.de Isa Garcia, el Viernes, 02 de septiembre de 2011 a las 19:10.Llegó desde un extremo de la ciudad un hombre corriendo, que dijo: ¡Oh, pueblo mío! Seguid a los Mensajeros.
El Corán nos narra una historia de un hombre piadoso, honesto y sincero, que se ofreció a sí mismo para apoyar la causa de Allah y sus mensajeros. Esta es la historia de una persona que ofrece consejo sincero a quien se está desviando. Es la historia de un hombre que invita a la rectificación y a volver al camino enseñado por los profetas. Es un hombre que aconseja a sus gobernantes a juzgar y gobernar con la ley de Allah y las enseñanzas del Profeta. Es un hombre que aconseja a su pueblo adorar solo a Allah y apartarse de la idolatría de los ídolos. Es un hombre que invita a su familia a ingresar al Islam.
Dice Allah en Corán:
“Y llegó desde un extremo de la ciudad un hombre corriendo, que dijo: ¡Oh, pueblo mío! Seguid a los Mensajeros. Seguid a quienes no os piden retribución alguna [por exhortaros], y están bien guiados. ¿Cómo no he de adorar a Quien me creó, si ante Él comparecéis? ¿Tomaría acaso, en lugar de Él, a ídolos cuya intercesión de nada me valdría? Si el Misericordioso decretara alguna adversidad para mí, no podrían liberarme de ella. En verdad estaría, entonces, en un error evidente. Yo, en verdad creo en vuestro Señor. ¡Escuchadme pues! [Pero su pueblo le mató], y le fue dicho: Ingresa al Paraíso. Dijo: ¡Ojalá mi pueblo supiese que mi Señor me perdonó mis faltas, y me contó entre los honrados [en la bienaventuranza]!” (36:20-27)
Analizaremos estas aleyas del sagrado Corán, porque tienen grandes e importantes significados:
“Y llegó desde un extremo de la ciudad un hombre corriendo” lo primero que los sabios extraen es que la persona llego desde los extremos de la ciudad al centro de la misma, lo que indica que era una persona pobre, que vivía en los alrededores de la ciudad, y llegaba al centro de la misma, es decir donde están los gobernantes y personas importantes e influyentes.
Lo segundo que podemos comprender, es que la persona no llegó relajado ni despacio, sino que llego corriendo, es decir apresurado por dar su consejo sobre un asunto tan importante, como aconsejar a su pueblo que abandone la idolatría, se aferre al monoteísmo, y siga el camino de los profetas y mensajeros.
“¡Oh, pueblo mío! Seguid a los Mensajeros. Seguid a quienes no os piden retribución alguna [por exhortaros], y están bien guiados.” El consejo de este hombre fue que siguieran a los profetas, no a personalidades. Y dio una causa para su consejo, y es la imparcialidad y lealtad. Porque los profetas no piden dinero a sus pueblos, a diferencia de los cargos políticos o de gobierno, y por eso sus opiniones y posiciones pueden estar teñidas de interés y beneficio personal, mientras que el consejo de los profetas y mensajeros son leales, porque no deben ni dependen de nadie, solo de Allah, Altísimo sea.
“¿Cómo no he de adorar a Quien me creó, si ante Él comparecéis? ¿Tomaría acaso, en lugar de Él, a ídolos cuya intercesión de nada me valdría?”
Todo consejo está seguido de una explicación, y esta reflexión es impecable. ¿Acaso no es Allah quien nos creó? ¿No es Él quien va a juzgarnos en el más allá? ¿No es ante Él que responderemos por nuestras obras? Entonces, por qué alguien adora un ídolo, que no lo ha creado, no le escucha sus duas, no le puede responder ni ayudar en sus suplicas, y tampoco es quien va a preguntarle por sus obras? La reflexión es: adorar ídolos es contrario a la lógica más simple.
“Si el Misericordioso decretara alguna adversidad para mí, no podrían liberarme de ella” Si Allah decreta algo, ¿pueden los ídolos y falsos dioses impedirlo? ¿Pueden proteger los ídolos contra el decreto de Allah o modificarlo? La respuesta es un rotundo ¡NO!, entonces ¿por qué adorarlos? Es un acto que no beneficia, pero si perjudica.
“Yo, en verdad creo en vuestro Señor. ¡Escuchadme pues!” Este es el consejo de un hombre que invoca a su pueblo al Tawhid, a adorar solo a Allah, y los llama, los convoca, los llama a la reflexión, les hace dawah, y les implora humildemente luego de explicarle las causas de su llamamiento y eleva la voz diciendo: “¡Escuchadme pues!”.
Pero ¿cuál fue la reacción de este pueblo? No lo escucharon, no tomaron en cuenta su consejo ni escucharon sus reflexiones ni su llamado a aplicar la lógica y pensamiento racional. Por el contrario mostraron su peor costado, mostraron su autoritarismo, su tiranía, y asesinaron a este simple mensajero y portador del mensaje de los profetas, que solo quería aconsejarlos y llamarlos al bien.
“[Pero su pueblo le mató], y le fue dicho: Ingresa al Paraíso. Dijo: ¡Ojalá mi pueblo supiese que mi Señor me perdonó mis faltas, y me contó entre los honrados [en la bienaventuranza]!”
Allah nos informa que fue asesinado por esos gobernantes desviados y tiránicos, que acallan las voces opositoras, aquellas que con argumentos pueden despertar la conciencia de los pueblos.
Pero Allah premio generosamente a este divulgador de la verdad, y le dijo “Ingresa al Paraíso”, pero la bondad de este hombre no terminó con su vida, sino que incluso luego de su muerte seguía pensando en el bienestar de su pueblo, de su gente y le dijo a Allah: “¡Ojalá mi pueblo supiese que mi Señor me perdonó mis faltas, y me contó entre los honrados [en la bienaventuranza]!”
Este humilde siervo de Allah continuaba pensando en el bienestar de su pueblo incluso luego de entrar al Paraíso, y así debe ser siempre el creyente, tener un corazón sano, humilde, preocupado por sus semejantes, deseando siempre y a pesar de todo el bienestar de su prójimo.
Quiera Allah concedernos aprender de este ejemplo y seguirlo.
Hermanos y hermanas en el islam, estamos en el mes de Shawal, el mes que le sigue a Ramadán, así que tengan en cuenta este hadiz del Profeta Muhammad:
Narró Abû Aiiûb que el Mensajero de Allah dijo: “Quien ayune el mes de Ramadân y después seis días de Shauuâl será como si hubiese ayunado todo el año.” (Muslim 1164)
Hermanos y hermanas en el islam pidan paz y bendiciones por el Profeta Muhammad, tal como Dios nos enseña en el Corán:
“Ciertamente Allah y Sus Ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él”. [Corán 33:56]
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