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jueves, 6 de febrero de 2025

Homo machina: adoptemos la síntesis humano-IA

 

Homo machina: adoptemos la síntesis humano-IA


Nosotros , el Homo sapiens, pensábamos que éramos la cumbre de la evolución natural, pero el auge de la inteligencia artificial sugiere que nuestra especie está preparada para iniciar una transformación profunda que tendremos que gestionar sabiamente a lo largo de varias generaciones.

Esta transformación acabará dando lugar al nacimiento de un nuevo homínido mediante la convergencia de los humanos y nuestras máquinas. Los primeros pasos hacia esta síntesis no son una visión lejana, sino una realidad inminente. La prueba de una predicción tan audaz reside en el rápido desarrollo de la IA en la actualidad y su rápida adopción en nuestra vida diaria. En cuestión de meses, muchos de nosotros hemos empezado a aprender a emplear la IA en nuestro trabajo, en nuestros esfuerzos creativos y para satisfacer nuestra curiosidad.

Esta rápida trayectoria sugiere que los humanos pronto estaremos dispuestos a empezar a incorporar inteligencia artificial a nuestro ser físico. Eso, a su vez, sugiere que algún día descubriremos cómo garantizar que estos elementos inorgánicos puedan transmitirse a la siguiente generación a través del nacimiento, de manera similar a cómo se transmiten los rasgos biológicos.

“De muchas maneras, ya hemos comenzado este proceso de controlar nuestra propia evolución con la medicina moderna, [así como] usando la cultura para sobrescribir la biología y navegar por nuevos constructos sociales”, dice la paleoantropóloga y autora Genevieve von Petzinger.

A diferencia de la evolución puramente biológica, que en esencia depende de mutaciones aleatorias para producir rasgos potencialmente ventajosos, esta transformación estará guiada por humanos que serán cada vez más parecidos a máquinas y, por lo tanto, cada vez más capaces de innovaciones casi inimaginables. Ellos empujarán a nuestra especie hacia un umbral de transformación, una masa crítica, más allá de la cual el Homo sapiens ya no existirá. Nos habremos transformado en una nueva especie que llamaré Homo machina. El Homo sapiens será, en cierto sentido, como los neandertales: desaparecieron, en parte, al reproducirse con nuestros antepasados, dejando su ADN en nuestro genoma moderno.

Por lo general, pensamos que la desaparición de nuestra especie es algo malo, pero en este caso no tiene por qué ser así. La unión de los humanos y la IA tiene el potencial de trascender nuestras limitaciones actuales y abrir posibilidades que van más allá de nuestra imaginación. El Homo machina podría diseñar aeronaves y naves espaciales con una precisión y una eficiencia sin precedentes, lo que marcaría el comienzo de una nueva era en la exploración y los viajes espaciales. Podría ser la especie que logre viajar entre estrellas y prospere en entornos alternativos, distintos a los de la Tierra. Nuestros procesos de toma de decisiones podrían basarse más en hechos y datos, lo que podría reducir la susceptibilidad a la desinformación y las noticias falsas.

Sin duda, habrá desafíos éticos, filosóficos y prácticos inesperados que enfrentar a lo largo de nuestro viaje de transformación. Para ello, será necesario reconocer las ventajas de la relación simbiótica entre humanos y máquinas. En lugar de temer la intrusión de la IA, debemos ver su potencial para mejorar nuestras capacidades cognitivas y físicas. Nuestros sistemas educativos deben evolucionar para abarcar no solo las materias tradicionales, sino también las dimensiones éticas y filosóficas de la fusión con las máquinas. A medida que hacemos la transición hacia esta nueva era, la sociedad debe priorizar los diálogos abiertos, las colaboraciones y la investigación transdisciplinaria que abarque los ámbitos de la ciencia, la filosofía y la ética. Debemos reconocer nuestra extinción inminente y participar activamente en la dirección del surgimiento de nuestra especie sucesora hacia un resultado sostenible y beneficioso.

La trayectoria descrita aquí puede parecer un cambio radical respecto de las fuerzas que nos han traído hasta este punto, pero en realidad es todo lo contrario. La historia de la vida en la Tierra siempre ha estado definida por el cambio, la adaptación y la evolución. Los fósiles de nuestros parientes homínidos extintos dan testimonio del movimiento incesante de la existencia. Los arqueólogos marcan el surgimiento de una nueva especie de homínidos en parte por las herramientas que utilizaban sus miembros y los rituales que realizaban.

Ahora nos toca a nosotros dar el salto a la etapa evolutiva y definir las características del Homo machina. Debemos asegurarnos de que la transición que nos espera no esté marcada por el miedo o la resistencia, sino por la sabiduría.

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