Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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miércoles, 19 de octubre de 2011

La restauracion del narco-nacionalismo mexicano

La restauracion del narco-nacionalismo mexicano

Aquella operación “antiterrorista”
____________por Joaquín López-Dóriga
El miércoles 9 de junio de 2010, un comando de la infantería de Marina ingresó a una casa en el número 12 de la calle Mérida, entre Puebla y avenida Chapultepec, en la colonia Roma, donde aseguró una serie de explosivos, que luego calificaría de alto poder, y detuvo a cuatro personas que identificaría como activos del crimen organizado. El comunicado 141/2010 de esa fecha de la Secretaría de Marina detallaba lo asegurado: más de 20 kilogramos de alto explosivo, y los cuatro detenidos: Santos Cleofas Nolasco, Juan José Cabrera López, Cristián Bárcenas Camacho y Mathew Roberts Assanza Espinosa, todos de nacionalidad mexicana, y explicaba que el golpe se había logrado dentro del esquema de vigilancia y seguridad que mantiene y como resultado del intercambio de datos de agencias de información de Estados Unidos y del trabajo de inteligencia naval
Detenidos y explosivos fueron puestos a disposición de la SIEDO, entonces a cargo de Marisela Morales, actual titular de la PGR, quien al día siguiente informó sobre el peritaje de las sustancias aseguradas, concluyendo que se trataba de glicerina, ácido nítrico y parafina, que no corresponden a ningún tipo de explosivos. Los detenidos fueron puestos en libertad.

Ahora, 15 meses después, alguna instancia del gobierno de Estados Unidos filtra un informe, que atribuye a la Marina de México, donde revela que lo que aquel 9 de junio de 2010 desarticuló fue un comando terrorista, somalí, que tenía como objetivo volar su embajada en México.
A esto respondió Marina descalificando el documento, que consideró apócrifo. El hecho central es que, en menos de dos semanas, el gobierno de Washington mete dos veces a México en el tema del terrorismo, el anterior fue el caso iraní, ahora somalí, lo que no es casual y parecería formar parte de una estrategia para convertir a nuestro país en una amenaza terrorista, para Estados Unidos, con los riesgos que hemos visto que eso conlleva.

La restauración criminal
___por Raymundo Riva Palacio y Neri
¿Esla negociación con los cárteles de la droga la solución a la espiral de violencia? ¿Es tan claro que si el PAN de Felipe Calderón no, el PRI sí negociaría con los cárteles de la droga? ¿Es posible llegar a un pacto como dice el imaginario colectivo que quieren los priístas de llegar al poder, o como lo ha propuesto el ex presidente Vicente Fox? Posible sí, pero ¿qué tan probable?
Hay testimonios de que en el pasado, los arreglos entre autoridades y criminales eran un método de gobernabilidad. Un procurador en el gobierno de Carlos Salinas pidió consejos al entonces secretario de Gobernación y arquetipo de policía político, Fernando Gutiérrez Barrios, de cómo enfrentar a los delincuentes. Pacte con las bandas, le dijo al novel funcionario.
Cuando el joven procurador preguntó ingenuamente cómo, Gutiérrez Barrios le explicó que debía llamar a todos los comandantes policiales y enviar un mensaje a través de ellos: en aquellas colonias donde los niveles socioeconómicos fueran superiores o se encontraran los grupos con acceso a medios de comunicación, no debía haber delitos. A cambio, les permitiría operar en las colonias de estratos bajos y sin tribunas para expresarse, para evitar inestabilidad. El procurador no pudo procesar ese pacto y renunció semanas después.
El consejo de Gutiérrez Barrios no era ajeno a la época. En Washington, un alcalde decía que el noroeste de la capital, donde está concentrada la actividad política, diplomática y burocrática, no había un solo delito por el acuerdo implícito con los delincuentes, a quienes les habían entregado el sureste de la ciudad para ejercer sus actividades y vender droga, sin ser molestados por la policía. En Japón, las calles estaban limpias de delitos por un pacto con La Yakuza: ni crimen, ni robos, ni droga en territorio japonés, a cambio de manejar la prostitución y el juego.
Ese modelo permitía administrar a los criminales, algo común en varios países y por cuyos resultados, prominentes mexicanos anhelan restaurar como la solución para disminuir la violencia. Funcionó en ese entonces para tener baja criminalidad por una razón: las autoridades no pactaban con criminales, eran ellas mismas los criminales. Ahí radicaba la diferencia con gobiernos como el de Washington y el japonés, o las policías francesa y alemana que se mezclan con delincuentes, donde la autoridad nunca ha dejado de ser autoridad.
En México sí. La consecuencia fue el debilitamiento de las instituciones, que provocó que al menos el 10% de los municipios fueran dominados por criminales, cuyos jefes eran policías, autoridades municipales o estatales. Hubo gobernadores y comandantes policiales cesados o que terminaron en la cárcel. Otros más, gozan aún de libertad prestada. Para bien o para mal, el gobierno de Calderón cambió los incentivos de criminales y narcotraficantes.
En el pasado, el incentivo era no pelear entre ellos porque al desatar la violencia provocarían la respuesta del Estado en su contra. Pero desde diciembre de 2006, al pegarle a los cárteles en la esencia del negocio –distribución y comercialización-, el incentivo cambió, provocó la lucha por territorios y, para sobrevivir, entraron en guerras fraticidas para eliminar a sus adversarios.
Cambiar este incentivo no es un paso mecánico. Tampoco se pueden invertir los términos de la estrategia y el combate a los criminales a través del discurso o del solapamiento. De hecho, ningún aspirante a la Presidencia sugiere un cambio radical y negociar con criminales, porque eso ya no es posible. No obstante, hay voces que a veces forman consenso público, sobre un pacto con narcotraficantes.

Activistas como Javier Sicilia piden abiertamente un acuerdo con ellos. El padre Alejandro Solalinde exige el perdón para Los Zetas. En los medios hay quienes proponen esa solución. El problema en México no es sólo de los políticos, y al existir una cultura que de manera existencial viola las leyes, sus raíces son más profundas. Esta cultura es la que hay que exterminar, la que vive y transpira al margen de la ley, la que asume actitudes moralinas e hipócritas al acusar al prójimo, y donde una parte de sus políticos, que son expresión cotidiana, no son parte del problema sino el problema mismo.

Los días felices de Peña Nieto
___________por Ciro Gómez Leyva
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Hacía tiempo que no veía a un político disfrutar tanto su momento como a Enrique Peña Nieto ayer. Fue en una comida con un grupo de periodistas. Llegó de buenas, hizo bromas, reclamó serenamente algunas columnas de los últimos días, se tomó un tequila, contestó todas y cada una de las preguntas, soltó carcajadas, fijó posición sobre varios temas, toreó provocaciones, comió cordero al horno, revisó a sus probables adversarios, siguió bromeando y se marchó en santa paz. No ofendió ni hizo parodia de nadie. No lo necesitó.

Sigo pensando que se equivocan quienes lo subestiman intelectualmente. Le fue sencillo rebatir el tema de la reelección de legisladores y presidentes municipales. Explicó con ejemplos difíciles de rebatir por qué esa medida difícilmente promovería la movilidad y la rendición de cuentas y, en cambio, favorecería que quienes están en los cargos se apropien de los recursos públicos para perpetuarse. “Es una moda a la que no todos le han pensado mucho”, dijo para cerrar el tema.

Quiere la cláusula de gobernabilidad porque está convencido de la necesidad de contar con una mayoría para gobernar con eficacia. “¿Sabían que en el DF basta tener 30 por ciento de los votos para alcanzar la sobrerrepresentación y tener mayoría?”, nos preguntó. Es probable, sí, que jamás haya profundizado en la teoría del objeto y el método, o en los principios ontológicos y epistemológicos. Pero trae la política en la yema de los dedos. Y la información en la primera sala del cerebro. Y tiene una carta de navegación en la mano. Y sabe por qué quiere hacer unas cosas y otras no. Parece un hombre que está viviendo gozosamente su momento. Parecen los días felices de Peña Nieto.

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