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miércoles, 29 de abril de 2026

El centenario de Harper Lee y Matar a un ruiseñor

 a mirada de una niña hizo luz sobre las tinieblas del racismo en un pequeño pueblo. En ese lugar, llamado Maycomb en la novela de Harper Lee, Matar a un ruiseñor, estaba representado el conjunto de la sociedad estadunidense. Ha tenido lugar la celebración del centenario natal de Nelle Harper Lee, nacida el 28 de abril de 1926 en Monroeville, Alabama. Su madre, Frances Cunningham Finch, a causa de una enfermedad crónica fue para Nelle una influencia formativa oscilante. En cambio, el abogado Amasa Coleman Lee, su padre, tuvo gran influencia en la inquieta chiquilla. Harper fue la menor de la familia, la hermana mayor, Alice, le llevaba 15 años; Francis, 10, y Edwin, seis. En su casa abundaban los libros y Amasa era ávido lector de periódicos. Él sería personaje central en Matar a un ruiseñor, donde aparece con el nombre de Atticus. José Emilio Pacheco, evocando a Rainer María Rilke, reiteró: “La verdadera patria del hombre está en la infancia”. En ese territorio, Harper Lee decidió situar a su alter ego Jean Louise Finch, apodada Scout. Ella, entre los seis y nueve años, en compañía de su hermano Jem y el amigo de ambos, Dill, hace uso de su inventiva para crear juegos y pasatiempos, sobre todo en los veranos, para vencer la monotonía de Maycomb. El pueblo lo conformaba “una población antigua y fatigada”; en días lluviosos, las calles se convertían en tramos de barro rojizo; en los días de calor, sobre todo en el verano, “un perro negro sufría” por las altas temperaturas y “unas mulas que estaban en los huesos, enganchadas a los carros Hoover, espantaban moscas a la sofocante sombra de las encinas de la plaza”. La vida transcurría con lentitud, “el día tenía 24 horas, pero parecía más largo. Nadie tenía prisa porque no había dónde ir, nada qué comprar, ni dinero para hacerlo, ni nada qué ver fuera de los límites del condado de Maycomb”. La novela que súbitamente puso el nombre de Harper Lee en lo más alto del reconocimiento público transcurre en los años 30 del siglo XX, periodo en el que repercutieron los efectos de la Gran Depresión iniciada en octubre de 1929. La crisis económica causó quiebras de bancos y empresas, drástico descenso del consumo de bienes y servicios, desempleo, reducción de los salarios y aumento de la pobreza. Los estragos causados por la Gran Depresión entre los pobres quedaron magistralmente narrados por John Steinbeck en Las uvas de la ira. Cuando Scout casi tiene nueve años, el pequeño pueblo se convulsiona por el caso de Tom Robinson, afroestadunidense acusado de haber violado a la blanca Mayella Ewell. El padre de Scout, Atticus, toma el caso de Robinson y presenta su defensa ante el jurado, conformado exclusivamente por gente blanca. En Maycomb prácticamente toda la población era de confesión evangélica, uno(a)s metodistas (como la familia de Atticus) y otro(a)s bautistas (como la familia de Dill, de quien Truman Capote dijo “soy yo”, dado que en la vida real vivió en la casa contigua a la de Harper Lee). Calpurnia, trabajadora doméstica en casa de Scout y Tom Robinson era integrante de la First Purchase African Methodist Episcopal Church. El templo debía su nombre (First Purchase, primera compra) a que fue adquirido con las primeras ganancias de esclavos libertos asentados en Maycomb. Scout sufre insultos y agresiones físicas en la escuela porque su padre defiende a Robinson y le gritan a ella que es un “nigger-lover” (amante de los negros). Al preguntarle Scout al abogado Atticus la razón por la cual está defendiendo a Robinson, él responde: “Este caso es algo que llega hasta la esencia misma de la conciencia de un hombre… Scout, yo no podría ir a la iglesia y adorar a Dios si no intentara ayudar a este hombre […] Antes de vivir con otras personas, tengo que vivir conmigo mismo. Lo único que no sigue la regla de la mayoría es la conciencia de la persona”. Scout, Jem y Dill no logran colarse a Geopolítica y ambiciones LA JORNADA OPINIÓN Miércoles 29 de abril de 2026 16 la planta baja de la sala del juicio contra Tom Robinson, pero sí al piso de arriba, sección destinada a la “gente de color”. Pudieron acceder a ella por intermediación del reverendo Sykes, pastor en la Iglesia a la que pertenecían Calpurnia y Tom. Los tres fueron conducidos por el ministro Sykes, “suavemente entre los negros de la galería. Cuatro hombres se levantaron y nos cedieron sus asientos de primera fila”. Los afroestadunidenses se apiñaban “en la galería” esperando el veredicto, “permanecían sentados o de pie a nuestro alrededor con una paciencia bíblica”. Atticus demostró con enjundia y brillantez que el señalamiento contra Robinson era falso. Sin embargo, los prejuicios y el supremacismo blanco declararon culpable a Tom. Matar a un ruiseñor salió a librerías el 11 de julio de 1960, al año siguiente obtuvo el Premio Pulitzer. Mientras tanto, el movimiento encabezado por el pastor bautista Martin Luther King desafiaba el segregacionismo y la discriminación contra la población afroestadunidense. El 19 de octubre de 1960, el doctor King fue arrestado en Atlanta y llamó a llenar las cárceles del sur de Estados Unidos (la parte más racista del país) como forma de protesta pacífica. La novela de Harper Lee rápidamente alcanzó ventas inesperadas y se convirtió instantáneamente en un libro clásico. Hoy, como en el tiempo en el cual apareció la obra, resuena lo que le dijo Atticus a su preguntona hija: “Uno nunca llega a entender realmente a otra persona hasta que considera las cosas desde su punto de vista, hasta que se mete en su piel y camina con ella”.

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