El lenguaje inclusivo distrae del verdadero
problema de fondo: Concepción Company
NELLY TOCHE, El Economista, 26 ago 2019
ólo 3% de la gramática es determinada por el
sexo del referente.
“El lenguaje incluyente es un distractor de
los verdaderos problemas que hay en otros aspec-
tos, es un falso problema que deja contentos a mu-
chos y distrae del verdadero problema de fondo”,
aseguró Concepción Company Company, lingüista
y filóloga del El Colegio Nacional, en la conferencia
“Lenguaje inclusivo. Falacia de la equidad de género”.
Incluso el lenguaje incluyente es vistoso, confirma, usarlo aplaca las
conciencias oficiales, y más si son masculinas, propicia la creencia de que
hay más igualdad entre sexos e invisibiliza la verdadera lucha social, es
decir, deja tranquilos a muchos, obstaculiza la perfección del problema
real de fondo y la discriminación total contra hombres y mujeres.
La especialista asegura que por naturaleza el lenguaje es inclusivo y
todos somos libres para usarlo, no requiere de esfuerzos ni legislaciones,
nacemos con la capacidad de hablar una lengua y nadie nos tiene que
decir ni forzarnos para hablarla. “Cualquier imposición en cómo usar la
lengua es un acto autoritario”.
Entonces, ¿qué tiene que ver la lengua con la inequidad y la discrimi-
nación de sexo? “Absolutamente nada, pero a la vez tiene que ver mucho.
Es decir, tenemos que dividir la construcción de la gramática y el discurso”.
Que el tema cause tanto acaloramiento y haya tanta insistencia, a opi-
nión de la especialista, se trata de un soporte de identidad, es decir, dime
cómo hablas y te diré quién eres y con quien te identificas. También hay
una idea de que lo que está explícito, lo que está en la gramática, genera
visibilidad y que lo que no se dice, no existe.
Sin embargo, asegura que el lenguaje es una actividad transversal de
la que somos propietarios todos, no los escritores, sino los hablantes de
todos los días. Para ello da algunos ejemplos:
La gramática no es binaria, no existe una gramática del femenino en A
y masculino en O, la biología sí es binaria, hay hombres y hay mujeres,
pero la sexualidad no es binaria para nada. Dada esta arbitrariedad, es
decir, la no relación directa entre la forma que tiene la palabra y el signifi-
cado que adquiere, tiene muchas posibilidades.
También, en cualquier diccionario se encuentra que hay cuatro marcas
de género para la lengua española, femeninos que acaban en O (como
mano, o solución), hay masculinos en A (tema, problema), también los que
significan genero común, que se pueden decir en femenino o masculino
depende de lo que se aluda (el o la estudiante) y el género ambiguo, donde
el mismo referente se puede utilizar (Juan es una lacra y Juan es un lacra).
Tan arbitraria es la lengua, confirma, que puede tener un singular mas-
culino (el arte) y un plural femenino (las artes), aún más, tenemos palabras
con dos géneros y la especializamos (el cólera, la enfermedad; y la cólera,
el sentimiento). Incluso, 97% de la gramática de la lengua española no
coincide (soy una víctima, es utilizado igual, por hombres y mujeres. La
humanidad es femenina, pero se refiere a todos). La arbitrariedad es el
rasgo esencial para lograr una lengua creativa.
Company explica que sólo 3% de la gramática
tiene que referir a personas y seres animados que
tiene alternancia gramatical por el sexo del refe-
rente (amigo, amiga, perro, perra, oso, osa), ella
dice no entender por qué tanto acaloramiento por
este resquicio.
Y es contundente: “La historia de la
lengua española ha demostrado que
grandes cambios sociales hacen míni-
mos cambios gramaticales y a veces
ninguno (...) Somos codos como ha-
blantes porque queremos evitar quie-
bres comunicativos y queremos eco-
nomía y rapidez para indicar”.
Agregó que la gramática no es
buena ni mala, sólo hay hechos gra-
maticales y hechos agramaticales (el
Juan), es una rutina que se tiene que
concordar en género y número, pero
no es mejor ni peor.
En contraste, en México al hablar
del rezago de la mujer en el campo la-
boral indica que sólo alcanza de 35 a
47% de incorporación, mientras que
en países de la OCDE, entre 55 y 65%
están trabajando. “Somos el tercer
peor país en América Latina en incor-
poración laboral de mujeres, sólo por
encima de Bolivia y Ecuador”, de
acuerdo con datos presentados por
Silvia Giorguli, demógrafa, socióloga y
presidenta del Colegio de México.
Hace unos meses, el Secretariado
Ejecutivo dio a conocer que de enero
a abril, 1,199 mujeres murieron a
causa de la violencia de género. Re-
cientemente se dieron a conocer los
casos de policías que presuntamente
violaron a menores de edad.
En cuanto a embarazo adoles-
cente, la cifra más alta la tiene México,
“y así, un larguísimo etcétera de discri-
minación por sexo, aun así, nosotras
seguimos peleando por el estimadas y
estimados, no estamos dando las ba-
tallas donde las tenemos que estar
dando. Para mí, el peligro del lenguaje
incluyente es porque es un distractor”.
El lenguaje incluyente, para la lin-
güista, opaca o hace olvidar la verda-
dera lucha por la equidad entre sexos,
“ése es el problema. Invisibiliza el
fondo sin que se produzca cambio so-
cial alguno y nos pone a discutir en un
hecho de superficie”. Que me digan
jueza no es igualitario, que me paguen
igual, eso es igualdad.
Concluyó diciendo que la clave es
educar a hombres y mujeres en el re-
cíproco respeto y en la integración a
las tareas de todos los días. “La edu-
cación primaria es clave y no han he-
cho nada para protegerlos”.
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