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La invocación de fuerzas sobrenaturales para resolver los problemas mundanos es cada vez más frecuente en las altas esferas del poder latinoamericano.
El arraigado discurso evangelizador del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y las sesiones ocultistas del mandatario venezolano Nicolás Maduro son muestras de un resurgimiento de la espiritualidad y la superstición en sistemas políticos donde existe una separación legal entre el gobierno y la religión.
A nadie sorprende el sincretismo religioso, que se entiende como el culto que surge de la mezcla de creencias distintas. Lo que comienza a preocupar es el poder que tiene el popurrí místico en la toma de decisiones políticas trascendentales.
El evangelio según AMLO
Los mensajes espirituales forman parte del discurso político de López Obrador.
Analistas han asegurado que se trata de un presidente “new age” que usa distintos conceptos religiosos para llegar a la mayor cantidad de electores. Por eso dudó en mezclar la simbología de su fe evangélica con la católica y ritos aztecas durante la campaña que le otorgó un contundente triunfo en las elecciones presidenciales.
Gerardo Soria, presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones (IDET), escribió en El Economista que “no es casualidad que su movimiento y partido personales hayan adoptado el nombre de Morena, en una clara alusión a la virgen del Tepeyac. Tampoco lo es que durante las campañas hayan aparecido por todo el país espectaculares con la imagen de la virgen de Guadalupe y la frase “¿no estoy yo aquí que soy tu madre?”.
Sin embargo, dos hechos recientes han levantado críticas de algunos sectores de la sociedad mexicana, que advierten que el estado laico corre peligro en México.
El primero es la negativa de AMLO de jurar a la bandera y cantar el himno de la república mexicana. Soria sostiene que AMLO es evangélico protestante y que los fieles del evangelicalismo “tienen prohibido rendir tributo a cualquier símbolo, ya que consideran que sólo Dios puede ser honrado y venerado”.
Para Soria el desplante es sumamente grave “porque demuestra que, para él, sus dogmas particulares están por encima de su investidura como presidente de una República laica”.
El comunicador Hugo Morales Galván dijo en el diario El Influyente que AMLO se ha declarado “profundamente cristiano” pero no ha expresado específicamente a cuál iglesia pertenece.
“¿Qué tendría de malo que AMLO no salude a la bandera nacional ni cante el Himno Nacional? Mucho. Es una violación a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) que juró respetar, y de la cual deriva la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional. Si la legislación lo impone y el Presidente lo incumple, la señal es simple: se puede violar la ley y no pasa nada”, expresó Morales Galván.
Otra iniciativa que no ha sido recibida con buenos ojos por sus opositores es la distribución de la “cartilla moral”, un cuadernillo de 29 páginas financiado por AMLO para la difusión de “valores universales”. Los primeros 10 mil ejemplares serán distribuidos en los siete mil templos de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas y luego serán repartido en los hogares de todos los mexicanos.
Sus adversarios políticos fustigaron la iniciativa. Marko Cortés, presidente nacional del opositor Partido de Acción Nacional (PAN) denunció como un exceso la utilización de la religión como un medio de propaganda política.
Maduro y el diablo
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