Ignoran en Palacio “Noticia” y “Opinión”
Sin duda que tiene aspectos positivos el debate que ha provocado la “señora presidenta” sobre su propuesta de “Ley Censura”.
¿Y cuáles son los aspectos positivos?
Primero, que a los mexicanos que no son fanáticos de Morena les queda claro que vivimos en una dictadura, que requiere de la censura para sobrevivir.
Segundo, que es evidente para los mexicanos y para el mundo que, en Palacio, son ignorantes absolutos de las libertades básicas, pilares de los regímenes democráticos, como la “libertad de expresión”.
Tercero, que también en Palacio ignoran definiciones elementales de los géneros periodísticos, como los de “noticia” y “opinión”, entre otros.
Y cuarto, que al empeñarse en la grosera manipulación de las llamadas “audiencias”, en Palacio detonaron el interés de importantes sectores sociales por la regulación de los derechos elementales en democracia, como el “derecho a la información”.
Y por todo lo anterior, hoy abundamos en el tema para ofrecer, a los ciudadanos, los argumentos elementales para la defensa de la “libertad de expresión”, el “derecho a la información” y los géneros periodísticos de “noticia” y “opinión”.
Pero vamos paso a paso.
1.- Lo que deben saber los ciudadanos interesados en los temas arriba citados es que, por ejemplo, la iniciativa enviada a debate por la “señora presidenta” –sobre el Derecho de las Audiencias–, no es otra cosa que un grosero intento por imponer una “Ley Censura”.
¿Por qué?
Porque se trata de una iniciativa que busca legitimar el concepto de “censura previa”; argumento que no es otra cosa que el imperio de la llamada “verdad oficial”, propia de las dictaduras y de los regímenes autoritarios.
En pocas palabras, la iniciativa presidencial pretende que sea la autoridad –y sólo la autoridad–, quien defina lo que se debe entender como noticia verdadera o falsa; como una opinión mentirosa o verdadera.
2.- Sin embargo, lo que ignoran en Palacio es que la libertad de expresión es una de las libertades fundamentales en democracia. ¿Por qué?
Porque la “libertad de expresión” es el reconocimiento de las facultades naturales que hacen únicos a los seres humanos. Y para entender lo anterior, debemos recordar que cada uno de los miles de millones de integrantes de la especie humana –cada ser humano–, llega al mundo con la facultad de pensar, de construir ideas y de imaginar lo que le plazca, por disparatado que resulte.
Además, la “libertad de expresión” es el derecho natural que cada uno de los seres humanos tiene –tenemos–, no sólo para imaginar lo que le plazca a cada uno, sino para externar –a través de los medios convencionales–, lo que el ciudadano piensa, imagina o sueña.
Y por eso, porque la de pensar, imaginar y soñar es una facultad única, íntima y exclusiva de cada ciudadano del mundo, la libertad de expresar al exterior lo imaginado, pensado o soñado, es un derecho natural; un derecho que en México cuenta con una clara regulación constitucional.
Sí, el Artículo 6º constitucional dice, a la letra: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley…”. (FIN DE LA CITA)
Es decir, que todo ciudadano puede pensar lo que le plazca; lo más locuaz y ofensivo, pero siempre debe respetar la regulación constitucional al momento de externar ese pensamiento, el cual se expresa mediante el lenguaje hablado, escrito, de trazos, mímica, musical y/o digitales, entre muchos otros.
Por tanto queda claro que las limitantes a la libertad de expresión son “ataques a la moral, a la vida privada, a los derechos de terceros y siempre que no provoquen algún delito o perturben el orden público”.
Peor aún, los conceptos de “crítica buena”, “crítica mala” o “neutra”, son conceptos propios de dictadores y tiranos que, de esa manera, clasifican a medios y periodistas en “enemigos”, “aliados” o “lacayos”.
3.- En Palacio tampoco saben que los medios y los periodistas ejercen la libre expresión mediante los llamados “géneros periodísticos”, como la noticia, el reportaje, la entrevista, la crónica, la opinión y el ensayo.
Y de todos los anteriores géneros periodísticos, los antagónicos son precisamente “la noticia” y “la opinión”.
Y es que, por su naturaleza, “la noticia” aspira a la mayor veracidad y la mayor objetividad posibles. Pero se trata de un concepto aspiracional porque tanto “la veracidad” como “la objetividad” no existen.
A su vez, por su naturaleza, “la opinión” es siempre “subjetiva”, ya que es producto del pensamiento íntimo e individual de cada ciudadano. Sí, cada opinión es única, íntima y, por tanto subjetiva. Más aún, sobre un tema existen tantas opiniones y tantas críticas como ciudadanos tiene una sociedad.
Y en tanto expresión subjetiva, la opinión no está obligada a la veracidad. Cualquiera puede pensar y opinar que los gobiernos de Morena son un fracaso, sin necesidad de tener las pruebas. Basta ver los hechos.
Por eso, resulta una soberana estupidez pretender uniformar la crítica o aspirar a que una sociedad entera aplauda a un gobierno, a una presidenta, a un partido político o cierre los ojos el desempeño de tal o cual político.
¿Y por qué es una estupidez?
Porque en los hechos la crítica es “la reina” de las expresiones sociales sobre el desempeño de tal o cual gobierno, político o gestión del poder.
Más aún, la crítica es la definición misma de la democracia, ya que es capaz de derribar a un tirano pero, en sentido contrario, tiene la fuerza de sostener a un buen gobierno.
4.- Y por eso, lo menos que exige una sociedad crítica es “el pleno derecho a la información pública”. Es decir, que una sociedad que se informa y que cuestiona, no puede aceptar patrañas como las que han impuesto los gobiernos de Morena, que sin más explicación han reservado por años toda la información oficial de las trapacerías cometidas en saqueos, robos y crímenes contra la sociedad.
No, “señora presidenta”, ya no convencen a nadie con su política de comunicación social “engañabobos”.
Al tiempo.

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