No al Proyecto Fotovoltaico en Hidalgo
PABLO MARTÍNEZ, Jornada, 19 julio 2025 (K-Resumen)
l 13 de julio en Pachuca se realizó una marcha en contra del proy-
ecto fotovoltaico en los municipios de Singuilucan y Epazoyucan,
que busca convertir miles de hectáreas de maguey y tierras produc-
tivas en campos de espejos solares.
El colectivo El Maguey en la Casa de Todos, denuncia que está en
riesgo no sólo el paisaje sembrado de agaves, sino el corazón mismo de
la cultura tlachiquera, que cada madrugada ve a hombres y muje-
res tlachiquiando, extrayendo aguamiel, para luego cuidar los tinacales y
transformar el jugo dulce en pulque.
Esa bebida blanca, fermentada, no sólo alimenta el cuerpo, sino la iden-
tidad de un pueblo; de esas tierras brota el aguamiel que abastece no
únicamente a los mercados locales, sino que llega a múltiples partes de la
república en forma de destilados. ¿Es sensato sacrificarlo todo por mega-
proyectos solares cuyos beneficios ni siquiera se quedarán en la región?
Los proyectos fotovoltaicos implican el arrendamiento o compra de ex-
tensas superficies ejidales, con cambios de uso de suelo de agrícola a
industrial. En muchos casos, campesinos son convencidos de firmar con-
tratos que los atan durante 30 años, sin garantías para sus herederos. El
resultado es un despojo silencioso que, bajo la bandera de la modernidad
y las energías limpias, amenaza con devastar territorios completos.
Las empresas involucradas, como Baywa, Kenergy y Dhamma Energy,
aseguran que la zona es árida, como si ahí no creciera nada; la realidad
es que en esos terrenos se cultivan maguey, nopal, cebada y maíz; la veg-
etación que pretenden remover no es maleza inútil, sino parte de un
equilibrio ecológico que sostiene flora, fauna y ciclos de agua. No se trata
sólo de magueyes: son ecosistemas con insectos, aves, mamíferos, y
mantos acuíferos que, de afectarse, pondrían en riesgo incluso el abastec-
imiento de agua en Pachuca, Estado de México y la Ciudad de México.
Cientos de personas recordaron los ecocidios recientes en Calpulalpan,
Tlaxcala, o Nopala de Villagrán, Hidalgo, para advertir lo que ocurre cu-
ando se instalan parques solares de gran escala: deforestación masiva,
aumento de temperaturas locales y una perturbadora disminución de llu-
vias. En Nopala, la gente habla de cómo estos armatostes (los paneles
solares) parecen inhibir la lluvia y secar mantos acuíferos. En Calpulalpan,
la devastación ambiental es patente y advierte sobre los costos de estos
proyectos cuando se ejecutan sin responsabilidad ni consulta social.
La Secretaría de Desarrollo Económico de Hidalgo presume una in-
versión de 6,460 millones de pesos y la generación de 440 empleos. Pero
¿cuál es el precio real de esa inversión? ¿Qué vale más: unos cientos de
empleos temporales o la preservación de un ecosistema y una cultura que
lleva siglos alimentando cuerpos y almas? Si el maguey desaparece, con
él se irá una parte del alma de Hidalgo y cientos de tlachiqueros.
La transición energética es ur-
gente, pero no sobre el despojo y la
muerte de culturas vivas. Si se sigue
imponiendo este tipo de megaproyec-
tos sin consulta real, sin transparen-
cia, y sin respeto a los ecosistemas,
estaremos firmando la sentencia de
muerte de nuestro propio patrimonio.
Nadie se puede comer una en-
salada de billetes.
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