existe más allá de la dirección, la localización y el tiempo. Él se mostraría a Su bienamado. Pero esto no se lo prometería solamente a Su bienamado, sino también a nosotros los pecadores, los miembros de su comunidad. Algunos rostros muy honrados contemplarán la Belleza y la Perfección del Señor en la Resurrección. Se nos concederá este favor. Para verlo a Él, sin embargo, el ojo debe estar preparado.
En cuanto a aquellos que no ven la verdad y la realidad en el mundo de abajo, el Corán nos dice que no sólo no verán al Señor de los Mundos; a aquellos que le dan la espalda al Corán y a Su bienamado se los resucitará ciegos. La vista le pertenece al ojo que llora por Dios, a aquellos que obedecen a la realidad y la verdad.
El Mensajero dio las buenas nuevas a sus Compañeros: “¡Veréis a vuestro Señor del Jardín del Paraíso, así como contempláis la luna el día quince del mes!” En otras palabras, la manifestación divina le será aparente a cada creyente de acuerdo a su capacidad.
Como ya hemos dicho, la manera de eso está más allá de nuestro conocimiento; sólo Allah la conoce. Dios está exento de localización espacial. Él se mostrará a Sí Mismo a los creyentes, y los creyentes Lo verán. Como Allah quiera. . . Que Allah nos conceda Su gracia a todos nosotros. Amén. Por el bien del Jefe de los Mensajeros.
Nuestro Maestro dijo: “Oí la voz de Gabriel, el Confiable. Oí lo que me dijo. Me levanté enseguida y busqué un jarro para poder llevar a cabo mi ablución. En ese momento, Ridwân trajo del Paraíso un jarro dorado con incrustaciones de esmeraldas, así como un cuenco con cuatro enormes esmeraldas al frente, que reflejaban la luz del cielo.
“El jarro del Paraíso había sido llenado con el agua de Kawthar, de acuerdo a la orden de Allâh a Ridwân. Hice mi ablución con el agua de Kawthar mientras se vertía de ese jarro en el cuenco. Me llevaron a la Kaaba, al lugar llamado el Sello, en donde me acostaron. Abrieron mi pecho y me sacaron el corazón. Lo lavaron con el agua de Zamzam. Luego lo llenaron con la luz de la sabiduría esotérica y lo volvieron a poner en su lugar. Me vistieron con una espléndida túnica del Paraíso y me enrollaron un turbante en la cabeza; ese turbante también venía del Paraíso. Sobre el turbante se puso una corona, tan brillante como el sol. Me envolvieron la cintura con una fina faja. Su superficie estaba hecha de rubí rojo.
Cuando busqué una montura, Gabriel trajo a Burâq y me dijo que cabalgara. Burâq se plantó. ‘¿Qué estás haciendo, Burâq?’ dijo Gabriel. ‘¿Qué afrenta es esa?’ Pero Burâq respondió: ‘No permitiré que me monte nadie más que Muhammad, la paz sea con él’. Entonces Gabriel le dijo: ‘Aquí contemplas al que amas, por amor a quien te has estado abrasando noche y día, el bienamado Muhammad de Allah’. Al oír eso, Burâq puso su cara en el suelo, derramando lágrimas de amor mientras rogaba: ‘Oh Mensajero de Allah, por amor a ti he abandonado el Paraíso. Dame tu palabra. ¡Promete que volverás a montarme en el próximo Día de la Resurrección, para entrar al Paraíso sobre mi lomo!’ ”
Nuestro Maestro de la Ascensión dio su promesa, llorando mientras se comprometía a entrar al Paraíso con el mismo Burâq, cuando le llegara el momento de levantarse de la tumba. “Oh Mensajero de Allah”, preguntó Gabriel, “¿por qué lloras así?”, y nuestro Maestro dijo: “Cuando me levante de la tumba, iré al Sitio de la Resurrección cabalgando a Burâq. ¿Pero mi Comunidad tendrá que ir allí a pie?” En este punto de la conversación, el Verso siguiente fue revelado:
“El día que reunamos ante el Misericordioso a los temerosos en grupos.”
19:86
Nuestro Maestro se consoló. Ofreció alabanza y agradecimiento a Allah, el Señor de todos los mundos, que también permitirá que su Comunidad cabalgue al Sitio de la Resurrección. Cuando llegue el Día de la Resurrección, los hombres se levantarán de sus tumbas en tres grupos:
i) Los Profetas y Mensajeros, los santos y los justos; a ellos les será enviado Burâq desde el Paraíso. Vistiendo túnicas del Paraíso y disfrutando comida y bebida del Paraíso, montarán esos corceles celestiales y cabalgarán con gran pompa al Sitio de la Resurrección.
ii) Los miembros pecadores de la Comunidad de Muhammad (La paz sea con él). Ellos se levantarán de sus tumbas para ser arrastrados, desnudos y a pie, al Sitio de la Resurrección. Cuando nuestro Maestro mencionó que esa gente sería resucitada en estado de desnudez, la venerable Â’isha, Madre de los Creyentes, preguntó: “¿Oh Mensajero de Allah, no mirarán los hombres a las mujeres que se encuentran entre ellos?” Pero nuestro Maestro respondió: “Â’isha, el Día de la Resurrección será tal, que nadie tendrá ojos más que para sí mismo. Cada persona estará encerrada en sí misma”.
iii) Los incrédulos que niegan la resurrección después de la muerte. Esos se frotarán la cabeza con polvo, gimiendo: “¿Quién nos ha levantado de la tumba? ¡Ay de nuestra condición! Solíamos negar este día”. Los ángeles dirán, mientras sacan a esos incrédulos de la tumba: “Mirad, esto es lo que el Todo Misericordioso prometió. El Mensajero os dijo que este día sería así”. Serán llevados al Sitio de la Resurrección con sus caras contra el piso.
Cuando los nobles Compañeros oyeron de esto por el Profeta, le preguntaron: “¿Oh Mensajero de Allah, cómo puede caminar un hombre arrastrando su cara por el piso?” Nuestro Maestro respondió: “¿No habéis visto cómo se arrastran las serpientes y los gusanos sobre sus caras? Así es cómo se arrastrarán los incrédulos mientras los llevan al Sitio de la Resurrección”.
Cuando nuestro Maestro, el Rey de los Profetas, oyó las buenas nuevas, que Allah había prometido graciosamente dejar que los justos cabalgaran al Sitio de la Resurrección, montó alegremente a Burâq. Gabriel había venido con los ejércitos de ángeles. Nuestro Maestro nos cuenta que los ejércitos angelicales de Miguel e Isrâfil se ordenaron detrás de él a su derecha e izquierda.
Cuando nuestro Maestro quiso separarse de estos poderosos ángeles, el venerable Isrâfil dijo: “Oh Mensajero de Allah, he adorado a mi Señor durante tantos años para poder servirte esta noche, y he sido honrado con este deber”. Nuestro Maestro le preguntó cómo había adorado y orado.
Dijo el venerable Isrâfil: “Adoré durante muchos miles de años debajo del Trono. Luego el Todo Poderoso dijo: ‘¿Qué quieres? Te concederé tu deseo’. Respondí: ‘Mi Señor, el intercesor de la comunidad de pecadores, el Sultán del Día de la Resurrección; parece que has inscrito su nombre sobre el Trono, junto con Tu propio Noble Nombre. Cuando llegue a la existencia corpórea, déjame pasar una hora a su servicio’. Dijo el Señor: ‘Accedo a tu pedido. Habrá una noche en la cual le posibilito acercarse a Mí, a ese Profeta reverenciado cuyo nombre he inscrito al lado del Mío. Lo transportaré desde un lugar en la tierra hasta Mi universo más elevado. Le mostraré maravillas particulares a Mi Esencia. Le abriré las puertas de Mis tesoros. Lo llevaré de la Meca a Jerusalén, y desde allí lo llevaré adonde Yo quiera. Puedes tener el honor de escoltarlo esa noche desde la Meca a Jerusalén’ ”.
Los otros ángeles poderosos también estaban contentos de servir esa noche a nuestro Maestro, el bienamado del Señor. Para obtener ese honor, habían adorado a Allâh durante muchos miles de años.
Nuestro Maestro continúa su relato: “Burâq aterrizó en un lugar que había divisado. En ese lugar había muchos árboles. El venerable Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, desciende aquí y lleva a cabo tus oraciones’. Me bajé y realicé mis oraciones, luego le pregunté a Gabriel el nombre del lugar al que habíamos llegado. ‘Esta es Medina la Iluminada’, dijo. ‘Pronto migrarás a este lugar’. Seguimos adelante hasta un lugar donde la tierra era blanca. Gabriel me dijo que descendiera y orara, de modo que hice lo que me pidió. Luego Gabriel me preguntó dónde estábamos. Cuando le dije que no lo sabía, él dijo: ‘Esto es Midian. El venerable Moisés llevó a cabo sus oraciones debajo de este mismo árbol, cuando estaba huyendo del Faraón’.
“Volví a montar a Burâq y llegamos a un lugar sagrado. Seguí las instrucciones de descender y orar. Luego Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, este es el Monte Sinaí. Aquí es donde el venerable Moisés solía conversar con Allah’. Volví a montar y cabalgué hasta que vimos un pabellón. Otra vez desmonté y oré como se me dijo que hiciera. Luego Gabriel dijo: ‘Mensajero de Allah, este es el pabellón donde Jesús, el hijo de María, nació’. Más tarde, vi a un grupo de personas plantando semillas. Cada semilla producía instantáneamente setecientas. Cuando pregunté quiénes eran esas personas, Gabriel dijo: ‘Esos son los miembros de tu Comunidad que gastan su riqueza en la causa de Allah. Por esa buena acción reciben setecientas recompensas’. Luego vi otro grupo.
Los ángeles les estaban destrozando las cabezas con rocas; esas cabezas volvieron a crecer, sólo para ser destrozadas otra vez, después volvían a crecer como nuevas. Gabriel explicó: ‘Los que están sufriendo un tormento semejante son los miembros de tu Comunidad que descuidan las oraciones. Son los que oran, pero están distraídos y no alzan completamente la cabeza cuando se levantan de la inclinación y la postración. Hacen las oraciones con renuencia, sin darles la menor importancia. Aunque oran, también sirven a los incrédulos, a los tiranos y a su propia naturaleza inferior’.
“Luego vi otro grupo. Estaban desnudos y hambrientos, rodeados de hierbas encendidas, que los ángeles los forzaban a comer como animales. Cuando pregunté quiénes eran, Gabriel dijo: ‘Esos son los miembros codiciosos de tu Comunidad, que no pagan la limosna debida. Son aquellos que carecen de compasión por el pobre, el débil, el destituido, las viudas y los huérfanos’.
“Luego vi otra compañía. Una comida deliciosa estaba dispuesta delante de ellos, pero en vez de esa comida pura estaban comiendo carroña maloliente. Gabriel explicó: ‘Mensajero de Allah, esos son los adúlteros y fornicadores de entre tu Comunidad. Aunque tienen a su disposición alimento legal, eligen comer carroña por haber cometido actos ilegales como el adulterio y la fornicación’.
“Luego vi otro grupo. Estos estaban apilando madera, pero no la podían levantar. Cuando pregunté quienes eran, se me dijo: ‘Esos son los miembros avaros de tu Comunidad. Aunque nunca podrían agotar la riqueza que poseen, no están satisfechos y tratan de acumular más aún. Son aquellos que aman los bienes mundanos y tratan de apilarlos. Ellos acumulan fuego en el Infierno, porque violan los derechos humanos, al no tener la voluntad de aligerar su carga y dar a otros lo que les corresponde’.
“Luego vi una gran roca, en la cual había un pequeño agujero. Una serpiente salió del agujero, se hizo más grande, después trató de volver a entrar. Cuando no pudo meterse, empezó a dar vueltas alrededor de la roca, confundida. Pregunté el significado de eso, y Gabriel explicó: ‘Esa roca representa el cuerpo de tu Comunidad. El pequeño agujero representa sus bocas. La serpiente simboliza las malas palabras, el lenguaje ilegal y la murmuración. Habiendo emitido esas cosas, no serán capaces de retractarse y tragarlas. Por lo tanto deben sufrir el tormento en este mundo y en el Más Allá. Dile a tu Comunidad que guarden sus bocas de maldecir, abusar, murmurar, del lenguaje grosero y la charla descuidada, de modo que puedan salvarse en este mundo y en el Más Allá’.
“Luego vi un hombre. Estaba luchando para sacar agua de un pozo. Cuando el balde llegó al borde del pozo, estaba vacío. El hombre se estaba esforzando en vano. ‘¿Qué representa?’, pregunté. Dijo Gabriel: ‘Aquellos de tu Comunidad que adoran sólo por alarde. La veneración que no es para Allah es tan inútil como la penalidad de ese hombre, porque aquellos cuya veneración es mera ostentación ciertamente no recibirán recompensa alguna en el Más Allá. Todo lo que consiguen es fatiga’.
“Las gentes que vi a continuación, tenían labios colgantes, que los ángeles cortaban con tijeras ardientes. Cuando pregunté quienes eran, se me dijo: ‘Esos son los miembros de tu Comunidad que actúan como informantes y aquellos que prestan falso testimonio’.
“Luego vi otro conjunto de personas. Los ángeles les estaban cortando la carne y les ordenaban que se la comieran. Cuando se negaban, los ángeles les pegaban y los obligaban a comer. Cuando le pregunté a Gabriel quienes eran y por qué estaban soportando ese tormento, respondió: ‘Esos son los murmuradores de tu Comunidad’.
“Luego vi otro grupo de personas; tenían rostros sucios, ojos pálidos y labios caídos; de sus bocas fluía sangre y suciedad. Cada uno sostenía una botella encendida en una mano y una taza encendida en la otra, en donde se vertía el pus que fluía de sus bocas. Cuando habían llenado su taza con sangre y suciedad los ángeles los forzaban a beberla. Ese era su tormento. Cuando pregunté sobre ellos, Gabriel dijo: ‘Oh Mensajero de Allah, esos son los miembros de tu Comunidad que mueren sin arrepentirse de haber bebido alcohol’.
“Luego vi otro grupo. Tenían vientres hinchados y grilletes en los pies. Trataban de levantarse, sólo para tropezar y volver a caer. ‘¿Quienes son esos?’ pregunté. Gabriel, la paz sea con él, dijo: ‘Esos son los usureros, esos miembros de tu Comunidad que le roban a la gente sus bienes y los consumen injustamente’.
“Luego encontré un grupo de mujeres. Tenían los rostros sucios; usaban ropas encendidas y los ángeles las estaban golpeando con látigos encendidos. Se gritaban unas a otras. Le pregunté a Gabriel, la paz sea con él, quiénes eran esas mujeres, y me dijo: ‘Esas son las mujeres de tu Comunidad que han cometido adulterio y fornicación o han tratado mal a sus esposos y sólo han mostrado ingratitud por los beneficios que les proporcionaron sus esposos’.
“Luego vi un grupo de hombres que estaban siendo decapitados. Cuando pregunté quiénes eran, Gabriel dijo: ‘Esos son los asesinos de tu Comunidad; son aquellos que siguen adelante con los feudos de sangre’.
“Luego vi un grupo que sufría los tormentos más violentos. De sus bocas y narices salían llamas y estaban a merced de dos ángeles que blandían látigos encendidos. ‘¿Quiénes son?’ pregunté, y Gabriel respondió: ‘Esos son los hipócritas. Están sufriendo ese tormento porque, mientras sus bocas profesaban fe, sus corazones estaban llenos de incredulidad e hipocresía. ¡Merecen ser castigados en las profundidades inferiores del Infierno!’
“Verdaderamente los hipócritas estarán en el nivel más bajo del Fuego.”
4:144
“Luego encontré un grupo de personas que estaban encarceladas en un valle de fuego. En cuanto se habían quemado hasta reducirse a cenizas, les volvía a crecer una piel nueva que otra vez se quemaba hasta ser ceniza y de nuevo volvía a restaurarse. Ese era su perpetuo tormento. Pregunté quiénes eran y por qué estaban sufriendo ese tormento, y el venerable Gabriel explicó: ‘Esas son las personas que desobedecen a sus padres. Oh Mensajero de Allah, las personas que sufren ese tormento son los hijos pecadores de tu Comunidad, que no aprecian a sus madres y padres, no les obedecen, no les dan lo que les corresponde y no los respetan’.
“Después oí un ruido aterrador que me puso los pelos de punta. Cuando le pregunté qué había causado ese ruido, Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, una piedra cayó en el Infierno. Justo ahora llegó al fondo después de caer durante mil años. Ese es el ruido que oíste’.
“Luego llegué a un valle, en donde el aire tenía un olor nauseabundo. Se podía oír una voz horrorosa, suplicándole a los gritos a Allah: ‘Mi Señor, envíame ahora a los incrédulos y los tiranos que me prometiste. Mis cadenas, púas, esposas y grillos, están todos preparados. Tengo tormentos de toda clase en gran abundancia: fruta amarga y agua hirviente, serpientes, ciempiés y escorpiones. Mis barrancos encendidos con fuegos aterradores. Envíame a los tiranos, los incrédulos y los traidores. Me lo has prometido, para que pueda vengar a sus víctimas. Déjame vengarme de aquellos que disfrutaron de Tus beneficios y sin embargo Te atribuyeron socios, de esos impostores pecaminosos que dañaron a la gente. Permíteme cumplir con mi deber’.
Cuando le pregunté quién podía ser ese, Gabriel dijo: ‘Ese olor nauseabundo es el hedor del Infierno, mientras que esa voz aterradora es la voz del Infierno’. En respuesta a la súplica del Infierno, el Glorioso y Exaltado dijo: ‘¡Oh Fuego! ¡Oh Infierno! Te llenaré con aquellos que Me atribuyen socios, con los incrédulos que Me niegan a Mí y a Mis Mensajeros, con los tiranos que lastiman y oprimen a Mis siervos, con los traidores que consumen los derechos de los huérfanos, con todos los hombres y mujeres perversos, y con aquellos autoritarios que no creen hasta el Día de la Resurrección. Te llenaré con hombres y jinn incrédulos y con tiranos obstinados e infieles’. El Infierno dijo: ‘Estoy contento mi Señor’.
“Luego llegué a otro valle. Aquí se olían bellos perfumes. Cuando pregunté qué era, Gabriel dijo: ‘Una dama mártir y sus hijos yacen aquí. Ese dulce aroma sale de sus tumbas, que contienen los frutos del Paraíso. Las que yacen enterradas aquí son las doncellas de la hija del Faraón, y sus hijos’.
“Después llegué a otro valle más, en donde suaves brisas llevaban por el aire sutiles perfumes. Los sonidos más agradables acariciaron mis oídos, ‘Gabriel’, pregunté, ‘¿Qué son esos dulces aromas; qué son esos sonidos encantadores?’ El venerable Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, esos dulces aromas vienen del Paraíso y ese sonido encantador es la voz del Paraíso. ¡Escucha Oh Mensajero de Allah! Escuché y oí al Paraíso hacer esta súplica: ‘Mi generoso Señor, tráeme ahora a esos siervos Tuyos que me has prometido. Todo ha sido adornado y preparado; mis palacios, pabellones, carpas, satén, brocado y sedas, toda clase de oro, perlas, coral, esmeraldas, rubíes y plata, almizcle y ámbar gris, copas y tazas, fruta de toda clase, ríos de agua, leche, miel y vino, huríes, asistentes y pajes; dádivas en gran abundancia, demasiado numerosas para contarlas. Tráeme ahora a esos siervos especiales Tuyos a quienes has prometido enviarme. Siento impaciencia por recibirlos. Envíame a esos siervos Tuyos, para que pueda acordarles todo honor, respeto y dignidad, concediéndoles toda clase de dádivas’.
A esta súplica, el Más Generoso de los generosos, respondió:
“ ‘Mi Paraíso, a ti te enviaré a aquellos que creen en Mí y a todos Mis siervos obedientes que dan su corazón a Mi bienamado, que afirman Mi Unidad, creen en Mis Mensajeros y llevan a cabo buenas obras de justicia y veneración por Mí, que no Me adjudican socios y ponen su confianza en Mí. En tus jardines y huertos alojaré a todos los que Me temen y rehuyen Mi castigo, del cual los pondré a salvo. Concederé los deseos, y satisfaré las necesidades de todos los que me someten sus deseos, intenciones y necesidades a Mí en sus oraciones. Multiplicaré las retribuciones y recompensas de aquellos que “Me hacen un préstamo”, es decir, que hacen obras de caridad y por Mí dan limosna al pobre y al débil, al destituido y al necesitado. Estaré satisfecho con todas las obras de aquellos que ponen sus vidas enteramente a Mi disposición, confiando en Mí en todo lo que emprenden. Sólo Yo, Allah, soy digno de adoración y fe. No hay ningún otro dios que merezca fe y adoración. Yo cumplo todas Mis promesas. Nunca dejo de cumplir Mi palabra. Todos los creyentes ciertamente llegarán al éxito. Mi Paraíso está preparado para ellos. El Paraíso es el hogar de aquellos que creen en Mí. Aquellos que creen en Mí son tu gente’. (¡Bendito es Allah, el mejor de los Creadores!)
Oyendo estas palabras divinas, el Paraíso dijo: ‘¡Estoy contento, mi Señor!’
“Oí una voz a mi derecha, llamado: ‘¡Detente, Oh Muhammad! Tengo una pequeña pregunta que hacerte. ‘Tres veces me dijo esa voz que me detuviera, pero la ignoré y seguí adelante. Luego oí una voz a mi izquierda, llamando tres veces: ‘¡Detente, Oh Muhammad! Espera un momento. Tengo una pregunta para ti’. La ignoré y seguí adelante. Luego apareció una mujer frente a mí, muy bellamente vestida. A la distancia se veía encantadora, pero mirándola de cerca probó ser muy fea.
Pasé por su lado, ignorando sus tres gritos de: ‘Detente un momento. Tengo que hacerte una pregunta’. Luego vi delante de mí a un viejo, apoyado en un bastón. Sacudiéndose y temblando, este viejo dijo tres veces: ‘Detente. Tengo que hacerte una pregunta. Detente y déjame ver tu hermoso semblante’. Lo pasé de largo sin un momento de pausa. Después vi a un joven bien parecido. Su rostro estaba radiante de luz. Me acogió con: ‘Detente ¡Oh Mensajero de Allâh! Tengo que decirte algo’. Burâq se detuvo. Intercambié saludos con el joven, que luego dijo: ‘¡Congratulaciones, Oh Muhammad! Toda bondad está en ti y en tu Comunidad’. Ensalcé a mi Señor, diciendo: ‘Toda alabanza pertenece a Allah’. Gabriel dijo lo mismo.
“Cuando le pregunté quiénes eran esas personas, Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, las voces de la derecha y la izquierda eran las de las religiones corruptas. Si hubieras respondido a su llamado, habrían atrapado a tu Comunidad después de tu muerte y la habrían reducido a la degradación. En cuanto a la mujer, si hubieras respondido a su invitación, tu Comunidad entera habría olvidado a Allah después de tu muerte y se hubiera dedicado a adorar a este mundo. Sus bellos ornamentos y atuendo son símbolos de los encantos engañosos del mundo. Su avanzada edad señala la Resurrección. En cuanto a su fea apariencia vista de cerca, indica que toda la fealdad de la vida mundana queda expuesta cuando se reflexiona.
“‘El viejo que se dirigió a ti era Satán el execrable. Trató de explotar tu naturaleza compasiva apareciendo bajo el disfraz de un viejo. Si te hubieras detenido y le hubieras prestado atención, al final de tu vida tu Comunidad habría perdido la salvación engañada por sus artimañas, porque él habría llevado exitosamente al extravío a la mayoría de ellos y los hubiera hecho entrar en el Más Allá sin fe.
“‘En cuanto a ese joven radiante y rozagante, representa la religión del Islam. Para él te detuviste. Eso significa que tu Comunidad, desde el final de tu vida mundana hasta la Resurrección, estará segura contra toda astucia del enemigo y con pies firmes en el sendero del Islam’ ”.
Nuestro Maestro, el Mensajero para hombres y jinn, vio muchas más cosas extrañas y maravillosas antes de llegar a la Mezquita de Aqsâ. Las que relatamos son las más famosas. El relato de nuestro Maestro continúa: “Cuando llegué a la Mezquita de Aqsâ, los ángeles bajaron del cielo para saludarme. Me felicitaron por los favores y dádivas que recibiría de Allah, saludándome con: ‘¡La paz sea contigo, Oh Primero! ¡La paz sea contigo, Oh Último! ¡La paz sea contigo, Oh Congregador!’ Le dije a Gabriel: ‘¿Qué quieren decir los ángeles al saludarme de esta manera? Allah es el Primero, el Ultimo y el Congregador’. El venerable Gabriel explicó: ‘Oh Mensajero de Allah, en el Día de la Resurrección, tú serás el primero que intercederá. Por lo tanto te llaman el “primero”. Te saludan con “¡Oh último!”, porque eres el último Mensajero que se enviará al mundo’.
“Cuando alcancé las puertas de la Mezquita de Aqsâ, desmonté de Burâq y lo até a una argolla, que me señaló Gabriel. Todos los Profetas habían atado sus monturas en esa argolla. Las almas de todos los Profetas me dieron la bienvenida con honor y respeto.
“Cuando vi a todas esas grandes almas, le pregunté al venerable Gabriel quiénes eran. Dijo: ‘Esos son los Profetas y Mensajeros que te precedieron, ¡Salúdalos!’ Di mi saludo. Mientras entraba a la Mezquita, se estaba dando la señal para comenzar las oraciones. Miré para ver quién hacía ese llamado, pero Gabriel, la paz sea con él, me condujo al nicho de oraciones, diciendo: ‘Tú debes guiar las oraciones, porque tú eres el más digno y noble’. Entonces subí al nicho y guié a todos los Profetas y Mensajeros en la realización de una oración de dos ciclos. Luego regresé para ver a los Profetas, la paz sea con ellos, y conversé con ellos. Todos los gloriosos Profetas ensalzaron solemnemente a Allah, alabándolo por la dádiva divina que les había concedido. Yo también ensalcé a mi Señor, detallando los graciosos favores que me había concedido Dios, Exaltado es Él.
“Abraham, ese amigo especial de Allah, ofreció alabanza y dijo: ‘Mi Señor me eligió como un amigo especial Suyo. Me dio un gran dominio. Me mencionó en Su Corán como el padre de tu Comunidad. Fue bondadoso conmigo y con mi hijo, enviando abajo un carnero para sustituir a Ismael. Proclamó nuestra gloria al mundo entero, ordenándome a mí y a mi hijo, Ismael, construir Su Kaaba, y mencionando nuestros nombres en Su Corán y en las oraciones que tú y tu Comunidad hacen. Por mí, convirtió el horno ardiente de Nimrod en luz. Haciéndome padre de Isaac, me dio el honor de ser el abuelo de todos los Profetas. Destruyó por medio de un mosquito a ese Nimrod que me arrojó al fuego’.
“Moisés, el Interlocutor, también ofreció palabras de alabanza, diciendo: ‘Alabanza y gloria a Allah, Exaltado es Él, porque habló conmigo directamente. Me dio la Torá. Ahogó al Faraón y a su pueblo en el mar, salvándome a mí y a mi pueblo. Hizo de Aaron mi ministro. Transformó milagrosamente mi bastón, castigando así al faraón. Hizo que llovieran maná y codornices sobre mí y mi pueblo’. Así dio gracias a Allah por Su gracia y favor hacia él.
“Al venerable Moisés le siguió David, la paz sea con él, que dijo: ‘Alabanza y gloria al más Majestuoso y Exaltado, porque Él me dio un gran dominio y me hizo rey. Me dio los Salmos. Nos confirió la condición de Profeta a mí y a mi hijo. Hizo que en mi mano el hierro se tornara blando como la cera. Hizo que las montañas y los pájaros se sometieran a mí. Me dio una voz tan dulce que aquellos que la oían se desvanecían, mientras que las colinas y las rocas recordaban a Allah y lo glorificaban junto conmigo. Me concedió el conocimiento de la Ley Sagrada y el buen juicio’.
“Al venerable David le siguió su hijo Salomón. Alabó a Allah recitando la gran cantidad de dádivas que había recibido: ‘El Señor Todopoderoso Auto Subsistente me dio el dominio de los vientos, los jinn y los demonios. Solían llevar a cabo lo que a mí se me antojara. Me enseñó el lenguaje de pájaros y bestias. Me prefirió a mí sobre muchos de Sus siervos y me concedió un dominio más poderoso del que nadie después de mí pudo obtener’.
“En cuanto a Jesús, ofreció alabanza y agradecimiento con estas palabras: ‘Gloria a tan Exaltado Hacedor, porque así como creó a Adán del polvo, sin madre o padre, así me trajo a la existencia sin un padre y sin materia, simplemente con la orden: “¡Sé!” Me enseñó la Torá y el Evangelio y me instruyó en el conocimiento de la Ley Sagrada. En respuesta a mi oración, Él curó al ciego y al enfermo y devolvió el muerto a la vida. Hizo que mi madre y yo estuviésemos a salvo de la astucia de Satán. Me elevó, vivo, a los cielos’. Por esas y otras dádivas, expresó su gratitud a Allah, Exaltado es Él.
“Cada Profeta-Mensajero alabó y agradeció, enumerando las innumerables dádivas que había recibido. Luego les dije: ‘Todos vosotros habéis alabado y exaltado al Señor de Todos los Mundos por las dádivas que os ha dado. Ahora permitidme que os cuente la dádiva divina que yo he recibido. Ese Señor de la Majestad y el Honor, Auto-Subsistente, Todo Clemente, Todo Compasivo, creó mi luz con Su propia luz. En mi honor creó el Trono, el Pedestal, el Paraíso, el cielo y la tierra, todo con mi luz. Con mi luz creó el sol y la luna, las huríes del Paraíso con toda su belleza, y también a Adán. Me envió a todos los mundos, a todos los hombres y jinn, como un portador de buenas nuevas y para dar advertencia. Me convirtió en una bendición para el universo entero. Me envió a todas las criaturas como el Profeta y Mensajero final. A mí me reveló el Poderoso Corán. Hizo de mi Comunidad la mejor de todas las comunidades. Me explicó todo lo que estaba contenido en el Noble Corán que me reveló, enseñándome las ciencias de los antiguos y los modernos. Hizo de mi Comunidad la Comunidad del camino Medio. Abrió mi pecho y me purificó del pecado. Exaltó mi nombre y rango. Me hizo el conquistador de todas las criaturas y el último de todos los Profetas. Por mí, partió la luna por la mitad’”.
Según otra versión un tanto diferente: El venerable Mensajero de Allah llegó finalmente a Jerusalén, donde todos los venerables Profetas-Mensajeros le dieron la bienvenida con sus saludos. Ofrecieron toda clase de alabanzas, bañándolo en luz. Luego caminaron al frente de Burâq hasta la Mezquita de Aqsâ, donde el Mensajero, la paz sea con él, desmontó. Se quedaron parados a su lado mientras Gabriel ataba a Burâq. Después se dirigieron al Mensajero, diciendo: “¡Oh Mensajero de Allah, entra a la Mezquita!” Nuestro Maestro les dijo a todos los Profetas: “Vosotros habéis sido enviados antes que yo. Sería más adecuado que vosotros entrarais primero”. Pero se oyó que el Señor Todopoderoso decía: “Oh Mi bienamado, tu Misión es la última, pero tu luz los precede a todos. Todos fueron creados de tu luz. Es correcto y adecuado que tú tomes la precedencia. ¡Entra a la cabeza de todos ellos!”
El Mensajero entró con Gabriel. Luego, detrás, entraron todos los Profetas a la Mezquita de Aqsa. Gabriel hizo el Llamado a la Oración, luego señaló el inicio de las oraciones. El Mensajero guió a todos los Profetas y a los grandes ángeles presentes en la oración de dos ciclos. Nos cuenta: “Cuando terminó la oración, oí la inspiración: ‘Ahora es el momento de la súplica, suplica por tu Comunidad’. Sostuve mis manos abiertas hacia la Corte Exaltada. Hice una humilde súplica a mi Señor, rogándole que los salvara del fuego del Infierno y los admitiera en el Paraíso. Todos los Profetas-Mensajeros y los grandes ángeles, la paz sea con ellos, dijeron: ‘Amén’ a esta oración mía. En ese momento oí una voz dentro de mi corazón, diciendo: ‘Oh Mi bienamado, el lugar en donde estás sentado es la Mezquita de Aqsa. Esta es la Noche de la Ascensión. Has hecho una súplica como Jefe de los Profetas. Los Mensajeros y los ángeles han dicho ‘Amén’ a ella. Aquél a quien hiciste esa oración es Allah, Señor de la Majestad y la Bendición, el más Misericordioso de los misericordiosos, el más Generoso de los más generosos, que lleva a todos a la luz de Su guía. Tus oraciones han sido aceptadas. Los pecados de tu Comunidad han sido perdonados y ocultados. Ciertamente se salvarán del tormento. En virtud de Mi Poder y Majestad, les he concedido Mi Misericordia. Los alegraré con la visión de Mi Belleza’.
“Esa noche le fueron concedidos a mi Comunidad el Paraíso y la felicidad”. (Oh Señor, permítenos morir en la fe. Alégranos con la visión de Tu Belleza. Amén, Oh Todo Misericordioso y Compasivo, en honor del Jefe de los Mensajeros.)
“Cuando salí de la Mezquita de Aqsâ, el venerable Gabriel se encontró conmigo sosteniendo tres copas en su mano. Una contenía leche, otra vino, y la otra agua. Me dijo: ‘¡Oh Mensajero de Allah, toma una de estas tres copas y bebe!’ Elegí la leche y la bebí toda. Quedó una gota y se la di a Gabriel, la paz sea con él, que dijo: ‘Has elegido la disposición natural del Islam’.
“Una voz llamó desde lo invisible: ‘¡Oh Muhammad, si hubieras bebido todas las gotas de la leche que había en el vaso, ni un solo miembro de tu Comunidad entraría en el Infierno!’ Volviéndome a Gabriel, le pedí que me dejara beber la última gota de la leche, pero él dijo: ‘¡Lo que está destinado desde toda la eternidad, lo que está escrito en la Madre del Libro, debe ser cumplido, Oh Mensajero de Allah!’
Luego comenzó la Ascensión. Viajé sobre Gabriel. Entramos al primer nivel del cielo y Gabriel golpeó la puerta. ‘¿Quién está allí?’ dijo una voz desde adentro. Dijo Gabriel: ‘Soy yo. Muhammad, la paz sea con él, está a mi lado’. ‘¿Él ha sido enviado?’ dijo la voz mientras nos dejaban entrar. En este primer nivel del cielo vi a un ser radiante. Miraba a su derecha y se reía, luego a su izquierda y lloraba. ‘¿Quién es él?’ le pregunté, y Gabriel dijo: ‘Ese es Adán, la paz sea con él’. Lo saludé. ‘Bienvenido, hijo mío y Mensajero justo’, respondió. Luego el venerable Gabriel explicó: ‘Cuando mira a su derecha lo hace feliz ver a los Profetas, Mensajeros y descendientes honestos que proceden de él. Pero cuando mira a su izquierda, llora ante la vista de sus hijos malvados e incrédulos’ ”.
En el primer nivel del cielo, todos los ángeles saludaron a nuestro Maestro, el bienamado del Señor, diciendo: ‘¡Bienvenido, Oh Ahmad! ¡Bienvenido, bienamado de Allâh!’ Luego se dieron vuelta para continuar su adoración, realizando de pie su remembranza y glorificaciones.
Nuestro Maestro continúa su relato: “Sobre el ala de Gabriel, me elevé al segundo nivel del cielo. Gabriel golpeó la puerta y el ángel que la cuidaba dijo: ‘¿Quién eres? ¿Quién está contigo? ¿Ha llegado el bienamado de Dios? ¡Entrad por favor!’ Diciendo así, el ángel abrió la puerta al segundo cielo. Una vez adentro, vi a los habitantes de este segundo cielo realizando su adoración y glorificación en una postura inclinada. Al verme, todos exclamaron:
‘¡Bienvenido, Ahmad! ¡Bienvenido Mahmûd!’ Me recibieron con honor, luego volvieron a inclinarse en adoración, glorificando al Señor de Todos los Mundos en esa posición. Cada uno tenía un hilo de cuentas para orar diferente. Gabriel explicó: Los ángeles del primer nivel adoran al Señor de Todos los Mundos en posición de pie, a diferencia de los del segundo nivel, quienes se inclinan en adoración’. Allí vi al venerable Jesús y al venerable Juan, la paz sea con ellos. ‘¡Bienvenido honesto hermano Profeta nuestro!’ dijeron. Cientos de miles de ángeles estaban glorificando a Allah con estas palabras: ‘¡Gloria a Allah! ¡Toda alabanza y gloria a Allah, el Más Magnífico! ¡Suplico Su perdón!”.
“Cuando ascendimos al tercer nivel, vi ángeles tan numerosos que sólo Allah hubiera podido decir su número. Estaban todos en postración ante el Señor de Todos los Mundos, glorificándolo en esa postura. Cuando me vieron me rindieron honor y respeto. Aquí encontré al venerable José y a Salomón, la paz sea con ellos. Me saludaron con: ‘¡Bienvenido, honesto hermano Profeta!’ Aquí fui testigo de muchas maravillas.
“Al elevarme al cuarto nivel, encontré a todos sus habitantes glorificando a Allah de rodillas. Aquí encontré al venerable Moisés, a Âsiya la esposa del Faraón, y a la venerable María. Todos me rindieron honor y respeto.
“Ascendimos al quinto nivel del cielo. Innumerables ángeles estaban parados en adoración, su mirada dirigida hacia los dedos de sus pies mientras glorificaban al Señor Dios. Estaban parados en serena humildad. ‘¿Es esta su forma de adorar?’ pregunté. Gabriel respondió: ‘¡Sí, Oh Mensajero de Allah! Adorarán y orarán de esta manera hasta la Resurrección. Pueda la adoración de todos los ángeles convertirse en un deber religioso para tu Comunidad’. Hice la misma oración. Aquí me encontré con los venerables Ismael, Isaac, Jacob y Lot, la paz sea con ellos. Ellos dijeron: ‘Ora a tu Señor. Suplícale que aligere la carga de tu Comunidad’. Vi muchas maravillas en este cielo.
“Nos elevamos al sexto nivel del cielo. Aquí, los ángeles estaban haciendo remembranza del Señor de Todos los Mundos en serena humildad. Me saludaron con honor y respeto. Aquí encontré a los venerables Idris y Noé. Se dirigieron a mí y dijeron: ‘¡Bienvenido, honesto hermano Profeta!’
“Al ascender al séptimo cielo, vi incontables ángeles. Me recibieron con congratulaciones, saludándome con honor y respeto. Aquí encontré a Abraham, que dijo: ‘¡Oh mi honesto hijo y Profeta, bienvenido!’ Me recibió bondadosamente y me ofreció congratulaciones.
“Desde allí, seguimos adelante para alcanzar el Árbol de Loto Ultimo. Fuimos saludados por demasiados ángeles como para que cualquiera menos Allah los pudiera contar. Al ver mi bello semblante, agradecieron a Allah y donaron a mi Comunidad las recompensas por su adoración. Me dieron buenas noticias y me ofrecieron su congratulación.
Le pregunté a Gabriel sobre las multitudes de ángeles que visitaban la Casa Próspera en el Árbol de Loto Ultimo. ‘Oh Gabriel’ dije, ‘¿cuántas veces circunvala un ángel esta Casa Próspera?’ Respondió: ‘Oh Mensajero de Allah, habiendo hecho una vez el circuito de esta Casa Próspera, un ángel no puede circunvalar este lugar otra vez. Esta Casa Próspera es la dirección de la oración qibla para el cielo. Aquí es donde las oraciones en congregación se realizan los Viernes. Yo expongo el sermón. Isrâfil actúa como Imán. Miguel hace el Llamado a la Oración. Azrâ’il señala el inicio de las oraciones. Todos los ángeles se unen a las oraciones. La recompensa por guiar las oraciones las recibe el Imán que guía las oraciones de los Viernes en la tierra. La recompensa para el Llamado a la Oración de Miguel, va al Muecín que cada Viernes hace el Llamado a la Oración en la tierra. La recompensa por la señal para empezar, dada aquí por Azrâ’il, es para aquellos que dan esa señal cada Viernes en la tierra. En cuanto a los otros ángeles, ellos dicen: ‘Oh Señor, donamos la adoración que hemos realizado a aquellos siervos Tuyos que realizan las oraciones de los Viernes en la tierra’. El Señor Dios dice: ‘Habéis donado generosamente la recompensa por vuestra adoración a la Comunidad de Muhammad. Los he alegrado—a aquellos que realizan las oraciones de los Viernes—con Mi indulgencia y Mi perdón’ ”.
Nuestro Maestro, el noble Mensajero explica que aquí le dieron tres dádivas: primero, las cinco oraciones establecidas; segundo: la última parte de Sûrat al-Baqara; tercero, el perdón para los pecados graves de la Comunidad de Muhammad.
“Había pedido que la adoración llevada a cabo por los ángeles pudiera convertirse en un deber religioso para mi Comunidad. Eso habría significado para mi Comunidad la obligación de llevar a cabo cincuenta oraciones establecidas. En respuesta a mi ruego, el número se redujo a cinco. Dijo Moisés, la paz sea con él: ‘Oh Muhammad, ni siquiera harán esas cinco. Ve y ruégale a tu Señor por otra reducción’. Pero yo respondí: ‘Me avergüenza pedirle otra vez a mi Señor. Si son mi Comunidad, observarán estas cinco veces’. A aquellos que llevan a cabo estas cinco oraciones, serena y humildemente, y en los momentos correctos, se les ha concedido la recompensa por cincuenta, así como la recompensa de todos los habitantes del cielo.
“Desde el Árbol de Loto Ultimo, llegué finalmente al Paraíso. Dijo el venerable Gabriel: ‘Oh Mensajero de Allâh, el Glorioso y Exaltado Señor está adorando Su propia Esencia’. ‘¿Qué está diciendo?’ pregunté. Gabriel explicó: El Glorioso y Exaltado dice: “Todo Glorioso, Todo Santo, Señor de los Ángeles y del Espíritu, Mi misericordia ha sobrepasado a Mi ira”. Pasamos más allá del Árbol de Loto Último y del Paraíso. Dijo el venerable Gabriel: ‘Oh venerable mensajero de Allâh, esta es mi estación. Si asciendo más alto que esto, me quemaré. Ninguna criatura más que tú puede pasar más allá de este punto’.
Me hicieron montar a Rafraf. ‘¡Acércate, acércate!’ llegó la orden. Al llegar al Trono, me quise sacar los zapatos. Dije: ‘Mi Señor, le pediste a mi hermano Moisés que se saque los zapatos en el Monte Sinaí. Eso sucedió en la tierra, mientras que este es Tu Trono’. Pero el Exaltado respondió: ‘¡Mi muy querido bienamado, él es Mi Interlocutor, mientras que tú eres Mi bienamado!’”
Cuando el Mensajero de Allah ascendió al cielo, la Pluma dijo: “Muhammad es mío”. La Tabla dijo: “Él es mío”. El Trono, el Pedestal y el Paraíso dijeron, cada uno: “Muhammad es mío”. Luego el Exaltado dijo: “Mi bienamado, te he dado la Pluma, la Tabla, el Trono, el Pedestal y el Paraíso”. El Mensajero bendito dijo: “Mi Señor, no deseo eso. Lo que pido de Ti es mi Comunidad”. Luego el Señor de Todos los Mundos dijo: “Te he dado tu Comunidad”.
Nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco. Se le hizo una señal que quería decir:
“¡Saluda a tu Señor!” de modo que nuestro Maestro dijo:
“al-tahîyâtu lillâhi wa-lsalawâtu wa-ltayyibât”1,
y el noble Señor de Todos los Mundos dijo:
“al-salâmu ‘alayka ayyuhâ-lnabîyu wa rahmatu-llâhi wa barakâtuh”1,
a lo que nuestro bendito Maestro respondió inmediatamente:
“al-salâmu alaynâ wa-ala ibâdihi-lsâlihin”1,
luego los ángeles oyentes dijeron:
“’ashhadu an lâ ilâha illâ-llâh wa ashhadu anna Muhammadan ‘abduhu wa rasûluhu”1.
Allah le dijo bondadosamente a nuestro Maestro: “Oh Mi bienamado, verdaderamente grande es la estima que tengo por ti. Si hubiera cien Tronos, el polvo que tu pie ha pisado Me sería más querido que todos ellos”. Luego el Exaltado dijo: “Mi bienamado, ¿qué regalo me has traído hoy?” Nuestro Maestro dijo:
“He traído dos regalos: uno es la escasez de la obediencia, el otro la multiplicidad de pecados y ofensas cometidos por mi Comunidad”.
Dijo el Señor Exaltado: “En Mi misericordia, he perdonado su escasez de obediencia. A través de tu intercesión y en tu honor, también he perdonado su multiplicidad de pecados”.
Nuestro Maestro dice: “Se hicieron cinco quejas contra mi Comunidad. Allah dijo: ‘Oh Ahmad, aunque no le pido hoy a tu Comunidad las oraciones de mañana, ellos quieren de Mí las provisiones de mañana por adelantado. Yo no puedo darle a otro el sustento de ellos, sin embargo ellos les dedican sus acciones a otros en vez de a Mí. Disfrutan de Mi provisión, pero agradecen a otros en vez de a Mí. Por desobedecerme son obedientes con otros en vez de Conmigo. Yo creé el Fuego del Infierno para los incrédulos, sin embargo están pidiendo ir allí”.
Cuando nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, Tú le diste el Paraíso al venerable Adán”, el Todo Glorioso dijo: “Le di el Paraíso a Adán, y luego lo expulsé de allí. Te daré el Paraíso a ti y a tu Comunidad, pero nunca haré que lo abandonen”. Luego tuvo lugar el siguiente intercambio:
“Mi Señor, tú le diste el Arca al venerable Noé. Concediste la salvación a los que tomaron refugio en ti. Ellos solían adorar en ese Arca”.
“Mi bienamado, he convertido el mundo entero en una mezquita. A aquellos que frecuentan las mezquitas, los he hecho inmunes a Mi fuego. Haré que las mezquitas sirvan de arcas hasta la Resurrección, luego las usaré para llevar a tu Comunidad a través del Puente del Infierno”.
“Mi Señor, para el venerable Abraham convertiste el fuego de Nimrod en luz. Lo hiciste inofensivamente frío”.
“Para tu Comunidad enfriaré el Fuego del Infierno”.
“Mi Señor, tú le diste Zamzam al venerable Ismael”.
“A ti te he dado el Río Kawthar”.
“Tú conversaste con el venerable Moisés en el Monte Sinaí”.
“He conversado contigo arriba del Trono, en una estación más elevada aún”.
“Enviaste abajo desde el cielo una comida para el venerable Jesús”.
“Enviaré abajo comidas desde el Paraíso para tu Comunidad en la Resurrección, cuando todos los demás estén hambrientos, sedientos y desnudos”.
“Al venerable David le diste los Salmos”.
“A ti te he dado Sûrat al-An’am”.
“Salvaste a Jonás de las tres clases de oscuridad”.
“También salvaré a tu Comunidad de las tres clases de oscuridad: la de la tumba, la de la Resurrección y la del Puente. Cada una de esas tres estaciones está en la oscuridad, pero la fe de los creyentes las llenarán de luz”.
“Mi Señor, Tú le diste al venerable Khidr el agua de la Vida”.
“A ti y a tu Comunidad les daré el Río Salsabîl”.
“Tú le diste el Evangelio al venerable Jesús”.
“A ti, Mi bienamado, te he dado Sûrat al-lkhlâs”.
“Le diste la Torá al venerable Moisés”.
“Mi bienamado, a ti te he dado el Verso del Trono (Âyat al-Kursî). Te he revelado una Sura gloriosa que no se encuentra en la Torá, ni en el Evangelio, ni en los Salmos ni en ninguno de los cien Rollos. Esa Sura es Sûrat al-Fâtiha. Esa gloriosa Sura Mía es tal que el Infierno tiene prohibido tocar el cuerpo de cualquiera que la recite. Aunque sus padres hayan sido incrédulos, Yo aplacaré sus tormentos. En honor a esa Sura no he creado ningún siervo más noble que tú, ni más grande que tú, ni más excepcional que tú. Leer la Sûrat al-An’am es como leer la esencia de los Salmos. Leer Sûrat al-lkhlâs es como leer la verdad esencial del Evangelio. Leer el Verso del Trono es como leer la verdad esencial de la Torá”.
“Mi Señor, he visto Tu Paraíso con todas sus ciudades, palacios, espléndidos pabellones, huríes, asistentes y pajes, su satén, sedas, brocados y sus tronos adornados con oro, plata, rubíes, perlas y esmeraldas. He visto a las huríes cuya belleza desafía la descripción. He visto coronas de luz y túnicas de luz. ¿A cuál de Tus Mensajeros pertenece todo eso?”
“Mi bienamado, esas cosas no les pertenecen a los Profetas. Cientos de miles de dádivas han sido preparadas para Mis siervos creyentes. Esas dádivas Mías le pertenecerán a cualquier miembro de tu Comunidad que diga, con sincera creencia: ‘Atestiguo que no hay más dios que Allah y atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Allah’ ”.
Cuando nuestro Maestro llegó al Trono en las Alturas, puso su mano derecha sobre su izquierda y se quedó parado humildemente para hacer una petición. El Glorioso y Exaltado dijo: “Oh Muhammad, Oh Muhammad, pídeme lo que desees. ¿Qué es lo que necesitas de Mí?” Entonces nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, lo que te pido es la cercanía a mi Comunidad”. Allah respondió:
“Por el bien de Mi Majestad, Yo también deseo estar cerca de tu Comunidad. No pondré a los incrédulos en el Paraíso. He preparado Mi misericordia y Mi magnanimidad para los creyentes. Aquellos que desean Mi aprobación deben embellecer su lengua recordándome a Mí. Que Me obedezcan mientras van creciendo a la madurez física. Que dediquen su vida a Mi causa. Como símbolo de su amante dedicación, que no oigan más palabras que las Mías y que sus corazones no alberguen amor por nadie más que por Mí. Que sus lenguas afirmen Mi Unidad. Que sus cuerpos permanezcan en adoración y que sus ojos estén húmedos con el amor y el temor hacia Mí. Luego, estaré cerca de ellos en ambos mundos y mantendré al demonio muy alejado de ellos. Los emplearé eternamente en servicios que Me agradan. Mi ayuda y guía siempre estarán con ellos”.
Nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, los miembros de mi Comunidad son débiles. No serán capaces de hacer todas esas cosas. Tú eres la fuente de la generosidad divina. Tú eres Todo Misericordioso; Tú eres Todo Compasivo”.
El Señor dijo: “Oh Mi Bienamado, Yo soy el más Misericordioso de los Misericordiosos; Yo soy el Rey; ni Me beneficia la obediencia de cualquiera, ni sufro daño por la desobediencia de los pecadores. Buenas nuevas y congratulaciones a aquellos que dicen: ‘Atestiguo que no hay más dios que Allah y atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Allah’. Mi misericordia es de ellos sin honorarios. A ellos les confiero Mi noble aprobación. Esos siervos Míos disfrutan de Mi magnanimidad y favor eternamente”.
Dijo nuestro Maestro, la Gloria del Universo: “¡Oh Señor, mi alma ahora ha alcanzado la felicidad; mi espíritu y mi corazón están en paz; mi pecho está sereno y estoy contento, Oh mi Señor!” Luego Dios, Exaltado es Él, el Más Generoso de los Más Generosos, dijo:
“Tu Señor te dará y quedarás satisfecho.” 93:5
Luego el Señor de la Belleza le dijo a Su bienamado, nuestro Maestro: “Mi bienamado, me eres más querido que todos los Profetas. Porque tu Comunidad también me es más querida que todas las demás comunidades, he combinado los actos de adoración de todos los habitantes del Cielo y los he llamado a la Oración Ritual. He hecho de esta oración una obligación religiosa para tu Comunidad. Cualquier miembro de tu Comunidad que lleve a cabo esta obligación para complacerme, Me habrá venerado con todos los actos de adoración”.
Esta Oración es el pilar de nuestra religión; esta Oración es la luz del ojo de nuestro Maestro; esta Oración es la forma de adoración que más complace a Allah. ¡Amante verdadero, si reconoces a Allah, si amas al Mensajero y crees en Él, lleva a cabo entonces esta Oración y entra al Paraíso! . . .
Nuestro Maestro dice: “Se exhibió el Infierno ante mí. Vi que la mayoría de sus habitantes eran mujeres, gente rica y gente sin adoración. Cuando le pregunté al venerable Gabriel la razón de eso, explico:
“Las mujeres están allí porque desobedecieron a sus esposos y no fueron agradecidas con los beneficios que ellos les proporcionaron. La gente rica está allí por no agradecer sus bienes y no haber pagado la limosna debida o no haber dado para caridad, mientras que aquellos deficientes en la adoración merecen estar en el Infierno porque en vez de servir a Dios pecaron en contra Suyo”.
Nuestro Maestro continúa: “Durante mi Ascensión, vi un domo de luz. Cuatro ríos salían de ese domo. Uno de esos ríos era de agua, uno de miel, uno de vino y el otro de leche. Esos cuatro ríos fluían, burbujeando, de ese domo de luz. Gabriel me dijo: ‘¿Oh mensajero de Allah, no te gustaría ver la fuente de esos ríos?’. Cuando dije: ‘Sí’, el domo se abrió. Inscrita en su interior se encontraba la frase:
Bismillâhi’r-rahmâni’r-rahîm
En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo.
“El Río de Agua fluía de la letra Arábiga “M” en la palabra bismi-llâh; el Río de Miel de la letra “H”; el Río de Leche del agujero en el medio de la letra Arábiga “M” en rahmân, y el Río de Vino del agujero en el centro de la “M” en rahîm. Cuando dije: ‘¿Quién beberá de esos ríos, Gabriel?’, la respuesta llegó del Señor Exaltado, ‘Oh Muhammad, si cualquier miembro de tu Comunidad Me menciona por Mis nombres y dice: Bismillâhi’r-rahmâni’r-rahîm con sincera intención, entonces, en el Día de la Resurrección, le permitiré a ese siervo mío beber de esos ríos mientras todos los demás quedan sedientos. Oh Muhammad, si cualquier miembro de tu Comunidad hace una ablución y dice: “No hay dios sino Allah”, por el bien de Mi Majestad, le daré a ese siervo mío un Paraíso tan grande como este mundo’ ”.
Nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco. Allí vio un enorme arcón hecho de luz, en el cual había un cierre hecho también de luz. Nuestro Maestro dijo: “¿Mi Señor, qué contiene ese arcón hecho de luz? Me gustaría ver. ¿Dónde está la llave?” El Señor de la Gloria, dijo:
“Oh Mi Mensajero, la llave se encuentra en ti. Se abre con ‘No hay más dios que Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah’ ”.
Entonces nuestro Maestro hizo esta afirmación de la Unidad Divina y la caja se abrió. Dentro de ella era visible un océano infinito. Dentro del océano había un pájaro, y sobre la garra del pájaro había un pedazo de barro. En respuesta a la pregunta: “¿Mi Señor, qué representan esas cosas?”
El Señor dijo:
“Mi bienamado, ese mar infinito es Mi Misericordia; ese pájaro es tu Comunidad; el barro en la garra del pájaro representa los pecados cometidos por tu Comunidad. Comparados con Mi Misericordia, sus pecados no son más grandes que el barro en la garra de ese pájaro. Has visto el océano de Mi Misericordia y has visto también los pecados de tu Comunidad. Cuando se los compara con el océano de Mi Misericordia, sus pecados no son más grandes que un átomo. Así como un pedacito de barro desaparecerá si cae en el mar, sus ofensas son como nada comparadas con Mi Misericordia. Yo soy el Más Misericordioso de los Misericordiosos; Soy Todo Clemente; Todo Generoso”.
De acuerdo al Imán Alî, el Mensajero bendito dijo: “En la Noche de mi Ascensión, le pregunté a Allah: ‘¿Qué acción te es más querida?’ El Señor de la Majestad respondió: ‘Oh Ahmad, la más meritoria de todas las acciones y la más querida a mi vista es la de confiarme todo a mí. Oh Ahmad, ninguna acción es superior a la de estar contento con lo que Yo he dado. Amo a los que están contentos Conmigo. Amo a los que por Mi se aman entre sí, y amo a los que llevan a la gente hacia Mí’. Yo dije: ‘Mi Señor, enséñame una acción por medio de la cual me pueda acercar a Ti’. El Exaltado dijo: ‘Pasa tus noches en adoración y tus días en ayuno; adórame en lugares solitarios. Admitiré en el Paraíso a cualquier siervo Mío que posea tres cualidades. El Paraíso le pertenecerá al siervo Mío que Me recuerda con su lengua, no Me olvida en su corazón y consume alimento halal de origen legitimo de acuerdo al canon musulmán. Amar a los que me aman es lo mismo que amarme a Mí. Aquellos que Me aman están contentos. Soportan la aflicción con paciencia y están agradecidos por Mi magnanimidad. No mienten, mantienen sus compromisos y cumplen sus promesas. No Me desobedecen. Perder un beneficio no los pone tristes, ni los hace indebidamente felices la obtención de un beneficio. Dependen de Mí en toda circunstancia. ¡O Ahmad, permanece cerca del pobre y mantente a distancia de los tiranos! ¡Que tu Afecto sea por el Más Allá!’
“Cuando pregunté: ‘¿Quiénes son los tiranos, Mi Señor?’ Él respondió:
“ ‘Son aquellos que duermen mucho y está frecuentemente enojados; son aquellos que no se contentan con poco; son aquellos que no se disculpan cuando dañan a alguien; son aquellos que no reconocen la verdad ni reconocen los derechos de los demás; son aquellos que niegan su perdón cuando se lo piden; son aquellos que son perezosos cuando llega el momento de la adoración, pero llenos de vigor cuando se trata del pecado; son aquellos demasiado ambiciosos como para recordar que sólo son mortales; son aquellos que no tratan bien a la gente; son aquellos que no muestran ningún respeto por sus ancianos y sus superiores y no tienen ninguna compasión con sus menores. Oh Mi bienamado Ahmad, los siervos que amo son aquellos que tienen rostros sonrientes, que son modestos y en quienes el bien sobrepasa de lejos al mal. Cumplen con su palabra y sus corazones están despiertos. Se rinden cuentas a sí mismos, sus ojos están húmedos por el amor a Mí, y sus lenguas están ocupadas recordándome a Mí. Cuando consumen mis dádivas, me ofrecen su alabanza y agradecimiento. Las oraciones y los ruegos de esos siervos Míos son aceptables a Mi vista. Cuando se levantan para orarme, están parados como fortalezas de acero. No se involucran con nada más que Conmigo. Aun cuando sus manos pueden estar ocupadas con trabajo, sus corazones están siempre Conmigo. Gente semejante sólo come comida legal y se viste de acuerdo a la ley. Cuidan su honor y virtud de todo lo que está prohibido. Por el bien de Mi Majestad y Gloria, a ese grupo le daré la vida eterna’.
“‘Cuando les llegue su hora, tomaré sus almas para Mí. No les enviaré a Azrâ’il para tomarlas. No permitiré que nadie más que Yo tome sus almas. Abriré la puerta del corazón a sus espíritus preciosos y queridos. Entrarán en Mi Paraíso, en donde Mis huríes, asistentes y pajes los saludarán con los frutos y las vestimentas del Paraíso.
“‘Los haré fragantes con dulces perfumes de Mi Trono. Entre esos siervos y Yo, no hay ningún velo corrido. O Ahmad, así es como trataré a Mis siervos bienamados en la Resurrección: cuando todas Mis criaturas se levanten de la tumba y vayan al Sitio de la Resurrección, discutiendo, arreglando cuentas y arrastrándose por el piso, Mis siervos bienamados y obedientes estarán a salvo de todo temor debajo del Trono. Les daré todas las llaves del Paraíso. Podrán entrar al Paraíso por cualquier puerta que elijan. No se los privará de Mi Belleza ni por un instante. Para ellos abriré cuatro puertas del Paraíso. A través de una de ellas, Mis dádivas les llegarán de noche y de día. A través de la segunda, me contemplarán a Mí. Tendrán una visión clara e irrestricta de Mi Belleza. A través de la tercera, verán el Infierno, atestiguando la condición de los tiranos que los dañaron en el mundo. A través de la cuarta puerta, vendrán las huríes para honrarlos’.
“Yo dije: ‘¿Mi Señor, quienes son esos siervos Tuyos?’ El Señor respondió: ‘Son los siervos Míos que no adoran debido a su anhelo por el Paraíso, ni por el temor a Mi Infierno. Esos siervos Míos me adoran solamente por Mi bien y para complacerme. Para complacerme, se negaron a seguir a su naturaleza inferior. Es a esos siervos Míos a quienes concederé estas dádivas’ ”.
Nuestro Maestro, la Gloria de Adán y el Orgullo del Universo, hizo esta súplica al Más Misericordioso de los Misericordiosos en nombre de su Comunidad: “¡Dios mío, perdona a mi Comunidad! ¡Míralos con misericordia! ¡Concédeles la fe perfecta! ¡No dejes que de la fe caigan en la duda y la incertidumbre! ¡No les des ninguna causa para temer! ¡No permitas que sean descuidados! ¡Dales conocimiento, no ignorancia! ¡Dales inteligencia! ¡No les permitas ser esclavos de sus deseos egoístas! ¡Acércalos a la Esencia de la Divinidad! ¡No los alejes de Tu puerta! ¡Adorna sus lenguas con Tu Corán! ¡No les permitas olvidar Tu Esencia! ¡Hazlos pacientes y firmes! ¡Mi Señor, haz modesta a mi Comunidad! ¡Ponlos a salvo de los peligros del alma y de las tentaciones de este mundo y del Más Allá!”
El Señor Glorificado y Exaltado le dijo después a nuestro Maestro: “Oh Ahmad, cuidarse de la duda es el comienzo y el fin de nuestra religión. La adoración tiene diez partes: comer alimentos legales cuenta por nueve de esas partes y el silencio es la otra. Desarrollo los corazones de aquellos que observan el silencio, mientras que hago naufragar los corazones de aquellos que hablan demasiado. ¿Conoces la recompensa que le corresponde a un siervo Mío si ayuna y se mantiene en silencio para complacerme?”
Nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, no la conozco”. Entonces el Exaltado explicó:
“La recompensa por ayunar, mantenerse en silencio y no hablar demasiado es la sabiduría. El legado de la sabiduría es el conocimiento esotérico. El fin del conocimiento esotérico es Mi cercanía. Tengo tres recompensas para cualquiera cuyo comportamiento sea para complacerme y para ganar Mi aprobación divina:
i. Le enseñaré un conocimiento tal que ninguna ignorancia quedará en él.
ii. Le daré una inteligencia tal que ningún olvido quedará en él.
iii. Le daré un afecto tal que no amará a nadie más que a Mí.
“Ese siervo Mío tendrá su corazón tan lleno de Mi amor que no quedará espacio alguno para nadie más. Amo a aquellos que Me aman a Mí. También hago que amen a Mis siervos. Los hago reyes del corazón.
“En el corazón de ese siervo Mío, abriré una puerta a través de la cual contemplará Mi Belleza y oirá Mi discurso. Le enseñaré a ese siervo tales secretos Míos como nadie más conoce. Vestiré a ese siervo con la túnica de la modestia. Toda la gente lo tratará con deferencia. Haré del corazón de ese siervo una tesorería de conocimiento esotérico. Le revelaré los misterios del Paraíso y del Infierno. No habrá juicio para él en el Día de la Resurrección. No haré que Munkar y Nakîr lo interroguen en la tumba. No le pediré a nadie que haga de intérprete entre ese siervo y Yo. Él comentará todo Conmigo. Cruzará el Puente como un rayo. No dejaré que ese siervo vea el Infierno. Por ese siervo, embelleceré Mi Paraíso. Pondré a ese siervo Mío en Mi Paraíso, junto con los Profetas y los mártires.
“Que todos mis siervos se refrenen de amar a Mis enemigos, si desean obtener este regalo y entrar al Paraíso sin interrogación y juicio. Que no se sienten en la compañía de mis enemigos. Que esperen su hora señalada, adorándome y obedeciéndome y dándome su amor. Que Me adoren hasta que mueran. A esos siervos Míos que actúan así, les sacaré el alma tan fácil y suavemente como cuando uno saca un pelo de la manteca. Cuando uno de ellos muera, enviaré ángeles para buscarlo; esos ángeles le darán a ese siervo Mío el agua de Kawthar y el vino del Paraíso. No le permitirán a Satán que se acerque. Habiendo bebido el vino del Paraíso, no sentirá los dolores de la muerte. Pondrán su alma en el lado derecho del Trono.
Cuando le pregunten a ese siervo Mío:
‘¿Cómo abandonaste el mundo? ¿Cómo sucedió?’ él dirá:
‘No sé cómo sucedió. Me dieron un cuenco de vino del Paraíso y no sentí el dolor de la muerte. Sin embargo, he temido a Allah desde que Él me creó. No tuve amor alguno por el mundo inferior. Nunca me senté en la compañía de los enemigos de Allah. Me debe haber concedido este favor porque siempre disfruté de Su aprobación. Me evitó sentir la agonía de la muerte’ ”.
Luego el Exaltado dirá: “Lo que dice Mi siervo es verdad. Su cuerpo estaba en la tierra, pero su corazón estaba Conmigo”. Dirigiéndose a Su siervo, dirá: “Mi siervo especial, pídeme lo que desees, para que te lo pueda conceder”. Esa persona dirá: “Mi Señor, incluso si me rompieran en pedacitos setenta veces por día, me alegraría complacerte”.
Dios mío, sin Tu gracia, pereceremos. No tenemos escapatoria de la pena. Si Tú no nos ayudas, ¿quién nos proporcionará asistencia? Somos débiles a menos que Tú nos des fuerzas. A menos que Tú nos revivas con Tu recuerdo, estamos muertos.
Dijo el Mensajero más noble: “¿Mi Señor, cómo puedo ganar Tu noble aprobación?”
El Exaltado respondió: “Mi bienamado, entre tú y Yo no hay ningún velo corrido. Ven a Mí cuando lo desees. Oh Muhammad, ¿sabes por qué te creé superior a todos los demás Profetas?”
Cuando el Mensajero dijo: “Mi Señor, no lo sé”, el Señor dijo: “Tu persona es muy hermosa para Mí. Tu bello carácter, tu generosidad, tu humildad y tu compasión por mis siervos son la razón de que te ame más que a los otros Profetas. Debido a esas cualidades tuyas, te he hecho superior a todos ellos”.
“Mi bienamado, déjame hablarte sobre la alegría de la fe, después se lo dirás a Mis siervos. Que ayunen y se refrenen de hablar mucho. Que prefieran el silencio. Que sus corazones sean sólo uno. Que Me teman a Mí y te amen a ti. Si se comportan así, descubrirán la alegría de la fe. Si actúan de esa manera, estarán a salvo de Mi tormento”. Nuestro Maestro relata que el Glorioso Señor dijo: “Si a un siervo Mío lo ataca el amor por Mí y él soporta esa aflicción pacientemente, su recompensa es el Paraíso. Si un siervo anhela encontrarse Conmigo, Yo también anhelo encontrarme con ese siervo. Si un siervo no desea encontrarse Conmigo, Yo no tengo ningún deseo de encontrarme con ese siervo”.
Nuestro Maestro también relata que Allah dijo: “Cuando llegue el Día de la Resurrección, discreparé con tres clases de personas:
i. Aquellas que le hacen el bien a alguien para complacerme, pero luego le hacen un mal al burlarse de esa persona por el favor hecho.
ii: Aquellas que venden un esclavo emancipado y consumen el precio, o que esclavizan a hombres libres.
iii. Aquellos que no le pagan a la gente lo que les corresponde por el trabajo realizado”.
De acuerdo a nuestro Maestro, Allah le dirá a un siervo en el Día de la Resurrección: “Yo me enfermé, pero no viniste a preguntar cómo Me encontraba”. Ese siervo responderá: “Mi Señor, Tú eres el Señor de Todos los Mundos. ¿Cómo podrías enfermarte?” Pero el Señor dirá: “Tal y tal siervo Mío se enfermó; si lo hubieras visitado, me habrías visitado a Mí, porque haciendo eso me hubieras complacido”.
El Exaltado dijo: “Siervos Míos, sin mi guía, quedaríais todos en el error. Yo soy el Proveedor. Soy Yo quién os alimenta. Pedid Mi guía y provisión, para que Yo os las dé. Os he creado de la arcilla. Pedidme vestimentas y os vestiré.
“Siervos Míos, pecáis y Me desobedecéis noche y día. Arrepentíos ante Mí para que pueda perdonaros. Pedidme el perdón para que pueda perdonaros. Sed obedientes Conmigo, todos vosotros, el primero y el último, hombres y jinn. En Mi Reino no hay nada superfluo. Si sois obedientes, nada os faltará de Mi Reino. Para Mis siervos devotos y honestos, he creado dádivas en el Paraíso, tales como ningún ojo vio jamás y ningún oído oyó jamás. La mente humana no puede concebirlas. Estas dádivas sólo se pueden comprender cuando se ven y se prueban. Sólo entonces se las apreciará”.
Nuestro Maestro dice: “Esa noche, le rogué a mi Señor por mi Comunidad setecientas veces y el Señor me dio mi Comunidad. Le prometió el Paraíso y su belleza a mi Comunidad. Esa noche, mi Comunidad obtuvo la gracia y el perdón divino”.
Nuestro Maestro dice: “Cuando por decreto divino regresé a la casa del venerable Umm Hâni, mi cama aún estaba caliente. Se había creado tiempo dentro del tiempo y espacio dentro del espacio. Así me mostró mi Señor Su favor hacia mi Comunidad esa noche.
“En el Paraíso vi un pabellón hecho de rojo rubí. ‘Mi Señor, dije: ¿A qué Profeta le pertenece ese pabellón?’ y Él dijo: ‘Ese pabellón no le pertenece a ningún Profeta. Si un miembro de tu Comunidad toma a un ciego del brazo y lo guía unos pocos pasos, Yo le daré ese pabellón’ ”.
Cuando nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco, veía a su Señor dondequiera que miraba. Su Señor estaba más allá de todas las direcciones; así es como ocurrió la manifestación. No había velo, porque el velo había sido removido. Cuando nuestro Maestro alcanzó esta estación, no quería dejarla. Porque había olvidado la existencia del yo y de las criaturas, habiendo desaparecido todas las barreras de la asociación, deseaba permanecer en esa estación y adorar allí al Señor Irresistible en ese estado.
En otras palabras, cuando contempló la belleza de Allah, se intoxicó y se asombró de tal manera que se olvidó del mundo y de todo lo que contenía, deseando permanecer en esa estación para siempre, en ferviente servicio.
Pero el Exaltado dijo:
“Mi Mensajero, tú eres Mi heraldo y Mi amonestador, te he enviado al mundo como un Mensajero. Estás allí para invitar a la gente hacia Mí. Les di las buenas nuevas sobre ti a Adán, a Moisés, a Jesús y a todos los otros Profetas y Mensajeros. Toda la humanidad espera tu llegada, tu llamado, esta gracia Mía que tú has visto en tu Ascensión, y Mis buenas nuevas de absolución y perdón. Esta estación es verdaderamente muy exaltada. Nunca me pareció adecuado traer a esta estación a ningún otro Profeta o Mensajero Mío, ni a ninguno de los ángeles, ni siquiera a los que se encuentran cerca del Trono. Solamente tú has sido considerado digno de este afecto y generosidad Míos. Si te quedas aquí, en esta estación, serás incapaz de transmitir el mensaje y convocar a la gente hacia Mí. Esta estación es tu estación de la Cercanía a Mí. Para poder convocar a la gente hacia Mí, debes retornar ahora a tu estación de Misión. Regresa al mundo. Dondequiera que te encuentres para orarme a Mí, Yo haré que atestigües esta estación de aquí; te concederé el estado de felicidad que has probado aquí. Me verás incluso completamente. Removeré el velo para ti”.
“Dondequiera que os volváis, allí encontraréis la faz de Allah. “
2:114
Esa noche, a nuestro Maestro se le presentó todo el Paraíso; se exhibieron sus huríes y pabellones. Se le mostró todo al Más Noble Profeta: el Infierno y sus tormentos, este mundo y el Próximo, todo lo que existe en cada región, las cosas mencionadas en el Sagrado Corán, todo lo que ha sido y será. A nuestro Maestro, ese bienamado del Señor, se le reveló sin intermediario el final de Sûrat al Baqara.
El Exaltado le dijo a Su refinado Bienamado: “Oh Ahmad, Mi Mensajero, no instalaré en el Paraíso a Mis otros Profetas hasta que no hayas entrado tú. Hasta ese momento, estará vedado a todos los Profetas y Enviados, así como a todas las demás comunidades antes de que haya entrado tu Comunidad. . . Es decir, tú y tu Comunidad entrarán en Mi Paraíso primero, luego entrarán los otros mensajeros y sus comunidades”.
El bienamado del Señor, el intercesor del Día del Juicio, nuestro Maestro, el Sello de los Profetas, experimentó más de cien Ascensiones en espíritu y una Ascensión en cuerpo y espíritu juntos, cuando fue transportado desde la Ka’aba a Jerusalén y de allí a los cielos. Le mostraron absolutamente todo lo que sucedió en la tierra alguna vez y todo lo que sucederá; todo lo que ha sucedido en la tumba y todo lo que sucederá allí; todo lo que ocurrirá en la Resurrección, el Juicio, la Balanza, el Puente, el Infierno y el Paraíso; las profundidades del Infierno y los grados del Paraíso en las alturas, las huríes, los asistentes y los pajes, los ángeles del Paraíso, los diversos tormentos que ocurrirán en el Infierno y la severidad de sus guardianes. . .
En el curso de su Ascensión, se le mostró a nuestro Maestro la misericordia, la clemencia y la generosidad del Señor Exaltado hacia la Comunidad de Muhammad (La paz sea con él), Su bondad, gracia y espléndida belleza. Se le mostró lo mojado y lo seco, y todo lo que sucederá. En su Ascensión, se le mostró el significado del Corán mientras se lo revelaban. En su Ascensión, se le dio a nuestro Maestro experiencia espiritual directa; se le concedió el Conocimiento de la Certeza, la Esencia de la Certeza de la Verdad y la Verdad de la Certeza; los misterios del pecado, antiguos y modernos, esotéricos y exotéricos, todos le fueron revelados.
Todo lo que yace detrás del velo, todos las relaciones entre el hombre y Dios, entre criatura y Creador, alcanzaron la compleción. Para la Comunidad de Muhammad, las oraciones de cinco partes también se convirtieron en una Ascensión. El misterio de la Ascensión puede revelarse dentro del creyente que realiza la oración, a través de diversas manifestaciones de acuerdo a su constitución y capacidad.
La Ascensión común a todos los Profetas es el Conocimiento de la Certeza; es decir, la certeza a través de la audición.
En cuanto a la Ascensión de nuestro Maestro, el noble Señor de la Ascensión, combina el Conocimiento de la Certeza, la Esencia de la Certeza y la Verdad de la Certeza. En otras palabras, la Ascensión de nuestro Maestro no se detuvo en la etapa de la audición, ni siquiera en la Ascensión con sus ojos benditos, porque logró la Ascensión de la experiencia directa involucrando cuerpo y corazón, alma y espíritu, ojos y oídos interiores y exteriores, sabor externo y sabor espiritual.
Los creyentes que logran el regalo de realizar la oración no se contentan sólo con la audición. Si se detienen en el Conocimiento de la Certeza, significa que son herederos de la Ascensión de los otros Profetas. En cuanto a esos amantes que son herederos de la Ascensión de nuestro Maestro, el bienamado del Señor, en su Oración-de-Ascensión, logran diversas manifestaciones divinas conforme a sus respectivas capacidades, alcanzando las dádivas interiores y exteriores que nuestro Maestro oyó, vio, saboreó y experimentó en su corazón, con su cuerpo, en alma o en espíritu. . . Las manifestaciones no son limitadas o finitas.
¡Allah, haznos herederos de esta Ascensión de Tu Mensajero! Déjanos saborear la experiencia de los Profetas y los santos de Allah. Para cada creyente que realiza una Ascensión, es decir que realiza la oración, ocurren manifestaciones separadas. Algunos creyentes hacen su Ascensión a las paredes de la Mezquita, algunos a la Ka’aba, algunos a la Casa Próspera, algunos al Trono, algunos al Escabel y algunos hacia Dios.
El Exaltado se manifiesta a Sí Mismo ante ellos sin dirección, voz, palabra o sonido. Conversa con ellos sin voz, silenciosamente sin dirección o palabra. Allah se acerca tanto a esos individuos, que los ojos con los que ven, las manos con las que sostienen, las lenguas con las que hablan y los pies con los que caminan, llegan a estar junto con Dios.
Así como hay una referencia explícita en un Verso Coránico del viaje de nuestro Maestro desde la Meca a Jerusalén, en cuerpo y espíritu juntos, su Ascensión al cielo desde Jerusalén confirmada por Sûrat al-Najm del Corán, es la prueba de ello.
Nuestro Maestro, el Mensajero no hizo la Ascensión él mismo. Fue un favor que le concedió el Señor Todo Glorioso. Allah es capaz de todas las cosas.
El mayor regalo y el más generoso favor de Allah para nosotros es Muhammad Mustafâ. Alabado sea Allah, nos hemos convertido en su comunidad, hemos obtenido la felicidad eterna. Mi Señor, no nos prives de esta felicidad. Amén, en honor al Jefe de los Mensajeros y la alabanza es para Allah, Señor de Todos los Mundos. . .
¡Oh Allah! ¡Oh Todo Generoso! ¡Oh Todo Compasivo!. . . ¡Dios mío, remueve de nuestros corazones las preocupaciones de este mundo! ¡Corónanos con tu amor y afecto! ¡Permítenos viajar por el camino que conduce a Ti, Oh mi Señor! ¡Alegra nuestros corazones tristes, sálvanos a todos del fuego y acrecienta nuestro amor y afecto por Ti y tu bienamado, Oh mi Señor!
Oh mi Señor, permite que la Noche de la Ascensión sea afortunada y bendita para todos nosotros, uniendo nuestras oraciones a aquellas aceptadas en el Sitio de Descanso.
En honor al Jefe de los Mensajeros. . . y en honor de Tâhâ y Yâsin y la gente de Yâsin; y alabado sea Allah, Señor de todos los Mundos.
Esta Oración es el pilar de nuestra religión; esta Oración es la luz del ojo de nuestro Maestro; esta Oración es la forma de adoración que más complace a Allah. ¡Amante verdadero, si reconoces a Allah, si amas al Mensajero y crees en Él, lleva a cabo entonces esta Oración y entra al Paraíso! . . .
Nuestro Maestro dice: “Se exhibió el Infierno ante mí. Vi que la mayoría de sus habitantes eran mujeres, gente rica y gente sin adoración. Cuando le pregunté al venerable Gabriel la razón de eso, explico:
“Las mujeres están allí porque desobedecieron a sus esposos y no fueron agradecidas con los beneficios que ellos les proporcionaron. La gente rica está allí por no agradecer sus bienes y no haber pagado la limosna debida o no haber dado para caridad, mientras que aquellos deficientes en la adoración merecen estar en el Infierno porque en vez de servir a Dios pecaron en contra Suyo”.
Nuestro Maestro continúa: “Durante mi Ascensión, vi un domo de luz. Cuatro ríos salían de ese domo. Uno de esos ríos era de agua, uno de miel, uno de vino y el otro de leche. Esos cuatro ríos fluían, burbujeando, de ese domo de luz. Gabriel me dijo: ‘¿Oh mensajero de Allah, no te gustaría ver la fuente de esos ríos?’. Cuando dije: ‘Sí’, el domo se abrió. Inscrita en su interior se encontraba la frase:
Bismillâhi’r-rahmâni’r-rahîm
En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo.
“El Río de Agua fluía de la letra Arábiga “M” en la palabra bismi-llâh; el Río de Miel de la letra “H”; el Río de Leche del agujero en el medio de la letra Arábiga “M” en rahmân, y el Río de Vino del agujero en el centro de la “M” en rahîm. Cuando dije: ‘¿Quién beberá de esos ríos, Gabriel?’, la respuesta llegó del Señor Exaltado, ‘Oh Muhammad, si cualquier miembro de tu Comunidad Me menciona por Mis nombres y dice: Bismillâhi’r-rahmâni’r-rahîm con sincera intención, entonces, en el Día de la Resurrección, le permitiré a ese siervo mío beber de esos ríos mientras todos los demás quedan sedientos. Oh Muhammad, si cualquier miembro de tu Comunidad hace una ablución y dice: “No hay dios sino Allah”, por el bien de Mi Majestad, le daré a ese siervo mío un Paraíso tan grande como este mundo’ ”.
Nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco. Allí vio un enorme arcón hecho de luz, en el cual había un cierre hecho también de luz. Nuestro Maestro dijo: “¿Mi Señor, qué contiene ese arcón hecho de luz? Me gustaría ver. ¿Dónde está la llave?” El Señor de la Gloria, dijo:
“Oh Mi Mensajero, la llave se encuentra en ti. Se abre con ‘No hay más dios que Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah’ ”.
Entonces nuestro Maestro hizo esta afirmación de la Unidad Divina y la caja se abrió. Dentro de ella era visible un océano infinito. Dentro del océano había un pájaro, y sobre la garra del pájaro había un pedazo de barro. En respuesta a la pregunta: “¿Mi Señor, qué representan esas cosas?”
El Señor dijo:
“Mi bienamado, ese mar infinito es Mi Misericordia; ese pájaro es tu Comunidad; el barro en la garra del pájaro representa los pecados cometidos por tu Comunidad. Comparados con Mi Misericordia, sus pecados no son más grandes que el barro en la garra de ese pájaro. Has visto el océano de Mi Misericordia y has visto también los pecados de tu Comunidad. Cuando se los compara con el océano de Mi Misericordia, sus pecados no son más grandes que un átomo. Así como un pedacito de barro desaparecerá si cae en el mar, sus ofensas son como nada comparadas con Mi Misericordia. Yo soy el Más Misericordioso de los Misericordiosos; Soy Todo Clemente; Todo Generoso”.
De acuerdo al Imán Alî, el Mensajero bendito dijo: “En la Noche de mi Ascensión, le pregunté a Allah: ‘¿Qué acción te es más querida?’ El Señor de la Majestad respondió: ‘Oh Ahmad, la más meritoria de todas las acciones y la más querida a mi vista es la de confiarme todo a mí. Oh Ahmad, ninguna acción es superior a la de estar contento con lo que Yo he dado. Amo a los que están contentos Conmigo. Amo a los que por Mi se aman entre sí, y amo a los que llevan a la gente hacia Mí’. Yo dije: ‘Mi Señor, enséñame una acción por medio de la cual me pueda acercar a Ti’. El Exaltado dijo: ‘Pasa tus noches en adoración y tus días en ayuno; adórame en lugares solitarios. Admitiré en el Paraíso a cualquier siervo Mío que posea tres cualidades. El Paraíso le pertenecerá al siervo Mío que Me recuerda con su lengua, no Me olvida en su corazón y consume alimento halal de origen legitimo de acuerdo al canon musulmán. Amar a los que me aman es lo mismo que amarme a Mí. Aquellos que Me aman están contentos. Soportan la aflicción con paciencia y están agradecidos por Mi magnanimidad. No mienten, mantienen sus compromisos y cumplen sus promesas. No Me desobedecen. Perder un beneficio no los pone tristes, ni los hace indebidamente felices la obtención de un beneficio. Dependen de Mí en toda circunstancia. ¡O Ahmad, permanece cerca del pobre y mantente a distancia de los tiranos! ¡Que tu Afecto sea por el Más Allá!’
“Cuando pregunté: ‘¿Quiénes son los tiranos, Mi Señor?’ Él respondió:
“ ‘Son aquellos que duermen mucho y está frecuentemente enojados; son aquellos que no se contentan con poco; son aquellos que no se disculpan cuando dañan a alguien; son aquellos que no reconocen la verdad ni reconocen los derechos de los demás; son aquellos que niegan su perdón cuando se lo piden; son aquellos que son perezosos cuando llega el momento de la adoración, pero llenos de vigor cuando se trata del pecado; son aquellos demasiado ambiciosos como para recordar que sólo son mortales; son aquellos que no tratan bien a la gente; son aquellos que no muestran ningún respeto por sus ancianos y sus superiores y no tienen ninguna compasión con sus menores. Oh Mi bienamado Ahmad, los siervos que amo son aquellos que tienen rostros sonrientes, que son modestos y en quienes el bien sobrepasa de lejos al mal. Cumplen con su palabra y sus corazones están despiertos. Se rinden cuentas a sí mismos, sus ojos están húmedos por el amor a Mí, y sus lenguas están ocupadas recordándome a Mí. Cuando consumen mis dádivas, me ofrecen su alabanza y agradecimiento. Las oraciones y los ruegos de esos siervos Míos son aceptables a Mi vista. Cuando se levantan para orarme, están parados como fortalezas de acero. No se involucran con nada más que Conmigo. Aun cuando sus manos pueden estar ocupadas con trabajo, sus corazones están siempre Conmigo. Gente semejante sólo come comida legal y se viste de acuerdo a la ley. Cuidan su honor y virtud de todo lo que está prohibido. Por el bien de Mi Majestad y Gloria, a ese grupo le daré la vida eterna’.
“‘Cuando les llegue su hora, tomaré sus almas para Mí. No les enviaré a Azrâ’il para tomarlas. No permitiré que nadie más que Yo tome sus almas. Abriré la puerta del corazón a sus espíritus preciosos y queridos. Entrarán en Mi Paraíso, en donde Mis huríes, asistentes y pajes los saludarán con los frutos y las vestimentas del Paraíso.
“‘Los haré fragantes con dulces perfumes de Mi Trono. Entre esos siervos y Yo, no hay ningún velo corrido. O Ahmad, así es como trataré a Mis siervos bienamados en la Resurrección: cuando todas Mis criaturas se levanten de la tumba y vayan al Sitio de la Resurrección, discutiendo, arreglando cuentas y arrastrándose por el piso, Mis siervos bienamados y obedientes estarán a salvo de todo temor debajo del Trono. Les daré todas las llaves del Paraíso. Podrán entrar al Paraíso por cualquier puerta que elijan. No se los privará de Mi Belleza ni por un instante. Para ellos abriré cuatro puertas del Paraíso. A través de una de ellas, Mis dádivas les llegarán de noche y de día. A través de la segunda, me contemplarán a Mí. Tendrán una visión clara e irrestricta de Mi Belleza. A través de la tercera, verán el Infierno, atestiguando la condición de los tiranos que los dañaron en el mundo. A través de la cuarta puerta, vendrán las huríes para honrarlos’.
“Yo dije: ‘¿Mi Señor, quienes son esos siervos Tuyos?’ El Señor respondió: ‘Son los siervos Míos que no adoran debido a su anhelo por el Paraíso, ni por el temor a Mi Infierno. Esos siervos Míos me adoran solamente por Mi bien y para complacerme. Para complacerme, se negaron a seguir a su naturaleza inferior. Es a esos siervos Míos a quienes concederé estas dádivas’ ”.
Nuestro Maestro, la Gloria de Adán y el Orgullo del Universo, hizo esta súplica al Más Misericordioso de los Misericordiosos en nombre de su Comunidad: “¡Dios mío, perdona a mi Comunidad! ¡Míralos con misericordia! ¡Concédeles la fe perfecta! ¡No dejes que de la fe caigan en la duda y la incertidumbre! ¡No les des ninguna causa para temer! ¡No permitas que sean descuidados! ¡Dales conocimiento, no ignorancia! ¡Dales inteligencia! ¡No les permitas ser esclavos de sus deseos egoístas! ¡Acércalos a la Esencia de la Divinidad! ¡No los alejes de Tu puerta! ¡Adorna sus lenguas con Tu Corán! ¡No les permitas olvidar Tu Esencia! ¡Hazlos pacientes y firmes! ¡Mi Señor, haz modesta a mi Comunidad! ¡Ponlos a salvo de los peligros del alma y de las tentaciones de este mundo y del Más Allá!”
El Señor Glorificado y Exaltado le dijo después a nuestro Maestro: “Oh Ahmad, cuidarse de la duda es el comienzo y el fin de nuestra religión. La adoración tiene diez partes: comer alimentos legales cuenta por nueve de esas partes y el silencio es la otra. Desarrollo los corazones de aquellos que observan el silencio, mientras que hago naufragar los corazones de aquellos que hablan demasiado. ¿Conoces la recompensa que le corresponde a un siervo Mío si ayuna y se mantiene en silencio para complacerme?”
Nuestro Maestro dijo: “Mi Señor, no la conozco”. Entonces el Exaltado explicó:
“La recompensa por ayunar, mantenerse en silencio y no hablar demasiado es la sabiduría. El legado de la sabiduría es el conocimiento esotérico. El fin del conocimiento esotérico es Mi cercanía. Tengo tres recompensas para cualquiera cuyo comportamiento sea para complacerme y para ganar Mi aprobación divina:
i. Le enseñaré un conocimiento tal que ninguna ignorancia quedará en él.
ii. Le daré una inteligencia tal que ningún olvido quedará en él.
iii. Le daré un afecto tal que no amará a nadie más que a Mí.
“Ese siervo Mío tendrá su corazón tan lleno de Mi amor que no quedará espacio alguno para nadie más. Amo a aquellos que Me aman a Mí. También hago que amen a Mis siervos. Los hago reyes del corazón.
“En el corazón de ese siervo Mío, abriré una puerta a través de la cual contemplará Mi Belleza y oirá Mi discurso. Le enseñaré a ese siervo tales secretos Míos como nadie más conoce. Vestiré a ese siervo con la túnica de la modestia. Toda la gente lo tratará con deferencia. Haré del corazón de ese siervo una tesorería de conocimiento esotérico. Le revelaré los misterios del Paraíso y del Infierno. No habrá juicio para él en el Día de la Resurrección. No haré que Munkar y Nakîr lo interroguen en la tumba. No le pediré a nadie que haga de intérprete entre ese siervo y Yo. Él comentará todo Conmigo. Cruzará el Puente como un rayo. No dejaré que ese siervo vea el Infierno. Por ese siervo, embelleceré Mi Paraíso. Pondré a ese siervo Mío en Mi Paraíso, junto con los Profetas y los mártires.
“Que todos mis siervos se refrenen de amar a Mis enemigos, si desean obtener este regalo y entrar al Paraíso sin interrogación y juicio. Que no se sienten en la compañía de mis enemigos. Que esperen su hora señalada, adorándome y obedeciéndome y dándome su amor. Que Me adoren hasta que mueran. A esos siervos Míos que actúan así, les sacaré el alma tan fácil y suavemente como cuando uno saca un pelo de la manteca. Cuando uno de ellos muera, enviaré ángeles para buscarlo; esos ángeles le darán a ese siervo Mío el agua de Kawthar y el vino del Paraíso. No le permitirán a Satán que se acerque. Habiendo bebido el vino del Paraíso, no sentirá los dolores de la muerte. Pondrán su alma en el lado derecho del Trono.
Cuando le pregunten a ese siervo Mío:
‘¿Cómo abandonaste el mundo? ¿Cómo sucedió?’ él dirá:
‘No sé cómo sucedió. Me dieron un cuenco de vino del Paraíso y no sentí el dolor de la muerte. Sin embargo, he temido a Allah desde que Él me creó. No tuve amor alguno por el mundo inferior. Nunca me senté en la compañía de los enemigos de Allah. Me debe haber concedido este favor porque siempre disfruté de Su aprobación. Me evitó sentir la agonía de la muerte’ ”.
Luego el Exaltado dirá: “Lo que dice Mi siervo es verdad. Su cuerpo estaba en la tierra, pero su corazón estaba Conmigo”. Dirigiéndose a Su siervo, dirá: “Mi siervo especial, pídeme lo que desees, para que te lo pueda conceder”. Esa persona dirá: “Mi Señor, incluso si me rompieran en pedacitos setenta veces por día, me alegraría complacerte”.
Dios mío, sin Tu gracia, pereceremos. No tenemos escapatoria de la pena. Si Tú no nos ayudas, ¿quién nos proporcionará asistencia? Somos débiles a menos que Tú nos des fuerzas. A menos que Tú nos revivas con Tu recuerdo, estamos muertos.
Dijo el Mensajero más noble: “¿Mi Señor, cómo puedo ganar Tu noble aprobación?”
El Exaltado respondió: “Mi bienamado, entre tú y Yo no hay ningún velo corrido. Ven a Mí cuando lo desees. Oh Muhammad, ¿sabes por qué te creé superior a todos los demás Profetas?”
Cuando el Mensajero dijo: “Mi Señor, no lo sé”, el Señor dijo: “Tu persona es muy hermosa para Mí. Tu bello carácter, tu generosidad, tu humildad y tu compasión por mis siervos son la razón de que te ame más que a los otros Profetas. Debido a esas cualidades tuyas, te he hecho superior a todos ellos”.
“Mi bienamado, déjame hablarte sobre la alegría de la fe, después se lo dirás a Mis siervos. Que ayunen y se refrenen de hablar mucho. Que prefieran el silencio. Que sus corazones sean sólo uno. Que Me teman a Mí y te amen a ti. Si se comportan así, descubrirán la alegría de la fe. Si actúan de esa manera, estarán a salvo de Mi tormento”. Nuestro Maestro relata que el Glorioso Señor dijo: “Si a un siervo Mío lo ataca el amor por Mí y él soporta esa aflicción pacientemente, su recompensa es el Paraíso. Si un siervo anhela encontrarse Conmigo, Yo también anhelo encontrarme con ese siervo. Si un siervo no desea encontrarse Conmigo, Yo no tengo ningún deseo de encontrarme con ese siervo”.
Nuestro Maestro también relata que Allah dijo: “Cuando llegue el Día de la Resurrección, discreparé con tres clases de personas:
i. Aquellas que le hacen el bien a alguien para complacerme, pero luego le hacen un mal al burlarse de esa persona por el favor hecho.
ii: Aquellas que venden un esclavo emancipado y consumen el precio, o que esclavizan a hombres libres.
iii. Aquellos que no le pagan a la gente lo que les corresponde por el trabajo realizado”.
De acuerdo a nuestro Maestro, Allah le dirá a un siervo en el Día de la Resurrección: “Yo me enfermé, pero no viniste a preguntar cómo Me encontraba”. Ese siervo responderá: “Mi Señor, Tú eres el Señor de Todos los Mundos. ¿Cómo podrías enfermarte?” Pero el Señor dirá: “Tal y tal siervo Mío se enfermó; si lo hubieras visitado, me habrías visitado a Mí, porque haciendo eso me hubieras complacido”.
El Exaltado dijo: “Siervos Míos, sin mi guía, quedaríais todos en el error. Yo soy el Proveedor. Soy Yo quién os alimenta. Pedid Mi guía y provisión, para que Yo os las dé. Os he creado de la arcilla. Pedidme vestimentas y os vestiré.
“Siervos Míos, pecáis y Me desobedecéis noche y día. Arrepentíos ante Mí para que pueda perdonaros. Pedidme el perdón para que pueda perdonaros. Sed obedientes Conmigo, todos vosotros, el primero y el último, hombres y jinn. En Mi Reino no hay nada superfluo. Si sois obedientes, nada os faltará de Mi Reino. Para Mis siervos devotos y honestos, he creado dádivas en el Paraíso, tales como ningún ojo vio jamás y ningún oído oyó jamás. La mente humana no puede concebirlas. Estas dádivas sólo se pueden comprender cuando se ven y se prueban. Sólo entonces se las apreciará”.
Nuestro Maestro dice: “Esa noche, le rogué a mi Señor por mi Comunidad setecientas veces y el Señor me dio mi Comunidad. Le prometió el Paraíso y su belleza a mi Comunidad. Esa noche, mi Comunidad obtuvo la gracia y el perdón divino”.
Nuestro Maestro dice: “Cuando por decreto divino regresé a la casa del venerable Umm Hâni, mi cama aún estaba caliente. Se había creado tiempo dentro del tiempo y espacio dentro del espacio. Así me mostró mi Señor Su favor hacia mi Comunidad esa noche.
“En el Paraíso vi un pabellón hecho de rojo rubí. ‘Mi Señor, dije: ¿A qué Profeta le pertenece ese pabellón?’ y Él dijo: ‘Ese pabellón no le pertenece a ningún Profeta. Si un miembro de tu Comunidad toma a un ciego del brazo y lo guía unos pocos pasos, Yo le daré ese pabellón’ ”.
Cuando nuestro Maestro llegó a los Dos Largos de Arco, veía a su Señor dondequiera que miraba. Su Señor estaba más allá de todas las direcciones; así es como ocurrió la manifestación. No había velo, porque el velo había sido removido. Cuando nuestro Maestro alcanzó esta estación, no quería dejarla. Porque había olvidado la existencia del yo y de las criaturas, habiendo desaparecido todas las barreras de la asociación, deseaba permanecer en esa estación y adorar allí al Señor Irresistible en ese estado.
En otras palabras, cuando contempló la belleza de Allah, se intoxicó y se asombró de tal manera que se olvidó del mundo y de todo lo que contenía, deseando permanecer en esa estación para siempre, en ferviente servicio.
Pero el Exaltado dijo:
“Mi Mensajero, tú eres Mi heraldo y Mi amonestador, te he enviado al mundo como un Mensajero. Estás allí para invitar a la gente hacia Mí. Les di las buenas nuevas sobre ti a Adán, a Moisés, a Jesús y a todos los otros Profetas y Mensajeros. Toda la humanidad espera tu llegada, tu llamado, esta gracia Mía que tú has visto en tu Ascensión, y Mis buenas nuevas de absolución y perdón. Esta estación es verdaderamente muy exaltada. Nunca me pareció adecuado traer a esta estación a ningún otro Profeta o Mensajero Mío, ni a ninguno de los ángeles, ni siquiera a los que se encuentran cerca del Trono. Solamente tú has sido considerado digno de este afecto y generosidad Míos. Si te quedas aquí, en esta estación, serás incapaz de transmitir el mensaje y convocar a la gente hacia Mí. Esta estación es tu estación de la Cercanía a Mí. Para poder convocar a la gente hacia Mí, debes retornar ahora a tu estación de Misión. Regresa al mundo. Dondequiera que te encuentres para orarme a Mí, Yo haré que atestigües esta estación de aquí; te concederé el estado de felicidad que has probado aquí. Me verás incluso completamente. Removeré el velo para ti”.
“Dondequiera que os volváis, allí encontraréis la faz de Allah. “
2:114
Esa noche, a nuestro Maestro se le presentó todo el Paraíso; se exhibieron sus huríes y pabellones. Se le mostró todo al Más Noble Profeta: el Infierno y sus tormentos, este mundo y el Próximo, todo lo que existe en cada región, las cosas mencionadas en el Sagrado Corán, todo lo que ha sido y será. A nuestro Maestro, ese bienamado del Señor, se le reveló sin intermediario el final de Sûrat al Baqara.
El Exaltado le dijo a Su refinado Bienamado: “Oh Ahmad, Mi Mensajero, no instalaré en el Paraíso a Mis otros Profetas hasta que no hayas entrado tú. Hasta ese momento, estará vedado a todos los Profetas y Enviados, así como a todas las demás comunidades antes de que haya entrado tu Comunidad. . . Es decir, tú y tu Comunidad entrarán en Mi Paraíso primero, luego entrarán los otros mensajeros y sus comunidades”.
El bienamado del Señor, el intercesor del Día del Juicio, nuestro Maestro, el Sello de los Profetas, experimentó más de cien Ascensiones en espíritu y una Ascensión en cuerpo y espíritu juntos, cuando fue transportado desde la Ka’aba a Jerusalén y de allí a los cielos. Le mostraron absolutamente todo lo que sucedió en la tierra alguna vez y todo lo que sucederá; todo lo que ha sucedido en la tumba y todo lo que sucederá allí; todo lo que ocurrirá en la Resurrección, el Juicio, la Balanza, el Puente, el Infierno y el Paraíso; las profundidades del Infierno y los grados del Paraíso en las alturas, las huríes, los asistentes y los pajes, los ángeles del Paraíso, los diversos tormentos que ocurrirán en el Infierno y la severidad de sus guardianes. . .
En el curso de su Ascensión, se le mostró a nuestro Maestro la misericordia, la clemencia y la generosidad del Señor Exaltado hacia la Comunidad de Muhammad (La paz sea con él), Su bondad, gracia y espléndida belleza. Se le mostró lo mojado y lo seco, y todo lo que sucederá. En su Ascensión, se le mostró el significado del Corán mientras se lo revelaban. En su Ascensión, se le dio a nuestro Maestro experiencia espiritual directa; se le concedió el Conocimiento de la Certeza, la Esencia de la Certeza de la Verdad y la Verdad de la Certeza; los misterios del pecado, antiguos y modernos, esotéricos y exotéricos, todos le fueron revelados.
Todo lo que yace detrás del velo, todos las relaciones entre el hombre y Dios, entre criatura y Creador, alcanzaron la compleción. Para la Comunidad de Muhammad, las oraciones de cinco partes también se convirtieron en una Ascensión. El misterio de la Ascensión puede revelarse dentro del creyente que realiza la oración, a través de diversas manifestaciones de acuerdo a su constitución y capacidad.
La Ascensión común a todos los Profetas es el Conocimiento de la Certeza; es decir, la certeza a través de la audición.
En cuanto a la Ascensión de nuestro Maestro, el noble Señor de la Ascensión, combina el Conocimiento de la Certeza, la Esencia de la Certeza y la Verdad de la Certeza. En otras palabras, la Ascensión de nuestro Maestro no se detuvo en la etapa de la audición, ni siquiera en la Ascensión con sus ojos benditos, porque logró la Ascensión de la experiencia directa involucrando cuerpo y corazón, alma y espíritu, ojos y oídos interiores y exteriores, sabor externo y sabor espiritual.
Los creyentes que logran el regalo de realizar la oración no se contentan sólo con la audición. Si se detienen en el Conocimiento de la Certeza, significa que son herederos de la Ascensión de los otros Profetas. En cuanto a esos amantes que son herederos de la Ascensión de nuestro Maestro, el bienamado del Señor, en su Oración-de-Ascensión, logran diversas manifestaciones divinas conforme a sus respectivas capacidades, alcanzando las dádivas interiores y exteriores que nuestro Maestro oyó, vio, saboreó y experimentó en su corazón, con su cuerpo, en alma o en espíritu. . . Las manifestaciones no son limitadas o finitas.
¡Allah, haznos herederos de esta Ascensión de Tu Mensajero! Déjanos saborear la experiencia de los Profetas y los santos de Allah. Para cada creyente que realiza una Ascensión, es decir que realiza la oración, ocurren manifestaciones separadas. Algunos creyentes hacen su Ascensión a las paredes de la Mezquita, algunos a la Ka’aba, algunos a la Casa Próspera, algunos al Trono, algunos al Escabel y algunos hacia Dios.
El Exaltado se manifiesta a Sí Mismo ante ellos sin dirección, voz, palabra o sonido. Conversa con ellos sin voz, silenciosamente sin dirección o palabra. Allah se acerca tanto a esos individuos, que los ojos con los que ven, las manos con las que sostienen, las lenguas con las que hablan y los pies con los que caminan, llegan a estar junto con Dios.
Así como hay una referencia explícita en un Verso Coránico del viaje de nuestro Maestro desde la Meca a Jerusalén, en cuerpo y espíritu juntos, su Ascensión al cielo desde Jerusalén confirmada por Sûrat al-Najm del Corán, es la prueba de ello.
Nuestro Maestro, el Mensajero no hizo la Ascensión él mismo. Fue un favor que le concedió el Señor Todo Glorioso. Allah es capaz de todas las cosas.
El mayor regalo y el más generoso favor de Allah para nosotros es Muhammad Mustafâ. Alabado sea Allah, nos hemos convertido en su comunidad, hemos obtenido la felicidad eterna. Mi Señor, no nos prives de esta felicidad. Amén, en honor al Jefe de los Mensajeros y la alabanza es para Allah, Señor de Todos los Mundos. . .
¡Oh Allah! ¡Oh Todo Generoso! ¡Oh Todo Compasivo!. . . ¡Dios mío, remueve de nuestros corazones las preocupaciones de este mundo! ¡Corónanos con tu amor y afecto! ¡Permítenos viajar por el camino que conduce a Ti, Oh mi Señor! ¡Alegra nuestros corazones tristes, sálvanos a todos del fuego y acrecienta nuestro amor y afecto por Ti y tu bienamado, Oh mi Señor!
Oh mi Señor, permite que la Noche de la Ascensión sea afortunada y bendita para todos nosotros, uniendo nuestras oraciones a aquellas aceptadas en el Sitio de Descanso.
En honor al Jefe de los Mensajeros. . . y en honor de Tâhâ y Yâsin y la gente de Yâsin; y alabado sea Allah, Señor de todos los Mundos.
Discurso 21 Traduccion al Castellano: Orden Sufi Yerrahi al Halveti
Asociacion Islamica Yerrahi (Buenos Aires-Argentina)
IRSHAD, de Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti
Asociacion Islamica Yerrahi (Buenos Aires-Argentina)
IRSHAD, de Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti
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