El concepto occidental de ciencia y la perspectiva coránica
Capítulo del libro 'El Islam Aborda los Asuntos Contemporáneos' (La Fuente 2009)
Pensamiento - 18/09/2011 8:03 - Autor: Ali Ünal - Fuente: La FuenteVota:- Resultado 35 votos | Más... Etiquetas: ciencia, islam, coran, civilizacion, edad media
Libro de cirugía medievalLa ciencia considera los hechos como científicos sólo si han sido establecidos por métodos empíricos. Las aserciones que no han sido establecidas mediante la observación y la experimentación son consideradas teorías o hipótesis.
Como la ciencia no puede estar segura acerca del futuro, no hace predicciones definidas y basa todas sus investigaciones en la duda. Pero el profeta Muhammad, enseñado por Dios el Omnisciente, hizo muchas predicciones decisivas, la mayor parte de las cuales se han realizado, y el resto espera su momento. Muchos versículos coránicos indican hechos establecidos que la ciencia «ha descubierto» hace poco. El Corán menciona muchos temas importantes de la creación y un gran número de fenómenos naturales que nadie, sin referirnos a ninguna persona inculta, podría haber sabido hace aproximadamente 14 siglos. Además, como explicaremos más adelante, el Corán alude a lo más recóndito de la ciencia mediante los milagros de los Profetas, pues la ciencia tiene su origen en el Conocimiento del Omnisciente.
La Civilización creada por el Islam
El conflicto entre ciencia y religión en Occidente se remonta al siglo trece. El carácter esencial de versión del cristianismo de la Iglesia Católica condujo a la condena de la naturaleza –considerada como un velo que separa a la humanidad de Dios- y a maldecir el conocimiento de la naturaleza. Como resultado, la ciencia no avanzó durante la Edad Media (conocida como la Edad Oscura en la historia europea).
Sin embargo, durante el mismo período una civilización magnífica prosperaba en el oriente musulmán. Obedeciendo las prescripciones coránicas, los musulmanes estudiaron el Libro de la Revelación Divina (el Corán) y el Libro de la Creación (el Universo), y fundaron la más magnífica civilización de la historia humana. Eruditos de todas partes del viejo mundo se beneficiaron de los más altos centros de estudio en Damasco, Bujara, Bagdad, El Cairo, Fez, Qairawan, Zeitona, Córdoba, Sicilia, Isfahán, Delhi y otros lugares del mundo musulmán. Los historiadores comparan el mundo musulmán de aquel tiempo a una colmena, ya que los caminos estaban llenos de estudiantes, científicos y eruditos que viajan de un centro de estudio al otro. Renombradas figuras mundiales como Al-Kindi, Al-Khwarizmi, Al-Farabi, Ibn Sina, Al-Mas‘udi, Ibn Al-Hayzam, Al-Biruni, Al-Ghazzali, Nasir al-Din Al-Tusi, Al-Zahrawi y muchos otros brillaron como estrellas en el firmamento de las ciencias.
En su enciclopédica Introducción a la Historia de la Ciencia (1927-48), George Sarton dividió su trabajo en períodos de 50 años, dando a cada capítulo el nombre del científico más eminente de aquel período. Desde la mitad del siglo VIII (segundo después de Hégira) hasta el siglo XII (quinto siglo después de Hégira), cada uno de los siete períodos de 50 años lleva el nombre de un científico musulmán: «la época de Al-Khwarizmi», «la época de Al-Biruni», etcétera. Dentro de estos capítulos, Sarton ofrece una lista de 100 importantes científicos musulmanes y sus trabajos principales. John Davenport, un destacado científico, observó:
Debe reconocerse que todo el conocimiento –sea en física, astronomía, filosofía o matemáticas- que floreció en la Europa del siglo XX fue derivado de las escuelas árabes, y que la España sarracena puede ser vista como el padre de la filosofía europea.
Bertrand Russell, el famoso filósofo británico, escribió:
La supremacía del oriente no era sólo militar. La ciencia, la filosofía, la poesía y las artes, todo prosperaron en el mundo mahometano , mientras Europa estaba hundida en la barbarie. Los europeos, con una estrechez imperdonable, llaman a este período «la época oscura»: pero fue solo en Europa donde hubo oscuridad. De hecho, sólo entre cristianos de Europa, pues España, que era musulmana, tuvo una cultura brillante.
Robert Briffault, el célebre historiador, reconoce en su obra La formación de la humanidad:
Es sumamente probable que si no fuera por los árabes, la civilización europea moderna nunca hubiera asumido ese carácter que le ha permitido superar todas las fases anteriores de su evolución. Ya que, aunque no haya ni un aspecto de crecimiento humano en el que la influencia decisiva de la cultura islámica no sea detectable, en ninguna parte es tan clara y trascendental como en la génesis de aquel poder que constituye la fuerza suprema distintiva del mundo moderno y la base suprema de su victoria –las ciencias naturales y el espíritu científico... Lo que llamamos ciencias surgieron en Europa como consecuencia de un espíritu nuevo de cuestionamiento; de nuevos métodos de investigación, del método de experimentación, observación, medida, del desarrollo de las matemáticas en una forma desconocida a los griegos. Aquel espíritu y aquellos métodos fueron introducidos en el mundo europeo por los árabes.
L. Stoddard reconoce que durante sus cinco primeros siglos, el reino del Islam era la parte más civilizada y avanzada del planeta. Salpicado de espléndidas ciudades, hermosas mezquitas y tranquilas universidades, el oriente musulmán ofrecía un contraste asombroso con Occidente, que permanecía hundido en la noche de la Edad Oscura.
Esta brillante civilización progresó hasta que sufrió desastres terribles, que vinieron como enormes olas: las Cruzadas Europeas (1097-1270) y la invasión de los mongoles (1216-58). Estos desastres continuaron durante siglos, hasta que el gobierno musulmán en Bagdad se derrumbó (1258) y la historia del Islam entró en una fase nueva en el siglo XIII con los turcos Otomanos. La civilización islámica era todavía vigorosa y siguió muy por delante de Occidente en el terreno económico y militar hasta el siglo XVIII, a pesar de que (del siglo XVI hacia adelante) perdió el terreno en el campo de las ciencias.
En el siglo X, la Córdoba musulmana era la ciudad más civilizada de Europa, la maravilla y la admiración del mundo. Viajeros del norte oían hablar –con algo de temor- de la ciudad que tenía 70 bibliotecas con cientos de miles de volúmenes y 900 baños públicos. Siempre que los gobernantes de León, Navarra o Barcelona necesitaban a un cirujano, un arquitecto, una modista o un músico, se ponían en contacto con Córdoba. El prestigio literario musulmán era tan grande en España que la Biblia y la liturgia tuvieron que ser traducidas al árabe para la comunidad indígena cristiana. El testimonio dejado por Álvaro, un fervoroso escritor cristiano, muestra de forma vistosa como hasta los españoles no-musulmanes se sentían atraídos por la literatura árabo-musulmana:
Mis discípulos cristianos están encantados con los poemas y los romances de los árabes. Estudian los trabajos de los teólogos y de los filósofos mahometanos, no para refutarlos, sino para adquirir un correcto y elegante árabe. ¿Dónde hoy puede ser encontrado un profano que lee los comentarios latinos contra las Escrituras santas? ¿Quien está allí que estudia los Evangelios, los Profetas, los Apóstoles? ¡Ay! Cristianos jóvenes que son los más notorios para sus talentos no tienen ningún conocimiento de literatura o lengua excepto el árabe; ellos leen y estudian con habilidad los libros de árabe; ellos amontonan bibliotecas enteras con un coste enorme y por todas partes cantan las alabanzas del mundo árabe.
Si el propósito de la educación y de la civilización es el de afirmar el orgullo, la dignidad y el honor de la gente, para que puedan mejorar su situación y por consiguiente la situación de la sociedad, entonces la civilización islámica ha demostrado su valor. Muchos escritores han hablado de la capacidad del Islam de transformar las sociedades con las que entra en contacto. Por ejemplo, en su discurso impartido en el Congreso de la Iglesia de Inglaterra sobre los efectos del Islam y su influencia sobre la gente, Isaac Taylor dijo:
Cuando el islam es abrazado, el paganismo, el fetichismo, el infanticidio y la brujería desaparecen. La suciedad es sustituida por la limpieza y el nuevo converso adquiere dignidad personal y amor propio. Cesan los bailes presuntuosos y la promiscuidad sexual; la castidad femenina es considerada como una virtud; el trabajo sustituye a la vagancia; el libertinaje da paso a la ley; prevalecen el orden y la moderación; las contiendas de sangre, la crueldad hacia los animales y los esclavos son erradicadas. El Islam acabó con la corrupción y las supersticiones. El Islam fue una rebelión contra las disputas estériles. Dio esperanza al esclavo, hermandad a la humanidad, y un reconocimiento a los hechos fundamentales de naturaleza humana. Las virtudes que el Islam inculca son la moderación, la limpieza, la castidad, la justicia, la fortaleza, el coraje, la benevolencia, la hospitalidad, la veracidad y la el contentamiento... el Islam predica una hermandad práctica, la igualdad social de todos los musulmanes. La esclavitud no forma parte del credo del Islam. La poligamia es una cuestión más compleja. Moisés no la prohibió. Fue practicada por David y no es prohibida expresamente en el Nuevo Testamento. Muhammad limitó la licencia sin limites de la poligamia. Es más la excepción que la regla... En la sumisión a la Voluntad de Dios, la moderación, la castidad, la veracidad y en la hermandad de los creyentes (los musulmanes) nos ofrecen un modelo que haríamos bien en seguir. El Islam ha suprimido la embriaguez, el juego y la prostitución, las tres maldiciones de las tierras cristianas. El Islam ha hecho más por la civilización que el Cristianismo. La conquista de un tercio de la tierra al credo de Muhammad fue un milagro.
La ciencia y la perspectiva científica moderna
He dado una larga introducción a este tema para clarificar un aspecto: las actitudes opuestas en el mundo musulmán sobre la relación entre el Islam y la ciencia.
Durante muchos años, influido por el dominio Occidental sobre sus tierras, un dominio atribuido a la superioridad científica y tecnológica, algunos intelectuales musulmanes acusaron al propio Islam de ser la causa del atraso de los pueblos musulmanes. Habiendo olvidado los 11 siglos o más de supremacía islámica, pensaron y escribieron como si la historia del Islam hubiese comenzado en el siglo XVIII. Es más, cometieron el deplorable error de identificar la relación entre la ciencia y la religión en general en los términos establecidos específicamente entre la ciencia y el cristianismo. Ni siquiera se molestaron en hacer un estudio superficial del Islam y de su larga historia.
En contraste, otros intelectuales contemporáneos musulmanes siguen a algunos de sus colegas occidentales en la condena rotunda de la ciencia y de la tecnología y adoptan una actitud puramente idealista. Toman esta actitud a la vista de los desastres —bombas atómicas, asesinatos masivos, contaminación ambiental, la pérdida de todos los valores morales y espirituales, «el delirio» que sufre la gente moderna , etc.—que la ciencia y la tecnología han traído a la humanidad, los defectos y los errores causados por una aproximación puramente científica en la búsqueda de la verdad y el fracaso de la ciencia y la tecnología a la hora de traer la felicidad de la humanidad. Sin embargo, el Islam es el camino medio. Ni rechaza, ni condena o «deifica» la perspectiva científica moderna.
La ciencia ha sido el más reverenciado ídolo o fetiche de la gente moderna durante casi 200 años. Los científicos creyeron que podrían explicar cada fenómeno por la ciencia y la ley de la causalidad. Sin embargo, la física moderna destruyó los fundamentos teóricos de la física mecánica y reveló que el Universo no es un mecanismo de ciertas partes que trabajan según las leyes estrictas e inalterables de la causalidad y el absoluto determinismo. Más bien, a pesar de su deslumbrante armonía y magnífico orden, su funcionamiento es tan complejo e indeterminado que el desvelar un misterio causa la aparición de otros. Así, cuanto más aprendemos sobre el Universo, mayor es nuestra ignorancia sobre él.
Los expertos en física atómica dicen que nadie puede estar seguro de que el Universo estará en el mismo estado en el que está ahora en el instante siguiente. Aunque el Universo trabaja según ciertas leyes, estas leyes no son absolutas y, de un modo más interesante, no tienen ninguna existencia real o material. Más bien, su existencia es nominal, ya que las deducimos de la observación de los acontecimientos y fenómenos naturales.
Además, es sumamente cuestionable en qué medida estas leyes tienen parte en la creación y el funcionamiento de cosas. Por ejemplo, los científicos dicen que una semilla, el suelo, el aire y el agua traen un árbol a la existencia, que son causas que conducen a este resultado. La existencia de un árbol requiere cálculos exactos y proporciones y las relaciones preestablecidas entre la semilla, el suelo, el aire y el agua. La ciencia debería explicar como comienza este proceso y como las semillas se han diversificado. Pero todo lo que hace es explicar como ocurren las cosas, pensándo que ha explicado el origen de la existencia atribuyéndoselo a la naturaleza, el auto-origen, la necesidad o la probabilidad.
La naturaleza es una impresión o un modelo compuesto de leyes no vistas, pero no una impresora o un compositor. Es un diseño, no el diseñador; un recipiente, no el agente; un orden, no el que pone orden. Es una colección de leyes establecidas por el Poder Divino, leyes [que nuestras mentes pueden comprender, pero] que en si mismas no tienen ningún poder o realidad material.
La atribución de existencia al auto-origen, a la necesidad o a la posibilidad es una ilusión, ya que podemos ver que la existencia manifiestan el conocimiento absoluto, la sabiduría absoluta, la voluntad absoluta y el poder absoluto. El auto-origen, la necesidad y la posibilidad son sólo conceptos sin realidad material, y por lo tanto no pueden poseer ningún conocimiento, sabiduría, voluntad o poder.
La perspectiva científica moderna está lejos de averiguar y explicar la verdad detrás de la existencia. La verdad es inalterable y va más allá de lo visible. Su relación con lo visible y el mundo cambiante es como la del espíritu y el cuerpo, la de las leyes Divinas de las naturaleza y las cosas y acontecimientos naturales. Por ejemplo, la fuerza de crecimiento (una ley universal Divina) es innata a todos los seres vivos. Esto es inalterable, y aún así un árbol o una persona siempre cambian. De la misma manera, independientemente de cómo nuestra ropa, casas o medios de transporte cambian el tiempo, permanecemos inalterados en cuanto a nuestros objetivos y necesidades esenciales, así como a su impacto sobre nuestras vidas y contextos. Todas las personas parten de ciertas condiciones generales de vida y de valor: nacimiento, madurez, matrimonio, descendencia y muerte. Poseemos algún grado de voluntad y deseos comunes y, además, compartimos ciertos valores: honestidad, bondad, justicia, coraje, etcétera.
A pesar de estos hechos, la perspectiva científica moderna busca la verdad en la naturaleza cambiante y se basa en las impresiones de nuestros sentidos. Pero estas impresiones son engañosas y relativas, ya que cambian de persona a persona. Además, no todo el mundo tiene la misma capacidad de decisión. Así, es imposible llegar a una cierta conclusión aplicando el razonamiento deductivo, inductivo o analítico a datos basados en los sentidos. Esto sucede porque la perspectiva científica moderna intenta alcanzar hechos por la experimentación. Sin embargo, sin axiomas o premisas preestablecidas, los experimentos no pueden establecer un hecho.
Desde la época de David Hume, es comúnmente aceptado que solamente porque un acontecimiento ha ocurrido dos veces o un millón de veces en dos sitios o un millón de sitios diferentes, debe suceder otra vez. Por esta razón, desde el fracaso de la física clásica, los epistemólogos occidentales no hablan de buscar la propia verdad, sino de buscar aproximaciones a ella. Karl Popper afirma que si bien consideramos las teorías de Newton y Einstein como ciencia... ambas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo; más bien, ambas podrían ser falsas.
La ciencia no puede encontrar la verdad de la esencia de la existencia por métodos empíricos. Por tanto, como dijo Guénon, la ciencia o los científicos deben reconocer que las conclusiones de la ciencia no son más que suposiciones sobre la verdad, y por tanto no aceptar certezas más elevadas que la percepción de los sentidos, o bien creer ciegamente como verdadero todo lo que enseñan en nombre de la cienciaxi. Al dudar de las conclusiones de la ciencia, los científicos modernos intentan encontrar una salida vía agnosticismo o pragmatismo, y así confiesan la incapacidad de la ciencia para encontrar la verdad.
La ciencia debería reconocer sus límites y conceder que la verdad es inalteranle y se sitúa en un plano más allá del mundo visible. Hacerlo le permitiría encontrar su valor verdadero. Lo relativo no puede existir sin lo absoluto. El cambio es posible sólo si existe lo incambiable, y la multiplicidad sólo es posible si existe la unidad. El conocimiento adquiere la permanencia y la estabilidad sólo cuando alcanza el punto de inmutabilidad. Lo que es inmutable y permanente está por encima del campo humano. La verdad no es un producto de la mente humana, ya que existe independientemente de nosotros. Nuestra tarea es buscarla.
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