Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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lunes, 13 de octubre de 2025

A dos años del Diluvio de Al Aqsa

 Migración, esencia de la humanidad
CARLOS FAZIO
En medio de una frágil y
tensa calma, este lunes
vencen las 72 horas pre-
vistas en el ultimátum
exterminador de Donald
Trump y Benjamin Netanyahu pa-
ra que los grupos de la resistencia
palestina inicien la entrega de los
cautivos israelíes, vivos o muertos,
lo que daría lugar a la liberación
de prisioneros de la insurgencia en
las cárceles del régimen sionista
y la reanudación de la entrada de
ayuda humanitaria a las zonas
devastadas por los bombardeos de
Tel Aviv.
Elaborado por el principal ase-
sor de Netanyahu, Ron Dermer; el
yerno de Trump, Jared Kushner
–quien oficia como representan-
te del clan familiar inmobiliario
en Medio Oriente–, y el enviado
especial Steve Witkoff (un multi-
millonario y también inversor y
empresario inmobiliario), el plan
de los “20 puntos” presentado
en la Casa Blanca el lunes 6 de
octubre era una orden de rendi-
ción incondicional a la resistencia
palestina, después de que durante
dos años las operaciones militares
asimétricas del régimen de ocupa-
ción y apartheid israelí no habían
logrado varios de sus objetivos
iniciales: liberar a la totalidad de
los cautivos del 7 de octubre de
2023 (muchos fueron devueltos
después de negociaciones, inte-
rrumpidas luego por el rompi-
miento unilateral de la tregua por
Netanyahu, y otros asesinados por
los bombardeos israelíes); salvo en
muy pequeña medida, no se des-
manteló la infraestructura crítica
de la resistencia, en particular, su
vasta red de túneles; no se logró
afectar la capacidad operativa de
los comandos urbanos ni la capaci-
dad de la resistencia para reponer
las bajas en sus filas, y a pesar del
desplazamiento forzado de 900
mil gazatíes, no se logró tampoco
expulsarlos al exterior.
Con Trump como “comunicador
llave” de una guerra sicológica-
propagandística amplificada urbi
et orbi por los medios hegemónicos
occidentales como reproductores
de la voz del amo, la propuesta
no fue para poner fin a la guerra
por hambre genocida en Gaza. El
mensaje fue la rendición total o la
muerte. Fieles a sus prácticas ma-
fiosas, Trump y Netanyau querían
que los palestinos firmaran el acta
de su genocidio. El mensaje fue:
se toma o se deja, por las buenas o
por las malas. La resistencia pales-
tina debía renunciar a su lucha por
la liberación nacional y someterse
a la subyugación de Israel y Esta-
dos Unidos. Lo que introdujo en
un terreno minado a los delegados
de Hamas y la Yihad Islámica, en
representación de otras facciones
de la resistencia, de cara al inicio
de la ronda de “negociaciones” en
Egipto a comienzos de la semana
pasada, como continuación de la
discusión de los borradores de alto
al fuego redactados por Witkoff y
Dermer, formalmente acordados
el 18 de agosto último y aceptados
en 98 por ciento por la resistencia,
pero rotos por el intento de la avia-
ción israelí de asesinarlos el 9 de
septiembre, en Doha, Qatar.
El reto que tenían ante sí los de-
legados de la resistencia era cómo
elaborar una respuesta a Trump
que afirmara el derecho del pueblo
palestino a la autodeterminación
y, al mismo tiempo, persuadiera al
omnipotente mandatario imperial
a obligar a Israel a cesar su guerra
genocida. La respuesta llegó antes
de que expirara el ultimátum. Y
fue una apuesta estratégica; no
fue una aceptación incondicional
de las demandas de Trump, pero
el texto tampoco contenía ningún
párrafo que rechazara explícita-
mente ninguno de sus términos. Su
objetivo era buscar soluciones al
reconocer a Trump, vinculándolo
más estrechamente a una alianza
diplomática con países árabes y
musulmanes, y enviando el men-
saje de que Hamas aceptaba la
“esencia” del plan. Pero también
necesitaba preservar los derechos
palestinos y, lo más importante,
aplazar cualquier respuesta sobre
la mayoría de los términos estable-
cidos en la propuesta. El objetivo
clave era lograr un alto el fuego
inmediato en Gaza y lograr la apro-
bación de Trump para frenar la sed
de sangre de Netanyahu y su gabi-
nete de sádicos talmúdicos, y frus-
trar el proyecto del Gran Israel.
La parte palestina sabía que lo
que Trump más deseaba oír era un
compromiso inequívoco de liberar
a todos los cautivos israelíes restan-
tes y que Hamas renunciara al po-
der en Gaza. En principio, aunque
la entrega de los cautivos era renun-
ciar a su única ventaja, Hamas ya
había ofrecido firmar un acuerdo
de “todos por todos”: los rehenes,
a cambio de los presos palestinos.
También afirmó repetidamente que
cedería el gobierno de Gaza a un
comité “tecnocrático” independien-
te compuesto por palestinos. Pero
planteó que esas liberaciones de-
bían estar sujetas a una hoja de ruta
claramente definida y garantizada
para el fin del genocidio, la retirada
de las fuerzas israelíes de Gaza y
la reanudación del suministro de
alimentos, medicamentos y otros
artículos esenciales. Y dejó sin men-
cionar el asunto del desarme unila-
teral y perpetuo de la insurgencia,
considerada una línea roja cuyo cru-
ce constituiría una renuncia a los
derechos palestinos –reconocidos
por las normas del derecho inter-
nacional– a la resistencia armada
contra la ocupación israelí.
El viernes 10, cuando el alto al
fuego en el territorio entraba en
vigor, en una declaración conjunta,
Hamas, la Yihad Islámica y el Fren-
te Popular para la Liberación de
Palestina reiteraron que cualquier
decisión sobre el futuro gobierno
de Gaza es “un asunto interno
palestino”. Hamas está debilitado,
pero no derrotado: ha conseguido
alcanzar sus objetivos estratégicos
al preservar su unidad y liderazgo
político-militar, y su sistema de
mando y control en Gaza. No se
produjo ninguna escisión en sus
filas ni surgió un grupo sustituto.
Y alcanzó dos logros importantes:
haber devuelto la causa palestina al
centro de la atención mundial y la
liberación de prisioneros. Israel es
un Estado paria y deberá pagar por
sus crímenes de guerra. Y Trump,
cómplice del genocidio, dirigirá hoy,
en Egipto, otra puesta en escena. El
show debe continuar.

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