Así como el PRI pareciera que nunca se acaba y sigue gobernando
México con el disfraz de Morena, así son los Estados Unidos (EU).
Decía Andrés López Obrador (AMLO), “Todos los negocios ju-
gosos en el país, negocios de corrupción, tienen el visto bueno del presi-
dente de la república”... “de los EU”, le faltó añadir. Y detrás de todos, los
grandes banqueros, dueños del mundo.
Así como el genocidio en Palestina ─menor al de México, por cierto─
es operado desde los EU, usando a Israel, igual sucede en otras latitudes.
El narcogobierno en México es creado, promovido y combatido por el
gobierno yanqui, principal interesado en corromper la política mexicana.
Con ello chantajean a nuestros presidents, quienes, temerosos de
verse exhibidos y encarcelados, les obedecen sin chistar. Nadie piense
que los EU vendrán a salvarnos de la dictadura morenista, sino a acabar
de rematarnos. La bota del yanqui sigue siendo parte de nuestra historia.
Y las venas de América Latina están más abiertas que nunca.
El gobierno yanqui es el principal interesado en el narcorégimen; en la
guerra intestina; en la producción de drogas, tráfico y consumo. Los EU
son los que dictan las políticas de México; son los que nos están impo-
niendo la identificación biométrica a través de la 4T con su falsa retórica
de soberanía. El gobierno yanqui es el principal impulsor de un regimen
militar y de un Estado pseudocomunista en México, para justificar e incre-
mentar la guerra contra nuestro país. Crean el enemigo, invaden y roban.
“En el momento de escribir estas líneas hay cerca de treinta mil solda-
dos norteamericanos que patrullan la frontera mexicana, y barcos de
guerra de los Estados Unidos navegan en la proximidad de puertos mexi-
canos”, decía John Kenneth, hace más de 100 años en el prefacio de su
monumental obra “México bárbaro”. Hoy se parece a esa historia.
En el entretanto, nuestros flamantes políticos discuten los derechos a
disfrutar sus jugosos estipendios, sus vuelos en primera clase, sus zapa-
tos no sé de qué, la casa en no sé dónde, su embajada acullá y otras
tonterías propias del hombre mediocre, de la clase ocisosa.
Somos los mexicanos de a pie y al margen de la formalidad oficial,
quienes aún podemos ejercer la desobediencia civil. Debemos ab-
stenernos de acatar las leyes injustas y que no fueron creadas por el
pueblo ─en verdad, todas─, creadas por los partidos políticos que
obedecen a los presidentes y a los EU.
Por ello, es irresponsable pagar impuestos: son precisamente eso, im-
posiciones que sólo alimentan los caprichos, lujos y barrigas del poder.
Cada vez que los pagamos, les financiamos para que nos roben, opriman
y destruyan el país: eso es una irresponsabilidad ciudadana.
Ahora, la maldita inquisición de la 4T ya estará pensando reprimir este
tipo de opiniones porque según ellos
incitan a la violencia y son apologia del
delito. Querrán que tomemos un curso
de recaudación fiscal, que nos dis-
culpemos durante un año, que nos ar-
rodillemos en cadena nacional. Y que
les besemos los pies ─añadiría el se-
nador Noroña─. Ahora sí, al diablo sus
leyes y sus instituciones. La ignominia
no puede tener la última palabra.
Cada vez que la gente se organiza
para algo y toma sus propios acuer-
dos, está formando sus propias
pequeñas leyes, más allá de su liber-
tad política: lo vemos en toda aquella
organización ciudadana, solidaria,
democrática y autónoma que el go-
bierno llama despectivamente “an-
arquía”, pero que no es otra cosa que
el gobierno de sí mismo.
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