Es lamentable que, habiendo tantas mujeres talentosas, el poder en México quede en las oportunistas, mentirosas, deshonestas, cínicas, corruptas, amantes del dinero… siendo su líder la peor de todas, la presidente de México, célebre por sus montajes ─como el fraude electoral de 2024 que la llevó al poder y que todos vieron. Y no, esto no es violencia de género, es un diagnóstico ciudadano. Lo comentamos en el editorial del Kgosni 432, “La mujer mediocre”. El término Tartufo ─de la comedia de teatro de Moliere, poeta del siglo 17─ lo describió José Ingenieros en su obra de 1913 “El hombre mediocre”. A eso alude el senador Diego Fernández sobre López Obrador, narco presidente, obrador y corruptor de todas estas mujeres. Así que no es “tiempo de mujeres”, como dice la narcopresidente Claudia Sheinbaum. Es tiempo de tartufas, tan mediocres como los hombres en los puestos de poder. Hoy, México cuenta con el gobierno más corrupto e inoperante de la historia, de “izquierda”, gobernado mayormente por tartufas que apenas merecen llamarse mujeres. Y se apellidan Bienestar, lo que significa que no funciona, que son un fraude. No son tiempos de igualdad ni de “humanismo”, sino de privilegios, venganzas, de ambiciones, arrogancia, soberbia… ¿Hasta cuándo piensa el tartufato que terminen estos “sus tiempos”? Ya se verá en las urnas, en las denuncias, en la organización popular, en las movilizaciones… Por lo pronto, es tiempo de feminicidios y más corrupción. Y en la Comisión de Agua, una de las instituciones más corruptas, regida por hombres, las tartufas también ambicionan “feminizar” esos jugosos sueldos de arriba. Mas ellas también son víctimas de un sistema social donde no se puede llegar a cargos directivos sin ser, en efecto, un tartufo o tartufa. Un sistema milenario difícil de extirpar, basado en la deuda y escasez monetaria: el dinero-dios todopoderoso, sinónimo de “honor”, distinción… y corrupción. El virus del dinero exclusivo las hace insaciables, insatisfechas y pobres por siempre ─aun siendo millonarias─ y muy mediocres como personas, sin ética… zombis del dinero. ¿Qué hacer? ¡Abolir las deudas! y el mundo sanará. No habrá tartufos. Habría ¡capital sin capitalismo! y propiedad privada para todos sin socialismo: no sólo para unos pocos capitalistas de izquierda o de derecha. Nadie pelearía por dinero. Cambiaría toda la cultura: pensamientos, valores, actitudes, conductas… economía y política. Un mundo sin deudas es posible. Pero antes falta una verdadera democracia, sin partidos políticos, sin “expertos”. Porque, así como está ordenado el mundo, no tiene remedio.
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