El general Argumosa sugiere una reorientación estratégica a Obama para vencer al Estado Islámico
Por Jesús Argumosa
Última actualización: 13/10/2014@13:30:50 GMT+1
No parece nada claro que los ataques aéreos norteamericanos contra el Estado Islámico (EI) en Siria, iniciados el 22 de septiembre, establezcan la necesaria hoja de ruta que conduzca hacia la victoria a pesar de que en los mismos intervienen también aviones de Arabia Saudí, Jordania, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos mientras Qatar proporciona apoyo logístico.
La realidad es que dos meses después del inicio de los bombardeos para frenar el avance del Estado Islámico -empezaron el 8 de agosto, en Irak-, la operación de la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, se enfrenta a un posible fracaso. El asalto actual de los yihadistas del EI a la ciudad kurda de Kobane, en la frontera de Siria con Turquía, reabre la discusión sobre la eficacia y los resultados de la campaña aérea y la conveniencia de desplegar fuerzas terrestres.
Un aliado como el presidente turco, Recep Tayyip Erdogán, reclamó el pasado martes una operación terrestre manifestando que habían pasado ya meses sin resultados y que la ciudad de Kobane estaba a punto de caer en manos del EI sin que los ataques aéreos de la coalición hubieran conseguido doblegar a los yihadistas del mismo.
La estrategia de Obama no pretendía una derrota rápida del Estado Islámico sino debilitar a sus componentes para que después tropas terrestres locales, especialmente las fuerzas armadas iraquíes en Irak y rebeldes entrenados por EEUU y por otros países en Siria, pudieran combatir contra ellos. Es lo que se llama guerra delegada ya practicada por los EE.UU. en Afganistán.
Sin embargo, el encargado de coordinar la coalición internacional, el general norteamericano de cuatro estrellas (r), John Allen, declaró hace unos días que las fuerzas armadas iraquíes tardarían un año en estar preparadas para reconquistar Mosul. Por las mismas fechas, el general Martín Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, manifestaba que los planes de los EEUU, que preveían el entrenamiento de 5.000 milicianos en el primer año, eran insuficientes para derrotar a los yihadistas. Consideraba que se necesitarían entre 12.000 y 15.000 efectivos.
Con el actual fracaso de los ataques aéreos aliados contra el EI en la ciudad de Kobane y los pocos logros alcanzados en Irak, la parálisis del Ejército turco, la necesidad de esperar un año -tiempo excesivo para mantener la solidez de una coalición tan heterogénea -con objeto de que las tropas locales estén preparadas para atacar al EI o la dudosa legitimidad de los ataques en Siria, parece deducirse que las posibilidades de la coalición de tener éxito, en estas condiciones, son escasas.
A mi juicio, todos los indicios indican que Obama debiera reorientar su estrategia si realmente quiere derrotar al Estado Islámico. Entre otras, cuatro podrían ser las grandes líneas de acción a seguir: emplear fuerzas terrestres de la coalición; realizar las operaciones en el menor tiempo posible; obtener la legitimidad internacional para actuar en Siria y preparar rigurosamente el postconflicto en el que se empeñen directamente los principales actores de la región.
De esta forma, aumentarían sustancialmente las posibilidades de alcanzar el éxito.
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