Los errores de Proceso y la traición a Scherer
La revista Proceso se ha traicionado. Julio Scherer estaría avergonzado de lo que se ha hecho. A continuación, enlisto los errores de la última edición:
1. El título es amarillista, volviéndose una publicación poco seria. No es un título que refleje el contenido de la entrevista central o del resto de los artículos. Cayeron en la trampa populista de vender “gato por liebre”. Se espera de una revista de farándula, no de un espacio de crítica y reflexión política.
2. La entrevista está sobrevalorada. Le dieron voz a un académico que tiene opiniones añejas (todas respetables, aunque ilógicas) y se olvidaron de colocar un contrapeso para lograr objetividad. Los comentarios de un constitucionalista (que es experto en muchas cosas menos en realpolitik) debieron ser contrapuestos con las ideas de otro académico o de un líder social. Al menos pudieron publicar varias entrevistas para conocer los puntos de vista no solo de un jurista, también de un sociólogo, una politóloga, etc.
3. El artículo que sigue al de la entrevista, “El error de Texcoco puede marcar a AMLO”, da voz a los empresarios. Parece un largo anuncio pagado en donde se atreven a publicar las palabras de un oligarca que amenaza al nuevo gobierno al comparar (absurdamente) el caso del NAIM con el de Ayotzinapa o la Casa Blanca. Despreciable que Proceso gaste tinta en palabras que nos regresan a un priisimo empresarial rancio y putrefacto.
4. La revista ha bajado de calidad periodística. Medidas desesperadas que reflejan la mediocridad de sus investigaciones y de una línea editorial cobarde. Es notorio cuando el fin está cerca: comienzan los desvaríos y las alianzas con los enemigos del pasado.
5. Por fortuna, el fin de Proceso está cerca. Se va junto con el PRI. Mueren los adversarios y parece que ya no hay espacio para el sueño crítico de Scherer García. Menos mal que no llegó a ver su gran proyecto, nacido de la sublevación y la esperanza, convertido en un pasquín cuyo valor moral es quizá inferior al costo de la revista.
6. Triste que un medio que permitió germinar la libertad de expresión en México y era un referente para entender el panorama político nacional se vuelva un adminículo de intereses ocultos en un despliegue francamente patético por aparentar ser “críticos” y “antigobierno”. Ojalá nadie vuelva a creer que Proceso es objetivo, imparcial e inteligente. En ese punto no creo que las renuncias de directivos y responsables editoriales puedan subsanar este grotesco error. Queda la dignidad de su pasado. Solamente eso.


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