Se llama iatrogenia a las enfermedades y muertes
causadas por errores o negligencia médica.
Las Naciones Unidas (ONU) reconocen que
“cada minuto mueren 5 pacientes por errores médicos”.
De hecho, la iatrogenia es la tercera causa de muerte en
Estados Unidos y en el mundo occidental.
El escritor Ivan Illich ya trataba este tema en 1975, en
su obra Némesis Médica, la expropiación de la salud, la
cual inicia así: “La medicina institucionalizada ha llegado
a convertirse en una grave amenaza para la salud”.
Por otra parte, hoy el doctor Vernon Coleman explica
en su libro “El fin de la medicina”, que los médicos son
pagados para matar o dejar morir, y que la justificación
final es el calentamiento global. Afirma que “La Organi-
zación Mundial de la Salud aconseja a los médicos y ot-
ros profesionales de la salud no debatir la ciencia”.
Explica, “Al igual que con la covid y su vacuna, el de-
bate está prohibido, porque cualquier debate revelaría la
verdad”. Y añade, “La OMS sabe que si los médicos
comienzan a debatir la ciencia del calentamiento global
(o el cambio climático), perderán todos los debates”.
Es una pena que, a estas alturas, autoridades y me-
dios de comunicación cierren los ojos y engañen al pú-
blico, pese a las evidencias de la falsa pandemia, a su
relación con los planes mundiales de despoblación, a las
muertes y enfermedades documentadas a causa de las
vacunas y otras medidas contrarias a la salud.
Resulta poco ético para un profesional de la salud, o
del periodismo, de la academia o del gobierno, seguir
afirmando que la escasa vacunación causó las muertes
durante la plandemia, cuando es justo al revés: las va-
cunas han sido la causa en todo el mundo.
No obstante, los opositores al gobierno se lanzan
contra Hugo López Gatell, por causar tantas muertes
siendo operador de la pandemia como subsecretario de
Salud en el gobierno de López Obrador, y por ser pro-
puesto por Sheinbaum como representante ante la Or-
ganización Mundial de la Salud (OMS).
En efecto, Gatell es culpable, lo mismo que López
Obrador y Sheinbaum, pero por causas contrarias: por
imponer las vacunas a nivel nacional, causando millones
de muertes que las autoridades siempre las vinculan a
otras causas de manera fraudulenta y perversa. Vacu-
nas genocidas que intoxicaron la sangre de los mexica-
nos, nunca probadas por el gobierno. Hasta la misma
OMS y las farmacéuticas debieron reconocer que “no
son seguras ni eficaces”, ¡y ahora nos dicen que nunca
nos obligaron a vacunarnos! Es iatrogenia pura.
Gatell es el representante a tono de un gobierno glo-
balista como el nuestro, obediente del Nuevo Orden
Mundial y su Agenda 2030, que aniquila a los mexicanos
mediante las vacunas y otros protocolos, que permite la
destrucción del medio ambiente, la propagación aérea
de estelas químicas y el incendio premeditado de bos-
ques, sin que la “científica”, ecologista, defensora de la
soberanía, mueva un dedo.
Uno se pregunta hasta donde los ingresos de los me-
dios de comunicación, las universidades y del gobierno,
dependen de propagar la falsa narrativa plandémica. To-
dos han sido cómplices del genocidio. Si investigaran
más allá de la narrativa oficial, tendrían una perspectiva
de la realidad totalmente de distinta.
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