Libro en PDF 10 MITOS identidad mexicana (PROFECIA POSCOVID)

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jueves, 22 de agosto de 2019

LA XENOFOBIA DE FRANCISCO VILLA.
PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE CHINOS EN CHIHUAHUA.
Ricardo Ham afirma, con mucha razón, que “los actos de discriminación, despojo, infundios y matanzas contra la comunidad china en México, es quizás la muestra más condenable e indigna de las actitudes xenófobas nacionales y representan una parte importante de la historia nacional que pocos se atreven a recordar”. Y agrega que no es casual que “la experiencia antichina está prácticamente borrada de la memoria colectiva”. Hombres de estado, caudillos militares y guerrilleros, que figuran en la historia oficial, fomentaron políticas y prácticas xenófobas, que iban desde la expulsión masiva de ciudadanos chinos de algunas regiones del norte del país, hasta auténticos etnocidios.
Es notorio también un discurso en la prensa de la época que tendía a minimizar los crímenes cometidos contra los chinos. Por ejemplo, no era lo mismo reportar el asesinato de un ciudadano estadounidense o europeo, con nombre y apellido, en tono de denuncia, que el de “unos chinos”, de manera anónima, genérica y a veces hasta despectiva.
Francisco Villa consideraba a los chinos “una peste para el país” y amenazó con expulsarlos, “porque venían sin nada y mandaban fuera de México todo lo que ganaban”, y a su juicio, “no eran buenos ciudadanos.” Villa dio órdenes a sus lugartenientes de asesinar a todos los chinos que encontraran en el estado.
Numerosos refugiados que arribaban diariamente a la frontera, procedentes de distintos puntos del estado de Chihuahua, dieron testimonio de los excesos de Francisco Villa contra los extranjeros, principalmente estadounidenses y chinos. En las ciudades de Chihuahua, Hidalgo del Parral, Santa Rosalía de Camargo y Jiménez se reportaron casos verdaderamente escandalosos.
En la ciudad de Chihuahua, entre el 18 y 20 de diciembre de 1915, Villa giró la orden a sus hombres de aprehender a cualquier individuo con rasgos orientales que encontraran en las calles y lo asesinaran. Una lavandería en la calle Tercera fue incendiada por los villistas y murieron quemados tres chinos; otros 14 fueron arrestados y conducidos a la estación del Ferrocarril Central, donde permanecieron detenidos hasta que Villa llegó de la Quinta Carolina y se los llevó rumbo a El Fresno, ejecutándolos él mismo en el camino. Los cadáveres fueron sepultados a las faldas del Cerro Grande. Testigos que presenciaron el asesinato de los chinos refirieron horrorizados que Villa, “en un acceso de locura colérica, mandó que pararan a los chinos frente a él y con su pistola los fue eliminando uno por uno, valiéndose de la terriblemente buena puntería que tiene.”
La noche del 20 de diciembre, un chino que había sido ejecutado por Villa poco antes de salir de la estación, fue reportado a las autoridades civiles como desconocido, pues nadie lo reclamó.
El 26 de septiembre de 1916, Villa se apoderó del mineral de Cusihuiriachi, donde ejecutó a tiros a dos súbditos turcos y a un chino, que se atrevieron a reclamar el saqueo de sus propiedades.
Un mes después, entró a Ciudad Camargo, donde el jefe guerrillero ordenó quemar vivas a dos mujeres mexicanas y a sus cinco hijos, sólo por estar casadas con dos inmigrantes chinos. Según los testigos, los villistas empaparon con aceite el cabello de las víctimas y les prendieron fuego: "con las cabezas en llamas las dos mujeres que lo habían enfurecido [a Villa] corrieron gritando hasta que cayeron muertas". En las calles quedaron regados los cadáveres de sus dos esposos y los de cinco chinos más.
En Parral, el 5 de noviembre de 1916, según el autor Chang, Villa ordenó la ejecución de 60 chinos, arrojándolos a los tiros de las minas para "ahorrarse los cartuchos" que gastaría en los fusilamientos. Dos chinos que permanecieron ocultos durante la permanencia de Villa en la ciudad, atestiguaron la ejecución de 19 de sus paisanos. Otros testigos mexicanos denunciaron el asesinato de 35 gitanos de ambos sexos, en el camino a Jiménez, y de tres chinos en las calles.
Entre el 23 y 26 de noviembre, Villa volvió a atacar la capital del estado, donde lanzó un manifiesto en el que aseguró que "todos los americanos serán tratados en la misma forma en que lo fueron los chinos", y ordenó a sus hombres que asesinaran a palos todos los chinos que encontraran para ahorrar cartuchos. Un grupo de chinos que pudo huir a la frontera declaró que sus paisanos "fueron asesinados con las culatas de los rifles y sus cadáveres mutilados". Las cantidades de ciudadanos chinos muertos variaban entre 17 y 60, según reportes del Departamento de Estado estadounidense y la prensa de la época.

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