LA DESOBEDIENCIA CIVIL NO BASTA, TAMPOCO LOS VOTOS
JUAN CASTRO SOTO
La reforma electoral que impulsa el partido Morena, busca
“tumbar la escalera” para que nadie más arrebate al po-
der como ellos lo hicieron: con una minoría. No es por
democracia, es para concentrar el poder.
Al pretender bajar el financiamiento de los partidos, se
quiere debilitar a la oposición, mientras ellos gozan de los re-
cursos del gobierno. Pero una verdadera reforma, ¡eliminaría
el sistema de partidos! para dejar las decisiones en manos del
pueblo, y no en una élite burguesa, de gobernantes que hacen
lo que se les antoja en nombre del pueblo.
Su temor es el karma, la resaca de haber impuesto su po-
der judicial, a modo, mediante gigantesco fraude; el odio del
pueblo por un poder ejecutivo espurio, con A ¡“de mujer”! (sic);
la rabia ciudadana por todas las tropelías de Morena para
apoderarse del Congreso legislativo. Y por ver a los funciona-
rios pavoneándose por el mundo a todo lujo.
Su mayor temor es el tsunami electoral que viene en las elecciones
futuras, al grito que ya se escucha: ¡Fuera Morena! ¿Es el temor a una
revocación de mandato? ¿Se atreverá Sheinbaum a tomar la iniciativa de-
magógica de consultar su propia revocación como lo hizo AMLO en 2022?
Si su supuesta aprobación del 85% fuera cierta, no lo dudaría, pero es de
rechazo. Antes bien, se prepara para blindarse de esos escenarios.
Después de la mayor abstención electoral registrada en México con el
poder judicial, ¡del 90%!, se ve venir una gigantesca ola de votos, aún más
grande, en contra de Morena y de Sheinbaum, quienes ya preparan una
serie de neutralizaciones y candados al descontento popular.
Honestamente, todos saben que no tiene sentido votar en este sistema
antidemocrático de partidos, que el voto sólo sirve para alimentarlo y man-
tenerlo vivo; que votar por uno u otro, no es gran diferencia. Pero a veces
la indignación es tan grande, que la gente vota sólo para manifestar su
rechazo, aunque nada cambie. El odio a Morena parece incontenible.
Cada nuevo sexenio resulta peor que el anterior, aunque parezca que
ya se tocó fondo... y aunque López Obrador batió todos los malos récords,
Sheinbaum sigue hundiendo al país... “Lo mejor, es lo peor que se va a
poner”, anticipó el tabasqueño. Y después de ella, todo será aún más
inicuo si no existe una verdadera democracia. Pero “no es que uno sea
pesimista ─decía Saramago─, es que la realidad es pésima”.
La desobediencia civil es indispensable, mas no basta. El voto tampoco
será suficiente. Si después de un tsunami electoral sigue Morena en el
poder, no hay más que sacar por la fuerza a esa banda de rufianes. No se
van a ir por su propio pie. Y que huyan
a donde vacacionan y quieren estar,
como lo hizo Porfirio Díaz y lo hacen
todos los tiranos.
En efecto, por las vías instituciona-
les seguiremos hundiéndonos. No se
confunda, no es de protestar, porque
protestar es un derecho, pero es inútil.
Se requieren nuevas formas de hacer
revolución. Y lo primero es entender
que una revolución no protesta, ya no
espera nada del gobierno. Lo segundo
es que una revolución inicia en cada
uno: lo que usted pueda hacer. Ter-
cero, sintonicemos nuestras luchas.
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