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jueves, 15 de marzo de 2012

Holocausto Judio mentira del victimismo sionista destruye-vidas

Holocausto

El cuestionamiento de las verdades oficiales impuestas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, la sagrada alianza de capitalistas y comunistas, ha sido demonizado, criminalizado y penalizado en muchos países, sobre todo europeos; y sobre esa demonización, criminalización y penalización, ha sido construida toda una industria de la victimalización y de la exacción de dineros que han permitido financiar tanto al "Estado de Israel" como al movimiento sionista de "La Diáspora", con operaciones financieras acaparadas por los grandes bancos de propiedad de la alta oligarquía judía. Este entramado ideológico-represivo-financiero tiembla por la simple pregunta del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad: "¿si el holocausto es un hecho histórico, por qué no puede ser estudiado?". Esa simple y obvia pregunta es demoledora.







Entrada al campo de Auschwitz donde se lee: "Arbeit macht frei" (El trabajo los hará libres)
Se ha denominado Holocausto (del griego holókauston, de holon ‘completamente’ ykauston ‘quemado’, referido a un antiguo ritual religioso), también conocido comoHaShoá (en hebreo חורבן 'catástrofe') a lo que fue la mayor propaganda de guerracontra Alemania durante y después de la Segunda Guerra Mundial, la cual acusó al régimen nacionalsocialista de cometer un supuesto genocidio contra el pueblo judío y otras minorías étnicas, religiosas y políticas. La historia del supuesto "Holocausto" surgió de la magnificación y tergiversación de los hechos en torno a los campos de concentración alemanes y la llamada Solución Final al problema judío.

De acuerdo con la historiografía nacida en los Juicios de Núremberg y mantenida por los historiadores conformistas, seis millones de judíos habrían sido asesinados por el régimen nacionalsocialista entre 1941 y 1945. El Holocausto ha sido un concepto que ha adquirido una importante connotación mítica y religiosa para el pueblo judío, como símbolo culminante de su sufrimiento.

Existen, empero, dos escuelas o líneas de interpretación, a saber, la conformista(también conocida como oficialista o exterminista, dividida a su vez en intencionalistas y funcionalistas), que no discute los hechos que dan base al supuesto Holocausto, y la revisionista que cuestiona la mayoría de los aspectos relacionados con el Holocausto. También es posible identificar una tercera, la activista, denunciada por el profesor Norman Finkelstein[1], que se ocupa de difundir y propagar el concepto del Holocausto con fines políticos. Finkelstein ha dicho al respecto del Holocausto:

Una gran parte de la literatura sobre la Solución Final de Hitler no tiene ningún valor para un erudito. Ciertamente, los estudios sobre el Holocausto están llenos de absurdos, si no, de puros fraudes… Viendo las tonterías que se profieren a diario sobre el Holocausto, lo raro es que existan tan pocos escépticos.

Dr. Norman Finkelstein, investigador judío y autor de La industria del Holocausto.




Propaganda de guerra

Los historiadores revisionistas han demostrado que lo que hoy entendemos por Holocausto, es decir, el asesinato sistemático de aproximadamente seis millones de judíos y otras minorías, fue en realidad una propaganda de guerra inventada en parte por las potenciasaliadas y que fue posteriormente aprovechada con premeditación por los sionistas, quienes realizaron escandalosas denuncias en los medios, todo esto con el propósito de obtener beneficios políticos a costa de otros pueblos, principalmente Palestina y Alemania y poder reclamar la creación de un Estado judío soberano en la región de Palestina[2].

Antecedentes

La sofisticada propaganda de los tiempos de guerra sobre las supuestas atrocidades cometidas por el enemigo no es objeto de controversia. Ha sido utilizada como un arma psicológica eficaz y empleada desde tiempos muy antiguos. El enemigo es satanizado por medio de historias de atrocidad sistemática y los medios de comunicación repiten constantemente lo cruel y demoníaco que es para incitar a los soldados a luchar por una causa virtuosa y patriótica.

En la antigüedad, un ejemplo destacado de este tipo de propaganda, es la que se llevó a cabo por los romanos en contra de los cartaginesestras las guerras púnicas. La Eneida, poema épico del gran poeta Virgilio, fungió en cierta medida como medio de difusión de las diversas atrocidades que supuestamente cometieron sus enemigos. Cabe mencionar que después de estas guerras, los romanos se apropiaron de varias tecnologías desarrolladas por los cartagineses quienes quedaron ante la vista de Roma como un pueblo incivilizado incapaz de crear tecnología. Un caso similar sucedió con la Alemania de posguerra, de la que mucha de su tecnología fue a formar parte de la tecnología estadounidense e israelí.

Primera Guerra Mundial

En la Primera Guerra Mundial se difundieron varias afirmaciones macabras provenientes de la propaganda aliada contra los alemanes, como por ejemplo la de las "manos amputadas de los bebés belgas" o el "soldado canadiense crucificado", todas ellas falsas y por las que incluso algunos de los estadistas aliados de la Primera Guerra Mundial se disculparon con los alemanes.

En marzo de 1916, el Daily Telegraph informaba que los austriacos y búlgaros gasearon a 700.000 serbios. Se ignora si los lectores del diario británico llegaron a creer en esa información, pero después de la guerra, ya nadie creía en el caso de los 700.000 serbios gaseados.

Además ya desde entonces el diario The Times aseguró en un reportaje de abril de 1917 que los alemanes estaban hirviendo los cuerpos de sus soldados muertos para hacer jabones y otros productos, es decir, que tenían "fábricas de jabón hecho de cadáveres humanos". Muy posteriormente, en 1925, el secretario de asuntos exteriores del Reino Unido, Sir Austen Chamberlain, admitió que la historia acerca de la "fábrica de cadáveres" había sido mentira.

Período entre guerras





Martin H. Glynn, The Crucifixion of Jews Must Stop!, The American Hebrew, 31 de octubre de 1919.




Persecuted Jews Seen On Increase, New York Times, 9 de enero de 1938.
Aparece la cifra de los seis millones de judíos

No sólo la fantasía de los jabones hechos de cadáveres surgió antes de la Segunda Guerra Mundialy del supuesto Holocausto, también apareció entonces la cifra mítica de los seis millones de judíos.

El 31 de octubre de 1919 el ex-gobernador del Estado de Nueva York Martin H. Glynn publicó un artículo titulado ¡La crucifixión de los judíos debe detenerse! (The Crucifixion of Jews Must Stop!) en el periódico The American Hebrew (El hebreo americano) donde aparecía ya la cifra de los seis millones de judíos y describió las condiciones de los judíos en Europa como un "Holocausto"potencial.[3][4]:

Al otro lado del Atlántico seis millones de hombres y mujeres reclaman nuestra ayuda...seis millones de seres humanos... están muriendo. En el posible Holocausto de la vida,seis millones de famélicos... (etc.).




Esta cifra es de cierta importancia en el misticismo judío ya que está basado en fuentescabalísticas[5], así como en el Talmud, lo cual indica que dicha cifra se intentó imponer desde entonces de modo que el mundo viera necesario el establecimiento de un Estado judío soberano, sin embargo, la propaganda fracasó.

El 20 de mayo de 1920, el Congreso Judío Americano escribía:

Fondo para víctimas judías de la guerra en Europa Central, donde seis millones enfrentan horrorosas condiciones de hambre, enfermedad y muerte.




Incluso artículos del New York Times anteriores a 1927 ya hablan también de conceptos tales como "seis millones de judíos" y "holocausto"[6]

Segunda Guerra Mundial

La cifra de los seis millones persiste

El 9 de mayo de 1942, Nahum Goldmann quien fuese posteriormente presidente del Congreso Mundial Judío, estimaba con mucha anticipación que de los ocho millones supuestamente al alcance de Hitler, sólo dos o tres millones sobrevivirían a la guerra (aún si ésta durara seis años o muchos más), lo que haría un total de cinco o seis millones de judíos muertos, pero según los datos aportados por la historia oficial habrían sobrevivido cinco millones, lo que indica que la cifra de los seis millones, previamente concebida, sólo se estaba ajustando a cualquier dato posterior que fuese presentado. Después de la guerra todas las estadísticas demográficas fueron adulteradas con el pretexto de ajustarlas para no contradecir las cifras oficiales de fallecidos.

En su edición de febrero de 1943, el Reader's Digest ya mencionaba el número de seis millones como el total de las víctimas judías. Esta mención se le debe a un guionista judío de Hollywood llamado Ben Hecht.

En 1944 el Rabino Michael Dov Weissmandel escribió varias cartas pidiendo ayuda para salvar a los judíos en Europa. Nótese nuevamente que ya desde entonces se cita el número de las víctimas, mucho antes de que terminara el conflicto, y por lo tanto, antes de realizar los Juicios de Nüremberg, antes de que se hicieran públicas las estadísticas demográficas del régimen nacionalsocialista y antes de las primeras menciones públicas sobre las cámaras de gas.[7]

¿Cómo mantenéis silencio frente a este gran crimen... mientras miles de miles, alcanzando ahora los seis millones de judíos han sido asesinados?

Rabino Michael Dov Weismandel, Carta del 15 de mayo de 1944.




Hasta la fecha, seis veces un millón de judíos de Europa y de Rusia han sido aniquilados

Rabino Michael Dov Weissmandel, Carta al Vaticano del 31 de mayo de 1944.




Luego, en diciembre de 1944, el propagandista judío soviético Ilya Ehrenburg incorpora la cifra de los seis millones a la propaganda soviética, conociendo así la cifra de las supuestas víctimas antes de la liberación de Auschwitz[8].

La mejor distracción es la propaganda de atrocidades contra el enemigo

Por otra parte, este tipo de tácticas acusatorias sobre atrocidades fue ampliamente utilizada también por los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial en forma extensiva y una parte de la evidencia de este hecho se observa en la siguiente nota del 29 de febrero de 1944, que el Ministerio Británico de Información envió al más alto clero británico y a la BBC:

Señor,
Dirigido por el Ministerio, le envió a Ud. la siguiente carta circular:

Es a menudo el deber de los buenos ciudadanos y de los cristianos píos cerrar los ojos frente a las peculiaridades de aquéllos que se asociaron con nosotros. Pero llegará el tiempo en el cual tales peculiaridades, que aún se niegan en público, deberán tenerse en cuenta cuando llamemos a la acción.

Nosotros conocemos los métodos de gobierno empleados por el dictador bolchevique en la misma Rusia mediante, por ejemplo, los escritos y discursos del Primer Ministro durante los últimos veinte años. Sabemos cómo se comportó el Ejército Rojo en Polonia en 1920 y sólo recientemente, en Finlandia, Estonia, Letonia, Galicia y Besarabia.

Por consiguiente, ciertamente debemos tener en cuenta cómo se comportará el Ejército Rojo cuando desborde Europa Central. A menos de que se tomen precauciones, los horrores inevitables que obviamente sucederán, generarán una tensión indebida en la opinión pública de este país.

No podemos reformar a los bolcheviques pero podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para salvarlos - así como a nosotros - de las consecuencias de sus actos. Los descubrimientos del pasado cuarto de siglo generarán meras negaciones poco convincentes. La única alternativa a la negación es distraer la atención pública del asunto entero.

La experiencia ha demostrado que la mejor distracción es la propaganda de atrocidad dirigida contra el enemigo. Desgraciadamente el público ya no es tan susceptible como en los días de "la Fábrica de Cadáveres", "los Bebés Belgas Mutilados", y "los Canadienses Crucificados".

Por consiguiente se busca seriamente su cooperación para distraer la atención pública de lo realizado por el Ejército Rojo mediante su apoyo sincero en varios cargos contra los alemanes y japoneses que han sido y serán puestos en circulación por el Ministerio. El expresar sus creencias en cosas así puede convencer a otros.

Soy, Señor, Su obediente sirviente,

H. Hewet, Secretario Asistente,
P.S: El Ministerio no puede entrar en correspondencia de cualquier clase con respecto a la presente comunicación, la cuál sólo debe revelarse a personas responsables.[9]



Según los documentos de los archivos del departamento inglés responsable de la guerra psicológica, el Political Warfare Executive (PWE), en agosto de 1942 llegaron rumores por canales judíos de que los alemanes los estaban matando por millones.

El Foreign Office enseguida se daría cuenta de que se trataba de una mentira, no obstante, el PWE decidió emplear esta historia como base contra los alemanes. Se arrojó sobre Alemania millones de papeles hablando de las ejecuciones en cámaras de gas. Fue una mentira de la que empezaron a oir el eco a los pocos meses. En agosto de 1943 los primeros ministros de Checoslovaquia y Polonia, entonces en el exilio de Inglaterra, pidieron a Churchill y a Roosevelt difundir la acusación de que Alemania estaba exterminando a millones de judíos y polacos en cámaras de gas en el Este de Polonia.

Posteriormente, el jefe de la propaganda inglesa envió un mensaje a Winston Churchill en el que desaconsejaba firmar la acusación contra Alemania sobre un genocidio de judíos:

He descubierto que se trata de una mentira que puede poner en peligro a nuestra propaganda.




Declarando pocos meses después:

No sé cuánto tiempo más podremos mantener que los alemanes están matando judíos en cámaras de gas. Es una mentira grotesca, como la de que los alemanes en la I Guerra Mundial fabricaban mantequilla con los cadáveres de sus enemigos, y aquello hizo perder la credibilidad a nuestra propaganda.




Al acabar el conflicto Churchill escribiría 6 volúmenes sobre todos los detalles de la Segunda Guerra Mundial. En esas 4.448 páginas, no hace mención alguna a las supuestas "cámaras de gas" o un genocidio de los judíos. Dos mentiras que de llegar a descubrirse podrían desacreditar completamente su trabajo literario[10].

Análisis químicos

En 1993, el químico alemán Germar Rudolf publicó un estudio conocido como el Informe Rudolf, que determinó la imposibilidad química y física de que las cámaras de gas de Auschwitz fueran usadas para el exterminio en masa de la forma en que fue declarada por los testigos. Este análisis confirmaba otros estudios anteriores como el de Fred Leuchter de 1988 (Informe Leuchter), que fue desestimado por la falta de licencias y algunos errores en el método. El Informe Rudolf no pretende determinar por sí solo si ocurrió o no el Holocausto, sino que es un estudio que se enfoca en responder a la pregunta de si es posible realizar el gaseamiento en masa de la forma en que lo describen los testigos, con las cantidades de gas y métodos descritos por ellos, y acaba desacreditando científicamente sus testimonios, que son la piedra angular de la historia oficial del Holocausto. Hasta la fecha, este trabajo no ha podido ser refutado científicamente, al contrario, ha sido elogiado por historiadores, químicos y expertos de todo el mundo. No obstante, por escribir este informe, a su autor se le negó el doctorado y enfrentó una pena de prisión por el cargo de "difamación de la memoria de los muertos".

Los censos de Einar Aberg

En 1959, Einar Aberg, un profesor sueco, publicó una lista de cifras estadísticas de la población judía mundial antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Esta lista muestra datos sacados de fuentes como el World Almanac, el periódico New York Times, la American Jewish Comittee o la Statistical of the Synagogues of America, y refleja que entre los años 1939 y 1947 las cifras de judíos a escala mundial son constantes y no muestra un descenso abrupto y aproximado de seis millones de judíos muertos.



Año

Número de judíos en el mundo

Fuente estadística



1921

11.600.000

Meyers Hand-Lexikon, Alemania



1925

15.630.000,

World Almanac, pg. 752.



1930

15.600.000

National Council of Churches



1933

15.316.359

American Jewish Committee



1936

15.753.633

World Almanac, pg. 748



1938

15.748.091

American Jewish Comitee



1939

15.600.000

American Jewish Comittee Bureau of the Synagogue Council



1940

15.319.359

World Almanac, pg. 129.



1941

15.748.091

World Almanac, pg. 510.



1942

15.192.089

World Almanac pg. 849.



1946

15.800.000

World Almanac & Book of Facts, 1947



1947

15.690.000

World Almanac, pg. 74.



1948

15.600.000

New York Times, 22 de febrero de 1948, Mr. Hanson W. Baldwin



1949

15.713.638

World Almanac, pg. 284.



1961

16.300.000

Statistical Yearbook of Council of Churches, EUA.


Poco después, el World Almanac fue acusado de antisemitismo y de negación del Holocausto, y se vió obligado a reimprimir en el año 1949 una versión "corregida", que además tampoco demostraría nada; pues el supuesto genocidio se cometió entre los años 1939 y 1945, y la cifra final tras la retractación es de 11.266.600 judíos en 1949 tras registrar en esa misma lista que un año antes la cifra era de 15.688.259 judíos a nivel mundial. Al modificar estos valores, no sólo se redujo el cálculo de judíos posterior al Holocausto (para que un mayor número figurara como asesinado) sino que además hubo que adulterar un censo anterior a la guerra agregando aproximadamente un millón más, de manera de alcanzar las cifras oficiales de víctimas. Además, la misma historia oficial admite que el número 11.266.600 fue un cálculo hecho partiendo del supuesto de la muerte de seis millones de judíos y no está basado en ningún censo. De modo que jamás se ha constatado la desaparición de seis millones de judíos mediante datos estadísticos.

Campos de concentración nacionalsocialistas

La Alemania nacionalsocialista creó campos de concentración o campos de trabajo al igual que todos los países en guerra con el fin de internar opositores políticos, grupos étnicos o religiosos específicos, prisioneros de guerra o en general cualquier tipo de personas que se considere peligrosa en tiempo de guerra. Ejemplo de ello fue la reclusión de individuos japoneses en campos de concentración estadounidenses durante la guerra.

Esta fue una práctica generalizada, que además también se había usado en guerras anteriores: Hace aproximadamente 150 años los bóersfueron internados en campos por los británicos, los aristócratas por los republicanos, los cosacos por los comunistas en la guerra civil soviética, los chechenos por los estalinistas al acabar la guerra, etc. Por lo tanto, la orden de recluir en campos de trabajo y de concentración a los grupos considerados como un riesgo para la Alemania en guerra, no fue una medida particular o especial de los nacionalsocialistas.

Estos campos fueron establecidos dentro de Alemania poco después de la ascensión al poder del NSDAP en 1933. Posteriormente se crearían otros campos en aquellos países anexionados por Alemania antes y durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, comoHolanda y Polonia.

Según la historia oficial se habrían destinado algunos de estos campos para el exterminio de seres humanos. Los más conocidos de este tipo son seis:
■Auschwitz II (Auschwitz-Birkenau)
■Chelmno
■Treblinka
■Sobibor
■Belzec
■Majdanek

Otros como Jasenovac, Janowska, Maly Trostenets, Sajmiste y Warsaw son clasificados como "campos de exterminio menores".

Documento de la Cruz Roja

La Cruz Roja Internacional, que tuvo acceso a los campos y los supervisó durante la guerra, informó que habían muerto alrededor de 271.304 y que entre las causas principales de muerte estaban las epidemias de tifus causado por el piojo, la vejez y la muerte natural. De todos ellos apenas la mitad eran judíos (unos 150.000). La mayoría de ellos fallecieron a causa de las epidemias de tifus desatadas con la destrucción de las infraestructuras alemanas (vías férreas y autopistas) a causa de los bombardeos aliados, que causaron muchas víctimas, incluyendo no sólo las de muchos presos, sino también las de enfermeras, médicos y el personal de administración de los campos. Este hecho fue descrito por Paul Rassinier en sus obras, y confirmado también por la Cruz Roja en un informe de 1948 en el que explicó que los bombardeos sistemáticos de los aliados paralizaron los transportes y las comunicaciones; "no se podía ya realizar el aprovisionamiento regular de los campos y la falta de alimentos provocó la muerte de un número creciente de personas, no solamente en los campos, sino también entre la población civil".

Los trabajadores eran necesarios en época de guerra y hubiese sido contraproducente ejecutarlos, por esta razón el 8 de diciembre de 1942,Heinrich Himmler, responsable máximo de todas las instalaciones de prisioneros, hizo llegar a todos los centros de internamiento una orden taxativa, conminando a las autoridades responsables a que "el índice de defunciones en los campos debe ser reducido a cualquier costo".

Así, mientras las cifras oficiales del Holocausto, el número mínimo de muertos en trece campos de concentración alemanes fue de 1.548.491:



KZ (Campo de concentración)

Número mínimo de fallecidos según la historia oficial



Auschwitz*

960.000



Bergen-Belsen

70.000



Buchenwald*

56.000



Dachau

31.591



Flossenbürg

30.000



Gross-Rosen

40.000



Neuengamme

42.900



Mauthausen

95.000



Majdanek*

78.000



Mittelbau*

20.000



Natzweiler

25.000



Sachsenhausen

100.000



Abteilung I

?





1.548.491


De acuerdo con la información de un documento oficial de la Cruz Roja, la suma total de muertes fue de 271.304:





Registro oficial de la Cruz Roja Internacional respecto a las muertes en trece campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.


KZ (Campo de concentración)

Stand (Up-dated)

Número total de fallecidos



Auschwitz*

31.12.1972

52.389



Bergen-Belsen

30.09.1973

6.507



Buchenwald*

30.09.1973

20.501



Dachau

30.09.1973

17.842



Flossenbürg

30.09.1973

18.259



Gross-Rosen

30.09.1973

7.925



Hmb.-Neuengamme

30.09.1973

5.570



Mauthausen

30.09.1973

77.727



Majdanek*

30.09.1973

6.920



Mittelbau*

30.09.1973

7.187



Natzweiler

30.09.1973

3.944



Sachsenhausen

30.09.1973

4.785



Abteilung I

31.12.1978

41.748



GESAMT

31.12.1978

271.304


El elefante invisible

Muchos historiadores oficialistas afirman que algunas instituciones como los servicios de inteligencia aliados, el Vaticano y la Cruz Roja Internacional, pudieron denunciar o incluso evitar el genocidio, pero lo callaron, cometiendo alguna especie de complicidad. A partir de esta idea, otros historiadores quieren imputar algún grado de responsabilidad a estas instituciones por el presunto Holocausto.

Los aliados disponían de una red de información que funcionaba de forma efectiva, tanto en los países ocupados por Alemania como en la propia Alemania[11], por lo que un crimen de una magnitud tan monstruosa como lo sería el asesinato de millones de personas en cámaras de gas, no podría de ninguna manera quedar oculto ante ellos durante años, más aún con organizaciones judías que a partir de 1942 reportaban atrocidades constantemente.

Pero Washington, Londres y Moscú no hacían nada para salvar a los judíos, pudiendo destruir los campos de exterminio y salvar así a millones. Tampoco los prevenían del exterminio que los amenazaba, pues los judíos no oponían ninguna resistencia a los traslados hacia los campos de trabajo. Los aliados tampoco llamaron la atención del pueblo alemán sobre el genocidio perpetrado por su gobierno. Asimismo, tanto el Papa Pío XII, como la Cruz Roja, habrían permanecido con los brazos cruzados hasta terminar la guerra, callando el genocidio. Durante la guerra nadie, excepto la propaganda judía, se comportaba como si dicho genocidio estuviese ocurriendo.

Ya en 1942, el servicio de inteligencia británico consiguió captar y descifrar el código secreto de las comunicaciones radiales entre el cuartel general de las SS en Berlín y los campos de concentración. En los informes diarios se daba cuenta de todos los casos de muerte. Según estos informes, la mayoría de las muertes se debía a enfermedades, pero también se comunicaron algunos casos de ejecuciones por fusilamiento o ahorcamiento. Pero de asesinatos en cámaras de gas no hubo nada, ni siquiera desde Auschwitz.

Esto lo confirma el profesor Hinsley, actualmente docente en Cambridge, quien durante la guerra era especialista para el desciframiento de códigos secretos enemigos. En su libro explica: "Las comunicaciones radiales alemanas no contenían ninguna referencia a gaseos (no references to gassings)."[12]

Desde diciembre de 1943, los aviones de reconocimiento aliados fotografiaban regularmente Auschwitz. Hasta la liberación del campamento por el ejército rojo en enero de 1945 confeccionaron centenares de fotografías en el curso de un total de 32 misiones. Por su tamaño, por su importancia bélica y por su constante vigilancia aliada, en Auschwitz, habría sido prácticamente imposible disimular un asesinato en masa perpetrado industrialmente. No obstante, durante dos años enteros, de 1942 a 1944, parecía que nadie notaba dicho asesinato. Sólo hasta el verano de 1944 aparecieron en la prensa internacional los primeros reportajes sobre las masacres.

A los historiadores oficialistas se les dificulta explicar la razón de este "misterioso silencio" sobre el Holocausto. Todos están dispuestos a imputar responsabilidades a múltiples entidades de diferentes intereses entre sí y de los supuestos criminales, presumiendo así, más cosas de las absolutamente necesarias, pero nadie quiere ver la explicación más sencilla: si durante la guerra nadie se comportaba como si dicho genocidio estuviese ocurriendo, entonces, o bien se ignoraba de su existencia, o bien simplemente no estaba ocurriendo.(Ver: navaja de Ockham). Pero como un genocidio de tal magnitud no habría podido ser escondido ante la actividad aliada, entonces, la explicación más sencilla que resta es que tal genocidio no estaba ocurriendo. De hecho, el Vaticano y la Cruz Roja se enteraron de la presunta existencia del Holocausto sólo después de la guerra.

Cuando los alemanes abandonan Auschwitz ante el avance soviético, la historia oficial dice que los prisioneros prefirieron irse junto con quienes "les estaban exterminando", rechazando la opción de quedarse y ser liberados. En otras palabras, los judíos presos en un "campo de exterminio", no lo creyeron. Y también ellos, actuaron como si el genocidio no estuviera ocurriendo.

Tres de los principales actores en la "liberación" de Europa, el británico Winston Churchill, el general francés Charles de Gaulle y el estadounidense Dwight Eisenhower, no dicen una sola palabra sobre las supuestas cámaras de gas en sus memorias. Entre las más de 7000 páginas que escribieron relatando todos los detalles de la Segunda Guerra Mundial, no hay ninguna mención de "cámaras de gas", "genocidio" de los judíos o "seis millones" de víctimas. El profesor Robert Faurisson sugiere que estos personajes sabían o sospechaban que la propaganda de sus propios gobiernos sobre cámaras de gas no era cierta


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