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martes, 25 de noviembre de 2025

México. Vivir y morir un desalojo

 

México. Vivir y morir un desalojo

Texto y fotos: Axel Hernández, Desinformémonos /24 de noviembre de 2025.

Un féretro irrumpió la cotidianidad festiva del viernes por la noche en los alrededores de los bares LGBT de la calle República de Cuba, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

En el campamento que mantienen desde agosto al exterior de los hogares que les fueron arrebatados, la comunidad vecinal del edificio del Sol y la Luna dio, este 21 de noviembre, el último adiós a uno de los suyos, Salvador Cresencio Esquivel Alcántara.

“Don Chava”, como le decían sus vecinas y vecinos, vivió y murió un desalojo.

A sus 78 años, y luego de dos décadas de habitar ese departamento en el segundo piso, policías y cargadores lo dejaron en la calle junto a todas sus pertenencias, durante el operativo matutino del 27 de agosto que expulsó a una veintena de familias y varios comercios, concretando así el despojo del edificio ahora conocido como Cuba 11.

Su muerte, derivada de la metástasis del cáncer pancreático que padecía, para sus vecinos y vecinas es consecuencia directa del despojo. Es por eso que decidieron velarlo en el corazón del campamento que mantienen para exigir el pronto retorno a sus hogares. Un acto de memoria, pero también de protesta.

Don Chava es el segundo habitante de este edificio que fallece tras haber sido expulsado. “¡Ya van dos! ¿Qué esperan? ¿Que mueran más?”, se preguntan las y los vecinos de Cuba 11.

El pasado 30 de agosto, Adrián Montoya, de 62 años, sufrió un ataque al corazón, sólo tres días después del abrupto desalojo que redujo su negocio de reparación de equipo de cómputo e impresoras a una enorme pila de basura electrónica. Su familia refirió a los medios de comunicación que fue la tristeza la que acabó con su vida.

Don Chava, paseante de la Alameda

Así como al señor Montoya, haber sido expulsados del lugar que habitaron por décadas trajo consecuencias en el estado anímico de Salvador. “Él se deprimió mucho, no concebía que no pudiera regresar a su casa”, refiere Antonio Rangel, otra de las personas despojadas y gran amigo de don Chava.

Durante años, y apoyado de su comunidad vecinal, Antonio asumió las labores de cuidado que don Chava requería debido a su avanzada edad. En entrevista para Desinformémonos, externó la preocupación colectiva que esta dolorosa pérdida ha generado en el plantón, pues una gran parte de las y los habitantes de Cuba 11 son adultos mayores que sufren padecimientos crónicos y que son particularmente vulnerables a las condiciones adversas que ha implicado la pérdida de sus hogares.

El impacto psicológico y la exposición constante al frío y la lluvia en el campamento fue, para la señora Rocío Quevedo, también vecina despojada, lo que aceleró el deterioro físico de don Chava Esquivel: “El haberlo sacado de su casa mermó más su salud”, dijo.

Ella misma ha vivido los estragos de habitar en el plantón, implicándole una aún más dolorosa y complicada recuperación de las costillas y el brazo que se fracturó en la caída que sufrió unos días antes de que llegara el desalojo.

Entrevistados durante el velorio, Antonio y Rocío recuerdan el amargo episodio que vivieron el pasado 29 de septiembre, cuando don Chava se accidentó y perdió el conocimiento frente al Hemiciclo a Juárez, donde fue recogido por una ambulancia e ingresado al hospital Rubén Leñero. El ineficiente cruce de información entre instituciones ocasionó que sus vecinos intentaran localizarlo, sin éxito, durante 15 días, pegando su ficha de búsqueda en las paredes y postes del centro histórico.

Fue gracias a un video publicado en redes sociales que las autoridades pudieron dar con su paradero: don Chava había sido echado del hospital, a pesar de no estar plenamente recuperado, y fue encontrado tirado en calles aledañas por ciudadanos que a través de la denuncia pública lograron que fuera reingresado y atendido, pero sobre todo localizado.

Al borde de la “desaparición institucional”, como la han definido los Colectivos de Madres Buscadoras, estuvo una vez más don Chava al momento de morir.

Por la ausencia de familiares que reclamasen su cuerpo en el hospital donde falleció, y ante la negativa de las autoridades de entregarlo a las y los vecinos que durante sus últimos años acompañaron y cuidaron de don Chava, existían altas posibilidades de que sus restos fueran depositados en la fosa común.

Afortunadamente, Antonio logró contactar a un sobrino lejano de don Chava, y aunque con trabas burocráticas por no ser un familiar más directo, consiguió acreditar la firma necesaria para evitar que su amigo se uniera a las más de veinte mil personas fallecidas, muchas de ellas sin conocer su identidad, que descansan en la fosa común de la Ciudad de México, donde esta misma semana inició el proceso de exhumación para lograr su identificación y la digna restitución a sus familias.

Gracias al esfuerzo colectivo, don Chava pudo regresar, por última vez, con las y los suyos, en el hogar improvisado y precario que las autoridades capitalinas le obligaron a habitar los últimos meses de su vida.

Hoy, sus vecinos lo recuerdan con cariño, pero también con impotencia. La falta de avances de las instituciones a cargo de resolver su caso hace que esta pérdida les resulte aún más dolorosa.

Este sábado, la comunidad vecinal de Cuba 11 sepultó a uno de sus integrantes a la espera de la expropiación del inmueble que durante décadas habitaron, anunciada antes de cumplirse el primer mes tras el desalojo por el titular del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México, Inti Muñoz. Han pasado ya casi cuatro meses, el invierno se acerca y los vecinos de Cuba 11, ahora con dos integrantes menos, continúan esperando, plantados en firme resistencia al exterior del edificio.

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