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sábado, 15 de octubre de 2011

Radiografía de los indignadosy la profecia maya del 2012

Radiografía de los indignados
NTRzacatecas.com
Alejandro Moreno/Agencia Reforma
Domingo 7 de agosto de 2011
MÉXICO, DF. Los indignados en México representan entre el 13 y el 38 por ciento de la población; la mayoría pretende votar en 2012 y piensa hacerlo abrumadoramente en contra del partido gobernante. Su indignación nace del desempleo y de la adversidad económica, y en segundo plano de la inseguridad y la delincuencia.

Desde que los indignados españoles salieron a tomar la Plaza del Sol en Madrid para protestar en contra del desempleo y de la clase política, el concepto de “indignados” ha viajado a varios países del mundo haciendo eco del descontento, la desafección, la inseguridad económica y la desconfianza hacia los gobernantes.

La etiqueta “indignados” ya se está aplicando a algunos movimientos ciudadanos en México, el más notable de los cuales es el del poeta Javier Sicilia en el tema de la inseguridad. Pero, más allá de movimientos específicos, ¿podemos identificar a los indignados mexicanos a lo largo y ancho del país? ¿Quiénes son? ¿Cuántos son? ¿Cuál es su perfil sociodemográfico? ¿Cuáles son sus opiniones y actitudes? ¿Qué piensan de la democracia? ¿Van votar en 2012? ¿Cómo piensan votar?

Para hacer una radiografía de los indignados mexicanos hemos recurrido a la reciente encuesta nacional realizada por Grupo REFORMA del 22 al 24 de julio de 2011 entre mil 515 ciudadanos de todas las entidades federativas.

El primer paso fue determinar quiénes son los indignados. Para ello se siguieron dos criterios. El primero se basa en medir las experiencias directas con los problemas más notables que causan esa indignación. Siguiendo como ejemplo el caso español, los indignados mexicanos serían aquellas personas afectadas directamente ya sea por el desempleo, por la crisis económica y/o por la inseguridad. Algunos dirán que quienes no son víctimas de un delito o no han sufrido un despido laboral también pueden indignarse con la situación del país o en solidaridad con otros, pero eso significaría que potencialmente los indignados podrían ser toda la población salvo algunos pocos a quienes no les importa ni la inseguridad ni la situación económica. Sin embargo, y como veremos con datos de la encuesta, la experiencia directa con esa problemática ahonda el sentimiento de indignación mucho más que el simplemente estar enterado o preocupado por esas problemáticas.

El segundo criterio es de actitud, la cual debe sumarse a la experiencia. No basta con haber experimentado las problemáticas de inseguridad o desempleo o malestar económico directamente, sino que esto debe ir acompañado con una actitud de malestar, de pesimismo, de indignación. Aunque parezca insólito, hay víctimas de la delincuencia o del desempleo que no se quejan abiertamente y mucho menos estarían dispuestos a manifestarse públicamente en contra de los gobernantes o a boicotear las elecciones. Por eso creemos que añadir un elemento de actitud negativa a las experiencias directas es fundamental para definir mejor a la población indignada.

Siguiendo estos dos criterios, la encuesta nos permite generar una categoría de ciudadanos que han sido víctimas de la delincuencia (ellos directamente o alguno de sus familiares cercanos), que perdieron su empleo o fuente de ingresos (también directamente o algún miembro de su hogar), y que reportaron en la encuesta que la crisis económica les ha afectado “mucho”.(1) Además, la actitud que elegimos para complementar esta tríada de indignación por experiencia directa es la que se refiere a si la gente cree que el País va por buen o por mal camino. Por supuesto, los indignados son más probables de pensar que el país va por mal camino.

La conjunción de estas cuatro variables puede arrojar distintos rangos de indignados dependiendo de qué combinaciones se tomen. Para este ejercicio hemos decidido tomar el criterio más exigente, es decir, que para ser considerado como indignado se deben cumplir las cuatro condiciones (ser víctima de delito, reportar pérdida del empleo, sentir una muy grave afectación por la crisis económica y tener la opinión de que el país va mal).

Cualquier otra combinación menos exigente (que se cumplan sólo dos o tres de las cuatro condiciones, por ejemplo) significaría una población de indignados todavía mayor, por lo que nuestra medición de indignados en México puede resultar bastante conservadora.

De acuerdo con la encuesta de REFORMA, y utilizando la medición que hemos descrito, los indignados representan el 13 por ciento de la población adulta. Relajando un poco este criterio a otras combinaciones, el tamaño de los indignados podría llegar hasta el 38 por ciento.

Según los datos de la encuesta, hay ligeramente una mayor indignación entre las mujeres que entre los hombres. La indignación también es mayor entre los que tienen de 30 a 49 años (a diferencia de lo que se vio en Madrid, los jóvenes menores de 30 años son los menos indignados en México). Por escolaridad, los indignados son más numerosos en el grupo que cuenta con un nivel de escolaridad medio. La indignación es más notable en las ciudades que en el campo, entre las clases populares más que entre las clases medias, y entre los que se consideran políticamente de izquierda o de centro en mayor medida que entre los que son de derecha.

Los indignados mexicanos siguen más las noticias y la información política en los medios de comunicación tradicionales (televisión, radio, periódicos) que los no indignados, y son mucho más propensos a hablar de la situación con otras personas. Por otro lado, los indignados reportan el mismo nivel de acceso a las redes sociales que los no indignados, las cuales se han vuelto el canal primordial para movilizar la indignación y el “espíritu democrático” que se vio en Egipto, para usar un término del politólogo Larry Diamond.

Dos terceras partes de los indignados apoyan la democracia; es decir, creen que ésta es una buena forma de gobierno; pero casi tres cuartas partes de ellos (73 por ciento) están insatisfechos con el funcionamiento de la democracia en el país, comparado con el 47 por ciento de los no indignados. La indignación con la economía y la inseguridad va de la mano con la insatisfacción democrática.

Indignados, no anulistas

Sin embargo, los indignados mexicanos no están desactivados políticamente: el 87 por ciento tiene credencial para votar (comparado con el 88 por ciento del resto de la población), casi la mitad de los indignados muestra interés en las elecciones, y el 56 por ciento afirma que sí piensa votar para Presidente en 2012 (entre los no indignados, quienes sí piensan votar representan el 61 por ciento, por lo que la diferencia es muy poca). Al parecer, tanto indignados como no indignados podrían salir a votar en casi igual proporción en 2012, a pesar de que los indignados confían mucho menos en el IFE que el resto de la población: solamente el 34 por ciento de los indignados confía mucho o algo en el organismo electoral.

Por otro lado, y de acuerdo con la encuesta, la gran mayoría de los mexicanos no confía en ninguno de los partidos políticos para gobernar al País, pero los indignados desconfían aún más. Más aún, en quien más desconfían los indignados es en el partido gobernante.

Incluso en sus intenciones de voto es claro que los indignados rechazan con vehemencia al PAN. Si hoy hubiera elecciones para Presidente, el 86 por ciento de los indignados optaría por un partido distinto a Acción Nacional, mientras que solamente el 10 por ciento lo apoyaría. Entre los no indignados, el PAN alcanza el 31 por ciento de las preferencias.

El descontento de los indignados con el PAN también es un reflejo del descontento con el gobierno calderonista. El nivel de desaprobación al trabajo del Presidente alcanza el 57 por ciento entre los indignados (y solamente 24 por ciento entre el resto de la población). Por otro lado, el 72 por ciento de los indignados no le cree al Presidente, comparado con un 43 por ciento de los no indignados.

Los indignados califican mal al Presidente en todos los rubros, pero la mayor molestia se manifiesta por la forma como el mandatario ha tratado los asuntos del empleo (recuerdan que en su campaña se autodenominó el Presidente del empleo), la economía y la corrupción, todos con niveles de opinión negativa mayores al 70 por ciento. En menor medida, otras áreas de descontento como la seguridad y el combate al narcotráfico muestran opiniones desfavorables arriba del 60 por ciento. La indignación mexicana es principalmente contra el desempleo y la situación económica, y en segundo término contra la inseguridad y la delincuencia.

A pesar de ello, el 80 por ciento de los indignados opina que la violencia del narcotráfico ha aumentado (frente al 55 por ciento de los no indignados que tiene esa percepción) y el 75 por ciento siente mucho temor ante el crimen (algo que sí comparten más los no indignados, con un 62 por ciento).

Pero el antipanismo de los indignados no concuerda con el anulismo. A los indignados les atrae más votar por un partido distinto al PAN que anular su voto. Según la encuesta, sólo el 4 por ciento de los indignados dijo que anularía su voto en 2012. En contraste, el 20 por ciento votaría por uno de los partidos pequeños, principalmente por el Partido Verde o el PT.

Independientemente de por quién voten, la mayoría de los indignados cree que las elecciones presidenciales de 2012 las ganará el PRI y, en todo caso, eso significaría un avance sobre el gobierno actual.

La indignación en México va tomando forma. Habrá que ver si el próximo año ésta se manifiesta en las calles, con protestas y movilizaciones, o se espera al día de la elección para castigar a quien percibe como el culpable de los males actuales: el partido gobernante.

Notas:

1. Según la encuesta, el 42 por ciento de los consultados reportó pérdida del empleo o fuente de ingresos de alguien en su familia, incluido 12 por ciento del entrevistado mismo. El 23 por ciento comentó que con la crisis económica desatada en 2008 la situación económica de su hogar había empeorado mucho. El 18 por ciento reportó victimización de la delincuencia en su hogar, incluido el 7 por ciento como experiencia del propio entrevistado.

2. El 34 por ciento del total de los entrevistados dijo que el país va por mal camino, frente al 48 por ciento que opina que va por buen camino.

tirabombas

Domingo 7 de agosto de 2011, 1:13 PM horas

El gran problema es por quien podremos votar por la corrupción del prd o por el paternalismo inuti del pri por la rebeldía desmedida del pt o nos quedamos como estamos pues la lista de virtudes de nuestros inútiles políticos es demasiado larga lo único que si saben hacer es discursos inútiles y mucha lana pero pa ellos mismos solamente a ninguno le importa el pueblo o sus necesidades en lo personal me quedo como estoy viva México!!

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