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miércoles, 22 de abril de 2026

Ratas, pulgas y parásitos cunden en campos de refugiados en Gaza

 Meses después del alto el fuego en la franja Gaza, Mohamed al Raqab sigue sin poder dormir. Ya no son las bombas las que lo mantienen en vela, sino las ratas, pulgas y otros parásitos que proliferan en su campo de desplazados. “He sufrido mucho por culpa de las comadrejas y los ratones. A mis hijos les han mordido. A uno de ellos incluso le mordieron en la nariz”, cuenta este peón de la construcción, de 32 años. “No puedo dormir por la noche porque tengo que velar constantemente por mis hijos”, afirma desde su tienda de campaña en Jan Younis, en el sur de la franja. A pesar del frágil alto el fuego de octubre de 2025, tras dos años de guerra, una gran mayoría de gazatíes vive todavía hacinada en campos de desplazados sin agua ni sanitarios suficientes. Sus habitantes denuncian una invasión de plagas que, según organizaciones humanitarias, constituyen una amenaza creciente para la salud pública, especialmente ahora que aumentan las temperaturas. En los campamentos erigidos a orillas del mar, los roedores pueden cavar fácilmente túneles en la arena y colarse en las tiendas, cocinas y despensas levantadas de manera improvisada. La ofensiva de Israel, iniciada tras el ataque sin precedentes de Hamas contra ese país en octubre de 2023, provocó el desplazamiento de casi toda la población de Gaza. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), 1.7 del total de 2 millones de habitantes del territorio viven todavía en campos, sin posibilidad de volver a sus hogares, o en zonas que permanecen bajo control de las tropas israelíes. En estas instalaciones, “las condiciones de vida se caracterizan por plagas de alimañas y parásitos”, declaró la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU tras varias visitas a la zona en marzo. Hani al Flait, jefe del servicio de pediatría del hospital Al Aqsa del centro de Gaza, se enfrenta a diario con casos de infecciones cutáneas, en particular de sarna. “Estos niños y sus familias viven en condiciones deplorables, sin instalaciones sanitarias básicas ni acceso al agua potable”, explica a la Afp. “A esto se suma la escasez de tratamientos adecuados”. El hijo de Sabreen Abu Taybeh presenta una persistente infección que parece varicela. “Vivimos en tiendas y en escuelas inundadas de aguas residuales”, declara la madre a la Afp. “Lo he llevado a médicos y al hospital, pero no hacen nada. Como ven, la erupción sigue ahí”, protesta mientras muestra las manchas rojas que cubren el pecho y la espalda del niño. Ghalia Abu Selmi lucha a diario contra los ratones, que se han comido el ajuar que había preparado para la boda de su hija. “Una auténtica catástrofe”, lamenta. También acechan las pulgas, que “provocan alergias cutáneas, no sólo en los niños, sino también en adultos”, continúa la mujer de 53 años mientras separa la ropa agujerada dentro de la tienda que ahora le sirve de hogar. Su familia tuvo que desplazarse 20 veces desde octubre de 2023 y todavía no ha podido volver a su casa, en la localidad de Abasan al Kabira, cerca de la frontera con Israel, asegura. A pesar del alto el fuego, Tel Aviv continúa controlando todos los accesos a Gaza. Las inspecciones son estrictas y a menudo se deniega la entrega de artículos de ayuda, denuncian ONG y la ONU. La situación provoca escasez de productos básicos, como medicamentos y carburante, pero también ropa y comida

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