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sábado, 26 de julio de 2025

Dinero para las Guerras

 Dinero para

las Guerras

EL DINERO SE HA CONVERTIDO

EN UN DIOS Y UN TIRANO – Parte 2

omo todo ídolo, este poderoso dios está hecho

por el hombre. Su naturaleza se mostró al mundo


en septiembre de 1939: Cuando se declaró la Se-

gunda Guerra Mundial, el dinero apareció repentina-

mente después de 10 años desesperados de escasez


de dinero durante la Gran Depresión.


Ni una sola vez durante los seis años que duró la gue-

rra un gobierno declaró: “Los combates tendrán que ce-

sar porque falta dinero”. ¡Esto nunca sucedió! Sólo se


necesitaron los recursos disponibles en hombres y ma-

teriales, y el dinero fluyó.


De la noche a la mañana, los asediados desemplea-

dos fueron reclutados con entusiasmo para convertirse


en soldados y fabricantes de municiones. El dinero si-

guió y miles de millones de dólares estuvieron disponi-

bles para la matanza.


Si se pudo encontrar dinero tan rápidamente para

que el gobierno llevara a cabo una guerra, también se

puede proporcionar dinero a los individuos en tiempos

de paz. No hay ninguna dificultad técnica en esto. Es

más bien una cuestión de voluntad de resolver un

problema que tiene solución.

Después de este ejemplo, ¿podemos todavía decir


que la falta de dinero es un problema? Esta es una men-

tira que hay que desenmascarar.


Los creditistas sociales de Douglas hacen un llamado


a todos los patriotas a oponerse a esta tiranía. Nos ne-

gamos a aceptar crisis artificiales que producen pobreza


en masa, y guerras que producen víctimas en masa.

El dinero debe estar regulado por la capacidad de


producción de una sociedad, en lugar de que la ca-

pacidad esté limitada por el dinero.


Es ridículo que ciudades y provincias renuncien a un


desarrollo necesario y posible con el pretexto de una fi-

nanciación insuficiente. Es absurdo que instituciones pú-

blicas, como los ayuntamientos, endeuden a sus pobla-

ciones con quienes no producen nada, los banqueros.


El sistema financiero debería facilitar la distribución

de bienes a cada persona: garantizar que los precios de

los bienes se ajusten al poder adquisitivo del individuo.


Entonces uno podría comprar entre la variedad de bie-

nes que corresponden a sus necesidades. Los precios y


el poder adquisitivo deben estar equilibrados; de lo con-

trario, la distribución universal será imposible.


Todo el mundo tiene necesidades, desde “la cuna


hasta la tumba”, por lo que todos deben tener poder ad-

quisitivo. Las necesidades están ligadas a la persona


humana, y el derecho a utilizar los bienes también debe

estar ligado a la persona humana. De lo contrario, los


bienes ya no están al servicio de las necesidades. Nues-

tro sistema garantiza esta armonía proporcionando un


dividendo a todos, desde el nacimiento hasta la muerte

La forma actual de distribuir el poder adquisitivo no

puede garantizar a todos una participación en los bienes

terrenales, porque vincula el derecho a los bienes casi


exclusivamente al empleo. No todo el mundo puede con-

seguir un empleo.


Al mismo tiempo, la automatización reduce la de-

manda de trabajadores y aumenta la productividad, ha-

ciendo que menos trabajadores produzcan más bienes.


Si un producto puede producirse sin mano de obra hu-

mana, también debe garantizarse el acceso al producto


sin necesidad de emplear a todas las personas.

Decir que cada persona debe estar empleada para


tener derecho a vivir, cuando los avances tecnológi-

cos tienen como objetivo la reducción del trabajo, es


hacer del progreso de la sociedad una fuerza casti-

gadora en lugar de una fuerza liberadora.


Uno come comida, no trabajo. Usamos ropa, no tra-

bajos. Los derechos sobre bienes, como alimentos y


ropa, etc., deberían ser según la presencia de bienes

ofrecidos para satisfacer las necesidades humanas, y no

por el estatus de una persona en el proceso productivo.

El Crédito Social de Douglas, también conocido como


Democracia Económica, ofrece la solución. No ha ha-

bido ningún otro plan viable.


Los programas sociales son prueba de que la dis-

tribución de bienes está mal organizada. Los progra-

mas no corrigen el sistema; más bien permiten que la


corrupción persista mientras suavizan sus efectos.

La democracia económica corregiría este defecto con

la provisión de dinero para todos, distribuyendo a nivel


nacional el poder adquisitivo correspondiente a la pro-

ducción; y proporcionando un dividendo a cada persona,


asegurando que todos obtengan una parte al menos su-

ficiente para disfrutar de los beneficios esenciales.


La democracia económica corrige la causa del caos


y el desorden económico, en lugar de remendar sus mu-

chos defectos. 

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